martes, 1 de abril de 2014

Los valores en las teorías científicas

Carlos Blank










Introducción: la filosofía postempiricista

Con frecuencia se ha considerado al positivismo como la filosofía  mejor  ajustada al quehacer de la ciencia. Sin  embargo, a medida que se han ido contrastando las tesis positivistas con el desarrollo efectivo de la investigación científica se ha ido poniendo de manifiesto cada vez más “que el positivismo es menos la filosofía que la ciencia propone que una filosofía impuesta a la ciencia”[1],  que resulta una camisa de fuerza o un corsé que impide la libertad de sus movimientos en lugar de facilitarlos y estimularlos.  De allí que se hiciera necesario trascender los estrechos límites que el positivismo, en particular, el positivismo lógico, pretendía imponer al devenir científico y buscar nuevas formas o nuevas avenidas de pensamiento que hiciesen mayor justicia al desarrollo de la investigación científica. Uno de los autores que más ha contribuido a rebasar los estrechos límites del positivismo lógico fue Karl Popper, quien en alguna oportunidad se calificase a sí mismo como el asesino de dicho movimiento. Sin dejar de reconocer sus méritos, como los de claridad y rigor, y compartir su interés por el pensamiento científico, este autor criticó el principio de verificabilidad como criterio de significado y la propuesta de una lógica inductiva como la marca distintiva de la ciencia. En su lugar, planteó la falsabilidad o la falibilidad como característica de  la ciencia y como criterio de demarcación entre ciencia y pseudociencia. Pero si bien Popper fue un factor determinante en el diseño de una nueva imagen de la ciencia, sigue todavía atado a determinados presupuestos del positivismo lógico y serán entonces otros quienes acabarán desligándose todavía más del predominio de la visión heredada de la ciencia.

En particular, en la presuposición lógica del papel especial de la lógica formal en filosofía de la ciencia y, en segundo lugar, en la presuposición empirista de que la objetividad de la ciencia deriva completamente de su recurso a la observación o, al menos, a algún conjunto de enunciados que tienen una conexión particularmente estrecha con la observación. Una vez que nos vemos libres de estas dos presuposiciones, surge un cuadro muy diferente de la naturaleza de la ciencia, en el cual el juicio de la comunidad científica juega un papel mucho más importante que el que desempeña la aplicación de reglas formales y criterios efectivos, y en el cual teoría y observación están mucho más cerca de ser socios mutuamente iguales en la construcción de la ciencia. Popper desempeñó un papel importante en el progreso de la filosofía de la ciencia en esta nueva dirección, pero no completó la transición él mismo.[2]


La ciencia y sus paradigmas
Un paso decisivo en esta nueva dirección de la filosofía de la ciencia lo constituye el enfoque de Thomas Kuhn. El planteamiento de Kuhn conduce a una revisión de los conceptos tradicionales de racionalidad y objetividad científicas, así como el de progreso científico. Según él,  el cambio de las concepciones científicas o cambio de paradigma -paradigm shift- no puede ser comprendido como el resultado de la aplicación de reglas lógicas y metodológicas exclusivamente, el llamado “contexto de justificación”, sino que debe ser tomado en cuenta también el llamado “contexto de descubrimiento”, siguiendo la clásica distinción de Hans Reichenbach. Mejor dicho, la aplicación de dichas reglas carece del carácter unívoco y universalmente válido que la ortodoxia suele atribuirles, y depende de variaciones e interpretaciones de distinto jaez, por lo que dicha aplicación debe ser comprendida dentro de un contexto hermenéutico mucho más amplio y rico en matices. En este sentido, puede decirse que dichas reglas funcionan como máximas en la medida en que influencian las decisiones pero no las determinan. Por otro lado, el hecho de que estas reglas funcionen como máximas o valores y no como criterios universales no sustrae a las decisiones científicas a favor de una teoría u otra de una discusión racional. Al contrario, este hecho ofrece un marco racional más amplio para comprender cómo actúa realmente la comunidad científica en determinados momentos. Esto explicaría, por ejemplo, que “dos hombres totalmente adheridos al mismo conjunto de criterios de decisión pueden, sin embargo, llegar a diferentes conclusiones.”[3] La explicación de esta ambigua situación es, como ya apuntábamos antes, que los criterios de decisión tienen un rango flexible de aplicación y funcionan como valoraciones que influyen las decisiones pero no las determinan de manera unívoca. Como lo señala Kuhn: “No hay un algoritmo neutral para la elección de teorías, no hay ningún procedimiento sistemático de decisión que, aplicado adecuadamente, deba conducir a cada individuo del grupo a la misma decisión.”[4] Estas decisiones, sin dejar de ser racionales, se resisten  a ser reducidas a un algoritmo o una formula exacta, pues “en tales situaciones hay al menos algunas buenas razones para cada posible elección.”[5]

Lo que yo niego no es entonces ni que haya buenas razones ni que estas razones sean de la clase como se suelen describir. Yo insisto, sin embargo, en que dichas razones constituyen valores que utilizamos para tomar decisiones en lugar de reglas de decisión. Los científicos que las comparten pueden empero tomar diferentes decisiones en la misma situación concreta. Dos factores están profundamente involucrados. Primero, en diversas situaciones concretas,  diferentes valores, aunque todos constituyan buenas razones, dictan diferentes conclusiones, elecciones distintas. En tales casos de conflictos de valores (e.g. una teoría es más simple pero la otra es más precisa) el peso relativo otorgado a diferentes valores por individuos diferentes juega un papel decisivo en la elección individual. Más importante todavía, aunque los científicos comparten estos valores y deben continuar haciéndolo para que la ciencia pueda sobrevivir, no todos los aplican de la misma manera. Simplicidad, alcance, fertilidad, e incluso precisión, pueden ser juzgados de modos diferentes (lo que no implica que sean juzgados arbitrariamente) por personas diferentes. De nuevo, las personas pueden diferir en sus conclusiones sin por ello violar ninguna regla aceptada.[6]

Esta inserción de los valores –o de reglas que funcionan como valores- es de capital importancia y socava las bases de cualquier pretensión de establecer un estándar único y universal, puramente objetivista diríamos, para decidir entre teorías científicas rivales. La pretensión racionalista de establecer un método objetivo de elección racional, una suerte de algoritmo matemático o modelo mecánico de decisión, no pasa de ser una ilusión. Como lo señala Paul Feyerabend, “la idea de una ciencia que procede por medio de argumentación lógicamente rigurosa no es más que un sueño.”[7] En un sentido similar, Arthur Koestler señala que la evolución del pensamiento científico resulta tan desconcertante como la evolución del pensamiento político, pareciéndose más “a la actividad de un sonámbulo que a la de un cerebro electrónico.”[8] Llega incluso a afirmar que la historia de las ideas cosmológicas “puede ser llamada una historia de las obsesiones colectivas y de las esquizofrenias controladas.” [9] El devenir de la ciencia está lleno de zig-zags, de avances y retrocesos, de callejones sin salida o de problemas sin resolver. La historia del pensamiento científico tiene, sin duda, momentos de progreso lineal y acumulativo, períodos de normalidad o de ciencia normal. Pero estos períodos de normalidad pueden verse interrumpidos por períodos de crisis profundas, producto de una serie de anomalías que no pueden ser resueltas satisfactoriamente en el marco del paradigma dominante, lo que acarrea una ruptura con el orden prevaleciente y  el surgimiento de una nueva ciencia revolucionaria, la cual con el tiempo también terminará convirtiéndose en ciencia normal y susceptible de ser destronada a su vez. Este cambio de paradigma supone un cambio profundo en el significado de los términos básicos y una nueva percepción del mundo, por lo que suele señalarse que el nuevo paradigma es inconmensurable con el anterior. Estos paradigmas son como rompecabezas que son capaces de resolver cada vez más problemas, sin que ello implique ninguna pretensión de ser una mejor aproximación a la verdad o a la realidad. En suma,  esta “tensión esencial” entre tradición y ruptura es una constante del devenir científico.  No en balde conceptos como los de revolución y crisis, que desempeñan un papel tan importante en el pensamiento kuhniano, son tomados del lenguaje político y social, lo cual no hace sino poner de relieve su semejanza en aspectos importantes.  
No han faltado, desde luego, quienes ven en este enfoque del desarrollo del conocimiento científico una seria amenaza a la objetividad y la racionalidad que debe acompañar en todo momento a la empresa científica, tildándolo, entonces, de irracionalista, de subjetivista y de relativista. Resulta difícil admitir que una actividad considerada como racional y objetiva por excelencia pueda estar sometida a los avatares y a las contingencias de la vida y de la historia humana, pueda ser influenciada por los caprichos o veleidades del momento histórico o de la voluntad humana. Aceptar esto sería equivalente a renunciar a la “Razón” como árbitro para la resolución de los conflictos de intereses. Pero, en realidad, no se trata de eso. Más bien se trata de renunciar de nuevo a los moldes excesivamente estrechos y rígidos en los cuales solemos encasillar la actividad científica, de ampliar y enriquecer más nuestro concepto de lo que entendemos por racionalidad científica en particular y de racionalidad en general. Como señala Kuhn, no se trata de que “la ciencia es irracional sino que nuestra noción de racionalidad debe ser revisada en todo momento.”[10] La aceptación o rechazo de una teoría depende de muchos factores, y si toda teoría nace en un “océano de anomalías”, la adhesión a una teoría obedece a que mientras no se disponga de una mejor será racional aceptar la dominante. De hecho, a menudo el cambio se produce cuando los viejos adherentes al paradigma dominante pasan a mejor vida y otros más jóvenes hacen de relevo generacional. Esto puede parecer poco racional a algunos, para otros, en cambio, se trata de una conducta perfectamente racional y comprensible.
En este sentido, el tipo de racionalidad que Kuhn nos describe guarda un gran parecido, como lo señala Richard Bernstein, con la racionalidad práctica, con el concepto de phrónesis aristotélico, pues se caracteriza por “ser un tipo de razonamiento en el cual hay una mediación entre unos principios generales y una situación concreta particular que requiere elección y decisión.”[11] Aquí tampoco existe la posibilidad de una decisión unívoca y existen diversas formas de estimar o evaluar una situación o de tomar diversos cursos de acción. Tampoco en este caso ello implica que esta diversidad de decisiones carezca de racionalidad. Pero a pesar de que esta ampliación de la racionalidad científica que nos plantea Kuhn constituye un gran aporte, cabe preguntarse de nuevo hasta qué punto se mantiene su enfoque  prisionero todavía de la concepción heredada y del propio positivismo estrecho que pretende superar.  En sus propios términos, cabe preguntarse hasta qué punto constituye  su planteamiento un cambio de paradigma o es más bien una articulación o ampliación del viejo paradigma epistemológico.









¿Hacia un nuevo paradigma sobre la ciencia?
Se ha criticado mucho que el enfoque de Kuhn termina haciéndole concesiones al positivismo, al pretender una descripción factual de la ciencia, al describir la ciencia como es y no como debería ser, al renunciar a un enfoque normativista de la ciencia y al hacer del científico principalmente  una suerte de pensador adocenado que sigue casi siempre la corriente dominante. Este reproche es el reflejo opuesto al que suele hacérsele  a Popper, que es demasiado teoreticista y normativista, que trata de imponer un molde excesivamente exigente sobre los hombros del científico y que sus exigencias solamente se aplican a los momentos revolucionarios de la ciencia pero no a los más tranquilos y calmos de la ciencia normal. Si el primero parece inspirarse demasiado en la historia y la sociología, el segundo prácticamente no las toma en cuenta. Pero lo cierto es que hay entre ambos mucho más en común de lo que este simple contraste revela.
En efecto, hay un aspecto inquietante de la postura de Kuhn y es el reconocimiento explícito que hace de no poder responder a la cuestión siguiente: “¿cómo una ciencia basada en los valores de la clase que yo he descrito pueda desarrollarse como la ciencia lo hace, produciendo repetidamente nuevas técnicas para predicción y control?” [12] Popper también habla de valores científicos –los mismos que señala Kuhn-y de valores extracientíficos y señala la imposibilidad “de desterrar los valores extracientíficos del quehacer de la ciencia.”[13] La pretensión de una ciencia “libre de valores” –wertfrei, en la expresión de Max Weber- es inconsistente consigo misma en tanto que tal neutralidad valorativa o axiológica constituye en ella misma una valoración. Para que desaparezca dicha inconsistencia bastará, sin embargo, una clara delimitación entre los valores científicos propiamente dichos, como la simplicidad, la claridad, la contrastabilidad, el alcance, etc. y los valores extracientíficos, como el financiamiento económico o el apoyo político o social.  En nuestra opinión, Kuhn se mantiene fiel en parte a esta delimitación, si bien cambia de manera importante su carácter. Esto se hace evidente cuando nos percatamos de que los valores de los que habla Kuhn en la toma de decisiones entre teorías rivales son casi –obviamente no el de falsabilidad o contrastabilidad-los mismos valores científicos a los que hace referencia Popper: precisión, simplicidad, claridad,  alcance, etc. Pero cabe hacerse la pregunta: ¿hasta qué punto los llamados valores extracientíficos pueden también influenciar de manera importante, si no decisiva, el desarrollo del pensamiento científico y la adopción o no de una determinada teoría? Se trata, sin duda, de una pregunta legítima pero que seguramente nos podría llevar a hacer concesiones mucho más allá de lo que el propio Kuhn estaría dispuesto a admitir. Por esta vía nos podríamos ver obligados a hacer concesiones a un programa fuerte de sociología de la ciencia, como el llevado a cabo por la Escuela de Edimburgo, a un externalismo radical, al cual siempre se opuso Kuhn, no digamos Popper. Esto no quiere decir que el propio Kuhn no haya dado un paso decisivo con relación al enfoque ortodoxo dominante.   

Al mismo tiempo, la frontera entre lo que es y no es pertinente para el análisis filosófico de la ciencia queda desplazada, y muchos aspectos de la historia, de la sociología, de la psicología, e incluso la economía y de la política de la ciencia, que son considerados irrelevantes por los que identifican filosofía de la ciencia con análisis formal, pasan a ser relevantes desde el nuevo punto de vista.[14]  

Con relación a los valores que él pone en el corazón mismo del proceso de selección entre teorías rivales vale la pena señalar también dos aspectos. El primero, que no es únicamente la aplicación de estos criterios lo que está abierto a diversas interpretaciones sino también el uso mismo de estos criterios. En este sentido podemos entender la afirmación de Feyerabend de que “los valores no sólo afectan la aplicación del conocimiento sino que son ingredientes esenciales del conocimiento mismo.”[15] O cuando señala también que “los científicos no sólo son responsables de la correcta aplicación de los estándares que han importado de otra parte, son responsables de los estándares mismos.”[16]
Esto nos lleva al segundo aspecto que queríamos destacar y que tiene que ver con la propia legitimación de los valores que orientan la actividad científica. Así como aparece una circularidad en la interdefinición de paradigma/ciencia normal y comunidad científica, a saber, paradigma/ciencia normal es aquello  en torno al cual hay un consenso general de la comunidad científica y comunidad científica es aquella que tiene un consenso en torno a determinado paradigma/ciencia normal, ahora aparece una circularidad en la relación que se establece entre los valores/racionalidad y la comunidad científica. En palabras de Bernstein: “¿Son los criterios o los valores aceptados por las comunidades científicas racionales porque estos son los valores aceptados por las comunidades científicas, o son aceptados por las comunidades científicas porque son los criterios de racionalidad?”[17]
Kuhn deja sin resolver estas cuestiones o las mantiene abiertas. Ya sabemos que estas serán encaradas de manera poco ortodoxa por Feyerabend. Sin embargo, quisiéramos utilizar a otro pensador más ortodoxo, Jürgen Habermas,  quien se ha ocupado de modo central de la relación entre conocimiento e interés y ha hecho de esta relación y su legitimación una fuente de inspiración de su propio pensamiento. Basándose parcialmente en Herbert Marcuse, Habermas considera a la ciencia moderna como la nueva base de legitimación del dominio de la sociedad industrial avanzada. Esto es posible porque “la racionalidad de la ciencia y técnica ya es por su propia esencia una racionalidad del disponer, una racionalidad del dominio.”[18] La creciente disposición técnica que se genera a partir del desarrollo científico está estrechamente vinculada con el  proceso de industrialización de las sociedades capitalistas. El crecimiento económico “auto-regulado” (comillas nuestras) que caracteriza el proceso de industrialización ha sido posible gracias a la institucionalización de la innovación y al carácter científico de la tecnología moderna. Como diría Whitehead, se ha inventado el método de invención. Esta creciente disposición técnica –control del mundo natural y social-, que está en la raíz del conocimiento científico, provoca una profunda transformación en el seno de las sociedades capitalistas avanzadas. El Estado debe intervenir para regular los conflictos de intereses que se generan a partir de los mecanismos de acumulación, mediante el uso de mecanismos de distribución compensatorios. Esta mediación estatal si bien no cancela totalmente el conflicto de clases, hace imposible identificar el interés en el mantenimiento del sistema de producción con el interés de una clase particular, pues “el dominio político en el capitalismo de regulación estatal ha asumido en sí, con la prevención de los peligros que amenazan el sistema, un interés por el mantenimiento de la fachada distributiva compensatoria, interés que trasciende los límites latentes de clases.”[19]
Esta nueva forma bajo la cual se presenta el conflicto social en la sociedad capitalista avanzada va acompañada de una creciente despolitización de las masas. Esta despolitización es el resultado de la separación entre el saber técnicamente utilizable y la conciencia práctica del mundo de la vida social –Lebenswelt- que se opera en el seno de las sociedades tecnocráticas modernas. En la esfera del mundo del trabajo surge una clase tecnocrática o tecno-estructura como producto de la íntima vinculación entre la ciencia, la producción y la administración. [20] Esta nueva mentalidad tecnocrática ha sido mordazmente descrita por Feyerabend en los siguientes términos:

Los ciudadanos toman sus claves de los expertos, no del pensamiento independiente. Esto es lo que ahora queremos decir con ‘ser racional’. Cada vez mayor parte de la vida de los individuos, de las familias, de los pueblos, de las ciudades,  es controlada por los especialistas. Muy pronto una persona no podrá ser capaz de decir ‘estoy deprimido’ sin tener que oír la objeción, ‘¿luego tú piensas que eres un psicólogo?’[21]

Pensar que todos los problemas de la vida humana tienen una solución técnica específica es asumir de nuevo ese estándar de racionalidad científica que creíamos haber dejado atrás. Más bien pudiésemos decir, parafraseando a Wittgenstein, que si se diera el caso de que se resolviesen todos los problemas técnicos, los problemas de la vida apenas habrían sido rozados. Ello no implica que una sociedad mejor deba excluir la ciencia y la técnica, pero tampoco quiere decir que se base solamente en ellas. A diferencia de aquellos que sostienen una posición anticientífica o contra la técnica, que ven a la ciencia y a la técnica como un proyecto histórico superable, Habermas considera a la ciencia y a la técnica como “un ‘proyecto’ de la especie humana en su conjunto.”[22] Por eso “lo que hay que hacer, más bien, es poner en marcha una discusión políticamente eficaz, que logre poner en relación de forma racionalmente vinculante el potencial de saber y poder técnicos con nuestro saber y querer prácticos.”[23]
Lo que debe establecerse es un diálogo auténtico y permanente entre las necesidades sociales, entendidas en su sentido más amplio, y las posibles disposiciones técnicas, de manera que no sean las necesidades las que estén guiadas por las disposiciones técnicas exclusivamente, sino que también la técnica esté guiada en función de estas necesidades sociales. Por su parte, ello requiere un serio esfuerzo de reflexión prospectiva acerca de los fines y valores de la vida social y de los diversos grupos que la conforman, de modo tal que el progreso técnico no sea algo que nos tome siempre totalmente desprevenidos, como suele suceder, sino que dicho progreso técnico sirva a los fines de la sociedad más justa y libre a la que todos aspiramos. Esto supone, a su vez, la superación de ese modelo puramente tecnocrático que suele dominar las sociedades avanzadas, superar el elitismo intelectual que a menudo impide el desarrollo de una sociedad más humana. Para ello hace falta, entre otras cosas, un mayor grado de participación de los ciudadanos en las decisiones que les conciernen y afectan, a través de una opinión pública bien informada y la toma de conciencia por parte de la comunidad científica de las consecuencias prácticas de sus recomendaciones técnicas, esto es, involucrar más a los científicos en el devenir de la sociedad y destacar su responsabilidad y rol social.  
En resumen, podemos señalar que no existe una forma racional suprahistórica al margen de las formas de la vida social, como tampoco existe una racionalidad pura o científica al margen de valoraciones concretas. La infalibilidad de la ciencia –de la ciencia natural-  es un mito que suelen defender algunos legos, pero que es visto con suspicacia por los propios científicos. La ciencia progresa gracias a su falibilidad, no porque sea infalible. Toda observación está cargada de teoría y es por ello mismo revisable también.  El mito de lo dado es superado en esta nueva concepción de la ciencia. Pero debemos también superar la creencia en una ciencia puramente neutral y completamente aislada del resto de la sociedad. Por ello la pretensión de una ciencia al margen de un contexto de valores que le permite o impide operar,  no solamente es ilusoria sino que es peligrosa, ya que de estos valores dependen en gran medida la dirección y la racionalidad de las diversas formas de la vida humana y social.  Es necesario tener esto en cuenta si queremos “un mundo más pacífico en el que, materia y vida, pensamientos y sentimientos, innovación y tradición colaboren para el beneficio de todos.”[24]

Finalmente, se ha argumentado que las decisiones cruciales tales como la de de qué manera se ha de resolver un conflicto entre teoría y observación, o cómo se ha de evaluar una nueva teoría propuesta, no se adoptan mediante la aplicación de reglas mecánicas, sino mediante juicios razonados por parte de los científicos y mediante el debate en el seno de la comunidad científica. Este proceso, al que se reconoce falible, se presenta como un paradigma de decisión racional.[25]




Notas:
[1] Ricoeur, Paul: Corrientes de la investigación en las ciencias sociales, T. 4: Filosofía, Tecnos/Unesco, Madrid, 1982, p. 120.
[2] Brown, Harold: La nueva filosofía de la ciencia, Tecnos, Madrid, 1988, p. 100.
[3] Kuhn, Thomas S.: The Essential Tension. Selected studies in tradition and change, The University of Chicago Press, Chicago, 1977, p. 324.
[4] Kuhn, Thomas S.: La estructura de las revoluciones científicas, FCE., México, 1983, pp. 304s.
[5] The essential Tension, p. 328.
[6] Kuhn, Thomas S.: “Reflections on my Critics” en Criticism and the Growth of Knowledge, Imre Lakatos & Alan Musgrave (eds.), Cambridge University Press, Cambridge,  p. 262.
[7] Feyerabend, Paul: Farewell to reason, Verso, Londres/NY, 1987, p. 10.
[8] Koestler, Arthur: The Sleepwalkers. A History of Man’s Changing Vision of the Universe, Penguin Books Ltd., Londres, 1982, p. 11.
[9] Idem
[10] Kuhn, Thomas S.: “Notas sobre Lakatos” en Historia de la ciencia y sus reconstrucciones racionales, Tecnos, Madrid, 1982, p. 91. 
[11] Bersnstein, Richard: Beyond Objectivism and Relativism: Science, Hermeneutics and Praxis, University of Pennsylvania Press, Philadelphia, 1984, p. 54.
[12] The Essential Tension, p. 332.
[13] Popper Karl y otros: La lógica de las ciencias sociales, Grijalbo, México, 1978, p. 19.
[14] Brown, H., ob. cit., p. 222.
[15] Farewell to Reason, p. 28.
[16] Ibid. p. 284.
[17] Bernstein, ob. cit. p. 58.
[18] Habermas, Jürgen: La ciencia y la técnica como ‘ideología’, Taurus, Madrid, p. 57.
[19] Ibid, p. 94.
[20] Cf. Ibid. pp.  74-80 y passim.
[21] Farewell to Reason, pp. 11s.
[22] Habermas, ob. cit. p. 61.
[23] Ibid. pp. 128s.
[24] Feyerabend, ob. cit. p. 89.
[25] Brown, H., ob. cit., p. 223.
Dos Vacas

Matthias Varga





Un ejercicio valorativo para comprender con humor, con sentido común y en pocas palabras, al sistema económico y político en que vivimos. Traducción: David De los Reyes.



SOCIALISMO
Tienes  dos vacas
Te quedas con una y la otra es para tu vecino

COMUNISMO
Tienes dos vacas
El  Estado toma ambas y te da algo de leche

FASCISMO
Tienes dos vacas
El estado toma ambas y te vende algo de leche

NAZISMO
Tienes dos vacas
El Estado toma ambas y te dispara. 

BUROCRATISMO
Tienes dos vacas
El Estado toma ambas; mata una, y con la otra saca leche; luego se lleva la leche lejos.

CAPITALISMO TRADICIONAL
Tienes dos vacas
Vendes una y compras un toro.
Tu  ganado se multiplica y la economía crece.
Ud. lo vende y se jubila con el ingreso.

CAPITALISMO DE AVENTURA DEL Royal Bank of Scotland
Usted tiene dos vacas.
Usted vende tres de ellas para su empresa que cotiza en la bolsa, mediante cartas de crédito, abiertas en el banco por su cuñado; a continuación, ejecuta un canje de deuda- patrimonio con una oferta  asociada para que usted obtenga  cuatro vacas de vuelta y con una exención de impuestos por cinco vacas.
Los derechos de patente de la leche de las seis vacas se transfieren a través de un intermediario a una empresa en las islas Caimán, de forma secreta,  propiedad del accionista mayoritario, que vende los derechos de las siete vacas de nuevo a su sociedad cotizada en la Bolsa de Londres.
El informe anual dice que la compañía posee ocho vacas, con opción a una más. Usted vende una vaca para comprar al nuevo presidente de los Estados Unidos, y deja su empresa con nueve vacas. No hay ningún balance proporcionado con el lanzamiento de su oferta al principio cuando cotiza tres vacas en la bolsa.
El público entonces compra su toro.


SURREALISMO
Tiene dos jirafas
El gobierno te pide que tomes lecciones de armónica.


CORPORACION NORTEAMERICANA
Tienes dos vacas.
Vendes una y la otra la fuerza en producir leche por cuatro.
Luego contratas a un  consultor para que analice por qué
Tu vaca ha caído muerta.

CORPORACION GRIEGA
Tienes dos vacas.
Usted pide prestado un montón de euros para construir establos, salas de ordeño, almacenes, cobertizos de heno para alimentación, industrias lácteas, almacenes frigoríficos, mataderos, unidad de queso y empacadoras.
Usted todavía sólo tiene dos vacas.

CORPORACION FRANCESA
Tienes dos vacas.
Usted va a la huelga, organizas una revuelta, y bloquea las carreteras, todo porque quieres tres  vacas.

CORPORACION JAPONESA
Tienes dos vacas.
Las rediseñas genéticamente reduciéndolas a  una décima parte del tamaño de una vaca ordinaria y la haces producir  leche veinte veces más.
A continuación, creas con una imagen ingeniosa la historieta de la vaca llamada Cowkimona y  la comercializas en todo el mundo.

CORPORACION ITALIANA
Tienes dos vacas.
pero usted no sabe dónde están.
Usted decide irse a almorzar.


CORPORACION SUIZA
Usted tiene 5.000 vacas. Ninguna de ellas le pertenece.
Usted carga con los propietarios para su almacenamiento.


CORPORACION CHINA
Tiene dos vacas.
Usted tiene 300 personas que las ordeñan.
Usted afirma que tiene pleno empleo y una  alta productividad bovina.
Usted hace arrestar al periodista que denunció la situación real.


CORPORACION INDIA
Tiene dos vacas.
Ud. solo las adora.


CORPORACIÓN INGLESA
Tiene dos vacas.
Las dos están locas.


CORPORACION IRAKI
Todo el mundo piensa que usted tiene   muchas  vacas.
Usted les dice que usted no tiene ninguna.
Nadie le cree, por lo que bombardean  tu propiedad,  y alegan que vas a invadir su país. 
No tienes ninguna vaca. Pero al menos ahora estás en una Democracia.

  
CORPORACION AUSTRALIANA
Tienes dos vacas.
El negocio luce  bastante bueno.
Cierras tu empresa y te vas a por unas cervezas para celebrar.


CORPORACION DE  NUEVA ZELANDA 
Usted tiene dos vacas.
La  de la izquierda se ve muy atractiva ...


sábado, 1 de marzo de 2014

No calles en las calles…

Venezuela Febrero 2014

David De los Reyes


 
¿Por qué existen los déspotas? ¿Por qué han de doblegarse
miles y miles ante los caprichos de un estomago y depender de su flato? 
Los Bandidos.  F. Schiller

Algunos nunca enloquecen. !Qué vida de mierda deben llevar!

Charles Bukowski

La política es el campo de las posibilidad humanas para convivir en sociedad. Pero puede tanto restringir como ampliar el desarrollo y la plenitud de los hombres.  Es lo que hemos visto a lo largo de la historia. Cuando la vida humana se reduce por incapacidad, corrupción, brutalidad, cinismo de sus gobernantes, los gobernados, ante los tiranos, tendrán el derecho y el deber de destituirlos, pues en ellos recae el poder soberano de aceptar o no a su conductor y decisor, su legislador universal en tanto gobierno.
Regímenes de estado que despojan a los hombres de sus derechos, o en los que son considerados como si solo pudieran gobernarse por la fuerza y el miedo al castigo son tiranías encubiertas, a veces, por una delgada máscara democrática. Esos regímenes tienen el efecto de producir tiranía y altivez en el déspota de turno, así como espíritu esclavo y bajeza en los ciudadanos; el efecto de cubrir de palidez y sangre todo rostro y de cobardía y resentimiento en todo corazón.  Toda sociedad que dependa, por tanto, en gran medida de la intervención del Estado siempre ha caído en el autoritarismo.
Venezuela ha pasado y pasa  por esto anterior en este infausto presente. Después de quince años de una promesa revolucionaria transformadora y esperanzadora para muchos incautos y otros  cautos, el país ha caído en el marasmo del atraso cultural, del cerco total de los medios de comunicación, de la destrucción del sistema educativo a todos los niveles, de la inseguridad ciudadana como permanente represión  y reducción de los espacios públicos libres, del parasitismo rentista estatal, del desempleo como plaga viral y del desmontaje del parque industrial-empresarial, del manejo doloso, volátil e irresponsable de los abundantísimos fondos públicos, de una justicia viciada y dependiente del ejecutivo, de un militarismo rampante, del dominio extranjero de la vida política y militar del Estado o el llamado neoimperialismo castrocomunista, de una mortandad civil que no remite a ninguna otra realidad actual ni histórica, ni local ni mundial, en relación a su número de asesinados por el hampa (casi 25 mil asesinatos en el 2013 de los cuales pareciera ser que el estado no tiene la culpa), y  un desabastecimiento de los artículos más elementales para las necesidades de la vida diaria dentro de un capitalismo salvaje de estado todopoderoso petrolero. La Salus Publica del denominado socialismo del siglo XXI se basa en la permanente represión de la protesta ciudadana y en el reparto del desabastecimiento general.
Frente a esto, la mayoría de la sociedad civil, impulsada por la gesta heroica de los estudiantes que han llevado la protesta justa  a la calle con un permanente  ¡basta ya! rotundo,  han iniciado una alentadora lucha pacífica contra un régimen decadente que se ha  apoderado del Estado con fines extralegales y determinados abiertamente desde centros de poder políticos en el exterior, ofreciendo conscientemente un detrimento permanente de la calidad de vida para  los habitantes de la nación y creando una casta revolucionaria rastrera y servil, llamada coloquialmente, boliburguesia.
El régimen, llamado revolucionario y socialista,  se ha convertido no en gobierno, sino en un sistema de dictamen que impone sus órdenes a los ciudadanos por encima de la ley. Un mandato por decreto, pues los revolucionarios no creen ni en leyes ni en constituciones, son molestas para el devenir histórico del partido y sus líderes; aunque no se cansan de decirnos que todo lo hacen bajo la lupa del ordenamiento legal expresado en el librito magno de mano, mas nunca concretado en la cotidianidad política. Toda dictadura se caracteriza por la supresión del derecho reemplazado por el ejercicio de la fuerza represiva inmediata. Una legalidad cínica y tiránica esgrimida contra aquellos que quieren levantar una voz disidente y que se sienten separados de la participación del acontecer político plural que corresponde a toda democracia parlamentaria. Un régimen que sólo tiene como solución el enfrentamiento, el apartheid en la división de ciudadanos acólitos y eliminables, la represión y el encarcelamiento permanente de los líderes que pueden elevar su palabra  y que pueda ser acogida por una inmensa mayoría  que casi ha perdido la voluntad de  protesta legal, pero que hoy ha vuelto a escucharse en la calle de forma  imperante, firme, combativa, estruendosa, y valiente, gracias a los estudiantes venezolanos. El único golpe de estado militar en marcha, tan repetidamente anunciado por el régimen, lo da todos los días el gobierno contra el país. El Estado en Venezuela se ha convertido en un coágulo de poder hamponil y militar, que se ha quitado, con los acontecimientos de estos días de febrero, la máscara frente a una población civil desarmada.
Lo más interesante que esta irrupción espontánea y libertaria ciudadana de inconformidad es que  ha surgido con un mínimo de organización, pero con un máximo de malestar social gracias a la presencia estudiantil juvenil en todos los frentes emergentes a lo largo del territorio nacional. Y no es esta la primera vez  que ocurre. Los estudiantes, ante un futuro incierto e injustamente mal tejido políticamente, de vida cerrada y enclaustrada a los dictámenes y decretos  dictatoriales de los funcionarios de un estado de una camarilla corrupta,  han tomado la calle y han dicho que de ella no saldrán hasta que no vean que la situación  cambie; no quieren que se les robe su futuro por una gris inteligencia política. Contra ellos y a todo el resto,  ha habido represión intensa y ejercida con los cuerpos de violencia militar del régimen militar-corporativo, los cuales se componen no solo de la guardia nacional sino de los llamados “colectivos de la paz”, quienes  se han organizado para inocular el miedo y han desplegado, a lo largo de las ciudades en justa rebeldía, la fuerza brutal de la destrucción e incriminación tanto a los estudiantes como a los mismos ciudadanos, como también a las propiedades particulares como a los bienes comunes del estado; toda acción de protesta civil se ha criminalizado con total fuerza. Colectivos desatados  y armados que, con una conducta hamponil,  han sido resguardados por los miembros de la guardia nacional, incentivándolos al ataque, al saqueo, al saboteo y a la destrucción, sembrando el caos y la impotencia que no por ello desalientan a no seguir con su pie de calle. Mostrando así la faceta única de sometimiento  y de falaz diálogo al que quieren reducir las voluntades de los hombres de este país. Se trata simplemente acallar y no aceptar el protestar la reducción de la calidad de vida desabastecida (alimentaria, médica, educativa, etc.),  plagada en el presente de injusticias en  muchas estancias sociales. Es la pesadilla socialista nacional que ha construido la ineficacia del delirante régimen ejercido durante quince años de arbitrariedades electorales e institucionales;  la gran mentira socialista, como colofón político. Esta inconformidad real ciudadana es el supuesto motivo y el fin de un permanente ataque, represión, acoso, encarcelamiento, y en ciertos casos de eliminación de la  misma vida de venezolanos (van más de quince estudiantes muertos en las calles; más de setecientos detenidos, torturados y otra cantidad de desaparecidos), bien de forma directa o indirecta. Un régimen que ha decidido ser totalitario siempre es sordo ante la voz de la diferencia; el régimen nunca se equivoca, es perfecto. La verdad política relativa y parcializada  se vuelve absoluta y se convierte en dogma;  no hay posibilidad de enmendar y reconocer ningún error, pues para sus dirigentes simplemente no existe.  Quieren las mentes silenciadas y sólo que acepten la orden de forma irrestricta; el mando, la ceguera como la única forma militaresca de ver la luz del día.



Por otra parte tenemos  una dirigencia política que se ha tildado de opositora que, si bien ha hecho intentos de dar seriedad política por alguno de sus miembros, ha sido fuertemente criticada por pactar cargos y legitimar gobiernos, instituciones electorales y judiciales fraudulentas. Ante tal dirigencia el eco de la sociedad civil ha protestado abiertamente o a soto voce entre los corrillos de la contingencia cotidiana de la familia y de los espacios públicos. Una gran mayoría indignada que adversa al régimen se ha desilusionado de su precaria actuación y su poca representación democrática; han jugado, cuestionablemente,  a que las elecciones son limpias cuando no hay árbitros electorales imparciales. Como he dicho en otra oportunidad. Pareciera esta llamada oposición más una reunión de capilla que un movimiento democrático que toma y hace frente a las injusticias permanentes de la ciudadanía a lo largo del país; en el fondo, parecieran querer no quedar fuera del reparto presupuestario de la renta petrolera, aunque sean migajas.
La mentira política nunca ha sido más explícita; cree  el gobierno que está ante un grupo de tarados mentales políticos. La mentira construida y reiterada para fines del manejo y hostigamiento de la opinión pública, a través del cerco de los medios de información amordazados, ha sido el mejor instrumento de coerción y de embaucamiento del ciudadano mayoritario;  medios que hasta ahora les han servido, pero no pareciera que por mucho tiempo más. La culpa de esta protesta ciudadana no son de los medios de comunicación sino de los fines de la incomunicación de los funcionarios del gobierno ilegítimo.  Una serie de promesas nunca cumplidas, de fracasadas misiones nefastas e ideológicas, de cargos parasitarios, de la destrucción sistemática del orden institucional constitucional, de   la compra de gobiernos beneficiarios del reparto petrolero y sus rentas, de regalos y saqueos demagógicos permitidos (como línea blanca, aparatos electrónicos, etc.), han sido parte de la ingeniería social del  “bozal de arepa” bolivariano. Así tenemos, en estos días de últimos de febrero,  la última  consigna revelada, esgrimida públicamente por un ministro que dice ser de educación, la pobreza es necesaria para la revolución y por ende, es importante mantenerla e incentivarla;  habrá que acostumbrarse a esta mediocritas revolucionaria, pues la  movilidad social y mejorar de condición por el esfuerzo e inteligencia personal está vetada dentro de una revolución; el reparto de la pobreza, no del incentivo a la riqueza: ser pobre es bueno. Ese ministro de educación nos ha mostrado, con su pobreza intelectual revolucionaria, la naturaleza ideológica implícita del absolutismo DESilustrado de este gobierno del socialismo s. XXI. La educación  para el gozo en el paraíso de la esclavitud comunista y el sometimiento servil a los funcionarios del supremo estado socialista; hay que aplastar la autonomía y la libertad, el crecimiento del ser del individuo con el quiebre de su voluntad. Se estudia sólo para ser un buen dócil siervo de la gleba revolucionaria, dirigida por el señor feudal bolivariano de turno y elegido por las alturas de un comisariato político o en función de los intereses del lugar respecto a quién es el funcionario iluminado que dominará a ese territorio desde todo punto de vista. No el incentivo del trabajo justo  y una educación para un mejor vivir responsable y útil. Simón Rodriguez, ese iluminado del s, XIX, bien hizo con no volver nunca más a estas tierras que lo vio nacer… Así es como, poco a poco,  ha caído el antifaz democrático para muchos de los seguidores del régimen; se han dado cuenta, por ejemplo, que el estudio es una pérdida de tiempo y que la formación e información del individuo vale tanto como  su vida: nada; que sólo es un número más donde la moralidad no cuenta y si existe la conciencia personal es un estorbo. Sumisión a la nomenklatura es el fin. Dominio arbitrario y no convivencia política. Sometimiento involuntario y aceptación del destino socialista sin chistar.   De ahí que sean tan dignas las demandas y las protestas de los estudiantes dentro del país. ¡Los estudiantes no se venden, no negocian, solo actúan por resistencia civil!




Todo este cuadro descrito es lo que viene a conformar el destino de una  nación desbastada, que hasta el momento ha dejado de ser soberana, donde  sus habitantes parecieran haber quedados separados de la solidaridad  democrática internacional  del resto de los países que en algún momento tomó a Venezuela como un territorio de ejemplo democrático; donde las esperanzas de una democrática perfectibilidad y reforma política podían haberse dado en el tiempo. Todo esto, pareciera, quedó atrás, según los lineamientos a los que quieren someternos. La realidad hacia el futuro glorioso –y nunca a llegar!-, es un garabato revolucionario caótico y empobrecido en todos sus rincones.  No creo que una gran mayoría se resigne a este cuento de una triunfante revolución socialista contada tan mal (y peor conducida),  por un gobierno criminal, ilegítimo, fracasado y mentiroso pero eficaz  en sus movimientos de control de los medios privados y de las legalidades aviesas; del manejo mordaz de los medios de comunicación que son públicos y no partidistas; del uso a discreción de los fondos públicos; de la legalidad de la corrupción como una de las formas normales para algunos elegidos militares y ejecutivos de la revolución;  y del uso formalista  y coercitivo de las leyes y el poder judicial para el control ciudadano, y todo eso que sea  aceptado por largo tiempo; esto junto a un manejo de las instituciones públicas por una directiva gerencial pública que está compuesta en una tercera parte por mano militar.
Hoy en el país las calles han vuelto a escuchar las voces que estaban mudas. En las calles no te calles, pareciera ser la consigna. Las gargantas de los estudiantes son tan fuertes como el acero; su creatividad se encuentra en ebullición constante ante los desmanes de la represión del decadente estado. No destemplan sus intenciones en su largo coro de protesta aunque estén  acompañadas con los estruendos criminales de las balas, los perdigones, las lacrimógenas, las tanquetas; dicen, ¡no tenemos miedo! Y  bien saben que sólo les queda la convicción de la exigencia de su reclamo y protesta  justa, pacífica, democrática, civil y encaminada a transformar una realidad inoperante, aberrante. Situación que la hemos padecido todos: la inseguridad permanente, la corrupción en los poderes judiciales, el aceptar al hampa como una forma más de vida revolucionaria, de sentir en propia piel el permanente acoso arbitrario de los cuerpos militares de la nación, y la inversión de los valores humanos por inhumanos, el fundamentalismo político. Los estudiantes han sido los que han asumido en representar y actuar realmente contra las quejas que están  rondando en el aire  enrarecido del país y en nuestros cuerpos golpeados de manera permanente. Sus capacidades y su inteligencia han puesto en jaque a toda la maquinaria del poder de un estado absolutista tiránico, modelo tomado del castro-comunismo que ha imperado  por más de medio siglo de represión humana permanente para darle el gusto a una decadente, envejecida y rapaz dirigencia que dejó de serlo y que sólo puede esconderse entre sus esbirros y sus huestes. Un mundo donde nunca se supo multiplicar la riqueza, la dignidad, el bien social, la libre creatividad, la libertad individual y ciudadana, en fin, una plenitud de vida. Por todo, junto a los estudiantes, habrá que decir: no calles en las calles!…   

Arturo Pérez-Reverte en su novela  El Francotirador Paciente  lo expresa así: "-La calle es el lugar donde estoy condenado a vivir...A pasar mis días. Aunque no quiera. Por eso la calle acaba siendo más mi casa que mi propia casa. Las calles son el arte...El arte solo existe ya para despertarnos los sentidos y la inteligencia y para lanzarnos un desafío. Si yo soy un artista y estoy en la calle, cualquier cosa que haga o incite a hacer será arte. El arte no es un producto, sino una actividad. Un paseo por la calle es más excitante que una obra maestra". Hoy las calles han vuelto a ser de los venezolanos.