sábado, 1 de diciembre de 2012


Popper y su defensa del realismo crítico

Carlos Blank

 


Yo soy primero que todo un indeterminista,
en segundo lugar un realista,
en tercer lugar un racionalista.
Karl Popper


Introducción
                                                                                
Es importante destacar el énfasis que hace Popper con relación a sus posiciones básicas. Pudiera resultar desconcertante para algunos que la etiqueta de racionalista aparezca en tercer lugar y no en el primero. Tal y como él lo formula pareciera que su racionalismo es una consecuencia de su indeterminismo y de su realismo, o de que antes que nada es primero indeterminista, y luego realista y racionalista. A menudo el indeterminismo suele estar asociado al idealismo y al subjetivismo, mientras que el determinismo está asociado al realismo y al objetivismo. En ese particular, Popper defiende una posición que es a la vez indeterminista, pero objetiva y realista. No nos ocuparemos aquí de su defensa del indeterminismo. En su lugar, nos centraremos en su defensa del realismo y su estrecha vinculación con su defensa de una racionalidad crítica, de su falibilismo.
Lo primero que cabe señalar es que Popper defiende claramente un realismo pluralista y que reconoce una jerarquía de diversos niveles de la realidad. Para él es evidente que la evolución del universo material tiene rasgos claramente creativos, es decir, produce la emergencia de nuevas realidades, como la vida, así como la mente humana y sus productos. En muchos lugares machaca el autor su realismo pluralista y emergentista o no reduccionista. Por ejemplo, al atacar las posiciones preformistas, según las cuales no hay novedad en sentido estricto, señala lo siguiente:

En contra de todas estas opiniones, sugiero que el universo, o su evolución, es creador y que la evolución de animales sentientes con experiencias conscientes ha suministrado algo nuevo. Al principio dichas experiencias eran de tipo más rudimentario y, posteriormente, de un tipo superior. Finalmente surgió esa especie de conciencia del yo y ese tipo de creatividad, que según sugiero, encontramos en el hombre.
Con la emergencia del hombre, pienso que la creatividad del universo se ha hecho obvia. En efecto, el hombre ha creado un nuevo mundo objetivo, el mundo de los productos de la mente humana: un mundo de mitos, de cuentos de hadas y de teorías científicas, de poesía, de arte y de música…La existencia de las grandes e incuestionables obras creativas del arte y la ciencia muestra la creatividad humana y, con ello, la del universo que ha creado el hombre. (Popper 1980: 17)

En otro lugar es aún más explícito en su afirmación de diversos niveles de realidad, empezando por el reconocimiento de la realidad más básica, que es la realidad material, física y biológica.

Por otro lado, hay muchos tipos de realidades. El tipo más obvio es el de los alimentos (supongo que suministran las bases del sentimiento de realidad) o bien el de los objetos más resistentes (objectum = lo que se interpone en el curso de nuestra acción) como piedras, árboles o personas humanas. Pero hay otros tipos de realidad muy distintos como la descodificación subjetiva de  nuestras experiencias sobre los alimentos, piedras, árboles y cuerpos humanos. El sabor y el peso de los alimentos es también otro tipo de realidad, al igual que las propiedades de los árboles y los cuerpos humanos. Hay ejemplos de otro tipo en este universo tan variado como son, un dolor de muelas, una palabra, el lenguaje, un código de circulación, una novela o una decisión gubernamental; una demostración válida o inválida; tal vez, fuerzas, un campo de fuerzas, tendencias, estructuras y también regularidades. (Popper 1980: 45)
Queda así formulada su concepción de los tres mundos, que podemos visualizar en el siguiente cuadro.

Mundo 3                                   (6) Obras de arte y de ciencia
(los productos de la                           (5) Lenguaje humano. Teorías acerca del yo y la muerte                  
mente humana)                                 
         

Mundo 2                                    (4) Conciencia del yo y de la muerte.                        
(el mundo de las                                  (3) Sensibilidad (conciencia animal)
experiencias subjetivas)

Mundo 1                                     (2) Organismos vivos
(el mundo de los                                   (1) Los elementos más pesados; líquidos
objetos físicos)                                      y cristales
                                                    (0) Hidrógeno y helio

En  este cuadro podemos  destacar claramente, según Popper, al menos cuatro niveles de emergencia: “a) la ‘cocción’ de los elementos más pesados (aparte del hidrógeno y el helio que se supone que han existido desde la gran explosión inicial). b) El comienzo de la vida sobre la Tierra (y tal vez en otros lugares). c) La emergencia de la conciencia. d) La emergencia del lenguaje humano y del cerebro humano.” (Popper 1980: 30s) A continuación veremos cómo nuestro autor defiende con el mismo vigor cada uno de los niveles de la realidad, aunque es evidente también que sienta especial predilección por el Mundo 3. Popper defiende un realismo de las teorías, no de las entidades, siguiendo la distinción de Ian Hacking, para quien, a diferencia de Popper,  el realismo científico no implica la verdad como correspondencia.

La realidad del mundo material
Me da la impresión de que el uso más central del término “real” es el que se hace
para caracterizar cosas materiales de tamaño ordinario, cosas que puede manejar un bebé y (preferiblemente) meter en la boca.
Karl Popper
En mi opinión, el mayor escándalo filosófico consiste en que, mientras a nuestro alrededor el mundo natural
–y no sólo el mundo natural- se hunde, los filósofos continúan debatiendo, inteligentemente o no, el problema de si tal mundo existe.
Karl Popper

La defensa vigorosa de la realidad material, incluso por razones morales, se combina en el pensamiento de Popper con su implacable ataque a todas las formas de materialismo que clausuran  causalmente el mundo material y desconocen su nivel de interacción con otros niveles de realidad no reducibles al mundo material. Dicho de otra manera, defiende la existencia de una realidad material independiente de la manera más cruda y acorde al más elemental sentido común, para el cual la negación de esta realidad sería una suerte de locura. Si bien el sentido común no puede tener la última palabra sobre estos asuntos, sí puede considerarse un buen punto de partida, sobre todo al reconocer la existencia de un mundo natural independiente de nuestras representaciones.
Siempre fui un filósofo y un realista de sentido común. Según mi actitud, era de sentido común mantener que a veces el sentido común está equivocado –quizás con más frecuencia que lo contrario-, si bien es evidente que en filosofía tenemos que partir del sentido común, aunque sólo sea para descubrir mediante la crítica en qué se está equivocado. Me interesaba por el mundo real, por el cosmos y, por ello, me oponía a todo idealismo, positivismo o incluso neutralismo filosóficos. No me interesaría por la filosofía si no hubiese un mundo real tan rico, incluso mucho más rico que el mundo tan superficialmente por nuestra vida diaria, y si la tarea del mundo no fuese el estudio de dicho mundo. (Popper 1974: 291)
Pero así como se alinea a favor del materialismo y en contra de de las diversas formas de idealismo y subjetivismo, también afirma que “puedo considerarme materialista en la medida en que creo en la realidad de la materia, aunque no soy en absoluto materialista en el sentido en que ‘materialismo’ representa la opinión (tan extendida) de que la materia es algo último e irreductible, o que es lo único real.” (Popper 1974: 291, 7n) De allí que critique también implacablemente el materialismo radical o conductismo radical, el epifenomenismo, la teoría de la identidad o del estado central, el paralelismo lingüístico, el materialismo prometedor o eliminativo, incluso al panpsiquismo por considerarlo curiosamente cercano a una forma de materialismo preformista.
Quizás una de las afirmaciones más desconcertantes de Popper es aquella que afirma: “He de admitir que si me viese obligado a tener que elegir entre una concepción subjetivista o personalista del conocimiento humano y una concepción materialista o fisicalista, como la que acabo de bosquejar, elegiría esta última; pero no es en absoluto esta la alternativa.” (Popper 1974: 270) Ya sabemos que esa diferenciación entre una concepción subjetiva y objetiva del conocimiento desempeña un papel primordial en su pensamiento desde su juventud. Por lo demás esto no quiere decir que nuestro autor niegue la existencia del mundo subjetivo, del mundo de la mente humana –y animal- o desconozca su importancia en la emergencia del Mundo 3.

La realidad del Mundo 2
Antes de comenzar con mis consideraciones acerca del yo, deseo enunciar claramente
 y sin ambigüedad que estoy convencido de que los yo existen.
Karl Popper

La afirmación de la existencia del mundo de los hechos mentales reviste tanta importancia como la afirmación de hechos materiales y resulta suficientemente contrastada por la psicología. En sus palabras, “la atribución de una mente y de experiencias subjetivas conscientes a todo ser humano normal constituye una teoría explicativa psicológica que tiene aproximadamente el mismo carácter que la existencia en física de cuerpos materiales relativamente estables…… la  teoría según la cual poseen experiencias subjetivas resulta bien contrastada.” (Popper 1980: 71).
No sólo somos conscientes de estar vivos, sino que además todos nosotros somos conscientes de ser un yo. Somos conscientes de su identidad a lo largo de considerables períodos de tiempo y a través de rupturas en su autoconciencia, debidas a períodos de sueño o a períodos de de inconsciencia. Todos nosotros somos conscientes de nuestra responsabilidad moral por nuestras acciones. (Popper 1980:114)

Si alguna afirmación reviste para Popper claros ribetes morales es la afirmación de la existencia de personas de individuos dotados de estados mentales: “Obviamente, la gente existe y cada uno de ellos constituye un yo individual con sentimientos, esperanzas y temores, penas y alegrías, miedos y sueños, que sólo podemos conjeturar, ya que sólo son conocidos por la propia persona.” (Popper 1980: 115) Como se sabe, uno de los objetivos más importantes de la ética de nuestro autor es la reducción o disminución del dolor humano evitable –y animal, podríamos añadir contra Descartes- por lo que la negación del dolor sería un total despropósito. Es interesante destacar que la existencia del yo no es algo que se da de entrada sino el producto de un largo proceso de desarrollo y de maduración. Esto puede resultar una obviedad, sobre todo para un psicólogo, pero vale la pena subrayarlo, pues suele ser “obviado” por bastante filósofos.
A menudo se ha destacado, especialmente los empiristas, la importancia de la memoria o se ha llegado incluso a identificarla con el yo. Es evidente que un trastorno grave de la memoria, como se produce en la enfermedad de Alzheimer, supone también un grave trastorno de la identidad personal. Aunque Popper reconoce que la memoria desempeña un rol importante en la configuración del yo, la mera recopilación de eventos pasados no es suficiente para ser un yo, pues también vivimos proyectándonos en el futuro. Ese manejo complejo del tiempo es indispensable para hablar de yo:Para ser un yo hay que aprender mucho, especialmente el sentido del tiempo, con uno mismo extendiéndose al pasado (al menos hasta “ayer”) y al futuro (al menos hasta “mañana”). Mas tal cosa entraña teoría, siquiera sea en su forma rudimentaria como expectativa: no hay yo sin orientación teórica, tanto en un espacio primitivo como en un tiempo primitivo.” (Popper 1980: 125)
Lo que se critica, en el fondo,  es la noción de un “ego puro” y de un yo pasivo, puramente receptivo, sin ninguna disposición o capacidades para hacer frente a lo real.
El resultado de todo esto es que no estoy de acuerdo con la teoría del “yo puro”….Frente a ello, pienso que ser un yo es  resultado en parte de disposiciones innatas y, en parte, de la experiencia, especialmente de la experiencia social. El recién nacido tiene muchas maneras innatas de actuar y responder, así como muchas tendencias innatas a desarrollar nuevas respuestas y nuevas actividades. Entre ellas la tendencia a convertirse en una persona consciente de sí misma, pero a fin de conseguirlo, han de ocurrir muchas cosas. Un niño que crezca en aislamiento social no conseguirá alcanzar una plena conciencia de sí. (Popper 1980: 125)
Uno de los típicos prejuicios filosóficos es el de considerar a las percepciones sensibles, particularmente las experiencias visuales, como ejemplos por antonomasia de experiencia consciente. En su lugar, Popper propone algo más cónsono con un yo que se auto-realiza y actualiza mediante su actividad mental.
Sugiero que intentemos aprender a tomar como ejemplo de experiencia consciente cosas tales como nuestra admiración o placer ante una fórmula sorprendente (“Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”), o nuestra experiencia de irritación inevitable cuando nos enfrentamos a un problema (¿Cómo detener la carrera de armamentos? ¿Cómo detener el aumento de la población?) o nuestros esfuerzos, nuestros ensayos y fracasos, al leer, releer, interpretar y reinterpretar un pasaje difícil de algún libro antiguo. (Popper 1980: 140s).
A pesar de que el flujo de la conciencia es interrumpido por períodos de sueño o bajo una anestesia total, la continuidad del yo no se ve seriamente afectada por ello. Ello implica que no identificamos nuestro yo con la conciencia a secas, sino que también existen importantes mecanismos inconscientes que permiten su continuidad en el tiempo. De tal manera que “nuestro conocimiento inconsciente se puede considerar perfectamente como un conjunto de disposiciones a la acción, la conducta y las expectativas” (p. 146) y de que “no cabe duda de que nuestras disposiciones inconscientes son muy importantes para nuestro yo.” (p. 147)
Finalmente lo más interesante de esta concepción es que la conciencia humana y la propia razón no son vistas como algo acabado, sino como el producto de la evolución biológica y como resultado de su desafío de sobrevivencia
Lo más posible es que lo que usualmente se describe como la unidad del yo o la unidad de la experiencia consciente sea consecuencia en parte de la individuación biológica, de la evolución de los organismos con instintos incorporados para la supervivencia del organismo individual. Parece que la conciencia e incluso la razón han evolucionado en gran medida debido a su valor de supervivencia para el organismo individual. (p. 129)

El realismo científico
Mírese como se mire, hay excelentes razones para afirmar que en la ciencia lo que se pretende es
describir y (en la medida de lo posible) explicar la realidad.
Karl Popper
Sólo si estamos dispuestos a aceptar las refutaciones hablamos de la realidad.
Karl Popper
Nuestras refutaciones, por ende, nos indican los puntos en los que hemos tocado la realidad, por así decir.
Karl Popper

Como siempre a Popper le gusta provocar y rebajar nuestras aspiraciones desmesuradas, en especial le interesa destacar que el realismo no es demostrable, aunque tampoco refutable. Por esa misma razón, su opuesto, el idealismo o antirrealismo, tampoco es ni demostrable ni refutable. Pero aunque no podamos dar argumentos concluyentes a favor del realismo, el realismo tiene algunas razones a su favor y tiene también buenas razones en contra del idealismo. En sus palabras, “estoy dispuesto a conceder que el realismo (como el idealismo) no sólo es indemostrable, sino también irrefutable; es decir, no se puede describir un suceso ni concebir una experiencia que constituya una refutación efectiva del realismo. En este caso, como en tantos otros, no habrá ningún argumento concluyente. Con todo, hay argumentos en favor del realismo o, más bien, en contra del idealismo”. (Popper 1974: 47)
Una de las más conocidas líneas argumentales a favor del realismo es la que se conoce como realismo científico, también llamado realismo crítico o conjetural. Si dejamos de lado las concepciones de la ciencia que defienden el nominalismo, el instrumentalismo, o cualquiera que entienda las teorías científicas como meros sistemas de enunciados interpretados o meros medios de cálculo y predicción, suele suponerse que las teorías científicas pretenden describir aspectos de la realidad de la que se trate o, mejor aún, de explicar determinados aspectos de esa realidad, de descubrir rasgos profundos de esa realidad. Las teorías científicas no son meras “ficciones” útiles para “salvar los fenómenos”, sino que son intentos serios de representarnos aspectos de lo real. Cabe señalar que el realismo científico no pretende establecer una imagen correcta y definitiva del mundo real, lo que sí hace es comprometerse en la práctica con el presupuesto de una realidad independiente de nuestras representaciones, por más que estas puedan ser inadecuadas. Al respecto señala nuestro autor lo siguiente: “podemos afirmar que casi todas –si no todas- las teorías físicas, químicas o biológicas implican el realismo en el sentido de que si son verdaderas, el realismo debe serlo también. Esta es una de las razones por las cuales algunas personas hablan de ‘realismo científico’. Es una buena razón. Sin embargo, por mi parte, prefiero llamarlo ‘metafísico’ antes que ‘científico’, dada su aparente falta de contrastabilidad.” (Popper 1974: 47) Existen buenas razones adicionales para defender el realismo científico.
Partiendo del realismo científico, está claro que no sobreviviremos si nuestras acciones y reacciones están mal ajustadas al medio. Puesto que las “creencias” están íntimamente ligadas a las expectativas y a la disposición a actuar, podemos decir que nuestras creencias más prácticas están próximas a la verdad en la medida en que sobrevivimos. Así se erige en la parte más dogmática del sentido común que, aunque no sea en absoluto fiable, verdadero o cierto, constituye siempre un buen punto de partida. (Popper 1974: 72)
De nuevo vale la pena recalcar que no son estos argumentos concluyentes a favor del realismo, pues ya sabemos que no hay tales argumentos. De hecho, hay muchas creencias falsas que pueden tener un valor biológico de sobrevivencia, como no comerse un animal que tuviese un aspecto de ser venenoso, aunque no lo fuese realmente. Esa generalización nos salva de los casos en los que sí son venenosos. Por lo demás, “el éxito biológico pasado nunca asegura el éxito biológico futuro.” (p. 72)  Pero a pesar de estas reservas u otras que pueda tener un argumento que no pretende ser concluyente, podemos recomendar su asunción.
A este respecto, me parece importante volver a nuestro punto de partida –sentido común más razonamiento crítico- para recordar la conclusión de que el sentido común incluye el realismo- algo tal vez no muy alejado del “realismo científico”- y que todos los argumentos conocidos en contra del realismo resultan ser críticamente insostenibles o, más exactamente, desatinos insostenibles del aspecto más débil del sentido común. Por tanto, no tenemos ninguna razón para abandonar el realismo. (pp. 99s)

En fin, a pesar de sus insuficiencias, Popper nos invita a “aceptar el realismo como la única hipótesis sensata –como conjetura a la que nunca se ha opuesto una alternativa sensata”. (p. 49) Estrechamente vinculada a la tesis del realismo está, según el autor, la noción de verdad como correspondencia con los hechos, de la que nos ocuparemos a continuación.

El realismo y la noción de verdad en Tarski
Lo que yo digo es que Tarski ha rehabilitado la teoría de la correspondencia.
Creo que se trata de un importante logro de gran alcance filosófico.
Karl Popper
Acepto la teoría del sentido común (defendida y refinada por Alfred Tarski)
según la cual la verdad es la correspondencia con los hechos (o con la realidad)
o, más exactamente, una teoría es verdadera si, y sólo si, corresponde a los hechos.
Karl Popper

Posiblemente uno de los testimonios más conmovedores es el que hace Popper de Alfred Tarski, así como de la importancia decisiva que tuvieron sus encuentros en Praga y posteriormente en un  “banco inolvidable” del Volksgarten de Viena durante veinte minutos. Al respecto dice: “no hay palabras capaces de describir lo mucho que aprendí con todo esto ni tengo palabras para expresar mi gratitud. Aunque Tarski era tan solo un poco mayor que yo y aunque en aquella época manteníamos relaciones de estrecha amistad, le consideraba como la única persona que podía considerar mi maestro en filosofía. Nunca nadie me ha enseñado tantas cosas.” (Popper 1974: 289) Para entender la importancia que tuvo para Popper el descubrimiento de la concepción de la verdad de Tarski, es importante recordar todas las reticencias filosóficas que rodeaban la noción misma de verdad objetiva, no solo por las paradojas a que daba lugar, sino también por la dificultad –por no decir imposibilidad- de encontrar criterios de aplicación. 
Como es natural la idea de verdad me resultaba incómoda, pues, durante algún tiempo, ha habido filósofos que la han atacado con buenos argumentos. Lo que me asustaba no era tanto la paradoja del mentiroso, cuanto la dificultad de explicar la teoría de la correspondencia: ¿en qué podría consistir la correspondencia de un enunciado con los hechos? Además, había un punto de vista que, aunque yo nunca había sostenido decididamente, me sentía incapaz de atacar de manera efectiva. Me refiero al punto de vista según el cual, para poder hablar de verdad, hemos de ser capaces de dar un criterio de verdad. Sostenía que, a pesar de todo era legítimo hablar de la verdad, si bien no era capaz de defender mi punto de vista, según el cual la ausencia de un criterio de verdad no podía emplearse como argumento en contra de la legitimidad lógica de la idea de verdad. (p. 289)

Precisamente el enfoque tarskiano de la verdad, tiene la doble ventaja de eliminar las paradojas de un lenguaje formal, así como el hecho de establecer la imposibilidad de un criterio de verdad satisfactorio para todo lenguaje. La diferenciación de dos niveles de lenguaje, un lenguaje objeto y un metalenguaje que hace referencia al lenguaje objeto, es de una gran simplicidad y permite disipar toda duda acerca del carácter significativo acerca de la correspondencia con los hechos. En sus palabras:La importancia de este descubrimiento estriba en disipar toda duda acerca de la significatividad de hablar sobre la correspondencia de un enunciado con un hecho o hechos. Una vez hecho esto, podemos sustituir, naturalmente, las palabras ‘corresponde a los hechos’ por las palabras ‘es verdadero’. (p. 285)
La clave para la rehabilitación de la teoría de la correspondencia viene dada por una observación muy simple y obvia que hizo el propio Tarski. A saber, si deseo hablar acerca de la correspondencia entre un enunciado E, y un hecho, H, tengo que recurrir a un lenguaje que pueda en el que pueda hablar acerca de ambos­: enunciados del tipo de E y de hechos del tipo de H. Aunque esto parece terriblemente trivial, resulta ser decisivo. Significa que el lenguaje en el que hablamos para explicar la correspondencia ha de tener los medios necesarios para referirse a enunciados y describir hechos. Si disponemos de un lenguaje dotado de ambos medios, de modo que pueda referirse a enunciados y describir hechos, entonces en dicho lenguaje –el metalenguaje- podremos hablar sobre la correspondencia entre enunciados y hechos sin ninguna dificultad, como vamos a ver. (p. 284)

También vale la pena señalar que las consecuencias realistas que saca Popper no eran para nada manifietas en Tarski y que él, de hecho,  nunca se pronunció al respecto, pues sus intereses eran seguramente diferentes. Pero aunque en ningún momento pretende adscribir la defensa del realismo por parte de Tarski, sí señala sus implicaciones para su defensa del realismo e incluso para su defensa de la verosimilitud o aproximación a la verdad de las teorías. En primer lugar destaca su importancia para un realista como él.
Tendría que señalar, sin embargo, que la teoría de la verdad como correspondencia es una teoría realista, es decir, establece una distinción, que es realista, entre una teoría y los hechos que describe esa teoría, lo que nos permite decir que una teoría es verdadera, falsa o que corresponde a los hechos, relacionando así la teoría con los hechos. Nos permite hablar de una realidad distinta de la teoría, lo cual es algo fundamental, el punto básico, para un realista. El realista quiere disponer de una teoría y de la realidad o los hechos (no lo llamen ‘realidad’ si no les gusta, llámenlo simplemente ‘los hechos’) que son distintos de su teoría acerca de los hechos, teoría que puede, de un modo o de otro, comparar los hechos para ver si corresponde a ellos o no. Naturalmente, la comparación es siempre extremadamente difícil. (p. 286)

Esta concepción de la verdad es fundamental, para Popper, en otro sentido, pues nos proporciona la idea de verdad como una idea reguladora, como la posibilidad de analizar las teorías científicas de acuerdo a su mayor o menor aproximación a la verdad, “así llegamos a la idea de proximidad a la verdad o de mejor o peor aproximación a la verdad, es decir, a la idea de ‘verosimilitud’.” (p. 287)
Por tanto, el concepto de verdad desempeña básicamente el papel de una idea reguladora. En nuestra búsqueda de la verdad nos asiste el saber que hay algo así como verdad o correspondencia. No nos suministra medios para dar con ella ni para tener la seguridad de haber dado con ella, aunque de hecho sea así. Por tanto no hay criterio de verdad y no hemos de preguntar por él. Hemos de contentarnos con el hecho de que la idea de verdad como correspondencia con los hechos ha sido rehabilitada. Eso es lo que hizo Tarski y con ello ha prestado un servicio incalculable a la perspectiva realista….
 Al incorporar a la lógica la idea de verosimilitud o aproximación a la verdad, hacemos la lógica aún más ‘realista’, pues se puede emplear ya para hablar sobre el modo en que una teoría corresponde mejor que otra a los hechos –los hechos del mundo real. (p. 287)

Sin duda que esta concepción de la verdad y de la verosimilitud ha dado origen a muchas críticas. No podemos ocuparnos aquí de ellas. Uno puede preguntarse: ¿de qué sirve aproximarse a la verdad si nunca podemos alcanzarla ni tampoco podemos saber cuando la hemos alcanzado, si no tenemos criterios para reconocerla? ¿No despoja ello de sentido la propia búsqueda de la verdad o la comprensión de lo real que suponemos defender? ¿No podríamos calificar a esta posición de “escepticismo disfrazado? ¿No entra esta visión de la verdad en contradicción con una epistemología evolucionista, según la cual una teoría es seleccionada por haber sobrevivido los test más severos y nada más? ¿No estamos reintroduciendo la noción de finalidad que precisamente una teoría de la evolución despacharía? Todo ello da mucho que hablar y discutir. Sin embargo, por mor de brevedad, terminaremos con los propios alegatos de Popper, sin pretender haber dejado zanjada la cuestión.
Acepto la tesis (implícita en la teoría clásica de la verdad, o teoría de la correspondencia) de que sólo podemos llamar ‘real’ a un estado de cosas si (y sólo si) el enunciado que lo describe es verdadero. Pero sería un grave error concluir de esto que la incerteza de una teoría, es decir, de su carácter hipotético o conjetural, disminuye de algún modo su aspiración  implícita a describir algo…Además, si ponemos a prueba nuestra conjetura y logramos refutarla, vemos muy claramente que había una realidad, algo con lo cual podía entrar en conflicto. (Popper 1979:138)


Referencias:
Popper, Karl & J. Ecles: El yo y su cerebro, Labor, Barcelona, 1980.
Popper, Karl: El desarrollo del conocimiento científico: conjeturas y refutaciones, Paidós, Buenos Aires, 1979.
______, ___: Conocimiento Objetivo, Técnos, Madrid, 1974.