La guerra en Ucrania y sus depósitos de tierras raras
(Importancia de un tema olvidado en la agenda informativa en los medios)
David De los Reyes
En el contexto actual de la guerra entre Ucrania y Rusia, el
interés por los recursos naturales del país ha cobrado una relevancia sin
precedentes. Entre estos recursos, los depósitos de tierras raras se destacan
como un activo estratégico que podría cambiar el rumbo económico de Ucrania y
su posición en el escenario global. Los medios han hablado mucho sobre cómo va
el desarrollo de este asedio y conflicto bélico, donde los intereses por el
territorio no son tanto los referidos a pasados y tradiciones con Rusia, sino
por lo que puede obtenerse con el control de las llamadas tierras raras,
que no son raras ni solo tierra. No es de extrañar que uno de los
puntos importantes a tratar para el pago por la ayuda militar de EE. UU. hacia
Ucrania esté en el interés de la firma de un acuerdo previo sobre esas rarezas
territoriales, entre los presidentes Donald Trump y Volodímir Zelenski,
exigiendo la retribución del 50% de las ganancias con el extractivismo de
dichos yacimientos.
Pero, ¿Qué son las tierras raras?
Antes de entrar en el tema de la relación entre Ucrania y sus
yacimientos raros, creo necesario hablar de qué se trata y por qué hay tanto
interés en lograr el control (Rusia) o un acuerdo comercial del fifty/fifty
con EE. UU., y al que la UE tampoco se quiere quedar atrás.
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos que, a
pesar de su nombre, son relativamente abundantes en la corteza terrestre. Estos
elementos, que incluyen el lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio,
samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio,
lutecio y escandio, son esenciales para una variedad de aplicaciones
tecnológicas que van desde dispositivos electrónicos hasta energías renovables.
Su importancia radica en su capacidad para mejorar el rendimiento de productos
como imanes, baterías, pantallas y catalizadores, lo que los convierte en
componentes clave en la transición hacia tecnologías limpias y sostenibles.
El interés por las tierras raras ha crecido exponencialmente en las
últimas décadas, impulsado por la revolución tecnológica y la necesidad de
materiales para la fabricación de productos innovadores. La creciente demanda
de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos ha
llevado a los gobiernos y empresas a buscar asegurar el acceso a estos recursos
estratégicos. En este contexto, se han convertido en un tema candente en la
geopolítica moderna, ya que el control de estos elementos puede influir en la
competitividad económica de las naciones.
Actualmente, los principales países que explotan y producen tierras
raras son China, Estados Unidos, Australia, Rusia y Brasil. China, en
particular, ha dominado el mercado, controlando aproximadamente el 60% de la
producción mundial. Este dominio ha generado preocupaciones sobre la
dependencia global de un solo país para un recurso tan crítico, lo que ha
llevado a otros países a diversificar sus fuentes y buscar nuevas minas. Las
potencias alternas a la oriental no quieren quedarse atrás en el dominio de tales
yacimientos para su explotación en todo el arsenal de producción tecnológica
electrónica. La situación se complica aún más por las tensiones comerciales y
políticas, lo que ha llevado a un aumento en la inversión en la exploración y
extracción de tierras raras en otras partes del mundo, como es el caso de la
intervenida Ucrania.
Los elementos que conforman las tierras raras son fundamentales en
diversas industrias. Por ejemplo, el neodimio se utiliza en imanes
fuertes que son esenciales para motores eléctricos y generadores, mientras que
el europio es crucial en la fabricación de pantallas LED. Cada uno de
estos elementos tiene propiedades únicas que los hacen indispensables en la
producción de tecnología moderna. Sin embargo, la extracción y procesamiento de
tierras raras también plantea desafíos ambientales significativos, incluyendo
la contaminación y la degradación de ecosistemas, lo que ha llevado a un
llamado a prácticas más sostenibles en su explotación.
Es por ello por lo que las tierras raras son elementos clave
en la era tecnológica actual, con un papel fundamental en la fabricación de
productos que impulsan la innovación tecnológica y la sostenibilidad. Su
interés y demanda continúan creciendo, lo que resalta la necesidad de un
enfoque estratégico en su extracción y uso. A medida que el mundo avanza hacia
un futuro más verde y digital, la gestión responsable de estos recursos se
convierte en un imperativo no solo para las economías nacionales, sino también
para la salud del planeta.
Es por ello que el conflicto de Ucrania no solo se juega en la
defensa de la democracia y el sentido de la libertad occidental ante los
autoritarismos a lo oriental, sino también en la obtención de estos materiales
imprescindibles para el desarrollo de la llamada Tercera Revolución
Industrial (Rifkin, 2011), en la que países como EE. UU., China y la UE
están en feroz competencia por ganar esa rara carrera.
¿Con qué cantidad de estos elementos raros cuenta las tierras de
Ucrania? Ucrania cuenta con aproximadamente 2 millones de toneladas de reservas
de tierras raras, situándola entre los principales poseedores de estos recursos
en Europa. Elementos como el neodimio, lantano y cerio son
fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos, baterías y
turbinas eólicas, esenciales en la transición hacia energías limpias. La
creciente demanda de tecnologías sostenibles ha puesto a las tierras raras en
el centro de atención, y Ucrania podría convertirse en un proveedor clave en
este contexto.
Las principales áreas con depósitos de tierras raras se encuentran
en la región de Zhitómir, Zaporiyia y en partes de Donetsk[1].
La riqueza mineral de estas regiones no solo representa una oportunidad
económica, sino que también se ha convertido en un punto focal en el conflicto
armado. A medida que se intensifica la lucha por el control territorial, el
acceso a estos recursos se vuelve un factor determinante, tanto para Ucrania
como para las potencias extranjeras interesadas.
Aunque la producción actual de tierras raras en Ucrania es
limitada, se estima que, con las inversiones adecuadas y la estabilización
política, el país podría alcanzar una producción anual de hasta 10,000
toneladas (a razón de 30 a 50 mil euros por tonelada, ergo, se obtendrían entre
300 y 500 millones anuales, lo cual no está nada mal…). Este incremento no solo
beneficiaría a la economía ucraniana, sino que también podría ayudar a
diversificar su base económica, reduciendo la dependencia de otros recursos
naturales. Al firmar el acuerdo entre Zelenski y Trump, EE. UU. ha asegurado
una ganancia anual de unos 300 millones de dólares en su extracción, además del
control de la distribución de esos minerales para su propio mercado[2].
En esta guerra económica desatada entre EE. UU. y China, podemos
decir, como ya me referí antes, que este
último país, a nivel mundial, domina el mercado de tierras raras, controlando
aproximadamente el 60% de la producción. Sin embargo, la situación geopolítica
actual ofrece a Ucrania la oportunidad de posicionarse como un actor relevante
en este sector. Con el auge de la demanda global, proyectada a crecer entre un
5% y un 10% anual en la próxima década, Ucrania podría convertirse en un socio
estratégico occidental para las naciones que buscan asegurar su suministro de tierras
raras.
A pesar del potencial ucraniano, la explotación de estos recursos
enfrenta hoy desafíos significativos. La inestabilidad política y el conflicto
actual limitan la capacidad de Ucrania para atraer las inversiones necesarias
para desarrollar su industria minera, aunque EE. UU. está presto a hacerlo.
Habría que esperar un armisticio, un cese al fuego en la guerra, lo cual no
está planteado para la parte imperialista beligerante e invasora, es decir, la
Rusia de Putin. De lo contrario todo lo planteado pasaría a manos del neozar
ruso. Sin embargo, si se logra
estabilizar y dominar la situación, el país podría no solo beneficiarse
económicamente, sino también contribuir a la seguridad energética de Europa, de
Estados Unidos y de otros países del mundo.
Los depósitos de tierras raras en Ucrania representan un recurso
inexplorado que podría transformar la economía del país y su posición en el
escenario internacional. En un mundo cada vez más dependiente de tecnologías
sostenibles, la capacidad de Ucrania para aprovechar sus reservas de tierras
raras podría ser clave para su recuperación y desarrollo futuro. A medida que
la comunidad internacional observa de cerca el conflicto, la atención se dirige
no solo a la lucha por el territorio, sino también al control de estos valiosos
recursos naturales. De ello podemos deducir que el interés de Rusia en invadir
Ucrania se debe al gran desarrollo tecnológico y minero que puede representar
el país en las próximas décadas, lo cual se busca impedir a toda costa, limitando
la autonomía y la soberanía de Ucrania en el uso de sus riquezas del subsuelo,
así como en su capacidad innovadora científica, tecnológica y defensiva de la
inteligencia de sus habitantes.
[1] Estas regiones poseen los yacimientos más importantes de tierras raras. La región de Zaporiyia es un área considerada como una de las más ricas en esos depósitos, con concentraciones significativas de elementos como el neodimio, lantano y cerio. Y en la región de Donetsk también se han registrado depósitos en esta región, aunque su explotación se ha visto afectada por el conflicto. La región de Zhitómir, en Ucrania, es conocida por su riqueza mineral, incluidos los depósitos de tierras raras. Aunque no hay cifras exactas y actualizadas sobre la cantidad específica de tierras raras en esta región, se estima que tiene recursos significativos, especialmente en minerales como el niobio y el tántalo, que a menudo se asocian con tierras raras.
[2]
Aunque la producción actual de tierras raras
en Ucrania es limitada, se estima que, con las inversiones adecuadas y la
estabilización política, el país podría alcanzar una producción anual de hasta
10,000 toneladas. Este incremento no solo beneficiaría a la economía ucraniana,
sino que también podría ayudar a diversificar su base económica, reduciendo la
dependencia de otros recursos naturales.
El
valor de esta producción puede ser significativo. Considerando un precio
promedio por tonelada que varía entre 30,000 y 50,000 euros, el potencial
económico de estas 10,000 toneladas se traduce en un valor total que oscila
entre 300 millones y 500 millones de euros. En términos de dólares, y
utilizando un tipo de cambio aproximado de 1.07 USD/EUR, el valor en dólares
podría variar entre 320 millones y 540 millones, dependiendo del precio
específico de las tierras raras en el mercado.
Este
potencial económico resalta la importancia de las tierras raras no solo como un
recurso mineral, sino como un motor de desarrollo para Ucrania. La capacidad
del país para aprovechar estos recursos podría transformar su panorama
económico, ofreciendo una alternativa viable a la dependencia de otros sectores
y contribuyendo a su estabilidad y crecimiento en un contexto global cada vez
más competitivo.
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