ALETEA Y TRANSFORMA
LA AUSENCIA EN TRASCENDENCIA
Theo D’Elia
“Todo final es un luminoso principio”
Elisabeth Kübler-Ross
Hace pocos días una de
mis grandes amigas trascendió a su nuevo hogar, dejando en mí un profundo dolor
por su partida. Dolor que comparto con ustedes desde la hermandad que siempre
estuvo presente entre nosotras, sin importar lo distante de nuestra ubicación
en tiempo o espacio. Siempre nos unió el amor incondicional, el respeto y la
compasión.
En este momento la
palabra “duelo”, me conecta con el inmenso pesar que siento por la pérdida de
mi amiga, y soy consciente de lo importante de vivirlo profundamente y a plena
conciencia. Reconociendo en mí las diferentes manifestaciones, expresiones y etapas
transitadas por el llamado “camino de las lágrimas”, como expresión de mi
dolor. Voy siendo consciente de que, en su etapa final, este peregrinar me
llevará aceptar que ella ya no estará físicamente en mi vida, pero ocupará un
lugar muy importante en mi corazón. Tal y como me ha ocurrido con otras
pérdidas de seres más cercanos o quizás lejanos, a quienes he tenido la dicha
de acompañar hasta el final.
El sendero de las
lágrimas me brinda la certeza de estar percibiendo la mejor medicina para mi
cuerpo y alma. Definitivamente recorrerlo implica aceptar nuestra nueva
realidad, quedarnos con lo mejor de la experiencia, dejar atrás lo que ya no
nos nutre y reaprender nuevas formas de vida. Son vivencias muy personales y
necesarias para nuestro crecimiento, que cada uno afronta a su manera, de la
forma y en el tiempo que puede. Y no solo me refiero a la desaparición física
de alguien, sino a las muchas situaciones y circunstancias que constantemente
están presentes y que en algún momento pueden desaparecer.
Aprender a morir encierra en sí mismo el
aprender a vivir, ese recorrido cuenta con diferentes etapas y un mundo
interior que le acompaña, diferente para cada individuo.
Como ha señalado Elisabeth Kübler -Ross,
(1926 - 2004) nacida en Zúrich. Psiquiatra y escritora, considerada de las
mayores expertas mundiales en procesos de muerte, personas moribundas y
cuidados paliativos. Convirtiendo el símbolo de la mariposa en su emblema de
trabajo, representado el renacer hacia un estado de vida superior.
Kübler -Ross, menciona cinco etapas en el
proceso del duelo: negación, ira, culpa, negociación, tristeza. Sin necesidad
de ser recorridas en su totalidad, en un tiempo y orden determinado. Con la
posibilidad de fluctuar entre ellas, en varias oportunidades del proceso, como
reacciones a sentimientos que pueden durar minutos u horas. De ninguna manera
estas etapas son lineales ni están siempre presentes en nuestro proceso.
Haciendo un breve resumen de ellas podemos señalar:
1.
Negación,
rechazando o ignorando lo que sucede, como la anestesia que en momentos
necesitamos para bloquear el dolor.
2.
Ira,
como enfado consigo mismo y/o con un ser querido. Asociada a la frustración e
impotencia de modificar la situación.
Como una forma de energía que nos permite revelarnos ante la pérdida.
3.
Culpa
como juicios sobre lo que hicimos o dejamos de hacer, que siempre nos lleva a
un pasado, nos puede ayudar en la medida que nos permita reflexionar sobre lo
que ha ocurrido, tomar conciencia y procesar, según las circunstancias de la
muerte, la relación con la persona que se ha ido y el propio proceso de duelo
que llevamos.
4.
Negociación
que hacemos con nosotros mismos y con la pérdida.
5.
Tristeza
que sentimos por la ausencia de nuestro ser querido. Su intensidad emocional
tiende a disminuir y se hace más manejable en medida que nos habituamos a
contactar con la memoria con nuestra pérdid se hace más manejable. Más allá de
dejar de sentir tristeza es hacerla llevadera y soportable.
A estas etapas podemos añadir tres etapas
adicionales mencionadas por otros estudiosos del tema, como son la:
reconstrucción, aceptación e integración.
6.
Reconstrucción:
En la medida que vamos asimilando la pérdida, se inicia un proceso de
reconstrucción interno que nos lleva a redefinirnos, como lo que somos, siendo
conscientes de los cambios que han ocurrido en nuestra vida, el lugar que
ocupamos como parte de una familia, grupos que nos rodean, actividades y
nuestra visión del mundo, es lo que podríamos llamar la última fase del duelo,
nuestra reconstrucción en la tarea de recomponer lo que se ha roto, reconstruir
nuestra vida y salir del dolor, dejando paso al Amor.
7.
La
aceptación nos permitirá reconocer y aceptar los cambios que han acontecido en
nuestra vida.
8.
Integración
como última etapa de nuestro duelo. Implica tomar las acciones que nos permitan
retomar el contacto con nuestra nueva vida. Luego de esta experiencia nunca
volveremos a hacer los mismos. En esta fase integramos la pérdida en nuestro
interior. Aprendemos a recordar a nuestro ser querido sin sufrimiento y
reconocernos en nuestro nuevo yo.
La elaboración del duelo
viviéndolo paso a paso y a conciencia plena, con seguridad nos permitirá
colocar a ese Ser en un lugar muy especial del corazón, quedándonos con lo
gratificante de lo vivido en conjunto. Y aquí podemos evocar ese aleteo de la
mariposa, emulado por nuestros párpados y pestañas, para dar rienda suelta a
nuestras lágrimas, integrando con cada parpadeo, esa ausencia en nosotros,
admitiendo lo gratificante de lo vivido en conjunto.
“… somos quienes somos
gracias a todo lo perdido y a como nos hemos conducido frente a esas pérdidas”
Jorge Bucay
Y en estos momentos siento que el darme
el permiso de compartir mi actual pena en este espacio, asomada en estas
líneas, ha aliviado mi dolor. Como dice el refrán: “Una pena compartida es
media pena”. Gracias por este aleteo compartido para transformar esta ausencia
en trascendencia.
Amiga tu luz
nunca se apagará, siempre estará en un lugar muy especial de mi corazón
Kübler-Ross, E.,
& Kessler, D. (2006). Sobre el duelo y el dolor. Ediciones Luciérnaga.
Colaborador, vía
Pixabay
No hay comentarios:
Publicar un comentario