La desobediencia civil
como práctica creativa
María Eugenia Cisneros Araujo

…Respondedme,
niños: ¿quién os ha proporcionado una vida tan feliz?
Hubo
un momento de desconcierto antes de que algunos de los alumnos de los cursos
superiores respondieran.
-El
Partido Comunista
-No
os oigo -dijo el director-. Contestad más alto si confiáis en vuestra
respuesta.
Varios
profesores se levantaron e hicieron señas a los niños, tras lo cual otras
muchas voces se unieron al coro. El director necesitó varias rondas más hasta
quedar completamente satisfecho con la atronadora respuesta.
-Larga
vida al más grande, glorioso e infalible Partido Comunista -repitió el hombre
golpeando con el puño-. ¿Entendéis estas palabras? ¿Su significado? Significan
que nuestro partido jamás se ha equivocado y jamás se equivocará, significan
que cualquier cosa que hagamos no escapará al escrutinio del partido. Sé que os
han enseñado respetar a vuestros padres, pero ¿qué son ellos comparados con el
partido, nuestros primeros padres? Sois hijos del partido antes que hijos de
vuestros padres. El partido ama a todos por igual; no obstante, si alguien
comete un error, igual que cuando lo comete un niño, el partido no dejará pasar
ni a un solo infractor sin castigo. No se librará nadie, no se tolerará ningún
crimen.
Yiyun
Li. Las puertas del paraíso
Introducción[1]
El Estado se fundamenta en el poder y la
fuente de su dominio consiste en la capacidad que tiene de suscitar lealtad y
obediencia de la sociedad a las instituciones fundamentales sobre las que
descansa su estructura, tales como: el ejército, la policía, el derecho y la
burocracia. Persigue asegurar la colaboración y la conformidad de la mayoría de
la población a estos organismos. De tal forma que a mayor colaboración voluntaria
por parte de los individuos y el colectivo el Estado estará más seguro. Y su
autoridad devendrá de la fuerza por reivindicar su legitimidad ante la sociedad
y su derecho a exigir obediencia dentro de los límites del marco
constitucional.
Se tiene así, por un lado, un Estado que
se fundamenta en el poder. Un mando que se alimenta por la autoridad,
legitimidad y legalidad que contiene gracias a la obediencia de la sociedad, la
lealtad del ejército y la garantía que le ofrece el modelo constitucional. Por
el otro, se encuentra una sociedad conformada por individuos y por un colectivo
que acata, consiente, apoya y coopera con el Estado y sus instituciones.
Ahora bien, cuando un gobierno utiliza
la violencia y la coacción para lograr la lealtad, cooperación y obediencia de
la sociedad descontenta ante sus actos abusivos, entonces, la estructura que
soporta al Estado se encuentra débil. Lo que se vislumbra es una relación
conflictiva entre los ciudadanos y el Estado. Terreno fértil para la aparición
de la resistencia pacífica.
La desobediencia civil, como una forma
de resistencia activa que se vale de la imaginación y no de las armas, se
manifiesta cuando la sociedad se opone a los actos arbitrarios que comete el
Estado al hacer un uso ilegal, ilegítimo y subjetivo del poder que lesiona,
limita y coarta el ejercicio de la libertad individual, colectiva y social.
Así, por un lado, se tiene un Estado que se caracteriza por reservarse el
monopolio de la fuerza, el uso del poder como dominación para manipular y sancionar,
mantener la obediencia de la sociedad a sus prácticas cualquiera que estas
sean, lograr la colaboración de los ciudadanos y otros Estados para llevar a
cabo los abusos del poder, ejercer la autoridad mediante la violencia y
fortalecer la legitimidad y legalidad perdida con las relaciones comerciales y
de intercambio que lleva a cabo con otros países; asegurar la lealtad del
ejército, policía y todo cuerpo que represente la coacción. Se trata de ejercer
la violencia en forma opresiva para mantener su estructura, aunque por sus
acciones esté, al margen del marco constitucional que lo regula. Y por el otro,
se encuentra una sociedad conformada por individuos y colectivo que gozan de un
poder que se manifiesta cuando son capaces de desarrollar métodos y técnicas
para enfrentar mediante actos imaginativos concretos las injusticias de que son
objeto por parte del abuso del dominio político que hace el grupo que esté en
posición de mando.
El hecho cierto es el siguiente: Un
Estado para permanecer, por más arbitrario que sea, requiere de un mínimo de
lealtad, cooperación y obediencia de algún grupo para asegurarse que sus
órdenes se cumplirán. Cuando en un país existe estancamiento de la vida
económica, cultural, corrupción en la administración pública, son indicadores
que muestran: 1) la pérdida de legalidad y legitimidad de un gobierno; y, 2) un
gobierno que utiliza la violencia, el terror, la represión como formas de
conservar el poder. Esto es, hace un uso no contemplado en la ley de los
servicios de inteligencia y seguridad.
Por consiguiente, la desobediencia civil
como una forma de resistencia activa e imaginativa, consiste en un método de
lucha política, colectiva o individual, basada en la idea de que los gobiernos
dependen de la colaboración, sumisión, acatamiento, cooperación de la mayoría
de los ciudadanos de una sociedad; de la lealtad de los militares, la policía y
los servicios de seguridad civil. Se fundamenta en las circunstancias reales
del poder político y busca movilizar a la población civil para que retire el
consenso, la colaboración y la obediencia con el fin de procurar socavar las
fuentes de poder del Estado injusto, ilegítimo y arbitrario e incluso buscar
apoyo internacional para lograr su cometido.
Los actos de desobediencia civil se presentan
en forma de protesta, persuasivos, mediante la no cooperación social, económica
y política, la intervención no violenta, huelgas, jornadas de trabajo lento,
los boicots, las sentadas, ocupaciones, creación de instituciones de gobiernos
paralelas, la objeción de conciencia, los movimientos ecológicos, entre otros.
En mi criterio las prácticas de la resistencia responden a la facultad
imaginativa que tienen los individuos y el colectivo de innovar, crear en
cualquier momento formas inéditas de lucha política para socavar el poder
abusivo del contrario o de una forma de institución injusta, ilegal e ilegítima
para que se someta nuevamente a la regulación constitucional, al control
democrático y continúe en esta situación. Puede que persiga la reforma de una
ley determinada, la supresión de alguna injusticia; o que busque el
derrocamiento de todo un sistema político y social.
Cuando se decide ejercer la
desobediencia civil hay que tomar en cuenta que intervienen factores
psicológicos y morales; capacidad de movilización, aguante y persistencia en la
lucha; considerar si las circunstancias políticas justifican efectivamente este
tipo de acción; evaluar si los hechos a realizar son legítimos, tienen sentido
político y si son capaces de lesionar la fuente de dominio que mantiene la
constitución del Estado arbitrario.
La lucha política entre el Estado y la
sociedad moviliza los campos de la experiencia y cotidianidad individual y
colectiva. La política, la economía, la religión, la educación, el derecho, la sexualidad,
la familia, el trabajo, el tiempo de ocio, el sentido de la vida son
trastocados en una intensidad que dependerá de cómo se aborde las desavenencias
que surjan de la propia dinámica conflictiva. En este contexto, la
desobediencia civil coloca en puntos opuestos al poder y la libertad; el Estado
y la sociedad; la tiranía y la democracia; el Estado de derecho y el no-Estado
de derecho; la represión y la participación; la opresión y la persistencia en
la lucha política, sólo por nombrar algunos. Ante esta brecha les corresponde a
los individuos en cooperación con el colectivo emprender acciones que
involucren la conciencia del individuo en aceptar que forma parte de una
sociedad y su experiencia como parte de un colectivo que padece las consecuencias
de la pérdida de la libertad por las acciones de un Estado injusto, ilegítimo e
ilegal.
En la presente época (2014), tiempos de
globalización, tecnología, redes sociales, el análisis de la desobediencia
civil implica tomar en cuenta diversos aspectos, como lo son: el jurídico,
ético, político, social, filosófico, psicológico, entre otros. Cada uno de
estos campos presenta interrogantes aún no resueltas respecto a esta forma de
resistencia activa e imaginativa. La cuestión se complejiza cuando no se puede evitar
la interdisciplinariedad entre los campos de conocimiento y la conexión entre
el transcurrir de la vida y estos referentes.
La desobediencia civil se manifiesta en
la experiencia, en la realidad social efectiva, en la cotidianidad. Le exige a
los individuos y al colectivo emprender acciones imaginativas efectivas para
defender o rescatar el ejercicio de su libertad, limitar el ejercicio abusivo
del poder político. Impulsar tales acciones es difícil. Le exige, tanto al
individuo como el colectivo, sacrificio, sufrimiento, incomodidad e incluso la
muerte por la libertad. En la realización de actos concretos de lucha política
interviene la conciencia (esfera privada-individual) y la acción (esfera
pública-colectiva-política) porque somos individuos sociales.
Esta disyuntiva entre el poder y la
libertad; el Estado y la sociedad que provoca la aparición de la desobediencia
civil reclama un análisis, una investigación, un replanteamiento y relectura de
la noción de libertad y de sus calificativos: libertad política, libertad
constitutiva de la existencia, libertad como no dominación, el miedo a la
libertad, entre otros. También del poder y la organización en la que se
estructura ese poder como institución.
La cuestión sigue vigente: ¿La sociedad
debe obedecer, consentir, ayudar, colaborar con un Estado injusto, ilegítimo,
ilegal y arbitrario?
En este trabajo me propongo a demostrar
las siguientes afirmaciones: 1) La desobediencia civil pertenece al campo de lo
imaginario y la imaginación; y, 2) La desobediencia civil es una práctica
creativa individual y colectiva cuya finalidad es consolidar la libertad. Para
ello, me apoyaré en la tesis de Cornelius Castoriadis sobre lo imaginario y la
imaginación; el planteamiento de Etienne De La Boétie sobre la servidumbre
voluntaria y la postura de Hannah Arendt en lo atinente a la desobediencia
civil. Finalmente presentaré las conclusiones con las ideas de Erich Fromm
sobre la desobediencia civil como cuestión moral y psicológica.

1.
La desobediencia civil pertenece al campo de lo imaginario y la imaginación
Castoriadis aclara en el Prefacio de La institución imaginaria de la sociedad que el término imaginario
no es utilizado como reflejo o imagen de, tal como lo hace el
pensamiento heredado. Al respecto afirma:
“…lo imaginario
no es a partir de la imagen en el espejo o en la mirada del otro. Más bien, el
“espejo” mismo y su posibilidad, y el otro como espejo, son obras de lo
imaginario, que es creación ex nihilo.
Los que hablan de “imaginario”, entendiendo por ello lo “especular”, el reflejo
o lo “ficticio”, no hacen más que repetir, las más de las veces sin saberlo, la
afirmación que les encadenó para siempre a un subsuelo cualquiera de la famosa
caverna: es necesario que [este mundo] sea imagen de alguna cosa. Lo imaginario
del que hablo no es imagen de. Es creación incesante y esencialmente
indeterminada (social-histórica y psíquica) de figuras/formas/imágenes, a
partir de las cuales solamente puede tratarse de “alguna cosa”. Lo que llamamos
“realidad” y “racionalidad” son obras de ello”[2].
Del precedente párrafo se deriva que
para el pensamiento heredado, el campo de lo imaginario y de la imaginación fue
concebido como reflejo de, imagen de, representación de. Este espacio se caracteriza por ser fuente de
falsedad, error, de no ser, de opiniones, de verosimilitud, de la no-verdad; no
hay conocimiento de la realidad, abunda la indefinición, la indeterminación.
Según Castoriadis, para el pensamiento heredado, en el territorio del ser, está
la razón como origen de la verdad, de la certeza, de la lógica, del
conocimiento de las cosas, de la determinación, de las definiciones, porque el
ser es.
Castoriadis no se va a referir a lo
imaginario bajo la concepción del pensamiento heredado; el filósofo
greco-francés va a demostrar que la afirmación del pensamiento heredado es
falsa; es decir, expone que lo imaginario y la imaginación no es ni reflejo de, ni imagen de, ni representación
de, sino, por el contrario, lo imaginario y la imaginación constituyen un
“es”, una zona cuyo ser se caracteriza por la creación espontánea incesante
novedosa desde la nada, el azar, la contingencia, el abismo, el hallazgo, el
hacer, la acción, las significaciones imaginarias sociales que se mueven en el
campo de la indeterminación, de lo no definido, del caos, porque estos aspectos
también son[3].
Estos componentes intervienen de manera específica en la formación de la
sociedad como institución, siendo que lo que produce realidad y racionalidad es
el vínculo entre lo imaginario y la imaginación y no únicamente la razón lógico
formal como lo postula la tradición filosófica.
En este sentido, lo imaginario es un
ámbito de creaciones espontáneas de cada individuo como sujeto psíquico, de los
individuos como colectividad y de la institución social. Lo imaginario consiste en la creación
incesante esencialmente novedosa de los individuos (desde lo psíquico) y lo
social (histórico), pues lo social es el terreno donde se reúne lo individual y
lo colectivo[4].
Lo que busca demostrar Castoriadis es
que lo imaginario trata de “el trabajo por el cual los hombres intentan pensar
lo que hacen y saber lo que piensan”[5],
es el “hacer pensante”[6].
En lo imaginario, la actividad propiamente humana es la materia prima para la
creación incesante esencialmente inédita. Es el espacio donde se despliega la
vida social efectiva constituida por el desarrollo de un mundo de
significaciones. La acción humana arroja resultados que significan algo y dan
sentido al ejercicio de la acción. Estas significaciones son imágenes vivientes
que nacen de las prácticas creativas. Así “…lo social (o lo histórico) contiene
lo no-causal como un momento esencial”[7],
esto es, lo no-causal se presenta como imaginación, invención, como praxis
social creativa. Lo no-causal:
“…aparece como
comportamiento no simplemente “imprevisible”, sino creador (de los individuos, de los grupos, de las clases o de las
sociedades enteras)… como posición de
un nuevo tipo de comportamiento, como institución
de una nueva regla social, como invención
de un nuevo objeto o de una nueva forma –en una palabra, como surgimiento o
producción que no se deja seducir a partir de la situación precedente,
conclusión que supera a las premisas o posición de nuevas premisas… el ser
histórico supera al ser simplemente vivo, porque puede dar respuestas nuevas a
las “mismas” situaciones o crear
nuevas situaciones. La historia no puede ser pensada según el esquema
determinista… porque es el terreno de la creación…”[8]
En mi criterio, el ser de lo imaginario
se alimenta de la praxis social como la actividad humana que responde a la
causalidad y la no-causalidad porque junto a lo determinado también está la
creación incesante esencialmente novedosa. Es la vida socialmente efectiva como
un mundo de creaciones espontáneas en actividad que se niega a encapsularse,
dogmatizarse, someterse a las situaciones establecidas, y apuesta por los
hallazgos, la contingencia, la superación, la modificación, el cambio. Es la
acción, la praxis social como movimiento vital.
En lo imaginario los efectos de la
actividad humana no están predeterminados, ni responden a fines queridos de
antemano, los contradicen y no tienen relación con los objetivos que se les
fijen anticipadamente. El hecho de que esto sea así no quiere decir que
adolezcan de sentido. Por el contrario, en este escenario, los resultados de
las acciones de los hombres se presentan con cierta coherencia y poseen una
significación que obedece a lo creativo. La significación consiste en la
presentación a los individuos y al colectivo de las imágenes vivientes que se
están produciendo en la praxis social[9].
“…las significaciones construyen un orden de encadenamiento distinto y sin
embargo inextricablemente tejido al de los encadenamientos de causación”[10].
Las significaciones construyen un orden
distinto ¿qué quiere decir esto? El orden que erige las significaciones es lo
imaginario y no el establecido por el pensamiento heredado que presenta los
encadenamientos de causación según la teoría de la causalidad: causa y efecto,
a la determinación, la visión científica, las leyes naturales, la lógica, los
objetivos predeterminados, los conceptos, las definiciones. El orden que
edifica las significaciones deviene de la creación como acción que se presenta
como imagen: Este orden contempla tanto las conexiones causales que responden a
la teoría de la causa y efecto como aquellas conexiones que van más allá de
éstas, porque devienen de “un conjunto infinito de posibles y de un conjunto
infinito de imposibles dados… de una sola vez”[11]
En otras palabras, las significaciones constituyen el campo donde se desarrolla
la praxis social como creación en la que tiene lugar el azar, lo espontáneo, lo
realizable, lo verosímil, lo viable, lo que se puede hacer y que se presenta en
lo imaginario como imágenes, figuras, formas. La combinación de la razón y lo
imaginativo en un espacio donde se producen infinitas conexiones cuyo vínculo
se genera por la combinación de todos los elementos anteriormente nombrados y
no responden a intenciones preestablecidas. De esta forma, la praxis social
(los hechos y las significaciones) genera realidad. Por esta razón, para
Castoriadis, la realidad deviene de lo imaginario como el campo de la
actividad, la experiencia, la práctica de la vida y no únicamente de una teoría
racionalista que cualquier individuo quiera imponer.
Puedo decir que se trata de evocar,
incorporar, destacar que la práctica social produce significaciones inmediatas
y que en ellas se encuentra el genuino sentido de la institución social[12].
La conexión de las significaciones inmediatas no responde a un deseo, a una
intención o fin predeterminado; no hay garantía que se dé lo que la teoría haya
pautado, porque, en las prácticas de vida, pueden ocurrir infinitas conexiones
que abarcan lo posible y lo imposible, lo racional y lo imaginativo, el sentido
y el sinsentido, lo enigmático y la claridad[13].
Se trata de admitir que en lo imaginario
se encuentra lo infinito y no definido junto con lo finito y definido de la
determinación racional junto con lo no determinado y lo imaginativo; conceder
que la contingencia también tiene un espacio y acompaña a la necesidad, de tal
forma que necesidad y contingencia están vinculados, así como el orden y el
desorden, lo causal y no-causal. Es así como lo imaginario da cuenta de una
historia viviente, de una ficción vivida, porque incorpora los productos que
derivan de la praxis social. Por ello:
“No estamos en
el mundo para mirarlo o para sufrirlo; nuestro destino no es la servidumbre;
hay una acción que puede tomar apoyo sobre lo que es para hacer existir lo que
queremos ser… puede y debe haber una praxis histórica que transforme al mundo
transformándose ella misma, que se deje educar educando, que prepare lo nuevo
rehusando predeterminarlo, pues sabe que los hombres hacen su propia historia”[14].
De las anteriores palabras del filósofo
greco-francés se desprende, que es con la acción que los hombres combaten la
servidumbre, la esclavitud, las imposiciones, las arbitrariedades, también
buscan la gloria, el poder, someter a otros hombres, entre otras cuestiones. Lo
que se quiere destacar es que la acción es un hacer autónomo, creador, inédito,
innovador y, en consecuencia los hombres son forjadores de nuevas formas
histórico sociales[15].
De este modo, en el terreno de lo
imaginario la primacía la tiene la acción sobre la razón, porque para el
filósofo greco-francés el mundo histórico consiste en el hacer humano, cuya
raíz está en la praxis social. ¿Qué quiere decir esto? Los efectos y las
conexiones entre las significaciones sociales imaginarias dependen de la praxis
social. El sentido del hacer no puede fijarse ni detenerse, porque por su
propia naturaleza es un movimiento que evoluciona modificando las vinculaciones
pasadas. Es el movimiento que genera la praxis social.
El hacer tiende a desplegarse en un
proyecto que es incierto, porque el proyecto no responde a conceptos, teorías,
sino al orden y al desorden, al sentido y sinsentido[16].
El hacer implica la creación de infinitas posibilidades de relaciones y
conexiones donde la actividad humana tiene la posibilidad de realizarse en su
máxima expresión: la invención novedosa proveniente de la acción.
“La praxis es,
ciertamente, una actividad consciente y no puede existir más que en la lucidez;
pero es algo del todo distinto a la aplicación de un saber previo (y no puede
justificarse por la aplicación de semejante saber –lo cual no quiere decir que
no puede justificarse). Se apoya sobre un Saber, pero éste es siempre
fragmentario y provisional. Es fragmentario, porque no puede haber una teoría
exhaustiva del hombre y de la historia; y es provisional, porque la praxis
misma hace surgir constantemente un nuevo saber, pues hace hablar al mundo en un lenguaje a la vez singular y universal.
Es por ello por lo que sus relaciones con la teoría, la verdadera teoría
correctamente concebida, son infinitamente más íntimas y más profundas que las
de cualquier técnica o práctica “rigurosamente racional” para la que la teoría
no es más que un código de prescripciones muertas que no puede jamás
encontrarse, en lo que maneja, con el sentido”[17].
De estas palabras se desprende cómo el
filósofo greco-francés superpone la experiencia de vida sobre la teoría
distanciándose de la concepción del pensamiento heredado. La atmósfera de la
acción es distinta a la de la teoría. La praxis social incluye la actividad
humana como un saber práctico y no como una teoría abstracta. El hacer es una actividad que se genera en
la creación, le interesa la transformación de lo dado y no responde a ninguna
teoría formal previa. Incluye el saber práctico, el que se produce en la
experiencia, en las prácticas de vida, como significaciones que se modifican en
la misma medida que las acciones cambian las relaciones dadas en el trascurso
del vivir. La praxis refiere a la experiencia, lo real efectivo social, la
actividad humana en permanente dinamismo, lo imaginario, no a la teoría
formal-científica.
El movimiento vital de la praxis social
debe ser el desarrollo y el ejercicio de la autonomía, esto es, la creación de
un modelo social signado por la acción autónoma de los individuos y el
colectivo. En efecto, afirma Castoriadis que:
“Llamamos praxis
a ese hacer en el cual el otro, o los otros, son considerados como seres
autónomos y como el agente esencial del desarrollo de su propia autonomía. La
verdadera política, la verdadera pedagogía, la verdadera medicina, puesto que
han existido alguna vez, pertenecen a la praxis.
En la praxis hay
un por hacer, pero este por hacer es específico: es precisamente
el desarrollo de la autonomía del otro o de los otros… (el desarrollo de la
autonomía)… (el ejercicio de esta autonomía)…”[18]
La noción de praxis que presenta el
filósofo greco-francés la interpreto de la siguiente manera: El hacer muestra
que lo real también consiste en imágenes vivientes porque su origen está en la
acción de los individuos y el colectivo; en la actividad humana se entrecruzan,
lo posible y lo imposible, lo racional y lo irracional, el sentido y el
sinsentido, lo enigmático y la claridad, lo infinito y no definido y lo finito
y definido; la determinación racional junto con lo no determinado y lo
imaginativo; la contingencia y la necesidad, el orden y el desorden, lo causal
y no-causal, que se presentan como una ficción vivida. Esta es la materia prima
que lleva a la acción humana a superar imposiciones, determinaciones
establecidas previamente y producir nuevas formas y contenidos. La praxis busca
la transformación, el haciéndose, el cambio, libera la imaginación, la
invención del individuo y la sociedad hacia el ejercicio efectivo de la autonomía.
La autonomía es la motivación, el deseo y la intención que mueve a los
individuos y al colectivo a emprender acciones. Se tiene así un imaginario
donde el sentido de las significaciones consiste en el desarrollo y ejercicio
de la autonomía del individuo y de la colectividad.
A partir de la tesis de Castoriadis
considero que la desobediencia civil consiste en las acciones que emprende la
sociedad con el fin de oponerse a las arbitrariedades del gobierno. Estas
actividades nacen de la experiencia común, de la cotidianidad, del padecer la
pérdida de la libertad en la esfera individual y en la colectiva. Las prácticas
de resistencia de los individuos junto con el colectivo en el plano social los
convierten en forjadores de nuevas formas de vincular el poder y la libertad;
el Estado y la sociedad; la democracia y la participación.
La pasión que motiva la creación de una
variedad de formas de ejercer la desobediencia civil es la autonomía que va
ligada a lo político y lo social, puesto que la capacidad del individuo de
darse sus propias leyes de comportamiento adquiere sentido y contenido cuando
acepta la existencia de los otros y confirma que el desarrollo de su liberación
interior es posible en la medida en que los otros también desean emanciparse de
la opresión. La autonomía es un compromiso social, tiene que ver con reconocer
que nuestra individualidad se desarrolla en colectividad.
Finalmente la desobediencia civil nace
de la vinculación de lo imaginario y la imaginación como una significación de
la experiencia histórico-social para procurar la auto-institución, la auto-creación
y el auto-cuestionamiento.

2.
La desobediencia civil: una práctica creativa
Este apartado tiene el propósito de
mostrar las diferencias de nociones sobre la resistencia activa e imaginativa
que presenta un autor clásico de la modernidad como Etiénne de La Boétie y una
pensadora contemporánea como Hannah Arendt. Mientras que para La Boétie la
desobediencia es una acción creativa individual y colectiva, para Arendt sólo
se puede concebir este acto imaginativo en colectivo.
a)
Etiénne de La Boétie(1530-1563): El discurso de la servidumbre voluntaria[19]
La Boétie inicia su discurso mostrando
su desacuerdo con las siguiente palabras de Ulises “No veo un bien en la
soberanía de muchos; uno solo sea amo, uno solo sea rey”[20].
Para el mencionado jurista debió haber dicho “No veo bien alguno en tener a
varios amos”[21].
Aquí se vislumbra la tesis del mencionado autor: ¿Por qué tener un amo? Esta
pregunta sencilla y compleja a la vez toma una dimensión mucho más profunda:
¿Por qué los individuos y el colectivo obedecen voluntariamente a un tirano?
¿Cómo es posible que esto suceda si no están siendo obligados por la fuerza, si
como colectivo en número son más que uno solo, y a pesar de esta circunstancia,
se dejan someter por uno solo? En palabras de La Boétie:
“…quisiera tan
sólo entender cómo pueden tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas
naciones soportar a veces a un solo tirano, que no dispone de más poder que el
que se le otorga, que no tiene más poder para causar perjuicios que el que se
quiera soportar y que no podría hacer daño alguno de no ser que se prefiere
sufrir a contradecirlo. Es realmente sorprendente…cómo millones y millones de
hombres son miserablemente sometidos y sojuzgados, la cabeza gacha, a un
deplorable yugo, no porque se vean obligados por una fuerza mayor, sino, por el
contrario, porque están fascinados y…embrujados por el nombre de uno, al que no deberían ni temer (puesto que esta solo), ni apreciar (puesto que se
muestra para con ellos inhumano y salvaje)”[22].
El cuestionamiento del jurista francés
se dirige a develar las razones por las cuales individuos y colectivos por
propia voluntad aceptan ser siervos. Tal situación es un vicio y hasta
pareciera una ficción. En este sentido, explica el autor que “¿quién creería,
si sólo lo oyera y no lo viera, que en todas partes, cada día, un solo hombre
somete y oprime a cien mil ciudades privándolas de su libertad?”[23].
Esta interrogante me motiva a preguntar: ¿Es que acaso la única organización
institucional posible es la forma Estado-súbditos? ¿Existe la posibilidad de
construir una institución política cuyo fundamento no sea la existencia de un
amo a quien se tenga que obedecer? La Boétie ataca a las monarquías de su
tiempo y propone aceptar la existencia de otras formas de organización social
como las que se encontraron en América[24]
que no son absolutistas. El jurista francés implícitamente muestra que la
servidumbre voluntaria como institución es una forma que apareció. Lo que
permite pensar que hubo un tiempo en el que no fue así.
Paralelamente, el mencionado jurista
francés, señala que la servidumbre voluntaria implica un vínculo pernicioso
entre el tirano y el súbdito. Y ese vicio radica en la voluntad. Los individuos
y el colectivo por su propia voluntad producen la servidumbre. La tesis de La
Boétie radica en que son los individuos y el colectivo los que generan la
servidumbre toda vez que la aceptan, se someten y la permiten. El tirano estará
en el poder mientras los individuos y el colectivo lo consientan con sus actos
de apoyo, cooperación y colaboración.
“Que una
nación…no se forje ella misma su propia ruina. Son…los propios pueblos los que
se dejan, o…se hacen encadenar… Es el pueblo el que se somete y se degüella a
sí mismo; el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre,
rechaza la libertad y elige el yugo; el que consiente su mal, o, peor aún, lo
persigue…”[25].
La sociedad fabrica su propia
servidumbre. Por tanto, dice La Boétie que:
“...si un país
no consintiera dejarse caer en la servidumbre, el tirano se desmoronaría por sí
solo, sin que haya que luchar contra él, ni defenderse de él. La cuestión no
reside en quitarle nada, sino tan sólo en no darle nada… para obtener la
libertad, no hay más que desearla; si, para ello, basta con quererla…¿Quién
puede lamentar el sentir la voluntad de recobrar un bien que debe ser
reconquistado a costa de la propia vida, pues su pérdida amarga la existencia
de cualquier hombre de honor y convierte la muerte en un alivio?...”[26]
La forma de salir de la servidumbre
consiste: 1) en no obedecer al tirano; y, 2) en desear la libertad. Dicho de
otra manera, la forma que tiene la sociedad para dejar de ser servil consiste
en la no-cooperación, la no-colaboración, el no-apoyo al tirano. Pero la acción
de no servir, de no apoyar, de no cooperar requiere el deseo de obtener la
libertad. De esta manera, la libertad la ubica el jurista francés en el ámbito
de las pasiones. El contenido que moviliza el deseo debe ser tan contundente
que si es necesario morir por la libertad se está dispuesto a emprender incluso
ese sacrificio. Entonces lo infalible para que un sistema tiránico, represivo,
injusto, ilegítimo e ilegal se desmorone son las acciones de desobediencia.
Se puede observar que, según La Boétie,
no se requiere atacar al tirano. Basta con decidir no apoyar, no someterse al
sistema injusto para que la estructura sobre la que se mantiene se desplome “al
igual que el árbol, cuyas raíces ya no reciben savia, pasa a ser muy pronto un
tronco seco y muerto”[27].
Aquí cabría preguntar ¿Qué hace que el hombre pierda el deseo de rescatar su
libertad? y ¿Por qué le da miedo no-obedecer?
Para el jurista francés la libertad es
ínsita a la naturaleza humana. Lo constituye en su estado original y el hombre
la pierde:
“la
naturaleza…bienhechora de la humanidad, nos ha conformado a todos por igual y
nos ha sacado de un mismo molde para que nos reconozcamos como compañeros,
o…como hermanos…en el reparto que nos hizo de sus dones…a unos más, a otros
menos, quería hacer brotar en los hombres el afecto fraternal y ponerlos en
situación de practicarlo, al tener, los unos, el poder de prestar ayuda y, los
otros, de recibirla…la libertad es natural y…en mi opinión, no sólo nacemos con
nuestra libertad, sino también con la voluntad de defenderla…¿qué desventurado
vicio pudo desnaturalizar al hombre, único ser nacido realmente para vivir
libre, hasta el punto de hacerle perder el recuerdo de su estado original y el
deseo de volver a él?”[28]
De las anteriores palabras se desprende
que la libertad es un atributo de la naturaleza humana que configura al hombre
en su estado original y que un algo modificó esta particularidad. Asimismo, el
jurista francés señaló anteriormente que quien creería si lo escuchara pero no
lo viera que un solo hombre somete y oprime a un colectivo lesionando su
libertad.
La Boétie considera que el hombre en su
estado original era libre y que un desventurado
vicio alteró esa condición. En este contexto se reafirma que la servidumbre
es un acontecimiento que irrumpe en la vida social de los individuos y el
colectivo pero la condición de dominado no es una cualidad ni un atributo ínsito
a la naturaleza humana.
Ahora bien, si la servidumbre no es
consustancial a la naturaleza humana entonces es un producto artificial que la
sociedad junto con el Estado crea y se impone. En este contexto, la
desobediencia civil sería el conjunto de acciones creativas realizadas por la
mayoría de los individuos en cooperación con el colectivo para rescatar su
estado original: la libertad.
Esta idea continua a lo largo del
discurso. Unas páginas más adelante La Boétie sostiene lo siguiente:
“…si…nacieran
hoy personas totalmente nuevas, que no estuvieran acostumbradas a la sumisión
ni atraídas por la libertad, y que no supieran siquiera qué es ni la una ni la
otra, si se les diera a elegir entre ser siervos o vivir en libertad, ¿qué
preferirían? No cabe duda de que elegirían obedecer tan sólo a su propia razón
que servir a un hombre…”[29]
Explica La Boétie que existen tres
formas mediante las cuales el tirano puede llegar al poder: 1) por elección
popular; 2) por la fuerza de las armas; y, 3) por derecho de sucesión[30].Independientemente
del camino por el que llegan al poder su ejercicio es el mismo: buscan
consolidar su mando fortaleciendo la servidumbre y limitando la libertad del
colectivo y los individuos mediante la represión y el miedo. Asimismo, expone
que existen dos esferas de la vida que contribuyen a fijar la servidumbre y
eliminar la libertad: la educación y la costumbre.
Los hombres educados en la servidumbre
se adaptan a esta circunstancia como si fuese natural. La costumbre refuerza el
mecanismo social educativo moldeando nuestro espíritu y conciencia de tal forma
que los individuos y el colectivo están convencidos que la obediencia absoluta
a la persona que ejerce el poder es lo bueno, lo éticamente correcto y está
conforme al derecho positivo. La incorporación de estos dos campos descifra el desventurado vicio. Lo que altera,
modifica y desnaturaliza el estado original del hombre son: la educación y la
costumbre. Los individuos y el colectivo son socializados por la educación
establecida y las costumbres imperantes en el tiempo que le corresponde vivir
en esa sociedad específica.
Por consiguiente, las primeras causas de
la servidumbre voluntaria residen en la educación y la costumbre. Dice La
Boétie: “La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo. Pero también su
naturaleza es tal que, de una forma natural, se inclina hacia donde le lleva su
educación”[31].
La educación y la costumbre hacen a los individuos y al colectivo obediente y
servil, cobarde y sin imaginación, le amputan el deseo de la libertad, le
inyectan el virus de la indiferencia, el desánimo, la debilidad y la
incapacidad para realizar cualquier acción creativa en rescate de su libertad.
Al tirano le interesa mantener en esta condición a la sociedad. Para lograr
eso, a las iniciales circunstancias le agrega la diversión y distracción. En
este sentido, el jurista francés señala que:
…esa astucia de
los tiranos, que consiste en embrutecer a sus súbditos, jamás quedó tan
evidente como en lo que Ciro hizo a los lidios montó burdeles, tabernas y
juegos públicos, y ordenó que los ciudadanos de Sardes hicieran uso libremente
de ellos. Esta iniciativa dio tan buen resultado que jamás hubo ya que atacar a
los lidios por la fuerza de la espada. Estas pobres y miserables gentes se
distrajeron de su objetivo, entregándose a todo tipo de juegos… esos pueblos
que se dejan atraer con tanta facilidad y llevar a la servidumbre por un simple
halago, o una pequeña golosina…Los teatros, los juegos, las farsas, los
espectáculos, los gladiadores, los animales exóticos, las medallas, las grandes
exhibiciones y otras drogas eran para los pueblos antiguos los cebos de la
servidumbre, el precio de su libertad, los instrumentos de la tiranía[32].
De este modo la servidumbre voluntaria
artificio que el individuo y el colectivo genera por su consentimiento y que el
tirano aprovecha consiste en un mecanismo que responde: 1) al consentimiento,
aceptación, colaboración y apoyo por parte de la sociedad al sistema
implementado por el tirano; 2) la educación y la costumbre encargadas de
modelar a los individuos y al colectivo para obedecer y servir; 3) la diversión
y distracción que contribuyen a suprimir la imaginación de la mayoría de los
ciudadanos; 4) todos estos aspectos alteran la original naturaleza humana; los
individuos nacen libres y por la educación, costumbre y diversión se convierten
en instrumentos serviles de una maquinaria ilegítima, ilegal e injusta.
La pieza que falta en esta estructura
para asegurar su solidez es el uso de la religión como superstición. La
utilización del misterio con el fin de crear una atmósfera en la que el tirano
se presenta como un ser divino con poderes sobrehumanos.
El contenido de esa atmósfera afecta la
imaginación y el imaginario en el que los individuos y el colectivo desarrollan
su cotidianidad. La praxis social se encuentra intervenida a tal punto por las
fantasías que su efecto es hacer que la mayoría de la población desarrolle una
fe y una creencia en el tirano que los llevará a percibirlo como un dios y no
como un simple mortal. La sociedad apoya al tirano porque tiene la convicción
que es un hombre que posee cualidades que generalmente se le conceden a Dios[33].
Ciertamente la servidumbre voluntaria es
un círculo vicioso de retroalimentación de los individuos, el colectivo y el
tirano. Si la fuente de la servidumbre es el consentimiento de la sociedad a
cooperar con el tirano; el de la dominación y represión por parte del opresor
son los cuatro o cinco que le sirven
de confidentes. Aquellos que son elegidos por el déspota como acólitos cuya
función consiste en asegurar que las arbitrariedades del dictador se
transformen en hechos concretos. Para que esa lealtad tenga el matiz de plena
confianza los cómplices tienen el deber y la obligación de acompañar al
caudillo en la ejecución de sus crueldades, compartir sus placeres,
voluptuosidades y encargarse de la repartición del dinero para llevar a cabo
cualquier tipo de bajeza. Estos compinches a su vez tienen bajo su poder una
cantidad de amigos íntimos que ubican en cargos públicos claves para facilitar
la complicidad y garantizar una dependencia entre sí.
Se conforma una red de individuos para
quienes el sistema opresivo le es conveniente, provechoso, ventajoso y hacen lo
posible e imposible por mantenerlo. Afirma La Boétie que:
“…en cuanto un
rey se declara tirano, todo lo malo, toda la hez del reino…los que están
poseídos por una incontenible ambición y una incurable avaricia se agolpa a su
alrededor y lo mantiene para compartir con él el botín y, bajo su grandeza,
convertirse ellos mismos en pequeños tiranos…Así es como el tirano somete a sus
súbditos, a unos por medio de otros…”[34]
A pesar del panorama descrito por el
jurista francés advierte que:
“Siempre
aparecen algunos, más orgullosos más inspirados que otros, quienes sienten el
peso del yugo y no pueden evitar sacudírselo, quienes jamás se dejan domesticar
ante la sumisión…Son los que, al tener de por sí la mente bien estructurada, se
han cuidado de pulirla mediante el estudio y el saber. Estos, aun cuando la
libertad se hubiese perdido irremediablemente, la imaginarían, la sentirían en
su espíritu, hasta gozarían de ella y seguirían odiando la servidumbre por más
y mejor que se la encubriera…”[35]
Reconoce el mencionado autor que si bien
la mayoría de los individuos que conforman un grupo del colectivo por
educación, costumbre, cobardía, debilidad, comodidad, provecho, obtención de
ventajas y diversión avalan y sustentan al tirano y su red de cómplices;
siempre existen algunos individuos en cuyo corazón vibra el deseo de libertad y
están dispuestos a luchar por el honor, la gloria que se deriva de defender y
mantener el deseo de libertad así pierdan la vida, pues prefieren una muerte
digna por reivindicar la libertad que una vida servil y esclavizada. Esos
algunos tienen una mente ordenada y organizada que han logrado mediante el
estudio y la reflexión. Ello les motiva a rechazar la servidumbre voluntaria
aunque pierdan su vida porque su deseo, imaginación y actos para la libertad
son constitutivos de su naturaleza. En otras palabras, impiden que la sociedad
junto con el Estado los convierta en rebaño, esclavos, siervos, dominados y
sometidos a su mandato arbitrario.
De lo anterior se desprende que la
desobediencia es una cualidad de sólo algunos individuos cuyas acciones están
impulsadas por el deseo de libertad. Es decir, si la obediencia es una
imposición artificial la desobediencia es una pasión consustancial a la
naturaleza de los individuos que se mantiene en ellos y se manifiesta
abruptamente cuando la imposición persigue extinguir esta potencia ínsita a su
constitución humana. Estos individuos pueden hacer uso de la objeción de
conciencia: Sócrates, Thoreau, Tolstoi, entre otros. O pueden agruparse e
intentar captar a otros individuos que compartan su interés e iniciar acciones
en conjunto como grupo (Gandhi, Martin Luther King, Mandela, por nombrar
algunos).
En La Boétie la desobediencia surge del
deseo de libertad. Y ello se traduce en que los individuos y el colectivo no
cooperen, ayuden, apoyen y auxilien un sistema basado en la injusticia,
ilegitimidad e ilegalidad. Basta con no servir para que la tiranía,
totalitarismo, dictadura se derrumbe por
sí misma. El jurista francés no explica las formas de no servir ni cuáles
deberían ser los actos de desobediencia. Sólo se limita a afirmar que si los
individuos y el colectivo en forma pacífica deciden dejar de cooperar entonces
la estructura arbitraria se desmorona. No se requiere enfrentamiento, lucha,
armas, violencia. Considero que aquí ya está presente lo que hoy en día se ha llamado
desobediencia civil. Oponerse a un gobierno arbitrario sin hacer uso de la
violencia. Limitar el abuso del ejercicio del poder político por otros medios.
Tal resistencia es difícil. Así lo anuncia La Boétie al afirmar que en este
tipo de actuación hasta se puede perder la vida. Es una situación en la que la
libertad es un bien que está por encima de la vida. Requiere de individuos que
tengan imaginación, convicción, una mente estructurada, deseo de libertad, que
estén dispuestos a sufrir, sacrificar, y abandonar las comodidades. Esta
exigencia tiene sus razones. Se trata de enfrentar un monstruo fabricado por
los individuos y el colectivo cuya materia es la complicidad, codicia, interés,
beneficios personales.
La interrogante del jurista francés
continúa vigente: ¿Por qué aún persiste la servidumbre voluntaria? ¿Por qué la
mayoría apoya un Estado que abusa del ejercicio del poder político? ¿Por qué
aún se le tiene miedo a la libertad? Retomar el discurso de La Boétie y
actualizarlo exige redimensionar la práctica de la desobediencia civil en el
ámbito filosófico, político, social, ético, jurídico, económico y tecnológico.
Considero que en esta época es un imperativo vital emprender acciones de
desobediencia civil. Ello insta a una toma de conciencia, el padecer una
cotidianidad normada injustamente, la necesidad de cambiar de vida y reinventar
un nuevo sentido de vida que nos proporcione herramientas para solucionar la
contradicción que se nos presenta cada día de nuestro transcurrir entre nuestra
conciencia y la existencia que emprendemos cada día.

b.
Hannah Arendt (1906-1975): desobediencia civil[36]
Para Arendt la desobediencia civil no se
manifiesta en un acto individual porque tal práctica no tiene efectos en la
esfera pública. La desobediencia civil se revela mediante un grupo que
constituye una comunidad de intereses que deciden oponerse a una política de gobierno.
La comunidad decide emprender acciones conjuntas porque recíprocamente llegaron
a ese acuerdo. Ese convenio es el que aporta la fuerza de la convicción y les
da credibilidad a los miembros de la comunidad.
En este contexto, Arendt afirma que la
objeción de conciencia no es un acto de desobediencia civil. La objeción de
conciencia que deviene de la actitud de un individuo por preceptos morales
corresponde al terreno de lo trascendental y de una filosofía de la
subjetividad. La voz de la conciencia es apolítica
porque su mandato es en interés sólo del individuo. El individuo actúa en
función de su particular perturbación sin importarle el mundo donde se comete
la injusticia y las consecuencias de ello. Actuar en función de la conciencia
es independiente de la condición social, de la educación y lo intelectual.
Siendo un mundo individual, privado. Lo que prescribe la conciencia de un
individuo ante lo que juzga como injusticia puede que no afecte la conciencia
de otro. La asunción de conciencia como acto individual y subjetivo no ocurre
en la mayoría de los hombres. La voz de la conciencia era la voz de Dios que
informaba al individuo sobre una ley superior que debía obedecer. Ésta es
diferente a la conciencia secular del conocerse-a-sí-mismo.
Esta conciencia individual no tiene ninguna influencia sobre las demás mientras
sea meramente subjetiva. Es necesaria la intersubjetividad de las conciencias
para que puedan tener un significado político. Sólo cuando varios individuos
conforman un grupo porque coinciden en su conciencia y deciden por acuerdo
hacer público su oposición al poder político, entonces se pasa al campo de la
opinión pública donde se gesta la pluralidad, la deliberación y la acción.
Para Arendt la desobediencia civil se ha
convertido en un fenómeno masivo que surge[37]:
1) cuando la mayoría del colectivo se da cuenta que sus quejas no son atendidas
por los órganos del gobierno; 2) los cambios son impulsados unilateralmente por
quien ejerce el poder político; y 3) el fundamento del Estado es injusto,
ilegal e ilegítimo. En esta esfera si un grupo coincide en que tales
condiciones están manifiestas y deciden por acuerdo emprender acciones
no-violentas contra el Estado injusto, ilegítimo e ilegal, entonces estamos en
presencia de la desobediencia civil.
La desobediencia civil se encargará de
desvelar la coacción organizada de la que se vale el Estado para mantenerse en
su ilegitimidad. Una institución democrática incorpora en su estructura el
desacuerdo y el consenso. La dinámica de ambos dependerá del ejercicio de la
libertad de los ciudadanos. Lo que dará equilibrio y balance al disenso y al
consenso será la capacidad humana de confiar en que pueden hacer promesas y
cumplirlas. En este sentido para Arendt “la única obligación que puedo aceptar
justificadamente como ciudadano es
hacer promesas y cumplirlas”[38].
Con la promesa se encara el futuro, pero este es imprevisible. Las cosas
cambian cuando irrumpen en escenas acontecimientos repentinos. Por
consiguiente, estamos ligados a la promesa mientras la reciprocidad que le dio
origen permanezca y no aparezcan eventos inesperados como que el Estado se
vuelva ilegítimo. En este caso, la desobediencia civil se presenta como
asociaciones voluntarias que son “organizaciones ad hoc que persiguen objetivos a corto plazo y que después de
alcanzarlos vuelven a desaparecer”[39].
Lo que busca destacar Arendt es que la
desobediencia civil radica en el arte de la asociación que tienen que
desarrollar y perfeccionar el grupo que coincide en la necesidad de emprender
acciones no violentas contra el gobierno arbitrario. Se trata de una minoría
organizada como una asociación voluntaria que se consolida recíprocamente
mediante las promesas. Esta asociación voluntaria como minoría se enfrenta a
una mayoría que necesita captar para su asociación. Esto lo puede conseguir
mediante la deliberación en espacios plurales que generen una opinión pública
que cambie y persuada a una cantidad de miembros de la mayoría para que se
incorporen en su asociación.
Se tiene así que en la tesis de Arendt
las prácticas creativas para ejercer la desobediencia civil consisten en el
arte de producir agrupaciones cuya alianza esté garantizada por las promesas
mutuas de ejercer una lucha contra un gobierno injusto, ilegal e ilegítimo en
el espacio público.
No me convence la crítica que hace la
filósofa alemana de origen judío a la objeción de conciencia por lo siguiente:
Señala que los actos individuales de desobediencia que responden a la objeción
de conciencia no son tales porque son individuales, no tienen efecto en lo
público y son actos aislados. Que es necesaria la intersubjetividad de varias
conciencias para que se manifieste las acciones de desobediencia en lo político
y allí si pueden causar efectos de cambios por tratarse de actos producto de una
asociación de varios individuos. Pero, para llegar a la intersubjetividad de
conciencias se precisa que se trate de varias conciencias individuales que
luego se unirán. En otras palabras, la conciencia individual es y no es al
mismo tiempo. Lo que es una contradicción.

Fromm sostiene
que la obediencia se presenta como una virtud y la desobediencia como un vicio.
Los individuos y el colectivo se socializan con estos valores. Para
contrarrestar esta creencia el mencionado psicólogo social y filósofo humanista
afirma que “la historia humana comenzó
con un acto de desobediencia, y no es improbable que termine por un acto de
obediencia”[41].
Este suceso de rebeldía ocurrió cuando Adán y Eva desobedecieron la orden de no
probar el fruto prohibido. La consecuencia de la transgresión fue la expulsión
del paraíso. En el Jardín del Edén, Adán y Eva, estaban en armonía con la
naturaleza. Esta situación cambió con su incumplimiento y entonces el ambiente
se les hizo hostil y extraño.
Para Fromm el
acto de desobediencia independizó, liberó y les dio la libertad a Adán y Eva.
“El “pecado original””, lejos de corromper al hombre, lo liberó; fue el
comienzo de la historia. El hombre tuvo que abandonar el Jardín del Edén para
aprender a confiar en sus propias fuerzas y llegar a ser plenamente humano”[42].
La desobediencia
vuelve humano a los individuos y al colectivo, abre el horizonte de la
evolución, desarrollo, imaginación, la aparición de pensamientos nuevos y de
inventar un nuevo sentido de la vida. Los individuos y el colectivo hacen
historia mediante actos de desobediencia.
La organización
institucional está constituida de tal manera que tanto los que viven por la
libertad como aquellos que se acoplan al sistema por distintas vías afianzan la
obediencia: por la costumbre, la educación, la persuasión. Si los individuos y
el colectivo sólo obedecen a una persona, institución, poder están sometidos y
son esclavos. Carecen de autonomía. Por el contrario si los individuos y el
colectivo sólo desobedecen, entonces son sencillamente rebeldes. Se dejan
llevar por un arrebato pero no por una convicción o principio. De aquí que una
cosa es obedecer por sometimiento y otra obedecer a mi propia convicción que es
un acto de afirmación de mi autonomía y libertad.
En este
contexto, Fromm introduce lo que llama conciencia autoritaria y conciencia
humanística. La conciencia autoritaria es la que está presente en los actos de
obediencia por sometimiento. La conciencia humanística es la que orienta las
acciones hacia la libertad y la autonomía, en palabras del psicólogo:
La
conciencia humanística se basa en el hecho de que como seres humanos tenemos un
conocimiento intuitivo de lo que es humano e inhumano, de lo que contribuye a
la vida y de lo que la destruye. Esta conciencia sirve a nuestro funcionamiento
como seres humanos. Es la voz que nos reconduce a nosotros mismos, a nuestra
humanidad[43].
Para que los individuos y el colectivo
realicen acciones de desobediencia por principios y convicción es fundamental
que tengan una conciencia humanística internalizada y fortalecida que les
permita ser y juzgar por sí mismo. Generalmente la conciencia autoritaria opaca
a la humanística haciendo que los individuos obedezcan a un poder o institución
en la falsa creencia que se está actuando por sí mismo cuando en términos
prácticos acatan las ordenes de un poder que le es externo. Este dominio se
vale de la fuerza y el miedo para asegurar la obediencia absoluta.
La cuestión que
se plantea Fromm es la siguiente: “¿Por qué se inclina tanto el hombre a
obedecer y por qué le es tan difícil desobedecer?”[44].
La respuesta que ofrece a esta interrogante es que en el acto de obedecer al
poder, Estado, institución, alguna persona, los individuos y el colectivo se
sienten seguros y protegidos. En cambio el acto de desobedecer requiere
“…coraje de
estar solos, errar y pecar. Pero el coraje no basta. La capacidad de coraje depende
del estado de desarrollo de una persona. Sólo si una persona ha emergido…como
individuo plenamente desarrollado y ha adquirido así la capacidad de pensar y
sentir por sí mismo, puede tener el coraje de decir “no” al poder, de
desobedecer”.[45]
El ejercicio de
la desobediencia implica valentía. Este arrojo se forja mediante el desarrollo
de la conciencia humanística. El atreverse a resistir y no obedecer es
condición de la libertad y la creatividad. La libertad y la desobediencia en la
tesis de Fromm conforman un binomio indisoluble. Ambas impulsadas por la
indomable imaginación. Así
“Una persona
puede llegar a ser libre mediante actos de desobediencia, aprendiendo a decir
no al poder…la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad; la
libertad es también la condición de la desobediencia…la libertad y la capacidad
de desobediencia son inseparables…cualquier sistema social, político y
religioso que proclame la libertad pero reprima la desobediencia, no puede ser
sincero”[46].
De lo anterior se deriva que la
desobediencia es la garantía, protección y mantenimiento de la libertad de los
individuos y el colectivo en su cotidianidad, experiencia y que se manifiesta
mediante sus acciones innovadoras.
La desobediencia se materializa mediante
actos creativos que la hacen efectiva. Decir no al poder implica expresiones
humanas visibles que muestren con certeza la oposición al poder. Me enfrento a
la fuerza con mis principios, convicciones e imaginación transformados en actos
potentes, sólidos, concretos que limiten y lesionen el poder. Esta resistencia
es lo que posibilita el desarrollo de la libertad, la autonomía y la
imaginación. Dependerá de los individuos y el colectivo contribuir a la
prosperidad de la humanidad y al desarrollo de la conciencia humanística.
En resumen para
Fromm los actos de desobediencia provienen del ejercicio de la libertad y la
imaginación. Estos actos se ejercen en la medida que se amplía una conciencia
humanística a partir de la cual se juzga por sí mismo, se es autónomo, independiente
y creativo. Un sistema institucional democrático incorpora en su organización
la desobediencia, la libertad y la imaginación como actos que encaucen y
garanticen permanentemente la autonomía.
[1]
Sobre el poder, Estado, sociedad y resistencia civil Cf. Randle, M., Resistencia civil. La ciudadanía ante las
arbitrariedades de los gobiernos, Editorial Paidós, 1° Edición, 1998.
[2] Cf. Castoriadis, C., La institución imaginaria de la sociedad. Marxismo y teoría revolucionaria, V1,
Buenos Aires, Tusquets Editores, 2da. Reimpresión, p. 10, 2003.
[3]“…lo
que es, sea en la región que fuere, no puede pensarse como caos desordenado al
que la conciencia teórica -o la cultura en general, o cada cultura en su manera
particular- impusiera, y se lo impusiera de manera exclusiva, un orden que sólo
tradujera su propia legislación o su propia arbitrariedad; ni como conjunto de
cosas nítidamente separadas y bien localizadas en un mundo perfectamente
organizado por sí mismo, ni como sistema de esencias, sea cual fuere su
complejidad. Lo que es no puede ser caos absolutamente desordenado, término al
que, por lo demás, no puede asignarse ninguna significación: un conjunto aleatorio
representa aún, en tanto aleatorio, una organización formidable, cuya
descripción llena volúmenes enteros en los que se expone la teoría de las
probabilidades. Si lo fuera, no se prestaría a ninguna organización, o bien se
prestaría a todas; en los dos casos, no sería posible ningún discurso coherente
ni ninguna acción…” Cf. Castoriadis, C., La
institución imaginaria de la Sociedad. El
imaginario social y la institución, V. 2., Buenos Aires, Tusquets Editores,
2da. Reimpresión, p. 285, 2003.
[4]“…¿Por
qué imaginario? Porque creo que la historia humana, en consecuencia, también
las diversas formas de sociedad que conocemos en esta historia, está definida
esencialmente por la creación imaginaria. Imaginaria en este contexto,
evidentemente no significa ficticia, ilusoria, especular, sino posición de
formas nuevas, y posición no determinada sino determinante; posición
inmotivada, de la cual no puede dar cuenta una explicación causal, funcional o
incluso racional…” Cf. Castoriadis, C., “Imaginario político griego y moderno”.
En El avance de la insignificancia.
Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Primera
reimpresión, 1997, p. 195.
[6]
Idem.
[7]Ibid. p. 75.
[8]Ibíd., p. 76.
[9]“…lo
sorprendente es que el propio azar en la historia toma la forma del azar
significante, del azar “objetivo”, del “como
por azar”…¿Qué puede dar al número incalculable de gestos, actos, pensamientos,
conductas individuales y colectivas que componen una sociedad, esa unidad de un
mundo en el que cierto orden (orden
de sentido, no necesariamente de causa y de efectos) puede siempre ser encontrado
tejido en el caos? ¿Qué da a los grandes acontecimientos históricos esa
apariencia, que es más que apariencia, de una tragedia admirablemente calculada
y puesta en escena, en las que unas veces los errores evidentes de los actores
son absolutamente incapaces de impedir que el resultado se produzca, en que la
“lógica interna” del proceso se muestra capaz de inventar y de hacer surgir en
el momento deseado todos los empujones y los puntos de detención, todas las
compensaciones y todas las ilusiones necesarias para que el proceso llegue a
fin –y unas veces el actor hasta entonces infalible comete el único error de su vida, que era
indispensable a su vez para la producción del resultado “al que se apuntaba”?
Ibíd., p. 78 y 79.
[10]Ibíd., p. 79.
[11]Ibíd., p. 78.
[12]“Hay…
un problema esencial: significaciones que superan las significaciones
inmediatas y realmente vividas y que son llevadas por procesos de causación
que, por sí mismos, no tienen significación –o no tienen esa significación…” Ibíd., p. 88.
[13]“…los
hombres tienen que dar a su vida individual y colectiva una significación que
no está preasignada, y tienen que hacerlo frente a unas condiciones reales que
ni excluyen ni garantizan el cumplimiento de su proyecto” Ibíd., p. 91.
[15]“…lo
real por excelencia…el producto de nuestra propia actividad, esta actividad
misma bajo la infinita variedad de sus formas…” Ibíd., p. 111.
[16]“racional
y no racional están constantemente cruzados en la realidad histórica y social y
este cruce es precisamente la condición de la acción”. Ibíd., p. 136.
[19] Cf. De La Boétie, E., El discurso de la servidumbre voluntaria,
Barcelona, Tusquets Editores, 1ª Edición, 1980.
[20]Ibid,
p. 51.
[21]Idem
[22]Ibid,
pp. 52 y 53.
[23]Ibid,
pp. 55 y 57.
[24] En este sentido Cf Clastres, P.
“Libertad, desventura, innombrable” en De La Boétie, E., El discurso de la servidumbre voluntaria. Barcelona, Tusquets
Editores, 1ª Edición, 1980. Y Lefort, C. “El nombre de uno” en De La Boétie,
E., El discurso de la servidumbre
voluntaria. Barcelona, Tusquets Editores, 1ª Edición, 1980.
[25]De
La Boétie, E., Ob cit, p, 57.
[26]Idem
[27]Ibid,
p. 58.
[28]Ibid,
pp. 62, 63 y 65.
[29]Ibid,
p. 66.
[30]Los
que lo han adquirido por el derecho de la guerra se comportan…como en país
conquistado. Los que nacen reyes…por haber nacido y sido educados en el seno de
la tiranía, sorben…la naturaleza misma del tirano y consideran a los pueblos
que les están sometidos como a siervos traspasados por herencia. Aquél que
detenta el poder gracias al voto popular…a partir del momento que asume el
poder, situándose por encima de todos los demás, halagando por lo que se da en llamar grandeza, toma la firme resolución de no
abandonarlo jamás. Acostumbra a considerar el poder que le ha sido confiado por
el pueblo como un bien que debe transmitir a sus hijos…a partir del momento en
que él y sus hijos conciben esa idea funesta, es extraño comprobar cómo superan
en vicios y crueldades a los demás tiranos. Ibid, pp. 65,
66.
[31]Ibid, p. 73.
[33]…Los reyes de Asiria, y después
los de Media, no aparecían en público sino al anochecer, con el fin de que el
populacho creyera que en ellos había algo sobrehumano y de crear esta ilusión
en aquellos que alimentaban su imaginación con cosas que jamás había visto.
Así, todas las naciones que estuvieron largo tiempo sometidas al imperio asirio
se acostumbraron a servir gracias a este misterio. Y obedecían más a gusto al
no saber a qué amo servían, ni tan sólo si ese amo existía. De modo que vivían
en el temor de alguien a quien nadie había visto jamás…El pueblo ha elaborado
siempre de este modo engañosas fantasías para, después, creer en ellas a
ciegas…Incluso los tiranos encontraban muy extraños que los hombres pudiesen
soportar el que uno solo les maltratara. Iban con la religión por delante, a
modo de escudo, y, de ser posible, se adjudicaban algún rasgo divino para dar
mayor autoridad a sus viles actos…Ibid, pp. 84, 85 y 86.
[34]Ibid, p. 91.
[35]Ibid, p. 74.
[36] Cf., Arendt, H., “Desobediencia
Civil” en Tiempos presentes,
Barcelona, Gedisa Editorial, Primera Reimpresión, 2006.
[37] “…cuando una cantidad
significativa de ciudadanos se convence o bien de que los canales utilizados
tradicionalmente para conseguir cambios ya no están abiertos o a través de
ellos no se escuchan ni se atienden sus quejas o bien de que, al contrario, es
el gobierno quien unilateralmente impulsa los cambios y persiste en una línea
cuya legalidad y constitucionalidad despierta graves dudas…” Ibíd., p. 129.
[40] Cf. Fromm, E., “La desobediencia
como problema psicológico y moral”. En Sobre
la desobediencia. Barcelona, Paidos, 1984.
[43] Ibid, p. 13.
[44] Ibid, p. 15.
[45] Idem
[46] Ibid, p. 16.
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