martes, 1 de octubre de 2013


Siglo XXI:
¿Narcosis o sobredosis?
Cesar De Pablo


 


Introducción
En una sociedad como la actual, donde la masificación del mensaje y la inmediatísima velocidad con la que éste viaja condiciona las comunicaciones en el mundo, no puede decirse que el mensaje per se es el contenido, pues, como ya ha propuesto el determinista Marshall McLuhan, el medio en el que se envíe o transmita dicho contenido es un mensaje.
Pero ha pasado que en la última mitad del siglo XX se ha hecho más evidente el precepto que McLuhan presentaba acerca de la relación hombre-máquina, donde ya no éste quien determina las tareas del artificio, sino que, por el contrario, es la máquina la que de alguna manera cumple el papel de extensión del individuo. Es lo mismo que sucede cuando se usa un teléfono celular, el cual termina siendo una prolongación de la oralidad y del oído, o cuando se decide usar una carta que, valiéndose de la vista para ser leída, termina siendo igualmente una extensión de la verbalización humana.
Teniendo en cuenta esto es posible ver de manera más clara lo que McLuhan expone en su obra Understanding Media (Comprender los Medios de Comunicación), en el momento que firma esa célebre frase de “el medio es el mensaje”, ya que, obviamente, la finalidad de un teléfono celular y la carta son, de forma esencial, la misma: comunicar a través de la verbalización. Sin embargo, aunque el contenido sea el mismo, el medio pasa a condicionarlo e intrínsecamente involucrar otros aspectos como emociones, contextos, relaciones geográficas y demás, variando según los niveles de intensidad entre “fríos”, como el teléfono, o “calientes”, como es el caso del papel que sirve de soporte para la carta.
Con lo anterior internalizado, se puede dar el gran salto al foco de este ensayo, el cual busca dar con la respuesta a una de las más grandes interrogantes que se pueden hacer los analistas de medios de comunicación modernos: ¿la sociedad está inmersa en una “narcosis” o se trata de una “sobredosis” de medios?
El uso del término “narcosis” no oscila en la droga como objeto, sino en el efecto que causa, además de ser el término empleado por McLuhan cuando, valiéndose del mito de Narciso, da pie al cuestionamiento aquí realizado. “Disminución de la sensibilidad o consciencia debido al uso de narcóticos”, establece el Diccionario de la Real Academia Española, en caso de que se necesitase una aclaratoria más estricta.
Los “narcóticos” a estudiar serán los medios de comunicación de la edad contemporánea, así como los efectos que estos, desde la perspectiva de McLuhan, afectan a la sociedad.





McLuhan y la extrapolación de Narciso
         Nuestro autor ha traído de vuelta a la vida a Narciso, personaje de la mitología griega cuyo nombre proviene del término helénico narcosis o entumecimiento, el cual ya se ha definido previamente como la “disminución de la sensibilidad o consciencia debido al uso de narcóticos”.
         Pero ¿por qué se ha dispuesto McLuhan a recordarnos este mito? La respuesta es simple; todo yace en el hecho de que Narciso se ha enamorado de su reflejo, de esa extensión suya que de la cual desconoce su origen, de ese “servomecanismo de su propia imagen extendida o repetida”, como ha sido definido. Según McLuhan, el foco del mito reside en que “el hombre enseguida se siente fascinado por cualquier extensión suya en cualquier material diferente de él”[1], lo que quizá ilustra como los colonizadores estafaron con espejos a los nativos suramericanos y se los cambiaron por su oro y demás riquezas, además del evidente nivel de desconocimiento de los aborígenes acerca de lo que estaban viendo.
         Tal vez esa fascinación enceguecedora es a lo que se refiere en su totalidad nuestro autor, cuando afirma que una extensión nuestra es capaz de inducir un estado de entumecimiento, apoyándose en las conceptualizaciones de los médicos Hans Selye y Adolphe Jonas, quienes definen esas extensiones como un intento de mantener el equilibrio, tanto en enfermedad como en salud.
         Volviendo a Narciso, y sabiendo esto que exponen Selye y Jonas, sería especulación decir que este joven hermoso se enamoró de su reflejo para, de alguna manera, equilibrar su “falta de amor” pero, si tomamos en cuenta que Némesis interpuso esa extensión de Narciso ante su vista como castigo por su exceso de orgullo y su maltrato hacia Eco, todo empieza a cobrar un poco más de sentido bajo los términos explicados por McLuhan, y es lo mismo que le sucede al hombre contemporáneo cuando se expone ante un medio.


 
Michael Ackerman, foto


El medio es la droga
         Entendiéndose ya que el medio es el mensaje, que el medio es una extensión del individuo y que la exposición a éstos crea un “entumecimiento” o narcosis también denominados “autoamputación”, podemos decir que estamos hablando de un narcótico, pero obviamente como término metafórico.
         McLuhan habla de la transformación del hombre en un servomecanismo cuando está abrazando nuevas tecnologías, dado que la relación entre el individuo y la máquina tiende a ser casi íntima. “Un indio americano es el servomecanismo de su canoa, como el vaquero es el servomecanismo de su caballo, y el ejecutivo, de su reloj”[2], expone en su obra Understanding Media.
         La llamada “edad de la ansiedad y los medios eléctricos” ha sido bautizada de forma acertiva, puesto que el sistema nervioso central ya se ha asociado a tal nivel con la tecnología que la ausencia de ésta le provoca desequilibro e inestabilidad, generándose nuevas patologías inherentes a la época contemporánea, como lo es la nomofobia[3], la cual se traduce en el miedo irracional de salir sin el teléfono celular.
         Tan fuerte ha sido la incursión de la tecnología al hombre moderno que se hace imposible imaginar un solo lugar del planeta sin un solo objeto electrónico, sin una sola extensión contemporánea. El mismo McLuhan afirma que se trata de que el hombre de ahora está consciente de lo inconsciente, es decir, sabe que la tecnología es una extensión de su cuerpo y la asume como tal, llevando a todo individuo a una completa narcosis, a una disminución de la sensibilidad sobre los fenómenos externos, pues, los smartphones, la televisión y cualquier otro medio sólo son capaces de brindar un mínimo reflejo de la realidad, tal como el agua lo hacía con el rostro de Narciso.
         “Con esta consciencia, la vida subliminal, privada y social, se ha colocado a la vista de todos, con el resultado de que se nos presenta la <<conciencia social>> como causa de los sentimientos de culpabilidad”[4]. Con esta cita, McLuhan nos trae una gran verdad: el hombre moderno dejó de ser heterogéneo, se ha homogeneizado y ha perdido la cognición de su realidad más primitiva, más privada. Es común ver cómo se conmociona un continente entero por algún cataclismo acontecido en otro país, pero también cómo la indiferencia o desconocimiento reina cuando el conflicto yace dentro de las fronteras propias. De ese mismo extracto, nuestro autor afirma que “en la edad eléctrica, llevamos toda la humanidad en nuestra piel”.
El enajenamiento producido por las extensiones que significan los medios tecnológicos nos lleva a recapitular y leer entre líneas el mito de Narciso. Si antes no tenía mucho sentido, ahora se hace más evidente la analogía que tiene éste con el escenario real. Un canal de televisión parcializado siempre va a generar empatía con su público narcotizado. De manera inconsciente, el individuo busca su equilibrio en lo que quiere sentir, o en este caso, ver y escuchar. Es por ello que, tras la constante tensión en la que está inmerso el humano contemporáneo, es harto complejo hacérsele cambiar de opinión respecto a determinado medio.
Sucede a diario con la sociopolítica de Venezuela. Sus ciudadanos, en su amplia mayoría, están debatiéndose desde hace casi década y media modelos políticos totalmente adversos. Los opositores buscan equilibrarse viviendo esa pequeña muestra de realidad que le presenta un canal o un diario, mientras que los partidarios del oficialismo hacen lo propio en medios de comunicación totalmente adversos. No obstante, este enajenamiento de una realidad total se ve compensado, pues tanto el opositor como el oficialista buscarán reequilibrar la balanza, observando el medio que le adversa para satisfacer esa necesidad de consumir información del contrario y emitir juicios.
Tal como una droga, el medio de comunicación termina absorbiendo el tiempo y rutina de los individuos, cosa que refuta el pensador venezolano Antonio Pasquali, quien acusa la obra de McLuhan como la “más profundamente ideológica y conservadora aparecida en escena desde los comienzos del crecimiento exponencial en comunicaciones”,[5] atendiendo a lo que describe Silvia Olmedo Salar, investigadora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga, como una “evasión al análisis socio-político sobre controles, contenidos y efectos del mensaje difundido por los medios masivos, y pasa de soslayo sin atentar a las esferas dominantes”.[6]
Sí, Pasquali tiene toda la razón de cuestionar en ese punto a McLuhan, incluso le calificó de “idiota sociológico”, pues no es un secreto la postura determinista tecnológica de este último, por la exclusiva atención que le presta a la incidencia de la tecnología de los medios sobre las dinámicas sociales, dejando de lado otros factores como la cultura, el entorno político y social. Pero de lo que no cabe duda es de que, efectivamente, los medios tienen más control sobre nosotros que lo que creemos. ¿Será que estamos, en efecto, narcotizados?


Michael Ackerman, foto



Conclusiones: Muerte por sobredosis o síndrome de abstinencia
         La edad de la ansiedad y de los medios eléctricos ha llegado. La necesidad de inventar, reinventar y reinventarse está latente en el colectivo. A esta necesidad se le une la de aceptación social, constante evaluación y masivo consumo de información.
El medio nos ha transformado a raíz del auge de la energía eléctrica. La multiplicidad de usos que tiene este fenómeno ha reimpulsado al planeta a una segunda Revolución Industrial. Es una época nueva que, aun en estos tiempos, resulta compleja de comprender. Las cartas que sí están visibles en la mesa nos revelan que el individuo quiere regresar a tener control de sí mismo. Volver a ese espíritu burgués del que McLuhan hacía referencia.
“Se plantea una lucha por recuperar la vieja imagen, lo que puede conducir a la guerra. Identidad en peligro, lucha por recomponer los trozos de la imagen destruida, todo esto es lo que motivaría el auge del retrovisorismo. Se intenta la conexión con el período anterior para buscar imágenes familiares y consoladoras; por ejemplo, en la década de los sesenta el espectáculo de frontera, el mundo de El Virginiano y de Bonanza”.[7] Este fragmento nos dice una cruda verdad que en primer momento podría parecer improbable, pero si se analiza con detenimiento llega a ser verosímil. Las grandes guerras de la contemporaneidad son por el poder de la información.
         Los conflictos provocados por información filtrada en los medios rozan desde lo banal de una revista de chismes hasta lo más delicado como Wikileaks o, como ejemplo aún más reciente, el de Edward Snowden, informante y antiguo empleado de la CIA que dejó entrever documentos altamente confidenciales a la luz pública, poniendo en jaque a todo el Estado norteamericano.
Y ¿cómo es que la información adquirió tanto valor? No se sabe con certeza, pero muy probablemente empezó a suceder en el mismo momento de transición de la cultura sólida a la información líquida, en la que todo dato debe corroborarse, pues la saturación de medios masivos y plataformas, así como la superposición de un conjunto de intereses sobre dichos medios masivos, han hecho que hallar contenido fiable sea un complejo reto.
         El hombre moderno, ansioso de consumo cual adicto a la droga, se satura a sí mismo de plataformas y medios para abastecerse de información, pues ya es una necesidad más que un hobby o un pasatiempo. Los hogares del mundo están invadidos por la radio, la televisión, el internet, el teléfono y otros medios un poco más sofisticados como tabletas, computadoras, satélites, gps.
         ¿Acaso no se nota que el ser humano, mientras más joven, más se está sumergiendo en una realidad paralela producto de las redes sociales? ¿Quizá McLuhan vaticinó hace medio siglo lo que hoy conocemos como globalización? Tal vez es por esto que su término de “aldea global” y trivialización de la sociedad cobra cada día más vigencia.
         Cada día son más los medios y mayores las brechas que separan una generación de la otra. Cada vez conocemos más los conflictos del Medio Oriente que el de nuestra comunidad. La adicción al consumo y la amplia gama de medios hacen que estar enterado de casi todo sea posible, mas no es garantía de profundidad de esos temas. El dealer de Maguncia jamás imaginó que la masificación del negocio de mass media alcanzaría niveles de dependencia en el que incluso se desarrollarían patologías por carencia de medios como el teléfono celular.
Ya se hace impensable vivir sin televisión o no sentirse incompleto tras dejar descuidado Twitter o Facebook durante un par de semanas. Lo que debería ser un simple instrumento mecánico o electrónico se ha convertido, pues, en una extensión en todo el significado que explicó el pensador McLuhan. Es por esto que, en conclusión, o morimos narcotizados y en sobredosis, o de síndrome de abstinencia.
Fuentes Consultadas
·        McLuhan, M. (1964). Understanding Media (Comprender los medios de comunicación). España: Ediciones Paidós.
·        Nomophobia is the fear of being out of mobile phone contact - and it's the plague of our 24/7 age. (31/03/2008). Disponible en URL: http://www.standard.co.uk/news/nomophobia-is-the-fear-of-being-out-of-mobile-phone-contact--and-its-the-plague-of-our-247-age-6634478.html [Consulta: 27/06/2013]
·        Pasquali, A. Comprender la Comunicación. (1970).
·        Olmedo Salar, S. (2011). Comprender la Comunicación, de Antonio Pasquali. México: Razón y Palabra, Febrero-Abril.
·        Colina, C.E. McLuhan y las tecnologías de comunicación. Universidad de Córdoba (España). Tesis de doctorado. Disponible en URL: http://www.uco.es/ciencias-juridicas/diego/nuevoderecho/doctorado/comunicacion/McLuhan.pdf [Consulta: 29/06/2013]





[1] McLuhan, M. (1964). Understanding Media (Comprender los medios de comunicación). España: Ediciones Paidós. Pág: 61.
[2] McLuhan, M. (1964). Understanding Media (Comprender los medios de comunicación). España: Ediciones Paidós. Pág: 66.

[3] Proveniente de la palabra en inglés “nomophobia”, la cual es abreviatura de “no mobile phone” (sin teléfono móvil). Información de: Nomophobia is the fear of being out of mobile phone contact - and it's the plague of our 24/7 age. (31/03/2008). Disponible en URL: http://www.standard.co.uk/news/nomophobia-is-the-fear-of-being-out-of-mobile-phone-contact--and-its-the-plague-of-our-247-age-6634478.html [Consulta: 27/06/2013]

[4] McLuhan, M. (1964). Understanding Media (Comprender los medios de comunicación). España: Ediciones Paidós. Pág: 67.
[5] Pasquali, A. Comprender la Comunicación. (1970). Pág: 208.
[6] Olmedo Salar, S. (2011). Comprender la Comunicación, de Antonio Pasquali. México: Razón y Palabra, Febrero-Abril, p. 15.
[7] Colina, C.E. McLuhan y las tecnologías de comunicación. Universidad de Córdoba (España). Tesis de doctorado. Disponible en URL: http://www.uco.es/ciencias-juridicas/diego/nuevoderecho/doctorado/comunicacion/McLuhan.pdf [Consulta: 29/06/2013]