De la esperanza
David De los Reyes
Nuestra finalidad es divulgar las ideas filosóficas en el ámbito de la filosofía clínica, presentando diversos ensayos sobre los temas del dolor, la sexualidad, la cultura, la política, la estética, el arte y la ciencia, entre otros. Este blog se edita en Caracas, Venezuela (UCV) y en Guayaquil, Ecuador (Uartes).
De la esperanza
David De los Reyes
La Ejecución del Poder
o el Poder de la Ejecución
Andar
tras el sentido de los textos:
7 Historia Sudamericanas
Por Claudia Furiati Páez
(Entrevista)
Gracias por aceptar este diálogo trashumante a través del cual buscamos conocer
un poco más sobre la promotora de una editorial concebida y enfocada
primeramente en la diáspora. Y acentuamos la palabra enfocada pues el
nombre es GataLEJO, con “G” de guiño al lector. Un nombre que nos remite en
primer lugar al don de fisgonear que tienen los felinos de aguzar la mirada,
pero a su vez que pauta la distancia necesaria para brindar perspectiva sobre
los temas que aborda.
Y sosteniendo esta propuesta invitamos a nuestra entrevistada, la venezolana
Marelis Loretto Amoretii, a conversar como bien hizo ella para su primer
proyecto editorial: desde los zapatos del andariego que resulta el ser migrante
en estos tiempos.
P:
¿Cómo desde esta orilla del migrante pudo concebir este emprendimiento
editorial?
MLA: Primero debemos precisar que
Gatalejo no pretende enfocarse exclusivamente en la diáspora. Esta colección
“Memorias de una diáspora” es el punto de arranque, el que nos motiva a
emprender editorialmente. Y ese comienzo si está asociado a unos textos que
estuve trabajando sobre la migración de venezolanos hace dos años para un
proyecto de blog que se llamó “Cuenta tu historia”. Fue un proceso de dos años,
en el que hice registro de 47 relatos anónimos. La iniciativa pausó pues
conseguí trabajo en una editorial universitaria ecuatoriana donde me nutrí
sobre los procesos de producción de publicaciones de carácter divulgativo.
El pasado noviembre renuncié a este empleo y concebí la idea de establecer mi
propio negocio, el cual no podía ser distinto a los libros. ¿Y por qué? Porque
yo soy gatera y lectora. El convivir por más de veinte años con mininos me
llevó a la primera condición; y la segunda es natural, simplemente los libros
son mi vida. Identifiqué la falta que había de trabajar libros digitales de
venezolanos, pues como migrantes estamos en todas partes y no podemos llevar a
cuestas nuestros atesorados libros. He botado y regalado muchos ejemplares.
Tuve una magnífica biblioteca en mi ciudad de crianza, Valencia, y debí vender
más de la mitad de sus títulos para migrar a España. Es inmenso el dolor que me
causó desprenderme de ellos. Aún cargo con ese duelo.
De allí que celebremos la maravilla
tecnológica de una “nube” o una tablet donde almacenar tus e-books. Si pierdes
o vendes el dispositivo aun cuentas con el texto allá arriba en esa nube. El
perfil de público al que apunta Gatalejo es ese lector que como yo, puede que
no sepa los derroteros de su vida, pero sí que quiere seguir leyendo. Y además
puede que viva en países donde las bibliotecas no funcionan o los catálogos de
las librerías resultan muy costosos.
P: Siguiendo las tendencias de un
emprendimiento editorial propio del siglo XXI, Gatalejo es disruptivo al
constituirse en un ambiente virtual, propio del hipertexto y la cultura red.
Sus cimientos proceden de un blog, para concebir un e-book, que luego dio paso
a la versión impresa a través de la plataforma Amazon. ¿Esta evolución natural
a la inversa será una característica de sus próximas colecciones y proyectos
editoriales?
MLA: Ciertamente, el enfoque es
producir primero el e-book. Aunque no descartamos que alguna publicación se
haga al mismo tiempo para los dos formatos digital e impreso en tapa blanda.
También los audiolibros serán parte de la oferta de la editorial en un mediano
plazo. “7 historias suramericanas” tendrá su versión sonora sin duda. La
tecnología resulta muy aprovechable en proyectos que si bien son hechos en
casa, también son muy profesionales.
P: Además esta integración se aprecia
en la forma de organizar el contenido del libro, la cual sigue el esquema de un
seriado de televisión: prefacio, siete crónicas, epílogo, es decir nueve
capítulos y fin de temporada. ¿Será esta la forma de estructurar sus próximas
ediciones?
MLA: Esa es una estructura que a mi
me satisface. Lo que no quiere decir que todos los libros a editar van a tener
esa disposición. Pero sí revela que al coquetear con ella, como editora o
compiladora, puedo disponer de este esquema. Por ejemplo ahora evaluamos hacer
una biografía a través de varias crónicas, y así vamos explorando formas
innovadoras de presentar relatos.
No apuntamos a la narrativa monumental, pues como decía Lyotard, los grandes
relatos sucumbieron en la posmodernidad. Pensamos en el lector, no solo como
mercado, si no como el sujeto que va a disfrutar de la lectura. Estudios nos
indican que en los últimos cuarenta años el lector atento ha disminuido, así
como el número de páginas de una publicación promedio. Parte porque hoy día la
gente no tiene tanto tiempo para leer.
P: Y si avanzamos con la metáfora
del andariego para contar la historia de una emprendedora editorial en la
diáspora, vale la pena refrescar para el lector, algunas frases de estos siete
protagonistas del libro que estrena Gatalejo, “Memorias de una diáspora: 7
historias suramericanas”:
“Emigrar es un gran paso para el
desarrollo personal porque aprendes con humildad de manera drástica…”
“Qué contradicción sentir seguridad mientras te alejas de tu país…”
“...miro hacia atrás y veo como la puerta se cierra…”
Conmueven tales sentencias, pero también
las que ofrece un destino y propósito a cada uno de los venezolanos migrantes
de esta compilación, si nos remitimos a su epílogo. Cada experiencia es contada
como un rito de paso para el transterrado. Su condición hoy es mejor que cuando
salieron del país y además afirma que dicho acto de “leerse” les ha traído
consuelo. ¿Y en su caso, esta primera experiencia como compiladora y curadora
de historias le sirvió de terapia para su vivencia de andariega?
MLA: A la hora de trabajar dichas
historias por primera vez para el blog, entre 2018 y 2019, sí fue terapéutico.
Yo estaba viviendo mi segundo proceso migratorio, que entonces sentía
encaminado al fracaso. Y me gusta llamarlo “fracaso” porque los venezolanos le
tenemos miedo a la palabrita. Y no reconocer las cosas tal cual son, dificulta
aún más el enfrentarse a ese fantasma que se hace inmenso. Por el contrario,
reconocer que fracasaste y estar dispuesta a revisar las razones por la cuales
sucedió, te ayuda a evitar un próximo revés. Esa madurez es muy importante y
los venezolanos como sociedad aún no la alcanzamos.
Al escuchar a mis relatores de historias
me cargaba emocionalmente. Había momentos en los que debía hacer pausa por el
malestar. Tal cual un psicólogo, solo que yo no tenía las herramientas para no
hacer espejo y me cargaba con ese “equipaje” extra. Me quedaba preocupada por
algunos de ellos y quería saber cómo habían evolucionado. En algunos casos los
relatos tuvieron que ser reconstruidos a partir de mensajes de voz dejados en
la aplicación whatsapp por no contar con tiempo y recursos para redactar. Por
tanto resultó un proceso catártico reivindicador, que me permitía dar sentido a
aquello que yo denominaba mi “segundo fracaso”.
P:
Lo descrito refiere a una bitácora digital de historias “autobiográficas de la
diáspora venezolana”, pero así mismo anónimas. En la transición a libro debió
pedir a sus seleccionados que firmaran su crónica ¿Fue difícil convencerlos de
salir del anonimato?
MLA: A quienes resultaron escogidos
para “7 historias suramericanas”, les pedimos autorización firmada para colocar
sus nombres como autores, dado lo delicado de hacer pública su experiencia.
Aunque no todos han podido acceder a la versión e-book, sí han podido leer el
PDF y han expresado estar contentos con el texto editado así como con las
ilustraciones realizadas por artistas
venezolanos también migrantes.
Y justo sobre talentos en fuga versará el
Volumen 2 de la colección “Memorias de una diáspora”, nos revela como primicia
la directora de Gatalejo. Pero además respondiendo a su naturaleza felina,
describe sus otras “vidas” de actuación, más allá de la producción editorial.
Las llama soluciones textuales tales
como la corrección ortotipográfica y de estilo, los talleres de edición,
servicios de escritura creativa y ensayística, entre otros. No en balde su
eslogan es “Pon un corrector en tu vida” y en su caso como buena andariega
entre textos, Marelis Loreto Amoretti conoce bien los atajos del teclado.
Marelis Loreto Amoretti
(Caracas, Venezuela)
Es filósofa con estudios de maestría en feminismo por la Universidad
Complutense de Madrid y de Literatura venezolana por la Universidad de
Carabobo, donde también ejerció como profesora de filosofía y ética. Prestó
servicios editoriales a la Universidad de las Artes de Ecuador, donde
actualmente reside. Es precisamente desde la Latitud 0 donde dirige Gatalejo
Editorial.
Cuenta con varias publicaciones sobre Filosofía aplicada a la literatura y Ética
aplicada a la cotidianeidad, crónicas publicadas para el Diario El Mundo de
España, así como diversas colaboraciones en medios impresos venezolanos.
7
historias suramericanas.
Vol #1 Colección Memorias de una diáspora
Amazon, 2022
Compilación de narraciones sobre los
procesos migratorios de siete venezolanos que decidieron volver a construir sus
vidas fuera de Venezuela, ahora en algún país de América del Sur. Ellos son
Freddy Mejía, Greta Zorrilla, Lucía Pernalete, Néstor Mendoza, Verónico Hidalgo
y Jhonatan Díaz. Recopilación por Marelis Loreto Amoretti.
Le acompañan los artistas visuales Gabriel
Bozzone (Ilustrador), Ana Victoria Piñero (Ilustradora), Manuel Coelho
(Ilustradora), Natali Herrera-Pacheco (Fotógrafo), María Emilia Castellet
(Fotógrafa) y Nátali Herrera-Pacheco (Ilustradora).
Sigue la huella de Gatalejo Editorial en
redes: IG: @GatalejoEditorial | WS +593
9 67905537 | Contacto marelis.loreto@gatalejo.com
LA EJECUCIÓN DEL PODER
O EL PODER DE LA EJECUCIÓN
Es uno de los temas de las leyendas cristianas más narrados por las artes visuales desde la edad media hasta el siglo XX. Yehudit, «la judía», del hebreo, sin embargo, no menos representada su historia en otras artes: en música por los oratorios de Vivaldi: Juditha Triumphans, 1716 y Mozart: Betulia Liberata, 1771; en la literatura por la pluma de Lope de Vega, quien le dedica el soneto LXXVII, en su obra Rimas Humanas: El triunfo de Judith; en cine tiene siete versiones, comenzando con la cinta norteamericana de 1914 de D.W. Griffith: Judith de Betulia, hasta la película canadiense de 2007 realizada por Eric Chaussé.
Se conocen más de un centenar de pinturas que lo evocan. Entre sus cultores plásticos estarían la
conocida obra de Caravaggio, las de Miguel Ángel, el diptico de Boticelli,
Cristobalo Allori y Gustav Klim. Nosotros hemos escogido para esta nueva
presentación de la Ejecución del Poder y el Poder de la Ejecución la de
Artemisia Gentileschi (Roma, 8 de julio de 1593-Nápoles, hacia 1656), por la
interpretación y posible identificación de la pintora barroca con la narración
bíblica. Pero, ¿en qué especialmente se centran todas? Menos de la de Klint,
que nos presenta una bella y exquisita mujer frontal, el resto de los pintores
clásicos nos la muestran como una mujer fuerte, patriota, “empoderada”, para
usar esa palabreja que les encantan a los usuarios cool de las redes sociales.
Una mujer convencida que su acción salvará a su pueblo, a pesar que deba saltar
ciertas consideraciones morales, como es el uso de la mentira, el engaño, la
seducción y el asesinato. Es una antecesora de la máxima maquiavélica, el fin
justifica los medios. Aquí el fin es no rebajarse ante el usurpador y declinar
ante sus creencias religiosas, salvar el templo de su dios y a su pueblo de la
esclavitud. Los medios, la seducción erótica femenina.
Lo que se pudiera agregar es que en la mayoría de las representaciones imaginadas por los
artistas nos han dado una idealizada Judith sexualizada, seductora y erotizada,
retomando un tema que ha estado presente en el imaginario occidental desde el
mundo medieval hasta nuestros días.
La historia de Judith debió surgir en el siglo VII a. n. e. pues casada y viuda del idólatra
rey Manasés el Egipcio, su reinado fue en los alrededores de esos tiempos. Sin
embargo, la leyenda (real o ficticia según la mentalidad religiosa de los
estudiosos del tema), es retomada por algún escriba anónimo del siglo II a. n.
e. y se encuentra en el Antiguo Testamento. Es símbolo de coraje, audacia,
decisión y venganza femenina que viene a dignificar y defender, una vez más, la
autonomía del pueblo judío. Esta vez gracias a la astucia y gallardía de una
mujer que por su ejecución vence a los enemigos.
Para los judíos la narración es apócrifa, no considerada letra divina ni es auténtico mensaje del
ser superior, es un libro, que surge de la tradición de la ley oral. Para los
cristianos es una narración considerada histórica, real, no ficticio, surgiendo
de un segundo canon, el Deuterión (Deuteros: segundo, posterior. Kanonikós:
regla o canon).
Para los eruditos la historia, esta narración sapiencial de Judith está plagada de errores
políticos y geográficos. Nos presenta al gobernante Nabucodonosor como un rey
de Asiria y lo era de Babilonia. El hecho refiere a la ciudad de Betulia, la
cual es imposible localizar su ubicación y existencia en los documentos
antiguos. Y hasta la misma acción de Holofernes no es fácil de saber de dónde
es. ¿Indiferencia del anónimo autor por los datos geográficos a cambio de una
atención mayor en el desarrollo de los hechos ejemplificantes narrados?
Seguramente. Un relato de ficción, como la mayoría de los libros sagrados,
donde la imaginación va agarrada de la mano de lo fantástico, misterioso,
mágico y milagroso.
El corte de cabeza de Holofernes (general de las huestes de Nabucodonosor), surge a partir del
capítulo octavo de El Libro de Judith. Los siete primeros nos guían para
prepararnos respecto al desenlace final. En esos primeros capítulos nos
muestran a una mujer, Judith, que emplea métodos poco ortodoxos hebreos para
sus intereses como judía, postura no muy moral, como ya dijimos arriba, aunque
su decisión persigue dignificar y salvar al pueblo judío del sometimiento
invasor. El airado general tiene la misión de hacer capitular a los judíos de
Betulia, e inclinar sus cabezas al todopoderoso monarca de la pseuda-Babilonia.
Todos los demás judíos de Israel se postraron, menos los de Betulia.
Betulia no quiere verse sometida ante el tirano. Holofernes no ve ningún obstáculo para destruir
esa minúscula ciudad. Se discute no atacarla y se le recuerda que el pueblo
judío ha sido el escogido por dios. Holofernes, como todo prepotente invasor,
lo embarga la ira y la soberbia, declarando que el único dios al que se somete,
00no es sino Nabucodonosor. Un oficial de sus huestes le advierte, el general
Aquior, pasar de largo que no hay motivo de atacarlos, y de esa forma rma dios
puede protegerlo, lo contrario podría ser motivo de oprobio ante el resto del
territorio conquistado.
¿Cómo actúa Holofernes? Acomete su acción bárbara. Cerca al pueblo. Le corta el suministro
de agua. Lo cual hace que muchos moradores de Betulia, ante la sed, piden la
rendición. Es el momento oportuno para la aparición de la honesta viuda y bella
joven Judith, quien le reclama al consejo de ancianos la pérdida de su fe y por
su impostergable rendición al ejército usurpador. El texto bíblico nos describe
a esta dama vengadora así:
“Vivía en su casa Judith, guardando su viudez hacía tres años y cuatro meses. Habíase hecho un
cobertizo en el terrado de la casa y llevaba saco a la cintura, debajo de los
vestidos de su viudez. Ayunaba todos los días, fuera de los sábados,
novilunios, las solemnidades y días de regocijo en casa de Israel. Era bella de
formas y de muy agradable presencia. Su marido, Manasés, le había dejado oro y
plata, siervos y siervas, ganados y campos, que ella por sí administraba. Nadie
podía decir de ella una palabra mala, porque era muy temerosa de Dios” (8,4-8).
Conmina esta guerrera de la venganza y maestra de la seducción con su poder de la ejecución a
defender el templo, al santuario, el altar del templo y a su pueblo. Y mientras
da la arenga a los consejeros, se le ocurre la idea de matar a Holofernes, de
forma impetuosa y valiente, cortándole la cabeza. Solicita, como buena
fundamentalista judía, la fuerza a su dios para llevar a cabo la hazaña, y que
sea recordada por las generaciones futuras e inspirar a las mujeres judías.
Demanda que su fe se imponga y sea reconocida no sólo por su pueblo, sino por
cada una de las tribus que habitan esas tierras, mostrando la fortaleza y el
poder del ser todopoderoso judaico.
Para presentarse ante el desalmado Holofernes utiliza las invencibles armas femeninas de la
seducción. Se acicala, se viste de gala, se exhibe como una mujer atractiva
para colmar cualquier deseo masculino. Se perfuma con ungüentos, peina sus
cabellos con cuidado, se coloca encima su mitra, se pone su mejor traje de
fiesta, calza sus sandalias, sus brazaletes, ajorcas, anillos y aretes y el
resto de sus joyas, causando la admiración de todo hombre que la mirase. (10,
3-4).
Vestida así, va donde Holofernes que sucumbe a sus encantos. Le declara, mintiendo, que ha
huido de su pueblo y de ser esclava. Este la invita a su banquete. Luego que
todos los invitados se van, se queda con Holofernes en su tienda, que por su
estado de embriaguez queda dormido, y es el momento del poder de la ejecución
de Judith, asestándole dos certeros y mortales golpes al cuello, seguidamente
cortándole la cabeza. Obteniendo este sangriento premio de venganza se lo da a
su criada Abra, que la acompaña para que lo guarde, colocándola en un saco
(algunos lienzos colocan una cesta). Cometida la Ejecución, regresan a su casa.
¿Qué hicieron con la cabeza? “En cuanto despertó la aurora, colgaron del muro la cabeza de
Holofernes y todos los hombres de Israel tomaron sus armas y en escuadrones
salieron a las subidas del monte” (14, 11). Esto crea un efecto negativo en el
ejército de los asirios. Al descubrir el cadáver de su general, pierden el
valor y debilitados son vencidos fácilmente por el ejército israelita
Hecho esto, reconocida su heroicidad, la audaz Judith vuelve a su tranquila vida cotidiana.
Nunca se volvió a casar y parece que tuvo una larga vida: 105 años.
II
Sobre Artemisia Gentileschi y su interpretación de Judith y Holofernes
Dentro de todas las representaciones de este fabulado evento antiguo podíamos haber escogido el excelente cuadro homónimo de Caravaggio o el díptico de Botticelli, entre otros (son alrededor de 114 obras con el mismo tema). Pero el cuadro que hemos seleccionado para representar esta “ejecución del poder y el poder de la ejecución”, es la escena realizada e imaginada por la gran dama de la pintura barroca italiana, Artemisia Gentileschi (1593-1656), considerada como una “mujer terrible”, figura feminista avangarde, hija del conocido artista italiano Orazio Gentileschi, uno de los pintores exponentes del denominado “caravaggismo”, seguidores de su estilo “tenebrista”. Su hija aprendió en el mismo taller paterno. A la par, fue una de las primeras mujeres artistas resueltas del Barroco italiano. Reivindicando la condición femenina en el arte, en una época en que la mujer le estaba vetada formarse en una academia de arte o asistir a las universidades. Junto a ella podemos nombrar otras artistas relevantes de ese entonces, por su virtuosismo y maestría en la pintura: Lavinia Fontana (1552-1614), Fede Galizia (578-1630), Bárbara Longhi (1552-1638) y Sofonista Anguissola (1593-1656).
Artemisia, mujer de carácter, bella y polémica en su vida privada, estuvo por varias ciudades de
italianas ofertando su arte. Pintora de retratos, bodegones y de personajes
históricos, bíblicos y mitológicos, los temas heroicos no eran bien vistos para
ser pintados por una mujer. Su vida transcurrió entre Roma (su ciudad natal),
Florencia, Nápoles, Londres (junto a su padre que fue el pintor del endeudado
rey Carlos I de Inglaterra), regresando definitivamente a una segunda estancia
en Nápoles, donde parece ser que también vino a sufrir los embates de una
devastadora plaga presente en esa ciudad, (llevándose además a una gran
cantidad de artistas a la tumba). Su obra fue olvidada por varios siglos, hasta
ser rescatada y reconocida su importancia en el siglo XX gracias a un ensayo
del crítico italiano Roberto Longhi en 1916, titulado “Gentilischi, padre e
hija (Gentileschi, padre e figlia).
Como hemos dicho, el tema que nos acerca a su espectacular obra es por su obsesiva interpretación
de la briosa vengadora Judith y su acto heróico de ejecutar al enemigo del
pueblo judío, el general asirio Holofernes, esbirro del rey de Siria,
Nabucodonosor. Al tema le dedicó al menos cuatro lienzos y otros dibujos en
distintos momentos de su vida. Hay que referir un hecho que marcará
profundamente a la pintora. En 1611, por decisión de su padre, estudiara con su
amigo el pintor Agostino Tasso, quien la violará. Lo denuncia y en el proceso
judicial al que estará sometido el artista lo llevará a ser exilado de todos
los estados pontificios. El testimonio del estupro lo encontramos en la propia
declaración de la pintora en los documentos judiciales de la época:
“Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama
dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para
que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me
metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar
y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con
su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la
cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí, el miembro, se
lo agarré y le arranqué un trozo de carne”[1] .
En los recuerdos y vivencias de la dama afectada permanecerá la dramática experiencia que le inspirará presentar a la mujer desde una original óptica, la de su propia visión de la condición femenina para su época. Dicho esto, podemos referir que Artemisia hizo cuatro versiones importantes de Judith y otras de menos calidad. Pasamos a presentar estas cuatro escogidas.
La primera data de 1612/13, es un óleo de 158,8 x 125.5 cm, y actualmente se encuentra en el Museo
de Capodimonte de Nápoles. Esta primera versión, fue pintada inmediatamente
después del proceso de estupro que padeció la artista. La violencia y el
dramatismo del cuadro pareciera mostrar los deseos de venganza de ella contra
su maestro violador Agostino Tassi.
Un segundo lienzo titulado “Judith y su doncella” (Giuditta e la sua Ancella), de 1618/19.
Pintura al óleo de 93.5 x 114 cms. Que se encuentra en la Galería Palatina del
Palacio Pitti de Florencia. De marcada tonalidad caravaggista, donde aparecen
dos damas, Judith y Abra, su doncella acompañante. En una posición de cercanía
entre ambas e inmersas entre sombras, son iluminadas por el resplandor de una
vela que debe encontrarse a la izquierda de sus cuerpos. Con menos violencia,
pero no menos alegórico, es un cuadro que sigue mostrando el dramatismo del
hecho ejecutado por la heroína bíblica al matar al general enemigo del pueblo
judío. Muestran la inminente huida de la tienda del militar, con un presagio en
los gestos de sus rostros de temor por un rumor externo y de ser descubiertas.
Judith sigue empuñando la espada asesina, instrumento de su venganza, y su
sirvienta Abra, la cesta con el premio de la cabeza del asirio. Judith muestra
su níveo rostro y un mechón de pelo que se escapa de su cuidado peinado atajado
con un prendedor. Abra muestra un amplio turbante a partir de trazos de color
blanco y amarillo.
El tercer lienzo vuelve a repetir la misma escena, pero con diferentes matices cromáticos que el
primero cuadro de esta serie. Este óleo “Judith decapitando a Holofernes",
es ejecutado entre 1620/21, mide 1,99 x 1,62 mts., y se conserva en la Galería
de los Uffizi de Florencia. Es una escena cruda y trágica. Representa la
ejecución de poder por una mujer concentrada y conocedora de lo que debe hacer,
además de ser ayudada por su sirvienta, en la degollación de general
Holofernes. Obra que ha pasado por diversas interpretaciones. Desde las miradas
históricas el arte hasta las psicológicas, y por añadidura, psicoanalíticas. Se
insinúa que el rostro de Holofernes es el de su violador. Es el cuadro más
famoso de Artemisia, en donde sigue presente la leyenda de la obsesión que
mantuvo al ser violada en su adolescencia. El acto ocupa el centro de la tela,
colocando a Abra, que en la escena bíblica no aparece acompañando a Judith.
El cuarto lienzo referente lo volvió a titular como el segundo, “Judith y la doncella”. Data de 1625/27 y se encuentra en el Instituto de Artes de Detroit. Vuelve a retomar el momento en que ambas mujeres se aprestan a huir del campo del enemigo con su mortal carga, la cabeza del decapitado Holofernes. Es un lienzo que realiza cuando regresa a Roma, cambiando de estilo, asumiendo los gustos pictóricos de esta ciudad. Nos vuelve a adentrar en su magistral uso del “tenebrismo” de Caravaggio, al presentar la escena nocturna anclada por la luz de una vela, moviéndose ambas mujeres en conjunto, dirigiendo sus miradas a un mismo lugar. Judith es presentada con un elegante vestido de seda amarillo y enjoyada. En una posición algo inclinada, la vemos escondiendo la espada e intentando tapar la luz de la vela con su mano izquierda, para no descubrir su rostro y proseguir con la huida. Abra, su doncella, está agachada ocultándose, sosteniendo, una vez más, la cabeza de Holofernes.
Todas estas obras nos muestran, por la mano de Artemisia, la fuerza de la condición femenina de considerar un asesinato como un fin liberador, realizado, en este caso, como justicia divina (que es simplemente humana…), por obra de una imaginada o histórica recordada heroína en pro de defender la autonomía de su pueblo, inspirada por su ideología religiosa que le da el coraje y la fuerza de emprenderlo. Es la acción contra la ejecución del poder de un ejército invasor y cruel por medio del poder de la ejecución individual y libre de un imaginario ser excepcional femenino.
[1] Cohen, Elizabeth S. (2000). «The Trials of Artemisia Gentileschi: A Rape as History». Special Edition: Gender in Early
Modern Europe. The Sixteenth Century Journal. Vol. 31 (1): 47-75. En: https://www.jstor.org/stable/2671289
Estos días me puse a leer la biografía de Gandhi de Romain Rolland[1]. El primero un líder hindú, olvidado en la confrontación de las políticas nacionales e internacionales actuales; el segundo un escritor francés, que alentó con su espíritu a muchas generaciones con sus escritos, como su larga novela Juan Cristóbal, o aún la menos recordada biografía de Beethoven en siete tomos, obras hoy que sirven sólo para eruditos, estudiosos o amantes de la literatura romántica de principios del siglo XX.
Leyendo esa obra casi periodística del ascenso de Gandhi por Rolland, me ha suscitado una serie de reflexiones por todo lo que narra respecto a la acción de la resistencia civil, de la no-cooperación (con las instituciones del estado colonial británico para su momento, que era en la década de los años 20 del siglo pasado), y la permanente inteligencia de reconciliación combativa de Gandhi ante las huestes colonialistas, donde siempre esgrimió que ni un gesto de violencia o agresión debían ser despertada en contra del invasor. Son muchas las frases que pudiera introducir en este escrito, pero las que quiero comentar son las del mismo Rolland al describir cómo veía el mundo para ese entonces, un tiempo sombrío, donde había apenas terminado la primera guerra mundial y las matanzas y las injusticias humanas estaban también presentes. Pero creo que de manera menor intensas y destructivas como las que podemos leer todos los días en cualquier tabloide que refleje los cruentos acontecimientos terroristas y neocolonialistas, psuedo-revolucionarios y fascistas en la situación mundial.
Para 1920 Rollaind advertía e intuía que la paz estaba lejos. No abrigaba ninguna ilusión de que el mundo iba para mejor; vendría una segunda guerra mundial en Europa. En lo transcurrido a lo largo de su vida sólo había visto mentiras, cobardías y crueldades de la especie humana, y por ello desconfiaba de un cambio en ella. A todo esto no dudaba que a su pesar no podía dejar de amarla. Sabía que hasta en los más viles hay un necio quid Dei, en su condición mística espiritual.
Para ese momento Europa se encontraba en crisis, quizás como ahora pero por distintos motivos a los actuales; antes por el imperialismo nacionalismo de todos los países europeos, ahora por los manejos fraudulentos de banqueros, financistas y políticos en las economías de las naciones. Encontraba en su situación que el siglo XX Europa estaba sometida a un demoledor determinismo por las condiciones económicas que la aprisionaban. Advertía que a sus ojos eran siglos de pasiones y errores petrificados que se emergían en torno a las almas de su tiempo, como una dura caparazón donde la luz no tiene cabida ni paso. Su concepción mística albergaba en su ser que podían vivirse ciertos milagros del espíritu. La historia nos demuestra que sus rayos han alumbrado cielos más sombríos que el nuestro, nos dice. Y echa mano a una cita hindú, proveniente del eco del tambor de Shiva: El Maestro-Danzarín, que empeña su mirada devoradora y refrena sus pasos para salvar al universo del retorno del abismo, el cual es uno de los extractos más antiguos de la invocación a ese dios.
Hombre de fe, hombre religioso, hombre devoto comprende lo que le rodea. Las fauces de los tiburones asechan no en los mares sino en ciertos dirigentes en los gobiernos a nivel mundial. He ahí su protesta contra la realpolitiker de la violencia (tanto revolucionaria como reaccionaria, ninguno se escapa a cebar las mismas ideas de destrucción civil por ideales absurdos). Y está seguro que todos ellos se mofan de esa fe, lo cual no es otra cosa que mostrarnos la ignorancia que poseen de las profundas realidades humanas. Pueden reírse de él, y les dice que se rían si quieren, pero él siente esa fe. La experimenta escarnecida o perseguida en Europa; hoy pudiéramos decir que en Latinoamérica, en el Medio Oriente, en África, o en la China continental y parte de los países del Pacífico. Sabe que son pocos los hombres de fe auténtica, no somos más que un puñado. Pero aún si él fuese el único, y en esto podemos acompañarlo junto a su tumba, comprende que lo propio de la fe -lejos de negar la hostilidad del mundo- es reconocerla y creer, aún contra ella.
No es una fe monoteísta y de religiones idólatras o de libros santos…, la cual siempre termina en venganza del otro, es una fe que debe crecer en el pecho de cada quien por su búsqueda de una pureza en su ser. Es una fe en tanto combate centrada en la no-violencia. La no-violencia es el más duro de los combates, es su afirmación y nuestra mirada puesta en alerta. Pues ello significa que el camino de la paz no es el de la debilidad. Tenemos que ser más enemigos de la debilidad que de la misma violencia. Nada vale sin voluntad, sin fuerza, ni el mal ni el bien. Y más vale el mal completo, que el bien enmasculado. No al pacifismo quejumbroso pues es mortal para la paz; es una cobardía y una falta de fe. Por ello, ante los tiempos que nos ha tocado vivir a muchos de nosotros, en países llenos de injusticias, crimines, incapacidad gubernamental, represión, acoso, lavado de mentes, propagación de ideologías retrógradas, tecnologías neo-esclavistas del espíritu, nos queda reflexionar sobre sus palabras.
En su escrito sobre la lección que sacamos de la Gandhi nos habla que a todos aquellos que no creen o que temen ante lo que hay que afrontar que se retiren! El camino de la paz es el del sacrificio de uno mismo, ¡nada más y nada menos! Por ello apenas podemos decir que comenzamos a comprender y aprender a no perder el coraje por la vida que construya la comprensión y la paz entre los hombres y los pueblos. ¡Cuánto no queda por hacer en nosotros mismos!