miércoles, 1 de junio de 2022

Denis Diderot Sátira contra el lujo, a la manera persa

  

Denis Diderot

Sátira contra el lujo, a la manera persa[1] 


(Un texto clásico de estética)



Altar azteca Vegetal, DDLR2021. Redes Sociales Vegetales

 

–Observa usted las diversas sociedades de la especie humana con tanta pena, que sólo conozco un medio de contentarle y es transportarle a la edad de oro... –No, no, se equivoca usted. Una vida consumida a los pies de una pastorcilla no es en absoluto lo que yo llamaría una edad de oro. Quiero que el hombre trabaje. Quiero que sufra. En un estado natural que se adelantara a sus deseos, donde la rama se doblaría para acercarle el fruto a su mano, se haría vago. Y digan lo que digan los poetas, quien dice vago, dice malvado. ¡Y luego todos esos ríos de leche y miel! La leche no sienta bien a los biliosos como yo, y la miel me deja como sin fuerzas... –Despójese de todo, pues, siga los consejos de Jean- Jacques[2] y hágase salvaje... –Sería lo mejor. En tal caso, al menos, no hay más desigualdad que la que la naturaleza ha querido que exista entre sus criaturas. Y en las selvas no se oyen los ecos de las quejas que un sinnúmero de desgracias arranca al hombre en el bienhechor estado de sociedad... –¿Qué le sucede? ¡No me diga que esas costumbres tan alabadas por los lacedemonios no van a ser de su gusto!... –No me hable de esos monjes armados[3]... –Pero ese oro, ese lujo ofensivos, esas suntuosas comidas, esos sofisticados muebles... –No existen, de acuerdo. ¿Pero no siente lástima por esos desdichados ilotas? La tiranía de un colono americano es menos cruel, la condición de un negro, menos triste... –¿Qué tiene que objetar al siglo de la Roma pobre, a ese siglo en el que hombres por siempre célebres cultivaban la tierra con sus manos, recibían el nombre de los frutos que recogían, de las funciones agrestes que habían ejercido; a ese siglo en el que el cónsul presionaba al buey con su aguijón, en el que el casco y la lanza estaban depositados en el mojón del campo, y la corona de triunfador suspendida de la bocina de una carreta? ¡Qué tiempos aquellos! Los de la mujer descamisada del dictador ordeñando las cabras, mientras que sus robustos hijos, con el hacha a la espalda, iban al bosque vecino a cortar troncos para el invierno... –Se ríe. ¿Acaso no cree usted que la cabaña de Quinto es más bella a los ojos de cualquier hombre sensible a la virtud que esas inmensas galerías donde el infame Verres exponía los despojos de diez provincias saqueadas? Vaya a emborracharse a casa de Lúculo. Aplauda los divinos poemas de Virgilio. Paséese por una ciudad inmensa donde las obras maestras de pintura, escultura y arquitectura le dejarán boquiabierto de admiración a cada momento. Asista a los juegos circenses, siga el paso de las marchas triunfales, vea a reyes encadenados, goce del enternecedor espectáculo del gemido escapado ante el yugo de la tiranía, comparta crímenes y desórdenes del opulento opresor. No es ese mi mundo... –Ya no sé en qué tiempos, en qué siglo, en qué rincón de la tierra situarle. Amigo mío, amemos nuestra patria, amemos a nuestros contemporáneos, sometámonos a un orden de cosas que podría ser, por azar, mejor o peor, gocemos de los privilegios de nuestra condición. Si vemos defectos, y sin duda los hay, esperemos el remedio de la experiencia y la sabiduría de nuestros maestros, y quedémonos donde estamos. –¡Quedarme aquí, yo! ¡Yo! Que se quede quien tenga paciencia para ver cómo un pueblo que se dice civilizado, y el más civilizado de la tierra, saca a subasta el ejercicio de las funciones civiles. Mi corazón está henchido, pero de indignación, y no pasa ni un día, ni un solo día sin que llene de imprecaciones a quien volvió venales cargos y puestos, pues de ahí, sí, de ahí y de la creación de los grandes exactores, vienen todos nuestros males. En el momento en el que se pudo alcanzar todo gracias al oro, se deseó poseer oro. Y el mérito, que ya no conducía a nada, se convirtió en nada. Desaparecieron las emulaciones honestas. La educación perdió sus sólidas bases. Si una madre se atreviera a hablar en esos términos a su hijo, le diría: «Hijo mío, ¿por qué dejarte la vista en los libros? ¿Por qué desojarte a la luz de la lámpara toda la noche? Consérvate, hijo mío. ¡Ya verás! ¿Tú también quieres remover la urna que decide la suerte de tus conciudadanos? Ya la removerás. Esa urna está en dinero contante y sonante en el fondo de la caja fuerte de tu padre.» ¿Y qué hijo ignora tales cosas? En el momento en que un puñado de concusionarios públicos se hicieron con las riquezas, habitaron en palacios, exhibieron su maldita opulencia, se confundieron todas las condiciones. Creció una emulación funesta, una lucha insensata y cruel entre todos los estados de la sociedad. El elefante se hinchó para aumentar de talla; el buey imitó al elefante; la misma manía se apoderó de la rana, que emuló al elefante. Y en ese movimiento recíproco, acabaron por morir los tres animales: triste pero real es esta imagen de una nación abandonada al lujo, símbolo de la riqueza de los unos, y máscara de la miseria general del resto. Si no posee un alma de bronce, diga conmigo, levante la voz y diga: Maldito sea el primero que volvió venales las funciones públicas, maldito sea el que hizo del oro el símbolo de la nación, maldito sea el que creó la detestable raza de los grandes exactores, maldito sea el que engendró ese hogar de donde salieron la ostentación insolente de riqueza en los unos y la hipocresía epidémica de fortuna en los otros, maldito sea el que condenó el mérito al retiro, y el que consagró la virtud y las costumbres al desprecio. Desde aquel día, esa es la palabra, la muerte funesta se extendió de un extremo a otro de nuestra sociedad. Seamos o parezcamos ricos. Desde aquel día, el reloj de oro pendió del bolsillo de la obrera, cuyo sueldo apenas le permitía comprar pan. ¿Y cuál fue el precio del reloj? ¿Cuál el de ese vestido de seda con que se disfraza convirtiéndose en una perfecta desconocida? ¡Su virtud! ¡Su virtud! ¡Sus costumbres! Y lo mismo sucedió con las demás condiciones. Se arrastraron, se envilecieron, se prostituyeron. No hubo distinción entre medios de adquisición. Honestos o deshonestos, todos valían. Y no hubo ya común medida en el gasto. El financiero marcó la pauta y todos los demás le siguieron. De ahí toda esa enorme cantidad de casamientos desiguales que no desapruebo. Era justo que hombres arruinados por el ejemplo de aquellos padres, fueran a reparar sus fortunas metiéndose en sus casas, y a vengarse despreciando a las hijas. ¿Pero cuál fue la conducta de aquellas hijas despreciadas? ¿Y a quién llevaron la dote de las hijas aquellos esposos? ¿De dónde viene el actual furor generalizado por la galantería? Dígame, dígame cuál es su origen. Los Grandes se han arruinado por emular la fastuosidad del financiero. El resto se ha hecho disoluto al pretender imitar el libertinaje de los Grandes. El lujo arruina al rico, y multiplica por dos la miseria de los pobres. De ahí la falsedad del crédito en todos los estados. Confíe su fortuna al hombre ese que se hace llevar en carruaje dorado, mañana tendrá las tierras embargadas, mañana, ese hombre tan brillante, perseguido por sus acreedores, acabará de patitas en Fort-L’Évêque... –Pero alégrese de ver cómo la corrupción, la disipación, la fastuosidad gastan esas montañas de oro. Por ese medio se nos restituye gota a gota toda la sangre que han ido sacándonos. Y nos la devuelven una gran cantidad de manos ocupadas. Ese lujo contra el que está protestando usted, ¿no es acaso el que sostiene el cincel en manos del estatuario, la paleta en el pulgar del pintor, la gaveta... –Sí, sí, y produce muchas obras, muchas obras mediocres. Si las costumbres están corrompidas, ¿cree que puede mantenerse puro el gusto? No, no, imposible, y si lo cree usted es porque ignora el efecto de la virtud en las bellas artes. ¿Y qué me importan vuestros Praxíteles y vuestros Fidias? ¿Qué me importan vuestros Apeles? ¿Qué me importan vuestros divinos poemas? ¿Qué me importan vuestras ricas telas si sois malvados, si sois indigentes, si estáis corrompidos? ¡Oh riqueza, medida de todo mérito! ¡Oh lujo funesto, hijo de la riqueza! Destruyes todo, el gusto y las costumbres. Detienes la pendiente más suave de la naturaleza. El rico teme multiplicar hijos, el pobre teme multiplicar desdichados. Las ciudades se despueblan. Se deja languidecer a la hija en el celibato. Habría que sacrificar para su dote un carruaje y una mesa suntuosos. Se 

aliena la fortuna para duplicar los ingresos. Se olvida a los familiares y amigos. ¿Han anunciado a gritos por la calle un edicto prometiendo un interés que decuplica un capital? El hijo de la casa palidece, el heredero se estremece o se echa a llorar, y es que esas masas de oro le estaban destinadas, y ahora van a perderse en el fisco público y con ellas la esperanza de una opulencia por venir. De ahí que los hombres acaben por ser extraños entre sí, dentro de una misma familia. ¿Y por qué los hijos tendrían que amar, respetar en vida, llorar después de la muerte, a unos padres, unos parientes, hermanos, amigos cercanos que sólo se han interesado por su propio bienestar y no han hecho nada por ellos? ¡En ese momento, oh amigos míos, los amigos no existen; oh padres, los padres no existen; oh hermanos y hermanas, los hermanos y las hermanas no existen!... –Sin duda, es ese un lujo pernicioso contra el cual le permito que peroren, usted y los filósofos. ¿Pero no existe otro que se conciliaría con las costumbres, la riqueza, el bienestar, el esplendor y la fuerza de una nación?... –Puede ser. ¡Oh Ceres, pintores, poetas, estatuarios, tapices, porcelanas, y hasta esas figuras, esos magots de gusto ridículo, pueden elevarse entre tus espigas! ¡Amos de las naciones, tendedle una mano a Ceres, elevadle altares! Ceres es la madre común de todo. ¡Amos de las naciones, haced que sus campos sean fértiles. Aligerad al agricultor del peso que le aplasta! Que quien está nutriéndoos pueda vivir, que quien da leche a vuestros hijos, tenga pan, que quien los viste, no tenga que ir desnudo. La agricultura, ese es el río que fertilizará vuestros imperios. Haced que los intercambios comerciales se multipliquen de cien diversas maneras. Ya no tendréis un puñado de súbditos ricos, sino una nación rica... –Pero, dígame, ¿para qué sirve la riqueza sino para multiplicar nuestros placeres? ¿Y no son los placeres multiplicados los que dan nacimiento a todas las artes de lujo?... –Pero ese lujo será la señal de una opulencia general, y no la máscara de una miseria común. ¡Amos de las naciones, quitadle al oro su carácter representativo de todo mérito. Suprimid la venalidad de las cargas! Que quien tenga oro pueda tener palacios, jardines, cuadros, estatuas, vinos deliciosos, hermosas mujeres; pero que no pueda pretender sin mérito desempeñar ninguna función honorable en el Estado. Y así lograréis que haya ciudadanos ilustrados, súbditos virtuosos. Habéis impuesto penas a los crímenes; imponed recompensas a la virtud, y no temáis en la duración de vuestros imperios más que el lapso temporal. El destino que rige el mundo quiere que todo pase. La condición más feliz de un hombre, de un Estado, tiene un término. Todo lleva en sí un germen secreto de destrucción. La agricultura, la bienhechora agricultura, engendra el comercio, la industria y la riqueza. La riqueza engendra la población. La extrema población divide las fortunas. Las fortunas divididas restringen las ciencias y las artes a lo útil. Todo lo que no es útil es desdeñado. El tiempo es demasiado valioso como para perderlo en especulaciones ociosas. En todos aquellos lugares donde se vea un puñado de tierra recogida en el valle y transportada en un cesto de mimbre hasta la desnuda punta de una roca, y la esperanza de una espiga alimentada por la colocación de una valla, seguro que no se ven grandes edificios, que habrá pocas estatuas, pocos Orfeos y que se escucharán pocos poemas divinos... –¿Y qué me importan a mí esos monumentos fastuosos? ¿En ellos reside la felicidad? La virtud, la sabiduría, las costumbres y tradiciones, el amor de los hijos por sus padres, el amor de los padres por sus hijos, la ternura del soberano por sus súbditos, la de los súbditos por su soberano, las buenas leyes, la buena educación, el bienestar general, eso, eso es lo que yo ambiciono... –Enséñeme el país donde se goza de tales ventajas, y me iré, aunque sea China... –Pues... –Ya veo. Astucia, mala fe, ninguna gran virtud, ningún heroísmo, una multitud de pequeños vicios, hijos del espíritu económico y de la vida contenciosa. Aquí, el ministerio ocupado sin cesar en prevenir la perfidia de las estaciones; allá, el particular intentándolo todo para llenar su granero de trigo. Ninguna quimera de pundonor, confesemos que así están las cosas... –¿Dónde iré, pues? ¿Dónde encontraré un estado de felicidad constante? Aquí un lujo enmascara la miseria; allá, un lujo nacido de la abundancia no produce sino una dicha pasajera. ¿Dónde he de nacer y dónde he de vivir? ¿Dónde está la morada que pueda prometerme a mí y a mi posteridad una felicidad duradera?... –Vaya allí donde los males han llegado al extremo, porque no puede irse sino a un mejor orden de cosas. Espere a que las cosas vayan bien, y disfrute de ese momento... –¿Y mi posteridad?... –Es usted un insensato. Quiere prever demasiado el futuro. ¿Qué era usted para sus ancestros hace cuatro siglos? Nada. Mire de la misma forma a los seres por venir, que están a idéntica distancia de usted que usted de aquellos. Sea dichoso. Sus tataranietos serán lo que el destino, que dispone de todo, quiera que sean. En todo imperio, el Cielo promueve la existencia de un amo que gobierna, que enmienda y que destruye. Luego llega un descendiente que lo releva o que lo derroca. Ese es el decreto inmutable de la naturaleza. Sométase a él. 

 

 

 

 



[1] Tomado de: Denis Diderot: Sátira contra el lujo. En: Salón de 1767. Ed. A. Machado libros; colec.: La Balsa de la Medusa. Madrid. 2003.

[2] Refiere a Jean Jacques Rousseau y su concepción del buen salvaje de las tierras americanas.

[3] En el Suplemento al Viaje de Bougainville, Diderot compara a los jesuitas del 

Paraguay, que explotan a los indios, con los lacedemonios que explotaban a los ilotas.

 

lunes, 2 de mayo de 2022

 Sobre Razón de Humanidad

David De los Reyes

(UCV-UArtes)

 






 

            Raison d’Humanité es un concepto esencial para la filosofía política del siglo XXI. Es la razón moral para sugerir que la democracia liberal occidental debe ser la forma de gobierno más acorde con las necesidades del hombre en general. Esta idea, raison d´humanité, es el sustituto de la enquistada razón de Estado moderna. Pero es un concepto que está sometido a múltiples modificaciones y revisiones radicales. Y Yehezkel Dror[1] nos ha dado todo un planteamiento sobre el tema que no es posible pasar indiferente para la humanidad que estamos viviendo en estos tiempos de pandemia y de guerras genocidas. Veamos que depara este concepto.

            Esta idea viene a presentarse a partir de un sentido global de la humanidad. Esta tiene necesidades y aspiraciones que en los niveles de gobernación global debe ser planteada. Se trata de revisar ciertos principios de la filosofía política y leyes públicas (por ejemplo: el caso de países que representan una amenaza para las necesidades de los intereses globales, intereses que no sólo deben ser una aspiración sino una continua voluntad de perfección en su injerencia dentro de las políticas mundiales. Los intereses globales deben ser perfeccionados baja esa condición).

La raison d’humanité también puede esgrimirse en función de sanciones, castigos, contra los crímenes de humanidad, líderes criminales, genocidio, invasiones, guerras de corte imperialista, etc.

            Este concepto proporciona cambios dentro de la filosofía política tradicional y las leyes internacionales de confección moderna: en conceptos como soberanía, derecho a la autodeterminación de los pueblos, cuestiones internas. Todas deben ser dirigidas y reestructuradas, en tanto conjunto de normas y principios en confrontación al proyecto de la humanidad en su totalidad, en tanto conjunto de una especie en peligros constantes y en extrema debilidad en los modos de intervenir en la mejora de las condiciones aptas para la continuidad de la vida humana y en parte con miras a las generaciones futuras.

            La raison d’humanité proporciona otra perspectiva a pueblos que quieren vivir con otros valores distintos a los de la democracia liberal. El costo de la pluralidad total, entera, puede ser demasiado elevado, pues puede producir y conducir a conflictos culturales peligrosos. Deja, de todos modos, un amplio abanico para instrumentar otros valores con relación a necesarios cambios universales a futuro. Esto añade la necesidad de plantear los riesgos tanto del exceso como del defecto de la diversidad en relación con situaciones específicas.

            Hemos dicho arriba que la idea de raison d’humanité viene a suplantar al término de raison d’Etat, propio del siglo XIX y del XX, pero aún presente en nuestro siglo, para justificar políticas aplicadas internamente en las naciones y, de cara a lo exterior, en contra de otras naciones. Pero la raison d’humanité es una advertencia ante aquel. Advertencia en cuanto a los abusos hechos a pueblos y a la humanidad en general bajo ese nombre de raison d’Etat. Este término ha tomado un sentido peyorativo por usarse generalmente en forma incorrecta por los gobiernos y para justificar vilezas. Históricamente fue una idea progresista. Colocaba el deber de los gobernantes para la realización del bien común por encima de los interés dinásticos, personales, partidistas.

            Pero, teniendo esta advertencia respecto al concepto de raison d’Etat, creemos que también se debe vigilar el uso de la raison d’humanité. Ello puede implicar abusos y riesgos. Abusos porque se puede invocar este concepto para censurar y atacar a determinadas sociedades cuyo sistema de valores no sean de nuestro agrado, aunque su existencia no implica un peligro para el resto del mundo. Riesgo porque puede dar pie a una dosis excesiva de tolerancia con sistemas que, de hecho, conducen a peligrosos fanatismos, discriminaciones étnicas, etc.

            La búsqueda de perfeccionar las capacidades de gobernar implica, entre otras cosas, el que comprenda a la raison d’humanité como un criterio importante para tenerlo en cuenta en las decisiones significativas de la gobernación.

            Debe tenerse en cuanta como en los casos de la necesidad de una reducción de la tasa de natalidad (problema subyacente dentro de la filosofía política y en la teoría de la geopolítica). Planteamiento que es negado por muchas sociedades por considerarla de inmoral y contrarios a imperativos religiosos. También se alega que ello interfiere en las decisiones íntimas y personales (ante esto nos preguntamos: ¿son tomas de decisiones el factor de natalidad en el común de las parejas en los países pobres y de bajos recursos?). Y ello constituiría una flagrante manera de inmiscuirse en la independencia de los estados (volvemos a interrogarnos: ¿se puede hablar de independencia de los estados? ¿no será un concepto un poco anticuado? ¿no se tendría que hablar que la independencia de un estado está en relación directa del conocimiento de su interdependencia e interacción con los otros estados? Son conceptos que tendrán que ser revisados).

            Pero la raison d’humanité. crea un marco moral de vital importancia para los efectos de una gobernación global. En el sentido que se deberán estimular las políticas donde la mayoría considere esencial para la supervivencia de la humanidad, aun cuando una minoría considere contradictoria con sus valores básicos.

                        Para implementar esta idea se requiere de nuevas instituciones y formas legítimas de gobernación. El concepto de raison d’humanité es una búsqueda y planteamiento que aspira a una mayor equidad global. Este es su problema mayor y central. Lo cual implica replantearse nuevamente la moralidad desde una óptica renovada, donde el pensamiento tome en cuenta esta condición e intentar su perfeccionamiento en la aplicación.

            La raison d’humanité sufrirá modificaciones como planteamiento por estar sujeto a ver cuáles serán los cambios tecnológicos y científicos que aguardan en el futuro a la humanidad. Tecnología y ciencia tendrán un impacto sustancial no sólo en los modos de vida práctica sino también en los valores morales. De hecho, la raison d’humanité está orientada a sopesar más las consecuencias que las intenciones de la ciencia y la tecnología. Cualquier sentido que asuma la moral como el de “estar dispuesto a morir por los valores profesados”, debe ser revisado y mediados por el espíritu de la idea de raison d’humanité Es esencial para la ética la diferencia entre intención y consecuencia. La intencionalidad no puede permanecer en tener buenas intenciones cuando se trata de actos que pueden implicar un impacto significativo en el conjunto de los seres humanos. De ahí que se deba distinguir en la necesidad de separar los derechos y valores aplicados a los individuos y aquellos otros aplicados a grupos. Los aplicados a los individuos son la declaración universal de los Derechos Humanos. Los de grupos son: i.- Convención de las Naciones Unidas sobre comercio internacional de especies en peligro, guerras biológicas o genocidas, xenófobas o colonialistas, etc.; ii.- Convención de las Naciones Unidas sobre cambios climáticos; iii.- acuerdo internacional sobre la Selva Tropical; iv.- la Ley del Mar, sus recursos y contaminación; v.- acuerdos, ya olvidados, de la Cumbre de Río, etc. Por otra parte, está el peligro de la desaparición de 6000 lenguas, que es el número de las habladas hoy día en todo el globo y que tienden a desaparecer en los próximos 100 años.

            ¿Cuáles son los temas donde puede haber un difícil consenso?

            i.- En la experimentación genética con seres humanos y la inversión en proyectos científicos muy costosos que puedan ser un beneficio a futuro para la humanidad en tanto especie pero que no tienen un mayor beneficio a corto plazo.

            ii.- Exigir formar hombres morales con miras a un ciudadano nacional y global, en su condición de individuos y en cómo hacerlo.

            iii.- Los trabajos en nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, etc. que pueden tener un doble sentido, pueden beneficiar como llegar a desarrollar desastrosas armas puestas en manos de fanáticos o de proporcionar técnicas baratas y seguras para limpiar la biosfera, entre otras.

            iv.- La cuestión de los derechos de los animales, ejemplo donde las diferencias de opinión nos llevan a observar las dificultades de aplicar la raison d’humanité

            v.- ¿Cuáles son los sustitutos -si es que alguno es necesario- para desempeñar las funciones que tuvo la guerra en el pasado y que pueden continuar siendo importantes para el progreso de la humanidad en el futuro?

            vi.- Relación entre sobre desarrollo y sus cuotas de polución (caso de China y EU, por decir sólo dos). Ello hace que sea imposible que todas las naciones en vías de crecimiento lleguen a poseer el mismo o igual nivel de vida equivalente en un futuro.  Se propone el de crear esferas globales, donde el conjunto de los seres humanos participe sobre bases igualitarias, en la medida en que se asegure un nivel mínimo de desarrollo humano para todos, “dentro de un multidimensional entendimiento de desigualdad”.

            El discurso moral contemporáneo tiende a descuidar los temas de la equidad global, donde se le plantea un desafío a partir de proposiciones como la de raison d’humanité

            Hay la necesidad de avisar la importancia no sólo de la aplicación de los Derechos Humanos sino también la noción de Responsabilidad Humana, traduciéndola bajo la mirada de principios operativos, en referencia de la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás, o de las relaciones entre responsabilidad y límites comunitarios y otras cuestiones más.

            Suponiendo de un ambiente ideal donde todas las culturas políticas del mundo aceptasen la idea de raison d’humanité i.- se mantendría un amplio sentido de solidaridad humana y expuesta a promoverla por encima de otras consideraciones y deseos. ii.- que la gobernación está reacondicionada y comprometida para servir a la raison d’humanité y iii.- disfruta del consenso universal y controla enormes recursos y actúa de forma optimista con vistas al futuro. Si se dieran esas condiciones ¿En qué se perfila esta nombrada raison d’humanité?

            Ella incluiría la prevención de una guerra nuclear de proporciones y el agotamiento de recursos irremplazables, vitales para la supervivencia humana.

            Implicaría, en forma creciente, un desarrollo humano que garantizara una vida digna para una creciente proporción de la humanidad. Aunque en esto el concepto muestra ser bastante polémico, relativo y hasta carente de significación. Existe un vacío en sus posibilidades de protegerse del mal y expandir el bien. Por ej. en el caso de ¿la creación genéticamente manipulada de una especie humana modificada (que se espera superior) es un peligro que debe evitarse o algo en extremo deseable como la única posibilidad de superar las limitaciones de la humanidad actual?

            Otro concepto que resulta irritante ante el de raison d’humanité es el de desarrollo sostenido (esgrimido por 1º vez en 1972 en la Conferencia de Estocolmo sobre el Ambiente por Barbara Ward en su informe: Our Common Future), donde se pone en evidencia la idea de progreso y se hace perder el significado que tradicionalmente se le venía dando desde el siglo XVIII. De esta manera se plantea que el término sostenible si bien se puede aplicar a ciertas áreas y recursos como selvas, abastecimientos de agua, etc., no se le puede aplicar al desarrollo en su totalidad. La idea de desarrollo se mantendría siempre y cuando no ponga en juego la capacidad de vida de las futuras generaciones para hacer frente a sus propias necesidades. El problema da lugar a redefinir el término de necesidad., “dado que el concepto es cultural y no tiene significado intrínseco, una vez que los requisitos biológicos han sido satisfechos” (Dror:1995:67). Se pone en duda si es necesario preguntarse sobre los requisitos biológicos necesarios para la preservación de las generaciones futuras. De esta forma la fórmula de desarrollo sostenido vendría a tener la significación del desarrollo que asegura la satisfacción de potenciales necesidades futuras, aunque eso signifique de alguna forma sacrificar las necesidades del presente.

            Entre las falacias que se barajan en esta propuesta es que se puede mantener un desarrollo humano sin que sea un proceso de sobresaltos. Se plantea entonces si la raison d’humanité deba ser contraria al riesgo o deba ser más aventurera. y estar dispuesta a correrlos, “con vistas a buscar un futuro mejor dentro de los parámetros parcialmente desconocidos”, juicio subyacente en muchas de las decisiones políticas.

            Entre los cuestionamientos al desarrollo sostenido nos encontramos que si este se hubiera aceptado en el pasado se habría congelado el progreso humano en alguna de sus fases que, según los actuales estándares, sería inaceptable para muchos. Pero ocurre que las aventuras humanas ahora son más arriesgadas y que, por tanto, necesitan una limitación. Lo que no puede perseguirse en alcanzar un estado estable o un supuesto equilibrio de la humanidad, que más que una certeza o una fase temporal vendría a derrumbarse por la energía y la dinámica que caracterizan a la historia de la humanidad. De ahí que deba parcializarse el uso del término desarrollo sostenido. Ella sólo puede aplicarse en determinados proyectos o recursos particulares, pero no al desarrollo como un todo. Tal concepción es más que estática, y supone que cualquier línea dada de desarrollo seguida ahora va a ser sostenida a la larga, no se visualiza que la humanidad se mueve a través de dimensiones cambiantes de desarrollo y ninguna puede ser sostenida por mucho tiempo; el desarrollo humano implica intrínsecamente el constante cambio y no el sostenimiento, sino entramos en el estancamiento y la extinción por otras vías.e La propuesta es de cambiar los términos, en vez de desarrollo sostenido usar el principio de un desarrollo económico que evita catástrofes, lo cual será más conveniente para la raison d’humanité con la cláusula de proporcionar un estimulante potencial evolucionista para las futuras generaciones (Dror: 1995:168).

            Todas estas variables deben ser discutidas con relación a lo que debamos entender y definir por raison d’humanité. No hay respuestas conclusivas pues estas cuestiones abarcan valores e incertidumbres. Pero su debate de darnos un piso de moralidad a la gobernación, siendo una tarea donde están presentes procesos y agentes sociales: intelectuales líderes, espirituales, religiosos, filósofos políticos, artistas, científicos y profesionales, comunidades, foros éticos e ideológicos y grupos humanos con inquietudes. Se deberá reclamar la atención del pueblo a través de los medios de comunicación y las organizaciones de base.

            Aquí también deben entrar las principales religiones del mundo que deberían ayudar, definir y divulgar el concepto de raison d’humanité. Hacer un llamamiento a la solidaridad humana.

Será importante de afinar y desarrollar las formulaciones que deberían ser los imperativos categóricos para la humanidad. Tal normativa debería ser impuesta a Estados y gobernantes. Ellas incluirían la prohibición absoluta de genocidios, crímenes de magnitud equivalente contra la humanidad y diversas actividades que pongan en peligro la supervivencia humana. Tales imperativos deberían ser parte de todo derecho penal y civil internacional e impuestos en forma estricta. “Debería dárseles prioridad sobre la soberanía nacional, la no intervención en asuntos domésticos y otros anticuados principios similares del derecho civil internacional” (Dror:1995:169). Se deberá intentar pasar del tribalismo xenófobo al globalismo cooperativo, incentivando sentimiento de solidaridad y, con ello, cambios de conciencia. La independencia individual dentro de una sociedad debe conjugarse con un sentimiento de pertenencia al conjunto humano en tanto especie, ello con el fin de asegurar la supervivencia de la humanidad; esto último deberá ser un imperativo ético.

            El rediseño de la gobernación deberá tener siempre presente las posibles vías para lograr cambios en la cultura política para estimular la raison d’humanité. Ante ello debería preverse cuáles posiciones se pueden adoptar respecto al curso de la posible evolución de la humanidad. El enfoque más cuestionado sería el de sostener que la historia está determinada por principios teleológicos que la acomodan a ellos. Hay que decir que lo que “tiene y debe suceder para asegurar la supervivencia humana sucederá de cualquier manera” no tiene ninguna base histórica Y ello también tanto para posturas religiosas como filosóficas a la manera del sentido de la sagacidad de la historia esgrimido por Hegel o, en otros términos, por Marx, los cuales estaban seguros de lo que consideramos mutaciones necesarias en la historia, van a de hecho ocurrir. Posturas que no son más que un acto de fe, propias de un determinismo cientificista dieciochesco y sin el beneficio de la revelación.

            Otra posible postura es poner las esperanzas en las organizaciones de base. Se piensa que las transformaciones humanas crecerán desde raíces fecundas y dirigidas por profetas, líderes carismáticos, intelectuales, jóvenes, etc. Si bien, como demuestra la historia de las religiones, esto ha sido siempre fuente de cambios radicales en la historia de la humanidad, no quiere ello decir que tales cambios vayan en sentido correcto a la supervivencia de la humanidad. Aunque no es imposible que se desarrolle por esta vía una Revolución de la Consciencia Humana. También ideologías perversas han aparecido por la misma vía (nada ver la creciente xenofobia que se expande por toda Europa, en América, como el fanatismo étnico en Yugoslavia, Rusia, o cultos destructivos tipo secta Satánica, nazismo, desarrollismo, fundamentalismo, sin dejar de lado la invasión colonial genocida de Rusia sobre Ucrania en estos momentos del 2022, etc.).

            Un tercer enfoque será para Dror el de comprometerse con un diseño de un modelo cultural y con la forja de almas, a través de una acción premeditada, guiada por vanguardias (en plural para significar múltiples aperturas respecto a ello), en parte a través de la gobernación. Vanguardias significan aquí élites de avanzada abiertas al pluralismo, y que eviten la arrogancia y se sientan comprometidas y subordinadas a la democracia.

            También se puede pecar de confiar en una especie de deus ex machina: “predicar recomendaciones basadas en la existencia -o al menos la posibilidad de existencia- de una vanguardia democrática influyente comprometida con una progresista raison d’humanité. Elementos de vanguardia existen ya como en las ONG, que constituyen redes globales en aumento y proporcionan un foco de expansión y desarrollo” (Dror: 1995:172)., orientadas a una raison d’humanité. Para ello nos propone dos condiciones:

·     Se deberá desarrollar unos imperativos categóricos para la humanidad, que serán adoptados como una dimensión legal de la raison d’humanité, y ser estrictamente impuestos por el derecho civil y penal internacional.

·     Necesidad de reconocer la creación de redes internacionales de vanguardia comprometidas con la raison d’humanité, que trabajen en función de cambiar la cultura política y en consonancia con ello, la gobernación democrática. Estimular su creación depende también de crear élites de gobernación en función de estos principios, como defensores de todas las características que envuelven a el ejercicio de la raison d’Humanité.

            El problema que se añade a todo esto es el que la gobernación democrática es poco lo que puede hacer por divulgar y estimular la raison d’humanité si las políticas culturales se resisten. Para empezar, se requeriría que los países desarrollados transfieran recursos substanciales a los pobres y estén dispuestos a absorber un buen número de emigrantes y por ello se presente una situación donde las culturas políticas de las democracias occidentales impidan a los gobiernos actuar en consonancia. Aunque tales demandas tengan una razón geoestratégica para sus países a largo plazo.

            ¿Cuáles son las reformas necesarias para que la gobernación sirva a la raison d’humanité?

            Deben ser implementadas las capacidades políticas y culturales, educativas y técnicas en las gobernaciones para marchar cónsonas con este principio. La voluntad política y el poder deben ser cristalizados para actuar conjugadas con la raison d’humanité “La raison d’humanité debe convertirse en preocupación y compromiso prioritario de los principales cerebros de la gobernación en todos los niveles” (ídem). Ello debe inspirar y dar paso a la creación de un sistema global de gobernación que esté puesto al servicio de la raison d’humanité.

             Aparte la necesidad de moralizar la gobernación y servir a la raison d’humanité. Donde las élites se conduzcan atendiendo a la ética. Tema que nos conduce a las virtudes y los vicios de los políticos, altos funcionarios y asesores administrativos.

            Hay que aclara que muchos de los asuntos éticos involucrados a la raison d’humanité son con frecuencia más agudos en el interior de cada país que en el escenario global. Como el ejemplo de las rentas, sus diferencias en muchos países suelen ser enormes; aún más entre un país y otro. La raison d’humanité insta a lograr una mayor equidad tanto en el interior de los países independiente de las quejas y energías gastadas por las desigualdades globales, en vez de remediar las propias extremas injusticias dentro de nuestras propias sociedades.

Con estas ideas de Yehezkel Dror hemos querido recordar uno de los textos más interesantes de la década de los años noventa del siglo pasado y que plantearon nuevos conceptos en el ámbito de la política global y regional para principios de este siglo. Donde la raison d´humanité vendría a desplegar un amplio campo de valores que pudieran volver a renovar la idea de una democracia pluralista y representativa, con un tinte global, a la par de una conservación de la especie humana por encima de las xenofobias, la destrucción ecocida, los fundamentalismo terroristas, los regímenes totalitarios escondidos bajo la bandera de un socialismo con rostro de genocida, que juegan a  prodigar una democracia popular donde la pobreza y la represión generalizada, la involución y miseria extendida, junta la conculcación de las libertades individuales son su razón de un Estado mordaza perpetuo se convierten en lo contrario al sentido de una gobernanza para equidad y la armonía social. Nos encontramos en un mundo que presenta un desencanto de los políticos y su hacer política. Donde se han alejado de su representatividad pública real, resguardándose las espaldas y ocultar su rostro entre los canales de las redes sociales y haciendo una alejada práctica de política pública virtual. Ante esta situación casi global, no queda sino releer lo que este pensador político desde hace tiempo proclamo como un principio a considerar. Principio que volvía a tener sentido para la consciencia global a favor de defender una ciudadanía humana ampliada. De una raison d´humanité como complemento declarativo contra los consabidos y soterrados derechos humanos por todos los poderes que sobrepasan el derecho internacional y justifican sus acciones como una necesidad vital. De una expansión económica u territorial, que no es otra expansión que la propia del capital rapaz y de grupos monopolistas transnacionales que juegan con la vida de los humanos a costa de pinches ganancias. Es la política de una raison d´humanité contra una razón instrumental economicista y fratricida de esa misma humanidad.

A estas alturas de mi discurso usted sabe de qué lado debe jugar…

 

 

 



[1] Estas reflexiones sobre las propuestas de Dror surgen de su libro La Capacidad de Gobernar, 1995. Ed. F.C.E., México.

 

domingo, 13 de marzo de 2022

 Fe y fanatismo político

o la mirada del escéptico

David De los Reyes

Rechazo global
Foto DDLR2022. Manifestación en la Plaza Cataluña. Barcelona, España



Nuestro mundo de comunicaciones a tiempo real y de algoritmos, vuelve a un sentido de mentalidad medieval de fe y fanatismo. Ya lo vaticinaba Umberto Eco hace unas cuantas décadas atrás. Se nos tiene acostumbrado escuchar el echar la culpa de los desmanes del fanatismo y la fe a las religiones, cosa que puede ser evidente. Pero nuestro mundo reluciente de redes y digitalidades inmersas en un mar electrónico, crece en él un perpetuo transitar temporal a través de una mentalidad común centrada en la fe y del fanatismo.
Bien se dice, para aquellos que no se han podido nutrir de un mínimo de escepticismo y conciencia crítica, que la fe no necesita pruebas, pues le vasta la voluntad, la gracia, el misterio y la confianza. Esta última pareciera establecerse de forma fehaciente en todos los mundos alimentados por las emanaciones iconológicas de las pantallas planas. Una confianza en que todo lo que aparece tiene realidad. Una conciencia universal de creencias en perpetuo crecimiento. Una creencia en todo lo que fluye y va construyendo un espacio que cubre toda nuestra subjetividad; reduciendo nuestra reflexión por el impacto de la neurótica información, independientemente del grado de realidad de experiencias compartidas vividas.
La fe siempre tuvo y tiene su antídoto en la duda. Son extremos que se niegan uno al otro. Si creemos no dudamos, y aceptamos lo dado por concluido y por siempre, es el “así lo quiso -¡y quiere!- dios (o la virgen y todo el resto de la zoología fantástica religiosa e ideológica). Con la duda, pues no se llega a esencias absolutas, a una meta terminal, sino a un perpetuo abrirse a un camino que hay que, primero, transitar; el escéptico observa e indaga, y a toda afirmación coloca su contrapartida, es decir, una contraposición, para mostrar que tanto una, como la otra, no llega a nada definitivo, o mejor dicho, no posee una verdad indiscutible; para este ensayador de mundos posibles solo hay probabilidades más no conclusiones absolutas: conjeturas y refutaciones, ya decía Popper. Los escépticos pirrónicos aceptaban la imperturbabilidad (la ataraxia) y la suspensión del juicio (la epojé). La serenidad ante el maremágnum de la confusión del mundo mental humano y de los fanáticos en verdades eternas o en ideologías del presente y futuras.
Las doctrinas católica, coránica o judaica y demás tribus numinosas, han sido siempre coherentes en todo esto; mantienen su débil poder en la ignorancia al referir que la fe otorga una garantía de realidades invisibles, mistéricas, que no se ven, relacionándolo con la obediencia “ciega” (nunca mejor usado este adjetivo). Y ello hace que se someta inteligencia, libertad y voluntad al dictamen del tótem monosilábico del dios uno (o de varios…) con el añadido del doloroso pecado o culpa. Un ejemplo contundente sería la acción llevada a cabo por el delirante Abraham, al solicitar que sacrifique su hijo por una voz del más allá…la religión como renuncia, no como liberación o, en otras palabras, como una entrega incondicionada.
Pero el fanatismo y la fe no se queda en las constelaciones de los dogmas religiosos. Los Pudiéramos decir, con una palabra muy religiosa, trasciende a ese redil. dogmas políticos tienen larga vida. El marketing político se ha dado cuenta de los beneficios que la fe, los dogmas y las conductas fanáticas aportan ante las masas como método de control. La otra fe “ciega” es la que se ha construido hoy en relación con las ideologías salvíficas, con mirada a un futuro provisorio (que siempre termina siendo peor que el presente; llámese socialista o comunista) o de una repartición de los panes gracias a la oferta y la demanda del mercado (como si el tinglado de la tierra vendría a proveer infinitamente materiales para nuestro consumismo adictivo; llámese neoliberalismo o capitalismo salvaje, el comunismo y socialismo también comparte esta “explotación”). Ambos tienen tics similares… terminan creando una suerte de prohombre fanático. Sea por ignorancia o por intereses oscuros. El fanático no sabe salir del “templo” (Fanum; se siente cómodo dentro de él, le han dado todas las respuestas de su vacía existencia y no tiene que esforzarse en atreverse a pensar por sí mismo; fuera el “sapere aude” kantiano). Es otro espécimen con diferentes colores de cueros mentales. Su delirio se lo come y lo lleva a aniquilar a los que no piensen como el rebaño al que pertenece. Lo hemos visto en los asaltos terroristas de la yihad coránica, pero continua también en el fanatismo político que quiere ampliar territorios invadiendo otros países por la fuerza, la destrucción, la coacción y el miedo en función de su explotación colonial o imperial. Desde nuestra óptica la guerra que padece una parte de nuestro mundo no es sino producto de una personalidad delirante e irracional, pura voluntad de poder ególatra encarnada. Se sienten posesionados de una única verdad. Vivimos en un mundo que alberga el humus suficiente para que surja la figura del tirano por doquier, casi como hongos. Estas mentalidades de la aniquilación del otro no dudan, tampoco pueden comprender la salutífera actitud del ejercicio del dudar y de asumir las circunstancias para mejorarlas por medio del consenso democrático. El fanatismo que hemos encontrado en el cerco asesino que se extiende por Ucrania, se adhiere a una postura que no puede exhibir una prueba indiscutible de justificación, y tampoco llega a entablar una negociación sometiéndose a una discusión libre entre las partes.
Fe y fanatismo es la mentalidad que cunde entre ciertos líderes histriónicos y absolutistas en pleno siglo XXI. Personalidades que se atienen a una irreflexiva i-que verdad (sea histórica, providencial, de raza, de herencia o lo que la justifique), que le llama - ¡escucha una voz invisible! - a una fe de ambición de poder en la acción criminal en que descalifica y destruye al que en su imaginación es la “bestia”, el otro.
A diferencia del escéptico y su imperturbabilidad y su falta de acción por la eterna duda, y que está en la acera contraria, el fanático es impulsado por su propia morbosidad, no se hace preguntas, siempre se siente que está en lo cierto, y sólo sabe dar -¡más no escuchar a los otros!-, respuestas. En el fanatismo religioso y político observamos ciertas identidades comunes, no hay tonos grises, no se aceptan relativismos ni espacio para el error y la duda. Sus objetivos son aceptados desde una claridad contumaz, en que más que irracionalidad se vale de una racionalidad instrumental para llevar a cabo sus fines delirantes y criminales, como han sido la mayoría de los hechos que han acontecido en el río de la historia humana. Un fervor, un afán ciego, una intolerancia a la escucha y al diálogo al exponer sus razones, una pasión funesta y de impotente, que se nutre de ideas supersticiosas que terminan resultando de una intensa injusticia y crueldad que recae, sobre todo, en los ciudadanos desarmados. Vivimos en un planeta que se nos ha hecho cada vez más chico. Al que se adhiere un velo de ignorante fe y fanatismo compulsivo, bien religioso, bien político, donde muchos políticos y colectividades idiotizadas del presente nos muestran una intensa sordera, no saben o ya no pueden escuchar, se les ha atrofiado el sentido para oír la voz real del clamor de la humanidad presente. Sólo aceptan escuchar sus cacofónicas y estentóreas ideas criminales irremediablemente acompañadas de ambición y sometimiento, de una falsa grandeza épica, sin apertura a la duda cuestionadora y crítica y un posible consenso mutuo.

martes, 1 de febrero de 2022

 El diálogo sagrado y profano

entre el cine y la teología*

David De los Reyes

(UArtes)

Imagen: Alfombra de Hojaldre Vegetal
DDLR2022 - Guayaquil

“El alma está cansada de esta cáscara sólida”

 Andréi Tarkovsky


Introducción

En el arte, y no menos en el cine, intervienen todos los elementos condicionantes espirituales de su tiempo. Lo sagrado y lo profano son dos conceptos que se complementan más que oponerse. Y ambos campos se juegan fácilmente en la estética cinematográfica desde sus orígenes. A veces, esta dupla conceptual, para utilizar el adjetivo de Roland Barthes al referirse al tercer sentido del cine, más allá de lo mero informativo y simbólico que nos muestra, se nos presenta en una dimensión obtusa, indirecta, referente al reino de lo emocional. Una dimensión que trasciende, sin condicionarse por la linealidad de lo narrado, a través de la sucesión de las imágenes en su devenir, referida al instante del presente, a un pasado próximo en el que se presenta una acción sacrificial (sagrada, del homo sacer), junto a lo que está fuera del templo pro-fanus (fanus: templo). Es decir, a ese momento referido a aquellos que son ignorantes o están fuera de la influencia ideológico/religioso de la palabra o el rito de consagrarse a lo divino. En el cine, en relación con lo teológico, se da constantemente este diálogo, pero con diferentes registros que anteponen, sobreponen, y sugieren esta doble condición de la experiencia humana: la que se vive dentro del templo sacro, dedicado a una deidad y aquella otra realidad que esta fuera del templo o de la conciencia de lo divino, con la que se juega el mundo cotidiano de la necesidad y la supervivencia animal y social. Mostrándonos, una vez más, la afirmación de Ortega y Gasset en torno al arte y su siempre disposición a presentar un problema, o mostrar un enigma, más que dar una solución a la condición humana.

Ambas realidades, la de lo sacro y la de lo profano, tienen su devenir dialéctico implícito de negación que los reafirma, a cada uno en la estela intelectual que afecta en el horizonte de la emoción y a la compresión humana. Lo sagrado y lo profano se dan cita para vincular lo teológico y lo cinematográfico.

La técnica y el arte del cine ha dado respuesta a un anhelo que el hombre ha deseado por siglos en su inconsciente y en sus dispositivos artísticos. Lo visual representado que se nutre no desde el estatismo pictórico o escultórico, sino del signo rítmico musical icónico de delinear, abstractamente, el reflejo de todo lo viviente que es la persistente movilidad y cambio.

No es casual que,  en la pintura rupestre, desde hace más de veinte mil años, ya estaba presente la necesidad de representar los eventos importantes para la imago mentis, como es la del homo venator, es decir, el hombre cazador, en relación con las acciones requeridas para esa faena, que representaba una técnica imprescindible para la vida primitiva de la etnia familiar. Ello nos lleva a abordar una óptica crítica, que nos dice que no hay valores plásticos absolutos, no hay un ejercicio sólo de la retina. Toda representación artística, y la cinematografía siempre, nos delata su pertenencia a un estilo que nos lleva a comprender, en este terreno del hacer poético, que los valores siempre serán relativos, pues todo estilo o intención de la pulsión artística se expresa en un eco persistente, en tanto fruto de un sistema humano de convenciones existentes temporales. Entre el cine y la teología, aunque esta siempre se nos quiera mostrar sustentada por los dogmas absolutos y eternos, al ser presentados en el movimiento cinético, se logra comprender su condición parcial y relativa, propia de todo arte. Cualquier filme que aborde el tema religioso siempre se acompañará de un determinado repertorio de valores estéticos sobre el gusto de la sensibilidad epocal que, al presentarse, estará negando o renunciando a otro posible.

Lo teológico al juntarse con este arte del movimiento esculpido en el tiempo cinematográfico, se adentra de evocaciones y referencias nunca soñadas ni imaginadas por todo el arte religioso anterior (aunque se sigue nutriendo parasitariamente de imágenes del pasado, que forman parte de la mentalidad religiosa del hombre en el presente histórico). El cine ha prodigado la presencia iconológica e iconográfica de una supuesta imagen del Invisible, del Creador, del Innombrable, del Alfarero, del Maestro, del Supremo, del Alfa y Omega, o de la Presencia invisible.

Si en los textos antiguos de la biblia se repite la palabra dios alrededor de unas 7000 veces [1], hoy el cine lo ha nombrado y representado, directamente o indirectamente, exponencialmente no sólo su nombre, sino su presencia simbólica en infinidad de casos cinematográficos que, gracias a la mentira de la ilusión artística, el artificio pareciera convertirse en una realidad verdadera permanente.

 

Origen de un término

Notando la etimología de la palabra cine vemos que es un término que procede de haber sido acuñado por la cultura francesa, pues es ahí donde se origina este arte con los hermanos Lumière en 1895.

Cine surge de cinématographie¸ a partir de dos palabras griegas, Kinein, que es movimiento, y graphein¸ que es grabado en un sentido amplio, pues puede aplicarse a lo impreso, y a los usos de la grabación musical o de video. De igual manera, Kíneca, es la raíz griega de cinemática, que está compuesta por kínema  y el sufijo -ico, que da sentido de pertenencia: permanencia o dominio del movimiento. También la palabra cinestesia, que se refiere a kínema  y aesthesis, en tanto sensaciones; cinestesia vendrá a ser referido a las sensaciones en movimiento. Conceptos que están incluidos como elementos componentes de este arte del instante icónico en una sucesión estética limitada.

Por otra parte, Graphein, en griego tiene relación con fotografía [2], que procede de photo -y­- graphíaFoto deriva de la palabra griega phosphotos, que significa luz, de luz. Lo cual puede entenderse como grabar, representación, o escritura o cualquier otro medio que pretende reproducir algo independientemente de su existencia física en tanto cosa real.  Decantando así en el término que referirá en el momento de su aparición, a las reproducciones de imágenes mediante el manejo de unas reacciones químicas a la luz y fijadas en un medio espacial bidimensional (fenómeno potenciado por la entrada del campo de lo virtual y digital)). De todas formas, podemos recordar la conocida frase de Edgar Morín respecto a la fotografía, que según este pensador se encuentra cargada de subjetividad. ¿Y buena parte, sino en su totalidad, del cine no es también así? Los iniciadores franceses del siglo XIX lo confirman con sus creaciones primitivas.

Sabido es que partir de los referidos hermanos Lumiére comenzó el 7mo Arte. El cual su primera cinta fue la grabación de un grupo de obreros saliendo de una fábrica. Apostando que podía ser un negocio rentable llegaron a hacer más de 500 pequeños cortos referidos todos a la vida cotidiana del momento.

Su inventó impactó de tal manera, debido a la necesidad de distracción que requerían las masas de personas que habitaban en las ciudades. Quien encontró la posibilidad de emplear por primera vez esta técnica como espectáculo, como bien se sabe, sería otro francés, Georges Méliès. En 1902 hizo su primera cinta, “Viaje a la Luna”, tomando a la novela homónima de Julio Verne, que sería también vuelto a utilizar con otra novela en su filme de 1904, “Viaje a través de lo imposible”. A Hollywood llegaría a 1911, al fundarse el primer estudio de cine en esa ciudad.  

Los hermanos Lumiére y Méliès desarrollaron dos vertientes de las posibilidades fílmicas del arte cinematográfico. El primero, quería filmar la realidad del presente, quizás por toda la influencia del realismo en el arte francés. Méliès vendría a utilizar la imagen como prestidigitador cinematográfico (era un mago de hacer aparecer y desaparecer, evocar e invocar, imaginar y fantasear con los contenidos representados en sus creaciones).

El cine vino a construir un lenguaje propio donde se darán cabida a todos los elementos que componen la cultura humana. Una metáfora visual que nos presenta un sistema de símbolos y representaciones que dan formas de vida, manifestaciones rituales, evocaciones transcendentales y espirituales, pertinencia mitológica del pasado y del presente. También es causa de una jerarquía simbólica que da pie a presentar aspectos de lo profano y lo sagrado, lo histórico, así como de las especulaciones y creencias en relación con alguna divinidad. Pudiendo insertar, no menos en su narrativa iconológica, actividades recreativas y miméticas a los públicos expuestos a este dispositivo a veces con fines claramente artísticos, siempre políticos y, la mayor de las veces, comerciales.

 

Theos y Kinos

Advertido esto, lo religioso, a través de sus establecimientos institucionales o sectarios, conformará contenidos que se exponen al espectador de forma consciente o inconsciente en este arte del tiempo y del ritmo propio de una musicalidad iconológica. Significaciones sugerentes, intencionales o retóricas donde las actitudes de la devoción o de la mística convergen en un entramado del cohabitar bajo un sentido de mundo elegido o impuesto.

El tema de la relación entre teología y cine tiene larga data. La teología cristiana siempre ha mantenido una relación con el arte para la divulgación, propagación y publicidad del credo en todos sus aspectos. Arte y teología tienen una estrechísima relación desde hace siglos, quizá desde el mismo momento que se quiso atar fieles a sus dogmas o éticas por medio de símbolos (como el de la cruz o el del pez) o alocuciones públicas (como la oración y la misa pública). Y a partir del siglo XX, con su recurrente relación con el cine.

Como nuevo arte moderno, facilitó múltiples posibilidades de efectos y afectos artísticos y doctrinales, que hasta ahora no ha sido una presencia marginal. Por el contrario, ha devenido en un crecimiento constante de temáticas y referencias, en la medida que para el hombre de a pie ha perdido el sentido de la vida y la espiritualidad en las sociedades materialistas y consumistas, en la búsqueda de un mensaje divino a través de los elementos evocativos del arte.

El vínculo cine y teología, como vemos, viene de muy atrás, desde sus inicios, desde que se vio a este medio técnico-mecánico cinematográfico, como un gran influenciador en las mentes de los individuos.  Sin embargo, lo teológico en el cine ha sido introducido por muchos cineastas que no tienen precisamente una cercanía directa y militante con las religiones institucionales. Surge, más bien, como un recurso narrativo cinematográfico de un fenómeno netamente humano. Un fenómeno que siempre llama a ser tomado en cuenta por todos los elementos y acciones controversiales y polémicas, dialécticas e ideológicas. Un espacio artificial e ilusorio que se conjuga en torno a los dogmas, o a las autoridades religiosas y al sentido (muchas veces absurdo y mecánico) de las prácticas repetidas o rituales religiosos en torno a un tótem venerado.

Cineastas como Angelopoulus, Tarkovsky, Buñuel, Lars von Trier, Kiewslovski, Woody Allen, para nombrar sólo algunos de pasadas, sin tocar al comprometido director italiano Ermano Olmi y su serie de filmes relacionados con el tema [3]. Todos nos lo han mostrado de forma recurrente. En muchas de sus cintas fílmicas de estos autores-directores está presente la sensibilidad, la espiritualidad, el interrogante moral y la ética judeocristiana de forma abierta (bíblica, moral, eclesiológica, mística, utópica, etc.) o sesgada dentro de la acción fílmica.

Otras perspectivas más actuales de la presencia de lo teológico iconográfico y su interrogación, sería el cine que hace el gentil, heideggeriano y silencioso teólogo Terrence Malick [4], y en especial en su última obra: “Una vida oculta” (2019). O en las incursiones dentro del legendario filme trilogía de “El Padrino” (1972-1990), de Francis Ford Coppola, sin dejar de percibir, por ejemplo, el tema dentro del platonismo fílmico de “The Matrix” de Lilly y Lana Wachonwski, (1992). Los ejemplos pueden ser múltiples, y más si relacionamos  simbólicamente el vínculo entre situaciones alusivas a la idea de dios de forma indirecta  a través de sucesivas imágenes icónico-simbólicas: la construcción del  infinito, el cielo, el mar, un camino, un río, la escalera, un árbol, el cementerio, un puente, el horizonte,  una toma en vertical, un tema musical religioso (cantos gregorianos, música de Bach, etc.), el uso de los colores (blanco o azul, para evocar pureza y al mundo celeste), el rostro en tanto reflejo de las emociones y del alma, una voz en off, donde podemos notar la sugerencia teológica de forma extensa y diversa, dependiendo del tono y ritmo iconológico de la obra cinematográfica.

 

Una mirada a lo religioso cinematográfico

Personalmente no es un tema que me apasiona, pues mi escepticismo filosófico y visceral secular no acompaña a ninguna postura de lo teologal o clerical. Sin embargo, una lectura más cercana a la relación de la teología como inspiradora de argumentos y tramas cinematográficas nunca deja de ser pertinente para conocer el uso de la interrogación y de la duda humana en torno a la idea mítica y antropológica de la invención de dios y sus supuestos mensajes dados,  o a las relaciones y estrategias técnicas que se han construido para presentar lo religioso cercanas a una ideología de la evangelización y una poetización mística y mistérica de la vida religiosa. A veces fijado en un marco cerrado doctrinal, otras a través de una ventana abierta de imágenes poéticas-evocadoras.

Los usos del material teológico en el cine no han pasado inadvertidos para los talladores del tiempo cinematográfico en todas sus vertientes, desde lo comercial hasta lo educativo doctrinal político y religioso, o también a partir de las sugerencias poéticas de la mística cristiana o de otras religiones (budismo, islamismo, judaísmo etc.). Un balcón teologal donde se nos han presentado diversidad de dilemas vitales y éticos que han estado presentes, de forma trágica o profana, cómica o sarcástica, directa o indirectamente, en el obstaculizado andar de la historia del hombre.

¿Cuáles han sido los temas que se nos presentan en esta relación theologoskineticos? Lo cinematográfico, que está más allá de lo llamado como  cine,  han ahondado en los temas en relación al dogma y su falibilidad en la vida de  forma crítica o sólo descriptivas, a la miseria humana, a la ausencia y presencia de la imagen mítica y del arquetipo de dios, sus  construcciones fundamentalistas, la radicalidad de ortodoxias, en la presencia de nuevas idolatrías, junto con la hiper presencia en tanto esperanza (de una espera que nunca llega, y que nos lleva a recordar la obra de Samuel Becket “Esperando a Godot”, donde también está presente lo teológico desde su mirada absurda y de la auténtica marginalidad: la de un ser evocado que se espera pero que nunca llega), y sus relaciones con los sentidos del bien y del mal, lo divino y lo diabólico, ambos, a la final, pertenecientes, dentro de la coherencia del sistema teologal, a dios (da premios y castigos…).

La variedad de los temas teológicos, colocados en la escena del 7mo. Arte, han sido múltiples, como lo hemos podido señalar. Va más allá de presentar la vida de santos, o del martirio de Jesús, de los milagros marianos, de mártires sacrificados, o lo que debe ser la vida de un creyente comprometido. Aunque no haya un discurso articulado sobre dios de forma abierta y doctrinaria, encontramos con cierta frecuencia, contenidos teológicos que suponen opciones y propuestas del director o del guionista. Mostrando los planos mentales de dónde surgen esas referencias de trascendencia de lo invisible religioso.

Lo religioso, esa necesidad de creer en una fuerza superior, creación de la mente humana en su necesidad de superar los temores, por no tener idea de lo que nos depara en el futuro y que viene a dar coherencia de orden social y humano, se extiende a un anhelo casi lírico, de búsqueda y penuria espiritual en que se reconcilie vida cotidiana con la ilusión de trascendencia de nuestra finitud vital. Es una puerta para salir de la irreconciliable vida finita y su sentido -junto a su sentimiento trágico (Unamuno), absoluto y enfrentar la realidad última inaceptable. 

El cine como un locus theologicus aestheticus, creador de una ilusión técnico-lumínica del instante fotográfico, en tanto medio para transmitir estética y éticamente otra “ilusión teológica”: la de esta invención de la imago humana y sus variaciones. Lugar imaginario que nos solicita arrimarnos a la experiencia artística iconológica temporal como acceso al misterio de lo invisible. Ofrece una reordenación del caos y del absurdo que puede ser una emoción persistente e irreconciliable, casi para una gran mayoría el enfrentarse con lo real finito. Lo cinematográfico puede inducir a veces tratar de reconocer y reafirmar, bajo la magia de una metáfora en movimiento de lo vital, en lo visible y lo cotidiano, la presencia de lo invisible mistérico. Aparece siempre que nos encontramos en el relato cinematográfico el vínculo paternal o maternal celestial, la solicitud y necesidad del perdón,  las relaciones que vienen a reiterar una solidaridad y compasión, bondad y compromiso en correspondencia con la requerida humana redención, o los propagadores y nómadas mensajeros de un determinado misterio acrítico, o la realidad mágica del milagro, la cual se convierte en un gran recurso para el anclaje de una verdad irracional pero incuestionable desde el altar de la autoridad religiosa, aunque el mundo se deshaga a sus pies. Metáfora de una fuerza interior al proyectarse en una imagen mental que lleva a persistir ante la realización del bien o del mal, de la justicia o de la injusticia, o ante el elegir el camino correcto al supuesto existente del libre albedrio. Añadiéndole a esto también un final de esperanza para el tormento de la finitud de la vida del hombre ante la muerte, otorgando un sentido de vida (sin vida…), además de todas las llamadas panfletarias de amar al prójimo más que a ti mismo. Todas estas estrategias recurrentes de escenas fílmicas tendrán una evocación directa o de forma sugerente con las posturas teológicas de lo religioso en sus diferentes variantes ortodoxas institucionalizadas. De esta manera se nos muestra cómo al practicar una religión viene a ser frecuentemente una realidad ilusoria de lo Invisible lo que orienta y da sentido a lo Visible existencial.  En lo cinematográfico se da por medio de una pulsión estética un pase a la sensibilidad y emotividad del público, con que se reitera y redimensiona poéticamente lo simbólico, complaciendo un sentimiento que despierta al homo religiosus.

En esta reflexión entre lo teológico y el cine hemos querido dialogar sobre el tema de cómo lo cinematográfico va más allá del cine. El cine se nutre de una Voluntad Cinematográfica (Garcells), de representar el movimiento, a un tempo de sucesiones significativas donde el devenir del instante conlleva una sucesión del fatum en tanto metáfora de vida. El cine como ritual de purificación y ascenso humano, o cómo la catarsis que se juega en el instante que confluyen pasado y presente de la existencia. El cine como el arte de fijar y de esculpir el tiempo. Una tensión fotogramática donde se reafirma el sentido trágico y redentor por medio de la imagen a través del arte, como fueron las pulsiones creadoras de los casos emblemáticos y excepcionales de esta temática, presentes en las obras del director ruso Andréi Tarkovsky, del cineasta griego Thódoros Angelopoulus, o del norteamericano-libanes Terrence Malik.

Finalizamos con la advertencia de Tarkovsky: El cine es un misterio. Es un misterio para el propio director. El resultado, el filme acabado, debe ser siempre un misterio para el director, de otra forma no sería interesante.  El cine aferrado al misterio de la creación como condición irrenunciable desde su inicio y fin. ¿Qué más teológico que esas palabras del gran cineasta ruso?

 

 


 

Bibliografía

Barthes, Roland: Lo obvio y lo obtuso. Ed. Paidós, Barcelona, 1982.

Diccionario Etimológico en línea en: http://etimologias.dechile.net/?fotografi.a . Visto el 28 de enero del 2022.

Hauser, Arnold: Historia de la Literatura y el Arte. Ed. Labor, Zaragoza, 1993.

Morin Edgar: El Cine y el Hombre Imaginario. Ed. Paidós, Barcelona, 2001.

Ortega y Gasset, José: Obras Completas, t. III. Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1966.

Sánches, Peio: Teología y Cine: un diálogo imprescindible, en:https://jesusvisual.files.wordpress.com/2013/05/teologia_y_cine.pdf . Recuperado el 27 de enero 2022

SA: “¿Cuántos nombres tiene Dios?, SA. En: https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/preguntas/dios-no-tiene-muchos-nombres/ . Visitado el 28 de enero de 2022

 

Tarkovsky, Andréi: Esculpir en el Tiempo. Ed. Rialp, Madrid, 1992.

 

 

 


 

 

Notas


* Este ensayo fue escrito para la presentación de la charla del Prof. Agustín Garcells, a darse en el marco "Tesis Doctorales" titulada: "Diálogo entre la Teología y el Cine", organizada por el Vicerrectorado Académico de la Universidad de las Artes (Guayaquil), el día 28 de enero del 2022.

[1] Ver “¿Cuántos nombres tiene Dios?, SA. En: https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/preguntas/dios-no-tiene-muchos-nombres/ . Visitado el 28 de enero de 2022

[2] La palabra fotografía fue creada en 1832 por el francés François Raymond (1804-1879), y fue usada en el sentido de la reproducción de imágenes en 1834. En inglés sería documentada por John Hershel (1792-1871), en 1839. Tomado del Diccionario Etimológico en línea en: http://etimologias.dechile.net/?fotografi.a . Visto el 28 de enero del 2022.

[3] Como son sus filmes “El árbol de los zuecos” (1978), “La leyenda del santo bebedor” (1988), “Génesis: la creación y el diluvio” (1994), hasta llevar a “Cien Clavos” (2007)

[4] Entre otras de sus obras podemos nombrar a “Malas tierras” (1973), “Días de Gloria” (1978), “La delgada línea roja” (1998), “El árbol de la vida” (2011),  “Song to Song” (2017)