sábado, 1 de agosto de 2015


Medios digitales

en la praxis política venezolana

Mariangel Alvarez



Existen concepciones de la vida política que se nos hacen tan corrientes que, para bien o para mal, las tomamos como naturales sin atender al entramado simbólico que esconden a la hora de motivarnos y dirigirnos dentro de nuestra cotidianidad. Los símbolos y las imágenes como medio para comunicar a  la sociedad tienen una fuerte influencia con respecto a las maneras en que nos podamos manejar hoy día, gracias a la manera tan efectiva en que condensan la información de todo ámbito que se considere importante o relevante en la vida social. No cabe duda que necesitamos de los símbolos y las imágenes para poder actuar y comunicar en forma conjunta de manera rápida y eficiente, pero es precisamente por esta condición que éstos son el vehiculo más adecuado para los discursos de poder.
Con la introducción de las nuevas tecnologías nuestras vidas han cambiado drásticamente, no sólo la forma en que nos comunicamos, sino también la forma en que hacemos nuestra praxis política. Las tecnologías se han convertido en el nuevo campo de batalla de los diversos intereses políticos, ¿Qué pasa cuando los medios digitales se relacionan con los políticos, y no únicamente con la política? Pensamos que el principal objetivo de tales medios de comunicación es informar los acontecimientos de la realidad, sin embargo, en ocasiones se convierten en megáfonos que permiten favorecer sectores de conveniencia. La importancia de este cuestionamiento versa entonces, no en discernir que es verdadero o no, pues esto es prácticamente imposible debido a los millones de participantes involucrados en la difusión de información en los medios digitales, lo que se busca es que, pensándose uno mismo como usuario de tal información, podamos abrir la ventana para explorar aquello que me afecta y ser crítico con tal información, no sólo reproductor sin variante ni evaluación critica.


El medio es el mensaje
Cuando McLuhan afirma que “El medio es el mensaje”[1] apunta a la relevancia de los medios de los cuales nos servimos para comunicar y comunicarnos con los otros, pues considera que el medio no es únicamente el vehículo por el cual se hace presente el mensaje que se quiere transmitir sino que siempre introducen información agregada a la que se tenía prevista al inicio. Esta afirmación, me parece, proviene de vieja data pues me recuerda a la frase de dominio popular “no es lo que dices sino como lo dices”. Así, el medio que se utilice para transmitir un mensaje impacta de manera inevitable en aquello que interprete el receptor cuando reciba lo resultante.
Existen diferentes formas de transmitir y expresar información, diferentes formas de arrojar nuestra interpretación de la realidad al mundo para ser compartida y enriquecida en conjunto con los otros. El medio de transmisión y expresión por excelencia, concuerdan muchos, no es otro que las palabras. Sabemos que las palabras son el principal medio de cualquier mensaje, son símbolos que, a su vez, diseñan representaciones que evocan diversidades de objetos a la mente.  Así, para McLuhan las palabras “son complejos sistemas de metáforas y símbolos que traducen la experiencia en nuestros sentidos pronunciados o exteriorizados”[2], es la primera tecnología de la que se sirve el ser humano para enriquecer su entorno pues permite una traducción de todas las complejidades que atañen al ser humano en un medio más que eficiente y altamente persuasivo. Sin embargo, él mismo afirma que “cada vez más podemos traducirnos en otras formas de expresión que nos superan”[3] y eso va a la par de las evoluciones tecnológicas.
Asimismo, la manera en que se ha enraizado la tecnología para la simplificación de las relaciones humanas no puede ser subestimada. Lo interesante de esto es que no se trata únicamente de la comunicación sino que se han abierto un sin fin de posibilidades de significación e interpretación gracias a la diversificación de los medios que bombardean y agobian al individuo. Si bien la televisión, la radio y la prensa (como los medios por excelencia) poseen[4] un respaldo sostenido por el supuesto de credibilidad que le antecede en su definición adjunta a la verdad por correspondencia sugerida por la inmediatez de la información, en la medida que los avances tecnológicos dieron paso a nuevos medios cada vez más y más accesibles para el público, esa inmediatez de la televisión, por ejemplo, se transformó en lejanía para el sujeto en comparación a los nuevos medios tecnológicos.[5] Esto hace que aquello que se considere verdadero dentro de la configuración de comunicación actual depende, principalmente, de los intereses del individuo por un lado y del poder dominante por el otro[6], y a fin de cuentas sería lo que la sociedad considera válido y coherente con su entorno. Con la televisión, por ejemplo, nos situábamos pasivos frente a la información que recibíamos porque la interacción con ésta es imposible. En ella encontramos una situación muy peculiar ya que, a diferencia de sus hermanas en la triada (la radio y la prensa), en menor tiempo ésta puede comunicar mucho más de lo que podría decirse en la radio o en la prensa. Si en todas ellas lo común es el lenguaje, ¿por qué la televisión ha sido el medio de comunicación por excelencia? Principalmente, gracias al uso de la imagen.[7]  
Las imágenes, al igual que las palabras, evocan representaciones en nuestro ser, sin embargo la forma en la que representan tienden a ser un poco más compleja por todo lo que está detrás de ella. La representación, dice Goodman, es un tipo especial de denotación pero en el sentido que propone el autor de Los lenguajes del arte, la representación es mucho más rica, no se reduce a la relación de semejanza sino que involucra tanto nuestros esquemas conceptuales como el contenido simbólico de los comunes en un contexto. En este sentido, Goodman nos propone tres criterios que le dan un sentido más completo a la complejidad que figura la representación por parte de las imágenes: denotación, ejemplificación y expresión. Todas ellas se dan de forma relacionada, pues si falta alguna de estas simplemente no es posible la representación.
La denotación es el proceso que va del símbolo al objeto, donde la representación de una imagen cualquiera debe ser un símbolo de ésta, haciendo que el espectador se refiera a dicha símbolos en el momento de representar tal imagen, es decir, lo que se busca es configurar la recreación del símbolo de tal manera que al representar a esa imagen este sea preciso y sin ambigüedades (siempre y cuando esté puesto en un contexto claro) una vez que ya fue denotada la imagen. Ahora, además de la denotación, la representación también involucra otra forma de simbolizar, esta la ejemplificación. En este sentido, ¿Qué involucra la ejemplificación? No representa al objeto sino a las propiedades de éste y a las que refiere según la simbolización usada, principalmente las propiedades representativas del objeto, aquellas propiedades que poseen evidente y literalmente, las cuales se organizan en sentido contrario que la denotación, pues estas van del objeto al símbolo.[8]
Para referirse a la expresión, el autor afirma lo siguiente: “Lo que expresa ejemplifica metafóricamente”[9]. En este caso particular, la representación le pertenece al propio símbolo que fue configurado como representación de la imagen y le pertenece de forma adquirida haciendo que estas sean referencia de aquello que quiere expresar, es decir, son criterios que no le pertenecen a la imagen, sino que son agregados por el sujeto. Se trata de un traslado de significado de un símbolo a otro, de agregar significados a imágenes que, de forma literal, no los tienen. Este proceso se da de manera metafórica y se da en la subjetividad del individuo, ya que la imagen puede impactarnos de diferentes maneras, lo que hace surgir en nosotros una serie de pasiones, sentimientos, pensamientos, conversaciones, etc., que no le son propias a la imagen. La manera en que trasladamos un significado de un símbolo a otro en función de una necesidad de expresar algo que en sí el objeto no posee pero gracias a la complejidad del lenguaje el hombre puede adjudicar sentimientos, sensaciones, pasiones, etc. a  las cosas, a las palabras, al arte[10], sin embargo creo que esto también puede extenderse a la política.


Microblogging
Tomando en cuenta que nuestras sociedades actuales son altamente visuales (ya sea por evolución propia o por imposición oculta debido a la inmanejable cantidad de información que nos bombardea a cada momento), el progreso tecnológico que gira en torno a la comunicación se ha dado la tarea de poder comunicar mucho más en el menor tiempo posible, logrando que el usuario maneje mucha más información de la que antes podría haber manejado bajo la premisa de “conectarlo” con el mundo. Hieronimo Squarciafico dijo que debido a la gran cantidad de libros que se podían hacer gracias a la imprenta, la memoria y la mente se verían debilitadas; una afirmación bastante difícil de respaldar. Pero ¿y si cambiamos los libros por imágenes, y la imprenta por Twitter?
Los medios digitales relacionan palabra, sonido e imagen, conjugan las diversas formas de creación de lo humano, no sólo para transmitir información sino además para la creación de nuevos medios cada vez más inmediatos.[11] Hemos creado la cultura de los 140 caracteres. Una combinación breve de palabras que usualmente viene acompañada de alguna imagen, generalmente alusiva al contenido escrito. La necesidad de la imagen se hace imperante en estos casos debido a lo poco que se puede decir en esos 140 caracteres y esperamos que dicha imagen complemente aquello que esperamos comunicar. El hombre que lee, poco a poco ha ido desapareciendo[12] y Twitter, como medio, ha creado en el imaginario social nuevas formas de comunicar. La complejidad de nuestro que hacer cotidiano nos exige, de una u otra forma, atender diversas cuestiones al mismo tiempo por lo que no podemos dedicar mucho a una sola cosa. Siguiendo esta tendencia, la información inmediata ha trascendido los espacios de twitter.com pues hemos adoptado su premisa para diversas áreas de nuestra vida[13]. Este proceder para la vida personal lo encuentro irrelevante para los propósitos de esta entrega, lo que encuentro interesante es el impacto de esto en la vida social y política.
Para la política, las imágenes le ayudan a canalizar los elementos irracionales que sostiene todo su entramado, y en los medios digitales se da una “casi infinita descomposición y recomposición (ensamblaje) de imágenes, formas y figuras”[14]. En este sentido, lo irracional (que es también una forma de organización de reglas para la convivencia) se define a partir de pasiones, creencias e impulsos sociales los cuales, según García – Pelayo, son “capaces de provocar, de fortalecer o de actualizar el proceso integrador” pero su fundamentación no es en tanto legalizada, sino legitimada, pues es en la aceptación social que tiene lugar su desarrollo.
Si pensamos entonces la democracia en los términos de Schumpeter en Capitalismo, socialismo y democracia como:
“es aquel sistema institucional, para llegar a las decisiones políticas, en el que algunos ciudadanos adquieren el poder de decidir por medio de una lucha de competencia por el voto del pueblo. Así pues, el ciudadano normal desciende a un nivel inferior de prestación mental tan pronto como penetra en el campo de la política”

Nos encontramos con un uso muy peligroso de la imagen, pues partiendo del ciudadano de a pie como individuo sometido a prejuicios e impulsos irracionales, además del poco tiempo del que dispone para mantenerse informado, caemos en una forma de hacer política que deja de lado la argumentación que intenta ser racional y se enfoca en los deseos inconscientes y de la manipulación de las imágenes de los candidatos, del partido o de las ideas que se pretenden caracterizar como si fuese una marca de consumo. Se hace clara la unión entre la apariencia y el discurso pasional cuando entran en juego los medios de comunicación, pues ya no se piensa en el ciudadano como un elector, sino como un consumidor que ha de comprar un producto. Mientras más grande el espectáculo, más consumidores se podrán obtener.

Los medios digitales como instrumento político
Tenemos los medios[15], utilizando el Internet[16], para acercarnos cada vez más los unos con los otros, incluso, tenemos la plataforma al alcance de nuestra mano. Gracias a estos medios tenemos mensajes en tiempo real, información del mundo en el momento que acontecen, actualizaciones instantáneas en el momento en el ocurren los sucesos, fotos, videos, notas de voz, en síntesis, tenemos la realidad frente a nosotros, ¿no?
¿Existe un mejor panorama que éste para hacernos una opinión, para ser críticos con nuestro entorno? Un día me tope con el siguiente tweet de @ChumelTorres[17] el 26-02-2015: “La polémica del vestido[18] nos demuestra que Internet es un arma muy poderosa en manos de la generación más estúpida de la historia.” Sinceramente no comparto tal afirmación, sin embargo, deja en evidencia el poder de los medios digitales, no sólo para lo que alguien pueda considerar contenido relevante sino que abarca todo. El preguntarnos que se considera contenido relevante es, en sí mismo, una entrega aparte, por lo que dejémoslo de manera muy básica: el contenido será relevante según los intereses de cada individuo o grupo de individuos. La pregunta que me surge directamente con el comentario de Chumel Torres es la siguiente: En la política ¿Cómo usamos esta arma tan poderosa? Sartori dice lo siguiente:
las noticias de mayor repercusión, de mayor importancia objetiva, son las que tratan de información política, las informaciones sobre la polis (nuestra o ajena). Saber de política es importante aunque a muchos no les importe, porque la política condiciona toda nuestra vida y nuestra convivencia.”[19]

A la hora de formar nuestra opinión política, juzgamos en función de la información que llega a nuestras manos y es aquí donde el poder de la imagen se coloca en el centro de la problemática pues ésta es capaz de dirigir la opinión, transformando así a  la imagen en el eje de la política contemporánea.[20]
Los comunicadores sociales de profesión aún tienen la tarea de comunicar el hecho, independientemente del medio en que lo hagan por lo que aún existe un sustento de credibilidad en su oficio. Si las imágenes son crudas[21] entonces las tomamos como verdaderas, sin están modificadas de cualquier manera, entonces pierden su credibilidad. Siguiendo lo que propone Goodman, la imagen necesita de un contexto para poder delimitar su representación y así poder representar algo, pero si le agregamos a esto las consideraciones de McLuhan, el problema no estaría en la autenticidad o no de la imagen, sino en la imagen misma y el medio por el cual se presenta, pues a pesar de que la imagen sea nítida o no, esté centrada o descentrada, que no muestre ningún punto de referencia claro para poner en situación un hecho, etc., no importa demasiado pues se parte del supuesto de que esa persona estuvo allí[22] ya que el mismo concepto de medios digitales lleva esto de manera intrínseca.
Así pues, para nadie es un secreto que para que los partidos puedan llegar a los ciudadanos de manera recurrente hacen uso de los medios digitales. Esto configura cercanía con la población, y deben hacerlo en los términos predominantes; cuestión que para ellos es excesivamente beneficiosa puesto que, como ya hemos comentado, los medios digitales conjugan todas las cualidades de los medios tradicionales pero la digitalización de ellos ha tenido una interesante particularidad: no hay manera de verificar la información de manera infalible. Es por esto que la importancia de la imagen no se basa, en un primer momento, en lo que ella ejemplifica, es decir, el hecho como tal, el acontecimiento, sino lo que expresa, las circunstancias, las interpretaciones, las pasiones, acompañado de un breve texto que no agrega nada concreto a la imagen, y que si lo agrega lo haga de tal manera que evoque principalmente la pasionalidad del espectador, que en este caso es el gobernado y no a la descripción precisa del hecho.[23] Pensado en las consecuencias últimas de un modelo de dominio de los medios digitales, la cúspide de consecuencias políticas que devienen de la utilización de la imagen como recurso político se da, principalmente en tiempos profundamente trágicos donde, el pesimismo, el desencanto, la desilusión y la melancolía constituyen un elemento central de la visión del hombre en su entorno directo cosa que, no está de más decir, le agrada a los tiranos.
Es interesante cuando nos damos cuenta de cómo algunas concepciones de la vida política se nos hacen tan cotidianas (para bien o para mal) que acabamos por hacernos la vista gorda, olvidarlas, les dejamos de dar importancia, mientras que poco a poco nos consumen y controlan. Es así como he percibido que sucede con los medios digitales, en este caso específico con el uso que se le dan a las imágenes. En este sentido, no se ve la imagen únicamente como un recurso que otorga objetividad y veracidad al hecho que se desee ver reseñado, sino que también funciona como persuasión y retórica del poder, que influye en la forma de interpretar nuestra realidad a través de sentidos figurados e imaginarios. Pienso que el primer paso es reconocer estas complejidades y una vez que logramos esto somos concientes de ellas, lo que nos da la posibilidad certera de ser dueños de nuestro contexto histórico-social, dando paso hacía un total control de nuestra autonomía, y abriendo caminos para una vida política libre y plena.







[1] Cfr. Marshall McLuhan, Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano, 1964, Editorial Paidós, (Barcelona, 1996), Cap. 1
[2] McLuhan, Comprender los medios, Pág. 78
[3] McLuhan, Comprender los medios, Pág. 78
[4] Particularmente considero que lo poseían, pues una de las cosas que me ha enseñado vivir la situación política actual es que la verdad se puede comprar.
[5] Cfr. Giovanni Sartori, Homo Videns: La sociedad teledirigida, 1997, Editorial Taurus (Buenos Aires, 1998), Pág. 26
[6] Cfr. Michel Foucault, Microfísica del Poder, Las ediciones de la Piqueta, (Madrid, 1980), pág. 188
[7] Cfr. Sartori, Homo videns, Pág. 26
[8] Cfr. Cfr. Goodman, Nelson, Los lenguajes del arte: Aproximación a la teoría de los símbolos, 1976, Editorial Paidós, (Madrid, 2010), Pág. 64
[9] Goodman, Los lenguajes del arte, Pág. 87
[10] Cfr. Goodman, Los lenguajes del arte, Pág. 88
[11] Cfr. Sartori, Homo videns, Pág. 32
[12] Cfr. Sartori, Homo videns, Pág. 51: “Siete horas de entretenimiento, más nueve horas de trabajo (incluyendo los trayectos), más seis o siete horas para dormir, asearse y comer, suman veinticuatro horas: la jornada está completa.” Cursivas son mías.
[13] Incluso las notas de prensa que se publican en línea mantienen esta idea de con la menor cantidad de caracteres posibles, con la mayor cantidad de imágenes y/o videos, comunicar la idea central de todo lo referido… Esto si podemos pasar del título que aparece en Twitter.
[14] Sartori, Homo videns, Pág. 58
[15] Mi inquietud no sólo se reduce a Twitter sino que se extiende a los medios digitales que impactan la sociedad: Facebook, Instagram, Snapchat, etc. donde lo común es el reducido uso de texto, acompañado de una imagen para completar la información que se pretende presentar.
[16] Cfr. Sartori, pag 54: Internet, la «red de las redes» es un prodigioso instrumento multitarea: transmite imágenes, pero también texto escrito; abre al diálogo entre los usuarios que se buscan entre ellos e interactúan; y permite una profundización prácticamente ilimitada en cualquier curiosidad (es como una biblioteca universal, conectada por diferentes mecanismos).
[17] Comediante mexicano.
[18] ¿De qué color ves el vestido? ¿Azul con negro o blanco con dorado?
[19] Sartori, Homo videns, Pág. 65
[20] Cfr. Sartori, Homo videns, Pág. 66
[21] RAW en Inglés, imagen sin ningún tipo de modificación o alteración digital. 
[22] Esto en un primer momento, ya sabemos que una vez que esta información sale, no hay manera sencilla de conseguir su origen.
[23] En este tipo de comentarios, pienso en páginas de divulgación como VTV, DolarToday, Aporrea, La Patilla, etc., con las reseñas de noticias de carácter y consecuencias políticas.