Sociedad
cerrada y sociedad abierta:
¿Un
conflicto permanente?[1]
Carlos
Blank

Resumen
En este trabajo nos ocupamos primero de la crítica
de Popper al historicismo. A pesar de sus inconsistencias y simplificaciones,
esta crítica es indispensable para comprender los alcances de su interpretación
de la historia como un conflicto entre la sociedad cerrada y abierta,
entendidos como conceptos típico-ideales. Sin descartar los elementos de
conflictividad que existen entre ambas, destacamos también la necesidad de
complementación permanente entre ambas, complementación que obedece a la
existencia de valores indispensables para
una vida humana plena, presentes en cada una. Pero así como hay posibles
elementos de complementación en Popper, la forma o el modo como pudiese
realizarse obedece a una propuesta metodológica específica. Por esto también
analizamos brevemente su propuesta de un enfoque institucional y de una “ingeniería
social fragmentaria”, como herramientas
para alcanzar los objetivos de solidaridad y libertad dentro de una
sociedad abierta.
1. La miseria del historicismo
“En memoria de los incontables hombres y
mujeres de todos los credos, naciones o razas que cayeron víctimas de la
creencia fascista y comunista en las Leyes Inexorables del Destino Histórico” Karl
Popper
Karl Popper es posiblemente uno de
los filósofos de la ciencia más reconocidos del siglo XX.[2]
Sus investigaciones están orientadas hacia la búsqueda de un criterio que
permita delimitar la ciencia de otras actividades intelectuales. En ese
sentido, encuentra en la posibilidad
de refutar una teoría la pieza clave del
pensamiento científico. Si una teoría no
es capaz de someterse a algún enunciado potencialmente falsador, entonces no es
una teoría científica sino pseudocientífica o con pretensiones de cientificidad o simplemente al margen o
fuera de la actividad científica. A
pesar de que las situaciones concretas de testeo de una teoría son bastante
complejas y los propios enunciados falsadores pueden ser también revisables[3],
lo importante para él es esa actitud autocrítica contenida en el método
científico, de detección de errores y de corrección permanente que está en la
base del crecimiento del conocimiento científico. Contraria a esta postura,
está la actitud dogmática de otras disciplinas que buscan siempre
confirmaciones de una teoría y que están protegidas permanentemente ante cualquier enunciado peligroso o que amenace la
validez de la teoría. De hecho suelen ser teorías que encuentran en cualquier
crítica de la teoría una mejor confirmación de la misma. Por ejemplo, la
crítica al pansexualismo de la teoría freudiana puede ser vista como una clara
evidencia de un síntoma neurótico y por lo tanto como una nueva confirmación de
la teoría. De igual modo, una crítica a la teoría marxista también puede ser
comprendida como expresión de la falsa conciencia pequeño burguesa y por lo
tanto también como una nueva confirmación de la teoría.[4]
Por el contrario, un verdadero científico sería aquel que está dispuesto a
poner a prueba su teoría y sabe qué tipo de enunciados singulares o de
hechos podría ponerla en franco peligro y aceptar las consecuencias si
las evidencias contradicen su posición. Para él es Einstein el que representa
de manera paradigmática esta posición
frente a las posibles observaciones potencialmente falsadoras de una teoría y
promueve expediciones para observar un eclipse de Sol, sabiendo que en esas
expediciones podían recogerse datos
contrarios a los que predecía su teoría y que tendrán consecuencias
catastróficas para ella. Y aunque
Einstein estaba completamente seguro de que la data finalmente recavada en esas
expediciones estaría en concordancia con la precisa predicción que hacia su
teoría de la desviación de la luz en las cercanías del Sol y que terminaría por reconocerse
la validez de su teoría, lo importante en este caso es que tuvo el valor
de exponer su cuello y reconocer que había hechos que podían comprometer
seriamente su para entonces revolucionaria teoría. Posteriormente reconocería
también que esta teoría podría ser superada por otra mejor, aunque fuese la mejor aproximación al mundo físico
disponible hasta el momento. [5]
No
nos ocuparemos explícitamente de la filosofía de la ciencia popperiana, sino
solamente en la medida en que ella está implícita en su crítica del
historicismo o en algunos de sus planteamientos metodológicos en el terreno de
las ciencias sociales. Podríamos resumir la línea argumental de Popper en forma
de un silogismo:
El historicismo es insostenible (o
carece de valor científico)
Las siguientes teorías x, y o z son
historicistas
Por
lo tanto, Las siguientes teorías x, y o z son insostenibles (o carecen de valor
científico)[6]
Para
comprobar la validez de dicho argumento debemos, en primer lugar, saber qué
entiende nuestro autor por historicismo y cuáles son las razones por las cuales
es insostenible. En segundo lugar, deberemos indagar si las teorías o autores
que él califica como historicistas son realmente historicistas en el sentido
previamente definido. Solamente entonces estaremos en condiciones de afirmar la
conclusión final con todo rigor lógico. (Por otro lado, es interesante que nos
ocupemos también de la relación del historicismo con los conceptos de sociedad
cerrada y sociedad abierta, lo que haremos en los próximos apartados.)
A continuación exponemos su
conocida definición:
Baste
aquí con decir que entiendo por ‘historicismo’ un punto de vista sobre las ciencias
sociales que supone que la predicción
histórica es el fin principal de éstas, y que supone que este fin es
alcanzable por medio del descubrimiento de los ‘ritmos’ o los ‘modelos’, de las
‘leyes’ o las ‘tendencias’ que yacen bajo la evolución de la historia.[7]
En
efecto, si definimos el historicismo como aquella corriente de pensamiento que
considera posible predecir los eventos futuros de la historia a partir del descubrimiento de determinados “ritmos” o
“modelos”, de determinadas “leyes” o “tendencias”, o “que es la tarea de las
ciencias sociales el poner al descubierto la ley de la evolución de la sociedad para poder predecir su futuro”,
entonces la labor de Popper consistirá
en probar la imposibilidad de tales predicciones, en tanto que es imposible
descubrir una “ley de la evolución histórica”, así como la repetición de las condiciones iniciales de su aplicación.
El argumento de Popper en contra de una ley así
es el siguiente:
“…la
búsqueda de una ley que determine el ‘orden invariable’ de la evolución no
puede de ninguna forma caer dentro del campo del método científico, ya sea en
bilogía, ya sea en sociología. Mis razones para ello son muy simples. La
evolución de la vida sobre la tierra, o la de sociedad humana, es un proceso
histórico único. Este proceso, sin duda, tiene lugar de acuerdo a toda clase de
leyes causales, por ejemplo, las leyes de la mecánica, de la química, de la
herencia y segregación, de la selección natural, etc. Su descripción, sin,
embargo, no es una ley, sino una proposición histórica singular…. Pero no
podemos experimentar una hipótesis universal ni encontrar una ley natural
aceptable para la ciencia si siempre nos vemos reducidos a la observación de un
proceso único.[8]”
Siempre
es posible negar el carácter único de los procesos evolutivos y afirmar que “la
historia se repite y las leyes del ciclo de vida de las civilizaciones, por
ejemplo, pueden ser estudiadas de la misma forma que estudiamos el ciclo vital
de una determinada especie animal.”[9]
Popper no niega la posibilidad de
establecer paralelos o comparaciones “entre ciertos tipos de acontecimientos
históricos, como el surgimiento de las tiranías en la Grecia antigua y en los
tiempos modernos”[10], pero debemos ser muy cautelosos a la hora de
hacer estas comparaciones o paralelismos, pues “todos estos casos de repetición
implican circunstancias profundamente diferentes y que quizá ejerzan una
influencia importante sobre desarrollos futuros.”[11]
Debemos ser cautelosos a la hora de hacer esas extrapolaciones.
Pero
la equivocación más frecuente, para Popper, es la de creer que podemos conocer
el curso futuro de un proceso evolutivo, ya sea biológico, social o histórico,
a partir de las tendencias concretas de esos procesos evolutivos. Esta
equivocación proviene de una confusión frecuente entre leyes y tendencias, la
cual “inspiró las doctrinas centrales del evolucionismo y del historicismo –las
doctrinas de las leyes inexorables de la evolución biológica y de las
irreversibles leyes del movimiento de la sociedad.”[12]
Mientras que las leyes son universales y expresan la imposibilidad de que
ocurran determinados fenómenos, precisamente aquellos que contravendrían la ley
y la refutaría como tal ley, las tendencias son siempre existenciales o
proposiciones históricas singulares, y siempre es posible que ocurran
variaciones de las condiciones iniciales que modifiquen una tendencia, por lo
que es imposible predecir con absoluta
precisión a partir de una tendencia, a menos que se mantengan esas condiciones,
a menos que se cumpla la cláusula de ceteris paribus. Pero es precisamente
esa inconstancia de las condiciones lo que no advierte el historicismo,
convirtiendo su tendencia particular favorita en una ley general.[13]
Por
eso, Popper considera que es posible una refutación del historicismo aún
más simple y contundente. En efecto, si admitimos que el conocimiento desempeña un papel
decisivo en los cambios históricos y que es imposible predecir de antemano esos
conocimientos futuros –pues si no no serían futuros sino presentes- entonces es imposible predecir esos mismos cambios
futuros o el curso de la historia humana en la medida en que depende de estos
conocimientos. Admitir la predicción histórica equivaldría entonces a admitir
que ya sabemos de antemano lo que solamente podemos conocer una vez que sucede.[14] Por
otro lado, si el historicismo es capaz de predecir o explicar todo lo que va ha
ocurrir en el futuro, entonces estamos en presencia de una teoría carente de
bases racionales y es más bien expresión de un anhelo de omnisciencia humana
completamente ilusorio. Sin embargo, es difícil no sucumbir a la tentación de considerar algún punto de vista favorito
de un autor como una suerte de clave
hegeliana para descifrar el sentido de la historia o la única perspectiva
válida para comprender los "hilos que mueven la historia". En efecto,
el error tradicional del historicismo es el de adoptar un punto de vista sobre
el infinito material que nos suministra la historia y tratar de imponerlo como el único punto de vista cierto o válido,
confundiéndose esta interpretación con la marcha de la "historia
misma" o con el curso de la "historia de la humanidad".
Desde
luego que Popper reconoce la necesidad
de adoptar un punto de vista determinado en cualquier análisis histórico y él
mismo adopta uno como veremos. Sin este punto de vista inicial no podríamos
siquiera seleccionar los hechos o los datos que consideramos relevantes para
analizar una situación histórica determinada y la labor de análisis sería
imposible de llevar a cabo. Pero se trata solamente de un punto de partida
metodológico y no un punto final. No percatarse de esto representa una gran
ingenuidad y denota una ausencia total de perspicacia metodológica. Pero
lo más grave no es esto, sino el gran
potencial de autoengaño que entraña la adopción de un punto de vista de manera
dogmática o acrítica. El error consiste, en definitiva, en asumir nuestras interpretaciones generales como si
fuesen interpretaciones totales,
como si fuesen doctrinas o teorías omnicomprensivas que pueden dar cuenta de
todos los hechos históricos[15]
a través de la supuesta existencia de "leyes inexorables" o de
"ritmos" que se repiten sin cesar a través de la historia, conformando
así un patrón o una trama perfectamente inteligible y predecible.
"El historicismo confunde a estas
interpretaciones históricas con teorías. Este es uno de sus errores cardinales.
Es posible, por ejemplo, interpretar a la 'historia' como la historia de la
lucha de clases, o de la lucha de la razón por la supremacía, o la historia de
las ideas religiosas, o como la historia de la lucha entre la sociedad
'abierta' y la 'cerrada', o como la historia del progreso científico o
industrial. Todos estos son puntos de vista más o menos interesantes y como tales, perfectamente admisibles."
[16]
Lo
grave, en suma, es olvidarse de que son meros recursos heurísticos o
didascálicos que orientan nuestra investigación histórica. Podemos y tenemos
que hacer interpretaciones, pero sólo eso.[17]
Podemos y debemos evaluar estas interpretaciones en base a su mayor o menor
fertilidad o interés, que es como él propone que se evalúe su propia
interpretación histórica, pero no
debemos tomarnos demasiado en serio estas interpretaciones, de forma casi
literal, reconociendo que estas interpretaciones son en gran parte medida de
nuestros propios intereses y de nuestras preferencias.[18]
Que el punto de vista más comúnmente adoptado sea el de la historia del poder
político, tiene mucho que ver, según él, con nuestra preferencia por el poder,
con la fuerte fascinación que el poder ejerce sobre los hombres. Esta
fascinación por el poder, como por el éxito, es producto en el fondo de una
mentalidad poco racional y madura, de una visión romántica de la historia que
"exalta a la jerarquía de héroes a algunos de los mayores criminales del
género humano."[19]
Lo peor del caso es que esta visión romántica de la historia humana suele ir
acompañada de una escatología cristiana, de una revelación de los designios de
Dios a través de la historia, lo cual constituye no sólo una gran ingenuidad
sino, lo que es mucho peor, una blasfemia. Al respecto Popper señala:
"Sostener que Dios se revela a Sí
mismo en lo que entendemos habitualmente por 'historia', en la historia de la
delincuencia internacional y del asesinato en masa, es en verdad una
blasfemia; en efecto lo que realmente ocurre dentro del reino de las vidas
humanas casi nunca es siquiera rozado por ese enfoque cruel y al mismo tiempo
pueril. ¡Y hay algunos cristianos que creen ver en esta ‘historia’, que ni
siquiera ha sido hecha por el hombre sino tan sólo inventada, la mano de Dios!
¡Y se atreven a querer comprender y saber lo que El se propuso cuando Le
atribuyen sus mezquinas interpretaciones históricas!" [20]
En
el fondo de esa visión simultáneamente cruel y pueril, se esconde un profundo
temor infantil ante el cambio y ante la libertad, pretendiendo descargar de
nuestros hombros nuestra propia responsabilidad individual. Nos resulta
difícil vivir en una sociedad sin padre así como nos resulta difícil vivir en
una historia sin Dios. Pero sólo podremos mejorar la sociedad o la historia
cuando reconozcamos que a través de nuestras acciones e ideas nosotros le
conferimos alguna racionalidad o intencionalidad a la historia y a las
sociedades. Debemos sustituir la visión idolátrica dominante del poder, en la
que el hombre se encuentra permanentemente controlado por poderes que escapan a
su voluntad, por una "visión" de la sociedad y de la historia en la
cual el hombre es cada vez más responsable de sus actos y de su destino histórico.
Es en este sentido que debemos comprender la lucha por una sociedad cada vez
más abierta, reconociendo al mismo tiempo que la historia no está escrita, que
el futuro siempre está abierto y que siempre habrá amenazas para la
realización de esta sociedad. O para decirlo con sus propias palabras: “si bien
la historia carece de fines, podemos imponérselos, y si bien la historia no
tiene significado, nosotros podemos dárselo.”[21]
Por
otro lado, si el enfoque de Popper se opone diametralmente al historicismo no
por eso debe ser considerado como ahistórico y, menos aún, como antihistórico.
Al contrario, "la experiencia histórica sería su fuente de información más
importante".[22]
Para
comprender mejor la interpretación histórica que nos plantea Popper en términos
de conflicto entre la sociedad cerrada y la sociedad abierta es necesario hacer
unas precisiones adicionales. Para
nuestro autor, una sociedad
completamente libre de conflictos no sólo no sería posible sino que tampoco
sería deseable. Existe una estrecha relación entre conflicto y cambio. Muchos
cambios tienen su origen en un conflicto y dan origen también a nuevos
conflictos. Por otro lado, la ausencia de cambios no revela necesariamente la
ausencia de conflictos, sino que puede ser una fuente potencial de conflicto.
Los conflictos son una constante en el devenir humano, por lo que en ausencia
de estos nos planteamos a menudo si no estará ocurriendo algo raro. Una
sociedad perfecta y libre de conflictos seria una sociedad no humana o
inhumana, prehumana o animal, sería una “sociedad de hormigas”, dice Popper.
Reducir los conflictos es posible, eliminarlos totalmente es imposible. Como
decía Aron: “la guerra es improbable, la paz imposible”, pensando en un
holocausto nuclear. De hecho la mayoría de las interpretaciones de la evolución
social y del cambio social han extraído de algún conflicto la base de su
explicación. La vida misma es resolución de conflictos o problemas.
Cuando Popper se plantea el conflicto entre
la sociedad cerrada y la sociedad abierta no está pretendiendo realizar una
descripción detallada o exacta del devenir social, menos aún predecir el
futuro de la historia o de la humanidad, sino que plantea la necesidad de comprender
el cambio social dentro de un marco interpretativo general, que explique al
mismo tiempo las razones por las cuales existen fuertes resistencias a los
cambios. A través de su análisis resulta
bastante claro que muchas de las teorías que insisten de manera casi obsesiva
en la importancia del cambio revelan, en el fondo, una gran aversión al cambio,
quisieran poder ejercer un control absoluto del cambio o conservar las cosas
tal y como están o como "deberían" estar. La idea de que hay que
cambiarlo todo para que todo quede igual nos viene a la mente, o la idea de que
no podemos cambiar algo a menos que cambiemos todo el orden social
existente, la idea de que hay que
destruir el orden social imperante, el establishment o el statu-quo, para crear un nuevo orden en el cual el
cambio sea superfluo e innecesario. Hay
irónicamente un elemento profundamente conservador en este radicalismo que
anima a muchas revoluciones políticas y
sociales, como lo apunta Popper.[23]
Por eso, tan importante como saber que debemos y podemos cambiar, es saber qué debemos y podemos cambiar. Pero,
sobre todo, es importante saber cómo debemos
y podemos cambiar.[24] Así como la comprensión del cambio físico
requirió de herramientas tan poderosas como el cálculo moderno y la dedicación
de las mejores mentes de la ciencia, el cambio social también requiere de
herramientas adecuadas de análisis y debe ser emprendida de manera rigurosa
cautelosa.
Tomando
en cuenta estas consideraciones, creemos que la mejor categorización del
conflicto entre la sociedad abierta y cerrada propuesta por Popper es de corte
epistemológico o metodológico. El uso de conceptos como los de "sociedad
cerrada" y de "sociedad abierta", tienen un alcance que va
mucho más allá del ámbito de lo sociológico, de lo antropológico, de lo psicológico o de lo histórico, aunque
es evidente también que guardan relación con estos planos. Estos conceptos son
utilizados por él más bien como categorías o como esquemas epistemológicos,
como el contraste entre dos mentalidades diferentes de concebir el cambio y
la realidad. Desde este punto de
vista no es lo más importante averiguar si han existido o pueden existir sociedades
completamente cerradas o completamente abiertas. De hecho, Popper no sólo lo
niega sino que llega incluso a afirmar, como veremos más adelante, que una sociedad
completamente abierta sería imposible, pues hay aspectos del hombre que
solamente pueden ser satisfechos en el marco de una sociedad cerrada. La
sociedad cerrada y la sociedad abierta pueden ser comprendidos como
"tipos ideales" en el sentido weberiano, esto es, como conceptos-tipo
que nos permiten comprender las acciones de los individuos en una sociedad.[25]
Y deberá analizarse en qué casos será racional o no adoptar un determinado
patrón de conducta.
En
suma, el historicismo no es sino la reacción ante un mundo que ha perdido su
solidez y su inmutablidad, lo que se traduce simultáneamente "en una
sensación de estar siendo arrastrado hacia el futuro por fuerzas
irresistibles"[26]
y en "un sentimiento de andar a la deriva".[27]
La crítica de Popper al historicismo es inseparable de su interpretación
histórica de la tensión de la civilización que se produce entre la sociedad
cerrada y abierta, es en el marco de esta interpretación que adquiere su
explicación. Por otro lado, como método el historicismo no sólo resulta
lógicamente insostenible sino que además revela una gran pobreza imaginativa.
"La miseria del historicismo es,
podríamos decir, una miseria e indigencia de imaginación. El historicismo
recrimina continuamente a aquellos que no pueden imaginar un cambio en su pequeño
mundo; sin embargo, parece que el historicista mismo tenga una imaginación
deficiente, ya que no puede imaginar un cambio en las condiciones de
cambio."[28]

2.
La sociedad cerrada o tribal
“Al
caracterizar la sociedad cerrada como mágica y la abierta como racional y
crítica es necesario, por supuesto, idealizar la sociedad en cuestión. La actitud mágica no ha desaparecido, en modo
alguno en nuestra vida, ni siquiera en las sociedades más ‘abiertas’ que ha
alcanzado la civilización, y me parece improbable que llegue a desaparecer
completamente algún día.” Karl
Popper
Popper ve en las "sociedades
tribales primitivas" lo que más se aproxima a una sociedad cerrada. Aunque
estas sociedades tribales difieren entre sí, podemos encontrar en todas ellas
ciertos rasgos comunes. Uno de estos rasgos, quizás el más importante, es el
del "tabuismo tribal". Este
"tabuismo tribal" o "tribalismo mágico", como también lo
denomina, proviene de la falta de
diferenciación entre el funcionamiento de las leyes naturales y el
funcionamiento de las normas. Las leyes naturales son vistas, a la manera de
las normas sociales, como productos o designios de una voluntad sobrenatural
que debe ser obedecida, pues si no corremos el riesgo de ser castigados. Por
otro lado las normas sociales son entendidas como productos naturales que no
pueden alterarse o modificarse. Se produce una mezcla de antropomorfismo y
naturalismo que hace que le asignemos cualidades cuasihumanas a las leyes
naturales y cualidades naturales a las normas sociales humanas.
“Ya analizamos antes la actitud mágica ante la
costumbre social. Su principal elemento lo constituye la falta de
diferenciación entre las uniformidades convencionales por la costumbre de la
vida social, y las uniformidades provenientes de la ‘naturaleza’, y esto va
acompañado, a menudo, de la creencia de que ambas son impuestas por una
voluntad sobrenatural. La rigidez de la costumbre social es, probablemente, en
la mayoría de los casos, sólo un aspecto más de la misma actitud... Cuando
hablamos de la rigidez del tribalismo, no queremos decir con ello que no puedan
producirse cambios en las formas de la vida tribal. Queremos significar más
bien que los cambios, relativamente poco frecuentes, tienen el carácter de
conversiones o reacciones religiosas, con la consiguiente introducción de
nuevos tabúes mágicos. No se basan, pues, en una tentativa racional de mejorar
las condiciones sociales.”[29]
Por cierto que las leyes naturales o las leyes
científicas pueden ser entendidas, como la hace el mismo Popper, como prohibiciones.
Toda ley prohíbe algo. Pero es evidente que las prohibiciones de las leyes
naturales no pueden ser violadas, pues sino no serían leyes naturales. En
cambio, sí pueden ser violadas o
burladas con relativa facilidad las normas humanas. Precisamente las
prohibiciones humanas solo tienen sentido porque es posible una conducta contraria
a lo que se prohíbe. Si al hombre le fuera naturalmente imposible mentir, robar
o matar, entonces toda prohibición en ese sentido sería superflua. La
prohibición en este caso supone la posibilidad de aquello que está prohibido.
Las leyes sociales y humanas sirven para regular el comportamiento humano y, a
diferencia de las leyes naturales, pueden eliminarse o cambiarse. Este fue uno de los grandes aportes del
pensamiento griego y en especial de los sofistas: la distinción entre fisis y nomos. Se trata en definitiva de convenciones, y sólo eso, de
acuerdos o contratos que puede ser respetados o no.
De
ese carácter convencional y si se quiere artificial de las convenciones humanas
no debemos concluir que sean puramente arbitrarias, o que sea igual cualquier conjunto de convenciones con
relación a cualquier otro conjunto de convenciones. Desde luego que muchos de los productos
humanos tienen un alto grado de artificialidad y son, en cierto sentido,
arbitrarios. Incluso los llamados "lenguajes naturales" tienen un
alto grado de artificialidad, pero sería un error considerarlos completamente
arbitrarios por eso. Los lenguajes de la ciencia o de la música son altamente
artificiales y convencionales, pero es evidente que no son completamente
arbitrarios o que no podemos adoptar cualquier conjunto de reglas que queramos.
Como producto de esta "falta de diferenciación entre las uniformidades
convencionales proporcionadas por la costumbre de la vida social y las
uniformidades provenientes de la 'naturaleza' ", los individuos le
confieren a las instituciones y las normas humanas rasgos mágicos que escapan
de su control y comprensión, con lo cual "no dejan lugar a la
responsabilidad personal." [30]
Otro de los rasgos típicos de las sociedades
tribales primitivas y de la sociedad cerrada típica es su carácter orgánico o
semiorgánico. Este tipo de sociedad se caracteriza por una rígida
estratificación social y por una rígida división social del trabajo. En una
sociedad orgánica como ésta no existen conflictos de clase puesto que sería absurdo
pensar en "una tendencia por parte de las piernas a convertirse en
cerebro, o por parte de otros miembros del cuerpo en convertirse en el
vientre."
“Una sociedad cerrada extrema puede ser comparada
correctamente con un organismo. La llamada teoría organicista o biológica del
estado puede aplicársele en grado considerable. La sociedad cerrada se parece
todavía al hato o tribu en que en que constituye una unidad semiorgánica cuyos
miembros se hallan ligados por vínculos semibiológicos, a saber, el parentesco,
la convivencia, la participación equitativa en los trabajos, peligros, alegrías
y desgracias comunes. Se trata aún de un grupo concreto de individuos
concretos, relacionados unos con otros, no tan sólo por abstractos vínculos
sociales tales como la división del trabajo y el trueque de bienes, sino por
relaciones físicas concretas, tales como el tacto, el olfato y la vista.”[31]
Popper reconoce que este "espíritu
de cuerpo" existe en muchas organizaciones sociales modernas y que es
hasta cierto punto deseable, aunque hay que estar siempre alerta ante los
peligros que encierra. A pesar de que este sentido de pertenencia es
insuficiente en sociedades más complejas, ninguna sociedad puede prescindir
plenamente de ese sentimiento de pertenencia a un grupo.
“Los hombres forman todavía grupos concretos y
mantienen entre sí contactos sociales concretos de toda clase, tratando de
satisfacer sus necesidades sociales emocionales del mejor modo posible. Pero la mayoría de los grupos sociales
concretos de una sociedad abierta (con la excepción de algunos dichosos grupos
familiares) son pobres sustitutos, dado que no proporcionan una vida en común.
Y muchos de ellos no cumplen ninguna función en la vida de la sociedad
considerada en su conjunto.”[32]
Nuestro autor reconoce que “si bien la sociedad se ha tornado abstracta,
la configuración biológica del hombre no ha cambiado considerablemente: los
hombres tienen necesidades sociales que no pueden satisfacer en una sociedad
abierta.” Y añade:
“Claro está que el espíritu de grupo del tribalismo no
se ha perdido por completo. Se manifiesta, por ejemplo, en las más estimables
experiencias de la amistad y la camaradería, y también en las
jóvenes organizaciones tribalistas como la de los Boy Scouts (o el
Movimiento de la
Juventud Alemana ) y en ciertos clubes y sociedades de adultos
tales como, por ejemplo, los descritos en Babbitt de Sinclair
Lewis. No debe subestimarse la
importancia de esta experiencia, quizás la más universal de todas las
experiencias emocionales y estéticas [Énfasis nuestro]. Casi todos los
movimientos sociales, tanto totalitarios como humanistas, han sufrido su
influencia. Desempeña un importante papel en la guerra y constituye una de las
armas más poderosas de la rebelión contra la libertad; por cierto que también
en la paz y en las rebeliones contra la tiranía, pero en estos casos sus
tendencias románticas suelen poner en peligro al humanitarismo.” [33]
Para él, buena parte de los comportamientos sociales pueden comprenderse
como una necesidad de retornar a la unidad perdida de la sociedad cerrada, como
un intento de restablecer la armonía y seguridad originales.
“En
vista de estos hechos y de nuestro análisis histórico nos vemos llevados a
interpretar el misticismo como una de las reacciones típicas al derrumbe de la
sociedad cerrada, reacción que, en su origen, se dirigió contra la
sociedad abierta, pudiendo describirse como una evasión hacia el sueño de un
paraíso donde la unidad se manifiesta bajo la forma de una realidad
inalterable.” [34]
Esta actitud mística de búsqueda de unión y fusión en uno solo “ha sido
tomada en todo tiempo del reino de las relaciones entre los individuos y,
especialmente, de la experiencia del amor sexual” y en ella se expresa “la nostalgia por la perdida
unidad de la tribu, el anhelo de retornar al abrigo del hogar patriarcal y de
hacer que sus límites sean los de nuestro mundo.”[35]
No se le escapa, por otro lado, que esta nostalgia romántica de la sociedad
perdida supone una idealización y no se corresponde con la realidad.
“Claro está que el paraíso tribal es un mito (si bien
algunos pueblos primitivos, sobre todo los esquimales, parecen ser bastante
felices) Puede, sí, no haber ninguna sensación de deriva en la sociedad
cerrada, pero existen amplias pruebas de otras formas de temor, temor en las
potencias demoníacas ocultas tras los límites naturales.”[36]
En
suma, hay elementos dentro de una sociedad cerrada que son indispensables en
toda sociedad y que han de subsistir en la sociedad abierta, si bien es cierto
que estos elementos pueden también poner en riesgo o amenazar la existencia de
una sociedad abierta.[37]

3.
El derrumbe de la sociedad cerrada y el
surgimiento de la sociedad abierta
“La tensión de la civilización comenzaba a
hacerse sentir.” Karl Popper
“Nuestra
civilización occidental tiene su punto de partida en Grecia: Fue allí, al
parecer, donde se dio el primer paso del tribalismo al humanitarismo.” Karl Popper
Son diversos los factores que conspiran
contra la existencia de una sociedad relativamente autárquica como la que antes
describimos. Uno de estos factores fue sin duda la sobrepoblación, pues ello
hacía necesario la apertura de estas sociedades hacia nuevos territorios.
Pero el factor que determinó el derrumbe de la sociedad cerrada fue
"el
desarrollo de las comunicaciones y del comercio". La razón de esto no es
difícil de comprender. El comercio y la iniciativa mercantil traen como consecuencia
un contraste entre nuestras costumbres o normas y las costumbres diferentes de
otros pueblos, lo que hace que no veamos estas normas de la forma tan natural
e inmutable como las veíamos en la sociedad cerrada. Mediante la actividad
comercial no solamente intercambiamos productos o bienes, sino que también
intercambiamos ideas y valores, que modifican de algún modo nuestra forma de
ver las cosas.
Este
contraste o choque cultural (cultural
clash) da origen a lo que Popper denomina la "tensión de la
civilización", en la cual se pierde la simbiosis orgánica que se daba en
la sociedad cerrada. Este derrumbe de la sociedad cerrada no es algo de lo que
debamos lamentarnos, sino que "es el precio que debemos pagar para ser
humanos"[38],
puesto que este derrumbe va acompañado de un nuevo sentido de responsabilidad
personal, de individualidad y de libertad. Lejos de verlo como una catástrofe,
debemos verlo como una gran revolución de la que somos sus herederos
legítimos. Como él señala, " la gran revolución espiritual que condujo al
derrumbe del tribalismo y al advenimiento de la democracia no fue sino la
emancipación del individuo" [39]
. Y más adelante señala también que " ese individualismo que no prescinde
del altruismo se ha convertido en la base de la civilización occidental"[40]
.
Este
punto es crucial para nuestro autor, pues a menudo se identifica al
individualismo con el egoísmo y al colectivismo con el altruismo, para
responsabilizar al individualismo de ser la fuente de los males de la sociedad,
estrategia muy hábilmente utilizada, según él, por Platón. Por el contrario, él
verá el colectivismo o la nostalgia de la unidad perdida de la sociedad cerrada
como la fuente de gran parte de los males de la sociedad, aunque este
colectivismo o esta nostalgia romántica de un paraíso natural perdido esté
teñido de las mejores intenciones altruistas.
Otra
de las consecuencias importantes que se derivan del derrumbe de la sociedad
cerrada es que las instituciones humanas y las normas que las rigen no son
vistas ya como tabúes inmodificables, sino como productos de la acción humana,
aunque no siempre de modo deliberado, y que por lo tanto pueden ser modificadas,
mejoradas y cambiadas sin que por ello vayamos a ser objeto de un castigo
divino. En la medida en que se debilitan los lazos naturales dentro de una
sociedad abierta, se abre también la posibilidad de establecer libremente lazos
espirituales con otros miembros sin que estos lazos estén determinados por
contingencias de tipo natural, como el parentesco o la proximidad física.
Esta
sociedad abierta se parece mucho a lo que Popper denomina la "sociedad
abstracta", esto es una sociedad cada vez más impersonal y en la que,
gracias a los adelantos tecnológicos, la interacción "cara a cara" o
la interacción personal directa fuese menos necesaria o se redujese
simplemente al círculo afectivo íntimo de los individuos. A continuación nos describe las características generales que
una sociedad abstracta como esta tendría:
"No es imposible concebir una
sociedad en que los hombres no se encontrasen nunca, prácticamente, cara a
cara; donde todos los negocios fuesen llevados por individuos aislados que se
comunicasen telefónica o telegráficamente y que se trasladasen de un punto a
otro en automóviles herméticos. (La inseminación artificial permitiría,
incluso, llevar a cabo la procreación sin elemento personal alguno). Podríamos
decir de esta sociedad ficticia que es una ' sociedad completamente abstracta
o despersonalizada'. Pues bien; lo interesante es que nuestra sociedad moderna
se parece, en muchos de sus aspectos, a esta sociedad completamente
abstracta…..En la sociedad moderna
existe muchísima gente que tiene poco o ningún contacto personal íntimo con
otra personas y cuya vida transcurre en el anonimato y en el aislamiento y, por
consiguiente, en el infortunio. "[41][Énfasis
nuestro]
No cabe duda de que nuestra sociedad se parece
cada vez más a la sociedad descrita aquí y es posible que se haya quedado
bastante corto, aunque debemos tomar en cuenta que el libro fuese escrito
durante la Segunda Guerra
Mundial. No se le escapa a Popper que
una sociedad así, aunque tecnológicamente posible - o quizás actual gracias a
las redes informáticas modernas- no sería completamente deseable, pues siempre
" los hombres tienen necesidades sociales que no pueden satisfacer en una
sociedad abierta", como antes señaláramos. [42]
Ahora bien, si una sociedad completamente abierta, abstracta y racional no es
totalmente posible ni siquiera deseable, pretender regresar a una sociedad
cerrada es algo no menos posible o deseable, siendo mucho mayor el precio que
deberíamos pagar por este retorno a la sociedad tribal, a la horda primitiva.
"Para aquellos que se han nutrido
del árbol de la sabiduría, se ha perdido el paraíso. Cuanto más tratemos de
regresar a la heroica edad del tribalismo, tanto mayor será la seguridad de
arribar a la Inquisición ,
a la Policía Secreta ,
y al gangsterismo idealizado. Si
comenzamos por la supresión de la razón y de la verdad, deberemos concluir con
la más brutal y violenta destrucción de todo lo que es humano. No existe el retorno a un estado armonioso
de la naturaleza. Si damos vuelta, tendremos que recorrer todo el camino de
nuevo y retornar a las bestias."[43]
El paso de la sociedad cerrada a la
sociedad abierta es producto de lo que nuestro autor llama la Gran Generación , refiriéndose
con ello al siglo dorado de Pericles, con toda su pléyade de filósofos,
historiadores y dramaturgos. Pero no solo esto, Popper desafía la opinión
dominante que ve a los filósofos presocráticos como filósofos menores que
preparan el camino a los grandes pensadores como Platón y Aristóteles. Para él
la tradición presocrática tiene un valor fundamental por sí mismo y hecha las
bases de la sociedad abierta y de la tradición crítica que es indispensable
para el desarrollo de la investigación científica. La figura paradigmática de
este profundo cambio intelectual y social es Sócrates, quien fuese uno de los
mayores defensores de la auténtica racionalidad y libertad de pensamiento,
llegando incluso a morir por ello. Aunque muriese a manos de la democracia
ateniense y fuese una figura incómoda para ella, el espíritu socrático es
auténticamente democrático. Contrariamente, Platón representa “el judas de Sócrates” y es utilizado como
vocero de sus propias ideas antidemocráticas. La auténtica sabiduría socrática
es sustituida por la “sofocracia” platónica.
"¡Qué
monumento a la pequeñez humana es esta idea del filósofo rey! ¡Qué contraste
entre ella y la simplicidad y la humanidad de Sócrates, que se pasó advirtiendo
al hombre de estado contra el peligro de dejarse deslumbrar por su propio
poder, excelencia y sabiduría, y que tanto se preocupó por enseñar que lo que
más importa es nuestra frágil calidad de seres humanos! ¡Qué decadencia, qué
distancia desde este mundo de ironía, razón y sinceridad, al reino platónico
del sabio cuyas facultades mágicas lo elevan por encima de los hombres
corrientes, aunque no tan alto como para evitar el uso de las mentiras o para
ahorrarse las tristezas del oficio médico: la venta o la fabricación de tabúes,
a cambio del poder sobre sus conciudadanos!"[44]
En resumen podríamos señalar que
el conflicto entre la sociedad cerrada y la sociedad abierta es un conflicto
permanente, que hasta en la democracia mejor establecida hay siempre latente
corrientes antidemocráticas que amenazan llevar al traste las libertades conquistadas y
que debemos estar permanentemente atentos para que ello no suceda. A
continuación nos ocuparemos del marco institucional indispensable para el
funcionamiento de una sociedad abierta y democrática.

4. La ingeniería social
fragmentaria
“Esforzándonos por alcanzar lo inaccesible, volvemos
imposible lo que sería realizable” Robert Adrey
Ya
vimos como el desarrollo de las instituciones sociales desempeña un papel de
primer orden en el surgimiento de la sociedad abierta y como son, en gran
parte, las responsables de que el hombre se eleve por encima del nivel de las
bestias, construyéndose así un mundo específicamente humano. En especial,
pudimos ver que el cambio de actitud que se realiza en relación a estas
instituciones constituye un paso evolutivo decisivo hacia una sociedad
abierta: las instituciones y las normas que las rigen pasan de ser expresión
de una voluntad sobrehumana inalterable a ser productos de la interacción
humana. En efecto, uno de los mayores pasos del hombre consiste en el reconocimiento
de que el es responsable de sus instituciones y que una sociedad será tan buena
o tan mala, tan eficiente o ineficiente, tan humana o inhumana, como lo sean
las propias instituciones que la conforman. Esto quiere decir que el orden
institucional es un "fiel reflejo" de la sociedad y que si una sociedad
quiere "mirarse a sí misma" debe hacerlo a través del espejo de sus
instituciones. Estas instituciones son las respuestas - adecuadas o inadecuadas-
a los problemas básicos que se plantean en el seno de una sociedad y serán más
complejas e importantes cuanto más complejos e importantes sean estos
problemas. Los sistemas de parentesco, los sistemas educativos, los sistemas
económicos, los sistemas políticos o los sistemas culturales, constituyen las
respuestas institucionales a los problemas que se planten en cada uno de estos
complejos sistemas sociales.[45]
El
sistema social puede ser visto, entonces, como una compleja red de
instituciones, las cuales "nacen siempre por el establecimiento de la observancia
de ciertas normas ideadas con un objetivo determinado."[46]
Así, por ejemplo, el lenguaje humano es una institución que responde al
problema de la comunicación y preservación de los rasgos culturales de una
sociedad, así como la familia y el matrimonio son instituciones que tratan de
resolver el problema de la transmisión y conservación de ciertos rasgos
biológicos y sociales. Esto mismo ocurre con cualquier tipo de institución: la
propiedad privada, el mercado o el estado, todas ellas son respuestas a
problemas específicos que se plantean en el seno de una sociedad. De allí que
las instituciones puedan ser consideradas, de acuerdo a Popper, como
herramientas o "máquinas" que amplían y potencian las facultades
individuales, como "palancas" que multiplican la fuerza de los
individuos.
"En efecto, necesitamos de las
instituciones, al igual que de las palancas, para alcanzar todo aquello cuya
obtención exige una fuerza superior a la de nuestros músculos. Como las
máquinas, las instituciones multiplican nuestro poder para el bien y para el
mal. Como las máquinas, necesitan de la vigilancia inteligente de alguien que
comprenda su modo de funcionar y, sobre todo, los diversos fines para los
cuales pueden ser utilizadas, puesto que no podemos construirlas de modo que
funcionen en forma totalmente automática.
Además su diseño exige cierto conocimiento de las uniformidades sociales
que limitan los alcances de las finalidades a las que están destinadas las
instituciones."[47]
Popper
reconoce que buena parte de las instituciones sociales no son producto de un
diseño deliberado previo, sino producto o consecuencia no deliberada de
nuestras acciones, aunque todas ellas dependan en su funcionamiento y en su
conservación de ciertas leyes sociológicas o "uniformidades sociales",
así como de ciertas normas o reglas sociales que las protejan y adecuen a estas
leyes sociológicas.[48]
En cierto sentido las instituciones
tienen una vida o una inteligencia propia que va más allá de los individuos
considerados aisladamente, son productos "exosomáticos" que prolongan
los poderes de los individuos, aunque requieren del concurso y de la
cooperación de los individuos. Las instituciones requieren de personas que
comprendan su delicado funcionamiento, así como de personas que respeten las
normas que las rigen. Se requiere muy
especialmente de un enfoque metodológico, de una "ingeniería social"
y de una "tecnología social", que se ocupe del diseño y buen
funcionamiento de las instituciones y que comprenda también sus limitaciones.[49]
Desde
luego que la adopción de estos términos puede parecer a muchos poco afortunada
puesto que se trata en definitiva de seres humanos de lo que estamos hablando.
Sin embargo, como veremos más adelante, se trata de una metodología inspirada
por motivos humanísticos profundos, en contraste con lo que el empleo de esta
terminología puede inducirnos a pensar. De igual modo Popper plantea la
necesidad de adoptar una metodología sociológica, el "individualismo
metodológico"[50],
que se ocupa de las instituciones sociales y que consiste en explicar
"las dificultades que obstruyen la acción social, en estudiar -por así
decirlo- la densidad, la fragilidad o la elasticidad de la materia social y su
resistencia a nuestras tentativas de moldearla a nuestro antojo."[51]
Como tendremos oportunidad de ver a continuación esta terminología tan
aparentemente "cientificista", está inspirada en un gran respeto por
la libertad individual.
Para
nuestro autor, toda metodología social supone la adopción de un punto de vista
tecnológico, esto es, supone la intervención dentro de cierta escala en los
asuntos sociales. Ahora bien, el primer aspecto que hay que resaltar es que el
enfoque de cualquier ingeniería social se contrapone al enfoque historicista,
aunque a menudo ambos enfoques "se dan en ciertas combinaciones
típicas", particularmente en aquellos pensadores que idean sistemas
sociales utópicos. Así, "todos estos sistemas patrocinan cierto tipo de
ingeniería social, puesto que exigen la adopción de ciertos medios
institucionales -aunque no siempre los más realistas- para la consecución de
sus fines." [52]
Mientras
que el historicista se preocupa por los orígenes de las instituciones sociales
o se plantea preguntas como: ¿Qué es el estado? o ¿en qué consiste el funcionamiento
"esencial" del estado?; el ingeniero social no se devana los sesos
con este tipo de preguntas sino que se plantea el problema del modo siguiente:
"si nuestros objetivos son tales y tales; ¿se halla esta institución bien
concebida y bien organizada para alcanzarlos?"[53]
. Del mismo modo que el concebir a las instituciones sociales como si fuesen máquinas no implica la
adopción de una filosofía mecanicista o determinista, el entender las
instituciones como medios para obtener determinados fines tampoco implica necesariamente
"una filosofía 'instrumentalista' de las instituciones sociales"[54].
Desde
luego que su planteamiento supone la adopción de una racionalidad de
medios-fines, pero éste no excluye una discusión racional acerca de la
conveniencia de perseguir ciertos fines en lugar de otros[55].
Para Popper es evidente que no podemos establecer un análisis científico de
los fines o de los valores, por lo que todo intento de construir una ética
científica o una ética more geometrico resulta
completamente vano[56].
Sin embargo, ello no impide que podamos realizar una discusión crítica o
racional sobre los valores o los objetivos que perseguimos. Si bien las
instituciones responden a ciertas situaciones lógicas determinadas, no debemos
olvidar que somos nosotros, en última instancia, quienes les conferimos
determinada racionalidad a las instituciones. De nosotros depende el que
elijamos ciertas instituciones y rechacemos otras, tomando en cuenta los
valores o los objetivos que perseguimos, por lo que las consideraciones de
orden moral no pueden estar al margen de las cuestiones sociales en general.
En
el marco de la ingeniería social Popper establece, pues, una importante
diferenciación: la ingeniería social gradual o fragmentaria (piecemeal) y la ingeniería social utópica
u holística. Esta distinción no debe ser
entendida, como a menudo se hace, de manera totalmente rígida. Ésta parte de
la premisa de que "en la actualidad, el conocimiento sociológico necesario
para una ingeniería en gran escala simplemente no existe".[57]
Es en esta presunción que se basa, entre otras razones, la preferencia de
Popper por adoptar a nivel político y social una metodología gradualista. En
otras palabras, en la medida en que no dispongamos de un cuerpo de
conocimiento suficiente en el área social es preferible adoptar una
metodología más modesta o menos ambiciosa, es preferible reducir nuestro radio
de acción a planos limitados o a instituciones relativamente aisladas, de tal
modo que sea también más fácil la corrección de los errores o de los
inconvenientes que vayan surgiendo en el camino. Popper plantea que podemos
hacer esto, por ejemplo, "legislando acerca del seguro de la salud y
contra la desocupación, acerca de los tribunales de arbitraje, de los
presupuestos antidepresionistas o de la reforma educacional"[58].
La otra posición, la utópica u holística, supone que tenemos el conocimiento
suficiente para poder transformar simultáneamente y de raíz, todas las
instituciones sociales o que debemos esperar a que se produzca una profunda
crisis de todas las instituciones para que éstas den paso, como producto de un
cambio histórico revolucionario, a un orden social diferente y más racional.
Esto supone que cuanto peor estén las cosas en el presente tanto mejor habrán
de estar en el futuro[59].
Pero esta esperanza resulta inconsistente pues "si no puede mejorarse las
cosas mediante el uso de la razón, entonces sí que sería verdaderamente un
milagro histórico o político que las fuerzas irracionales de la historia
produjeran, por sí mismas, un mundo mejor y más racional"[60].
Pero existe otra razón de fondo
adicional para preferir la adopción de este tipo de intervención parcial o
institucional limitada. No sólo puede suceder que no dispongamos ahora del
conocimiento social suficiente para realizar una intervención a gran escala,
sino que además nuestras acciones siempre tienen consecuencias imprevistas y
acarrean consecuencias no deseadas. En el caso de una intervención a gran escala,
es lógico suponer que el número de consecuencias no previstas y no deseadas deba
ser mucho mayor, que los desajustes sean mayores y que, en consecuencia, sea
más difícil realizar los reajustes necesarios. En cambio, el tipo de intervención
más limitada del enfoque gradualista hace que estos reajustes sean
relativamente más fáciles de llevar a cabo. Mientras que una ingeniería social
utópica "debe conducir, por fuerza, a un apego dogmático a un plan en
nombre del cual se han realizado innumerables sacrificios."[61]
En cambio, el enfoque fragmentario puede prescindir de la adopción de un plan
maestro y plantea estrategias mucho más flexibles.
Uno de los mayores inconvenientes que
plantea la planificación económica centralizada es que debe recurrir a la
planificación fragmentaria, pero de forma improvisada y no de manera
sistemática, debe hacer uso de lo que Popper denomina "improvisación
fragmentaria" o "planificación no planeada"[62].
Resulta, entonces, que el ingeniero utópico u holístico se ve en la necesidad
de adoptar el método fragmentario o gradual que critica por ser demasiado
modesto y de pocas pretensiones, con lo que "en la práctica siempre se
refugian en una aplicación irreflexiva y chapucera, aunque ambiciosa y
despiadada, de lo que es esencialmente un método fragmentario sin su carácter
cauto y autocrítico."[63]
Lo
que el ingeniero social utópico pasa por alto es el carácter de
imprevisibilidad que el factor humano o personal introduce en todo sistema
social o institucional. Esto es, no toma en cuenta que "el factor personal
o humano continuará siendo el factor irracional por excelencia en la mayoría, o todas, las teorías
institucionales."[64]
En cambio, el ingeniero o tecnólogo fragmentario siempre tiene presente el
carácter irreductible de incertidumbre que supone la presencia de este factor
personal y que por mejor diseñadas que puedan estar ciertas instituciones o
por mejor que pueda ser su funcionamiento, este factor de impredecibilidad o
de incertidumbre no podrá ser jamás eliminado completamente. Toda institución
es falible, como falible son los hombres que las conforman. En suma: "Las
instituciones son como fortalezas. Tienen que estar bien construidas y además propiamente guarnecidas de
gente."[65]
El
éxito de las instituciones y de las organizaciones depende en no poca medida
del reconocimiento de este hecho, pues ello permite tener un mayor margen de
maniobrabilidad -Popper también compara a las instituciones con naves bien
tripuladas-y ser más flexibles o adaptarse más rápidamente a las situaciones
nuevas e imprevistas, tener mayor capacidad de aprendizaje. Como en el caso de
la metodología científica, el reconocimiento de su falibilidad, lejos de constituir una debilidad, constituye una fortaleza, pues ello le permite
también detectar los errores y tratar de corregirlos. El funcionamiento de las
instituciones se parece más al funcionamiento impredecible de las nubes, que
al funcionamiento relativamente preciso o exacto del mecanismo de un reloj.[66]
Esto supone asimismo que el tipo de control que debe ejercerse es un control
"plástico" o "flexible", en contraposición al control
necesariamente rígido que supone el querer tener todas las situaciones
posibles bajo control. Una sociedad organizada de acuerdo a este modelo de
control inelástico sólo puede conducir a una sociedad en la que desaparece la
libertad individual y la libre iniciativa, a un infierno orwelliano, en el que
todos los pasos de todos los individuos son vigilados por el "hermano
mayor" (big brother), conduce,
en suma, al totalitarismo. Como señala acertadamente Alasdair MacIntyre:
"Puesto que el éxito organizativo y
la prediciblidad organizativa se excluyen, el proyecto de crear una
organización total o ampliamente predecible, encargada de crear una sociedad
total o ampliamente predecible, está condenado, y no por mí sino por los hechos
del mundo social. Un totalitarismo, como el imaginado por Aldous Huxley o
George Orwell, es imposible. Lo que siempre producirá el proyecto totalitario
será la especie de rigidez e ineficacia que a largo plazo puede contribuir a
su derrota. Sin embargo, es preciso tener en cuenta las voces de Auschwitz y
del Archipiélago de Gulag, que nos dicen lo largo que puede llegar a ser ese
largo plazo." [67]
Debemos
abandonar completamente la idea de que podemos ejercer un control total de las
variables de una sociedad, así como antes fue abandonada la idea de que la vida
de los hombres está controlada totalmente por la voluntad de los dioses. Pero
del abandono de la idea de que la vida de los hombres está gobernada por una
voluntad divina inescrutable no se sigue que los hombres pueden ejercer un
control divino sobre la sociedad. No somos títeres, pero tampoco somos dioses.
Por cierto que esto tampoco implica que debamos abandonar toda idea de control
racional de la sociedad. Aunque el futuro y la realidad no son predecibles en
sus detalles infinitesimales, como lo supondría un "demonio
laplaciano" o un "demonio maxwelliano"[68],
podemos hacerlo cada vez más previsible.
La
previsión racional del futuro y de la realidad social es tanto más necesaria
cuanto que el futuro es más incierto y difícil de predecir. Dentro de este
marco de incertidumbre, la imprevisión
y, sobre todo, la total improvisación, pueden resultar muy peligrosas y
costosas. Es ampliamente conocida la
gran dosis de improvisación a la que se vio obligada a recurrir la triunfante
revolución bolchevique, en la cual, por cierto, se tuvieron que emplear las
propias instituciones capitalistas que tanto se criticaban.
Las
instituciones sociales abren un espacio relativamente estable, dentro de un
mundo incierto y cambiante. Estas instituciones, en la medida en que no son
sistemas cerrados o aislados, intercambian información de manera permanente
con un medio cambiante, por lo que son, por otro lado, intrínsecamente
impredecibles. Pero no es contradictorio afirmar al mismo tiempo el carácter
intrínsecamente impredecible de las instituciones sociales y afirmar que es a
través de ellas como podemos hacer la sociedad cada vez mas previsible
racionalmente, que es a través de ellas como podemos hacer el mundo un poco más
racional y controlar progresivamente las fuerzas irracionales que siempre han
existido en las sociedades humanas.
"Pienso que las cosas varían de modo que nosotros
no podemos prever. Debemos naturalmente
intentar contemplar siempre las distintas posibilidades, por lo menos en
lo que se refiere al futuro más próximo, precisamente para tomar postura frente
a estas posibilidades e influirlas.
Podemos hacer algo por el futuro. Quizá no mucho, pero sí algo, y hemos
hecho algo en tal dirección."[69]

5. Conclusiones
Como esperamos
haber puesto en evidencia, la crítica de Popper al historicismo está lejos de
carecer de fisuras e inconsistencias. A
pesar de ello, se trata de una crítica
importante y que hay que tomar en cuenta.
Es posible que su concepción de
historicismo pueda ser calificada como una suerte de “saco de gatos”, en el
cual incluye autores de muy distinto nivel o enfoque, y que su calificación de historicista a
determinados autores resulte bastante problemática. También puede decirse que su crítica al
historicismo contraviene muchas de las normas metodológicas del propio autor.
Sin embargo, no se trata de una crítica de orden puramente metodológico, se
trata también de una crítica de orden moral, una denuncia de todos aquellos
males que han originado determinadas interpretaciones históricas, de los falsos
ídolos ante los cuales se han sacrificado a menudo millones de vidas humanas,
como nos lo recuerda la dedicatoria de La
miseria del historicismo. En ello radica, a nuestro parecer, su mayor
valor. El mayor pecado del historicismo es, en suma, que nos exime de toda responsabilidad moral frente al
“progreso” o el “tren” de la historia.
También
quisiéramos hacer algunas consideraciones finales acerca de la utilidad y
actualidad de los conceptos popperianos de sociedad cerrada y sociedad abierta.
Ya indicamos que se trata de conceptos típico-ideales, vale decir, nos sirven
como modelos para comprender a la sociedad y en qué medida ésta se acercan a
estos modelos. A pesar de los riesgos que existen en una sociedad cerrada, ella
pone en evidencia la necesidad de satisfacción de determinadas necesidades
emocionales. El riesgo es el de perder la libertad individual a costa de la
seguridad.
Por otro
lado, en la medida en que esas
necesidades emocionales nunca podrán ser totalmente satisfechas en una sociedad
abierta –posiblemente en una cerrada, como la familia, tampoco-, es imposible,
incluso indeseable, que exista una sociedad plenamente abierta, abstracta y
racional. A pesar de la carencia de
estos lazos emocionales en una sociedad abierta, altamente abstracta y
racional, es posible establecer lazos espirituales o intelectuales, que no
dependen de los lazos naturales que se dan en una sociedad cerrada. El riesgo
de esa sociedad más libre para establecer lazos personales es la pérdida de
seguridad. La necesidad de seguridad emocional parece contradecir la necesidad
de libertad individual. De allí el miedo a la libertad y a la responsabilidad.
De allí la facilidad con que abrazamos ideologías que nos dan sentido de
pertenencia, que nos dan importancia como miembros de una comunidad o de un
grupo. De allí también el peligro, pues como grupo nadie es responsable
individualmente. La responsabilidad individual es un fardo demasiado pesado. La
idea de una libertad responsable es demasiado pesada, por eso es preferible una
seguridad irresponsable, una seguridad en la cual no hay responsabilidades
individuales. Por eso hemos calificado este conflicto entre ambas sociedades de
un conflicto permanente, pues en las sociedades modernas coexisten elementos de
una y otra sociedad. El conflicto entre seguridad y libertad no puede ser
resuelto de modo definitivo.[70]
En palabras de Brian Magee:
“Oímos a menudo la afirmación de que la
mayoría de la gente no desea realmente la libertad, porque la libertad implica
responsabilidad. Tanto si es verdad para la ‘mayoría de la gente’, como si
no, estoy seguro de que hay en ello una
parte importante de verdad. Aceptar la responsabilidad de nuestras vidas
implica enfrentarse continuamente a elecciones y decisiones difíciles, y sufrir
sus posibles males consecuencias, y esto es pesado, por no decir alarmante. Y
hay algo en todos nosotros, quizá algo infantil, que nos inclina a evitar el
peso de esta carga sobre nuestros hombros. Con todo, así como nuestro instinto
más poderoso es el de supervivencia, nuestra necesidad más fuerte es nuestra
necesidad de seguridad; de modo que estamos dispuestos a transferir nuestra
responsabilidad tan sólo a alguien o a algo que nos inspire mayor confianza que
nosotros mismos…..Por encima de todo deseamos ser liberados de todo
miedo….Aceptamos religiones que nos aseguran que no moriremos y filosofías políticas
que nos aseguran que la sociedad alcanzará la perfección en un futuro quizá no
lejano.
La certezas inmutables de las sociedades
precríticas, con autoridad, jerarquía, ritual, tabú, etcétera, estaban
destinadas a satisfacer tales necesidades. Pero con la desaparición del
tribalismo y la aparición de la tradición crítica, aparecen terribles y nuevas
exigencias: los individuos deben cuestionar
la autoridad, poner en duda lo que siempre habían dado por sentado, y
asumir responsabilidades por sí mismos y por los demás. …El precio de nuestra
libertad es nuestra seguridad, el de la igualdad nuestro amor propio, y el de
nuestra auto-consciencia nuestra tranquilidad de espíritu. El precio es alto:
nadie lo paga a gusto y muchos no quieren pagarlo en absoluto.” [71]
Por otro lado, si
comparamos el conflicto básico entre la sociedad cerrada y la abierta con la división popperiana entre tiranía y
democracia, entendiendo la democracia como una defensa institucional contra la
tiranía, como una red institucional que permite el desalojo del poder sin
derramamiento de sangre, siendo una tiranía
una sociedad cerrada y una democracia
una sociedad abierta, vemos que a
veces resulta difícil definir completamente si una sociedad es democrática o no. Esa demarcación no es tan sencilla. Es
posible encontrar en algunas democracias rasgos autoritarios, por ejemplo,
excesivo presidencialismo, así como pude
haber regímenes autoritarios con rasgos
democráticos y, sobre todo, liberales en lo económico, de apertura económica, como en el Chile de Pinochet o en la China actual. Posiblemente el término democracia es
susceptible de diversas adjetivaciones y tipologías.[72]
Incluso se ha hablado de “democracia totalitaria”, lo que para Popper sería un
oximoron.
En cambio, en la
medida que reconoce que no hay sociedades plenamente abiertas, podríamos decir
que tampoco hay sociedades plenamente democráticas. La sociedad abierta es un
ideal regulativo, así como el concepto de democracia. Así como pudiéramos
hablar de sociedades más o menos democráticas, podríamos hablar de sociedades
más o menos abiertas. Sin duda, podemos establecer matices y grados. Pero ello
no debe hacernos olvidar lo sustantivo
para una democracia. Por eso
consideramos importante mantener esta delimitación entre sociedad
cerrada y sociedad abierta, por más que en la práctica tal delimitación no sea
tan fácil o puedan establecerse grados.
Podríamos hacer
un símil con la verdad. Es difícil negar el valor regulativo de la verdad.
Aunque nunca podamos alcanzarla de modo pleno, su búsqueda es imprescindible.
La sociedad abierta y la democracia tienen también ese valor regulativo. Aunque
nunca puedan ser plenamente alcanzadas, su búsqueda permanente es indispensable
para la sobrevivencia de la civilización y para la preservación de la libertad
humana.
A pesar de sus
posibles deficiencias o simplificaciones, el análisis del conflicto entre la
sociedad cerrada y abierta propuesto por Popper constituye un excelente
antídoto para visiones finiseculares o milenaristas, que esperan la llegada
inevitable de una era de felicidad o de horror, o que dan por descontado la
realización de un determinado ideal político y desconocen las amenazas latentes
que siempre acechan ante las conquistas de mayor igualdad, solidaridad y libertad.
Es la mejor vacuna contra los abusos de un racionalismo pretencioso o mal
entendido, contra la arrogancia de una razón que desconoce sus límites. Pero
también es un excelente estímulo para no quedarnos de brazos cruzados, para no
estar nunca plenamente satisfechos con nuestros logros, para tratar de hacer
las cosas cada vez mejor. Sin hacerle
concesiones a un optimismo ingenuo[73],
el sobrio racionalismo pragmático de Popper nos muestra la posibilidad de mejorar constantemente sin sacrificar o
hipotecar el presente en aras de un futuro perfecto que nunca llega o en aras
de un pasado que nunca podrá recobrarse.
Es esta posibilidad de superación y mejora constante de la sociedad su mayor
contribución.
Pero, al fin y al cabo, la interpretación de
la historia propuesta por Popper es eso, una interpretación, sólo eso, y
podemos tener nuestras razones para adoptarla, aunque sea críticamente, o simplemente abandonarla. Igualmente ocurre
con su visión de una metodología
para los asuntos políticos, con cuyo
enfoque quisiéramos concluir este trabajo.
“Todos
sufrimos de una debilidad poco científica: el querer tener siempre la razón; y
esta debilidad parece estar particularmente extendida entre los políticos,
tanto profesionales como aficionados. Pero la única forma de aplicar a la
política algo parecido a un método científico es la de dar por sentado que no
puede haber una acción política que no tenga inconvenientes, que no tenga
consecuencias indeseables. Estar alertas frente a esas equivocaciones, analizarlas
y aprender de ellas, esto es lo que tanto un político científico como un
estudioso de la ciencia política deben hacer. La aplicación del método
científico en política significa que el gran arte de convencernos de que no hemos cometido
ninguna equivocación, de ignorar éstas, de esconderlas, de hacer recaer sobre
otros la responsabilidad, queda reemplazado por el arte más grande de aceptar
la responsabilidad, de intentar aprender de ellas y de aplicar este
conocimiento de tal modo que en el futuro podamos evitarlas.”[74]
[1] Este artículo se publicó originalmente en la Revista Intersticios. Filosofía, Arte, Religión,
Universidad Intercontinental, México, año 17, número 36, 2012.
[2] A continuación reseñamos algunos links de interés: www.tkpw.net , www.karlpopper.info y www.the-rathouse.com/writingsonpopper.html
. Aunque fue básicamente un filósofo de la ciencia también se ocupó de
cuestiones sociales y políticas, como las que desarrollaremos en este trabajo.
De hecho, existe una estrecha relación
entre estos campos en la obra de Popper.
[3] Punto importante que suele ser pasado por alto y que ha dado pie a una
imagen distorsionada del autor como un positivista o como un falsacionista
ingenuo. Véase algunas de las disputas sobre este tema en la nota siguiente.
[4] A diferencia del psicoanálisis, Popper consideraba que el marxismo
originalmente era científico, pero dejó de serlo al utilizar sus
seguidores permanentemente hipótesis ad
hoc para que calzaran los hechos. Ver nota 14.
[5] Como era de esperarse, la posición de Popper ha sido objeto de
diversos debates. Uno de ellos se entabló en Tubinga en 1961, entre Popper y
Adorno, entre otros. Este debate está recogido en La disputa del positivismo en las ciencias sociales, Grijalbo,
Barcelona, 1973. Pocos años después, en 1965,
se dio otro conocido debate entre Popper y Kuhn en Londres, el cual fue
recogido en Criticism and the growth of
knowledge, Cambridge University Press, Cambridge, 1970. (Hay una excelente
edición castellana por Grijalbo). En 1968 se realizó un Simposio en Burgos
sobre Popper, recogido en Ensayos de
filosofía de la ciencia, Tecnos, Madrid, 1970. Si duda, la revisión más
exhaustiva de su obra sigue siendo la edición de P.A. Schilpp: The philosophy of Karl Popper, Open
Court, Illinois, 1974, (2 vol.), donde aparece su autobiografía. Otra discusión más reciente aparece
en G. Radnitzky y W.W. Bartley (ed.): Evolutionary
Epistemology, Rationality, and the Sociology of Knowledge, Open Court,
Illinois, 1987. Dentro de la misma línea está Sergio
Martínez & León Olivé (comp.): Epistemología
evolucionista, Paidós, México, 1997. Posiblemente el mayor crítico de
Popper fue su antiguo discípulo, Paul Feyerabend. También podemos mencionar a
Larry Laudan, un discípulo de Imre Lakatos; a David Stove, un filósofo de la
ciencia australiano; a Ian Hacking, un filósofo de la ciencia canadiense, de
inspiración foucaultiana, y al propio Mario Bunge, aunque cabría añadir que
muchos de ellos comparten puntos de vista con Popper y son en parte deudores de
él.
[6] Obviamente no nos ocuparemos de cada una de estas teorías, sino que
mencionaremos algunas de ellas y reseñaremos algunas de las críticas que se han
hecho del excesivamente restringido concepto de historicismo en Popper.
[7] Karl
Raimund Popper: La miseria del
historicismo, Alianza & Taurus, Madrid, 1981, p. 17. En otro lugar
define “historicismo” como “la concepción
según la cual la historia de la humanidad sigue una trama, y que si
podemos desentrañar esta trama, tendremos la clave del futuro”, en “Predicción
y profecía en las ciencias sociales” en El
desarrollo del conocimiento científico: conjeturas y refutaciones, Paidós,
Buenos Aires, p. 389. Posiblemente la crítica más profunda y detallada sobre la
noción de historicismo en Popper es la de B. Taylor Wilkins: ¿Tiene la historia algún sentido?: Una
crítica a la filosofía de la historia de Popper, FCE, México, 1983. Aunque
reconoce la importancia de la filosofía de la historia popperiana, a la que
pone al nivel de la hegeliana, lleva a cabo un análisis pormenorizado de sus
debilidades y contradicciones, sin restarle, en definitiva, sus méritos. En
este trabajo recogeremos algunas de sus críticas. Por ejemplo, hay cierto juego
sucio en la posición de Popper: por un lado, propone una definición naturalista
o que copia las ciencias naturales, pero por otro lado desarrolla una crítica
muy parecida a la del historicismo antinaturalista al que también ataca. Véase
Taylor Wilkins, op. cit. p.38, 4n.
[8] La miseria del historicismo, pp.122s. Para él, “la reciente boga del historicismo podría
considerarse meramente como una parte de la boga del evolucionismo”, p.120. Un punto similar desarrolla Stephen Toulmin
al señalar que “la idea de evolución rápidamente se asoció al historicismo
filosófico y compartió sus ambiciones proféticas”, en La comprensión humana. I. El uso colectivo y la evolución de los
conceptos, Alianza Editorial, Madrid, 1977(El resto de la cita, como el
resto del capítulo, no tiene desperdicio e ilumina muy bien el tema). Esto dio
origen a la falsa asociación entre progreso y evolución, pues la teoría de la
evolución no implica progreso ni fin, ni puede aplicarse más allá de
determinadas poblaciones en circunstancias muy particulares, posee “el carácter
de una proposición histórica particular (singular o específica)”, como señala
Popper. Como se sabe, sin embargo, la
teoría de la evolución fue cobrando con el tiempo mayor importancia en la
“evolución” del pensamiento popperiano, y abordará sus propios conceptos
epistemológicos dentro de un enfoque si se quiere biologicista o naturalista.
Con relación a este giro puede consultarse el trabajo de Pedro Schwartz: “Karl
Popper y la teoría de la evolución”, en http://www.raco.cat/index.php/enrahonar/article/viewFile/42533/90577 o nuestro trabajo sobre epistemología evolucionista
referido en la nota 60.
[9] La miseria del historicismo, p.
124.
[10] La miseria del historicismo, p.
124s. Se ve que ya tenía pensado hacer tal paralelismo.
[11] La miseria del historicismo,
p. 125. Vale la pena señalar que el paralelismo que lleva acabo Popper entre
las tiranías del pasado y las del presente, entre la sociedad cerrada del
pasado y la del presente, en su libro de
marras, a menudo parece desconocer precisamente que se trata de “circunstancias
profundamente diferentes”. Aunque es muy posible encontrar rasgos autoritarios
en Platón, sin duda que están lejos de ser los mismos que encontramos en el
nazismo o el comunismo, o que influyeran directamente en ellos. En esa medida
Popper contraviene, en parte, su propio postulado metodológico, de extrapolar el pasado al futuro o al presente, aunque nunca tuvo la
pretensión de descubrir una ley de la evolución de la sociedad o de la
historia, o algo por el estilo. Véase nota
44.
[12] La miseria del historicismo,
p130.
[13] Obviamente Popper es consciente de que también en las ciencias
naturales resulta difícil esta constancia relativa de condiciones iniciales,
aunque en la ciencia podamos establecer idealmente sistemas relativamente
aislados y cerrados. De allí que sostenga el carácter básicamente abierto del
universo, de la historia y de la sociedad. La tentación que habría que evitar
es la de reformular una ley o una teoría cada vez que se produce un cambio de
las condiciones iniciales, la de adoptar una hipótesis ad hoc cada vez que la
teoría entre en contradicción con los hechos,
pues ello implicaría que siempre podemos calzarla con cualesquiera
hechos que ocurran y perderían todo su poder explicativo. Como suele decirse de
los planificadores, que se la pasan seis meses prediciendo lo que va a ocurrir
y los otros seis meses explicando por qué no ocurrió lo que esperaban.
[14] Cf. La miseria del historismo,
p. 12. Popper no niega la posibilidad de toda predicción social bajo
determinadas condiciones, sino sólo de predicciones históricas de largo alcance
o no condicionadas. El problema surge cuando se convierten las leyes
condicionadas de la ciencia en leyes incondicionadas o tendencias absolutas.
Cf. La miseria del historicismo, pp.
129s y p.143. Podemos encontrar una
discusión crítica de este tema en Wilkins Taylor, op. cit. pp. 30ss. En fin,
Popper no niega la posibilidad de descubrir determinadas leyes
sociológicas, como las de la economía, a partir de las cuales es posible hacer
predicciones específicas. Cf. La miseria
del historicismo, p. 76. Puede verse una interesante crítica de este punto
de vista y de la postura popperiana en Albert R. Bonet: “Karl Popper y el
historicismo: una crítica interna”, en Razón
y Revolución, No. 5, Otoño 1999.
(Hay versión electrónica)
[15] Cabe señalar que muchos autores que Popper encierra bajo el rótulo de
“historicistas” estarían plenamente dispuestos a admitir la imposibilidad de
conocer la historia como totalidad, la imposibilidad de dar cuenta de todos y
cada uno de los hechos históricos. De allí la necesidad de seleccionar los
hechos a la luz de una interpretación previa. Pocos son los autores, si hay
alguno, a los que se les puede achacar tan ingenuas pretensiones. Hemos
abordado este punto en “La crítica de Popper al historicismo y la noción de
totalidad en el marxismo”, UCAB, Caracas, 1983, versión microfilmada.
[16] La miseria del historicismo, p. 156.
[17] Con relación a este punto vale la pena destacar cierta inconsistencia
o doble estándar metodológico en Popper. Como señala Taylor Wilkins “al menos
en el contexto de una discusión sobre el método científico, decir que una
teoría es preconcebida podría resultar ser simplemente una descripción o
incluso un elogio si es que procede de alguien con las ideas de Popper; y es
difícil ver cómo lo que es positivo cuando se trata de la ciencia pude
convertirse en negativo cuando se trata de la historia”, en ¿Tiene
la historia algún sentido?, pp. 81s. Igualmente es inconsistente cuando
señala que las leyes sociológicas en las que se basa la historia son triviales
o irrefutables, pues los hechos que las contrastarían están cargados de
interpretaciones, son siempre revisables. Pero esa situación ocurre también,
según él, a la hora de contrastar las teorías científicas, lo que se conoce
como el problema de la “base empírica”. Esta ambivalencia aparece en su
evaluación del marxismo, al cual se le desconoce carácter científico y al mismo
tiempo se señala que sus predicciones lo contradicen, cuando es la capacidad de
que un hecho entre en contradicción con la teoría lo que le da carácter
científico.
[18] Si esto es así, cabe preguntarse por qué ha de ser preferible su
interpretación a la de cualquier otro autor. Al final trataremos de responder a
esta pregunta.
[19] Karl
Raimund Popper: La sociedad abierta y sus
enemigos, Paidós, Barcelona, 1981,
p. 432. Como Bertolt Brecht en su Galileo
Galilei, Popper piensa ¡que pobre es el mundo que necesita de héroes, no el
que carece de ellos! La revisión más reciente de esta obra de Popper es Ian
Jarvie y Sandra Pralong (ed.): Popper’s Open Society afterFifty Years,
Routledge, Londres, 1999. Allí podrán encontrarse interesantes comentarios
críticos y valoraciones sobre la actualidad de esta obra. Para una detallada
descripción de los avatares a los cuales se vio sometida la publicación de esta
obra puede consultarse http://unav.es.gep/AF69/AF69Kiesewetter.html
[20] La sociedad abierta y sus enemigos, p.
433. Cuando hace esta crítica tiene seguramente en mientes a Hegel. La mejor
respuesta a la crítica popperiana de Hegel y Marx sigue siendo Herbert Marcuse:
Razón y revolución, Alianza
Editorial, Madrid, 2003
[21] La
sociedad abierta y sus enemigos, p. 438. Una cosa es descubrir el
sentido de la historia, otra cosa es conferirle sentido a la historia.
[22] La miseria del historicismo, p. 60
[23] Para él ese radicalismo utópico es inseparable de una visión holística
de la sociedad. Véase la nota 15.
[24] En su autobiografía señala:"Yo estaba
indignado por el oscurantismo de algunas cuestiones de examen acerca de'
lo uno y lo mucho' en la filosofía griega y deseaba exponer
abiertamente las tendencias políticas ligadas con esas ideas metafísicas",
Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid,
1977, p. 153. Curiosamente La sociedad abierta y sus enemigos surgió
como "un resultado verdaderamente involuntario" al tratar de mejorar
el estilo pesado con el que había sido
escrito La
miseria del historicismo y, en especial, la confusión que rodeaba su
crítica al esencialismo metodológico de Platón y Aristóteles. En definitiva, lo
que le preocupa a Popper es la
forma excesivamente especulativa y poco
científica como se enfoca el problema del cambio.
[25] En
relación con el origen de los conceptos
de sociedad cerrada y sociedad abierta, véase La sociedad abierta y sus enemigos, p. 443 y p. 543, 6n.
[26] La miseria del historicismo, p. 175
[27] La sociedad abierta y sus enemigos, p.
31. En el fondo, se trata de la pérdida de cohesión social o anomia.
[28] La miseria del historicismo, p. 145. En
suma, cualquier forma de historicismo es para Popper una forma de superstición:
"Pero este ingenuo optimismo
historicista, de Hegel y Comte, de Marx y Mill, no es menos supersticioso que
el historicismo pesimista de un Platón o un Spengler", La miseria del historicismo, p.
368s. Podríamos añadir a esto que tanta
ingenuidad manifiesta la tesis de “el fin de la historia” planteada después del
colapso del comunismo en 1991, como aquella otra que considera inevitable la
llegada del socialismo del siglo XXI, particularmente después de la crisis del
capitalismo global en el 2008. El carácter supersticioso no depende del
contenido de lo que ha de venir o perdurar, sino de la creencia en que ello ha
de venir o perdurar de modo necesario o inexorable. La historia, como también
la naturaleza, puede en cualquier momento dar al traste con nuestras creencias
mejor establecidas.
[29] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 169
[30] La
sociedad abierta y sus enemigos, p. 170
[31] La sociedad abierta y sus
enemigos, p.171. Se trata de la vieja distinción sociológica de Tönnies
entre comunidad (Gemeinschaft) y sociedad (Gesellschaft). Hay una excelente
descripción del desarrollo de estos conceptos en John Burrow: La crisis de la razón, Crítica,
Barcelona, 2000, en especial el capítulo III. Es curioso que la mayoría de los
sociólogos clásicos comparten la nostalgia por volver a alguna forma primitiva
de solidaridad social o ven la pérdida de cohesión social como algo negativo,
que debe ser restablecido de algún modo. Por ejemplo Weber cuando habla de la
“jaula de hierro” y el “desencantamiento del mundo”, Marx cuando habla de la
“alienación del hombre” y su superación en una sociedad comunista, y Durkheim
cuando propone volver a alguna forma de solidaridad como la que había en los
gremios de la Edad Media.
Posiblemente la posición de Simmel es la más equilibrada con relación a este
tema y la que más se aproxima al enfoque popperiano. Véase www.bifurcaciones.cl/004/reserva.htm
[32] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 172
[33] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 566, 68n. En la película alemana La Ola (Die Welle), de Dennis Gansel (2008), se pone
de manifiesto la facilidad con que se puede inducir a un grupo estos
elementos gregarios negativos, típicos de un sistema totalitario. La
“hermandad” del grupo lo hace fácilmente susceptible de caer en formas de
violencia incontrolada.
[34] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 564, 59n. Popper aclara que su hostilidad no es en contra del
misticismo religioso, y mucho menos estaría a favor de censurarlo, sino contra
esa mezcla de intelectualismo y misticismo que encontramos en Platón o, más
recientemente, en Wittgenstein. Aunque el misticismo pudiera ser compatible con
una sociedad abierta, al igual que el
irracionalismo, suele estar en contra y a favor de la unidad perdida de
la sociedad cerrada, está teñida de la nostalgia romántica de la unidad
perdida. Para él no es casual que el nazismo haya prendido en la nación
germana, con una fuerte tradición mística y romántica, y que el nazismo
despertara este fuerte imaginario allí,
y en otras naciones, podríamos añadir.
[35] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 411. Es imposible no recordar aquí los análisis de la “conciencia oceánica” y del “malestar de la
cultura” de Freud, si bien Popper tenía en tan poca estima el psicoanálisis.
[36] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 567, 70n
[37] Contrariamente a lo que a veces se ha criticado de Popper, de que pone
en la sociedad cerrada todo lo que le disgusta y en la sociedad abierta todo lo
que le gusta, no deja de reconocer elementos indispensables o valiosos en la
primera y negativos o perjudiciales en la segunda, como veremos a continuación.
Por ello, en vez de hablar de un conflicto permanente, pudiésemos plantearnos
la necesidad de una complementación permanente, aunque por razones históricas
evidentes el análisis de Popper enfatice los elementos en conflicto.
[38] Hay que leer entre líneas lo que quiere decir aquí el autor, no se
trata de negarle humanidad a las personas en una sociedad cerrada, sino
reconocer el hecho de que no podemos ser plenamente humanos, alcanzar cierta
madurez, a menos que tengamos cierta autonomía y libertad individuales, y
ciertas responsabilidades u obligaciones, como resultado de esta misma libertad.
[40] La sociedad abierta y sus enemigos, pp.
107s.
[42] Como
se ha dicho tantas veces el mundo de hoy se reduce cada vez más a la dimensión
de una aldea. Pero lo interesante de
todo ello es que los odios tribales parecen hoy más extendidos que nunca,
precisamente como fruto de esta creciente globalización económica y
tecnológica. Popper va a criticar en distintas partes de su obra esa nostalgia
romántica por una arcadia perdida o por el resurgir de una nueva Edad Media.
Con relación a la influencia del naturalismo de Platón sobre Rousseau, véase La sociedad abierta y sus enemigos, pp.491s, 1n; pp.542, 14n y p.
407. Con relación a la nostalgia por la Edad Media , y su
revalorización por el movimiento romántico,
véase también La sociedad abierta
y sus enemigos, p. 407.
[43] La
sociedad abierta y sus enemigos, p. 194
[44] La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 156. Más allá de la veracidad histórica de esta aseveración,
cosa que no podemos analizar aquí, Sócrates es para Popper el símbolo de la
sociedad abierta y cambiante, mientras que Platón es el símbolo de la sociedad
cerrada y detenida. Aunque un abordaje más profundo de este tema requeriría un
desarrollo aparte, puede consultarse nuestro trabajo http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2010/10/mentira-y-politica-por-carlos-blanck-el.html
. Sin duda que luce excesivo calificar a Platón de totalitario, así como
resultaría excesivo calificar a toda sociedad cerrada de totalitaria.
[45] A
continuación transcribimos el sentido que Popper le confiere a estos términos:
"La expresión 'institución social' se usa aquí en un sentido muy amplio,
que incluye cuerpos de carácter tanto público como privado. Así , la usaré para describir una empresa,
sea una pequeña tienda o una compañía de
seguros, y de la misma forma una escuela, o un 'sistema educativo', o una
fuerza de policía, o una iglesia , o un tribunal" La
miseria del historicismo, p. 71
[46] La sociedad abierta y sus enemigos, p.
76
[47] La sociedad abierta y sus enemigos, p.
76
[48] Cf. La miseria del historicismo, pp. 79s
[49] Vale la pena recalcar que buena parte de las instituciones sociales no
son el producto deliberado de nadie,
sino el producto no deliberado de la interacción humana. Por otra parte, aunque
muchas instituciones obedecen a un fin determinado, sin embargo es fácil que
ellas se desvíen de su fin original o que incluso obedezcan a un fin opuesto.
La corrupción dentro de una institución policial podría ser un buen ejemplo.
Más recientemente, R. K. Merton se ha ocupado de ese “desplazamiento de
objetivos” en Teoría y estructura sociales, FCE, México, 1980. Este concepto es
muy utilizado en teoría de las organizaciones y se le conoce también como
“bifurcación de propósitos”.
[50] Hemos abordado este tema con más profundidad en “Popper y el problema
de la autonomía del pensamiento sociológico”, Lógoi, UCAB, Caracas, 2001, No. 4, pp. 15-37. Por eso puede
considerarse el individualismo metodológico de Popper como un individualismo
institucional.
[51] La sociedad abierta y sus enemigos, p. 280. Obviamente se trata de un programa o una
propuesta a ser realizada.
[52] La sociedad abierta y sus enemigos, p.
39
[54] Podemos
considerar a una naranja como un medio para calmar la sed o como un medio para
ganarnos la vida mediante su venta,
aunque resulta claro que la naranja no es un instrumento. La cuestión de
fondo es que podemos adoptar un punto de vista "funcionalista" o
"instrumentalista”, descartando igualmente toda pretensión de definir la
"esencia" o lo que "esencialmente" sean las instituciones. Obviamente el enfoque institucional de
Popper no es neutral desde el punto de vista ético y supone una reflexión
acerca de qué instituciones son favorables para una sociedad abierta, esto es,
fomentan la libertad y el espíritu crítico. Ver nota 57.
[55] Uno de
los aportes de La
Sociedad Abierta y
sus Enemigos, es la introducción del concepto de racionalidad crítica o de
"razonabilidad", el cual incluye el concepto de racionalidad
científica, pero no es reducible a ésta. El capítulo 24 es de consulta obligada
en este sentido.
[56] Con relación a este punto señala: "Lo
que queremos y necesitamos es moralizar la política y no hacer política con la
moral." La sociedad abierta y sus
enemigos, p. 118. En cambio, la adopción del
racionalismo crítico tiene una base moral y supone, entre otras cosas, la
reducción del dolor evitable. Hemos abordado este tema en “La dimensión ética
del racionalismo crítico de Karl Popper”, Logoi,
no.8, UCAB, Caracas, 2005 o en http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2010/11/la-dimension-etica-del-racionalismo.html
. También Taylor Wilkins se ocupa de es tema en su último capítulo del libro ya
citado.
[57] La sociedad abierta y su enemigos, p.
161. Lo que se quiere destacar es que no
se pueden saltar ciertos pasos lógicos. Toda ingeniería social en gran escala
debe estar precedida por una
ingeniería gradual o de composturas
parciales. En rigor "el método al
por mayor o en gran escala sólo resulta donde el método gradual nos ha
suministrado previamente gran cantidad de experiencias detalladas, y aun
entonces, sólo dentro de los límites de estas experiencias", La sociedad abierta y sus enemigos, p. 163
[58] La sociedad abierta y su enemigos, p.159
[59] Esta
es, según Popper, una de las contradicciones típicas del mesianismo marxista,
de que hay que trabajar para que se produzcan ciertos cambios, aunque estos
habrán de sobrevenir de cualquier modo, como consecuencia del inevitable
derrumbe del capitalismo. Por eso afirmaba, casi 50 años antes de que se
derrumbase el comunismo, que "al
parecer, no es sólo el capitalismo el que opera bajo contradicciones internas
que amenazan llevarlo a la ruina...", La
sociedad abierta y sus enemigos, p. 364. Por cierto que después del
derrumbe del socialismo real Popper jamás utilizó el expediente: “yo lo dije”,
pues precisamente sería incurrir en aquello que se critica. En este sentido,
Popper no sólo ha criticado la ingenuidad de ciertas tesis socialistas sino
también la ingenuidad de ciertas tesis liberales. Al respecto pueden verse
nuestros trabajos http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2011/02/aproximacion-al-liberalismo-critico-de.html
y http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2011/06/popper-centinela-de-la-libertad-carlos.html
.
[60] La
sociedad abierta y su enemigos, p.
322. Aunque Popper tiene en mientes la
escatología comunista, esta actitud no es privativa de de esta corriente. Al
respecto vale la pena citar un texto en el cual Friedrich Hayek se reconoce muy
próximo al pensamiento de nuestro autor: "Popper y yo estamos de acuerdo
en casi todos los respectos. El problema es que no somos neoliberales. Quienes
así se definen, no son liberales, son socialistas Somos liberales que tratamos de renovar pero
nos adherimos a la vieja tradición de que se puede mejorar, pero que no puede
cambiarse en lo fundamental. Lo contrario es creer en el constructivismo
racionalista, en la idea de que se puede construir una estructura social
concebida intelectualmente por los hombres e impuesta de acuerdo a un plan sin
tener en consideración los procesos culturales evolutivos", citado
por Arturo Fontaine Talavera en “Sobre el pecado original de la
transformación capitalista chilena”, Barry Levine (comp.), Norma, Bogotá, 1992,
pp. 114s. Según Hayek,
este constructivismo racionalista parte
del supuesto de que como "nosotros hemos creado las instituciones podemos
cambiarlas como queremos. Esto es una
equivocación intelectual. Es un error. Es falso", p.115. Véase también,
Friedrich A. Hayek: La fatal arrogancia.
Los errores del socialismo, Unión Editorial, Madrid, 1990. Hemos abordado
con más detenimiento la relación Popper-Hayek y la epistemología evolucionista
en http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2011/03/conocimiento-y-sociedad-la-perspectiva.html
[62] Cf. La miseria del historicismo, p. 83
[64] La miseria del historicismo, p. 172
[65] La miseria del historicismo, p. 80
[66] Cf.
“Sobre nubes y relojes”, en Karl Popper: Conocimiento
objetivo, Tecnos, Madrid, 1974, pp.
193-235
[67]
Alasdair MacIntyre: Tras la virtud, Crítica,
Barcelona, 1987, p. 138
[68] Un
"demonio laplaciano" sería aquel capaz de predecir con absoluta
exactitud todas las posiciones y las velocidades de todos los cuerpos del
universo, mientras que un "demonio maxwelliano" seria capaz de hacer eso mismo pero con todas
las moléculas de un gas.
[69] Karl R. Popper: Sociedad
abierta, Universo abierto, Tecnos, Madrid, 1984, p. 23. A menudo se ha tildado la posición política
de Popper de conservadora. Esta crítica suele desconocer el amplio campo de
reformas a las que está abierta su
posición y desconoce también lo que está en juego en lo social, a menudo la
vida de seres humanos, lo que lo hace ser cauteloso en este dominio, en
contraste con su defensa de los períodos revolucionarios de la ciencia. Si la
sociedad abierta representa una de las mayores revoluciones del pensamiento
occidental, con bastante frecuencia ésta se puede ver amenazada por el carácter
utópico y violento con que suelen plantearse las revoluciones sociales y
políticas. Para él hay una fuerte conexión entre esteticismo, utopismo y
violencia. Contra la soberbia y la prepotencia humanas, contra la arrogancia
intelectual, la mejor receta será siempre la humildad socrática y
cristiana, la modestia intelectual, de donde surge la
auténtica sabiduría. Ese es, quizás, su mensaje final.
[70] Esto se pone en evidencia ante los ataques terroristas, los cuales
implican una amenaza a la seguridad y la necesaria pérdida de libertad que se
da en aras de restablecer esa seguridad. Por otro lado, las personas están
dispuestas a disminuir su grado de libertad si ello redunda en su mayor seguridad.
[71] Brian Magee: Popper,
Grijalbo, Barcelona, 1974, pp. 119s.
[72] En América Latina tendemos a hacer demasiadas adjetivaciones a la
democracia, lo cual puede generar a la larga más confusión que claridad, puede
desdibujar su imagen y hacernos perder de vista lo básico. Con relación a esta
prolija adjetivación de la democracia y las dificultades que plantea, véase
David Collier & Steven Levitsky: “Democracy with adjectives”, World Politics 49, Abril 1977, 430-51, donde hay una extensa bibliografía sobre el
tema. La ventaja del criterio unívoco de democracia en Popper, la existencia de
instituciones que impiden una tiranía, aunque nunca haya garantías absolutas en
su contra, es que sienta los cimientos a
partir de los cuales podemos hablar de democracia. Es posible que esos cimientos, siempre
vulnerables, sean insuficientes, pero sin ellos no podríamos hablar de
democracia. Véase La sociedad abierta y
sus enemigos, pp. 337s. El criterio de Popper nos da una definición mínima
que puede ser ulteriormente enriquecida con nuevos adjetivos. Popper mismo lo
hizo cuando suscribió, con todo lo polémico que ello puede ser, una democracia bipartidista como el modelo
que más se acerca al equilibrio de fuerzas necesario para evitar la
concentración de poderes y criticó el sistema del voto proporcional, puesto que
hace difícil el juicio a la ejecutorias de un gobierno y diluye su
responsabilidad; véase “Sobre la teoría de la democracia”, en La responsabilidad de vivir, Paidós,
Barcelona, 1995, pp. 175-81. Por otro lado, el gradualismo institucional de
Popper lejos de contradecir esta diferenciación, la supone, supone ese “control
flexible” que es posible en democracia. No hay que olvidar que a menudo se ha
criticado la debilidad de las democracias -de las democracias “liberales”- como
la causa principal de sistemas dictatoriales o simplemente totalitarios, como
el nazismo y el comunismo.
[73] En más de una oportunidad
Popper ha señalado que su optimismo tiene que ver con el pasado, con lo
que se ha logrado hasta ahora, a pesar de todos los inconvenientes, y no con el
futuro, con lo que aún queda por lograrse.
[74] La miseria del historicismo,
p. 102.
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