La Comida:
goce y trascendencia
José Ramón López Moreno[1]

RESUMEN
La superación
de los límites humanos conduce a trascenderlos y la comida lo posibilita,
además de su papel nutricional, el hombre la transforma en objeto de goce. En un primer momento la
búsqueda del placer es individual, la auto-complacencia y la auto-trascendencia,
pero rápidamente se convierte en un acto colectivo, donde los participantes
comparten la experiencia, utilizándose el goce de lo lúdico-sensorial de la
comida para el logro de la trascendencia colectiva.
ABSTRACT
Overcoming leads to transcend human limitations and enables the food, she plays a nutritional
role, but the man with the ability to transform
thought into symbols, driving enjoyment. At first the
search is individual, self-indulgence
and self-importance, but quickly turns to the
collective, sharing individual experience transforms the group, where
participants are also transformers, used for
the recreational enjoyment -sensory food for
achieving collective transcendence.
INTRODUCCIÓN
El desarrollo personal y la búsqueda de la superación de
obstáculos es un tema principal en las sociedades actuales, hecho que es
confirmado por la abundante bibliografía que se produce y que circula en las
librerías de todo el mundo. Ser prospero, exitoso, más inteligente, mejores
padres, mejores hijos, extraordinarios amantes…. es el objetivo, se acepta que
se carece de esa cualidad y se quiere superar su ausencia, con la esperanza de completarse y ser feliz. El deseo de
superar obstáculos, trascenderlos, genera una gran motivación, se reconoce que
cada individuo es diferente y que no existe una manera única de lograrlo, y sin
embargo el deseo de poseer una clave, un manual, una receta impulsa el
comportamiento humano. Este fenómeno de banalización del conocimiento plantea
compartir la información adquirida en los libros, que como diría Simmel actúa
como mecanismo de socialización, por lo que se buscan situaciones donde se
intercambie esa información, aún sin haber obtenido los resultados esperados,
porque coloca al individuo en la actualidad, en un tema de moda, se interpreta libremente el contenido de un
libro y se asume practicarlo en otro momento, por lo que no se internaliza y no
se produce el cambio deseado…., dentro de la variedad de temas que se abordan
aparece reiteradamente la idea de dejar que la realidad fluya, no pensar mucho
en los problemas, buscar otros
intereses, etc., en lo escrito en ellos, es frecuente encontrar las sugerencias
a no pensar y utilizar los sentidos para reestablecer el vinculo con la
realidad, como si se hubiera perdido esa relación. En esa búsqueda la
alimentación ocupa un lugar principal al estimular el sentido del gusto, y por
tanto, la noción de realidad. El desarrollo de las artes culinarias permite
conocer costumbres alimenticias distintas a las propias, indagar en condimentos
y especies, formas de mezclarlos, superando el simple acto de comer y
transformándolo en un evento cultural particular.
La alimentación cumple un papel fundamental en la vida, pero en el
caso del Hombre, esa función básica se
transforma en un hecho cultural de gran complejidad, trasciende la condición
humana pasando de la supervivencia a lo relacional, donde están presentes el
intercambio del individuo consigo mismo y con los otros. El proceso se inicia
en el individuo, lo que le gusta a cada uno, el placer de lo ingerido, la
autocomplacencia, el auto-estimulo de los propios sentidos, el goce propio y
auto generado por medio de la estimulación
sensorial, es personalista, escapando a
la simple consideración de nutrición. El goce personal es el objetivo de este
nivel de experiencia, es indescriptible, solo puede ser expresada en términos
de: me gusta, mucho, muchísimo, es mi preferido, me encanta o no me gusta, es
salado, dulce, picante, etc., los gestos
están vinculados, la expresión puede estar restringida al rostro o a todo el
cuerpo, es una vivencia inexplicable pero con una significación individual
total, porque involucra a todo el organismo y de esta manera transforma su
realidad momentáneamente. Por momentos el esquema sensorio-perceptual
experimenta un estímulo extraordinario que trasciende lo cotidiano y lo
aproxima a lo extático. Este evento
tiende a ser intencional para lo cual se investiga mucho acerca de los
ingredientes y su acción sobre las glándulas gustativas y olfativas y también
su acción corporal. Esta es una experiencia efímera ya que no perdura en el
tiempo, y aún si se quiere repetir nunca será igual.
Es usual que lo vivido individualmente tienda a ser transcendido
en lo grupal, el individuo le comenta a otro su experiencia culinaria y en
muchas ocasiones tiende a involucrarlo en ella haciéndolo probar, invitándolo a
sentir por si mismo. El goce individual es
trascendido al convertirse en goce compartido, la acción de incitar a otro a
degustar es un esfuerzo para alejarse de lo solitario y establecer nuevos
marcos referenciales colectivos, se socializa el goce, se comparte la
trascendencia. Simmel plantea que al analizar el intercambio social se debe
tomar en cuenta “ …que a partir de lo
negativo mismo se desarrolla, como a partir de una energía positiva, su
contrario”(Simmel 1986), por lo que al analizar este mecanismo de socialización
se puede vincular lo individual con lo negativo
y su contrario positivo es lo social. Nuestro interés está en la
trascendencia de lo individual a lo social, a través de experiencias gozosas.
Al socializarse el goce, su búsqueda exige una complejidad muy
grande, ya que no es suficiente la elaboración de la comida, debe ir acompañada
de bebida, de un orden en la ingesta de los alimentos que inicie adecuadamente
el proceso de estimulación sensorial, la decoración del espacio donde se
realizará el encuentro, la imagen de los participantes, lo que nos lleva a
considerar lo estético-visual, los temas de conversación y la ambientación
musical involucran lo auditivo y todos en conjunto estimulan los procesos
cognoscitivos. El esquema senso-perceptual se estimula al involucrarse todos
los sentidos intencionalmente y se produce una emoción integral que se conoce
como goce, revestido de gran disfrute.

LOS ESTIMULOS
A lo largo de la historia y en todas las culturas encontramos que
el hombre busca modificar su cotidianeidad por medio de sustancias y productos
que lo conduzcan a superar limitaciones orgánicas; el café es un ejemplo de
ello, es un estimulante utilizado ampliamente en las sociedades actuales
globalizadas, a lo cual es necesario agregar el té, el picante, un sin número de
especies que estimulan el paladar y las glándulas odoríferas, clavos de olor,
canela, anís y vainilla, comino, azafrán y cúrcuma, las sociedades procuran
elaborar platillos con esos y otros ingredientes con el objetivo de crear
recetas con sabores deliciosos, que permitan trascender el momento y hacerlo
inolvidable, convertir lo efímero en permanente, registrando en la memoria la
relación única de uno consigo mismo, que puede ser compartida en una situación
colectiva, donde todos al unísono comparten, trascendiendo de esta forma lo
individual y manifestándose en alegría, placer, humor, disfrute, goce.
Existen culturas que prefieren encuentros colectivos, como las
árabes, las polinesias y las caribeñas;
donde la reunión se acompaña con música y en muchas oportunidades baile,
convirtiéndose en una forma de exteriorización de las emociones. Otras culturas
prefieren lo introspectivo como sucede con la tradicional japonesa, siendo la
ceremonia del té su mejor exponente, estimulándose lo sensorial individual, donde
hasta los más pequeños detalles son tomados en cuenta, ejemplificando el máximo
de regulación y poca espontaneidad, y sin embargo el resultado solo puede ser
interpretado como altamente espiritual.
En ambas situaciones encontramos los mismos mecanismos y la misma
intencionalidad, pero dirigidas hacia necesidades humanas distintas. No podemos
desatender aquellas culturas que apoyándose en conceptos mágicos-religiosos
desarrollan el ascetismo y el ayuno como vehiculo de estimulo sensorial
conducente al desarrollo espiritual, donde la escasez es sinónimo de
intencionalidad, se prescinde de estimular los sentidos para no distraer la
voluntad de sacrificio, que está direccionada hacia la fe, donde también hay
gozo.

Elaborar una receta exige haber vivido un proceso investigativo,
es una actividad intencional que conduce al logro de un plato que resulta
satisfactorio, es una actividad placentera para quien lo elabora y es
individual. Inicialmente la investigación responde a un interés personal, la
búsqueda de sensaciones estimulantes para sí mismo, se deja guiar por su
criterio y da como resultado el plato deseado. Una vez satisfecho ese proceso
personal que conduce a la auto-satisfacción, puede desearse compartirlo con
otros, puesto que ahí encuentra su alter-ego que lo completa y lo define, la
necesidad de evaluar el efecto que produce esa receta en otros impulsa el acto
de compartir, generalmente resulta igualmente satisfactorio para todos, pero el
efecto se amplifica al estar acompañado, el humor surge, el o los otros
potencian el efecto sensorial y se transforma en una situación gozosa, que solo
sucede en compañía, el alimento actúa como catalizador de emociones, trayendo
como resultado un doble recuerdo, uno el plato ingerido y su exquisito sabor,
el otro y quizá más importante el goce del encuentro, el evento social donde se
evidencia la trascendencia de lo individual y cotidiano.
En un encuentro social la decoración del ambiente es de suma
importancia, se rompe con lo cotidiano utilizando elementos decorativos
especiales. Se limpia cuidadosamente el espacio de reunión, se escoge un bonito
mantel que cubra la mesa, así como la vajilla y los cubiertos, no se pretende
resaltar el mantel sino la comida. La ambientación se realiza dependiendo de
los elementos de que se disponga, la
tradición cultural propia y la condición
socio-económica a la que se pertenezca.
La mesa se decora con un centro de mesa floral, velas u otros, se
puede hacer énfasis en la iluminación,
todo esto procurándose no obstaculizar el contacto visual de los comensales. La
intención es que la mesa sea un estimulo en si misma, y que cada uno de los
elementos involucrados sean a su vez incitadores a la experiencia trascendente.
No debemos excluir la experiencia contraria, ascética, donde
intencionalmente se implementa la simplicidad en la búsqueda del no estimulo
sensorial, puesto que en este caso el único estimulo posible es el espiritual,
generalmente es cultivado por sociedades
religiosas o filosóficas.

LA IMAGEN PERSONAL
Se espera que tanto el anfitrión como los invitados cuiden su
imagen para que sintonicen con el evento, limpios, bien vestidos y arreglados
son los protagonistas del evento, la luminosidad del espacio vitaliza la
actitud de los participantes. La conversación se torna alegre, acompañada de
risas y bromas, se desarrolla un interés por lo grato y placentero, para lo
cual se recurre a bebidas espirituosas que estimulan y facilitan las relaciones
sociales, en una fase previa que se conoce como aperitivo y que se acompaña por
pequeños canapés que estimulan el apetito. La responsabilidad del evento está
en todos y cada uno de los comensales, viviéndose una situación mixta entre
ligera y exigente, ya que el éxito de la reunión depende de todos, es un evento
colectivo.
EL ANFITRIÓN Y EL/LOS
INVITADOS
Cuando el anfitrión se plantea una reunión comienza en él la
preparación, a quién invitar, donde, cómo, cuando, qué ofrecer, desarrollándose
un comportamiento de planificación que estimula la individualidad y trasciende
lo cotidiano. Invitar implica ofrecer la oportunidad del encuentro placentero
para lo cual se realiza un esfuerzo especial, direccionado, controlado, a su
vez él o los invitados también se preparan para el compartir, se genera una
disposición al gozo, al disfrute, si deben llevar algo para compartir lo
planifican, preparan la vestimenta, analizan el tiempo de desplazamiento, etc.
El anfitrión está dispuesto a atender y ofrecer un buen momento, los invitados
van dispuestos a ser atendidos y pasar a su vez un buen momento que les ofrezca
a todos un paréntesis de distensión en lo lúdico-sensorial.

CONCLUSIÓN
El acto de comer es interpretado desde su cotidianeidad,
evidentemente tiende a satisfacer una necesidad básica y sin embargo es
convertido en un acto cultural y se reviste de contenido simbólico. Si no se
come el organismo se debilita, el alimento es el combustible, el organismo
extrae de él los nutrientes necesarios para su existencia, sin embargo esa
capacidad que tiene el hombre de repensarse lo lleva a complejizar lo que hace
y revestirlo de significados.
En esa complejidad cultural, el encuentro puede o no tener una
razón especifica, sin embargo dependiendo del motivo la situación cambia, no es
igual un cumpleaños que la navidad o un encuentro entre amigos, y dependiendo
de esto se escogen alimentos específicos, si es un cumpleaños debe estar presente un pastel de
cumpleaños con un número de velas equivalentes a los años cumplidos. Ciertos
platos específicos se escogen para ser
consumidos en festividades religiosas, o característicos de reuniones
familiares donde se habla de la receta familiar, que se guarda como un tesoro y
no se comparte con otros.
La naturaleza humana hace que se magnifique lo banal para sentir que
posee cualidades especiales particulares, convirtiéndolo en múltiples
experiencias únicas con cualidades especiales. Se ha transformado en algo muy
diferente, ahora tiene un significado particular, y se vive lo particular y
banal como extraordinario. Esto especial, seguramente, tiene que ver con la
necesidad de experimentar emociones únicas y sensoriales que se logran a través del gusto y el olfato,
que son conducentes al placer sensorial y social.
Vale la pena considerar lo planteado por Freud al definir el desarrollo evolutivo del hombre, donde el
individuo experimenta sus primeras sensaciones de placer en el órgano de la
succión y que llamó etapa oral,
centrando en el gusto y el olfato las primeras sensaciones de placer, y que al irse desarrollando hacia
la adultez, se activa lo placentero en
otros órganos, sin que desaparezca el anterior, el placer gustativo permanece
siempre.
El Hombre ha encontrado una manera muy eficiente de vivir los
placeres, semejándose en ciertas
ocasiones a éxtasis espirituales. La
experiencia es muy variada, ya que puede ir de la diversión a la estimulación
intelectual, dependiendo de los comensales, la direccionalidad de la
experiencia, la secuencia de los platos, la complejidad y la destreza en la
combinación de los ingredientes, así como la combinación con las bebidas,
produciéndose estímulos difíciles de predecir, ya que se involucra el estado de
salud y de animo de los participantes, así como sus edades e intereses comunes.
El cierre del evento está representado por el fin de la comida y las dinámicas
relacionadas a la post-experiencia, acompañada por café y otro tipo de bebidas,
más fuertes y/o dulces, propicias a la conversación y la alegría. La
experiencia ha trascendido lo cotidiano y permanecerá en la memoria, lo efímero
impacta en el pensamiento puesto que fortalece la idea de la forma ideal de
relacionarse con el mundo, y la reunión convierte lo utópico en realidad,
aunque sea temporal. Lo efímero impulsa la búsqueda de lo permanente porque es
la prueba irrefutable de lo armónico-social gracias al goce. De esta forma se
supera lo individual que es característico de la soledad, siendo esta la razón
por lo que se intenta repetir el
encuentro, ya que se valora lo colectivo, y el comer juntos es el mejor ejemplo
de haber encontrado un mecanismo de socialización exitoso y de trascendencia
colectiva.
BIBLIOGRAFÍA
MAFFESOLI, Michel (1988). El
tiempo de las tribus, El ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas.
Siglo xxi editores, México 2004
“ “ . Le
réenchantement du monde. La Table Ronde ,
Paris 2007
SIMMEL, Georg (1903). El
individuo y la libertad, Ensayos de crítica de la cultura. Peninsula,
Barcelona 1986
[1] José Ramón López Moreno, nacido en 1952 en la ciudad de
Caracas-Venezuela, donde reside. Antropólogo de la Universidad Central
de Venezuela, Dr. en Sociología de la Universidad Paris
7, Post. Doctor del CEAQ-Universidad de París 5-Sorbonne. Profesor Titular de la Universidad Central
de Venezuela en la escuela de Sociología, Universidad Metropolitana, Universidad
Pedagógica Libertador, en 2º y 3er ciclo. Actualmente investiga en las nuevas formas asociativas de
las políticas públicas y cultura de paz en Venezuela.
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