jueves, 17 de enero de 2013


Habermas:
De la racionalidad cognitiva-instrumental
a la racionalidad comunicativa
María Eugenia Cisneros Araujo

 


1. Antecedentes de la teoría de la acción comunicativa   
Jürgen Habermas para construir su teoría sobre la racionalidad comunicativa, hizo una revisión exhaustiva de las ideas de Weber, Horkheimer, Adorno y Luchman.
1.1. Weber, Horkheimer y Adorno
Habermas explica en la Teoría de la acción comunicativa[1], que Weber, Horkheimer y Adorno entendieron la modernización de la sociedad viejoeuropea como resultado de un proceso histórico-universal de racionalización. En su análisis de racionalización social  en el mundo moderno juzgan el marco institucional de la economía capitalista y del Estado moderno como aquellos subsistemas de acción racional con arreglo a fines en que se despliega el racionalismo occidental. Se trata de una razón instrumental autonomizada, la racionalidad de la dominación de la naturaleza se amalgama con la irracionalidad de la dominación de unas clases sobre otras. La ciencia y la técnica aparecen bajo esta perspectiva como medios de represión social. Los autores citados identifican racionalización social con aumento de la racionalidad instrumental y estratégica de los contextos de acción. Los conceptos de acción en los que se basan, los mencionados autores, son lo bastante complejos para aprehender en las acciones sociales todos los aspectos en que puede presentarse la racionalización social; asimismo, la racionalización de las orientaciones de acción y de las estructuras del mundo de la vida no son lo mismo que el aumento de complejidad de los sistemas de acción. Las investigaciones de Weber, Horkheimer y Adorno se concentran en los fundamentos práctico-morales de la institucionalización de la acción racional con arreglo a fines. Esta tesis abarca la racionalización religiosa y la racionalización social, esto es, la emergencia histórica de las estructuras de conciencia modernas y la materialización de esas estructuras de racionalidad en instituciones sociales. La racionalización instrumental y estratégica se caracteriza por la ciencia moderna que da forma matemática al saber teórico y que lo somete a prueba por medio de experimentos controlados, la organización universitaria de las especialidades científicas, la literatura impresa destinada al mercado y la institucionalización del cultivo del arte, que se opera con los teatros, los museos, las revistas, la música en forma de sinfonía, ópera, la perspectiva lineal en la pintura y los principios constructivos de las grandes edificaciones monumentales, la sistematización científica de la teoría del derecho, las instituciones del derecho formal, y una judicatura ejercida por funcionarios especializados en derecho, la moderna administración estatal con su organización racional de funcionarios, que opera sobre la base de un derecho estatuido o positivado, la calculabilidad y previsibilidad del comercio social regulado por el derecho privado, la empresa capitalista que trabaja en función al lucro y dispone de una contabilidad racional, la organización del trabajo formalmente libre desde la eficiencia, la utilización de los conocimientos científicos para mejorar los dispositivos de producción y de su propia organización interna y la ética económica capitalista que es parte de un modo racional de vida. Entienden la modernidad de la sociedad como el proceso en el que emergen la empresa capitalista y el Estado moderno. Enfatizan que el racionalismo ético y jurídico son los que proporcionan los factores centrales para el nacimiento de la sociedad moderna. Se trata de la racionalización que consiste en la autonomía cognitiva del derecho y la moral. En otras palabras, la separación de las ideas práctico-morales de las doctrinas éticas y jurídicas, de los principios, máximas y reglas de decisión respecto de las imágenes del mundo en que inicialmente estaban insertas. La separación del derecho y la moral conduce al derecho formal y a las éticas de la responsabilidad. Las imágenes cosmológicas, religiosas y metafísicas del mundo están estructuradas del modo que todavía no permite que se impongan las diferencias internas existentes entre la razón teórica y la razón práctica. El derecho y la ética quedan determinados por la filosofía práctica del mundo moderno como derecho natural racional y como ética formal.
En resumen, la racionalización cultural de la que surgen las estructuras de conciencia típicas de las sociedades modernas se extiende a los componentes cognitivos, a los estéticos-expresivos y a lo moral-evaluativo de tradición religiosa. Se produce una diferenciación de estas tres esferas de valor donde cada una obedece a su propia lógica. La racionalización en el plano de la cultura obedece a la ética de la intención; ética universalista regidas por principios y de bases religiosas. Se trata que el racionalismo ético proporcione el fundamento para una actitud cognoscitivo-instrumental frente a los procesos intramundanos y en especial frente a las interacciones sociales en el ámbito del trabajo social.
Para Habermas el análisis que hacen Weber, Horkheimer y Adorno del racionalismo de la cultura occidental es incompleto porque sólo hace énfasis en su carácter instrumental y estratégico. Con ello, reducen la racionalización social al aspecto de la racionalidad con arreglo a fines. Esta indagación hay que complementarla con la noción de la racionalidad comunicativa. La racionalización social no sólo responde al modo instrumental. También obedece a la acción comunicativa. Sólo en el contexto de acciones comunicativas, las tres esferas que en la visión de los mencionados autores están separadas y se desarrollan cada una de acuerdo a su propia lógica se presentan vinculadas en un proceso que alienta la intersubjetividad comprensiva entre los individuos de una sociedad.
Habermas explica que tanto la racionalidad cognitivo-instrumental como la racionalidad comunicativa son susceptibles de fundamentación y de crítica. En ambos ámbitos una persona racional es capaz de reflexionar sobre los valores de cómo interpreta sus necesidades. La racionalidad en ambos campos consiste en la capacidad de los sujetos de reflexionar sobre su propia subjetividad e intervenir en las manifestaciones irracionales que se expresan en el terreno cognitivo-instrumental, práctico-moral y práctico-estéticas. Se trata de un proceso de autorreflexión donde las razones juegan un papel fundamental. “Llamamos racional a una persona que se muestra dispuesta al entendimiento y que ante las perturbaciones de la comunicación reacciona reflexionando sobre las reglas lingüísticas…”[2]. Se busca construir un discurso explicativo sobre el asunto controvertido.[3] La estructura de la interacción simbólicamente mediada es una alternativa a la acción racional con respecto a fines. Por ello, afirma que la racionalidad comunicativa puede articularse con el concepto de racionalidad cognitivo-instrumental, toda vez que ambas pueden contribuir a la construcción de un discurso explicativo porque existen relaciones internas entre la capacidad de manipular instrumentalmente cosas y sucesos y la capacidad de entendimiento intersubjetivo sobre cosas y sucesos.
Si la racionalidad se mide por el éxito de las intervenciones dirigidas a la consecución de un propósito, basta con exigir que puedan elegir entre alternativas y controlar (algunas) condiciones del entorno. Pero si la racionalidad se mide por el buen suceso de los procesos de entendimiento, entonces no basta con recurrir a tales capacidades. En los contextos de acción comunicativa sólo puede ser considerado capaz de responder de su acto aquel que sea capaz, como miembro de una comunidad de comunicación, de orientar su acción por pretensiones de validez intersubjetivamente reconocidas. En este contexto se llama racional aquel sujeto que actúa con lucidez y es capaz de juzgar imparcialmente desde un punto de vista moral el conflicto normativo y trata de resolverlo por la vía consensual en un intercambio intersubjetivo de argumentos y no aquel sujeto que ante el conflicto normativo se deja llevar por sus pasiones y sus intereses inmediatos. Se trata que los sujetos resuelvan las cuestiones prácticas argumentativamente.
1.2. Luhmann:
Explica el sociólogo Matía Giletta[4] que Luhmann ofrece un marco explicativo de la sociedad como un sistema social. Plantea una teoría general de sistemas sociales. Propone un marco explicativo general de la vida social; brinda una conceptualización de la sociedad moderna como un sistema funcionalmente  diferenciado y altamente complejo internamente en subsistemas como por ejemplo el sistema educativo y el sistema económico; propone la idea de que la evolución social reside en el aumento de la complejidad social y en el predominio de la diferenciación funcional de las sociedades; busca la interdisciplinariedad: la teoría de los sistemas autopoiéticos es producto de la interacción de aporte disciplinarios muy diversos, como la cibernética, la sociología, la biología, la lógica y la teoría de la comunicación; formula la posibilidad de entender la sociedad como un sistema social autónomo, diferenciado que como conjunto de elementos interrelacionados tiene límites precisos y la reproducción reside en esos límites.
El mencionado sociólogo distingue el sistema social del sistema cultural y del sistema de la personalidad y cada uno responde a diferentes análisis en relación a la noción de sistema social. El sistema social tiene su propia especificidad y esto lo diferencia del resto de los sistemas (biológico, psíquico, de la personalidad). La tesis del sociólogo consiste en exponer que el sistema social es un sistema de comunicaciones y toda relación social es una relación de comunicación. De allí que, lo específicamente social es la comunicación. La existencia de la comunicación sólo es posible en referencia a un determinado sistema social. En esta teoría toda comunicación presenta un acto de comunicar o emisión, información y un acto de entender o comprensión. La comunicación sólo se produce si se logra la comprensión. El sistema social se caracteriza por la operación de la comunicación, por consiguiente su origen y conservación vienen dados por la reproducción de la comunicación. La autopoiesis del sistema social es una reproducción recursivamente establecida, esto significa que la reproducción del sistema social y de las operaciones de comunicación que lo componen es ejercida por el sistema social mismo y no por su entorno. Así la unidad del sistema social general en tanto totalidad social se presenta como la unidad de las diferencias de los subsistemas sociales y sus respectivos entornos que lo constituyen. Cada subsistema que integra el sistema social tiene su propio entorno. Habermas utiliza a Luhmann en la idea de sistema y subsistema para construir su tesis de la teoría de la acción comunicativa como un sistema que regulará los subsistemas para lograr la integración e interacción entre estos.




2. Modernidad y/o posmodernidad
Para Habermas la modernidad es un proyecto inacabado[5] porque no se agota en la racionalidad instrumental como lo plantea Weber. La noción sobre la racionalidad instrumental desarrollada por Weber y la escuela de Frankfurt es una interpretación parcial de la modernidad no un señalamiento negativo.
Explica el mencionado sociólogo que la modernidad no ha finalizado porque en su opinión lo que hace falta es complementar la racionalidad cognitivo instrumental con la racionalidad comunicativa. Esta postura la enuncia públicamente en la conferencia que pronunció el 11 de septiembre de 1980 con motivo de la concesión del premio Adorno de la ciudad de Frankfurt en la iglesia de San Pablo. En ese texto Habermas reflexiona sobre si en realidad la posmodernidad se ofrece decididamente como una antimodernidad. En su análisis muestra que la posmodernidad es una consigna en la que se concentran silenciosamente algunas circunstancias intelectuales que ha venido suscitando la modernidad contra sí misma desde mediados del siglo XIX. Explica que el término “moderno” se emplea por primera vez en el siglo V, con el fin de delimitar el presente cristiano, que acaba de hacerse oficial, del pasado romano-pagano. La “Modernidad” expresa siempre la conciencia de una época, con contenidos cambiantes, que se pone en relación con la Antigüedad para concebirse a sí misma como el resultado de una transición de lo antiguo a lo nuevo. “Modernos” se sentían también los coetáneos de las épocas de Carlomagno en el siglo XII y de la Ilustración; esto es, siempre que en Europa se ha manifestado la conciencia de un nuevo tiempo por medio de una relación renovada con la Antigüedad. Por moderno se entiende ahora sólo aquello que ayuda a dar expresión objetiva a la actualidad espontáneamente renovada del espíritu de la época. La Modernidad conserva una relación secreta con lo clásico. Se reputa clásico aquello que sobrevive al paso del tiempo. El producto absolutamente moderno obtiene esta fuerza de la autoridad de una época pasada, de la autenticidad de una actualidad pasada. La propia Modernidad crea para sí misma su clasicismo. Se trata de la valoración de lo transitorio, de lo fugaz, de lo efímero, en la celebración del dinamismo se manifiesta la nostalgia de un presente impoluto e interrumpido. El modernismo es la nostalgia de la auténtica presencia. En El discurso filosófico de la modernidad[6], Habermas expone que fue Hegel el primer filósofo que desarrolló un concepto claro de modernidad; a Hegel será menester recurrir si queremos entender qué significó la relación interna entre modernidad y racionalidad, que hasta Max Weber se supuso evidente de suyo y que hoy aparece puesta en cuestión a priori por el pensamiento posmoderno al  auto-atribuirse una posición trascendente cuando en realidad permanece prisionero de las premisas de la auto-comprensión moderna hechas valer por Hegel.
Hegel empieza utilizando el concepto de modernidad en contextos históricos como concepto de época: la “época moderna” designa en torno a 1800 los tres últimos siglos transcurridos hasta entonces. El descubrimiento del “Nuevo Mundo”, así como el Renacimiento y la Reforma –acontecimientos que se producen los tres en torno a 1500- constituyen la divisoria entre la edad Moderna y la Edad Media, edad “nueva” o “moderna” (mundo “nuevo” o “moderno”) designa el carácter distintivo de una época enfáticamente “nueva”; el concepto profano de época moderna expresa la convicción de que el futuro ha empezado ya: significa la época que vive orientada hacia el futuro, que se ha abierto a lo nuevo. Con lo cual la cesura que representa el nuevo comienzo queda trasladada del futuro al pasado, es decir, a los inicios del mundo moderno. Sólo en el curso del siglo XVIII queda retrospectivamente  entendido como tal comienzo el cambio de época que se produce en torno a 1500.
El “espíritu de la época”, una de las expresiones nuevas que inspiran a Hegel, caracteriza a la actualidad como un momento de tránsito que se consume en la conciencia de la aceleración del presente y en la expectativa de la heterogeneidad del futuro. El mundo nuevo, el mundo moderno, se distingue del antiguo por estar abierto al futuro, el inicio que es la nueva época se repite y perpetúa con cada momento de la actualidad que produce de sí algo nuevo. A la conciencia histórica de la modernidad pertenece, por tanto, el deslinde entre “lo novísimo” (lo último, lo actual) y lo moderno: la actualidad como historia del presente dentro del horizonte de la Edad Moderna pasa a ocupar  un lugar prominente. También Hegel entiende “nuestro tiempo” como “tiempo novísimo” (lo reciente, lo último de nuestros días). Una actualidad que desde el horizonte de la Edad Moderna se entiende a sí misma como la actualidad del tiempo novísimo o último se tiene que vivir y reproducir como renovación continua la ruptura que la Edad Moderna significó con el pasado.
El Prof. David De los Reyes en su artículo “Hegel y la modernidad”[7] afirma que Hegel se plantea la modernidad como problema. Ser moderno para De los Reyes significa que uno sabe que está viviendo en el presente con una aguda conciencia histórica y esto es lo que pone en el tapete Hegel. El mencionado filósofo alemán sugiere que es necesaria la reconciliación del hombre con su presente para retomar la confianza en sí mismo, respecto a su pensamiento y en relación al mundo divino. El presente se concibe mediante las leyes científicas y políticas. Dice el mencionado autor del artículo “el hombre despierta ante sí”, despierta ante su interioridad y ante su exterioridad. Traduce el mundo mediante conceptos para entender la realidad.
Al respecto señala Hebermas que a esto responden los conceptos de movimiento que en el siglo XVIII, o surgen junto con la expresión “época moderna”, o reciben su nuevo significado que sigue en pie hasta nuestros días: revolución, progreso, emancipación, desarrollo, crisis, espíritu de la época. La modernidad ya no puede ni quiere tomar sus criterios de orientación de modelos de otras épocas, tiene que extraer su normatividad de sí misma. La modernidad no tiene otra salida, no tiene más remedio que echar mano de sí misma. Esto explica la irritabilidad de su autocomprensión, la dinámica de los intentos proseguidos sin descanso hasta nuestro días de “fijarse”, “de constatarse” a sí misma.
En este contexto, para el sociólogo alemán, los que hablan de posmodernidad argumentan que las crisis de las sociedades desarrolladas de occidente se deben a una ruptura entre la cultura y la sociedad, entre la modernidad cultural y las necesidades del sistema económico y administrativo. Una cultura cuyo modernismo fortalece las convenciones y virtudes de una vida cotidiana racionalizada a través de la economía y de la administración; y por esta circunstancia la modernidad está definitivamente acabada. Según Habermas esta tesis de los posmodernistas: 1) mezcla las relaciones entre los requeridos procesos de la modernización social por un lado y la crisis de motivaciones expuesta del otro; 2) no ha logrado descubrir las causas socio-estructurales de los cambios de las actitudes frente al trabajo, los hábitos del consumo, el nivel de las aspiraciones y las orientaciones para el empleo del tiempo libre; y, 3) La modernidad a la que se refieren los posmodernistas es la que se basa en las pautas de la racionalidad económica y administrativa. Una racionalidad que penetra en los ámbitos vitales que se centran en las tareas de la tradición cultural, la integración y la educación social.
El proyecto de la Modernidad, formulado en el siglo XVIII por los filósofos de la Ilustración, consiste en desarrollar las ciencias objetivas, los fundamentos universalistas de la moral, el derecho y el arte autónomo, sin olvidar las características peculiares de cada uno de ellos y, al mismo tiempo, en liberar de sus formas metafísicas las potencialidades cognoscitivas y aprovecharlas para la praxis para una configuración racional de las relaciones vitales. Es lo que llama Habermas racionalidad cognitivo-instrumental.

3. Racionalidad cognitivo-instrumental 
En su obra Teoría de la acción comunicativa[8], el sociólogo expone que la ciencia moderna, expresión de la racionalidad cognitivo-instrumental, se aplica a los ámbitos de lo cognitivo-teórico, práctico-moral y lo práctico-estético. Señala que Max Weber plantea la jerarquía de conceptos de acción de modo que todo comportamiento humano representa la acción racional con arreglos a fines, que todas las demás acciones pueden ser clasificadas como desviaciones específicas respecto a ese tipo de acción. En Ciencia y técnica como ideología explica que el mencionado sociólogo “introduce el concepto de racionalidad para definir la forma de la actividad económica capitalista, del tráfico social regido por el derecho privado burgués y de la dominación burocrática”[9]. Lo que trata de hacer Weber con el concepto de racionalización es dar cuenta de las repercusiones que el progreso científico-técnico tiene sobre el marco institucional de las sociedades que se encuentran en un proceso de modernización. En este sentido, según Habermas, los ámbitos sociales que se desarrollan en la modernidad están sometidos a decisiones racionales, a criterios de la acción instrumental que penetran en ámbitos de la vida como la comunicación, las formas de existencia y la tecnificación del tráfico social. Bajo este panorama se produce una racionalización de la sociedad a través de la institucionalización del progreso científico y técnico. De esta forma, la modernidad responde a una racionalidad que se refiere a la elección de las correctas estrategias, la adecuada utilización de tecnologías e instauran sistemas que mantienen este tipo de racionalidad. Las acciones orientadas por la relación medios-fines implican dominio de la naturaleza, de la sociedad y el ejercicio de control. Lo social y lo político en la racionalidad instrumental están estrechamente vinculados. El sistema social como institución se desarrolla como dominio político. En este marco, las acciones orientadas por medios-fines terminan constituyendo una forma de vida.
Lo que quiere decir Habermas es que la modernidad se fundamenta en condiciones pragmático-formales del comportamiento explícitamente racional que caracteriza las acciones como comportamientos que responden a medios y fines. Así, la socialización moderna responde a las acciones racionales, a los comportamientos racionales en la vida y a la racionalización de las imágenes del mundo. El sujeto actúa en función del éxito y de los medios teniendo presente que los medios de los que se valdrá para lograr el fin son eficaces. Se trata de acciones meramente teleológicas que utilizan el saber empírico para manipular instrumentalmente los medios para llegar al fin. Es decir, el ámbito de la racionalidad cognitivo instrumental consiste en que las acciones racionales tienen fundamentalmente el carácter de intervenciones efectuadas con vistas a la consecución de un propósito y controladas por su eficacia, en un mundo de estados de cosas  existentes. En el ámbito cognitivo instrumental una persona es racional si expresa opiniones fundadas en la relación medios-fines y actúa con eficiencia. En este campo la racionalidad es contingente si no está vinculada con la capacidad de aprender de los desaciertos, de la refutación de las estrategias que el sujeto proyecta emprender y del fracaso de las intervenciones en el mundo. En las acciones orientadas por el éxito trabajan conjuntamente las decisiones racionales y las acciones instrumentales simplemente. Por esta razón, considera Habermas que se debería de aprender de los extravíos que han acompañado al programa de la Modernidad y de los errores del desvariado proyecto de superación. Y no dar por perdida a la Modernidad y su proyecto.

 4. La racionalidad comunicativa como complemento de la racionalidad instrumental 
Ante este panorama, Habermas explica que tanto la racionalidad cognitivo-instrumental como la racionalidad comunicativa son susceptibles de fundamentación y de crítica. En ambos ámbitos una persona racional es capaz de reflexionar sobre los valores de cómo interpreta sus necesidades. La racionalidad en ambos campos consiste en la capacidad de los sujetos de reflexionar sobre su propia subjetividad e intervenir en las manifestaciones irracionales que se expresan en el terreno cognitivo-instrumental, práctico-moral y práctico-estético. Se trata de un proceso de autorreflexión donde las razones juegan un papel fundamental. “Llamamos racional a una persona que se muestra dispuesta al entendimiento y que ante las perturbaciones de la comunicación reacciona reflexionando sobre las reglas lingüísticas…”[10]. Se busca construir un discurso explicativo sobre el asunto controvertido.[11] La estructura de la interacción simbólicamente mediada es una alternativa a la acción racional con respecto a fines. Por ello, afirma que la racionalidad comunicativa puede articularse con el concepto de racionalidad cognitivo-instrumental, toda vez que ambas pueden contribuir a la construcción de un discurso explicativo porque existen relaciones internas entre la capacidad de manipular instrumentalmente cosas y sucesos y la capacidad de entendimiento intersubjetivo sobre cosas y sucesos.
Si la racionalidad se mide por el éxito de las intervenciones dirigidas a la consecución de un propósito basta con exigir que puedan elegir entre alternativas y controlar (algunas) condiciones del entorno. Pero si la racionalidad se mide por el buen suceso de los procesos de entendimiento, entonces no basta con recurrir a tales capacidades. En los contextos de acción comunicativa sólo puede ser considerado capaz de responder de sus actos aquellos que sean capaces, como miembros de una comunidad de comunicación, de orientar sus acciones por pretensiones de validez intersubjetivamente reconocidas. En esta estructura se llama racional aquel sujeto que actúa con lucidez y es capaz de juzgar imparcialmente desde un punto de vista moral el conflicto normativo y trata de resolverlo por la vía consensual en un intercambio intersubjetivo de argumentos y no aquel sujeto que ante el conflicto normativo se deja llevar por sus pasiones y sus intereses inmediatos. De lo que se trata es que los sujetos resuelvan las cuestiones prácticas argumentativamente.
Bajo estas condiciones la racionalidad de las personas se manifiesta en su capacidad de llegar a un acuerdo y un entendimiento sobre los asuntos controvertidos. Las afirmaciones fundadas y las acciones eficientes son, sin duda, un signo de racionalidad, y a los sujetos capaces de lenguaje y de acción que, en la medida de lo posible, no se equivocan sobre los hechos ni sobre las relaciones fin-medio los llamamos racionales. En el campo de la comunicación no solamente llamamos racional a quien hace una afirmación y es capaz de defenderla frente a un crítico, aduciendo las evidencias pertinentes, sino que también llamamos racional a aquel que sigue una norma vigente y es capaz de justificar su acción frente a un crítico interpretando una situación dada a la luz de expectativas legítimas de comportamiento. Las condiciones de validez y las razones que en caso necesario pueden alegarse a favor de la validez de esas emisiones o manifestaciones, a favor de la verdad del enunciado o de la eficacia de la regla de acción.

5. La tesis de Habermas 
La propuesta de Habermas consiste en señalar que se necesita una teoría de la acción comunicativa para abordar de forma adecuada el problema de la racionalización social, en buena parte marginada después de Weber de la discusión sociológica especializada. La racionalidad tiene que ver menos con el conocimiento que con la forma en que los sujetos capaces de lenguaje y de acción hacen uso del conocimiento. En las emisiones o manifestaciones lingüísticas se expresa explícitamente un saber, en las acciones teleológicas se expresa una capacidad, un saber implícito. Entonces, ¿qué significa que las personas  se comporten racionalmente en una determinada situación?; ¿qué significa que sus emisiones o sus manifestaciones deban considerarse “racionales”?
El interés se centra en las condiciones formales de la racionalidad del conocimiento, del entendimiento lingüístico y de la acción, ya sea en la vida cotidiana o en el plano de las experiencias organizadas metódicamente o de los discursos organizados sistemáticamente. La teoría de la argumentación cobra aquí una significación especial, puesto que es a ella a quien compete la tarea de reconstruir las presuposiciones y condiciones pragmático-formales del comportamiento explícitamente racional. De esta forma, la modernización de una sociedad puede ser descrita bajo el punto de vista de una racionalización cultural y social.
La racionalidad inmanente en la práctica comunicativa abarca un espectro más amplio. Remite a diversas formas de argumentación como a otras tantas posibilidades de proseguir la acción comunicativa con medios reflexivos. En la praxis cotidiana comunicativa, las interpretaciones cognoscitivas, las expectativas morales, las expresiones y las valoraciones tienen que interrelacionarse. Los procesos de entendimiento del mundo vital necesitan de una tradición cultural en toda su extensión. Por ello, en la utilización comunicativa del saber proposicional en actos de habla se toma una pre-decisión a favor de un concepto de racionalidad más amplio que enlaza con la idea vieja de logos. Este concepto de racionalidad comunicativa posee connotaciones que en última instancia se remontan a la experiencia central de la capacidad de aunar sin coacciones y de generar consenso que tiene un habla argumentativa en que diversos participantes superan la subjetividad inicial de sus respectivos puntos de vista y conforman una comunidad de convicciones racionalmente motivada para reasegurar la unidad del mundo objetivo y de la intersubjetividad del contexto en que desarrollan sus vidas. El fin inmanente a la racionalidad es el entendimiento comunicativo. Que el sujeto sea capaz de dar razones cuando lo exija el caso.
El mundo solo cobra objetividad por el hecho de ser reconocido y considerado como uno y el mismo mundo por una comunidad de sujetos capaces de lenguaje y de acción. El concepto abstracto de mundo es condición necesaria para que los sujetos que actúan comunicativamente puedan entenderse entre sí sobre lo que sucede en el mundo o lo que hay que producir en el mundo. Con esta práctica comunicativa se asegura simultáneamente el contexto común de sus vidas, del mundo de la vida que intersubjetivamente comparten. Los actos del habla configuran una práctica comunicativa que sobre el trasfondo de un mundo de la vida tiende a la consecución de un consenso que descansa sobre el reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez susceptibles de crítica. La racionalidad comunicativa consiste en que el acuerdo alcanzado debe apoyarse en última instancia en razones, en la práctica de la argumentación.
Las acciones comunicativas se orientan de acuerdo con normas intersubjetivamente vigentes que determinan los comportamientos recíprocos y son reconocidas por los actores que deciden someterse a este tipo de guía. De allí que la validez de las normas sociales descansen en la intersubjetividad del acuerdo sobre intenciones y las obligaciones a cumplir. La internalización de las normas facilita la comunicación y el entendimiento entre los sujetos. También coadyuva a que los sujetos por consenso actúen de conformidad con las normas.
De lo que se trata de acuerdo a Habermas es de distinguir en el proceso de modernización los sistemas sociales donde predomina la racionalidad cognitivo instrumental y los sistemas sociales donde predomina la racionalidad comunicativa. En estas últimas, el fundamento institucional se estructura por normas que guían la intersubjetividad de los sujetos. Esto lleva al mencionado sociólogo a decir que en las sociedades donde predominan las acciones orientadas por medios-fines se trata de subsistemas de racionalidad cognitivo-instrumental que están insertos en el marco institucional constituido por la racionalidad comunicativa. Es decir, en un mismo espacio se encuentran subsistemas en donde las acciones de los sujetos responden a reglas técnicas y a estrategias y un sistema cuyo fundamento institucional es normativo. Al respecto, Habermas señala que lo que garantiza el funcionamiento de las expectativas creadas por los medios-fines es la institucionalización normativa. Los subsistemas donde persiste la racionalidad cognitivo instrumental son el económico, el político (la administración pública) y el legal, que colonizaron el mundo de la vida y orientaron el comportamiento de los sujetos a partir de la racionalización de medios-fines. Se trata que lo racional cognitivo instrumental que priva en los subsistemas económico, político y legal no sustituya a la racionalidad comunicativa que es la prominente en el marco institucional normativo. Dicho de otra manera, que sea la racionalidad comunicativa la que colonice los subsistemas económico, político y legal. En palabras de Habermas:
“…La discusión pública, sin restricciones y sin coacciones, sobre la adecuación y deseabilidad de los principios y normas orientadoras de la acción, a la luz de las condiciones socioculturales del progreso de los subsistemas de acción racional con respecto a fines: una comunicación de este tipo a todos los niveles de los procesos políticos, y de los otra vez repolitizados, de formación de la voluntad colectiva, es el único medio en el que es posible algo así como <<racionalización>>…”[12].

Valga citar en extenso, en este punto, al Prof. Jesús Ojeda quien explica lo siguiente:
Los subsistemas de poder y dinero, a diferencia del Lebenswelt, persiguen controlar la naturaleza externa (outer nature) o mundo objetivo, a través de la racionalidad teleológico-instrumental con alta tecnología. El subsistema económico en cuanto medio se institucionaliza como mercado “en términos de los elementos básicos del derecho privado (el contrato y la propiedad)”. En cambio, el subsistema político lo hace mediante la administración estatal y organizaciones públicas, articulando éstas desde la legalidad. Esto significa que las acciones que se dan en estos dos mecanismos sociales son válidas por planteamientos de verdad objetiva y de éxito. En la dinámica de estos subsistemas se dan crisis económicas, de racionalidad y de legitimidad, pero lo más importante que se debe resaltar es que en ellos prevalecen los mecanismos de control, de intercambio y de poder. Dicho de otra forma, los agentes se orientan en la sociedad por criterios racionales estratégicos de medio-fin, de ganar-perder pertinentes al dominio de los acontecimientos que consideran básicos. Buscan, de esta manera, ajustar sus intereses privados para lograr los que les son comunes.
El nivel de estabilización y gobernabilidad de estos subsistemas se mide por el grado de cálculo de los límites respecto al entorno (Umwelt) y por el poder de afirmación de la solidaridad que se genera “en virtud de normas, valores y comunicación
De existir una marcada desarticulación (Entkoppelung) entre los recursos poder-dinero y solidaridad o si se hace dominante la integración sistémica en detrimento de la integración social ― racionalidad comunicativa ―, entonces, se produce, según Habermas, una colonización del mundo de la vida”. [13]


Para Habermas el mundo de la vida es el espacio donde interactúan los individuos, se desatan las pasiones. Es el teatro que construyen los seres humanos con su razón y sus pasiones, es la trama humana llena de acciones y manifestaciones naturalmente humanas. En el caso de Habermas, la racionalidad humana está inserta en el mundo de la vida, por ello este mundo se confecciona por un proceso de aprendizaje interactivo-comunicativo que los seres humanos desarrollan a partir de convicciones que ese mundo les ofrece y también de las transformaciones y modificaciones que los seres humanos hacen de esas convicciones. Es una red de imágenes interconectadas que representan un modo de ser existencial de los seres humanos en una época. El proceso interactivo, la comprensión, la interpretación del mundo se da a partir de esa racionalidad inserta en el mundo de la vida que simultáneamente también modela una imagen de un modo de ser de un colectivo potencialmente capaz de construir comunicativamente sus pretensiones universales de validez para encontrarse y reencontrarse en su trama humana. De esa manera, el mundo de la vida es una confección humana, un estilo de relación con la realidad no un concepto lógico formal, susceptible de crítica, de modificación, de enriquecimiento a partir del cual se pliegan las manifestaciones humanas en concordancia con su evolución cognitiva a partir de los procesos de aprendizajes emprendidos. Es el terreno donde coincide la cultura (mundo objetivo), la sociedad (mundo social) y la personalidad (mundo subjetivo)[14]. La cuestión que destaca el sociólogo es que estos tres mundos están colonizados por la racionalidad cognitivo-instrumental y por esa razón estos espacios se encuentran separados, no hay una interacción entre ellos. De allí la incorporación de la racionalidad comunicativa como reguladora de la racionalidad instrumental. Tal encauzamiento permitiría la conexión entre la cultura, la sociedad y la personalidad. La racionalidad comunicativa como sistema produciría la integración e interacción de estos subsistemas con el sistema que consistiría en la creación de un discurso explicativo mediante la intersubjetividad.
De esta forma, la intersubjetividad requiere de la formación de la voluntad para ser viable la conformación de una opinión pública donde se intercambian argumentos de acuerdo a las condiciones que rigen los actos del habla. La opinión pública como expresión de la racionalidad comunicativa garantizará que el flujo de conexión entre los subsistemas y el sistema responda a discursos explicativos cuyo contenido son los distintos argumentos que se intercambian hasta llegar al que los miembros de la comunidad consideren como válido para regular procedimentalmente la vinculación de los subsistemas con el sistema.

6. Algunos intérpretes de la postura de Habermas
a) Anthony Giddens:
Para Giddens la obra de Habermas ha provocado un agudo criticismo, amargo incluso, tanto en la derecha como en la izquierda, pues sus escritos no son fáciles de clasificar, intelectual o políticamente. Dentro de la tradición marxista su obra es demasiado revisionista. Para los conservadores es un sospechoso dada sus conexiones con la Escuela de Frankfurt. Su preocupación radica en aislar las condiciones de una toma de decisiones racionales y por especificar las condiciones bajo las que puede realizarse un consenso gobernado por la fuerza del mejor argumento. Lo que persigue Habermas es diseñar una teoría social que examine las condiciones bajo las cuales se revela la razón que se hace transparente a sí misma. Busca incorporar la razón en el lenguaje en general y en la comunicación en particular. La teoría de la acción comunicativa de Habermas conecta tres niveles de racionalidad relevantes en el análisis social. Propone criterios universales de la razón en una época en la que los estilos de pensamiento relativistas se han puesto de moda en varias áreas como en el pos-estructuralismo. Quiere ofrecer una justificación de la ilustración y de la modernidad cuando se está en una época donde se considera que han caído en descrédito.
Según Giddens existe un tema político que recorre todo el libro de la Teoría de la acción comunicativa “…En una entrevista reciente…dice que el motivo real que sintió al escribir su libro fue aclarar cómo la crítica de la reificación de la racionalización, puede reformularse para ofrecer una explicación teórica de la decadencia del compromiso del estado de bienestar social, por un lado, y, por  el otro, del potencial crítico incorporado en nuevos movimientos, sin descartar el proyecto de la modernidad o la recaída en un pos o antimodernismo”[15]. El fin de la filosofía consiste en reflexionar sobre la razón. Pero la filosofía contemporánea se ha transformado en una colección de especialistas y no ofrece una visión universal del mundo. Por ello es necesario buscar una nueva relación entre la filosofía, las ciencias naturales y las sociales. Ello es posible reconstruyendo el contenido racional de un campo de investigación. La racionalidad tiene que ver con el modo cómo se utiliza el conocimiento. “Decir que alguien actúa racionalmente, o que un enunciado es racional, es como decir que la acción o el enunciado puede criticarse o defenderse por la persona o personas implicadas, de tal modo que éstas puedan justificarlas o fundamentarlas”[16]. Se trata de complementar la racionalidad instrumental cognitiva con la racionalidad comunicativa. La racionalidad presupone la comunicación porque algo es racional sólo si reúne las condiciones necesarias para forjar una comprensión al menos con otra persona.
De acuerdo a Giddens la tesis de Habermas es proponer la racionalidad como un método que indique el camino para constituir el mundo de la vida en función de las acciones comunicativas. Esta idea lleva consigo un matiz político que consiste en desmontar las ventajas del Estado de bienestar y criticar ciertas ideas marxistas. No comparto la idea de Giddens que la racionalidad comunicativa es presentada como un método. Contrariamente a esto, sostengo que la racionalidad comunicativa responde a la noción de proceso formal para conformar el acto ideal del habla. Ese proceso no responde a un método. Por el contrario, está fundamentado en una concepción jurídica. Obedece a normas procedimentales. En cuanto a la idea política subyacente, el autor no la analiza. Sencillamente la enuncia. Esto conlleva a investigar el aspecto político que menciona Giddens para determinar hasta qué punto tiene o no razón.
b) Martin Jay:
Según Jay[17], Habermas defendió el valor último de la modernización en el cual la ciencia, moralidad y arte  se separan en esferas autónomas, cada una con su propia lógica interna basada en la institucionalización de la especialización profesional. El proyecto de la modernidad intentó liberar los potenciales cognitivos de cada uno de estos dominios para liberarlos de sus formas esotéricas. Los filósofos de la Ilustración  quisieron utilizar esta acumulación de cultura especializada para enriquecer la vida cotidiana, es decir, para organizar racionalmente la vida cotidiana. Para Habermas, la comunicación cotidiana, los significados cognitivos, expectativas morales, expresiones subjetivas y valoraciones deben relacionarse entre sí. Los procesos de comunicación necesitan una tradición cultural que cubra todas las esferas –cognitiva, práctico-moral y expresiva-. Una vida cotidiana racionalizada sería difícil que pudiera salvarse del empobrecimiento cultural únicamente mediante la apertura total de una esfera cultural -el arte-, suministrando así el acceso unívoco a uno de los complejos especializados del conocimiento. Una práctica cotidiana deificada sólo puede curarse creando una interacción sin restricciones de los elementos cognitivos con los prácticos-morales y los expresivo-estéticos. Jay señala que la tesis de Habermas consiste en invertir la relación desequilibrada que existe entre los subsistemas de la racionalidad que caracterizan a los tipos de modernización, capitalista y socialista burocrático. Debe perderse la dominación del subsistema de la racionalidad cognitiva instrumental sobre la racionalidad práctico-moral y la expresivo-estética. Lo que hasta ahora ha sido una relación de colonización debe sustituirse por otra que sea de mediación constructiva. Habermas admite que las posibilidades de este cambio son muy escasas. Pero advierte que abandonar el incumplido proyecto de la modernidad significaría perder la esperanza de recuperar de un modo creativo la racionalidad comunicativa de una vida cotidiana que aumenta cada vez más. Habermas privilegia la comunicación humana sobre la construcción representativa. Comparto la posición de Jay. La explicación de Habermas sobre la racionalidad comunicativa como fundamento de las tres esferas: conocimiento, moralidad y estética y su forma de integración es ambigua. No está claro cómo se construye el discurso expresivo que facilitará la intersubjetividad entre los sujetos que viven en una sociedad y la integración de los tres campos en pro de una formación de los sujetos a desarrollar el mejor argumento y a comportarse racionalmente ante las diferencias.
c) Thomas McCarthy:
Thomas McCarthy[18] explica que para Habermas los descontentos de la modernidad se originan en el fracaso para desarrollar e institucionalizar de una manera equilibrada todas las dimensiones diferentes de la razón inauguradas por la comprensión moderna del mundo y no en la racionalización como tal. Expone que: “La idea básica que se halla tras el esquema de Habermas de las dimensiones estructuralmente posibles de racionalización es que el descentramiento en aumento de la conciencia en la época moderna hace posible que podamos adoptar básicamente diferentes actitudes…objetivo, social y subjetivo…”[19]. El comportamiento objetivo y social produce la racionalidad cognitivo-instrumental de la ciencia y la tecnología incluyendo el campo social; la actitud subjetiva origina la racionalidad práctico-moral del tratamiento sistemático de la ley y la moralidad; la actitud expresiva respecto a los mundos objetivo y subjetivo ocasiona la racionalidad práctico-estética de las auténticas interpretaciones de las necesidades del erotismo y el arte. En cada uno de estos campos se sucede una relación de conocimiento y argumentación que se institucionaliza. Señala McCarthy que Habermas propone la hipótesis práctica de una organización democrática de la sociedad donde el discurso práctico-moral esté asegurado institucionalmente en las esferas públicas cultural y política. Ante esto, McCarthy se pregunta ¿hasta qué punto las formas de aprendizaje argumentativos desarrollan el potencial cognitivo para contribuir con la evolución de la acción social?
Habermas explica que las acciones comunicativas requieren siempre una interpretación que es racional en su enfoque. Se trata de interpretar las razones que subyacen a la acción. “Para comprender las razones como razones, tenemos que recurrir…a nuestra propia competencia…como miembros de un mundo vital valorando las conexiones internas entre las ideas, valorando la evidencia y los argumentos, distinguiendo lo válido de lo inválido, lo pronunciado de lo no-pronunciado, lo poderoso de lo débil, lo persuasivo de lo no-persuasivo”[20]. Para el mencionado intérprete no son necesarias las interpretaciones únicamente racionales. Se puede interpretar las razones que subyacen a las acciones sin que el intérprete excluya sus juicios de valor. El que intervengan sus juicios no significa que sea parcial o que tome partido. Por el contrario la combinación de razón y juicio es lo que permite una interpretación esclarecedora de las acciones realizadas. Lo que quiere decir McCarthy es que un intérprete puede adoptar una actitud objetiva aunque esté informado sobre los hechos de los sentimientos, deseos, creencias e intenciones de los sujetos. Lo que propone Habermas es una sociedad como un nexo de relaciones interpersonales reglamentadas legítimamente, cuya generalidad se realiza a través de las pretensiones adoptadas con respecto a la exactitud normativa. Comparto las observaciones de McCarthy. Habermas está pensando en un escenario completamente racional donde no intervengan las pasiones. ¿Es esto posible? Hasta ahora las relaciones políticas desarrolladas en distintos países (Estados Unidos, Francia, España, Venezuela, sólo por nombrar algunos) son exclusivamente conflictivas y llenas de pasión. Las marchas como protestas ante las arbitrariedades de los gobiernos van encaminadas con el corazón, los sentimientos y las pasiones. ¿Se puede llegar a un criterio objetivo mediante la pasión? Pienso que sí. Precisamente el juego consiste en armonizar conjuntamente la razón y la pasión. La historia da muestra de ello: A pesar del odio entre Fouché y Napoleón trabajaron juntos. A Napoleón no le quedó otra alternativa que aceptar como asesor a Fouché[21].
En resumen se puede decir que en su teoría de la acción comunicativa Habermas deja claro la importancia del medio lingüístico para que se vinculen las interacciones y se estructuren las formas de vida por el entendimiento que se produce entre los sujetos en el intercambio de razones y esta situación ideal del habla es lo que hace posible la racionalidad comunicativa. El desarrollo da la racionalidad comunicativa consiste en que los participantes sean capaces de ligar su acuerdo al reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez susceptibles de crítica y se muestren dispuestos a asumir las obligaciones relevantes que se derivan del consenso. La racionalidad comunicativa refiere a convicciones y a ideas susceptibles de crítica que puedan ser aclaradas argumentativamente.
La discusión que se da en la filosofía contemporánea con la introducción del lenguaje como fundamento del conocimiento que dio lugar a la pragmática la utiliza Habermas como base para desarrollar su teoría de la acción comunicativa[22].
Habermas participa de la discusión que se está dando en la filosofía contemporánea del paso del paradigma de la conciencia al paradigma del lenguaje. No es suficiente pensar el conocimiento únicamente en términos de conciencia. Para que la conciencia pueda realizar sus operaciones requiere del lenguaje. El lenguaje responde a una sociedad y cultura. Habermas participa de esta discusión y conceptualiza el lenguaje a partir de la pragmática. El lenguaje contiene tres aspectos: sintaxis, semántica y pragmática. La sintaxis se refiere a las reglas que regulan la combinación de los elementos de un código. La semántica refiere al significado de palabras y oraciones. La pragmática alude al uso del lenguaje. Habermas opta por asumir el giro lingüístico propuesto por Gadamer como giro pragmático, esto es, lo importante para dilucidar el lugar del lenguaje en el conocimiento y la acción es su dimensión pragmática: el uso del lenguaje en la interacción social.
Habermas afirma la existencia de un conjunto de aspectos pragmáticos del lenguaje que son, en su opinión, universales. Son aspectos que forman parte del hablante de cualquier lengua con independencia de sus aspectos sintácticos y semánticos. Aunque existen distintas lenguas existe algo universal y común en el hablar que hace posible el acuerdo y el entendimiento. Lo que llama Habermas pragmática universal o formal. En términos pragmáticos lo que hacen los sujetos es entablar relaciones reales o potenciales con uno o más oyentes y con el mundo. Habermas distingue: 1) los hechos del mundo objetivo: mesas, árboles; 2) los hechos del mundo social: las normas, las instituciones; y 3) los hechos del mundo subjetivo: sensaciones, emociones, ideas. Para referirnos a estos distintos mundos utilizamos enunciados diferentes según los actos del habla. Cuando los sujetos se refieren al mundo objetivo utilizan enunciados constatativos; cuando hablan del mundo social emplean enunciados regulativos. Enunciados que presuponen un conjunto de normas y valores acerca de lo que es culturalmente aceptable o rechazable. Cuando aluden al mundo subjetivo utilizan enunciados expresivos. Para Habermas cuando se habla de esos mundos también alguien escucha, es decir, me vinculo con el otro por medio de palabras. Lo que busca destacar Habermas es que cuando un sujeto dice algo pretende que lo que dice es válido o aceptable. Si es en el mundo objetivo el sujeto pretende que lo que dice es verdadero. Si es en el mundo social el sujeto busca que lo que dice es normativamente aceptable. Si se trata del mundo subjetivo entonces el sujeto busca que su expresión sea sincera o veraz. El sólo hecho de usar el lenguaje presupone la puesta en juego de estas pretensiones. Las pretensiones de validez funcionan más allá de las intenciones, deseos y convicciones del sujeto. Las pretensiones de validez son constitutivas del lenguaje, cuando se hace uso del lenguaje se ponen en juego. Si la argumentación es correcta entonces hablar es querer estar de acuerdo en el sentido que cualquier uso del lenguaje presupone la vocación de acordar con otro acerca de hechos del mundo. Esto significa que para Habermas en el lenguaje hay un potencial de racionalidad. Ello es lo que implica la exigencia de ofrecer razones que avalen lo que afirmo sobre esos mundos. Se trata del uso argumentativo del lenguaje. Habermas postula una universalidad, algo común a lo humano que trasciende la diversidad y una racionalidad inscripta en el hecho humano y social por excelencia que es el lenguaje. En otras palabras, en el lenguaje reside la potencialidad de un entendimiento racional y la posibilidad de acercarse a ese ideal está avalada por las estructuras formales del lenguaje en su dimensión pragmática. 

7. Conclusión  
Finalmente la propuesta de Habermas consiste en que la opinión pública regulada por normas procedimentales cuya expresión se da en la intersubjetividad y en la interacción social controle y supervise el subsistema político, económico y legal. En otras palabras, que la política, la economía y la legalidad sean reguladas por el derecho como un sistema procedimental que garantiza la ética, toda vez que los sujetos que se someten al acuerdo de comportarse en conformidad con las normas es porque han internalizado que ese es el modo social plausible para vivir ordenada y organizadamente en función de los actos ideal del habla. Las instituciones se transforman mediante el ejercicio, por parte de los sujetos que conforman una comunidad, de la racionalidad comunicativa. Se trata de despolitizar la opinión pública, para que ésta responda al sistema institucional normativo. Esto contribuye al aumento de la tolerancia y la interacción social entre los sujetos. Y la tendencia al control represivo provocado por la racionalización instrumental en la que descansa el poder político, económico y legal disminuiría considerablemente. El control de los subsistemas por la intersubjetividad dota a los individuos para crear oportunidades de emancipación y de una socialización que no responda a lo técnico-instrumental. Para Habermas el sistema de la opinión pública permite a los sujetos reflexionar discursivamente sobre qué es lo que quieren para vivir. Finalmente, la opinión pública regulada por normas procedimientales en el contexto de la racionalidad comunicativa significa que las acciones deben responder a normas morales que tienen un contenido racional. Al respecto Habermas afirma que: “…Una moral no sólo dice cómo deben comportarse los miembros de la comunidad; proporciona al tiempo razones para la resolución consensual de los conflictos de acción correspondientes…”[23]. Es decir, el contenido cognitivo de la moral consiste: 1) En ser una norma de orientación de comportamiento social de los individuos de una comunidad; y 2)  En ser un ejercicio en  común que en sí misma se presenta en lo social como razones de las que se valen los individuos para calificar positiva o negativamente la acción u omisión realizada en el proceso de interacción. La propuesta habermesiana consiste en que el derecho es un sistema ético. Este sistema ético contiene las normas morales de contenido cognitivo que se traducen en razones que guían el comportamiento de los individuos de una comunidad. Para los miembros de esa determinada comunidad esas razones son convincentes, válidas y aceptadas. En situaciones de conflicto esas razones son expresadas mediante el lenguaje por los individuos en un proceso de intersubjetividad. Y en esto radica el fundamento de la racionalidad comunicativa.





Bibliografía
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[1] Habermas, J. (2002). Teoría de la acción comunicativa I. México, Taurus, Primera Edición.
[2] Habermas, J. Teoría de la acción comunicativa I. Ob cit, p, 42
[3] “…la racionalidad puede entenderse como una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y de acción. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones. Esto significa que las emisiones o manifestaciones racionales son accesibles a un enjuiciamiento objetivo…”. Ibid, pp. 42 y 43.
[4] Giletta, M. (2007). Teorías sociológicas. Introducción a los contemporáneos. Córdoba, Editorial Brujas.
[5] Habermas, J. (1988). “La modernidad: un proyecto inacabado”. En Ensayos políticos, Ediciones Península, Primera Edición.
[6] Habermas, J. (2008). El discurso filosófico de la modernidad. Madrid, Katz Editores, Primera Edición.
[7] De los Reyes, David. (2012). “Hegel y la modernidad”, disponible en  aquiyahorafilosofia.blogspot.com. (21-05-2012). Consultado el 26-12-2012.
[8] Habermas, J. (2002). Teoría de la acción comunicativa I. Ob cit.
[9] Habermas, J. (1984). Ciencia y técnica como “ideología”. Madrid, Editorial Tecnos S.A., p. 53.
[10] Habermas, J. Teoría de la acción comunicativa I. Ob cit., p, 42
[11] “…la racionalidad puede entenderse como una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y de acción. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones. Esto significa que las emisiones o manifestaciones racionales son accesibles a un enjuiciamiento objetivo…”. Ibid, pp. 42 y 43.
[12] Habermas, J. (1984). Ciencia y técnica como ideología. Ob cit., p. 106 y 107. 
[13] Estos párrafos son autoría del Prof. Jesús Ojeda quien me los facilitó como un aporte a mi investigación sobre Habermas.
[14] “…es el horizonte, el entramado de la cotidianidad. Es el nivel de la solidaridad de base, en el cual se reproducen los símbolos, las normas, los valores en acciones mediadas comunicativamente: es la textura íntima de las relaciones sociales o saber de fondo. Se trata de una red de creencias y significados que dan soporte, unidad y consistencia (Bestand) a la sociedad en su naturaleza interna (inter nature). Es fruto de un proceso lento de entendimiento; es un conjunto de convicciones enraizadas; es una fuerza totalizadora prerreflexiva y pretemática en las que se fusionan facticidad y validez como producto de varias generaciones. Son los “modos”, las prácticas sabidas que los actores sociales utilizan para hacer las cosas, para abordar sus problemas sociales; es el ámbito del sentido en el que se estabilizan las solidaridades grupales y se exalta el valor del reconocimiento; es una “caja de resonancia” de las situaciones críticas…” La anterior explicación es autoría del Prof. Jesús Ojeda.
[15] Giddens A. (1999) “¿Razón sin revolución? La Theorie des kommunikativen Handelns de Habermas”, en Habermas y la modernidad. Madrid, Ediciones Cátedra S.A., p. 157.
[16] Ibid, p.158.
[17] Jay, M. (1999). “Haermas y el modernismo” en Habermas y la modernidad. Madrid, Ediciones Cátedra S.A.
[18] McCarthy, T. (1999). “Reflexiones sobre la racionalización en La Teoría de la Acción Comunicativa en Habermas y la modernidad. Madrid, Ediciones Cátedra S.A..
[19] Ibid, p. 279.
[20] Ibid, p. 290.
[21] Ver Zweig, Stefan. Fouché. Disponible en  http://literatura.itematika.com/descargar/libro/330/fouche-el-genio-tenebroso.html
[22] Ver Cristiano J. (2007). “La “teoría de la acción comunicativa” de Habermas: el problema de la racionalidad y la integración sistema/mundo de vida” en Teorías sociológicas. Introducción a los contemporáneos. Córdoba, Editorial Brujas.
[23] Habermas, J. (1999). La inclusión del otro. Estudios de teoría política. Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., p. 30.