miércoles, 1 de octubre de 2008

Deseo, voluntad y dolor en Spinoza, Schopenhauer y Nietzsche

Ruperto Arrocha González


En las páginas del Nacimiento de la Tragedia Nietzsche un vez que invoca las pesimistas palabras del sabio Sileno resalta que la tarea de la existencia del ser consiste en hacer de la vida una experiencia heroica. Influenciado por Schopenhauer Nietzsche desarrolla una reiterpretación de la voluntad que hunde sus raíces en el origen de los afectos expuesto por Baruch de Spinoza en su Ética demostrada según orden geométrico.

Al intentar clarificar lo que Spinoza, Schopenhaur y Nietzsche entienden por deseo encontramos que este concepto está asociado en ellos a una particular acepción de la idea de voluntad. En Spinoza y en Schopenhauer se encuentra presente esta identificación. En Nietzsche el deseo se encuentra oculto, disimulado y encerrado en las figuras metafóricas de lo dionisiaco y lo melódico. El melos, el efecto de las musas, es lo que inspira el anhelo del propio ser, el proceso de mediación autonómico entre la naturaleza y el alma humana. Por otro lado, este deseo es el demon que estructura lo dionisiaco, entendido lo dionisiaco como la voz que expresa las leyes internas del alma; por ultimo, el deseo se manifiesta en lo mitológico, síntesis de los sueños, como el sueño de todos los sueños. El melos, lo dionisiaco y lo mitológico resumen lo que podríamos nombrar como “el si mismo” nietzscheano o lugar en el que habita el deseo en cuanto acto puro y por tanto como algo previo al fundamento de la estructuración de la psique, y mas concretamente al de la racionalidad que permite la cuestionada configuración nietzscheana del Yo . Este si mismo que mueve al hombre desde su interior, anclaje propio del deseo, prefigura lo que modernamente llamamos en lenguaje psicológico inconsciente. Y si bien este concepto parece atado al patrimonio semántico del lenguaje freudiano no se pueden pasar por alto las significativas aportaciones de Schopenhauer en la futura consolidación de la psicología profunda. Ahí donde Schopenhauer afirma que el lenguaje no hace otra cosa que ocultar las verdades del cuerpo no cabe duda que está adelantándose a una de las principales tesis de la psicología analítica.

La noción de voluntad expuesta por Schopenhauer tiende a identificar o más bien a substituir el concepto de deseo por el de voluntad. El nudo de esta identificación entre el deseo y la voluntad se encuentra presente en los primeros libros del Mundo como voluntad y representación. Al Schopenhauer afirmar que el concepto de voluntad no tiene su origen en la experiencia esta remitiéndonos indirectamente al mundo de los sueños. Veamos con exactitud lo que en ese parágrafo afirma:

“el concepto de voluntad es el único, entre todos los posibles, que no tiene su origen en el fenómeno, en la pura representación intuitiva, sino en nosotros mismos, en nuestra conciencia inmediata, allí donde cada uno reconoce la esencia de su propio individuo, directamente, y no bajo forma alguna ”.

¿Qué es lo que constituye esto que denomina como la esencia del individuo? ¿Qué es eso que es idéntico y homogeneo en los seres? Incluso en ese mismo parágrafo señala que ese en sí, o mejor cosa en sí, es aquello que todavía no es objeto y por tanto es algo que evidentemente no puede ser representado, no puede ser una representación. Uno puede pensar que esto tan misterioso no es otra cosa que la fuerza como causa pero sorprendentemente nos quita esta idea de la cabeza al afirmarnos: Hasta el presente se reducía el concepto de voluntad al de fuerza; yo, por el contrario, incluyo el concepto de fuerza en el de voluntad. Esta esencia es una sustancia que es causa de si mismo, es algo inmanente al propio ser sin mediación de la separación sujeto-objeto. Esto no un principio fisiológico sino mas bien algo que en todo caso es o está cerca de lo puramente psíquico aunque siendo coherente con sus palabras debemos enunciarlo como excitación desconocida. Schopenhauer llama esencia del individuo a la voluntad en si mismo. Esta voluntad en si mismo es enteramente distinta de la voluntad de la razón. En el parágrafo 23 realiza la observación siguiente:
“En el hombre esta misma voluntad trabaja también ciegamente en todas las funciones del cuerpo que no están gobernadas por la conciencia, en todos los procesos vitales y negativos, tales como la digestión, la circulación de la sangre, la secreción, el crecimiento, la reproducción. No sólo las acciones del cuerpo, sino el cuerpo entero es fenómeno de la voluntad…; todo lo que se produce en su interior debe producirse por la voluntad, sólo que allí esta voluntad no está dirigida por el conocimiento, ni determinada por motivos; obra ciegamente en virtud de ciertas causas llamadas en este caso excitaciones”.


Y esta voluntad al hilo de su admiración hacia Spinoza no puede ser otra cosa que el Deseo ya que ella misma tal y como la presenta en estos pasajes es un querer como el del mito de Proteo. Schopenhauer vuelve una y otra vez a lo que llama la forma o principio X. Esto es lo que metaforicamente podríamos designar como una Forma o para que se entienda mejor como el deseo en sí mismo. En sentido lógico este conocimiento inmediato o elemental es lo que impulsa y fundamenta el ser. Está idea o este afecto es lo que produce el lenguaje y genera las imágenes con las que nos representamos el Mundo. Es este principio, esta excitación lo que impulsa a obrar, lo que empuja a la acción. Es como dijimos antes un salto hacia delante próximo al instinto pero más complejo porque en si mismo su fin es el producir por el hecho mismo de producir. Este proceso es definido por Schopenhauer invariablemente como: voluntad ciega, mero impulso ciego, pura voluntad . ¿Qué otra cosa puede ser esta voluntad sino el deseo? Así cuando Spinoza afirma que el deseo es lo que constituye la esencia del ser… Así en Schopenhauer la noción de voluntad posee una doble significación: una la que es regulada por la razón; y la otra, la que no tiene nada que ver con el conocimiento y responde, como él afirma, a las manifestaciones más débiles y más oscuras del Ser.

Se puede afirmar que Schoepenhauer en el Mundo como voluntad y representación retoma las reflexiones expuestas por Spinoza en su Ética demostrada según un orden geométrico. Spinoza se refiere por un lado a un deseo como movimiento espontáneo del cuerpo y por otro lado a un deseo que nace de la razón . Pero más importante es sobre todo su reiterada indicación a que el deseo en cuanto constituyente de la esencia del hombre debe comprenderse como el esfuerzo máximo de cada cosa por perseverar, en su ser . Esta voluntad, o mejor deseo, en cuanto esencia se ocupa primeramente por encima de todo de perseverar en su ser y en consecuencia de conservar su identidad por medio de su duración indefinida o anhelo de eternidad. El deseo mas por omisión que por la misma claridad del discurso spinoziano debe entenderse pues como el esfuerzo/lenguaje propio del cuerpo. En la Ética Spinoza advierte que este esfuerzo cuando se refiere al alma sola, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo se llama apetito . Se nos podría objetar que Spinoza no acepta la separación entre el alma y el cuerpo pero…

El deseo en si mismo es una cita a ciegas… no hay deseo si este no se encuentra ligado concientemente a su apetito… ya había destacado que el heroísmo consiste…..pero en estas paginas básicamente interesa aclarar la distinción entre deseo y voluntad en estos tres autores….como causa de todas las causas….como si mismo que permite de todas las objetivaciones. La voluntad como esencia de las cosas es una fuerza viva, un esfuerzo permanente para aumentar el deseo de vivir y la vida misma…..

Esta voluntad de acumular fuerzas es algo indispensable para el fenómeno de la vida, no se limita a la "conservación de sí mismo, sino que es la voluntad de adueñarse de ser más, de hacerse más fuerte."


Podríamos afirmar que el deseo es comprendido por Nietzsche, Spinoza y Schopenhauer como algo ciego, puro y fundamentalmente como lo que es en si mismo; esto también puede ser entendido como el esfuerzo en Spinoza, la fuerza en Schopenhauer y el poder en Nietzsche. El deseo se presenta en ellos como el estado mental por excelencia en la perspectiva de un fluir de modo permanente, es una intencionalidad sin objeto, sin intención racional. A propósito de estas ideas es conveniente tener en cuenta el comentario de Richard Wolheim:

No deberíamos concluir que nuestros deseos están necesariamente dirigidos a alcanzar el placer, sino dirigidos a esperar algo que esperamos que, como consecuencia, nos proporcione placer: desde los comienzos de la vida, el deseo ha estado dirigido, o eso parece, hacia un objeto (un concepto lo suficientemente amplio en su alcance). Tampoco deberíamos concluir que el deseo en sí mismo, o de forma inherente, implica una actitud o un sentimiento específicos (ni ningún tipo de actitud o sentimiento en absoluto) hacia lo que se desea.

Nietzsche, F. Asi habló Zarathustra. Véase el aforismo: Despreciadores del cuerpo. Alianza, Madrid,
Schopenhauer, A. El mundo como voluntad y representación. Libro Segundo, Parágrafo 22.
Schopenhauer, A. El mundo como voluntad y representación. Libro 3, Parágrafo 34 y 35.
Spinoza, Baruch. Etica demostrada según un órden geométrico. Parte Cuarta, Proposiciones LIX y LX.
Spinoza, B. Ob. Cit, Parte Tercera, Proposición VI.
Ibid, Escolio Proposicion IX .
Wolheim, Richard. Sobre las emociones. A. Machado Libros, Madrid, 2006, pag, 46-48.

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