jueves, 1 de septiembre de 2016

Por qué Venezuela no es una 

Democracia y sí una Decarquía

David De los Reyes


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Venezuela, para los que no lo tienen claro, puede considerarse no una democracia sino una decarquía. Este término es poco usual en los discursos políticos modernos y actuales. La decarquía aparece, como todo lo que define a occidente, en Grecia. Y es la situación de un Estado cuando es dominado por otro, como lo es hoy nuestro caso. Se trata de imponer unos oligarcas en el poder bajo la dirección de un jefe militar, el Harmosta, que vendrá a fungir de gobernante títere del país dominador. En el caso de Grecia eran 10 oligarcas, podían ser ponderados más, como lo fue el caso del gobierno nefasto de los Treinta Tiranos de Atenas.
Al igual que Atenas, nuestra decarquía, constituidas por oligarcas vendidos a Cuba, maltrataron a sus propias patrias, cometieron injusticias a sus antecesores en cargos públicos, y no dejaron exceso alguno para los que quisieran más tarde ser perversos (Isócrates). ¿Cómo fue el comportamiento de estas tiranías de la antigüedad hoy redimidas en nuestro país por los representantes de intereses foráneos y coloniales? Las decarquías consideraron a los enemigos de las leyes como sus fieles, a los traidores fueron tratados como bienhechores, prefirieron ser esclavos de un hilota (personas desposeídas de sus derechos de ciudadano; en Esparta era un esclavo del Estado), para así injuriar a sus propios estados, estimando más a los homicidas y criminales que a sus propios padres (idem), presentando a los griegos como inhumanos y destruir la compasión ante las pequeñas desgracias de sus conciudadanos. Convirtieron las ciudades en centros de permanente intranquilidad sin poder llegar a consolarse entre iguales en las desgracias. Criticaron los procesos judiciales realizados en épocas pasadas cuando tales decarcas mataron sin juicio en tres meses a más de los que la ciudad juzgo en gobiernos anteriores. Incentivaron los destierros, revueltas civiles, violación a las leyes, cambios constitucionales improcedentes, ultrajes a los niños, las mujeres deshonradas y múltiples pillajes cometidos por dinero, sin comedirse en asesinatos e ilegalidades producidos bajo su poder. Llevando a crear una situación en que los ciudadanos luchen entre sí en vez de defender su territorio. Los ciudadanos viven en un cautiverio donde la violencia es la condición de la vida cotidiana; viviendo de forma desesperada los que se quedaron en la ciudad más que los que sufrieron el exilio. Bajo las decarquías las ciudades se alejaron del principio precioso de la autonomía y de la libertad, y fueron sometidas al dictamen de los tiranos, siendo unas devastadas y en otras de ellas se han hecho señores los bárbaros. Al ser despojados los griegos e imponer gobernadores al mando de sus ciudades, comenzaron todos sus males. E igualmente los ciudadanos dominados fueron obligados a alistarse como esclavos en expediciones de pillaje y destrucción, tuvieron que defender su misma esclavitud en partida doble, por tener que luchar contra quienes quieren ser libres y soportar peligros de tal magnitud que, si eran vencidos, serían aniquilados de inmediato y si vencían volverían a sufrir mayor esclavitud en el futuro. Se culpó de toda esta situación a los lacedonios, en Grecia, en Venezuela a los cubanos y sus adláteres, por ser indiferentes a que los pueblos sufran tales males al aliarse con los bárbaros (hoy formados por toda la liga de países fundamentalistas y totalitarios contra los valores de occidente), los cuales acrecentaron su propio imperio al imponer por la fuerza tales acciones a los griegos antes, hoy a los venezolanos. Tal situación, manejadas por militares y oligarcas bolivarianos hoy, hacen la guerra a las instituciones democráticas y consolidan el totalitarismo de estado.