miércoles, 1 de febrero de 2012


Popper y el problema cuerpo-mente
Pascual F. Martínez-Freire
Universidad de Málaga

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Lucien Freud, óleo 


1.- Importancia del problema cuerpo-mente en la filosofía de Popper.
Parece claro que sólo cabe hablar de auténtico problema cuerpo-mente bajo cuatro condiciones: 1) que distingamos entre procesos corporales y procesos mentales, 2) que tal distinción suponga algún tipo de fuerte contraposición entre unos y otros procesos, 3) que advirtamos que existen relaciones entre los procesos corporales y los procesos mentales, y 4) que, una vez que aceptamos tal distinción fuerte entre procesos corporales y procesos mentales así como su relación, nos parezca de alguna manera sorprendente o extraña justamente tal relación.
Puestas así las cosas, pocos son en verdad los pensadores para los que existe el problema cuerpo-mente, aunque los hay. El primer caso ejemplar fue René Descartes (1596-1650), y Karl R. Popper (1902-1994) es también otro caso ejemplar.
En cuanto a Descartes (1) , su doctrina considerada oficial defiende, en efecto, que los procesos corporales son distintos de los procesos mentales, ya que el cuerpo es extenso, ocupa un lugar y se divide en partes mientras que la mente es pensamiento inextenso, no ocupa lugar alguno y es simple (sin partes). Además, tal como puede notarse fácilmente, esta distinción es muy fuerte, puesto que las propiedades de cuerpo y mente, tal como las entiende Descartes, son lógicamente contradictorias. Asimismo, el filósofo francés advierte que existen situaciones en las que cuerpo y mente colaboran, como en las sensaciones, sentimientos o el conocimiento de los cuerpos. Por tanto, tenemos aquí un auténtico problema, consistente en la dificultad de explicar la posibilidad y la realidad de las relaciones entre la mente y el cuerpo humanos, dada la radical oposición entre las propiedades de ambos tipos de realidades. La solución cartesiana, como es sabido, constituye un caso de dualismo interaccionista: la mente, aunque es incorporal, interactúa con el cuerpo a través de la glándula pineal del cerebro.
En cuanto a Popper, asume, en sus líneas generales, el dualismo cartesiano, declarando en Unended Quest: An Intellectual Autobiography (1976): “Pienso que siempre fui un dualista cartesiano (aun cuando nunca pensé que debiéramos hablar acerca de ¨substancias¨); y si no un dualista, estuve ciertamente más inclinado al pluralismo que al monismo” [2]. Tal como veremos, Popper es un dualista al distinguir de modo fuerte entre procesos mentales conscientes corrientes y procesos corporales, pero es un trialista cuando explica la autoconciencia, ya que entonces hará entrar en juego su teoría de los tres mundos al completo.
Popper no sólo se toma en serio el problema cuerpo-mente, sino que lo considera muy importante. En “Notes of a realist on the body-mind problem” (1999), que es el texto de una conferencia pronunciada en 1972, dice expresamente: “Este problema incluye un acertijo principal que quizás nunca pueda ser resuelto. En verdad es el problema de filosofía más profundo y más difícil, el problema central de la metafísica moderna”[3]. A su vez, en la nota de autor, que precede a su libro Knowledge and the Body-Mind Problem (1994), que recoge conferencias pronunciadas en 1969, pone de relieve que el problema cuerpo-mente está relacionado con las ideas de conocimiento subjetivo y objetivo, con la teoría de los “tres mundos” y con la evolución, emergencia y funciones del lenguaje, que constituyen puntos de vista básicos en la filosofía popperiana. 
Además el problema cuerpo-mente está unido en Popper al tema del realismo, que asimismo es central para nuestro autor. En la citada conferencia de 1972 (pronunciada en Mannheim), declara que el problema cuerpo-mente se relaciona con el tema del realismo, que es un asunto metafísico y, por ende, no-positivista [4] . Ahora bien, numerosos textos de Popper nos autorizan a decir que es tres veces realista. En primer lugar, porque acepta la realidad del mundo 1 (objetos y estados físicos), que constituye, para él, el paradigma de la realidad [5]. En segundo lugar, porque acepta también la realidad del llamado mundo 2 (estados de conciencia o estados mentales, o bien las disposiciones conductuales para actuar), ya que los estados mentales interactúan con nuestros cuerpos [6]. Y en tercer lugar, porque defiende tenazmente el carácter real del denominado mundo 3 (los contenidos objetivos del pensamiento, en particular de los pensamientos científicos y poéticos), ya que los objetos del mundo 3 pueden materializarse, como una escultura o una computadora, o pueden (permaneciendo incorporales) conducir a acciones con repercusión en el mundo 1 [7] . En suma, Karl Popper no duda en defender la existencia de tres tipos de realidades: 1) las realidades corporales, que constituyen las realidades por excelencia, 2) las realidades mentales, porque interactúan con los cuerpos, y 3) las realidades producidas por las mentes humanas, sean corporales (obras artísticas o técnicas, o los libros) o sean incorporales (problemas, argumentos o teorías objetivos), porque o bien son en efecto corporales o bien porque pueden actuar sobre el mundo físico [8] .  





Lucien Freud, óleo


2.- El problema cuerpo-mente escindido en dos problemas.
Para Popper, “el problema mente-cuerpo se divide en, al menos, dos problemas bastante distintos: el problema de la muy estrecha relación entre estados fisiológicos y ciertos estados de conciencia, y el problema muy diferente de la emergencia del yo y su relación con el cuerpo” [9] . Es decir, se trata, por un lado, del habitual problema cuerpo-mente, y, por otro lado, del problema de la relación entre el cuerpo y el yo; o también, en términos popperianos, de la relación entre el mundo 1 y el mundo 2, por una parte, y de la relación entre el mundo 1 y el yo, por otra parte. Ambos problemas son distintos, como veremos, ya que el yo, según nuestro autor, está anclado en el mundo 3.
Aunque a veces Popper no distingue entre estados conscientes en particular y estados mentales en general [10] (confusión entre los filósofos y psicólogos más habitual de lo que sería deseable), normalmente distingue los procesos mentales inconscientes y los procesos mentales conscientes. Al distinguir los tres mundos, en la obra escrita en colaboración con John C. Eccles (1903-1997) titulada The Self and its Brain (1977), dice: “ En segundo lugar, está el mundo de los estados mentales, incluyendo entre ellos los estados de conciencia, las disposiciones psicológicas y los estados inconscientes; es lo que denominaré ¨mundo 2¨” [11] . Por tanto, a pesar de algunas ambigüedades, el primer problema cuerpo-mente de Popper es el habitual problema de las relaciones entre procesos corporales y procesos mentales.
Una característica importante, y muy actual, de la concepción popperiana de los estados mentales es que entiende que no sólo existen estados mentales en los humanos sino también en los animales, con lo que podremos hablar tanto de mente humana como de mente animal. Para Popper, que expresamente adopta un enfoque evolucionista en su filosofía, “la evolución –la evolución del universo y especialmente la evolución de la Tierra- ha producido cosas nuevas: novedades reales” [12]. Por ello habla de evolución creadora o emergente. Ahora bien, al presentar las etapas en la evolución del universo, considera que en una tercera etapa se encuentra la sensibilidad o conciencia animal [13], que, podemos añadir, es el tipo de mentalidad común a humanos y (algunos) animales.
Esta mentalidad puede ser inconsciente o consciente. Respecto de la primera, y al criticar el libro de David Armstrong A Materialist Theory of the Mind (1968), Popper declara que se siente inclinado a considerar la identificación de los procesos y estados mentales inconscientes con procesos y estados cerebrales como una conjetura muy importante, mientras que, en cambio, una identificación de procesos conscientes con procesos cerebrales puede llevar al pampsiquismo [14] , doctrina que Karl Popper rechaza. En suma, nuestro autor parece aceptar una teoría de la identidad entre procesos mentales y procesos cerebrales cuando los procesos mentales, en humanos o en animales, son inconscientes.
Respecto de la mentalidad consciente, Popper sostiene que, tanto en humanos como en (algunos) animales, se produce una interacción entre estados mentales y estados físicos o corporales. En concreto establece dos conjeturas; según la primera “hablar de cuerpo y mente es algo engañoso, pues existen muchos tipos y niveles diferentes de conciencia en el reino animal” [15]; según la segunda conjetura “podemos distinguir entre plena conciencia –esto es, la forma superior de la conciencia humana- y formas inferiores, que pueden ser ampliamente diferentes” [16]; . En nuestro análisis nos interesan ahora los procesos mentales conscientes (humanos y animales), que entran en el primer problema cuerpo-mente, y no los procesos de plena conciencia humana, que pertenecen al segundo problema cuerpo-mente.
Pues bien, para Popper, en situaciones inusuales los animales tienen que elaborar interpretaciones anticipatorias y tentativas de la situación. La ventaja biológica de un proceso de este tipo consiste en que varias líneas de conducta posibles, y su adaptación a la situación, pueden ser ensayadas sin sufrir el riesgo de un movimiento real. Pero esto tiene que implicar algún tipo de imaginación, consistente en la anticipación imaginada del resultado esperado de los movimientos y de la acción consecuente. Así, según nuestro autor, se produce la interacción entre la conciencia y el cuerpo [17] . En términos más precisos dice: “la conciencia, en este nivel, puede estar conectada con interpretación y acción incorporadas en sentimientos generales de placer y dolor, de actividad, curiosidad, emprendimiento, y retirada o huída” [18] . O en otras palabras, “la relación entre estados mentales y estados físicos es, según esta teoría, fundamentalmente la misma que la existente entre sistemas de control y sistemas controlados –especialmente con realimentación desde lo controlado al sistema de control. Es decir, es una interacción” [19]. En resumen, Popper defiende una interacción entre procesos mentales y procesos corporales, en humanos y en animales, cuando tales procesos mentales son conscientes (sin llegar, empero, a la plena conciencia, típica de los humanos).
En este asunto de la conciencia animal, Popper y su amigo John Eccles no se pusieron de acuerdo. En The Self and its Brain (1977), Popper escribió los seis primeros capítulos, Eccles escribió los ocho restantes y ambos publicaron doce diálogos entre ellos. En el diálogo II, el fisiólogo australiano sostiene que las experiencias conscientes de los animales son un derivado de las acciones neuronales, aunque de hecho no pueden actuar ni producir ningún cambio en las operaciones de la maquinaria nerviosa [20] . Por tanto, rechaza el dualismo interaccionista que el filósofo austriaco defiende para los procesos conscientes de los animales. Popper, en este mismo diálogo, dice que “los animales poseen una especie de conciencia basada en la memoria” [21] y que “el primer comienzo, o una etapa intermedia muy temprana de la conciencia, puede ser de hecho el sentido de la curiosidad, un sentimiento de un deseo de saber”[22].





Lucien Freud, óleo




3.- El problema de la emergencia del yo y su relación con el cuerpo.
Para Karl Popper es el segundo de los problemas cuerpo-mente, es decir, el problema de la emergencia del yo y su relación con el cuerpo, el más interesante y al que dedica, de hecho, más atención.
En Knowledge and the body-mind problem (1994), que recoge las conferencias que Popper pronunció en 1969 en la Universidad Emory, y que fueron revisadas por él mismo en 1993, se resumen muy bien sus puntos de vista sobre este segundo problema.
Para empezar conviene advertir que nuestro autor emplea normalmente como expresiones equivalentes las de autoconciencia, conciencia plena, yo (self) y ego, todas ellas referidas a los grados superiores de conciencia de los humanos. Pues bien, para Popper “no hay ninguna duda de que alcanzamos plena conciencia –o el estado superior de conciencia- cuando estamos pensando, especialmente cuando intentamos formular nuestros pensamientos en la forma de enunciados y argumentos” [23]. Este es un punto central en la filosofía de Popper, ya que, como veremos, toda la caracterización del yo, de su emergencia, de su función biológica y de su relación con el cuerpo, se apoya en la idea básica de que el yo es creador de lenguaje objetivo.
En Knowledge and the body-mind problem (1994), Karl Popper resume su teoría de la conciencia plena, ego o yo en cinco tesis [24] . En primer lugar, la conciencia plena está anclada (anchored) en el mundo 3, es decir, está estrechamente unida con el mundo del lenguaje y de las teorías humanas. La conciencia plena consiste principalmente en procesos de pensamiento (que son, podemos añadir, elementos del mundo 2), pero, como no hay procesos de pensamiento sin contenidos de pensamiento y éstos pertenecen al mundo 3, se relaciona con el mundo 3. En segundo lugar, el yo o ego es imposible sin la comprensión intuitiva de ciertas teorías del mundo 3, como teorías acerca del espacio y del tiempo, acerca de los cuerpos en general y acerca de las personas y sus cuerpos, acerca de nuestro propio cuerpo y acerca de las regularidades de estar despierto o dormido. Dicho de otro modo, el yo o ego es el resultado de alcanzar una visión de nosotros mismos desde fuera, colocándonos así en una estructura objetiva, para lo cual precisamos un lenguaje descriptivo. Es decir, para Popper, el yo sólo se constituye merced a un conjunto de teorías (que son, como tales, inquilinos del mundo 3) y, por ello, el yo está anclado en el mundo 3.
En tercer lugar, el problema de Descartes de la localización de la conciencia plena o del yo pensante, dice Popper, está lejos de carecer de sentido. Para nuestro autor, la interacción del yo con el cerebro se localiza en el centro del habla. En cuarto lugar, el yo o conciencia plena está ejerciendo un control plástico [25] sobre algunos de nuestros movimientos que, si son controlados así, son acciones humanas (y no meramente animales, podemos precisar). Y finalmente, en quinto lugar, en la jerarquía de controles, el yo no es el centro de control superior, ya que, a su vez, está controlado plásticamente por las teorías del mundo 3. Ahora bien, añade Popper, este control, como todos los controles plásticos, es del tipo de toma y daca o realimentación; esto es, podemos cambiar y cambiamos las teorías del mundo 3 controladoras.
Antes de analizar las características de esta teoría popperiana, me parece oportuno señalar una incoherencia en la identificación entre plena conciencia y yo. En efecto, el propio Popper, en The Self and its Brain (1977), escribe: “no identificamos necesariamente el yo con la conciencia, pues hay ¨partes¨ inconscientes del yo. La existencia de tales ¨partes¨, sin embargo, normalmente no perturba lo que todos conocemos (sugiero) como la unidad y continuidad del yo” [26]. Así pues, debemos tener en cuenta que, frente a la identificación entre yo y plena conciencia ofrecida en las conferencias de 1969, una mejor elaboración de la teoría popperiana, en su libro escrito junto con Eccles en 1977, atiende al hecho de que “la mayoría de lo que ¨aprendemos¨, lo que adquirimos e integramos en nuestra personalidad, nuestro yo, lo que utilizamos en la acción o en la contemplación, permanece inconsciente o subconsciente, como ha sido confirmado por interesantes experimentos psicológicos” [27].





Estudio de Lucien Freud


4.- El mundo 3 popperiano como contenidos mentales sin mentes.
En la teoría de Popper del yo como anclado en el mundo 3 subyace su teoría más amplia de la distinción entre mundo 1, mundo 2 y mundo 3.
Como es sabido, el 25 de agosto de 1967, en el Tercer Congreso Internacional de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia, en Ámsterdam, Karl Popper presentó una ponencia titulada “Epistemology without a knowing subject”, que luego fue incorporada a su libro Objective Knowledge (1972), donde presentó su teoría de los tres mundos, a la que ya nos hemos referido.
No parece sorprendente, salvo para los defensores de la teoría de la identidad entre procesos mentales y procesos físicos o bien para los partidarios del materialismo eliminativo (si realmente los hay), distinguir entre un mundo 1 de estados físicos y un mundo 2 de estados mentales. Lo sorprendente de la teoría de los tres mundos popperiana es justamente la defensa de la existencia de un mundo 3, que es producto de nuestras mentes y, al mismo tiempo, en gran medida autónomo (independiente de nuestras mentes).
En “Notes of a realist on the body-mind problem” (1999), Popper caracteriza de forma concisa y clara su mundo 3: “En el sentido más amplio ¨mundo 3¨ es el mundo de los productos de la mente humana; en el sentido estrecho es el mundo de las teorías, incluyendo teorías falsas, y el mundo de los problemas científicos, incluyendo cuestiones que tienen que ver con la verdad o falsedad de varias teorías. En el sentido amplio, obras literarias y artísticas tales como las óperas y conciertos de Mozart pertenecen al mundo 3. Pero si se quiere, el mundo de las obras artísticas también puede llamarse mundo 4” [28]. Parece claro, puesto que las obras artísticas se remiten a un eventual mundo 4, que el mundo 3 está compuesto básicamente por los problemas y teorías científicos.
En esa misma conferencia de 1972, Popper aclara (o pretende aclarar) la distinción entre mundo 2 y mundo 3. Para ello se refiere a distinciones, parecidas a la suya, realizadas por Bernhard Bolzano (1781-1848) y Gottlob Frege (1848-1925). Bolzano hablaba del mundo de los “enunciados en sí mismos”, entendiendo por tales los enunciados en sentido lógico contrapuestos a los procesos de pensamiento psicológicos que suceden cuando pensamos un enunciado. Frege, a su vez, hablaba del contenido de un enunciado, por lo que también entendía un enunciado en sentido lógico [29]. Por tanto, podemos decir que Popper aparece como un antipsicologista, preocupado de que el carácter pretendidamente subjetivo de lo psicológico pueda dañar o eliminar el carácter objetivo del conocimiento científico.
Esta es la razón que subyace en “Epistemology without a knowing subject” (1972) para distinguir entre conocimiento en sentido subjetivo y conocimiento en sentido objetivo, distinción que, de manera natural, le lleva a distinguir entre mundo 2 y mundo 3. En efecto, para Karl Popper, hay dos sentidos diferentes de conocimiento o pensamiento: “(1) conocimiento o pensamiento en el sentido subjetivo, que consiste en un estado mental o de conciencia o en una disposición a comportarse o reaccionar, y (2) conocimiento o pensamiento en un sentido objetivo, que consiste en problemas, teorías y argumentos como tales”[30]. Este conocimiento en sentido objetivo, añade Popper, es totalmente independiente de la pretensión de conocer, de la creencia o disposición a asentir de un sujeto; en realidad, es conocimiento sin conocedor, conocimiento sin sujeto cognoscente. En consecuencia, aunque nuestro autor no lo dice, el mundo 3 disfrutaría de la extraña situación de constituir un conjunto de contenidos mentales sin mentes.
En mi trabajo “Epistemología con sujetos cognitivos” (1998), he argumentado en contra de la tesis de Popper, defendida en “Epistemology without a knowing subject” (1972), de que la epistemología centrada en las teorías científicas consideradas en sí mismas (como elementos del mundo 3) puede explicar los procesos de pensamiento subjetivos de los científicos, pero no viceversa. Justamente mi punto de vista en ese trabajo es que ese viceversa es verdadero, que el estudio de la ciencia como actividad de agentes solucionadores de problemas explica las teorías científicas; es decir, que (en particular) la psicología cognitiva de la ciencia puede ayudarnos a comprender los descubrimientos científicos.
Además, también me oponía a la idea de que las teorías científicas existen en sí mismas, constituyendo incluso un mundo en gran medida autónomo. Me parece claro que las teorías científicas no existen independientemente de alguna mente que las considere y que, siguiendo la línea platonizante de argumentación de Popper, si existen en el Lógos divino también existen respecto de una mente. Popper argumenta que el tercer mundo es autónomo en la misma medida en que las bibliotecas (cuyas revistas y libros contienen el conocimiento objetivo) pueden subsistir aunque haya desaparecido todo conocimiento subjetivo (es decir, toda conciencia). Sin embargo, parece claro que los libros y revistas pertenecen al mundo 1, son objetos físicos, y que, aunque contengan conocimiento, se trata de conocimiento expresado en un lenguaje (mundo 1) por algún inquilino del mundo 2 [31].
La objetividad del conocimiento en general y del conocimiento científico en particular puede ser defendida sin recurrir a ese extraño mundo 3. Tal como he escrito en mi presentación del volumen Universalismos, relativismos, pluralismos (2001): “A pesar de las diferencias individuales respecto de nuestras capacidades perceptivas, preparación intelectual y experiencia adquirida, todos los seres humanos poseemos un sistema de representación y una competencia lingüística que es básicamente la misma en todos (salvo casos patológicos). Dicho de otra manera, podemos ponernos de acuerdo en nuestras observaciones, argumentos y teorías porque nuestro sistema perceptivo junto con nuestras facultades de imaginar, recordar y razonar son sensiblemente iguales en todos los seres humanos, y también porque nuestra capacidad de expresión lingüística es sensiblemente igual en todos nosotros” [32].




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Lucien Freud, óleo


5.- El mundo 3 popperiano como lenguaje público mental.
En Unended Quest: An Intellectual Autobiography (1976), Popper dice que “la plena conciencia del yo puede surgir solamente a través del lenguaje” [33]. Por tanto, “un bebé es un cuerpo –un cuerpo humano en desarrollo- antes de que llegue a ser una persona” [34].
Popper señala las funciones lingüísticas del yo completando los puntos de vista sobre las funciones del lenguaje de su maestro Karl Bühler (1879-1963), tal como aparecen en su obra Sprachtheorie (1934). Es notable que nuestro autor se ocupa de los puntos de vista de su maestro en su trabajo temprano sobre el problema cuerpo-mente (publicado en los Proceedings of the 11th International Congress of Philosophy, 7, 1953) titulado precisamente “Language and the body-mind problem”, incorporado posteriormente a su libro Conjectures and Refutations (1963).
Bühler distinguía tres funciones del lenguaje: 1) la función expresiva, 2) la función señalizadora (apelativa) y 3) la función descriptiva. A ellas añade Popper una cuarta función, la argumentadora. En The Self and its Brain (1977), el filósofo vienés ofrece una tabla y la comenta [35], mostrando las funciones del lenguaje (entendido en sentido amplio) tal como aparecen en animales (y a veces plantas), por un lado, y en los humanos, por otro lado. Animales, (a veces plantas) y seres humanos comparten la función expresiva del lenguaje, que consiste en la expresión exterior, en la conducta, de un estado interno; sus valores son expresión reveladora o expresión no reveladora. También animales, (a veces plantas) y humanos comparten la función señalizadora del lenguaje, que presupone la anterior, consistente en emitir señales de diversas clases, como los pájaros suministran señales de peligro; sus valores son señal eficiente o señal ineficiente. Ahora bien, sigue Popper, las otras dos funciones, de carácter superior e incluyendo cada una las anteriores, son propias del lenguaje humano. La función descriptiva, además de expresar y comunicar, realiza enunciados que pueden ser verdaderos o falsos (y éstos son sus valores). Finalmente, la función argumentadora añade los argumentos a las otras tres funciones, con sus valores de validez o invalidez.
En Knowledge and the body-mind problem (1994), Popper resume sus puntos de vista sobre la estrecha relación entre yo y lenguaje en tres tesis [36]. En primer lugar, en la evolución de la especie humana, el ego o yo o autoconciencia emerge junto con las funciones superiores del lenguaje (es decir, descriptiva y argumentativa) e interactúa con estas funciones. En segundo lugar, en el desarrollo del niño, el ego o autoconciencia o yo se desarrolla con las funciones superiores del lenguaje, y por tanto después de que el niño ha aprendido a expresarse, a comunicarse, y a comprender sus relaciones con otras personas y a ajustarse a su ambiente físico. Y en tercer lugar, el yo o ego está unido, por una parte, con la función de control central del cerebro, mientras que, por otra parte, interactúa con los objetos del mundo 3; la interacción con el cerebro es, según Popper (y en claro estilo cartesiano), anatómicamente localizable en el centro de habla del cerebro.
En suma, el yo tiene una doble interacción, con el cuerpo y, en concreto, con el cerebro en su centro de habla, y también con los enunciados y argumentos del mundo 3. Por ello, Popper dirá en The Self and its Brain (1977) que el yo está anclado en los tres mundos y, en especial, en el mundo 3 [37]. En efecto, podemos advertir que, para nuestro autor, el yo, tanto en sus partes inconscientes como en sus partes conscientes, pertenece al mundo 2 de los procesos mentales, pero interactúa con su cerebro a través del centro de habla, y por ello está anclado en el mundo 1, y finalmente se constituye como yo merced a su anclaje en las teorías del mundo 3.
Respecto del carácter lingüístico del mundo 3, creo que existe una dificultad insuperable, a saber, que el mundo 3 sería un sorprendente lenguaje al tiempo público y mental. En The Self and its Brain (1977) [38], Popper sostiene que un animal superior puede poseer carácter, virtudes o vicios, y así un perro puede ser bravo, afable y leal, o bien puede ser traicionero; pero sólo el ser humano puede esforzarse por hacerse mejor, por vencer sus temores, su pereza, su egoísmo, o su falta de control. Según Popper, la diferencia aquí radica en el anclaje del yo en el mundo 3; tal diferencia está en el lenguaje humano, que hace posible que seamos no sólo sujetos, centros de acción, sino también objetos de nuestro propio juicio crítico. Esto es posible, añade nuestro autor, gracias al carácter social del lenguaje y, por otro lado, debemos nuestra condición de yo al lenguaje. En cuanto yo, concluye Popper, somos todos nosotros producto del mundo 3 que, a su vez, es un producto de incontables mentes humanas. En resumen, podemos comentar, el mundo 3 aparece a la par como un lenguaje social, público, y como producto mental.
Sin embargo, parece claro que un lenguaje público o social, como el español o el inglés, no es un lenguaje mental, sino que justamente pertenece al mundo 1, ya sea como sonidos físicos ya sea como palabras escritas. Es cierto que podemos pensar en español o en inglés, pero entonces las frases correspondientes dejan de ser lenguaje público. Por otra parte, podemos hablar de un lenguaje mental o lenguaje de ideas, que pertenece al mundo 2, que aún no está formulado en un lenguaje público o que temporalmente permanece ajeno a un lenguaje público; con frecuencia nos falta el enunciado adecuado para expresar un juicio que ya poseemos, o bien no recordamos las palabras que empleábamos para expresar cierta idea. Pero lo que no resulta fácilmente concebible es un lenguaje público de enunciados en sí mismos, que ni pertenece al mundo 1, como cualquier lenguaje público, ni pertenece al mundo 2, como el lenguaje mental o de ideas, sino que constituye un mundo 3 que es, a la vez, público y mental.
En cuanto a la conjetura popperiana de que el yo interactúa con el cerebro en el centro de habla, su desarrollo es escaso y se limita a referirse a los experimentos realizados con pacientes a los que se había practicado una operación de comisurotomía. En Knowledge and the body-mind problem (1994) [39], en efecto, Popper se refiere a los hechos de que el centro de habla se encuentra en la mayoría de las personas en el hemisferio izquierdo del cerebro y que las dos mitades del cerebro están unidas por la gran comisura cerebral, controlando el hemisferio izquierdo el lado derecho del cuerpo y el hemisferio derecho el lado izquierdo del cuerpo. Si se corta esta comisura cerebral, en una operación quirúrgica, la conexión entre ambos hemisferios se rompe. Las personas sometidas a tal operación (normalmente pacientes con fuertes ataques de epilepsia, que mejoran mucho tras ser intervenidos) se comportan como la gente corriente, aunque si se investigan cuidadosamente se detectan diferencias notables.
En la medida en que una persona operada no pueda controlar, mediante los órganos del lado derecho de su cuerpo, tales como ojo y mano, lo que hace su lado izquierdo, es inconsciente de los movimientos de su brazo y mano izquierdos. No se trata, precisa Popper, de que haya perdido su personalidad, pero sólo es plenamente consciente de aquellas señales que recibe el lado izquierdo de su cerebro procedentes del lado derecho de su cuerpo. Por ejemplo, cierto paciente solía fumar cigarrillos, cogerlos con su mano izquierda, ponerlos en la esquina izquierda de su boca y usar el encendedor también con la mano izquierda. Tras la operación, realizaba estas acciones con toda normalidad, aunque se le impidiese ver con su ojo derecho lo que estaba haciendo; pero entonces no era consciente de lo que estaba haciendo, es decir, era incapaz de dar respuestas adecuadas a preguntas sobre sus movimientos; sin embargo, si ponía el cigarrillo en la esquina derecha de su boca, lo sabía y lo decía.
En general, los pacientes operados de comisurotomía, y con la percepción de las acciones de su lado izquierdo separada de la percepción de las de su lado derecho,  no pueden explicar los movimientos de su lado izquierdo, y declaran que no saben lo que han hecho. La explicación que suscribe Popper es que los movimientos del lado izquierdo (controlados por el hemisferio derecho) permanecen inconscientes porque no son referidos al centro de habla (que se encuentra en el hemisferio izquierdo), a causa del corte de la comisura cerebral. Para Popper, estos experimentos apoyan su conjetura de que el ego o conciencia plena interactúa con el centro de habla. 
En The Self and its Brain (1977) es John Eccles, Premio Nóbel de Fisiología y Medicina de 1963, y no Popper, quien analiza con detalle, en su capítulo 5, estos casos de pacientes operados de comisurotomía. Sin embargo, el fisiólogo australiano llega a conclusiones en parte distintas de las de Popper. Eccles también sostiene un dualismo interaccionista, pero en realidad se trata de defender que los procesos mentales, pertenecientes al mundo 2, son distintos de los procesos cerebrales, pertenecientes al mundo 1,  y que, no obstante, existen entre unos y otros interacciones a través de las áreas de relación (zonas asociativas) del hemisferio cerebral izquierdo[40] .
Hay otro punto en el que la diferencia entre Popper y su amigo Eccles es más acusada, a saber, mientras que Popper, con inclinación al espiritualismo, no admite la inmortalidad del yo, en cambio, Eccles defiende tanto un origen sobrenatural de la mente autoconsciente como la inmortalidad del yo.
En Unended Quest (1976) nuestro filósofo dice que no parece que sea un órgano físico el que se concentre sobre un problema, con sus poderes lingüísticos, sus poderes de anticipación, inventiva e imaginación, y con sus poderes de aceptación y rechazo tentativos [41]. Sin embargo, en el diálogo XI de The Self and its Brain (1977), Popper declara que no espera una eternidad de supervivencia y que, al contrario, la idea de continuar por siempre le parece manifiestamente aterradora, mientras que la muerte confiere valor, en cierto sentido casi infinito, a nuestras vidas. En cambio, Eccles cree que existe un origen sobrenatural de nuestra mente autoconsciente [42] y, además, no puede creer que el maravilloso regalo de la existencia consciente no tenga más futuro [43].



Lucien Freud, óleo




6.- Conclusiones.
He tratado de mostrar la gran importancia que tiene el problema cuerpo-mente en la filosofía de Popper, así como la conexión de tal problema con lo que he denominado su triple realismo.
Pero el problema cuerpo-mente en Popper se escinde en dos, a saber, el tradicional de la relación entre procesos cerebrales y procesos mentales y el de la relación entre el cuerpo y el yo.
Respecto del primero, Popper defiende una teoría de la identidad entre procesos cerebrales y procesos mentales inconscientes, mientras que sostiene un dualismo interaccionista entre procesos cerebrales y procesos mentales conscientes. Por otra parte, contrariamente a John Eccles, sustenta la conjetura de la existencia de conciencia animal.
Respecto del segundo problema, Popper presenta tenazmente el punto de vista de que el yo está anclado en el mundo 3, y unido, por tanto, al lenguaje y a las teorías humanas. Asimismo la interacción entre el yo y su cerebro [44] se localiza en el centro de habla.
Básicamente mis críticas a Popper se han centrado en dos puntos. Por un lado, denunciar la extraña naturaleza del mundo 3, en cuanto conjunto de contenidos mentales sin mentes (crítica que ya formulé en un trabajo de 1998). Por otro lado, denunciar el sorprendente carácter del mundo 3, en cuanto sería un lenguaje al tiempo público y mental.
Finalmente he concluido señalando algunas otras diferencias entre Karl Popper y su amigo John Eccles.


Referencias Bibliográficas

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HLER, Karl, Teoría del lenguaje (trad. Julián Marías), Revista de Occidente, Madrid, 1967 (3ª ed.).
ECCLES, John C., Evolution of the Brain: Creation of the Self, Routledge, Londres, 1989.
MARTINEZ-FREIRE, Pascual F., La nueva filosofía de la mente, Gedisa, Barcelona, 1995.
MARTINEZ-FREIRE, Pascual F., “Epistemología con sujetos cognitivos”, en Pascual F. Martínez-Freire (ed.), Filosofía actual de la ciencia, Suplemento nº 3 de Contrastes, Málaga, 1998, pp. 95-118.
MARTINEZ-FREIRE, Pascual F., “Presentación”, en Pascual F. Martínez-Freire et alii (eds.), Universalismos, relativismos, pluralismos, Themata, 27, 2001, pp. 9-12.
POPPER, Karl R., El desarrollo del conocimiento científico. Conjeturas y refutaciones (trad. Néstor Míguez), Paidós, Buenos Aires, 1967.
POPPER, Karl R., Objective Knowledge. An Evolutionary Approach, Clarendon Press, Oxford, 1972.
POPPER, Karl R., Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual (trad. Carmen García Trevijano), Tecnos, Madrid, 1977.
POPPER, Karl R., y ECCLES, John C., El yo y su cerebro (trad. C. Solís Santos), Labor, Barcelona, 1980.
POPPER, Karl R., Knowledge and the body-mind problem. In defence of interaction (editado por M. A. Notturno), Routledge, Londres, 1994.
POPPER, Karl R., All Life is Problem Solving (trad. Patrick Camiller), Routledge, Londres, 1999.
[1] En realidad sostuvo hasta tres posturas distintas, a saber, que el ser humano es únicamente su alma o mente, que el ser humano es la unión estrecha de mente y cuerpo y (la doctrina habitualmente considerada como típica de Descartes) que el ser humano consiste en la interacción de mente y cuerpo. Véase mi libro La nueva filosofía de la mente (1995), capítulo 2.
[2] Búsqueda sin término. Una Autobiografía intelectual (1977), p. 251.
[3] All Life is Problem Solving (1999), p. 23.
[4] Cf. : o. c., p. 24.
[5] “Comparto con los materialistas o fisicalistas no sólo el hincapié que hacen en los objetos materiales como paradigmas de la realidad, sino también la hipótesis evolucionista” (El yo y su cerebro, p.12).
[6] “Además de los objetos y estados físicos, conjeturo que hay estados mentales y que dichos estados son reales, ya que interactúan con nuestros cuerpos” (El yo y su cerebro, p. 41). Popper señala que la ambición, el deseo de alcanzar la cumbre y la determinación del montañero son procesos mentales que actúan sobre su cuerpo (Cf. o. c., pp. 41-42).
[7] “Por mundo 3 entiendo el mundo de los productos de la mente humana, como las historias, los mitos explicativos, las herramientas, las teorías científicas (sean verdaderas o falsas), los problemas científicos, las instituciones sociales y las obras de arte” (o. c., p. 44).  Y añade Popper: “Muchos de los objetos del mundo 3 existen bajo la forma de cuerpos materiales y, en cierto sentido, pertenecen tanto al mundo 1 como al mundo 3. Ejemplo de ello son las esculturas, los cuadros y los libros” (ibid.). En cuanto a los objetos incorporales del mundo 3 dice, por ejemplo: “Una situación problemática lógica aún no descubierta y aún no incorporada puede resultar decisiva para nuestros procesos de pensamiento, pudiendo conducir a acciones con repercusión en el mundo 1 físico, como por ejemplo a una publicación” (o. c., p.53). 
[8] Esta posibilidad lleva a Popper a afirmar que el mundo 1 no está causalmente clausurado (sino abierto), ya que hay una interacción entre el mundo 1 y el mundo 3, mediatizada por acontecimientos mentales del mundo 2 (cfr.: o. c., p. 65).
[9] Búsqueda sin término (1977), p. 256.
[10] Por ejemplo: “Existe la diferencia de tipo conocida por todos nosotros entre estados de conciencia mientras estamos despiertos y los estados de conciencia mientras estamos dormidos y soñando” (Knowledge and the body-mind problem, p. 111. El subrayado es mío).
[11] El yo y su cerebro (1980), p. 43.
[12] O. c., p. 16.
[13] Cfr.: o. c., p. 18.
[14]Cfr.: o. c., p. 106.
[15] Knowledge and the body-mind problem (1994), p. 111.
[16]Ibidem.
[17] Cfr.: o. c., p. 113.
[18]Ibidem.
[19] O. c., p. 114.
[20] Cfr.: El yo y su cerebro (1980), p. 496.
[21] O. c., p. 499.
[22] O. c., p. 501.
[23] Knowledge and the body-mind problem (1994), p. 114.
[24] Cfr.: o. c., pp. 114-115.
[25] Un control plástico, según Popper, se da cuando las reacciones posibles cubren un amplio espectro de posibilidades (cfr.: o. c., p. 112).
[26] El yo y su cerebro (1980), p. 146.
[27] Ibidem.
[28] All Life is Problem Solving (1999), p. 25.
[29] Cfr.: Ibidem.
[30] Objective Knowledge (1972), pp. 108-109.
[31] Cfr.: “Epistemología con sujetos cognitivos” (1998), pp. 96-97.
[32[ Universalismos, relativismos, pluralismos (2001), p. 11.
[33] Búsqueda sin término (1977), p. 256.
[34] El yo y su cerebro (1980), p. 130.
[35] Cfr.: o. c., pp. 66-67.
[36] Cfr.: Knowledge and the body-mind problem (1994), pp. 131-132.
[37] Cfr.: El yo y su cerebro (1980), p. 122.
[38] Cfr.: o. c., pp. 162-163.
[39] Cfr.: Knowledge and the body-mind problem (1994), pp. 132-134.
[40] Para una presentación más completa, véase mi libro La nueva filosofía de la mente (1995), capítulo 9.
[41] Cfr.: Búsqueda sin término (1977), p. 258.
[42] Esta tesis aparece de nuevo en su libro posterior Evolution of the Brain: Creation of the Self  (1989).
[43] Cfr.: El yo y su cerebro (1980), pp. 623-628.
[44] Fue Popper quien impuso su criterio de titular el libro escrito en colaboración con Eccles “El yo y su cerebro”, en vez de “El yo y el cerebro” (cfr.: El yo y su cerebro, p. 532).