viernes, 1 de julio de 2011

Sobre el Dolor en los Tratados Hipocráticos



David De los Reyes

Universidad Central de Venezuela

a
Portrarretrato, instalación de Alexa Meade, 2009


Eleleu, eleleu [1]Hypo m’au sprákelos kai prenopléges maníai thálpousi
 (“¡Dolor! ¡Ay, dolor! De nuevo me abrasa por
dentro una convulsión y delirios enloquecedores”).
Esquilo, Prometeo 877-8.

Este tratado hipocrático sobre enfermedades remite al estudio de diversas dolencias en el mundo antiguo. Su procedencia  se inscribe en la tradición de los escritos hipocráticos pero remiten a un autor de la escuela de medicina Cnida. Para Galeno estos cuatro tratados  sobre las enfermedades (Peri noúson) no son escritos por el médico de Cos, Hipócrates. Este tomo IV del corpus hipocrático está compuesta de tres tratados que se conocen por Sobre las enfermedades I, II y III, y uno último que versa Sobre las afecciones internas. Su enfoque es propio de una medicina empírica, propia de la tendencia cnida, que racional y positiva, es la tendencia que proveniente de la escuela hipocrática.
Estos tratados pueden definirse en conjunto como un estudio de patología sobre las enfermedades internas, donde cada tratado se centra en una serie de enfermedades conocidas y hasta comunes para ese momento; encontramos tratamientos para la tisis, los tétanos, la hidropesía, la ictericia y la tisis, por ejemplo.
Los tratados siguen  una metodología que influenciará a los estudios sobre la naturaleza dentro del saber griego.  En estos escritos encontramos  una exposición pormenorizada una a una de las enfermedades, siguiendo un esquema preciso: síntomas, causa,  pronóstico y terapia. En esta última nos encontramos con un conjunto de reglas pormenorizadas  para el tratamiento a seguir; ellas consisten  en detalladas recomendaciones de dieta alimenticia y régimen de vida en general (paseos, ejercicios, descansos, relaciones sexuales, baños, lavados, exposiciones al sol, etc.). Además de otras prácticas como infusiones de pulmón, sangrías, cauterizaciones y flebotomías.

Natura Morta, instalación de Alexa Meade, 2010


En la descripción de la enfermedad se describen los síntomas propios de cada una de ellas.  Y e aquí en que el concepto de dolor se hace presente como un fenómeno que da ciertas características respecto a cómo se deben catalogar la enfermedad en función de las afecciones dolorosas en tanto expresión que la acompaña y que da, junto a otras observaciones, una patología a corregir y tratar.
En el tratado primero (E., 1) se dan ciertas consideraciones sobre la medicina, la cual se presenta como una habilidad  o la falta de ella, de la oportunidad y la inoportunidad para la superación de una dolencia. Respecto al cuerpo se nos dice que debe considerarse lo que es frío o caliente, fuerte o débil, compacto o suelto, húmedo o seco, y cuántas cosas de mucho terminan siendo escasas; también qué mal, cómo y cuándo se ha producido como consecuencia de otro, si es causa de un bien  y qué mal surge a causa de otro mal. Toda enfermedad va acompañada por un conjunto de dolores, molestias que la caracterizan y dan una guía para obtener su diagnostico o pronóstico, sus causas, su sintomatología y, por supuesto, una particular terapia con la que se intentará intervenir y prever y superar su evolución.
La presencia del dolor es un elemento acompañante de toda afección o enfermedad. En todos los tratados encontramos que la concepción del dolor que se tiene es la de ser personalizada y personificada. Los dolores se presentan y se apoderan de los enfermos; los enfermos, si son tratados o curados, pueden escapar al dolor  o son apresados por él. Es un padecimiento corporal; en los tratados no se habla nunca acerca de los dolores del alma; una referencia positiva y física está presente en todo momento, mostrándonos que la medicina antigua no se involucraba para nada con las afecciones psíquicas  de una manera particularizada. La medicina daba respuestas en función de síntomas corporales y según ello tendrían que ser tratadas y evaluadas. Es así que al hablar de los enfermos de melancolía, la cual viene dada, además de distanciamiento y tristeza en ciertos casos, con delirios, y se nos dice que se adquiere  cuando se corrompe la sangre por efecto de la bilis y del flegma, y es por ello que comienza a delirar y en algunos, incluso, a enloquecer.

Proyecto de Alexa Meade. 
Instalación  compuesta de pintura acrílica 
sobre objetos encontrados 
y los resultados de un modelo vivo, 2010

Termina diciendo el tratado (E.,I, 30), que la locura y el delirio se producen en tanto menor grado, cuanto precisamente la bilis es más débil.  El diagnóstico surge no por una comprensión de qué afecta al alma sino en qué padecimiento y disfuncionamiento corporal vendrá a afectar a la persona para que se presente el delirio y sea catalogada como una melancolía. La melancholie se conocía sobre todo como una enfermedad somática que llevaba alteraciones a la psique y no lo contrario; el tratado la comprenderá como una superabundancia de flegma negro. Esto nos muestra la atención que la medicina hipocrática daba a la somatización de la enfermedad, separando cualquiera influencia de corte psíquica. Los dolores y las afecciones se deben a  una disfunción corporal debido a una alteración de diferentes componentes físicos.
Para la disminución del dolor se recomienda, muchas veces, calentar y humedecer la región en la que está el dolor aplicando fomentos ligeros y humedecidos (E,III,7); si el enfermo está ardiendo poner compresas frías.
Una descripción sintomatológica del dolor es la referida a los agudos dolores de los enfermos por tétanos. Encontramos estas palabras:
Algunas veces el enfermo grita y le acometen fuertes dolores y (el espasmo) a veces no le permite ni juntar las piernas ni extender los brazos. Pues los codos se quedan doblados y mantienen los dedos con el puño cerrado y generalmente retiene el dedo gordo entre los demás; da gritos y en ocasión desvaría. Y no puede dominarse a sí mismo sino que algunas veces da saltos cuando le acomete el dolor. Pero una vez que el dolor remite, permanece tranquilo. Hay casos en los que pierden la voz al caer enfermos o se vuelven locos o melancólicos. Estos mueren al tercer día, una vez que les ha vuelto la voz. Y también estos enfermos arrojan por las narices, pero si el enfermo sobrepasa los catorce días, se cura (E., III,13).

En toda esta descripción se nos muestra lo que hemos venido diciendo respecto a la consideración del dolor para la medicina  griega antigua; el dolor permite evaluar la evolución del padecimiento  y está referida, sobretodo, a la parte corporal del enfermo, aunque pueda teñirse de melancolía  en su comportamiento.
Esto hace contraste con la concepción platónica, cínica, epicúrea y hasta estoica de la filosofía, que vendrían a tratar las enfermedades del alma propiamente. La medicina surge de la necesidad que tuvo el hombre de encontrar una dieta adecuada a su organismo, y diferenciada de los animales. El hallazgo del hombre de una dieta distinta a los animales puede considerarse el primer  paso para el encuentro de un bienestar prolongado y de una salud vigilada gracias a la ingesta de alimentos. Este hallazgo ennoblece la tecne terapéutica del arte de  la medicina  al encontrar dentro de lo cotidiano la puesta en práctica una serie de hábitos que aunque puedan estar lejos para ser los más idóneos de una buena salud vienen a mejorar su equilibrio orgánico corporal.
Todo este hacer médico no está separado   de las discusiones en grupo (hoy pudiéramos llamarlas las requeridas juntas médicas), donde se realizan una especie de justas retóricas como elemento requerido para la profesión de sanador.  El arte de la discusión va junto con las prácticas de la terapia propiamente dichas. El ejercicio de la medicina requería de una cierta mayéutica respecto a la enfermedad, el médico debía  tomar en consideración de dónde viene la enfermedad, qué clase de enfermedad se padece (si su  padecimiento sería largo o corto, mortal o no, si se ha de intervenir al cuerpo y dejarlo mutilado o no). Además de conocer cuáles son las prácticas de otros médicos que han sido exitosos en el tratamiento de los enfermos respecto a sus dolencias (E. 1). La medicina no era considera una ciencia sino un arte, donde se tenía muy en cuenta la habilidad o no del practicante, la oportunidad o inoportunidad y, en lo que se refiere a otras artes, a cuáles se parece y a cuales  no se parece en nada.


Ante esta postura de la escuela hipocrática de Cnido encontramos otra,  la de la escuela médica de Sicilia y buena parte de Grecia. En la medicina de la antigua Grecia reinaban dos  teorías. La primera, como lo hemos visto antes, se puede llamar dietética, la cual hace depender el buen o mal estado de salud del régimen alimenticio, y en general, del modo de vivir (necesidad de mantener ejercicios físicos, descansos, etc.), la cual nos parece interesante en sus propuestas preventivas; la otra escuela es la que se le ha llamado somática, la cual se funda en la correcta o incorrecta mezcla, en el cuerpo, de los cuatro elementos presentes en sus cualidades fundamentales: frío, calor, sequedad y humedad. Esta escuela toma los términos isonomía (igualdad ante la ley: equilibrio de cualidades) y monarquía (un solo principio, cualidad o ley), términos sacados de ambiente político de la Grecia del siglo V, para ser aplicados a la condición de la salud y de la enfermedad. Respecto a ella y al uso de estos términos para el diagnóstico del enfermo queremos referir las palabras del médico Alcmeón de Crotona, que nos expresa  para explicar la salud, la necesidad del equilibrio  de las cualidades fundamentales: Lo que mantiene la salud es la isonomía  de las cualidades, humedad y sequedad, frío y calor, amargor y dulzura, etc.; mientras que al contrario, la monarquía de una de  ellas es causa de enfermedad. En efecto, el poder absoluto (monarquía) de uno de los contrarios trae consigo la ruina de la persona. De hecho las enfermedades sobreviven, por lo que a su causa se refiere,  por exceso de calor o de frío…En cambio la salud consiste en la mezcla bien proporcionada (súmmetron krasin) de las cualidades, (cit. en Festugiere, 1954:17). Otra manera de comprender que el equilibrio requiere una actividad (energeia) constante, equilibrada y en igualdad de proporciones en relación a las cualidades que dicha medicina antigua creía poder responder para tratar las patologías.

Portrarretrato, instalación de Alexa Meade, 2009


Estas consideraciones nos traen al recuerdo las palabras del personaje Gavin de la novela En las prisiones de Franco (1974), del  escritor y dirigente político socialista Joaquín Maurín[2]. Este personaje Gavin, hábil para todo, estudiante de medicina impedido de terminar su carrera por la guerra civil española del 36, y preso en las cárceles fascistas del franquismo, refiere (en el momento que es nombrado médico de la prisión por haber muerto el médico titulado de la cárcel al ser contaminado por la peste presente en el recinto favorecida por las inhumanas condiciones en que vivían los presos), que por:
-…circunstancias extraordinarias y harto desagradables me obligan a trocarme en médico, actividad que en modo alguno es de mi agrado. El arte de la salud, como dijo Hipócrates, es el más importante de todas las artes. De modo que yo, más  que ser médico, trataré de ser un artista. Mis tratamientos profilácticos y terapéuticos serán totalmente distintos  de los empleados  por los médicos con título oficial. Yo no creo que para gozar de buena salud sean necesarias las purgas, que nada tiene de artístico…creo en algo muy diferente.
-Qué? .- preguntaron los presos con impaciencia.
-Se necesitan tres cosas.
-Cuáles?
-Sol, vino y libertad.
Esas tres palabras tuvieron la virtud de hacer cosquillas en cada uno de los presos, que, desde el primer momento, tuvieron una fe ciega en Gavin…los contagios siguieron disminuyendo, y cesaron las defunciones. Como estimulados por la fe colectiva, los enfermos bregaban y acaban por ganar la batalla, (Cap.II).
Pensando respecto al dolor para la escuela hipocrática de Cnido y las curas propuestas por Gavin, habrá que considerar que ante el dolor, la enfermedad y la muerte bien se tiene que ser, muchas veces más que un científico, un artista como lo proponía el método hipocrático: el médico se reconoce por poseer un saber   que, emparentado con el arte en tanto habilidad, es capaz de eliminar  el dolor y conservar la salud.

Bibliografía:
AA/VV, 1990:Tratados HipocrátricosEnfermedades t.VI. ed. Gredos, Madrid.
Festugiere, A. 1954: La libertad en la Grecia Antigua. Ed. Seix-Barral, Barcelona.
Maurín, J. 1974: En las prisiones de Franco.  B. Costa-Amic. Editor. México.


[1] Con el mismo sentido aparece en Eurípides, Hipp. 1, 352.
[2]   Joaquín Maurín, político aragonés, fue el secretario del POUM en España, partido socialista  de izquierda de tan fulgurante aparición en vísperas de la guerra española, en palabras de German Arciniegas. Editor en 1930 del periódico La Batalla. Formó parte de la CNT, en lucha contra la monarquía. Estuvo como preso político en las cárceles de Franco desde 1937 hasta 1946, al ser liberado por indulto (estaba condenado a treinta años de cárcel). Muere el 5 de noviembre de 1973 en Nueva York, ciudad en la que se desempeñó en su propia empresa de importaciones, destinada a distribuir  en EU. artículos españoles y latinoamericanos. Además de la novela Las prisiones de Franco está Los hombres de la dictadura.