lunes, 1 de diciembre de 2008



Demetrio el Cínico y los Secretos de la Conciencia

  
                           David de los Reyes


Demetrio el Cínico (s.I d.C), filósofo que recibe este sobrenombre para ser distinguido de Demetrio de Falera el peripatético, con posturas próximas a Epícteto y que influyó en el pensamiento de Séneca. Crítico con el Imperio, fue desterrado por Nerón y por Vespasiano. De Corintio, amigo de Séneca y de Trásea, tuvo fama durante un tiempo por sus discursos sobre la monarquía (Calígula trató en vano ganárselo para su causa ofreciéndole dinero; nos relata Séneca en Sobre los beneficios, VII, 11), Tras las muerte de su amigo Trásea se exilió en Grecia, pero volvió a Roma durante el reinado de Vespasiano, quien hacia el año 71, lo desterró de la ciudad junto con otros.

Es sabido que buena parte de la función de los cínicos antiguos consistió en desequilibrar, en trastornar las convenciones y costumbres de los individuos, en fin, en su modo de existencia y obligándolo, a tirones y empujones, a adoptar otro modo de vida.
Para los cínicos (como para los post-socráticos, los epicúreos, los estoicos, etc.) la filosofía había buscado cada vez más su definición, su centro de gravedad, fijando su objetivo en torno de algo que se llamaba tekhne tou biou, es decir, el procedimiento meditado de existencia, una técnica de vida (Foucault 2001:177). La pregunta clave fue ¿cómo hacer para vivir como corresponde?, esa era la pregunta de la tekhne biou.
Los cínicos en relación a la cuestión del autoconocimiento de sí (retorno a sí, conversión a sí), es sin duda mucho más complicada de lo que aparece.
Demetrio aparece largamente citado en un texto de Séneca, De beneficiis¸ el cual se había aclimatado a Roma y vivía entre los círculos aristocráticos.
Su fama se debe a que era confidente de Trásea Peto y fue el testigo y organizador, en cierto modo, de su suicidio; Demetrio lo atendió en ese trance y estuvo junto a él en sus últimos instantes de vida. Con él entabló un diálogo sobre la inmortalidad del alma y murió mientras hablaba de esta manera socrática con él.
Demetrio es un cínico romano, pero bien educado, un cínico aclimatado. Séneca lo cita con muchos elogios y deferencia. En esa cita refiere del cínico que afirmaba la necesidad de tener presente el modelo, la imagen del atleta. ¿Qué es un buen atleta? El buen atleta, dice, no es en absoluto nadie que ha aprendido todos los ejercicios posibles que eventualmente pueden necesitarse, o todos los ejercicios que uno podría ser capaz de hacer. En el fondo, para ser buen atleta, basta conocer los ejercicios -y sólo los ejercicios-, que son efectivamente utilizados y que se utilizan la mayoría de las veces en la lucha. Y es preciso que esos gestos, que se conocen bien, sean lo suficientemente familiares para que uno los tenga siempre a su disposición y pueda recurrir a ellos cuando llegue la ocasión. El gran luchador no es, dice, quien conoce a fondo todas las figuras y todas las llaves, que apenas se usan sobre el terreno, sino quien se entrenó bien y concienzudamente en una o dos de ellas y acecha su empleo con atención, pues la cantidad de cosas que sabe no es lo que importa, si sabe suficientes para vencer; así, en el estudio que nos ocupa hay muchas nociones entretenidas y unas pocas que son decisivas (Séneca, idem).
Como se puede observar hay un criterio de utilidad. Se desecha todos los conocimientos que son como esos entrenamientos sobrantes, más o menos acrobáticos pero inútiles por vanos y sin importancia para los combates reales de la vida. Retener sólo los conocimientos que sean utilizables, a los cuales podamos recurrir, y podamos hacerlos fácilmente en los diferentes lances de la lucha. Hay una especie de división respecto a los conocimientos, los inútiles o vanos, que podrían ser los del mundo exterior y los conocimientos útiles, que afectan directamente la existencia humana. Entre los inútiles estarán los conocimientos del mundo y de las cosas del mundo; en los útiles estarán los conocimientos del hombre o de la existencia humana. Puedes ignorar cuál es la causa que levanta al océano y vuelve a llevarlo a su lecho, puedes ignorar por qué cada séptimo año imprime un nuevo carácter en la vida del hombre (idea, por lo tanto de que cada siete años entramos en una nueva fase de la existencia, un nuevo carácter y que, por consiguiente, hay que adaptar a él un nuevo modo de vida, aclaración que da; ver: Foucault, ídem:228); por qué vista de lejos, la longitud de un pórtico no mantiene sus proporciones, ya que los extremos se aproximan y estrechan y las columnas se tocan en sus últimos intervalos; por qué los mellizos, separados en la concepción, se reúnen en el alumbramiento, si una concepción se divide en dos seres o si hubo una doble concepción; por qué nacidos al mismo tiempo, el destino de los mellizos es tan distinto; por qué los acontecimientos los distancian tanto, siendo así que su nacimiento es tan vecino. No perderás nada si desdeñas cosas cuyo conocimiento nos está vedado y es inútil. La oscura verdad se oculta en un abismo. Y no podemos acusar a la malevolencia de la naturaleza. Puesto que sólo es difícil descubrir las cosas cuyo descubrimiento no brinda otro fruto que el descubrimiento mismo. Todo lo que puede hacernos mejores o dichosos lo puso bajo nuestros ojos y a nuestro alcance (Ver Séneca, idem).
Y encontramos una enumeración de las cosas que debemos conocer en oposición a las inútiles:
Si el hombre se fortaleció contra los azares, si se elevó por encima del miedo, si, en la avidez de su esperanza, no abraza el infinito sino que aprende a buscar las riquezas en sí mismo; si limitó el terror hacia los dioses y lo hombres, convencido de que tiene poco que temer de los hombres y nada de Dios; si, desdeñoso de todas las frivolidades que son tanto el tormento como el adorno de la vida, ha llegado a comprender que la muerte no produce ningún mal y pone fin a muchos; si consagró su alma a la virtud y encuentra por doquier fácil el camino cuando ella lo llama; si se considera como un ser social nacido para vivir en comunidad; si ve el mundo como la morada común a todos; si abrió su conciencia a los dioses y vive siempre como si estuviera en público, entonces, al respetarse más que los otros (al respectarse más a sí mismo que a los otros, quiere decir), escapa de las tempestades y se instala en una calma inalterable; entonces, reúne en sí toda la ciencia verdaderamente útil y necesaria: el resto no es más que el entretenimiento del ocio (Séneca:idem).
El primer párrafo se nos da una serie de cosas inútiles en conocer según Demetrio, las cuales parecieran ser cosas remotas y para nada relacionadas con la existencia humana. En todas ellas lo que está en juego es el problema de la salud, el modo de vida, el ritmo de siete años que afectan directamente a nuestra existencia. Las ilusiones ópticas tienen que ver con los errores, los errores humanos. Sobre el ser de hermanos gemelos refiere que aunque nazcamos así, cada uno tendrá que abordar su destino de forma particular. La cuestión de la libertad es lo que determina la libertad en el mundo y sin embargo podemos ser libres. Todas esas cuestiones evocan a una lista de lo que no es necesario conocer. Aunque sean cosas que puedan afectar de cerca la existencia humana, sólo son conocimientos sin llegar a encontrar sus causas y su relación con nuestra existencia. La naturaleza muestra sus efectos y ocultado sus causas, ello es leído por Demetrio que si la naturaleza se comporta así no es esencial que nos provee saber sus causas un conocimiento requerido para la existencia; aunque tampoco quiere decir con ello que no se pueda conocer las causas, pero en el fondo no son realmente importante para nuestro arte de vivir. Al final del texto encontramos: Es lícito que un alma ya retirada en su refugio se extravíe a veces en esas especulaciones que sirven para adornar el espíritu más que para fortalecerlo. Las causas están ocultas porque es inútil conocerlas; si se hace es sólo como un complemento del alma cuando está en la seguridad de su retiro en la sabiduría; son actividades cognitivas para distraerse y su curiosidad radica sólo en su descubrimiento. Placer por la cultura, lo cual es sólo un adorno complementario, placer inútil y ornamental: es lo que nos señala la naturaleza y como no tocan nuestra vida no deben ser investigadas, a no ser que ya hayamos adquirido la sabiduría y nos encontremos in tutum retracto, es decir, en una total retirada. Demetrio denuncia y rechaza, pues, el conocimiento por la causa como algo cultural, ornamental.
¿Qué es lo que se debe conocer? Nos queda ahora por hablar. Sobre todo que hay poco qué temer de los hombres, que nada hay que temer en absoluto de los dioses, que la muerte no produce ningún mal, que es fácil ir por el camino de la virtud, que hay que considerarse un ser social nacido para la comunidad. Comprender que el mundo es un habitad común y que todos nos juntamos para vivir en comunidad. Demetrio en el fondo nos dice que rechaza los conocimientos exteriores, inútiles y aconseja seguir la máxima: sé el que eres (Píndaro), entra en lo que la antigüedad cristiana llamó por “arcana conscientiae” (los secretos de la conciencia). No dice que hagamos un inventario de nuestros deseos, de nuestras pasiones, de nuestras enfermedades. No pide que hagamos un examen de conciencia. No propone una teoría del alma ni expone qué es la naturaleza humana. Nos habla de eso que el individuo no es él mismo. No pide que dirijamos la mirada del mundo exterior al mundo interior. Ni ir a las profundidades de la conciencia, de la naturaleza o del alma. No pide remplazar los secretos de la naturaleza por los secretos de la conciencia. Habla de la necesidad de volcarnos a modelar nuestro ser. De encontrar otra modalidad de saber. En mirar al mundo desde su aspecto relacional con nosotros; poniendo de manifiesto a nosotros mismos como el término recurrente y constante de todas esas relaciones. Un saber que se desplegará en el espacio de la relación entre todas las cosas con uno mismo. Un saber relacional y conocer cómo nos afecta y cómo nos determina por el apego con el que nos anclamos en esa relación con nuestro ser. Se trata de no temer a nada exterior, a los hombres, a los fenómenos naturalezas, a los dioses, y hay que despreciar los adornos, las frivolidades –que es tormento y adorno de la vida- y que al final la muerte no es ningún mal y pone fin a muchos. Ello termina siendo toda una verdad prescriptiva. Lo que hay que conocer son relaciones: las relaciones del sujeto –de nosotros mismos- con todo lo que lo rodea. Con ello se trata de ver esa verdad como el surgimiento de mis sufrimientos y, en el fondo, de mis miedos. Las relaciones que he establecido con el mundo es lo que da el carácter y el sentir que despierto en mi conciencia y en mi cuerpo a partir de ello. Se pide, por tanto, un conocimiento de las relaciones que nos afectan para superar los sentimientos y transformarnos desde nuestro ser sintiente y cognoscente. Libre de las tempestades que hemos vivido bajo el mundo, volvemos a restaurar la calma inalterable, en lo que podemos mantenernos en un elemento sólido y sereno. Este tipo de conocimientos útiles es lo que nos lleva a encontrar la bienaventuranza, nos hace beati (bienaventurados) y es esto lo que se opone al adorno de la cultura. Este conocimiento puede que sea realmente cierto pero no modifica para nada el modo de ser del sujeto. Es por ello que Demetrio rechazará al conocimiento en tanto inútil por sus contenidos; son los conocimientos que no pueden transformarse en prescriptores, no tienen pertinencia prescriptiva; son conocimiento que cuando se los conoce no tiene ningún efecto en el modo de ser del sujeto. Pero habrá un tipo de conocimiento que se convalidará al considerar las cosas del mundo (los dioses, el cosmos, los otros, etc.) en relación con nosotros mismos y por tanto podrán ser transcritos en prescripciones y arrojarán una modificación. Modificaran el estado del sujeto que las conoce . En el fondo se trata de construir una cultura del sujeto más que una cultura sobre el mundo. Un saber sobre las relaciones del sujeto con el mundo que lo constituyen y constituye. La felicidad, como ausencia de dolor, es una conquista consigo mismo.


Bibliografía:
Foucault, M. 2001: La hermenéutica del sujeto. F.C.E. México.
Séneca 1939: Sobre los beneficios. Impresora del Reino. Madrid.

Notas:

1-Buena parte de esta interpretación de Demetrio el cínico se ha sacado del ensayo de Séneca De Benefiicis, y de la obra de Foucault La hermenéutica del sujeto. F.C.E. México, 2001, págs: 226ss.
2-En Plutarco entramos un término que los griegos utilizaron para esa modificación del sujeto, ethopoien, ethopoiia, ethopoios, que significan, sucesivamente, hacer ethos, producir ethos, modificar/transformar ethos, en el sentido de alterar, transformar, modificar, modular la manera de ser, el modo de la existencia del individuo. Ethopoios viene a ser algo que tiene la cualidad de modificarnos internamente.


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