sábado, 1 de octubre de 2011



Imaginario y autonomía.

Praxis social y vida cotidiana para 

Castoriadis
                 
           María Eugenia Cisneros Araujo
            Universidad Central de Venezuela



Terry Rodgers, óleo.

Introducción
Castoriadis hace una revisión exhaustiva y detallada del pensamiento antiguo, moderno y contemporáneo para concluir que en tales concepciones no se tomó en cuenta la imaginación y lo imaginario en su sentido y como acciones creativas. El autor demuestra que se ocultó el verdadero modo de ser de ambas categorías al presentarlas como campos de falsedad, de verosimilitud, de imitación o copia de. Por ello, se dedicó a explorar la imaginación y lo imaginario como fuentes de creación y no como fuentes de error.
El filósofo greco-francés también indica que no se tomó en cuenta lo histórico-social como institución donde se materializan las significaciones como producto de la vinculación entre lo imaginario y la imaginación de cada sociedad. Y es, precisamente, la formación autónoma de la institución histórico-social imaginaria lo que diferencia a cada sociedad.
Asimismo, para fundamentar su tesis de la institución imaginaria de la sociedad, Castoriadis se vale de la ontología, la filosofía, el psicoanálisis, lo social y lo histórico, con el fin de enseñar que para alcanzar la interpretación y comprensión de las sociedades contemporáneas es obligatorio hacerlo desde lo imaginario y la imaginación como institución histórico-social instituyente. En su interpretación la inserción del individuo y lo social se explica como la socialización de la psique. Es un proceso que responde al círculo de formación psico-social, su ruptura y el resultado: la institución histórico-social instituyente.
En mi criterio, un examen sobre el imaginario y la imaginación, en la última década, es lo que pudiera dar respuesta o al menos ofrecer herramientas para comprender qué es lo que se mueve en los individuos cuando se fanatizan ante un líder político o religioso. ¿Qué movió Hitler? ¿Qué fibra tocó a Mussolini? ¿Qué agita Hugo Chávez Frías en ciertos venezolanos? ¿Qué mecanismos se activan en los sujetos ante esa retórica que los seduce y los convierte en autómatas incapaces de desenmascarar su esencia? ¿Por qué los individuos y la sociedad se pliegan a la servidumbre voluntaria? ¿Por qué les da miedo la acción para recuperar las libertades perdidas? ¿Por qué los individuos que conforman la sociedad abandonan el cuidado del espacio público? ¿Por qué olvidan que no nacieron para ser serviles, sino para hacer libres y que la libertad implica cuidarla, protegerla y de acción creativa? Quizás la teoría de lo imaginario, la imaginación y la forma de vincularse pudiera ayudar a resolver estas interrogantes.
De la lectura de la obra de Castoriadis, así como de los intérpretes del pensamiento de este autor, se nota la oscuridad y ambigüedad sobre qué es lo imaginario. La significación no es del todo clara, no sabemos con certeza si el autor se refiere a un espacio ideal, de ficción, a un ámbito mental o a una realidad, de acción, de praxis social; se trata de un por hacer o de un hacer haciendo permanente que no finaliza.
Un ejemplo donde se utilizó el planteamiento de Castoriadis para hablar de los problemas presentes, lo ubicamos en el periódico El Nacional en la sección Opinión, pagina 8, de fecha 2 de diciembre de 2010. Allí, Eleazar Narváez, en un artículo titulado Pasión y medio por la autonomía, hace referencia a Castoriadis destacando sus ideas de imaginario y autonomía para concluir que en estos tiempos somos víctimas de las prácticas totalitarias. En efecto, Eleazar Narváez dice lo siguiente:
“Al leer el libro Insignificancia y autonomía, uno recibe la agradable invitación a reflexionar sobre un principio clave para la construcción permanente de la condición humana…Cornelius Castoriadis, un multifacético pensador nacido en Constantinopla en 1922, y fallecido en París en 1997, en cuya obra destaca una acerba crítica tanto al estalinismo como a todo dogmatismo y a toda impostura totalitaria, y se pone de relieve, asimismo, además de un interés especial por el estudio del imaginario social, una ardorosa defensa del concepto de autonomía política al reivindicar el proyecto de una nueva sociedad, proyecto de autonomía social e individual…la pasión de la autonomía…Pasión por un principio en este tiempo en el que somos víctimas de los efectos del avance de la insignificancia, expresados entre otros, en la pérdida de orientación para la vida colectiva e individual; y también en circunstancias y lugares donde nos amenazan prácticas totalitarias que persiguen, sutil o abiertamente, el secuestro de nuestras subjetividades y la prohibición de pensar críticamente, ávidas de tener almas rotas subordinadas incondicionalmente al poder. Con toda razón se señala que la noción de autonomía se encuentra en las antípodas de todo totalitarismo…”[1].
Este ensayo se dedica a explorar qué es lo imaginario para Castoriadis. De la lectura de la obra del mencionado filósofo greco-francés, como de los intérpretes de su pensamiento, se nota la oscuridad y ambigüedad sobre qué es lo imaginario. No queda claro si el autor se refiere a un espacio ideal, de ficción, a un ámbito mental o, si por el contrario, refiere a la realidad efectiva social, a la acción, a la praxis social. Por esta razón, me propongo aquí examinar la noción de lo imaginario y sus alcances para mostrar que lo imaginario refiere a la praxis social que elaboran los individuos mediante sus acciones, alude a una ficción vivida; y no a un espacio ideal, de mera ficción o a un ámbito mental.

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Terry Rodgers, óleo.


Lo imaginario
Castoriadis aclara en el Prefacio de La institución imaginaria de la sociedad que el término imaginario no es utilizado como reflejo o imagen de, tal como lo hace el pensamiento heredado. Al respecto afirma:
“…lo imaginario no es a partir de la imagen en el espejo o en la mirada del otro. Más bien, el “espejo” mismo y su posibilidad, y el otro como espejo, son obras de lo imaginario, que es creación ex nihilo. Los que hablan de “imaginario”, entendiendo por ello lo “especular”, el reflejo o lo “ficticio”, no hacen más que repetir, las más de las veces sin saberlo, la afirmación que les encadenó para siempre a un subsuelo cualquiera de la famosa caverna: es necesario que [este mundo] sea imagen de alguna cosa. Lo imaginario del que hablo no es imagen de. Es creación incesante y esencialmente indeterminada (social-histórica y psíquica) de figuras/formas/imágenes, a partir de las cuales solamente puede tratarse de “alguna cosa”. Lo que llamamos “realidad” y “racionalidad” son obras de ello”[2].

Del precedente párrafo se deriva que para el pensamiento heredado, el campo de lo imaginario y de la imaginación fue concebido como reflejo deimagen derepresentación de. Este espacio se caracteriza por ser fuente de falsedad, error, de no ser, de opiniones, de verosimilitud, de la no-verdad; no hay conocimiento de la realidad, abunda la indefinición, la indeterminación. Según Castoriadis, para el pensamiento heredado, en el territorio del ser, está la razón como origen de la verdad, de la certeza, de la lógica, del conocimiento de las cosas, de la determinación, de las definiciones, porque el ser es.
Castoriadis no se va a referir a lo imaginario bajo la concepción del pensamiento heredado; el filósofo greco-francés va a demostrar que la afirmación del pensamiento heredado es falsa; es decir, expone que lo imaginario y la imaginación no es ni reflejo de, ni imagen de, ni representación de, sino, por el contrario, lo imaginario y la imaginación constituyen un “es”, una zona cuyo ser se caracteriza por la creación espontánea incesante novedosa desde la nada, el azar, la contingencia, el abismo, el hallazgo, el hacer, la acción, las significaciones imaginarias sociales que se mueven en el campo de la indeterminación, de lo no definido, del caos, porque estos aspectos también son[3]. Estos componentes intervienen de manera específica en la formación de la sociedad como institución, siendo que lo que produce realidad y racionalidad es el vínculo entre lo imaginario y la imaginación y no únicamente la razón lógico formal como lo postula la tradición filosófica.
En este sentido, lo imaginario es un ámbito de creaciones espontáneas de cada individuo como sujeto psíquico, de los individuos como colectividad y de la institución social. Lo imaginario consiste en la creación incesante esencialmente novedosa de los individuos (desde lo psíquico) y lo social (histórico), pues lo social es el terreno donde se reúne lo individual y lo colectivo[4].
Asimismo, el filósofo greco-francés explica que lo que intenta “no es una teoría de la sociedad y de la historia, en el sentido heredado del término teoría. Es una elucidación[5] y ésta elucidación, incluso si asume una faceta abstracta, es indisociablemente de un alcance y de un proyecto políticos…”[6]. En otras palabras, el autor pretende tomar distancia del pensamiento heredado y arrojar alguna luz sobre el “hacer social-histórico”[7], esto es, abordar lo social histórico desde el hacer y la acción humana y no desde la teoría abstracta. Como dice Sonia Arrias “…Castoriadis prefiere emplear el término “elucidación” para describir la forma de conocimiento que, a su parecer, da rienda suelta a la imaginación frente a los conceptos grises de la filosofía teorética”[8].
Se trata de “el trabajo por el cual los hombres intentan pensar lo que hacen y saber lo que piensan”[9], es el “hacer pensante”[10]. En lo imaginario, la actividad propiamente humana es la materia prima para la creación incesante esencialmente inédita. Es el espacio donde se despliega la vida social efectiva constituida por el desarrollo de un mundo de significaciones. La acción humana arroja resultados que significan algo y dan sentido al ejercicio de la acción. Estas significaciones son imágenes vivientes que nacen de las prácticas creativas.
Para Castoriadis “…lo social (o lo histórico) contiene lo no-causal como un momento esencial”[11], esto es, lo no-causal se presenta como imaginación, invención, como praxis social creativa. Lo no-causal:
“…aparece como comportamiento no simplemente “imprevisible”, sino creador (de los individuos, de los grupos, de las clases o de las sociedades enteras)… como posición de un nuevo tipo de comportamiento, como institución de una nueva regla social, como invención de un nuevo objeto o de una nueva forma –en una palabra, como surgimiento o producción que no se deja seducir a partir de la situación precedente, conclusión que supera a las premisas o posición de nuevas premisas… el ser histórico supera al ser simplemente vivo, porque puede dar respuestas nuevas a las “mismas” situaciones o crear nuevas situaciones. La historia no puede ser pensada según el esquema determinista… porque es el terreno de la creación…”[12]



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Terry Rodgers, óleo.


En mi criterio, el ser de lo imaginario se alimenta de la praxis social como la actividad humana que responde a la causalidad y la no-causalidad porque junto a lo determinado también está la creación incesante esencialmente novedosa. Es la vida socialmente efectiva como un mundo de creaciones espontáneas en actividad que se niega a encapsularse, dogmatizarse, someterse a las situaciones establecidas, y apuesta por los hallazgos, la contingencia, la superación, la modificación, el cambio. Es la acción, la praxis social como movimiento vital.
En lo imaginario los efectos de la actividad humana no están predeterminados, ni responden a fines queridos de antemano, los contradicen y no tienen relación con los objetivos que se les fijen anticipadamente. El hecho de que esto sea así no quiere decir que adolezcan de sentido. Por el contrario, en este escenario, los resultados de las acciones de los hombres se presentan con cierta coherencia y poseen una significación que obedece a lo creativo. La significación consiste en la presentación a los individuos y al colectivo de las imágenes vivientes que se están produciendo en la praxis social[13]. “…las significaciones construyen un orden de encadenamiento distinto y sin embargo inextricablemente tejido al de los encadenamientos de causación”[14].
Las significaciones construyen un orden distinto ¿qué quiere decir esto? El orden que construye las significaciones es el imaginario y no el establecido por el pensamiento heredado que establece los encadenamientos de causación, porque responde a la teoría de la causalidad: causa y efecto, a la determinación, la visión científica, las leyes naturales, la lógica, los objetivos predeterminados, los conceptos, las definiciones. El orden que construye las significaciones deviene de la creación como acción que se presenta como imagen: Este orden contempla tanto las conexiones causales establecidas por el pensamiento heredado como aquellas conexiones que van más allá de éstas, porque devienen de “un conjunto infinito de posibles y de un conjunto infinito de imposibles dados… de una sola vez”[15] En otras palabras, las significaciones constituyen el campo donde se desarrolla la praxis social como creación en la que tiene lugar el azar, lo espontáneo, lo realizable, lo verosímil, lo viable, lo que se puede hacer y que se presenta en lo imaginario como imágenes, figuras, formas. La combinación de la razón y lo imaginativo en un espacio donde se producen infinitas conexiones cuyo vínculo se genera por la combinación de todos los elementos anteriormente nombrados y no responden a intenciones preestablecidas. De esta forma, la praxis social (los hechos y las significaciones) genera realidad. Por esta razón, para Castoriadis, la realidad deviene de lo imaginario como el campo de la actividad, la experiencia, la práctica de la vida y no únicamente de una teoría racionalista que cualquier individuo quiera imponer.
Puedo decir que el problema consiste en que las significaciones que se producen en la vida social efectiva, son traducidas a teorías abstractas que le asignan una coherencia y unos fines que son ajenos a estas significaciones primarias. De lo que se trata es de evocar, incorporar, destacar que la práctica social produce estas significaciones inmediatas y que en ellas se encuentra el genuino sentido de la institución social[16]. La conexión de las significaciones inmediatas no responde a un deseo, a una intención o fin predeterminado; no hay garantía que se dé lo que la teoría haya pautado, porque, en las prácticas de vida, pueden ocurrir infinitas conexiones que abarcan lo posible y lo imposible, lo racional y lo imaginativo, el sentido y el sinsentido, lo enigmático y la claridad[17].
Se trata de admitir que en lo imaginario se encuentra lo infinito y no definido junto con lo finito y definido de la determinación racional junto con lo no determinado y lo imaginativo; conceder que la contingencia también tiene un espacio y acompaña a la necesidad, de tal forma que necesidad y contingencia están vinculados, así como el orden y el desorden, lo causal y no-causal. Es así como lo imaginario da cuenta de una historia viviente, de una ficción vivida, porque incorpora los productos que derivan de la praxis social. Por ello:
“No estamos en el mundo para mirarlo o para sufrirlo; nuestro destino no es la servidumbre; hay una acción que puede tomar apoyo sobre lo que es para hacer existir lo que queremos ser… puede y debe haber una praxis histórica que transforme al mundo transformándose ella misma, que se deje educar educando, que prepare lo nuevo rehusando predeterminarlo, pues sabe que los hombres hacen su propia historia”[18].


De las anteriores palabras del filósofo greco-francés se desprende, que es con la acción que los hombres combaten la servidumbre, la esclavitud, las imposiciones, las arbitrariedades, también buscan la gloria, el poder, someter a otros hombres, entre otras cuestiones. Lo que se quiere destacar es que la acción es un hacer autónomo, creador, inédito, innovador y, en consecuencia los hombres son forjadores de nuevas formas histórico sociales[19].
De este modo, en el terreno de lo imaginario la primacía la tiene la acción sobre la razón, porque para el filósofo greco-francés el mundo histórico consiste en el hacer humano, cuya raíz está en la praxis social. ¿Qué quiere decir esto? Los efectos y las conexiones entre las significaciones sociales imaginarias dependen de la praxis social. El sentido del hacer no puede fijarse ni detenerse, porque por su propia naturaleza es un movimiento que evoluciona modificando las vinculaciones pasadas. Es el movimiento que genera la praxis social.
Castoriadis coloca como ejemplo la situación de educar al niño o al enfermo. En estos casos, los efectos de las acciones tanto del niño con los padres como del médico con el enfermo e inversamente dependerán de la actividad que realice cada uno. Por consiguiente, ni el porvenir del niño ni del enfermo se puede definir ni responden a una teoría acabada. Por el contrario, el porvenir de cada uno dependerá de las relaciones que se generen a partir de sus acciones. El ámbito del hacer tiene que ver con “una actividad consciente, pero que no puede garantizar racionalmente ni sus fundamentos, ni sus resultados”[20]. El hacer humano es una actividad que no se puede asir en teorías y esquemas, porque su naturaleza precisamente se destaca por producir una infinidad de relaciones que continúan en el porvenir y cuyos efectos se modifican en el ir haciendo; “…un hacer, el intento siempre incierto de realizar el proyecto de una elucidación del mundo…”[21].
El hacer tiende a desplegarse en un proyecto que es incierto, porque el proyecto no responde a conceptos, teorías, sino al orden y al desorden, al sentido y sinsentido[22]. El hacer implica la creación de infinitas posibilidades de relaciones y conexiones donde la actividad humana tiene la posibilidad de realizarse en su máxima expresión: la invención novedosa proveniente de la acción.
“La praxis es, ciertamente, una actividad consciente y no puede existir más que en la lucidez; pero es algo del todo distinto a la aplicación de un saber previo (y no puede justificarse por la aplicación de semejante saber –lo cual no quiere decir que no puede justificarse). Se apoya sobre un Saber, pero éste es siempre fragmentario y provisional. Es fragmentario, porque no puede haber una teoría exhaustiva del hombre y de la historia; y es provisional, porque la praxis misma hace surgir constantemente un nuevo saber, pues hace hablar al mundo en un lenguaje a la vez singular y universal. Es por ello por lo que sus relaciones con la teoría, la verdadera teoría correctamente concebida, son infinitamente más íntimas y más profundas que las de cualquier técnica o práctica “rigurosamente racional” para la que la teoría no es más que un código de prescripciones muertas que no puede jamás encontrarse, en lo que maneja, con el sentido”[23].



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Terry Rodgers, óleo.


De estas palabras se desprende cómo el filósofo greco-francés superpone la acción como práctica de vida sobre la teoría distanciándose de la concepción del pensamiento heredado. La atmósfera de la acción es distinta a la de la teoría. La praxis social incluye la actividad humana como un saber práctico y no como una teoría abstracta. La praxis es una actividad que se genera en la creación, le interesa la transformación de lo dado y no responde a ninguna teoría formal previa. Incluye el saber práctico, el que se produce en la experiencia, en las prácticas de vida, como significaciones que se modifican en la misma medida que las acciones cambian las relaciones dadas en el trascurso del vivir. La praxis refiere a la experiencia, lo real efectivo social, la actividad humana en permanente dinamismo, lo imaginario, no a la teoría formal-científica. La praxis en la relación padre e hijo donde el padre educa al hijo y a la vez el hijo educa al padre. La que se forma entre el médico y el paciente, donde en la relación de ambos, el médico transforma al paciente y el paciente cambia al médico[24]. La praxis, manifestada en las acciones humanas crea, transforma y modifica las relaciones entre quienes la ejercen y entre éstos y las cosas.
Rorty[25] al analizar la tesis de Castoriadis sobre la institución imaginaria de la sociedad, resalta cómo este autor fundamenta su planteamiento en la praxis, la creación, la contingencia, el azar. Explica que el filósofo greco-francés rechaza la idea de una teoría formal para interpretar a la sociedad, pues eso conduce inevitablemente a producir utopías políticas, a concebir la vida social como un modelo teórico que no incorpora a la realidad efectiva social. Su propuesta es que el vínculo entre lo imaginario y la imaginación producen la realidad, porque la psique y la sociedad constituyen un binomio indisoluble, generadora de las instituciones; lo imaginario se caracteriza por el hacer, la praxis, la acción.
Según Rorty, lo importante en el pensamiento de Castoriadis es que considera que las nuevas formas de vida social se crean desde la política, y la política es la praxis, el hacer, la acción humana. Dice Rorty “…los humanos somos dueños de la posibilidad tanto como de la realidad -pues la posibilidad es una función de un vocabulario descriptivo, y ese vocabulario está tan disponible como cualquier otra cosa para las formulaciones políticas”[26]. Para Rorty, lo que resalta en la tesis del filósofo greco-francés es que “lo que importa en un pensador social son los fragmentos para los cuales la argumentación es irrelevante”[27]. De esta manera, la nueva forma social consiste en la praxis creadora de los hombres y no en la imposición de modelos teóricos. Por ello, advierte que: “Determinadas constricciones pueden llegar a parecer tan firmes, canónicas y obligatorias para un pueblo que su sentido de sí mismo como comunidad no sobrevivirá a la eliminación de aquellas constricciones”[28].
Para el filósofo estadounidense, de lo que se trata en la tesis propuesta por Castoriadis, es de la acción, la contingencia, la indeterminación, la indefinición, el hacer, para crear un nuevo proyecto de futuro donde se tome en cuenta la cotidianidad, la lucha por la vida real. Estas categorías necesariamente se generan en la praxis y no en la teoría, pues se asume la creación desde el hacer, la actividad, la experiencia y no desde el pensar abstracto y teórico. De esta manera, la propuesta de Castoriadis se aleja de las rimbombantes discusiones teóricas que especulan sobre la división entre propietarios y proletariado o qué sociedades están maduras para superar esta división, o qué factores determinan esta posibilidad, donde la cotidianidad no es tomada en cuenta. Se centra en cuestionar, problematizar, interrogar a la praxis para interpretar a la sociedad porque “la acción de los hombres es el único lugar en el que las ideas y los proyectos pueden adquirir su verdadera significación”[29].
De allí que el movimiento vital de la praxis social debe ser el desarrollo y el ejercicio de la autonomía. La creación de un modelo social signado por la acción autónoma de los individuos y el colectivo. En efecto, afirma Castoriadis que:

“Llamamos praxis a ese hacer en el cual el otro, o los otros, son considerados como seres autónomos y como el agente esencial del desarrollo de su propia autonomía. La verdadera política, la verdadera pedagogía, la verdadera medicina, puesto que han existido alguna vez, pertenecen a la praxis.
En la praxis hay un por hacer, pero este por hacer es específico: es precisamente el desarrollo de la autonomía del otro o de los otros… (el desarrollo de la autonomía)… (el ejercicio de esta autonomía)…”[30]

La noción de praxis que presenta el filósofo greco-francés la interpreto de la siguiente manera: El hacer muestra que lo real también consiste en imágenes vivientes porque su origen está en la acción de los individuos y el colectivo; en la actividad humana se entrecruzan, lo posible y lo imposible, lo racional y lo irracional, el sentido y el sinsentido, lo enigmático y la claridad, lo infinito y no definido y lo finito y definido; la determinación racional junto con lo no determinado y lo imaginativo; la contingencia y la necesidad, el orden y el desorden, lo causal y no-causal, que se presentan como una ficción vivida. Esta es la materia prima que lleva a la acción humana a superar imposiciones, determinaciones establecidas previamente y producir nuevas formas y contenidos. La praxis busca la transformación, el haciéndose, el cambio, libera la imaginación, la invención del individuo y la sociedad hacia el ejercicio efectivo de la autonomía. La autonomía es la motivación, el deseo y la intención que mueve a los individuos y al colectivo a emprender acciones. Se tiene así un imaginario donde el sentido de las significaciones consiste en el desarrollo y ejercicio de la autonomía del individuo y de la colectividad.
Para explicar a qué se refiere la autonomía del individuo, Castoriadis recurre a la siguiente máxima del psicoanálisis “Allí donde estaba el Ello, debo devenir Yo”[31]. Lo que quiere dar entender el mencionado autor es que la autonomía consiste en despojar las fuerzas oscuras que existen en mí y colocar en su lugar la claridad, lo consciente, todo ello producto de una decisión. La autonomía reside en la decisión que lo consciente domine a lo inconsciente, es decir, en asumir la responsabilidad de mi existencia emprendiendo las acciones producto de mi propia decisión y no por dictados de otros o de situaciones que me son ajenas.
Y agrega Castoriadis, la autonomía es mi ley, que se opone a la regulación por el inconsciente, que es la ley por otro. A lo que refiere es que el Yo, lo consciente, es autónomo, porque tiene la facultad de regularse a sí mismo mediante la acción. El ello, lo inconsciente, es heteronomía, legislación dada por otro; un otro que está en mí, compuesto de instintos, deseos, y todos los valores, normas, a partir de las cuales se educa al individuo. “La autonomía se convierte entonces en: mi discurso debe tomar el lugar del discurso del Otro, de un discurso que está en mí y me domina: habla por mí…”[32]. Lo que se destaca en estas palabras, es que la autonomía no queda en mero discurso, como sería el caso de Kant, donde el imperativo categórico del deber ser, responde a una máxima universal: obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal; por el contrario, la autonomía es el ejercicio de la praxis por el individuo y la colectividad, esto es, mediante las acciones se crea la autonomía. La autonomía se manifiesta en las prácticas cotidianas de formas de vida, en el momento que el hacer, el pensar, el decir se presentan como una unidad y transforman el estilo de vida que hasta ahora el individuo vivía[33].
En la interioridad del hombre se conjuga lo auténtico con lo no-auténtico. Lo no-auténtico está compuesto por lo ya establecido antes de nacer, lo heterónomo, (los padres, instituciones, sociedad, normas, valores, religión), pero también por los instintos, deseos, nuestros fantasmas. Esto configura lo otro, lo ajeno a mi autenticidad. La autonomía se desarrolla en la medida en que se opone, transforma o modifica lo establecido, lo heterónomo. La autenticidad aparece cuando soy capaz de crear y constituir mi propio yo, limpiar mi yo de todos aquellos aspectos ajenos a mi autenticidad, lo que solo es posible mediante la acción. Un ejemplo de esto es cuando los padres conducen a los hijos a estudiar aquellas carreras que sean productivas económicamente (ingeniería, medicina, computación, electricidad, entre otras) y el hijo quiere más bien ser actor, pintor, escultor, fotógrafo, músico, filósofo, escritor. Concurren en el hijo dos fuerzas que se oponen: su deseo de ser filósofo (su querer auténtico) y el mandato social (querer de los padres) lo no auténtico: le exigen que sea ingeniero.

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Terry Rodgers, óleo.
La autonomía surge cuando el individuo se atreve a oponerse a lo que le es ajeno, toma la decisión de hacer lo que su verdadero yo le indica. El hombre desde que nace se encuentra con lo ajeno (lo imaginario establecido), el cual vive como si ello fuera su autenticidad, cuando en realidad lo que vive es una máscara. “Lo esencial de la heteronomía -o de la alienación…- en el nivel individual, es el dominio por un imaginario autonomizado que se arrogó la función de definir para el sujeto tanto la realidad como su deseo”[34] Ese conflicto entre el Yo y el Ello, en Castoriadis, consiste en la oposición entre un imaginario que intensifica la ajenidad en el sujeto y un sujeto que decide elaborar su propio imaginario[35]. Esta elaboración es producto de la actividad humana, no de categorías trascendentales. “Un sujeto autónomo es aquél que se sabe con fundamentos suficientes para afirmar: esto es efectivamente verdad, y esto es efectivamente mi deseo”[36]. En otras palabras, un individuo autónomo es aquel que lleva lo consciente a la realidad efectiva social, cuestiona su entorno, porque sabe que le es ajeno, y comienza a crear su propia autenticidad individual y colectiva mediante la praxis.
En mi criterio, en la construcción de la autonomía no se trata de excluir lo que nos es ajeno, sino de aceptar que lo ajeno existe, está presente y que esta misma presencia posibilita el desarrollo de las acciones autónomas. La existencia de la heteronomía facilita el surgimiento de la autonomía, porque ofrece la oportunidad de que se pueda diferenciar lo ajeno de lo auténtico, en el instante que cuestiono lo que me es heterónomo. La autonomía deviene de la acción, creación, invención, de ese instante en el que el hombre se encuentra consigo mismo y se deja fluir en el despertar de la reflexión, la crítica, el cuestionamiento. El hombre antes de cualquier pensamiento lógico o categoría trascendental es un cuerpo que se mueve, participa en el mundo con una carga de significaciones que le dan sentido a su movilidad. El hombre no es un sujeto abstracto o trascendental, es de carne y hueso, perteneciente a la realidad efectiva, la sufre, la padece, también la ríe, en una palabra, la siente. Es un mundo que lo toca y donde inventa a cada momento las formas de vivir la vida y su vida. Se trata que:
“El sujeto en cuestión no es, pues, el momento abstracto de la subjetividad filosófica, es el sujeto efectivo penetrado de parte a parte por el mundo y por los demás. El Yo de la autonomía no es Sí mismo absoluto, mónada que limpia y pule su superficie externo-interna para eliminar de ella las impurezas aportadas por el contacto del prójimo; es la instancia activa y lúcida que reorganiza constantemente los contenidos, ayudándose de estos mismos contenidos, y que produce con un material condicionados por necesidades e ideas, mixtas ellas mismas, de lo que ya encontró ahí y de lo que produjo ella misma.
No puede tratarse, pues, tampoco bajo esta relación, de eliminación total del discurso del otro –no sólo porque es una tarea interminable, sino porque el otro está presente cada vez en la actividad que lo “elimina”…”[37].

En cuanto a la autonomía de la sociedad, ésta se produce porque la autonomía del sujeto no consiste en eliminar lo social, sino en depurar la materia social y reelaborarla. En la medida que el hombre constituye su Yo en esa misma proporción contribuye a construir la autonomía social. Es decir, la cuestión de la autonomía va ligada a lo político y lo social, puesto que la autonomía del individuo adquiere sentido y contenido toda vez que acepta la existencia de los otros y confirma que el desarrollo de su autonomía es posible en la medida en que los otros también sean autónomos. La autonomía es un compromiso colectivo[38], tiene que ver con el reconocerse a sí mismo en la realidad efectiva social, el individuo en convivencia con los otros. Por ser esto así, la autonomía es una praxis individual y colectiva que se desarrolla en lo social.

“…la autonomía remite enseguida, se identifica incluso, con el problema de la relación del sujeto y del otro – o de los demás; que el otro o los demás no aparecen aquí como obstáculos exteriores o maldición sufrida… la existencia humana es una existencia de varios…esta existencia en plural, que se presenta así como intersubjetividad prolongada, no queda como… simple intersubjetividad. Es la existencia social e histórica, y ésta es para nosotros la dimensión esencial del problema. Lo intersubjetivo es…la materia de la que está hecho lo social, pero esta materia no existe más que como parte y momento de este social que compone, pero también presupone[39]”.



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Terry Rodgers, óleo.


Se puede decir que la autonomía no es un problema aislado, ni sólo corresponde al sujeto que se retira a la montaña. La autonomía se desarrolla y se ejerce en la praxis social; por tal razón, tiene que ver con la acción, con la imaginación, con la creación, con el individuo y el colectivo. El hombre pertenece a la dimensión social. La autonomía es el movimiento vital de la actividad humana y ésta se efectúa en lo social. Lo social tiene que ver con la intersubjetividad, la existencia plural. En otras palabras, sólo el hombre tiene experiencia histórica y como tal él es un ser de la historia y está en la historia, también es un ser de la sociedad y está en la sociedad. Esto implica:

“-pensar necesariamente la historia en función de las categorías de su época y de su sociedad –categorías que son, a su vez, un producto de la evolución histórica;-pensar la historia en función de una intención práctica o de un proyecto -proyecto que forma parte, a su vez, de la historia”[40].

De las acciones emerge la autonomía, como un hacer que forja cada individuo junto con el colectivo en la medida que desarrollan la imaginación. El hacer, la acción, el sentir, se presentan como un conjunto de significaciones cuyo contenido da sentido a la cotidianidad. Estas significaciones constituyen una gama de posibilidades finitas e infinitas, de necesidad y contingencia, que nutren la praxis social en el progreso en el ejercicio de la autonomía. Estas significaciones constitutivas del hacer haciendo refieren a lo imaginario, espacio indescifrable para el logos, sólo accesible al hallazgo por los hombres[41].
Finalmente, Castoriadis presenta su tesis sobre lo imaginario como un fluir de significaciones que no responde a la concepción científica desarrollada por el pensamiento heredado, sino que es un espacio que concibe como un por hacer, por construir, que está allí, por urbanizar, organizar, moldear. Es la realidad efectiva social y sólo los hombres con su potencia creadora materializada en acciones son los que darán forma a este campo: allí la praxis social genera las significaciones que darán sentido al hacer cotidiano.


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Terry Rodgers, óleo.

Conclusiones
La tesis de Castoriadis sobre la institución imaginaria de la sociedad consiste en destacar que la actividad humana también aparece en imágenes, figuras, representaciones, formas visibles que muestran un modo de ser de una organización social determinada. Insiste en resaltar que todos los aspectos que conforman la vida del individuo y el colectivo también son imágenes vivientes que producen un imaginario. Las imágenes y lo imaginario hacen visible, muestran la dinámica de la realidad social que se está sucediendo en un momento dado. Los edificios, las calles, los parques, el metro, los mercados, las universidades, el derecho, la policía, la asamblea, la sexualidad, la muerte, el arte, la vida, sólo por nombrar algunos, son imágenes vivientes que constituyen un imaginario que revelan lo hecho y el por hacer de una colectividad que vive entre lo instituido y lo instituyente. De este capítulo se deriva la siguiente afirmación de Castoriadis: lo imaginario produce realidad y racionalidad en forma de imágenes vivientes. En otras palabras, realidad y racionalidad son producto de la creación incesante de significaciones imaginarias que devienen de la praxis individual y colectiva. Por consiguiente, lo imaginario refiere a la praxis social como ficción vivida y no a un mero espacio ideal o simplemente mental.


Bibliografía
Arribas, Sonia (2008). “Cornelius Castoriadis y el imaginario político”. En Foro interno. España, 8. http://revistas.ucm.es/cps/15784576.

Carretero Pasín, Ángel Enrique (2008). “El imaginario social de Cornelius Castoriadis: la teoría social revisitada. En: Fragmentos del Caos. Filosofía, sujeto y sociedad en Cornelius Castoriadis. Buenos Aires, Editorial Biblos, Universidad Veracruzana, Instituto de Filosofía.

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Rorty, Richard (1993). Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos. Escritos filosóficos 2. Barcelona, Ediciones Paidos, Primera Edición.




[1] Narváez, Eleazar. (2010, 2 de diciembre). Pasión y medio por la autonomía. Opinión. El Nacional, p. 8.
[2] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. V.1. Ob cit., p. 10.
[3] “…lo que es, sea en la región que fuere, no puede pensarse como caos desordenado al que la conciencia teórica -o la cultura en general, o cada cultura en su manera particular- impusiera, y se lo impusiera de manera exclusiva, un orden que sólo tradujera su propia legislación o su propia arbitrariedad; ni como conjunto de cosas nítidamente separadas y bien localizadas en un mundo perfectamente organizado por sí mismo, ni como sistema de esencias, sea cual fuere su complejidad. Lo que es no puede ser caos absolutamente desordenado, término al que, por lo demás, no puede asignarse ninguna significación: un conjunto aleatorio representa aún, en tanto aleatorio, una organización formidable, cuya descripción llena volúmenes enteros en los que se expone la teoría de las probabilidades. Si lo fuera, no se prestaría a ninguna organización, o bien se prestaría a todas; en los dos casos, no sería posible ningún discurso coherente ni ninguna acción…”Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la Sociedad. V. 2., Ob cit, p. 285.
[4] “…¿Por qué imaginario? Porque creo que la historia humana, en consecuencia, también las diversas formas de sociedad que conocemos en esta historia, está definida esencialmente por la creación imaginaria. Imaginaria en este contexto, evidentemente no significa ficticia, ilusoria, especular, sino posición de formas nuevas, y posición no determinada sino determinante; posición inmotivada, de la cual no puede dar cuenta una explicación causal, funcional o incluso racional…” Castoriadis, Cornelius. “Imaginario político griego y moderno. En El avance de la insignificancia. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Primera reimpresión, 1997, p. 195.
[5] We don’t find the word « elucidation » in the Lalande’s dictionnary (Vocabulaire technique et critique de la philosophie; Technical and critical vocabulary of philosophy) which is in french language a reference book. Thus, it doesn’t belong to the traditional and classical vocabulary of philosophy. Elucidation is a metaphorical notion like so often. Here, the image used is that of light. The term “elucidation” embodies the latin root “lux” – and in this respect Spanish language (luz) is nearer of the Latin one than the French one (lumière). More precisely, this word is copied from the Latin verb “elucidare”. We say in french “faire la lumière sur quelque chose” (arrojar luz sobre), « éclairer » (esclarerer) or « apporter des éclaircissements » (esclarecimientos).”. (Esta explicación se la debo a Olivier Fressard, quien asistió durante numerosos años al seminario de Castoriadis en la EHESS (Escuela de la Altos Estudios de Ciencias Sociales) en Paris, desde 1983 hasta la muerte del filósofo en 1997. Trabajó con él en esa escuela para su título de filosofía. Ha publicado artículos sobre su obra y pertenece a la Asociación «Cornelius Castoriadis» que se dedica a la publicación de sus numerosos seminarios y a la divulgación de sus ideas.).
[6] Castoriadis, Cornelius. El ascenso de la insignificancia. Ob. Cit., p. 113.
[7] “…la idea de la teoría pura es aquí ficción incoherente. No existen lugar y punto de vista exteriores a la Historia y a la Sociedad, o “lógicamente anterior” a ellas, en el que poder situarse para hacer la teoría –para inspeccionarlas, contemplarlas, afirmar la necesidad determinada de su ser-así, “constituirlas”, reflexionarlas o reflejarlas en su totalidad. Todo pensamiento de la Sociedad y de la Historia pertenece él mismo a la Sociedad y a la Historia. Todo pensamiento, sea cual fuere y sea cual fuere su “objeto”, no es más que un mundo y una forma del hacer social-histórico…” Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. V1, Ob cit., pp. 10 y 11.
[8] Arribas, Sonia. “Cornelius Castoriadis y el imaginario político”. En Foro interno. España, 8, 2008, p. 115. http://revistas.ucm.es/cps/15784576. 21-12-2010.
[9]  Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. V1, Ob cit., p. 11.
[10]  Idem.
[11] Ibid. p. 75.
[12] Ibíd., p. 76.
[13] “…lo sorprendente es que el propio azar en la historia toma la forma del azar significante, del azar “objetivo”, del “como por azar”…¿Qué puede dar al número incalculable de gestos, actos, pensamientos, conductas individuales y colectivas que componen una sociedad, esa unidad de un mundo en el que cierto orden (orden de sentido, no necesariamente de causa y de efectos) puede siempre ser encontrado tejido en el caos? ¿Qué da a los grandes acontecimientos históricos esa apariencia, que es más que apariencia, de una tragedia admirablemente calculada y puesta en escena, en las que unas veces los errores evidentes de los actores son absolutamente incapaces de impedir que el resultado se produzca, en que la “lógica interna” del proceso se muestra capaz de inventar y de hacer surgir en el momento deseado todos los empujones y los puntos de detención, todas las compensaciones y todas las ilusiones necesarias para que el proceso llegue a fin –y unas veces el actor hasta entonces infalible comete el único error de su vida, que era indispensable a su vez para la producción del resultado “al que se apuntaba”? Ibíd., p. 78 y 79.
[14] Ibíd., p. 79.
[15] Ibíd., p. 78.
[16] “Hay… un problema esencial: significaciones que superan las significaciones inmediatas y realmente vividas y que son llevadas por procesos de causación que, por sí mismos, no tienen significación –o no tienen esa significación…” Ibíd., p. 88.
[17] “…los hombres tienen que dar a su vida individual y colectiva una significación que no está preasignada, y tienen que hacerlo frente a unas condiciones reales que ni excluyen ni garantizan el cumplimiento de su proyecto” Ibíd., p. 91.
[18] Ibíd., pp. 96 y 97.
[19] “…lo real por excelencia…el producto de nuestra propia actividad, esta actividad misma bajo la infinita variedad de sus formas…” Ibíd., p. 111.
[20] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad, V. 1, Ob cit., p. 126.
[21]  Ibíd., p. 127.
[22] “racional y no racional están constantemente cruzados en la realidad histórica y social y este cruce es precisamente la condición de la acción”. Ibíd., p. 136.
[23] Ibíd., pp. 130 y 131.
[24] “Esta lucidez “relativa” corresponde igualmente a otro aspecto de la praxis tan esencial como aquél: el de que su sujeto mismo es constantemente transformado a partir de esta experiencia, en la que está comprometido y que hace, pero que también le hace a él. “Los pedagogos son educados”, “el poema hace a su poeta”…” Ibíd., p. 132.
[25] Rorty, Richard. Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos. Escritos filosóficos 2. Barcelona, Ediciones Paidos, Primera Edición, 1993.
[26] Ibíd., pp. 258 y 259.
[27] Ibíd., p. 259.
[28] Ídem.
[29] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad, V.1., Ob cit., p. 113.
[30] Ibíd., pp. 129 y 130.
[31] Ibíd., p. 173. “..Freud había caracterizado un momento cardinal en la conformación de la subjetividad con la fórmula “Wo Esh war, soll Ich werden” (donde ello era, [el] yo deb[e]o advenir). La fórmula sugiere que la conformación de la identidad del sujeto transita desde el inconsciente hacia el yo, desde el dominio de lo inconsciente hacia la conformación de la identidad yoica. En esa fórmula Freud señala un trabajo que iba de la indiferenciación pulsional, la movilidad pulsional irrestricta a una conformación estable de los patrones pulsionales, la aparición del yo, proceso constitutivo de la subjetividad. Castoriadis, en la reflexión sobre la autonomía del sujeto, añade a la exigencia formulada por Freud una condición pulsional suplementaria. La autonomía, inscripta en lo social, fincadas en condiciones subjetivas ajenas a toda presunción trascendental, requiere la incorporación al acto del régimen de la pulsión. Así, junto con las condiciones estructuradas del yo debe abrirse un juego virtual de significación, derivado de la fuerza representacional de la pulsión y que emerge en el sujeto como un advenimiento. Ahí donde yo soy, señala Castoriadis, ello debe surgir, debe crearse…” Mier, Raymundo. “Castoriadis, la historia como creación: lo imaginario, la significación y el dominio pulsional”. En Fragmentos del caos. Filosofía, sujeto y sociedad en Cornelius Castoriadis. Buenos Aires, Editorial Biblos, Universidad Veracruzana, Instituto de Filosofía, p. 97.
[32] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad, V.1., Ob cit., pp. 174 y 175.
[33] “…una transformación esencial en el sujeto es posible…El objetivo de esta transformación fue definido por el mismo Freud: “donde estaba el Ello, el Yo debe devenir.” Que es de transformación de que se trata, y no de saber, lo indica bastante el hecho de que no es suficiente que el Yo sepa donde estaba el Ello para devenir allí. Pero la fómula de Freud permite sobre todo verla relación sui generis de la actividad analítica con el hacia-el-que de la transformación…”. Castoriadis, Corneliu. “Epilegomenos a una teoría del alma que pudo presentarse como ciencia”. En: El psicoanálisis, proyecto y elucidación. Ob cit., p. 85.
[34] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad, V.1., Ob cit., p. 175.
[35] “Un discurso que es mío es un discurso que ha negado el discurso del Otro; que lo ha negado, no necesariamente en su contenido, sino en tanto que es discurso del Otro; dicho de otra manera, que, explicitando a la vez el origen y el sentido de este discurso, lo negó o afirmó con conocimiento de causa, remitiendo su sentido a lo que se constituye como la verdad propia del sujeto – como mi propia verdad”. Ibíd., p. 177.
[36] Ibíd., p. 178.
[37] Ibíd., p. 181.
[38] “…si el problema de la autonomía radica en que el sujeto encuentra en sí mismo un sentido que no es suyo y que debe transformar, utilizándolo; si la autonomía es esa relación en la cual los demás están siempre presentes como alteridad y como “ipseidad” del sujeto –entonces la autonomía no es concebible, ya filosóficamente, más que como un problema y una relación social”. Ibíd., p. 183.
[39 ]Ibíd., p. 184.
[40] Ibíd., p. 59.
[41] “Una de las grandes virtudes del pensamiento social de Castoriadis… será romper con esta ontología hegemónica sobre la que se había sostenido el positivismo en su vertiente sociológica. Para él…“lo real” no es más que el resultado de la preconfiguración realizada desde y por un siempre contingente imaginario social. De este modo, lo que Castoriadis llama el “estrato natural” de lo social no sería más, en realidad, que el punto de apoyo que brinda una naturaleza aun por urbanizar, por organizar, por modelar, de acuerdo con los dictados de un implícito magma de significaciones imaginarias. La cultura, así, contribuye a conformar la naturaleza, convierte a ésta última en naturaleza donde aparece sobreañadido un significado preciso para un conjunto de seres humanos…” Carretero Pasín, Ángel Enrique. “El imaginario social de Cornelius Castoriadis: la teoría social revisitada. En: Fragmentos del Caos. Filosofía, sujeto y sociedad en Cornelius Castoriadis. Ob cit., pp. 241-242.



COSMOLOGÍA Y TEOLOGÍA (II)
Carlos Blank





 




La razón humana tiene, en una especie de sus conocimientos, el destino particular de verse acosada por cuestiones que no puede apartar, pues le son propuestas por la naturaleza de la razón misma, pero a las que tampoco puede contestar, porque superan las facultades de la razón.  
          Manuel Kant                                                                                                                                                             

Cosmología y teología en Kant
Si en el artículo anterior (septiembre 2011), vimos como Hume va desmontando uno a uno los argumentos a favor de  la existencia de Dios, en especial, el del “diseño inteligente”, y reduce la idea de Dios y de la religión a proporcionarnos los medios para apaciguar los temores que agitan nuestro pecho y consolarnos de las miserias a las que permanentemente estamos expuestos en la vida, ahora veremos cómo esta crítica se profundiza en Kant, aunque no siga, desde luego, la senda reduccionista y psicologísta de la interpretación humeana de la religión y de la idea de Dios.
Por otro lado, puede considerarse a toda la epistemología kantiana como si se basase en una diferenciación teológica fundamental, a saber, la que se establece entre el entendimiento divino o arquetípico y el humano o ectípico. Cansado de las elucubraciones fantasiosas de la metafísica tradicional, Kant plantea la necesidad de establecer una crítica de la razón pura, la cual nos remite a la necesaria mediación del aparato cognoscitivo humano y a la radical finitud de todo conocer humano. Podemos conocer el mundo porque existe previamente. En cambio el mundo existe porque Dios lo conoce. Nuestro conocimiento deriva, al menos en parte, del mundo, mientras que el mundo deriva todo él de ese entendimiento laplaciano capaz de predecir todos sus cambios infinitesimales.
Dicho así, pudiera parecernos que Kant favorecería una suerte de teodicea o teología racional en la cual el orden del mundo es una huella indiscutible de un principio ordenador racional que hubiese diseñado previamente ese orden. Sin embargo, como esperamos poder aclarar en lo que sigue, la posición kantiana se aparta radicalmente de esta tradición y produce una ruptura definitiva entre cosmología y teología. En efecto, Kant lleva hasta sus últimas consecuencias la revolución  científica iniciada por Copérnico, el último aristotélico, como la llama Koestler, y colocará al hombre en el centro del ordenamiento del mundo. El orden del mundo no nos dice nada acerca de la existencia de un Dios Creador, a lo sumo, algo parecido a un arquitecto o demiurgo, pues el orden que vemos en las cosa del universo es para Kant producto de la sensibilidad y la mente humanas. El “sensorio dei” newtoniano pasa a ser “sensorio hominis” en Kant. La idea de Dios se vuelve completamente superflua en la explicación del mundo, se vuelve una hipótesis innecesaria. Como lo señala Koestler: “La teoría Kant-Laplace del origen del sistema solar muestra que ese arreglo ordenado puede ser explicado sobre bases puramente físicas, sin recurrir a ninguna inteligencia divina”[i].  
Para Kant, todo conocimiento real debe estar basado en última instancia en una experiencia posible. Pero no sólo Dios escapa, por definición, a toda experiencia sensible, sino que el mundo como totalidad también, pues no puede ser objeto de nuestra experiencia inmediata. Se necesitaría para ello de una suerte de visión divina del mundo, la que precisamente ha sido excluida por no corresponder a esa radical finitud de la que partíamos al comienzo.
Al atribuir determinados pares de atributos al mundo: finito-infinito, simple-complejo, determinado-libre, causado o no-causado por un ente creador, la razón se enreda en una serie de antinomias en las que es imposible decidir cuál de las tesis opuestas es verdadera. Sin embargo, él le concede la mayor importancia a estas antinomias, particularmente a la última,  en la medida que son la expresión de una inclinación espontánea de la propia naturaleza de la razón.[ii]

Esa es la marcha natural de la razón humana. Primero se convence de la existencia de algún ente necesario. Reconoce en él una existencia incondicionada. Entonces busca el concepto de lo independiente de toda condición y lo encuentra en lo que es la condición suficiente para todo lo demás, o sea en aquello que contiene toda la realidad. Más el todo sin límites es unidad absoluta y entraña el concepto de un ente único, a saber: el supremo, y de esta suerte infiere que en el ente supremo, como causa originaria de todas las cosas, existe de modo absolutamente necesario. [iii]

Para nuestro autor solo pueden existir tres pruebas posibles de la existencia de ese ente supremo, de las cuales nos ocuparemos a continuación.
La prueba ontológica
Para Kant la prueba ontológica es el único argumento posible de la existencia de Dios y al ella se reducen las otras dos pruebas: la cosmológica y la físico-teológica. Es importante, entonces,  despachar de una vez esta prueba, pues al ver su inconsistencia,  estamos estableciendo también la inconsistencia de las otras dos.  Según este argumento,  la existencia de Dios se deriva del propio concepto que  de Dios tiene alguien que niegue su existencia (“dice el necio en su corazón: no hay Dios”), pues la idea de Dios implica la idea de un Ser Superior del cual no cabe suponer o pensar uno mayor.[iv] En otras palabras es contradictorio hablar de Dios y negar al mismo tiempo su existencia, ergo Dios existe.  Ya Gaunilo destacaba lo desafortunado del argumento anselmiano con sus “Islas Afortunadas” y Hume señalaba que incluso las personas de talante religioso “perciben alguna falla en argumentos de esa especie, aún cuando, quizá, no puedan señalar con claridad en qué consiste”[v].  Para Hume hablar de existencia necesaria carece de sentido, pues:

Nada es demostrable, a no ser que lo contrario implique contradicción. Nada que sea concebible distintamente, implica contradicción. Todo lo que podemos concebir como existente, podemos también concebirlo como inexistente. No hay, por lo tanto, ningún ser cuya inexistencia implique contradicción. En consecuencia, no hay ningún ser cuya existencia sea demostrable.[vi]

Kant va a esclarecer mejor en qué consiste esa falla del argumento que puede resultar difícil de precisar. Para él, la falla o la trampa del argumento reside en que se utiliza el concepto de ser o existencia como un predicado real que pueda añadirse a alguna cosa,  cuando desde el punto de vista lógico se trata simplemente de una forma de relacionar el predicado con un sujeto o, para decirlo más modernamente, la existencia corresponde al cuantificador existencial, que se expresa mediante ese cuantificador ligado a una variable y un predicado o conjunción de predicados.  Decir de algo que existe no añade ninguna propiedad real, sino que es la suma o posición de las determinaciones de una cosa. Desde el punto de vista del pensamiento no hay ninguna diferencia entre cien dólares (táleros, decía Kant), posibles y cien dólares reales o efectivos, aunque desde el punto de vista patrimonial si hay una gran diferencia entre ambos. En definitiva, con este argumento avanzamos tanto como aquel que pretendiese aumentar su patrimonio mediante una artimaña contable y añadiese “algunos ceros a su existencia en caja”, nos recuerda Kant,  pues es imposible por el puro pensamiento establecer la existencia o no de algo, no se puede “querer comprender a priori la posibilidad de un ente ideal tan sublime”.[vii]




La prueba cosmológica   
Si la prueba anterior pretende establecer la existencia de un Ser Necesario de manera a priori, la prueba cosmológica pretende hacerlo de modo a posteriori, a partir de los hechos condicionados y contingentes que componen el mundo.  Para Kant esta “demostración parte propiamente de la experiencia y, por lo tanto, no se lleva del todo a priori u ontológicamente, y puesto que el objeto de toda la experiencia posible se llama mundo, esta demostración se llama también cosmológica”.[viii] De acuerdo a este argumento todos los entes contingentes del mundo suponen finalmente la existencia de un ser necesario, la existencia de un ente realísimo del cual derivan su ser contingente, “entre todo lo posible hay un ente que implica la necesidad absoluta, es decir, ese ente existe de modo absolutamente necesario”.[ix] Kant destaca que “es sumamente notable el hecho de que cuando se supone que algo existe, uno no puede sustraerse a la conclusión de que también debe haber algo que exista necesariamente”. [x] Lo cierto es que puede entenderse la idea de un ente supremo como un ideal regulativo de la razón, como si se tratase de la causa que unifica todos los fenómenos, pero no como un principio constitutivo o como “una afirmación de una existencia necesaria en sí”.  En el fondo, la prueba cosmológica es una forma disfrazada del argumento ontológico, pues se apoya en puros conceptos, y al identificar ese ente realísimo con un ente necesario cae en la falacia de ignoratio elenchi, “pues nos promete seguir una nueva senda, pero, tras un pequeño rodeo, vuelve a llevarnos a la antigua que habíamos abandonado a causa de sus promesas”.[xi]  Aunque pretende basarse en razones empíricas, hace un salto en el vacío y trasciende toda experiencia posible, ubicándose en el mismo plano a priori de la prueba ontológica. Lo cual nos lleva a la última prueba posible.






La prueba físico-teológica
Una vez que ha sido negada la vía a priori de la primera prueba y la vía a posteriori de la segunda, que es una forma disfrazada de la primera, Kant se pregunta si es posible establecer la existencia de un ente supremo a partir de una “experiencia determinada”, a partir del orden, finalidad y belleza que revelan las cosas del mundo natural.  Esta prueba, que se conoce también como prueba del “diseño inteligente”,  merece para Kant el mayor respeto, pues “es la más antigua, la más clara y la que más se adapta a la razón común”. Ella ha estimulado la investigación de la naturaleza y ha hecho que descubramos un orden allí donde la mera observación hubiese sido incapaz por sí sola, ha ocasionado ese “asombro inefable” que está en la raíz de todos nuestros descubrimientos e invenciones.  Por medio de ella pasamos de las maravillas del mundo, del orden y perfección de las cosas, a la existencia de un “creador supremo e incondicionado”. Como dice Koestler:

Los pioneros de la nueva cosmología, desde Kepler hasta Newton y más allá, basaban su investigación de la naturaleza en la convicción mística de que deben existir leyes detrás de los confusos fenómenos; que el mundo era una creación completamente racional, ordenada y armónica. [xii]

Pero a pesar de su indudable valor heurístico y regulativo, de su innegable valor como incentivo para la noble búsqueda del conocimiento de ese  majestuoso edificio que es el mundo, Kant le niega todo carácter apodíctico como prueba de la existencia de un ente supremo.

Por lo tanto, yo sostengo que la demostración físico-teológica no puede probar nunca por sí sola la existencia de un ente supremo, sino que debe dejar siempre que la ontología (a la cual sirve de introducción) supla esta deficiencia; por consiguiente, ésta  sigue conteniendo la única argumentación posible (si es que existe una demostración especulativa) de la cual no pueda prescindir ninguna razón humana.[xiii]

Los principales elementos de esta prueba, según Kant, son:
1)      En el mundo se encuentran por todas partes indicios claros de un orden según una intención determinada.
2)      Esta ordenación finalista es totalmente ajena a las cosas del mundo, o sea, que la naturaleza de las distintas cosas no habría podido confluir por sí misma en determinados designios finales, si no hubiese intervenido para ello un principio racional ordenador.
3)      Existe, por lo tanto, una causa sublime y sabia (o varias) que debe ser la causa del mundo.
4)      Finalmente, mediante analogía, la unidad de esta causa puede inferirse con certidumbre de la unidad de las relaciones mutuas de las partes del mundo como miembros de una edificación artificial.

Como ya lo había advertido Hume anteriormente, esta analogía entre los productos de la naturaleza y el arte humano está teñida de antropomorfismo, incluso de presunción, y pone en riesgo la propia naturaleza infinita y omnipotente de Dios, al establecer una semejanza o proporción entre la causa (Dios) y el efecto (mundo). Como dice Kant,  esta analogía a lo sumo puede llevarnos a la afirmación de un arquitecto del mundo, una suerte de geómetra o demiurgo platónico, que da forma al mundo a partir  una materia prima preexistente, pero nunca podríamos inferir la existencia de un creador del mundo o de un “ente originario omnisuficiente”. Esta prueba, entonces,  “no puede dar un concepto determinado de la causa suprema del mundo, y por tanto no puede ser suficiente para un principio de la teología que a su vez sea la base de la religión”.[xiv]
Como antes ocurriese con la prueba cosmológica, la razón trasciende los límites de toda experiencia posible al pretender conocer la causa del mundo como totalidad. Y al igual que en ésta nos vemos ahora desplazándonos del plano empírico o material al plano puramente ideal o a priori. Es decir, la prueba físico-teológica reproduce los mismos errores de la prueba cosmológica y desemboca en el callejón sin salida de la prueba ontológica.

Por consiguiente, la demostración físico-teológica se quedó detenida en su empresa, en esa perplejidad saltó de repente a la demostración cosmológica y, como esta es solamente una demostración ontológica solapada, en realidad se limitó a realizar su propósito valiéndose de la razón pura, a pesar de que al principio había negado todo parentesco con ella y lo expuso todo fundándose en pruebas evidentes tomadas de la experiencia. [xv]

En definitiva, Kant establece, siguiendo una línea iniciada por Hume,  la imposibilidad de demostrar la existencia de Dios por medios puramente racionales o especulativos y más si se pretende realizar a partir de la suposición de determinadas cualidades o propiedades del mundo físico. La prueba físico-teológica o del “diseño inteligente” que parecía la última puerta de acceso para establecer esa demostración, ha sido para Kant cerrada de manera definitiva.[xvi]  Lo que veremos más adelante, al desarrollar y analizar el concepto de “principio antrópico”, es si este cierre es tan definitivo o puede haber todavía un resquicio por el cual podamos colarnos o, incluso, reabrir la puerta de par en par. ¿Son los juicios de Hume y de Kant tan definitivos, tomando ahora en cuenta los datos que nos suministra la cosmología actual,[xvii] o podemos encontrar nueva evidencia que nos permita reabrir el caso? Como veremos, la comunidad científica está bastante dividida al respecto, lo que hace el replanteamiento de este tema algo  más interesante e ineludible todavía. Cabe preguntarse, como decía Kant, si estaremos siguiendo de nuevo la inclinación natural de la razón de plantearse problemas que exceden con creces sus fuerzas y limitaciones, aunque no por ello sean menos apremiantes y no podamos evitar su formulación. También cabe preguntarse, si esta nueva evidencia empírica es realmente tal o es solamente una  nueva expresión de ese juego sucio de la razón que hace pasar por evidencia empírica lo que no es más que el simple juego de la razón pura.

Notas:


[i] Arthur Koestler: The Sleepwalkers. (A History of Man’s Changing Vision of the Universe), Penguin Books, Inglaterra, 1982 (1959), p. 537
[ii] Como se sabe, Hegel hará de estas antinomias o contradicciones el eje de su propia visión dialéctica del mundo, considerando la visión finitista del conocimiento humano de Kant como el producto de una visión de la infinitud puramente abstracta o falsa, como producto de una separación artificial entre lo absoluto y el saber, entre la realidad y el pensamiento, siendo la cosa en sí kantiana el caput mortuum que debe ser superado. Lo que para Kant eran ilusiones trascendentales de la razón, en Hegel se transforman en el devenir concreto de la razón.
[iii] Manuel Kant: Crítica de la Razón Pura, Editorial Losada, Buenos Aires, 1965, T. II, p. 247. Para Kant esta tendencia de la razón es la que se expresa sociológicamente en el paso del politeísmo hacia el monoteísmo.
[iv] Descartes tenía una prueba similar al señalar que la idea de Dios o de un Ser Infinito, innata en el hombre, no puede ser causada por un ser finito como el hombre y debía entonces haber sido sembrada por Dios mismo. La existencia de Dios era para él tan apodíctica como las verdades de la geometría. Bertrand Russell lo resumía así: “Sin Dios no hay geometría; pero la  geometría es deliciosa, por lo tanto Dios debe existir”.    Leibniz plateaba una prueba aun más sencilla: Dios no implica contradicción alguna, ergo existe. O si Dios es posible entonces es real. Q.E.D. Woody Allen pedía una señal más pragmática de la existencia de Dios: que le colocase un millón de dólares en un banco en Suiza.
[v] David Hume: Diálogos sobre religión natural, FCE; México, 1979, p. 107s
[vi] Ibid. p. 103
[vii]  Critica de la Razón Pura, p. 256
[viii] Ibid. p. 258
[ix] Ibid. p. 259
[x] Ibid. p. 264
[xi] Ibid. p. 260
[xii] The Sleepwalkers, p. 534
[xiii] Crítica de la razón Pura, p. 271
[xiv] Ibid. p. 272
[xv] Ibid. p. 272
[xvi] Obviamente, Kant cierra una puerta, la puerta cosmológica y la de la pura razón teórica o especulativa, pero abre una nueva ventana de par en par,  que será la necesaria postulación de un Ser y Juez Supremo en el ámbito de la moralidad y de la razón práctica. No es en la naturaleza sino en el terreno moral que se requiere, de modo imprescindible, un legislador que ponga orden en los asuntos en los que están involucrados la libertad humana y el deber moral.
[xvii]  Hay que tomar en cuenta que no ha sido sino a mediados del siglo XX que el hombre ha sido capaz de comprender mucho más la  escala de nuestro universo y ha descubierto que la Vía Láctea no es sino una entre cientos de miles de millones de galaxias (en las que hay, a su vez, cientos de miles de millones de estrellas) que se alejan entre sí a una velocidad que duplica su distancia. Ha sido la ley de Hubble la que ha permitido entender la vastedad de este universo que se expande a partir de su originario big-bang, sin mencionar  las distintas constantes cosmológicas que han hecho posible la emergencia de la vida humana en este insignificante planeta. Que todo ello pueda ofrecernos una razón suficiente de la existencia de un Dios Creador u Ordenador es algo de lo que nos ocuparemos, con nuestras limitaciones, en una próxima “entrega”. Por ahora, baste decir que la imposibilidad de demostrar que Dios existe, no es prueba de que no exista. Así como la imposibilidad de demostrar que Dios no existe, tampoco es prueba de que exista.  


Del lenguaje ético: el Discurso del Filósofo y del Tirano.
Adaias Charmell
Universidad de los Andes

El tirano



Introducción:
El lenguaje como conductor del pensamiento de un colectivo.

El lenguaje es la más maravillosa  manifestación del pensamiento, es el hombre manifiesto en todas las facetas del conocimiento humano, la identificación  divina, omnipotente y omnipresente del único animal terrenal que ha podido por medio del signo lingüístico manifestar lo que cualquier ser viviente carga por dentro: el poder, el amor, el odio, la bondad y todos los sentimientos posibles  mostrados en medio de un acto de posesión  como son  las herramientas  psico-fisicas del lenguaje.  El lenguaje se apodera  y toma campo en su condición de objeto material  y como todo objeto material, es capaz de ser manejable o de dejarse manejar y moldear ante cualquier situación manifiesta del hombre.

Aunque pudiera hablarse del lenguaje de las abejas  y los delfines  los seres vivos más equiparable al sistema de comunicación del humano, no hay decodificación más perfecta que el trabajo tangible expresado teóricamente por la lingüística, en lo que se refiere a la representación  del lenguaje en Códigos Lingüísticos Universales, similares y comunes en cualquier ser humano sobre la faz de la tierra; esto  ha hecho posible la comprensión y el consenso de la comunicación humana para ser expresado fuera de los campos de construcción arquitectónica lingüística y extenderse hasta los campos de comprensión discursiva del individuo o, como hecho individual del enunciado de la comprensión semántica.

No existe dentro de la sociedad ningún poder, no hay ninguna maquinaria humana que no sea dirigida por el supremo gobierno del lenguaje, por la omnicracia de la palabra. Cuando queremos ignorar algo o a alguien, cuando somos agnósticos de algún pensamiento o tenemos un sentimiento de repulsión y rechazo de una teoría, la primera reacción ante el sentimiento es nombrarlo, convertirlo en signos símbolos que provoquen una reacción comunicativa en el resto de los seres humanos, “el lenguaje puede usarse para expresar emociones o para influir en la conducta de otros. Puede realizarse cada una de estas funciones por medios pre lingüísticos, aunque menos adecuadamente” (Russel, 1977: 69)

 El milagro del lenguaje es la cristalización  de  nuestro pensamiento, la realidad del sentimiento; es el máximo triunfo del hombre en estado de materialización psicofísica, su realización  puede o no ser favorables a una sociedad,  puede construir o  destruir, corroer y hundir a todo un colectivo social, como el caso de los sistemas políticos dictatoriales que han hundidos a grandes sociedades y culturas a lo largo de la historia y  que inicialmente hacen su aparición en discursos, promesas, falsos sueños que llegan a dominar y a embelesar una mente colectiva; discursos que se hacen tan creídos y trillados por regímenes absolutistas y centralizados como es caso de Luis XIV en Francia  con su famosa frase: L'État, c'est moi ( El Estado soy yo)

La participación social del humano es la manifestación viva del lenguaje, el hombre desarrolla todo un bagaje  de ideas clínicamente enfermizas que arropa un colectivo y lo llevan a formalizar decisiones que comprometen a toda una sociedad; el hombre se objetiva a si mismo poniendo al lenguaje como ente principal de su propia manifestación humana.

El principio de la creación divina es el poder del verbo, de la palabra, poder que destruye y construye, el lenguaje es el enigma de la creación que ha llevado al hombre a su triunfo, pero también a su propia destrucción, es un instrumento del querer y del poder;  desde sus orígenes ha tenido la preponderancia en el pensamiento y el comportamiento del hombre; ha hecho posible conocer la intencionalidad del hecho discursivo tanto oral como escrito y el  valor comunicacional que puede tener  como instrumento y talento de la persuasión en el acto del habla
Para comprender el hecho diferenciador del discurso filosófico y el discurso del tirano, partiremos de lo que ha significado para la cultura griega la palabra ética como principios fundamentales en el comportamiento y la conducta humana, es necesario acercarse a la explicación semántica de la ética y la visión colectiva desde sus diferentes posiciones e interpretaciones en el  pensamiento griego. Se tomará como punto de partida el discurso de Isócrates, junto a sus habilidades lingüísticas de una filosofía didáctica  como tratamiento clínico  para recobrar la salud del alma y tratamiento terapéutico para educar al ciudadano en la construcción de una realidad histórica. Por otro lado tomando en cuenta el discurso filosófico de Platón en los capítulos VIII y IX de República intentaremos establecer la conducta y el comportamiento del tirano en la conducción de un Estado, sus intereses egocéntricos  y las pasiones y ambiciones personales.

Dijo Heidegger, “El Lenguaje es la casa del ser” podríamos preguntarnos ¿qué  y quién habita en el ser de un Filósofo y en el de un Tirano? Se puede hablar que los mundos que circunscriben a ambos seres son mundos tan distantes y distintos, direcciones tan opuestas hasta tal punto que se alcancen metas lejanamente contrarias? el filósofo persigue llevar al hombre al encuentro consigo mismo, por medio de la búsqueda de la felicidad (Eudaimonia) mientras el tirano busca la destrucción y conducción del pensamiento del hombre y de un colectivo. Esos mundos diferentes son limitados y delimitados por la conducta de cada uno a través de su lenguaje así como lo dijo Wittgenstein “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”



El tirano, Roberto Pulido,  óleo, 2008.

II
Los filósofos han intentado conceptualizar el sentimiento y el comportamiento de lo que es bueno en la conducta del hombre a través de lo que ellos mismos han establecido como principios fundamentales, actuaciones o conductas; han intentado imponerlas y sustentarlas como la verdad o como modelos de conductas o éticas estableciendo así, dos modelos o principios dicotómicos: el uno, lo que puede ser  bondadoso o bueno  per se , y el otro, lo que puede llegar a ser bondadoso  por simple  adaptación  a un modelo moral concreto.

Lo que es bondadoso per se, es lo que llega a ser lo más alto y elevado, el probus latino, la excelencia y lo integro; es decir, el valor final, lo que se desea alcanzar por sí mismo; este principio, propio del discurso filosófico sostiene un tipo de conducta social y moral, garantizando de esta manera una calidad de vida dentro de una sociedad, “Por lo tanto, el alma justa y el hombre justo vivirán bien, y el hombre y injusto vivirá mal” (República, libro I, México 1973, 454) La justicia (Dike) es pues  una condición natural humana y como propiedad del alma de los hombres fuertes  no necesita de leyes para su protección y felicidad.

 Por  otro lado,  está la conducta contraria,  la del ser bondadoso por simple adaptación a un modelo moral concreto, la satisfacción  y conveniencia de los propios placeres, se busca siempre los medios propios para alcanzar un fin y el beneficio de unos pocos; es la ética como principio o conducta del placer que lleva al hombre a cometer actos propios de los deseos humanos como es la desmesura y el desenfreno (Hybris)

“Por que si se censura la injusticia, no es por temor de cometerla, sino de sufrirla. Tan Cierto es Sócrates, que la injusticia, cuando es llevada hasta determinado extremo, es más fuerte más libre, más poderosa que la justicia, y que esta, como antes dije, se vuelve del lado del interés del más fuerte y la injusticia se orienta hacia su  propio interés y en su propio provecho” (op.cit., libro I:447)


Tirano versus Orcos

III
En los discursos filosóficos griegos antiguos, por no hablar de los filósofos griegos como profesión, una de las forma de manifestación del conocimiento, estaba dado por medio del discurso ideológico racional, el poder del diálogo y el convencimiento de sí mismo y del otro con la palabra, con el lenguaje. En todas sus alocuciones estaba presente la práctica de la ética como costumbre y comportamiento del hombre en una Ciudad-Estado, como técnica y arte de vivir; de la misma manera, significaba una pauta para la manifestación del pensamiento y búsqueda de la felicidad en el ciudadano. Esta felicidad tenía tres ejes conductores del hombre de Estado: el bien, la justicia y la libertad. El bien, como cada una de las actuaciones y elecciones del ser humano, la justicia como la virtud del hombre en la conducción del Estado o el reparto equitativo de los bienes “El alma justa y el hombre justo vivirán bien”  y,  la libertad como medio, modo de elección ciudadana en el  cumplimiento o no de la ley “la ciudad propone leyes a la asamblea, y cada ciudadano es libre de aceptarlas o disentirlas; si no las discute, queda atado por ella, lo cual equivale, en definitiva, a decir que el ciudadano es esclavo en la misma medida que es libre” (Festugiere,1953:30).

Para acercarnos  al discurso filosófico y a la comprensión del mismo, es necesario tomar en cuenta el concepto de discurso no solo como forma oral o escrita del lenguaje sino como la conducta del pensamiento del hombre y como parte de un sistema comunicativo  social que cohabita como identidad; como un patrón ideológico del ser humano.

“El análisis ideológico del lenguaje del discurso es una postura crítica ejercida ampliamente entre estudiosos de las humanidades y las ciencias sociales. Este análisis supone que es posible poner al “descubierto” la ideología de hablantes y escritores a través de una lectura minuciosa mediante la comprensión o un análisis sistemático, siempre y cuando los usuarios “expresen” explicita o inadvertidamente sus ideologías por medio del lenguaje u otro modo de comunicación.” (van Dijk, 1996:14)



El discurso ideológico casi siempre revela la identidad y procedencia del individuo, lo  ubica dentro de unas estructuras de grupos sociales y lo reconoce como miembro y parte del pensamiento y el ideal de una sociedad; se puede decir que hay una estrecha relación entre el discurso del individuo y la sociedad, el discurso viene a ser entonces una demostración de la conducta del hombre en su entorno social ¿En qué estrato social ubicamos al filósofo antiguo a qué tipo de sociedad pertenecía en su época?  En el caso de Isócrates en el que su discurso es educativo, reflexivo y de orden moral, educado junto con sus hermanos en las mejores escuelas, tuvo por maestro a  Gorgias,  era un seguidor de las bases educativas de los sofistas y de la sabiduría de Sócrates; pertenecía a una clase social  media pudiente que buscaban alimentar el espíritu y el alma, la educación formó parte de la realización de un ideal de vida digna, 

“En cambio, yo creí que el más hermoso regalo, el más útil, y el que más conviene que yo dé  y tu recibas es este: poderte señalar qué costumbres debes adoptar y qué actos evitar para gobernar de la mejor  manera tu ciudad y tu reino. Porque son muchas las cosa que educan a los ciudadanos corrientes: sobre todo, el no vivir en el lujo, sino verse obligado a pensar en lo necesario para cada dia;… también algunos poetas antiguos han dejado consejos sobre cómo hay que vivir, es lógico que, con todo ello los ciudadanos corrientes se hagan mejores”  (Isócrates: A Nicocles)

En el desarrollo de su discurso, el pronombre personal de primera persona del singular, es un aspecto morfológico recurrente, presenta una función sintáctica que forma la identidad del sujeto que habla, el sujeto que dirige y gobierna la acción del discurso, es una forma de demostrar la preocupación y el compromiso que siente por la patria, es una propuesta bien personal de la recuperación de los bienes perdidos durante tantas guerras, apostaba que a través de la educación se podía conseguir la formación de una ciudad con los mejores gobernantes, los más sabios y los mas virtuosos  a través del ejercicio del espíritu.

Otro aspecto morfológico presente en este discurso A Nicocles, son las construcciones perifrásticas del verbo o verbos en formas personales con connotaciones de mandatos y obligaciones como “debes prestar atención” “debe ser objeto de su cuidado” “cómo hay que vivir”  “hay que actuar” o los verbos en presente con connotación del mandato informal y la negación en subjuntivo “No envidies” “no seas” “gobierna” “Aleja”. Todas estas formas funcionales del verbo demuestran la gran preocupación del maestro por la educación de excelentes dirigentes por medio de un discurso personal que llegara de forma directa para una integra formación de la conducta y el comportamiento en el buen saber y el buen vivir.  

El discurso filosófico es un compromiso con el hombre como poseedor de conocimiento, ajeno a todo pensamiento político, sus fines son éticos y “El filósofo, sin embargo, debe buscar la verdad aun a expensas de la belleza…” (Russell, op.cit.: 74) hay un lenguaje comprometido con la sociedad,  con el deber y los derechos del ciudadano, el filósofo busca convencer  para salvar al alma, para comprometer al ser en su búsqueda de la verdad.

“Era un arte de vivir, un modo de vida que intenta comprender más profundamente la totalidad de la existencia. La filosofía no es una disciplina que perseguía plantarse ante la dimensión única del conocimiento teórico sino en el marco de yo y del ser: consiste en un itinerario, un proceso, un viaje para la ampliación  de la conciencia, que busca aumentar la captación, la atención, la vivencia y   expansión del ser.”  (De Los Reyes:20011)


En el lenguaje de la filosofía existe un intercambio de ideas, un diálogo, una dialéctica  de continuo aprendizaje y disciplina; hay una búsqueda constante de equilibrio entre el conocimiento y alma, es una forma de sabiduría, de conciencia social que debe existir en el hombre, una intima relación entre  el pensamiento, el conocimiento y el propio ser; es decir, es  un constante recorrido por nuevos caminos  al encuentro con un mejor estilo de vida que lleve a la templanza, el bien, la senda de una mejor conducta, una buena salud y el encuentro con la felicidad y la belleza, en una sana vida justa. 

En resumen, si queremos examinar la manera de ser de los hombres, descubriremos que la mayoría de ellos no disfrutan con los alimentos más sanos, ni con las costumbres más bellas ni con las mejores acciones ni con las criaturas más provechosas, si no que sus placeres son totalmente contrarios a lo conveniente y que se consideran perseverante y trabajadores quienes cumplen con parte de su deber”  Isócrates: A  Nicocles



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Tirano de enjambre


IV

En el lenguaje del tirano existe  un compromiso consigo mismo cuando habla, cuando manifiesta su comunicación discursiva a sí mismo, no habla con el otro sino que trata primero de convencerse de que  lo que piensa y lo que dice es verdad y que a través de esa verdad, puede arrastrar a una masa, movido por sus pasiones al cumplimiento de su discurso. El otro, el seguidor  se convierte en un oyente robótico que mueve la cabeza de forma afirmativa ante en discurso neurótico del tirano.

El discurso del tirano se  invierte y se convierte,  ha sido un discurso preparado que  ha venido transitando dentro de sí por caminos monológicos, paranoicos cargados internamente  por infinidades incontables de voces  que arrastra una carga de sentidos  y de sentimientos  hasta convertirse como diría Bajtin en un “discurso dialógico” que llega hasta el receptor con fuerza convincente, se convierte en un arquitecto de la persuasión; se posesiona de todas las herramientas posibles, valiéndose de todas las emociones para llegar a la sugestión de las masas populares. El tirano se convierte con su arte manipulador en un “electrizador de muchedumbre”
“El orador  puede electrizar a las muchedumbres, despertando en ellas ennoblecedoras ansias de regeneración o encauzar, serenándolos, el impulso popular; pero también puede ejercer su labor de captación halagando los instintos más bajos de  la multitud y convirtiéndose en demagogo”(Lapesa, 1981: 195)

El discurso del tirano es un discurso carente de elocuencia y cargado de verbosidad y pericia, de poca fuerza semántica, colmado de frases hechas y repetitivas, se presenta como un dios bajado del cielo que viene a redimir al pueblo “Ese protector nunca habla otra cosa que de remisión de las deudas y de distribución de las tierras, se hace conceder plenos poderes por el pueblo, y después lleva los ricos ante los tribunales y le manda a dar muerte o los destierra” (Festugiere, 1953: 45) 

Una de las múltiples maneras como manipula al pueblo para atraerlo y obtener el arrastre de la masa es por medio de los halagos, la protección de sus familias y sus bienes y, el ofrecimiento de tierras y de la libertad; es un discurso de coacción. 

“Al principio en los primeros días de su dominación, ¿no sonríe graciosamente con todos aquellos con quienes se encuentra, no llega incluso a decirles que piensa en cualquier cosa antes que ser tirano? ¿No hace las más hermosas promesas en público y en privado,  perdonando a todos los deudores, repartiendo las tierras entre el pueblo y sus favoritos, tratando a todo el mundo con ternura y dulzura de padre?” (República: libro VIII)

Para comprender y explicar la fuerza destructiva que tiene el lenguaje discursivo de un tirano y las transformaciones que sufre una sociedad desde su contexto sociocultural, es necesario detenerse en la intencionalidad enferma del pensamiento del sujeto a través de su discurso,  de la palabra contextualizada en un proceso de otredad con sus variadas personalidades . La conducta del tirano es un comportamiento acomodaticio, es un diestro actor que cambia su máscara a medida que entra en escena; consciente o no de  sus múltiples personajes, se posesiona  de  los escenarios y manipula de forma tal a sus interlocutores, que cada víctima en su campo puede salir convencido de que el discurrir discursivo es la verdad, el engaño del discurso tiránico se convierte en  una deformación en cada uno de sus oyentes. ¿Cuál es su finalidad? Creerse el todo poderoso, ser admirado y querido por el pueblo, tener al pueblo subordinado. Jenofonte pone en boca de Simónides, el deseo de todo tirano.

“…si tú haces a la ciudad que riges la más feliz  de éstas,  los heraldos te proclamaran vencedor en la más noble y magnifica competición entre los seres humanos, primero conseguirás de inmediato ser amado por tus súbditos, que es precisamente lo que deseas… serias amado por muchas ciudades, y serias mirado con reverencia por todos no solo en privado sino públicamente… todo el que estuviera presente seria el aliado tuyo, y quien esté ausente desearía verte.” (Jenofonte: Hieron o de la Tirania)


El lenguaje seguirá siendo el medio controlador de los seres humanos, es a través de este instrumento por el que podemos acceder y transitar por los caminos del bien y de la virtud, pero como arma de doble filo, llega a ser por otro lado, destructivo y una institución controladora y el instrumento manipulador del más débil.




BIBLIOGRAFIA:
De Coulanges, F. 1996: La ciudad antigua. Panamericana Editorial. Bogotá.

De Los Reyes, David, 2011: De la Tiranía en Platón I parte: htt:/ filosofiaclinicaucv.bolqspot.com/2011.

Festugiere, A.J. 1953: La libertad en la Grecia Antigua. Ed. Seix-Barral, Barcelona, España.
Isócrates, 2002: Discursos. Trad. Juan. M. Guzmán. Ed. Gredos. Madrid.
Jenofonte, 2005: Hieron: en Strauss, L.: Sobre la Tiranía. Ed. Encuentro. Madrid.
Lapesa, Rafael, 1981: Introducción a los Estudios Literarios Ediciones Cátedra, S.A. edición XVI, Madrid.

Russel, Bertrand, 1983: El Conocimiento Humano. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona, España

Van Dijk,T.J., 1996: Análisis del Discurso Ideológico, Traducción Ramón Alvarado; U.A.M.: México.