sábado, 1 de abril de 2023

                      El libro digital en español 

en la otra pandem[IA]

Claudia Furiati Páez*

Periodista cultural e investigadora. 

Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la UCV





        

Resumen:

El dominio de la llamada cultura GAFA (acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon), ha traído como resultante una práctica cotidiana mediada y condicionada por los algoritmos desarrollados por estas plataformas tecnológicas. Es dicho entorno 4.0 una manifestación de la Economía bajo demanda o de la Atención, al haber acelerado el surgimiento de modelos de negocios disruptivos, al tiempo que las desigualdades sociales, tras el paso de la pandemia Covid19 (García Canclini, Harari). Las Industrias creativas globales como la editorial, por ejemplo, han logrado integrar el componente innovación como una filosofía de la colaboración mediada por las tecnologías de información y comunicación en su cadena de valor. En el caso del mercado hispanohablante, para el formato de publicación electrónica y auditiva los indicadores se dispararon entre 2019 y 2020 según reveló una investigación de Bookwire.es. representando para el año de la Pandemia un ingreso por ventas de 113% superior al año anterior. Un pico que para el caso de América Latina se multiplicó alcanzando un 278% de crecimiento interanual en consumo de ebooks. Ecuador no ha sido la excepción y reportó un 135% en expansión de la demanda de libro digital en el último año. Por tanto, si bien se lee más en la era exponencial no es menos cierto que el sector debe velar por el tipo de contenidos que mediante estos innovadores formatos podremos ofrecer asumiendo la lógica GAFA.

Palabras clave: Libro digital, innovación, inteligencia artificial, hispanohablante, economía de la atención, redes sociales, GAFA

             Abstract:

The domain of the GAFA culture (acronyms for Google, Apple, Facebook and Amazon), has resulted in a daily practice mediated and conditioned by the algorithms developed by these technological platforms. This 4.0 environment is a manifestation of the Economy on demand or of Attention, having accelerated the emergence of disruptive business models, along with social inequalities, after the passage of the Covid19 pandemic (García Canclini, Harari). Global Creative Industries such as publishing, for example, have managed to integrate the innovation component as a philosophy of collaboration mediated by information and communication technologies in their value chain. In the case of the Spanish-speaking market, for the electronic and audio publication format, the indicators skyrocketed between 2019 and 2020, according to an investigation by Bookwire.es. representing for the year of the Pandemic a sales income of 113% higher than the previous year. A peak that in the case of Latin America multiplied reaching 278% year-on-year growth in ebook consumption. Ecuador has not been the exception and reported a 135% expansion in the demand for digital books in the last year. Therefore, although more is read in the exponential era, it is no less true that the sector must ensure the type of content that through these innovative formats we can offer assuming the GAFA logic.

Keywords:

Digital book, innovation, artificial intelligence, Spanish-speaking, attention economy, social networks, GAFA

 

Introducción

¿Y cuál viene siendo esta otra pandemia a la cual aludimos en el título de este texto? La que ha llevado a la humanidad a una condición de inmersión continua dentro del mainstream globalizador propio de la actual Era Exponencial[1]. ¿Y por qué nos respaldamos en este término amplificador para condicionar el momento que como civilización transitamos? Porque el mismo expresa la cualidad del tiempo dominado por la cultura GAFA (acrónimo resultado de la conjugación de las gigantes tecnológicas Google, Apple, Facebook y Amazon), en la cual la cotidianidad está mediada y en muchos casos condicionada por los algoritmos direccionados desde estas plataformas tecnológicas.

 

Sea el Internet de las Cosas (IOT), la Inteligencia Artificial (IA), los Vehículos Autodirigidos, la Impresión 3D, la Computación cuántica, la Nanotecnología o la Biotecnología, es el entorno 4.0 una manifestación de la economía bajo demanda sobre la cual vaticinó Klaus Schwab hace casi una década. Es la llamada 4ta. Revolución Industrial [2], cuyos modelos de negocios disruptivos han proliferado tras el paso de la pandemia Covid19, en paralelo a las desigualdades sociales ya diagnosticadas por investigadores de las ciencias sociales como García Canclini o Yuval Noah Harari. Sobre ello ahondaremos más adelante.

 

Las industrias creativas no han sido la excepción como blanco de estas “externalidades”, pues como bien describe Carlos Delgado Flores[3] sus emprendimientos incorporan además del componente innovación, la filosofía de la colaboración mediada por las tecnologías de información y comunicación en su cadena de valor de bienes y servicios basados en la propiedad intelectual. Son una de las manifestaciones más inspiradas de la sociedad del conocimiento al involucrar a la arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, publicidad, software, TV y radio, y videojuegos, como bien determinó el investigador inglés John Howkins.[4]

 

Tras dos años de pandemia, se aprecia un desigual desempeño entre las distintas manifestaciones de la también llamada economía naranja (valoración cromática para distinguirla de otras vertientes como la ecológica), resultando afectadas de forma negativa aquellas que fundamentan su accionar por mediación y movilidad territorial, por las pautas gubernamentales de confinamiento y bioseguridad: cine de sala, festivales escénicos, conciertos en vivo, exposiciones, salas de lectura. Mientras que las expresiones en modalidad híbrida facilitadas por la tecnología streaming tuvieron una escalada favorable: contenidos multimedia, podcast, recitales íntimos, tv y radio digital, video juego y editorial electrónica. Sobre esta última, versaremos el presente análisis, pero centrándonos en el mercado de habla española, al ser la industria, o mejor decir, ecosistema del libro y la lectura el que nos ocupa como campo de interés.

 

Específicamente el desempeño de este sector en el escenario para Latinoamérica no solo mantuvo esta regla, sino que sobresalió en cuanto a su crecimiento acelerado, impulsado por la necesidad de consumir contenidos de las plataformas librescas, ante la imposibilidad de visitar recintos como librerías, bibliotecas o ferias editoriales. Un pico que para el caso de América del Sur (encabezada por Argentina, Colombia y Chile) se multiplicó al alcanzar hasta 278% de crecimiento interanual en consumo de ebooks [5]. Ecuador no ha sido la excepción y reportó un 135% en expansión de la demanda de libro digital en último año [6](La Hora Ec 2021). Por tanto, es afirmativo que se lee más en la era exponencial, pero también confirma que el sector debe velar por el tipo de contenidos que mediante estos innovadores formatos podremos ofrecer a partir de la misma lógica de la cultura GAFA.

 

Leer la era exponencial

 

            La pandemia fue la aceleración de tránsito del consumo cultural al de acceso de este tipo de contenido disponible en plataformas, y que para Néstor García Canclini, pionero de los estudios culturales el Latinoamérica, signa una mutación que inició en 2015 cuando Google compró de Alphabet, “una entidad que articula el motor de búsqueda con los demás departamentos de la empresa: el repertorio de videos (YouTube), servicios de cartografía (Google Maps y Street View), departamento de información sobre salud y educación (Calico y Google for Education), sobre objetos conectados y domótica (Nest Labs), sobre urbanismo (Sidewalk Labs), un fondo de colocación de capitales (Google Capital) y varios más”[7]. En suma, una infiltración de estos productos y servicios en la vida de los ya no consumidores, tampoco prosumidores[8], sino de lo que pudiésemos calificar de dataístas.

 

            El historiador Yuval Noah Harari describe esta condición como la de un feligrés del “Dataismo” [9]. Es decir, el practicante de “la religión de los datos”, donde es la mano invisible de flujo de impulsos la que pauta el devenir del ciudadano. En lo que refiere a la creatividad incentivada por un mayor tiempo de ocio generado de la automatización de procesos, asegura que  la expresión de las emociones “no será un fenómeno místico cuando en un futuro cercano un algoritmo de aprendizaje automático quizá analice los datos biométricos que surjan de sensores situados sobre y dentro de nuestro cuerpo, determine nuestro tipo de personalidad y nuestros humores cambiantes y calcule el impacto emocional que es probable que una canción concreta (…) pueda tener en nosotros”.[10] O quizás también, podemos aventurar, en el caso de algún pasaje narrativo o un verso alado.

 

¿Puede ser esta condición dócil, la naturaleza de quienes demandan o descargan vía Google Libros?, para continuar con el “Santo de las Búsquedas”. La teoría evolutiva a decir del historiador Roger Chartier ayuda en gran medida a comprender la mega transformación de estos ecosistemas del libro a partir de una “lógica de tópicos, rúbricas, palabras clave”, lo cual afecta la experiencia del lector[11]. ¿Y cómo? Pues el mismo queda a merced de los que el algoritmo de la plataforma considera es su preferencia, su frecuencia, y su capacidad de gasto de consumo lector. Incluso, advierte que la separación sufrida entre el soporte libro (ejemplar impreso) y su contenido, convierte a estas plataformas en poderosos aparatos para “la diseminación de errores, falsificaciones, verdades alternativas y fake news”.[12]

 

En un diálogo que sostiene este especialista libresco con el investigador en comunicación digital Carlos A. Scolari (28), destaca que la transformación vivida por la cultura escrita en este despuntar del S.XXI, contrario a fases históricas pasadas, se produce de forma simultánea y a una alta velocidad. Lo describe como un fenómeno radical pues en esa pantalla iluminada que es el soporte, confluye el acto de leer y escribir, lo que plantea una discontinuidad del proceso evolutivo de los géneros discursivos por un lado y en las prácticas lectoras por el otro. Estas últimas respondían a la “lógica del viajero” (territorialidad), de poder entrar un establecimiento atestado de anaqueles en búsqueda de un título y salir quizás con otro no buscado pero que te ha escogido como lector. Nos dice “si todo el comercio del libro quedara en manos de Amazon o de empresas semejantes se perderían las felicidades de las peregrinaciones a librerías”[13].

 

Su interlocutor, Carlos A. Scolari, mucho más integrado a la teoría de la ecología de medios, aunque reconoce que las transformaciones socio-tecnológicas han afectado al circuito editorial tradicional, éste no logró avizorar la potencialidad y reanimación que una innovación como textos en red brindarían a su industria. “Las soluciones creativas siempre vienen de gente que trabaja fuera del sistema…Jeff Bezos, el fundador de Amazon, no era librero ni bibliotecario. Su negocio era el comercio electrónico”, observa[14]. No obstante, reconoce que la corporación podría de así proponérselo manipular los datos que recaba de sus usuarios, de manera exponencial. Ese big data implicado en la lectura es por una parte información útil para los diferentes actores del ecosistema, pero también implica “una dimensión de vigilancia y control que no podemos obviar”.

 

Volviendo a García Canclini, quien también ha profundizado en las formas de consumir libros, ante el efecto amplificador de lo digital o lo viral, prefiere hablar de competencias lectoras, entendidas como “aquellas destrezas para localizar, seleccionar o interpretar la información”[15] que tiene un individuo. Y estas habilidades fueron sin duda reforzadas durante el confinamiento planetario como veremos en la revisión de un reciente estudio de mercado del libro electrónico realizado por el proveedor de servicio de publicaciones digitales danés Bookwire[16].

 

Amplificar la visión vocacional

            Unos datos elocuentes para dimensionar este cambio, son los resultados de un autodiagnóstico realizado entre algunos actores del ecosistema del libro en mercado de habla hispana, acerca de su desempeño dentro de la era exponencial y previo al episodio vivido del Covid19. Esta consulta fue dirigida por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, y en la misma se describe “un panorama en el que los profesionales tratan de conjugar una visión vocacional – la mística del libro- con la necesidad de dotar de viabilidad económica sus actividades”. [17]

 

Dentro de las cualidades de una industria de tradición, observan sus promotores, que la innovación ha jugado históricamente un rol favorable a la permanencia del libro como objeto desde sus primeros soportes en la antigua Mesopotamia al presente con el e-book. Y este hoy lo enfrenta a desafíos como concientizar al usuario / prosumidor que se trata de una industria creativa que “tiene como base a la retribución de activos intangibles o del contenido (propiedad intelectual) para la práctica totalidad de sus modelos de negocio”. E igualmente aspira fortalecer sus atributos vía soft innovation para reconquistar posiciones del mercado, perdidas frente a las mencionadas “plataformas de la nube” definidas por el politólogo inglés Nick Snircek[18], cuyos ingresos mayores son derivados de una propuesta de valor alterna a su oferta de contenidos librescos.

 

            De acuerdo a esta visión redimensionada, el mundo del libro 4.0 es sostenible para sus protagonistas, en la medida en que actúen de forma colaborativa en reducción de ineficiencias y sobrecostes, “derivados de la fragmentación, la excesiva complejidad y las inercias”[19] (2019, 11). Factores que en la práctica se traducen en la desaparición de eslabones como las librerías o las bibliotecas, espacios de resiliencia ciudadana y reserva de su memoria.

 

Otro elemento determinante que condiciona a la industria creativa editorial es reconocer la complejidad de sus procesos. Por una parte, evidencia una interacción humana en toda su cadena de valor, así como en una laboriosa mecánica, mientras por el otro protagoniza la expansión y la disrupción que producen la tecnología digital y los esquemas de negocio basados en plataformas de internet. La gestión de esa complejidad es uno de los atributos del ecosistema identificado en este estudio como binomios: mística y negocio, colaboración y conflicto e innovación y tradición. Sobre este último, que alude a lo señalado en el inicio de este párrafo, los aportes de la consulta generaron el siguiente gráfico de ejes cartesianos, donde el vertical contempla en su parte superior a la Tradición vinculada al soporte del libro impreso y sus modelos de negocio y en la inferior la Innovación asociado a las plataformas digitales que impulsan la cultura GAFA. Mientras el eje horizontal lo conforman desde izquierda a derecha, los problemas y las fortalezas que los condicionan:[20]




Figura 1. Binomio Tradición – Innovación

 

Fuente: Estudio FGSR, 2019


           

 

Se aprecia que el cuadrante con más peso es el referido a los problemas que genera lidiar con los procesos de innovación, y entre ellos dos (#9 y #12) tamaño y financiamiento del negocio y que se vinculan con la posibilidad de hacer contrapeso al “oligopolio de las plataformas”. La solución que desde el mismo sector emerge es derribar las barreras que impone una “estrategia de silos”[21] y establecer modelos colaborativos con otros emprendimientos creativos, en otras palabras “aprender a trabajar en la frontera”[22].

De igual manera, el gráfico muestra como virtudes del cuadrante Tradición y Fortalezas aquellas asociadas con la capacidad de adaptabilidad ante el manejo de lo complejo (#2), los escasos recursos (#4) y la colaboración entre competidores (#5). En esa misma línea, son puntos fuertes asociados a la Innovación, la intensidad de conocimiento y el ajuste a los cambios que el contexto disruptivo desafía.

 

Finalmente, el estudio de perspectivas de los protagonistas del sistema español del libro hace una propuesta de valor que busca fomentar “un equilibrio correlativo” entre los dos bloques arriba citados: el de la tradición /emocional retórica y que involucra a toda la sociedad, y el funcional innovador, que se articula las políticas públicas culturales mediadas por tecnologías. Un sistema que se estructura de la siguiente manera:[23]

 


Figura 2. Propuesta de valor para industria editorial de habla hispana

 

Fuente: FGSR, Investigación e Informes 2019

 

El bloque emocional que signa la naturaleza patrimonial que encierra el libro y la lectura como rito en la consolidación de la familia y la comunidad, pero también en el vehículo del conocimiento, el saber para una ciudadanía saludable y equilibrada, calificada en su desempeño profesional (Capital humano). Su articulación con el bloque innovativo vendrá dada por las políticas públicas, en las que se incorporen los factores que definen a este último. Iniciando por el impacto al medio ambiente que produce su Producto Interno Bruto (como industria creativa); el ser un sector abierto a los cambios y hábil  para llegar a acuerdos innovadores en toda la cadena de valor (innovación blanda); el propiciar la práctica de una diplomacia de la literatura en “Ñ” dentro del mercado global del libro; y el equilibrio que puede lograr frente al sistema GAFA al trabajar con propiedad intelectual y activos intangibles naturales a la esfera inmaterial digital. Y finalmente, lo funcional innovador se refleja en la expansión del sector libro en español en los mercados globales.[24]

 

El cómo comunicar esta visionaria y exponencial propuesta planteada desde los actores del libro en España, quedó asentado en el decálogo de la Nueva Narrativa para el Sistema del Libro, y que a continuación adaptamos para todo el mercado hispanohablante:[25]

 

1.              DISFRUTAR de la bibliodiversidad que forma parte del patrimonio cultural de los lectores en español.

2.              ELABORACIÓN del medio primordial para el aprendizaje y para la transformación de la información en conocimiento.

3.              APORTACIÓN de un instrumento para el crecimiento personal y en el entorno familiar y participación como ciudadanos críticos.

4.              HERRAMIENTA para potenciar la calidad de vida y la salud, así como la equidad social.

5.              ACTIVIDAD industrial con un coste medioambiental muy inferior al de otros sectores.

6.              GENERACIÓN de puestos de trabajo más cualificados que la media

de la economía.

7.              CIMENTACIÓN de una innovación “blanda” a través de decisiones austeras y de la colaboración entre los actores del sistema del libro.

8.              CONSTRUCCIÓN de activos para el prestigio de la marca “En español” en el escenario internacional.

9.              CONTRAPESO frente al modelo GAFA y generación de riqueza e ingresos tributarios en el entorno local.

10.           BALANCE comercial exterior netamente positivo.


 

La atención viralizada

 

Si bien en la exploración del devenir de las industrias creativas los investigadores han procurado abordar el aspecto del mercado categorizando a estas economías bajo etiquetas de Naranja, Cognitiva, Inteligente, Colaborativa o del Procomún [26], tras el paso de la primera ola del Covid versión 19, el fenómeno en el caso de la industria editorial ha de verse de forma crítica bajo el enfoque de la llamada Economía de la Atención.

 

Este concepto derivado de la psicología, fue resignificado en los ochenta por el físico estadounidense Michael Goldhaber. El investigador plantea que el mayor bien de transacción en estos momentos cautivos es la atención, la cual es controlada por una “adicción” a la hiper conexión o lo que otros han denominado la infoxicación. En entrevista a The New York Times en febrero 2021, tras cumplirse un año de pandemia, expresó su mayor inquietud: “La pandemia nos puede hacer aún más dependientes y partícipes pasivos de la llamada economía de la atención”. [27]

 

Para Goldhaber esta sería la “moneda” de intercambio en ciberespacio más que cualquier cripto coin, ya que: “En una economía de la atención, uno nunca deja de estar

 

 

encendido, casi siempre está poniendo, recibiendo o buscando atención”[28]. El confinamiento ha hecho que este factor se intensifique y revalorice.

 

Esto se vio reflejado en el aumento de uso en redes sociales digitales a nivel global, pasando de 18 horas semanales a 22 horas semanales, es decir cuatro horas más [29]y también como revela un estudio de la plataforma de nube Bookwire, en el incremento del consumo de lectura y contenidos narrativos digitales (ebooks, audiolibros y podcast) en los mercados de habla española, incluyendo los de Estados Unidos. Ahora bien, cabría plantearse si en el caso de los ebooks por ejemplo, fueron productos que además de ser consumidos (comprados y descargados) como refleja el citado estudio, también fueron leídos a cabalidad. Y bajo esta premisa presentamos algunos de los indicadores más relevantes de esta exploración.

 

Vale decir en primer lugar que “Evolución del mercado digital en España y América Latina” es un informe realizado por Bookwire.es en colaboración con Dosdoce.com, bajo licencia de Creative Commons, de tipo «Reconocimiento - No comercial - Sin obra derivada». Esta condición de open access es un aliciente en términos de su circulación y lectura como producto de la industria creativa entre entendidos y no tanto. La plataforma se autodefine como una corporación líder en tecnología de publicación digital, proveedora de “servicios para la distribución de libros electrónicos y contenidos digitales a editoriales”[30]. Por tanto, parte de la estadística de esta muestra está alimentada de la data de sus propias ventas.

 

En la introducción del reporte confirman que las limitaciones y los confinamientos del Covid19 “transformaron los hábitos de descubrimiento y consumo de contenidos culturales, entretenimiento e informativos convirtiendo a millones de personas en nuevos usuarios de todo tipo de contenidos digitales”.[31] Llama la atención esta mención a hábitos de descubrimiento y que no se haga referencia directa al verbo “leer”.

 

Las oportunidades de negocio que propicia esta aceleración digital o podríamos decir viralización digital es lo que descifra la investigación en la que tuvieron parte más de 840 editoriales españolas y latinoamericanas y que reportó para 2020 un ingreso por ventas de 113% superior al 2019. Un incremento que califican de “excepcional”.

 

En el caso específico del formato e-books o publicaciones electrónicas es un segmento que incrementó un 112% su facturación, y en lo que corresponde a las exportaciones de editoriales españolas en América Latina se ubicó en un 20%, distribuido entre países de la región, predominando Argentina, Colombia, Chile. Le sigue en el ranking el coloso de México con un 16% de los ingresos totales del mercado hispano y en Estados Unidos con un 10% de las ventas digitales.

  

Dentro de este universo de demanda, predominó la mediada a través de las plataformas por suscripción para e-books, con un crecimiento del 17% al 19% en año 2020, tales como Scribd, Nubico, Bookmate, Storytel y que podemos apreciar en siguiente gráfico:

 


 

Figura 3. Estudio Evolución del mercado digital en español

 Fuente: Bookwire, 2021

 

En esta misma ilustración podemos identificar otro dato atractivo para futura consideración de nuestro campo de investigación: el comportamiento de las bibliotecas en estos países, como buena práctica de política pública, de invertir en la adquisición de licencias de libros electrónicos duplicando la cifra de un 3% antes del confinamiento a un 6% durante 2020.

 

En lo que refiere a España, revela el estudio que el éxito de su crecimiento puede deberse en buena parte a los préstamos digitales, gracias al acuerdo sostenido entre las editoriales y la administración pública para “facilitar licencias concurrentes con el fin de dar un mayor acceso a las plataformas eBiblio y eLiburutegia” (País Vasco). Los ingresos reportados por modelo de venta de licencias a bibliotecas de ebooks se traducen en un crecimiento de 359% en valor económico en 2020.

 

Muchos de estos contenidos demandados corresponden a la categoría de no ficción (Ciencias sociales, políticas y humanidades). Y si en España punteó con el 31,60% de la venta, en América Latina predominó con el 45,60 % y solo México con el 44,10 % (ver gráfico).

 

 


 

Figura 4. Estudio Evolución del mercado digital en español /

Relación de categorías más vendidas

Fuente: Bookwire, 2021

 

Si bien el reporte de Bookwire no desglosa por país el bloque de mercado de resto de América Latina, sí menciona a Argentina, Colombia y Chile como los líderes en consumo de libro digital, para el período analizado. La experiencia de Ecuador, aunque de menor volumen de consumo al de estos países hermanos, se comportó similar en su crecimiento, de acuerdo a una investigación posterior realizada por el grupo Libranda, plataforma de contenidos editoriales digitales con sede en España, elevando  un 135% de las ventas para 2020[32].

 

Admitiendo la contundencia que ofrecen estos indicadores realizados por plataformas de servicio de distribución de libros electrónicos en español, sobre la evolución del consumo lector en e-book, su naturaleza ha demostrado tener una “enorme resiliencia” para transitar estos complejos tiempos, como bien aprecia Manuel Gil. El director de la Feria del Libro de Madrid confirma que hay un incremento del hábito de lectura digital y por tanto un desplazamiento de los canales de comercialización desde las tiendas físicas al e-commerce. [33]

 

Pero junto al factor predictibilidad que ofrecen las plataformas algorítmicas, para Gil, la pandemia también trajo consigo la imprevisibilidad: “La era de la predictibilidad técnica se caracteriza, paradójicamente, por una epidemia de incertidumbre. Y si ninguna industria estaba preparada para una crisis como esta, la del libro quizá mucho menos”, confiesa. Es la explosión de lo digital un “problema endémico de los ecosistemas editoriales del continente”. Por ello advierte que para trascender en postpandemia la industria creativa del libro debe reaccionar a un mercado mucho más complejo producto de esta “hiperfragmentación de audiencias y anarquía en los flujos de consumo” [34].

 

Como autor invitado del estudio de Bookwire y Dosdoce.com, Gil ofrece en su análisis un “Colofón” muy propio de lo literario para acordar que el futuro global estará situado en una “economía de la atención” y que el ecosistema del libro estará obligado a resituarse, aventurando un modelo “Edición 4.0”[35]:

 

• Disponer de los catálogos editoriales en multiformato, multisoporte, y multidispositivo, con especial atención a libros electrónicos y audiolibros.

• Desarrollar una estrategia omnicanal con una base sólida de e-commerce probado, eficiente y veloz.

• Incentivar la visibilidad del libro a partir de modelos de comunicación basados en redes sociales e Internet, con especial atención a los temas de vídeo y voz a través de pódcast.

• Diversificar las tiradas en modelos de impresión bajo demanda. La idea debe ser vender antes de editar.

• Pensar en modelos de dropshippingConcl[36] para acelerar el servicio al lector.

• Generar modelos de comercialización para plataformas de suscripción.

• Diversificar los modelos de comercialización para las plataformas de préstamo digital a bibliotecas.

• Renovar la formación de los recursos humanos para incentivar las habilidades tecnológicas.

• Comenzar a integrar las tecnologías inmersivas 3D en la producción de contenidos: realidad virtual y realidad aumentada.

• Integrar, en el know-how de las empresas del libro, el tema de la sostenibilidad y la eco-edición, para reducir la huella de carbono.

  

Conclusión

 

Consideramos que lo revisado y expuesto en el presente análisis exploratorio constata la vigencia de la naturaleza innovadora y adaptativa de la industria editorial en español, hoy predominantemente digital, amplificada en el contexto del Covid19 y la otra pandem[IA]. Crecer de forma exponencial ha supuesto para los actores del mundo del Libro 4.0 afrontar otra serie de desafíos que van desde saber interpretar el fenómeno más allá del “dataísmo” y la influencia de las plataformas GAFA. También ha implicado brindar garantías de eco-sustentabilidad (reducir impacto del modelo de negocio en el ambiente), así como buscar un equilibrio entre su tradición asociada a la emoción que despierta el libro, y la innovación dentro de las funciones que lo cualifican como ecosistema, incluso en aquellas asociadas a las maneras de relatar su evolución.

 

Esa nueva narrativa ha nutrido estas líneas reflexivas que dejamos abiertas, para ser reforzadas, contrariadas o reformuladas por los lectores / investigadores que bien se animen a ello. Una arista que asomamos para su posterior desarrollo es lo acontecido con el mercado ecuatoriano del libro digital en español, sobre el cual destacamos también un récord en distribución y ventas para 2020. Se sugiere realizar una exploración profunda del fenómeno, accediendo a la data de estas plataformas de nube como Bookwire o Libranda, validando las mismas con organizaciones como la Cámara Ecuatoriana del Libro y con apoyo de centros de investigación académicos. Ello permitiría ofrecer una radiografía local de cómo se viene comportando el lector ecuatoriano ante los formatos digitales que predominan en la economía de la atención. Y más aún, precisar si los actores independientes del ecosistema del libro son capaces de lidiar y apropiarse de un entorno que privilegia lo intangible por lo palpable, el dato por la palabra, la continua vigilancia por la interacción y desconexión. En otras palabras, apropiarse de “la lógica de Amazon” como afirma el escritor, periodista, bibliófilo e influenciador de redes Jorge Carrión [37].Y ello pasa por convencer a los lectores de la necesidad de contar con un tiempo dilatado y una relativa proximidad que tan solo pueden brindar esos espacios de encuentro e intercambio con este y otros mundos, reales e imaginarios, llamados librerías y bibliotecas.

 

 

Bibliografía

    

 

Bookwire.es y DosDoce.com. Evolución del mercado digital en España y América Latina. Madrid: Bookwire, 2021.

Buitrago, Felipe e Iván Duque, La economía naranja. Una oportunidad infinita. Washington: BID, 2013.

Carrión, Jorge. Contra Amazon. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2019.

Chartier, Roger, y Carlos A. Scolari. Cultura escrita y textos en red. Barcelona: Gedisa, 2019

Delgado Flores, Carlos. «Cambio de época: el surgimiento de la sociedad del conocimiento». El Ucabista, 29 de Marzo 2021 https://elucabista.com/eventos/cambio-de-epoca-la-sociedad-del-conocimiento (Visitado el 07 de Mayo de 2022).

Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro en la era exponencial. Madrid: RENODO, 2019.

García Canclini, Néstor. Ciudadanos reemplazados por algoritmos. México DF: Centro Maria Sibylla Merian - CALA, 2019.

García Canclini, Néstor, Gerber Bicecci, Verónica, López Ojeda, Andrés, Nivón Bolán, Eduardo, Pérez Camacho, Carmen, Pinochet Cobos, Carla, Winocur Iparraguirre, Rosalía. Hacia una antropología de los lectores. Madrid: Telefónica, 2015.

Harari, Yuval Noah. Homo Deus. Breve historia del mañanaBarcelona: Penguin Random House, 2016.

La Hora Ec. «Las ventas de libros digitales aumentaron 135% en Ecuador.» La Hora Ec, 27 de Agosto de 2021. https://www.lahora.com.ec/pais/ventas-libros-digitales-crecen/#:~:text=Durante%20el%20%C3%BAltimo%20a%C3%B1o%2C%20el,o%20libros%20digitales%20en%20Ecuador. (Visitado el 12 de Mayo de 2022)

León, Mariela. «Michael Goldhaber, el profeta de Internet: Ahora se lucha por la atención, el nuevo poder» Cambio16, 14 Febrero 2021. https://www.cambio16.com/michael-goldhaber-la-economia-de-la-atencion-y-los-entretejidos-de-internet/ (Visitado el 12 de Mayo de 2022)

Rifkin, Jeremy. La sociedad de coste marginal cero. Barcelona: Paidós, 2014.

Schwab, Klaus. La Cuarta Revolución Industrial. Barcelona: Planeta, 2016.

Warzel, Charlie. «I Talked to the Cassandra of the Internet Age» The New York Time, 04 de Abril de 2021. https://www.nytimes.com/2021/02/04/opinion/michael-goldhaber-internet.html (Visitado el 11 de Mayo de 2022)


Cuadro de texto:  



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NOTAS:

* Claudia Furiati Páez, Guayaquil, Ecuador. Es periodista, consultora en comunicaciones y gestora cultural con más de 30 años de experiencia. Egresada de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la Universidad Central de Venezuela, donde desarrolla línea de investigación sobre innovación abierta y mediación lectora en bibliotecas.  Es miembro del Observatorio Venezolano de Políticas Culturales (OVEPC) y colaboradora del Observatorio de Políticas y Economía de la Cultura de UArtes - Ecuador.

[1] Se describe como “era exponencial” ese entorno de cambios progresivos que ha provocado una  transformación de los comportamientos culturales de las personas y que ha sido catapultado “por la difusión de la conectividad y la generación de información a escala global” como perciben profesionales del sector reunidos en estudio de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

[2] Klaus Schwab. La Cuarta Revolución Industrial. (Barcelona: Planeta, 2016): 13

[3] Carlos Delgado Flores, «Cambio de época: el surgimiento de la sociedad del conocimiento.» El Ucabista. 29 de Marzo de 2021, https://elucabista.com/eventos/cambio-de-epoca-la-sociedad-del-conocimiento (Visitado el 07 de Mayo de 2022)

[4] Felipe Buitrago e Iván Duque. La economía naranja. Una oportunidad infinita, (Washington : BID, 2013): 15

[5] Bookwire.es y DosDoce.com. 2021. «Evolución del mercado digital en España y América Latina» (Madrid: Bookwire, 2021):23-24.

[6] La Hora Ec. «Las ventas de libros digitales aumentaron 135% en Ecuador.» La Hora Ec, 27 de Agosto de 2021. https://www.lahora.com.ec/pais/ventas-libros-digitales-crecen/#:~:text=Durante%20el%20%C3%BAltimo%20a%C3%B1o%2C%20el,o%20libros%20digitales%20en%20Ecuador. (Visitado el 12 de Mayo de 2022)

[7] Néstor García Canclini. Ciudadanos reemplazados por algoritmos. (México DF: Centro Maria Sibylla Merian - CALA, 2019):88.

[8] Prosumidor. Término acuñado por el futurólogo Alvin Toffler avizorando la fusión de los roles de los productores y los consumidores (La tercera ola, 1980).

[9] Dataísta. Apelación dada por el historiador Yuval Noah Harari al practicante del dogma de los datos o “dataismo”, cuyo valor supremo es el flujo de información (Homo Deus, 2016).

[10] Yuval Noah Harari. Homo DeusBreve historia del mañana. (Barcelona: Penguin Random House, 2016):401.

[11] Roger Chartier y Carlos A. Scolari. Cultura escrita y textos en red. (Barcelona: Gedisa, 2019):28

[12] Ibid.,35

[13] Ibid.,32

[14] Ibid.,37

[15] Néstor García Canclini et al., Hacia una antropología de los lectores. (Madrid: Telefónica, 2015):8.

[16] Bookwire.es y DosDoce.com. «Evolución del mercado digital …, 5 y 6

[17] Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro en la era exponencial. (Madrid: RENODO, 2019):8.

[18] Ibid., 78

[19] Ibid., 11

[20] Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro…,74

[21] “Silos” fuertes: tendencia a trabajar de forma aisladas los distintos sectores culturales y creativos, así como separados de otras industrias. Un desempeño que es reforzado desde las estructuras políticas (ministerios especializados, etc.) al demostrar una carencia de pensamiento integral. Esto dificulta la unidad en las acciones de los diferentes actores y sectores.

[22] Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro…,76

[23] Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro…,88 y 89

[24] Ibid., 90

[25] Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Visiones del sector libro…,94

[26] Jeremy Rifkin. La sociedad de coste marginal cero. (Barcelona: Paidós, 2014), 11

[27] Charlie Warzel, «I Talked to the Cassandra of the Internet Age». The New York Time, 04 de Abril de 2021, https://www.nytimes.com/2021/02/04/opinion/michael-goldhaber-internet.html (Visitado el 11 de Mayo de 2022)

[28] Charlie Warzel, «I Talked to the Cassandra…

[29] Mariela León. «Michael Goldhaber, el profeta de Internet: Ahora se lucha por la atención, el nuevo poder». Cambio16, 14 Febrero de 2021. https://www.cambio16.com/michael-goldhaber-la-economia-de-la-atencion-y-los-entretejidos-de-internet/ (Visitado el 12 de Mayo de 2022)

[30] Bookwire.es y DosDoce.com. «Evolución del mercado digital …, 70

[31] Ibid., 4

[32] La Hora Ec. «Las ventas de libros digitales aumentaron 135% en Ecuador.» La Hora Ec, 27 de Agosto de 2021. https://www.lahora.com.ec/pais/ventas-libros-digitales- crecen/#:~:text=Durante%20el%20%C3%BAltimo%20a%C3%B1o%2C%20el,o%20libros%20digitales%20en%20Ecuador. (Visitado el 12 de Mayo de 2022)

 

[33] Bookwire.es y DosDoce.com. «Evolución del mercado digital …, 51

[34] Ibid., 56

[35] Ibid., 58

[36] Es un modelo de triangulación de envíos entre el minorista librero que no guarda los bienes en su inventario, y el mayorista al que pasa el pedido y detalles de envío de las mercancías a despachar de forma directa al cliente final.

[37] Jorge CarriónContra Amazon. (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2019): 19

 


               Río Ron, selva y causes

o cómo sobrevivir a lo imprevisto

Eloy De los Reyes Cortés

 

 


 

Relato de la travesía en la finca Francisco/Zobeida en el Macho, Mérida (Venezuela)


Viernes 17 de febrero 2023


El día anterior en la finca, ya de noche Francisco se percata de que no estaba entrando agua por la cometida principal, salimos a revisar y si efectivamente estaba en lo cierto, nada de agua y fuimos a cambiar unas conexiones para tener agua de un poso dentro de la finca, llamada La Mina, poca afluencia, pero hay agua.


Conversamos de la posibilidad de ir a tener que subir río arriba para arreglar el tema del agua, solo que la idea era efímera porque llovía en ese momento y gran parte de la madrugada llovía suave sin parar.


El viernes ya no estaba lloviendo, pero si nublado, al final decidimos subir, ya eran las 10:30 de la mañana, algo tarde para la travesía, por cualquier eventualidad.


Empezamos la travesía, pasando por el potrero ya que por ahí viene la cometida, explico que: la ruta es guiada por el tubo de 9 pulgadas, color negro, instalaciones de hace 45 años, aproximadamente… Se pasa la cerca del potrero y se empieza en la selva tupida, todo muy húmedo, mojado, resbaladizo por las lluvias del día anterior. En la cual, el trayecto se tenía mucho tiempo sin transitar y uno se separa del tubo por tramos. La primera fase de la selva es como tres kilómetros hasta que llegas a una quebrada y se debe de descender y ascender un voladero, la tubería pasa por encima agarrada de una guaya, hasta ese punto es el tramo sencillo.


Ya subido el voladero se empieza por el segundo tramo de unos 500 / 600 metros de caminar por una fila siguiendo la tubería la cual es bastante técnica ya que hay voladeros de 50 metros de altura, la cual hay que estar muy pendiente al pisar, agarrarse de ramas, arboles, etc., hay que tener entrenamiento y un poco de técnica.
Ya terminado ese tramo, llegamos al río, decidimos quitarnos parte de la ropa y guardarla en el bolso que traía. "Bolso en donde siempre llevo mi cuchillo de supervivencia, linterna, algo de comer para recargar fuerzas, unas vendas, guantes, entre otras cosas... se empieza a subir bordeando el río y cruzando de un extremo a otro, pasando por tramos pequeños de trochas. Subiendo el río uno se moja hasta la cintura en ciertos tramos, si no, un poco más abajo que la rodilla, saltando una que otra roca... que con las botas de plástico grande es perfecto.
Luego de subir cuesta arriba unos 2 kilómetros de trayecto, paisajes hermosísimos... Llegamos donde se encuentra la punta de la tubería, no donde debería comenzar, ya que por las crecidas del río se había llevado unos 8 ó 10 metros de tubería, conexiones, la base donde estaba empotrada con unas mayas para que no entraran piedras palos hoyas por la tubería de agua, eso dejo de existir.

 A partir de aquí empieza otro tipo de aventura...
Decidimos que debíamos de arreglar la cometida y poner a que funcionara, algo complejo.
El arreglar la toma fue estar metido en el río un tiempo aproximado de unos 45min hasta el cuello, cual el agua viene del páramo, si, agua muy fría, hacia respiraciones profundas para calmar el cuerpo...  entre tener que mover troncos y ramas para conseguir desatar el tubo, cebar y fijarla. Cuando estamos en ese proceso empieza a lloviznar donde estábamos, y me fijo que empieza a subir el nivel del agua, muy rápidamente, le digo a Francisco - Nos tenemos que ir rápido que nos va agarrar la crecida, pero nos enfocamos en lo que hacíamos, terminamos y sin pensarlo mucho arrancamos río abajo.
Pues sí, nos agarró la crecida ya bajando, a unos 400 metros del recorrido. Todo paso del río que era a nivel de las canillas paso hacer a nivel de la cintura o pecho... Francisco, de 69 años recién cumplidos el miércoles 15, que mejor regalo para vivir, súper deportista, vale acotar y mi persona. Por haber estado reparando la tubería metidos en el agua, más la lluvia y las bajas temperaturas, en el trayecto de bajada empezamos a tener comienzo de hipotermia, por momentos no teníamos control del cuerpo, mucha tembladera, el cansancio físico empezó a hacer estragos.

En uno de tantos tramos de cruzar el río de un lado a otro y nadar para poder descender, me caigo de una piedra el río me arrastra unos 5-8 metros, eso creo porque seguía viendo a Francisco con cara de susto... Así como pude agarrado de unas piedras logro salir... En ese momento se me sacudió el espíritu, adrenalina a millón, el cerebro en silencio total, modo supervivencia.
Un tramo se volvió  una laguna y se tornó difícil fue porque la distancia era aproximado unos 150/200 metros que debimos nadar arduamente, pared de piedra por ambos lados. Exhaustos, en mi caso el bolso ya había pasado de ser un bolso a tener un saco de agua en la espalda, más las botas de plásticos que se vuelven dos yunques por él agua que se queda adentro, fue un tramo muy duro para nadar en esas condiciones, atrás de mi venía Francisco, llego a una parte de arena, parecía una mini playa, me quito el bolso, las botas y ya me había preparado para tener que sacar a Francisco, que ya él no podía con su cuerpo, si acaso lograba sacar la nariz del agua, me metí al agua hasta el cuello y él llegando lo terminé de jalar, a esa mini arena, descansamos unos 10min. máximo, ya que si parábamos, nos enfriamos y todo se tornaría a peor, comimos unas galletas proteicas que había hecho, eso  nos dio energía para seguir, Francisco agradecido de la galleta.
Bajando en dos tramos me tuve que anclar bien, aguantando la corriente del río en el cuerpo, para que Francisco pasara sujetándose de mí...
Seguimos el descenso y esta vez fue Francisco el que se resbala, yo voy adelante de él, siempre pendiente, se cae... estiro el brazo el también, nos agarramos, yo sujetándome de una piedra y él como bandera ondeando sobre río... Palabras textuales de Francisco. Otra pálida más... Al salir Francisco me dice, continúa tu... Mi pensamiento era, hay que llegar a casa los dos... esa era la única opción, lo ayudo a levantarse sin decirle nada y seguimos, 100 metros más adelante se terminó el trayecto del río, nos salvamos los dos entre asustados, full adrenalina y felices, nos toca el tramo pegado a la montaña con voladeros, súper resbaladizo por la lluvia, veía a Francisco con la mirada ida, entonces le avisaba de ciertas partes, aunque ya no sabía si me escuchaba o no, en un punto le pregunto… En qué piensas, solo me mira, le pregunto otra vez… y me dice: en qué coño voy a estar pensando, en nada… me río y sigo, era el asegurarme que estuviera activo, llegamos al tramo de la quebrada bajar y subir el voladero. Algo sencillo para todo lo transcurrido.


Ya pasado el voladero, esta una explanada, ahí nos sentamos saque todo del bolso, exprimimos todo y a ponernos la ropa a pesar de lo mojada ya que nos adentrábamos al bosque, mucho arbusto, helechos, ramas, etc etc... Comimos lo último que quedaba de reserva, estábamos ya con full raspones, cortaditas, ampollas, golpes; descansamos unos 5 min. Ahí regocijábamos de felicidad, alegría lo peor ya había pasado dijimos. Me percato que son las 6pm, en una hora llegamos a casa comentamos, le doy el brazo a Francisco se levanta... Empezamos la caminata todo excelente, siguiendo la tubería, cerramos una llave de desahogo que habíamos dejado abierta a propósito para que fluyera el agua. Continuamos hasta que llegamos a un tramo que es donde estaban los desvíos, porque la tubería estaba totalmente tapada por la maleza, etc. 7pm poca luz. Empezamos este tramo donde dejamos de seguir la tubería, consideramos que estábamos a 400metros de la finca  "empiezo a tararear para distraer la mente y seguir la caminata" y Francisco dice: creo que estamos perdidos, -le digo: estás seguro. Me comenta: estamos yendo vía al oeste porque es donde se ven los últimos rayitos del sol y deberías de estar caminando al este. Ya nuestros cuerpos agotadísimos, frío, mojados, decidimos regresar de donde vimos la última vez la tubería era volver a bajar por una quebradita y buscar el tubo que pasaba por ahí... Ya en ese momento saque la linterna, funcionaba luego de todo lo sucedido, genial... Francisco por un momento ya no sabía si subir o bajar ya agotado... Y le dije, "debemos tomar una decisión"... Seguimos bajando y si nos encontramos la tubería era lo ideal sino seguíamos por la quebradita, que nos llevaba al río y por ahí se llega a la casa. Buena noticia... Conseguimos el tubo por intuición de que sabíamos que la tubería cuando la dejamos de ver estaba a nuestra izquierda. 40 minutos en la búsqueda de la tubería... La conseguimos, entre todo lo que vivíamos, nos alegramos... Pues la tubería 2metros mas adelante tupida de todo tipo de vegetación, en ese punto fue que nos habíamos desviado, saco el cuchillo y empiezo hacer camino, guiándonos por el tubo, y eso fue como 200 metros de trayecto cortando ramas, maleza, etc.... perdíamos la guía del tubo, y a retroceder un poco para ver la trayectoria, usar el cuchillo clavándolo en la tierra para conseguir el tubo, ya todo oscuro, todo una osadía esos metros... Ya el cuerpo no daba más, Francisco me veía, lo veía y la mirada de cansancio era infernal, se despejo, el trayecto se vuelve suave... Ya en ese tramo, yo hacía cuatro pasos, le alumbraba el trayecto y le contaba los pasos 1-2-3-4 para que los hiciera... en un punto un árbol caído, hago mis paso, cruzo el troco, arrastrándome sobre él, ahora le toca a Francisco, hace sus cuatro pasos y le digo "Salta" me mira, como "tú eres guevón o te la das" y nos reímos mucho, seguimos caminando fijándonos del tubo yo le pegaba con el cuchillo para que sonara por si acaso podía seguir un tronco caído, uno nunca sabe... De repente me choco con la cerca del potrero... me volteo le digo a Francisco, “llegamos a la cerca”  fue el Gran momento esperado... Llegamos, gritamos de alegría, fue un éxtasis, saber que lo habíamos logrado, fue todo un renacer. Ya el tramo hasta la casa fue diversión, se veía la casa iluminada Francisco y yo conversando de que si estarían o no preocupados entre risas sarcásticas, llegamos... Hasta el frío desapareció, los dolores, el cansancio, llegamos a la casa y la puerta cerrada, era el colmo, tocamos la puerta,  nos abre Aurora… mi padre sale del cuarto y antes de hacer cualquier cosa nos toma una foto, se debía registrar el momento del arribo, la Catira nos sirve un trago de Ron para cada uno, Ely estaba nerviosa y todos alegres de vernos…

Lo que era una aventura por el río Ron se volvió la aventura de supervivencia, el poner en práctica todo lo aprendido en montaña, fue un reaprender, el hacer consciencia de lo vivido y agradecido de poder contarlo. 

 

Gracias.

 

  

EL EQUIVALENTE MORAL DE LA GUERRA

William James (1910)

Traducción castellana de Mónica Aguerri (2004)





William James - Intervención DDLR/2023




INTRODUCCIÓN

La conferencia "The Moral Equivalent of War" ("El equivalente moral de la guerra") fue pronunciada por William James en la Universidad de Stanford en 1906 y publicada por primera vez en 1910 por la Asociación para la Conciliación Internacional (The Association for International Conciliation) en International Conciliations (n° 27, 1910). Según cuenta el biógrafo de James, R.B. Perry, cuando esta conferencia fue publicada por la Asociación tuvo un gran éxito de propaganda y se tuvieron que imprimir y distribuir más de 30.000 ejemplares, además de ser publicada posteriormente en dos revistas populares. James recibió la aprobación de los dos sectores a los que pretendía conciliar con este ensayo: los pacifistas -grupo al que pertenecía el propio James-, y a los militaristas. Aquéllos quedaron conformes porque James hacía un sincero alegato en favor de la paz, y a su vez, y esto fue lo que le reconocieron los militaristas, reconocía la excelencia y la moralidad de algunas de las virtudes marciales que James resaltaba como valiosas para la vida ordinaria de los hombres. James creía que virtudes tales como la valentía y la disciplina propias del ejército pueden ser valiosas para poder soportar dignamente los sufrimientos que la vida nos depara. En todo caso, "El equivalente moral de la guerra" no deja de ser un alegato en favor de la paz, recomendando en todo momento, la sublimación del espíritu marcial "Hemos de hacer que nuevas energías y audacias continúen la masculinidad a la que la mente militar tanto se aferra. Las virtudes marciales han de ser el cemento endurecedor; la valentía, el desdén por lo débil, la cesión del interés privado, la obediencia a las órdenes, deben seguir siendo la roca sobre la que se construyan tales estados", pero siempre sin la crueldad y la degradación que produce la guerra.

Esta conferencia está recogida en sus obras completas: William James, "The Moral Equivalent of War" (1906) en Burkhardt F., Bowers F. y Skrupskelis I. (eds.), The Works of William James, Cambridge, MA, Harvard University Press, 1982, IX, pp. 162-173. Puede encontrarse también on line en la siguiente dirección:

https://en.wikisource.org/wiki/Popular_Science_Monthly/Volume_77/October_1910/The_Moral_Equivalent_of_War

https://www.uky.edu/~eushe2/Pajares/moral.html

Izaskun Martínez





La guerra contra la guerra no va ser una excursión ni una fiesta de acampada. Los sentimientos militares están demasiado arraigados como para abandonar su lugar entre nuestros ideales, hasta que no se ofrezcan nuevos mejores sustitutos que la gloria y la vergüenza que les advienen tanto a las naciones como a los individuos de las altas y bajas esferas de la política así como de las vicisitudes del comercio. Pregúntenles a todos los millones de personas, de norte a sur, si votarían ahora (si esto fuera posible), si borrarían de la historia nuestra guerra por la Unión, y el logro de una transición pacífica hasta el presente por la de sus marchas y batallas, y probablemente sólo un puñado de excéntricos diría que sí. Aquellos antepasados, aquellos esfuerzos, aquellas memorias y leyendas, son la parte más ideal de lo que ahora poseemos, una posesión espiritual sagrada que vale más que toda la sangre derramada. Pero pregúntenle a esa misma gente si desearía a sangre fría comenzar ahora otra guerra civil para ganar otra posesión similar, y ni un solo hombre o mujer votaría a favor de la propuesta. A los ojos modernos, por inapreciables que puedan ser las guerras, no deben librarse solamente por una cosecha ideal. Sólo cuando uno está forzado a ello, cuando la injusticia del enemigo no nos deja otra alternativa, se piensa hoy que una guerra es permisible.

No era así en la antigüedad. Los primeros hombres eran cazadores; y perseguir a una tribu vecina, matar a los hombres, saquear la aldea y poseer a las mujeres era el modo de vida más provechoso y emocionante. Por tanto, si seleccionáramos las tribus más marciales, la belicosidad pura y el amor a la gloria venían a mezclarse en las gentes con el más básico apetito por el saqueo.

La guerra moderna es tan costosa que sentimos que el comercio es un camino mejor para el saqueo; pero el hombre moderno hereda toda la belicosidad innata y todo el amor a la gloria de sus antepasados. Mostrar la irracionalidad y el horror de la guerra no tiene efecto en él. Los horrores producen fascinación. La guerra es la vida fuerte; es la vida in extremis. Los impuestos de la guerra son los únicos que los hombres nunca dudan en pagar, como muestran los presupuestos de todas las naciones.

La historia es un baño de sangre. La Ilíada es un recital de cómo Diómedes y Ajax, Sarpedón y Héctor mataban. No nos libramos de un solo detalle de las heridas que hicieron, y la mente griega alimentó la historia. La historia griega es un panorama de patriotismo e imperialismo: la guerra por la guerra, siendo todos los ciudadanos guerreros. Es una lectura horrible -salvo por el propósito de hacer "Historia"-, y la historia es la de la última ruina de una civilización que intelectualmente fue quizá la más elevada que la tierra haya visto jamás.

Aquellas guerras eran puramente de piratas. El orgullo, el oro, las mujeres, los esclavos, la emoción, eran sus únicos motivos. En la guerra del Peloponeso, por ejemplo, los atenienses piden a los habitantes de Milo (la isla donde se encontró la "Venus de Milo"), hasta ese momento neutral, que reconocieran su señorío. Los enviados se encuentran, y se mantiene un debate que Tucídides da por terminado, y que, por una dulce razonabilidad de la forma, hubiera satisfecho a un Mathew Arnold. "La gran exigencia que pueden", dicen los atenienses, "y la poca concesión que deben". Cuando los de Milo dicen que antes de ser esclavos, apelarán a los dioses, los atenienses replican: "De los dioses en los que creemos, y de los hombres que conocemos, por una ley de su naturaleza, dondequiera que puedan gobernar, lo harán. Esta ley no la hicimos nosotros, y no somos los primeros que actúan conforme a ella; no hicimos sino heredarla,...y sabemos que vosotros y todos los hombres, si fuerais tan fuertes como nosotros, haríais lo mismo que nosotros. Tanto es por los dioses; os hemos dicho porqué esperamos tener tan alta consideración en su opinión como vosotros." Bien, los de Milo seguían negándose y su pueblo fue tomado. "Los atenienses", relata Tucídides, "mataron a todos los hombres con edad militar, e hicieron esclavos a mujeres y niños. Entonces colonizaron la isla enviando allá a quinientos colonizadores de los suyos."

La trayectoria de Alejandro fue piratería pura y simple, una orgía de poder y saqueo, convertida en romántica por el personaje del héroe. No había un principio racional en ella, y en el momento en que murió, sus generales y gobernadores se atacaron unos a otros. La crueldad de aquellos tiempos es increíble. Cuando Roma por fin conquistó Grecia, el Senado romano le dijo a Paulo Emilio que recompensara a sus soldados dándoles el antiguo reino de Epiro. Saquearon setenta ciudades y se llevaron a ciento cincuenta mil habitantes como esclavos. Ignoro a cuántos aniquilaron; pero en Etolia mataron a todos los senadores, unos quinientos cincuenta. Bruto era el "romano más noble de todos ellos", pero para reanimar a sus soldados en vísperas de Filipo, promete darles las ciudades de Esparta y Tesalónica para que las destrozaran si ganaban la lucha.

Tal era el sangriento cuidado que llevaba a las sociedades a la cohesión. Nosotros heredamos el tipo belicoso; y por gran parte del heroísmo del que la raza humana está llena, tenemos que agradecer a esta cruel historia. Los hombres muertos no cuentan cuentos, y si hubiera tribus de otro tipo distinto a éste, no quedarían supervivientes. Nuestros antepasados han calado la belicosidad en nuestros huesos y en nuestra médula, y miles de años de paz no harán que nos libremos de ella. La imaginación popular se alimenta bastante del pensamiento de las guerras. Permítasele a la opinión pública alcanzar cierto terreno de lucha, y no habrá gobernante que lo resista. En la guerra de los Boers, ambos gobernantes comenzaron con fanfarronadas; pero no pudieron mantenerse ahí: la tensión militar fue demasiado para ellos. En 1898 nuestra gente había leído la palabra GUERRA con letras enormes en todos los periódicos durante tres meses. El flexible político McKinley fue destituido por su impaciencia y nuestra escuálida guerra con España se convirtió en una necesidad.

Hoy en día, la opinión civilizada es una curiosa mezcla mental. Los instintos e ideales militares son tan fuertes como siempre, pero están confrontados por una autocrítica que contiene profundamente su antigua libertad. Innumerables escritores están mostrando el lado animal del servicio militar. El beneficio y el dominio puros parecen no ser ya motivos admisibles moralmente, y han de encontrarse pretextos atribuyéndoselos solamente al enemigo. Inglaterra y nosotros, las autoridades de nuestro ejército y nuestra marina repiten sin cesar, armas sólo por la "paz"; Alemania y Japón se inclinan ante el beneficio y la gloria. La "paz" en boca de los militares es actualmente un sinónimo de "guerra esperada". La palabra se ha convertido en pura provocación, y jamás un gobierno que desee sinceramente la paz debería permitir que se imprimiera en un periódico. Todo diccionario actualizado debería decir que "paz" y "guerra" significan la misma cosa, bien in posse, bien in actu. Puede incluso decirse de un modo bastante razonable, que la preparación intensamente competitiva de las naciones para la guerra es la guerra real, permanente, incesante; y que las batallas son sólo una manera de verificar públicamente el dominio militar ganado en un intervalo de "paz".

Está claro que sobre este asunto, el hombre civilizado ha desarrollado una especie de doble personalidad. Si tomamos las naciones europeas, ningún interés legítimo de ninguna de ellas parecería justificar las tremendas destrucciones que una guerra (para tramarla) implicaría necesariamente. Parece que el sentido común y la razón deberían encontrar un modo para alcanzar un acuerdo en todo conflicto de intereses honestos. Creo que nuestro deber es creer en la racionalidad internacional en la medida en que sea posible. Pero, tal y como están las cosas, veo lo desesperadamente difícil que es acercar a los partidarios de la paz y a los partidarios de la guerra. Pienso que la dificultad se debe a ciertas deficiencias en el programa de pacifismo asentado con fuerza en la imaginación militarista, y de forma justificable hasta cierto punto, va contra él. En toda la discusión, ambas posturas se encuentran en el terreno imaginativo y sentimental. No es sino una utopía contra otra, y todo lo que uno dice ha de ser abstracto e hipotético. Sujeto a esta crítica y a la cautela, he de intentar caracterizar en trazos abstractos las fuerzas imaginativas opuestas, y señalar cuáles son para mi mente falible las mejores hipótesis utópicas, la línea de conciliación más prometedora.

En mis observaciones, aunque sea pacifista, debo rechazar el hablar del lado animal del régimen de la guerra (al que tantos escritores han hecho justicia ya), y considerar sólo los aspectos más elevados del sentimiento militarista. Nadie piensa que el patriotismo sea indigno; ni nadie niega que la guerra es el romance de la historia. Pero las ambiciones desmesuradas son el alma de todo patriotismo, y la posibilidad de la muerte violenta, el alma de todo romance. Los que tienen una mente militarmente patriótica y romántica, y en especial la clase militar profesional, no admiten ni por un momento que la guerra sea un fenómeno transitorio en la evolución social. La noción de un paraíso de ovejas, afirman, repugna a nuestra imaginación más elevada. ¿Entonces, dónde estarían las pendientes de la vida? Si la guerra se hubiera detenido alguna vez, tendríamos que haberla reinventado, para redimir a la vida de una degeneración uniforme.

Hoy, todos los pensadores apologistas de la guerra lo toman como algo religioso. Es para ellos una especie de sacramento; sus beneficios son tanto los vencidos como los vencedores; y aparte de cualquier cuestión de beneficio, es un bien absoluto, se nos dice, pues es la naturaleza humana en su dinámica más elevada. Sus "horrores" son un precio barato que hay que pagar por el rescate de la única alternativa supuesta, de un mundo de oficinistas y profesores, de co-educación y cuidado de los animales, de "ligas de consumidores" y "caridades asociadas", de industrialismo ilimitado, y feminismo descarado. ¡No hay ya desdén, ni dureza, ni valor! ¡Vaya pocilga de planeta!1

Tal y como va hasta ahora la esencia central de este sentimiento, ninguna persona de mente sana, me parece, puede evitar tomar parte en él en alguna medida. El militarismo es el gran guardián de nuestros ideales de dureza, y la vida humana sin dureza sería despreciable. Sin riesgos o premios para el valiente, la historia sería insípida, en efecto; y hay un tipo de carácter militar que todo el mundo siente que no debería nunca dejar de producirse, pues todo el mundo es sensible a su superioridad. El deber le incumbe al género humano, el de mantener los caracteres militares en la reserva, -de mantenerlos, si no para utilizarlos, como fines en sí mismos y como piezas puras de perfección- de modo que los niños mimados y débiles de Roosevelt no terminasen haciendo desaparecer todo lo demás de la faz de la Tierra!

Pienso que este sentimiento natural forma el alma más íntima de los escritos militares. Sin ninguna excepción que yo conozca, los autores militaristas adoptan una postura altamente mística del asunto, y consideran la guerra como una necesidad biológica o sociológica, que no está controlada por comprobaciones y motivos de la psicología ordinaria. Cuando el tiempo del desarrollo sea oportuno, la guerra ha de venir, haya o no razón, pues las justificaciones alegadas son invariablemente ficticias. La guerra, en resumen, es una obligación humana permanente. El general Homer Lea, en su reciente libro El valor de la ignorancia, se sitúa sobre esta base. La buena disposición para la guerra es para él la esencia de la nacionalidad, y la habilidad en ella, la medida suprema de la salud de las naciones.

Las naciones, dice el general Lea, jamás son estacionarias: deben expandirse necesariamente desde su encogimiento, en función de su vitalidad o decrepitud. Japón está culminando; y por la fatal ley en cuestión, es imposible que sus hombres de estado no duren, puesto que han emprendido, con una previsión extraordinaria, una vasta política de conquista: el juego en el cual los primeros movimientos fueron sus guerras con China y Rusia y su acuerdo con Inglaterra, cuyo objetivo final es la captura de las Filipinas, las Islas Hawaianas, Alaska, y toda nuestra costa Oeste de los Pasos de la Sierra. Esto le dará a Japón lo que su ineludible vocación como estado le obliga a afirmar, la posesión del Océano Pacífico entero; y oponiéndose a estos proyectos, nosotros los americanos no tenemos, según nuestro autor, sino nuestra vanidad, nuestra ignorancia, nuestro comercialismo, nuestra corrupción, y nuestro feminismo. El general Lea hace una detallada comparación de la fuerza militar que tenemos actualmente opuesta a la fuerza de Japón, y concluye que las Islas, Alaska, Oregón y el sur de California caerían sin apenas resistencia, que San Francisco habría de rendirse en quince días ante un cerco japonés, y que en tres o cuatro meses la guerra terminaría, y nuestra República, incapaz de recuperar lo que con descuido no protegió, se "desintegraría" entonces, hasta que algún César se planteara volver a unirnos como nación.

¡Desalentador pronóstico, desde luego! Sin embargo no es del todo irrealizable, si la mentalidad de los hombres de estado japoneses fueran del tipo de César de los que tantos ejemplos muestra la historia, y del que el general Lea es capaz de imaginar. No hay razón para pensar, después de todo, que sus mujeres no puedan ser las madres de personajes como Napoleón o Alejandro; y si estos personajes aparecieran en Japón y encontraran su oportunidad, lo retratado en El valor de la ignorancia podría tendernos una emboscada. Ignorantes como somos aún de los recovecos más íntimos de la mentalidad japonesa, podríamos ser muy estúpidos al desconsiderar estas posibilidades.

Otros militaristas son más complejos y más morales en sus consideraciones. La Philosophie des Krieges de S. R. Steinmetz es un buen ejemplo. La guerra, según su autor, es una dura prueba establecida por Dios, que pesa a las naciones en su balanza. Es la forma esencial del Estado, y la única función en la que las gentes pueden emplear todas sus fuerzas a la vez y de modo convergente. No hay victoria posible que no sea el resultado de una totalidad de virtudes, ni fracaso alguno del cual no sea el vicio o la debilidad el responsable. La fidelidad, la cohesión, la tenacidad, el heroísmo, la consciencia, la educación, la invención, la economía, la riqueza, la salud física y el vigor: no hay un punto intelectual o moral que no diga cuando Dios toma sus decisiones y lanza a los pueblos contra otros. Die Weltgeschichte ist das Weltgericht; y el Dr. Steinmetz no cree que en la extensa carrera la oportunidad o la suerte tomen parte al asignar los asuntos.

Debe observarse que las virtudes que prevalecen son, de algún modo, virtudes superiores que cuentan tanto en la competición pacífica como en la militar; pero la tensión que hay sobre ellas, siendo infinitamente más intensa en el último caso, hace a la guerra infinitamente más minuciosa como prueba. Ninguna dura prueba, según este autor, puede compararse con sus cribas. Su terrible martillo es el soldador de los hombres en estados cohesivos, y en ningún sitio sino en esos estados puede la naturaleza humana desarrollar adecuadamente su capacidad. La única alternativa es la "degeneración".

El Dr. Steinmetz es un pensador concienzudo, y su libro, breve como es, da buena cuenta de ello. El resultado, me parece a mí, puede resumirse en la palabra de Simon Patten, que la humanidad fue criada en el dolor y el miedo, y que la transición a una "economía placentera" puede ser fatal para alguien que no esté preparado para defenderse contra sus influencias desintegradoras. Si hablamos del miedo de la emancipación desde el miedo del régimen, reducimos la actitud militarista en una simple frase: el miedo que nos concierne toma el lugar del antiguo miedo del enemigo.

Al darle vueltas al miedo en mi mente como hago, todo parece llevar de nuevo a dos faltas de voluntad de la imaginación, una estética y la otra moral: falta de voluntad, primero, para hacer frente a un futuro en el que la vida armada, con sus numerosos elementos de encanto, sea imposible por siempre, y en el que los destinos de las gentes nunca más se decidirán rápida, escalofriante y trágicamente por la fuerza, sino sólo insípidamente por medio de una "evolución"; y, en segundo lugar, falta de voluntad para ver el teatro supremo del vigor humano, y las espléndidas aptitudes militares de los hombres condenados a quedarse siempre en un estado de latencia y de no mostrarse jamás en acción. Estas insistentes faltas de voluntad, me parece, no han de ser menos escuchadas y respetadas que otras insistencias éticas y estéticas. Uno no puede encontrarlas efectivamente por mera contra-insistencia en la expansión de la guerra y el horror. El horror provoca escalofrío; y cuando es una cuestión de sacar lo más extremo y supremo de la naturaleza humana, hablar de gasto suena ignominioso. La debilidad de tanta crítica meramente negativa es evidente: el pacifismo no es una conversión a partir de lo promilitarista. Los partidarios de lo militar no niegan ni la bestialidad ni el horror ni el gasto; sólo dicen que estas cosas no cuentan sino la mitad de la historia. Sólo dicen que la guerra vale estas cosas; que, tomando al ser humano como un todo, las guerras son su mejor protección contra su ser más débil y cobarde, y que la humanidad no puede permitirse adoptar una economía de la paz.

Los pacifistas deberían profundizar más en el punto de vista estético y ético de sus oponentes. Haz esto primero en cualquier controversia, dice J. J. Chapman, mueve entonces el punto, y tu oponente seguirá. Mientras que los antimilitaristas no propongan sustitutos para la función disciplinaria de la guerra, algún equivalente moral de la guerra, análogo, podría decirse, al equivalente mecánico del calor, fracasarán en su comprensión de la esencia entera de la situación. Y en cuanto norma, sí fracasan. Las obligaciones, castigos y sanciones en las utopías que trazan, son todas demasiado débiles e insulsas como para afectar al militarista. El pacifismo de Tolstoi es la única excepción a esta regla, pues es profundamente pesimista en cuanto a los valores de este mundo y hace que el temor al Señor alimente el estímulo moral por el temor al enemigo. Pero todos nuestros abogados socialistas de la paz creen absolutamente en estos valores del mundo; y en vez del temor al Señor y del temor al enemigo, el único miedo al que se enfrentan es a la pobreza si uno es perezoso. Esta debilidad domina toda la literatura socialista con la que estoy familiarizado. Incluso en el exquisito diálogo de Lowes Dickinson2, los salarios altos y las escasas horas son las únicas fuerzas invocadas para sobrepasar el disgusto del hombre por los tipos repulsivos de trabajo. Mientras tanto, los hombres en gran tranquilidad viven como han vivido siempre, bajo una economía del dolor y del miedo. -Pues aquellos de nosotros que viven en una economía fácil no son sino una isla en el tormentoso océano- y toda la atmósfera de la literatura utópica presente tiene un gusto empalagoso e insulso para la gente que todavía mantiene el gusto por los sabores más amargos de la vida. Sugiere, en verdad, una omnipresente inferioridad.

La inferioridad está siempre con nosotros, y el despiadado desprecio de ella es la pieza clave del temperamento militar. "Galgos, ¿viviréis para siempre?"3 exclamó Federico "el Grande". "Sí", dicen nuestros utópicos, "permítenos vivir para siempre e incrementa nuestro nivel gradualmente". Lo mejor de nuestros "inferiores" es que son tan duros como clavos y casi tan insensibles física y moralmente casi. Los utópicos los considerarían débiles y remilgados, en tanto que los militaristas mantendrían su insensibilidad, pero la transfigurarían en una característica meritoria, requerida por "el servicio", y redimida por la sospecha de inferioridad. Todas las virtudes de un hombre adquieren dignidad cuando sabe que el servicio de la colectividad al que pertenece le necesita. Si está orgulloso de la colectividad, su propio orgullo crece proporcionalmente. Ninguna colectividad es un ejército para alimentar tal orgullo; pero ha de admitirse que el único sentimiento que la imagen del industrialismo cosmopolita es capaz de albergar en numerosos pechos es la vergüenza de formar parte de tal colectividad. Es obvio que los Estados Unidos de América tal y como existen hoy impresionan a una mente como la del general Lea. ¿Dónde están la agudeza y la precipitación, el desprecio por la vida, propia o ajena? ¿Dónde está el feroz "sí" o "no", el deber incondicional? ¿Dónde el servicio militar? ¿Dónde el impuesto de sangre? ¿Dónde está aquello que le hace a uno sentirse orgulloso cuando forma parte de él?

Habiendo dicho, pues, tanto, y conciliando el lado al que no pertenezco, confesaré ahora mi propia utopía. Creo devotamente en el reinado último de la paz y en el advenimiento gradual de algún tipo de equilibrio socialista. La visión fatalista de la función de la guerra me resulta absurda, pues sé que el hacer la guerra se debe a motivos definidos que están sujetos a comprobaciones prudenciales y a críticas razonables, como cualquier otra forma de empresa. Y cuando naciones enteras son ejércitos, y la ciencia de la destrucción rivaliza en refinamiento intelectual con las ciencias de la producción, veo que la guerra se vuelve absurda e imposible desde su propia monstruosidad. Las ambiciones extravagantes habrán de reemplazarse por afirmaciones razonables, y las naciones deben hacer causa común contra ellas. No veo razón por la que todo esto no debiera aplicarse a las naciones tanto amarillas como blancas, y desear un futuro en el cual los actos de la guerra fueran formalmente proscritos entre los gentes civilizadas.

Todas estas creencias mías me sitúan directamente en el partido antimilitarista. Pero no creo que debiera ser ni que sea permanente en este mundo, a no ser que los estados organizados pacíficamente preserven algunos de los elementos antiguos de la disciplina armada. Una economía de la paz que tuviera éxito permanentemente no puede ser una simple economía del placer. En el futuro más o menos socialista hacia el que la humanidad parece dirigirse, debemos someternos colectivamente a aquellas austeridades que responden a nuestra posición real en este mundo único parcialmente habitable. Hemos de hacer que nuevas energías y audacias continúen la masculinidad a la que la mente militar tanto se aferra. Las virtudes marciales han de ser el cemento endurecedor; la valentía, el desdén por lo débil, la cesión del interés privado, la obediencia a las órdenes, deben seguir siendo la roca sobre la que se construyan tales estados- a no ser, desde luego, que deseemos que las reacciones que hacen peligrar la riqueza común se den sólo por desprecio, y que sean engañosas al invitar al ataque cuando, para el militarista, se forme un centro de cristalización en alguna parte de su vecindario.

Los partidarios de la guerra seguramente tienen razón al afirmar y reafirmar que las virtudes marciales, a pesar de haberse conseguido por medio de la guerra, son bienes humanos absolutos y permanentes. El orgullo patriótico y la ambición en su forma militar son, después de todo, solamente especificaciones de una duradera pasión competitiva más universal. Son su primera forma, pero no hay razón para suponer que son su última forma. Los hombres están ahora orgullosos de pertenecer a una nación conquistadora, y sin nisiquiera un murmullo, dejan a un lado su gente y sus riquezas, si al hacer esto pueden eludir cualquier sometimiento. Pero ¿quién puede estar seguro de que otros aspectos del país de uno no pueden, con tiempo y educación y las indicaciones suficientes, llegar a ser considerado con sentimentos similarmente efectivos de orgullo y vergüenza? ¿Por qué los hombres no habrían de sentir que merece la pena un impuesto de sangre para pertenecer a una colectividad superior en cualquier aspecto ideal? ¿Por qué no habrían de enrojecer de indigna vergüenza si la comunidad de la que forman parte es vil en cualquier modo? Los individuos, cada vez más numerosos, sienten ahora esta pasión cívica. Es sólo cuestión de soplar en la chispa de toda la población para que se vuelva incandescente, y para que, sobre las ruinas de la vieja moral del honor militar, se construya a sí misma. La función de la guerra nos ha atrapado hasta el momento; pero los intereses constructivos pueden parecernos un día no menos imperativos, e imponerse sobre el individuo una carga apenas más ligera.

Permítaseme ilustrar esta idea de un modo más concreto. No hay nada que lo haga a uno indigno en el mero hecho de que la vida sea dura, de que los hombres deban esforzarse y padecer dolor. Las condiciones del mundo son de tal manera que podemos soportarlas. Pero que tantos hombres, por los meros accidentes del nacimiento y de la oportunidad, tengan una vida de nada más que trabajo duro, dolor, dureza y inferioridad impuestos sobre ellos, sin ninguna vacación, mientras que otros de nacimiento no prueban este tipo de vida en absoluto, esto es capaz de provocar la indignación en las mentes reflexivas. Puede terminar pareciéndonos vergonzoso a todos que algunos de nosotros no tenemos sino una vida de lucha, y otros no tienen sino desmasculinizadas facilidades. Si ahora -y ésta es mi idea- hubiera, en vez de un servicio militar, un servicio de toda la población joven para formar durante cierto número de años a una parte del ejército alistado contra la naturaleza, la injusticia tendería a nivelarse, y se seguirían otros muchos beneficios para la riqueza común. Los ideales militares de dureza y disciplina calarían en el carácter de la gente; nadie permanecería ciego, como ciegas son ahora las clases altas, a la relación real del hombre con el mundo en el que vive, y a las fundaciones duras y permanentemente sólidas de su vida más elevada. Al carbón y a las minas de hierro, a las flotas pesqueras en diciembre, al lavar los platos y las ropas y las ventanas, a la construcción de carreteras y de túneles, a las fundiciones y a los agujeros de carbón, y a los armazones de los rascacielos, que harían de nuestra dorada juventud un esbozo según su elección, para reclutar su puerilidad y para volver a la sociedad con compasiones más saludables y con ideas más sobrias. Habrían pagado el impuesto de la sangre, y hecho su propia parte en la guerra humana inmemorial en contra de la naturaleza, pisarían la tierra con más orgullo, las mujeres los valorarían más, serían mejores padres y maestros de la siguiente generación.

Tal servicio, con el estado de la opinión pública que habría de requerir, y los frutos morales que habría de sustentar, preservaría en medio de una civilización pacífica las virtudes masculinas que el partido militarista tanto teme ver desaparecer en la paz. Deberíamos conseguir la dureza sin insensibilidad, la autoridad con la menor crueldad criminal posible, y deberíamos llevar a cabo alegremente el trabajo doloroso, porque el deber es temporal y no amenaza, como lo hace ahora, el resto de la vida de uno. Hablaba del "equivalente moral" de la guerra. Hasta ahora, la guerra ha sido la única fuerza que puede disciplinar a una comunidad entera, y hasta que se organice una disciplina equivalente, creo que la guerra debe tener su camino. Sin embargo no me cabe duda de que los orgullos ordinarios y las vergüenzas del hombre social, una vez desarrollados en cierta intensidad, son capaces de organizar una moral equivalente tal y como la he esbozado, o alguna otra tan efectiva para preservar la masculinidad del tipo. Aunque es una utopía infinitamente remota ahora, al final no es sino una cuestión de tiempo, de hábil propagandismo, y de hombres que forman opiniones aprovechando las oportunidades históricas.

El tipo de carácter marcial puede producirse sin la guerra. El honor vigoroso y el desinterés abundan por todas partes. Los predicadores y los hombres de la medicina son educados en él, y todos nosotros deberíamos sentir cierto grado de él si fuéramos conscientes de nuestro trabajo como un servicio obligatorio al estado. Deberíamos ser pertenecidos, como lo son los soldados por el ejército, y nuestro orgullo debería crecer de acuerdo a esto. Podríamos ser pobres, pues, sin humillación, como lo son ahora los oficiales del ejército. Lo único que se necesita en adelante es encender el temperamento cívico como la historia pasada ha inflamado el temperamento militar.

"De muchas maneras" dice H. G. Wells, "la organización militar es la más pacífica de las actividades. Cuando el hombre contemporáneo proviene de la calle del clamoroso anuncio insincero, de la adulteración, del empleo malbaratado e intermitente, hacia el barracón, él camina hacia un plano social más elevado, hacia una atmósfera de servicio y de cooperación y de emulaciones infinitamente más honorables. Aquí al menos a los hombres no se les deja sin empleo porque no hay trabajo inmediato para que ellos hagan. Ellos son alimentados, instruidos y entrenados para servicios mejores. Aquí al menos se supone que el hombre gana promoción por medio del auto-olvido y no por medio de la auto-búsqueda"4. Mala como puede ser la vida en un barracón, es muy congruente con la naturaleza ancestral humana, y tiene los aspectos más elevados que Wells por lo tanto enfatiza. Wells añade5 que piensa que las concepciones del orden y de la disciplina, de la tradición del servicio y de la devoción, del buen estado físico, del duro esfuerzo, de la responsabilidad universal, que el deber militar universal está enseñando ahora a las naciones europeas, quedarán como una adquisición permanente, cuando se haya utilizado la última munición en los fuegos artificiales que celebren la paz final. Yo creo como él. Sería simplemente absurdo que la única fuerza capaz de producir ideales de honor y parámetros de eficiencia en las naturalezas inglesa o americana fuera el temor de ser aniquilado por los alemanes o los japoneses. Grande, desde luego, es el miedo; pero no es, como nuestros entusiastas militaristas creen e intentan hacernos creer, el único estímulo conocido para despertar los rangos más elevados de la energía espiritual de los hombres. La cantidad de alteración en la opinión pública que postula mi utopía es ampliamente menor que la diferencia entre la mentalidad de aquellos guerreros negros que persiguieron a los partidarios de Stanley en el Congo con su grito de guerra caníbal de ¡Carne! ¡carne! y la de los generales de cualquier nación civilizada. La Historia ha visto el último intervalo construido: el anterior puede construirse mucho más fácilmente.

Mónica Aguerri (2004)





Notas

1. "Fie upon such a cattleyard of a planet!". Fie upon, expresión arcaica caída en desuso, expresa disgusto, rechazo e incluso repulsión ante algo. [Nota del T.]

2. Justice and Liberty, N. Y., 1909.

3. "Hounds, would you live for ever?" Federico "el Grande" (1712-1766), emperador de Prusia, probablemente formuló esta pregunta a sus galgos, a quienes consideraba fidelísimos compañeros. Tanto es así que en su última voluntad pidió ser enterrado junto a sus restos, si bien su familia, llegado el momento, decidió no cumplirla por considerarla un extravagante capricho.

4. First and Last Things, 1908, p. 215.

5. Ibid., p. 226.