sábado, 14 de octubre de 2023

 



 Celebrando el Día Internacional de las Bibliotecas

Si quieres encontrar comunidad 


ve a la Biblioteca de las Artes


Claudia Furiati Páez

 

Si bien la fecha oficial es el 24 de octubre, todo el mes es propicio para cultivar el rito de la lectura, a solas o acompañado por muchos otros que comparten presencia y pertenencia en este centro cívico-cultural que hace vida en una icónica edificación guayaquileña



Un espacio de acogida, ese que habita entre la casa y el trabajo o la universidad, es lo que simboliza hoy a la Biblioteca de las Artes de Ecuador. Cercana a cumplir su primer lustro de actividades como centro dinamizador del saber, la cultura y la creatividad, esta institución adscrita a la Universidad de las Artes es sin duda una atípica biblioteca académica. Pero, por otro lado, muy conveniente para desde sus espacios conmemorar el Día Internacional de las Bibliotecas que tendrá lugar este 24 de octubre y que lleva por lema “Tejiendo comunidades”.

Como dejó ver en diálogo con @festilectura su actual directora, Soraya Campos, además de cumplir con su misión de prestar servicios bibliotecarios e informacionales a su comunidad de estudiantes, docentes y administrativos, la Biblioteca de las Artes dedica esfuerzos, recursos y programación para entretejer servicios en calidad de centro mediador de lectura y cultura ante otros usuarios. Una institución que se ha esmerado en brindar el libre acceso y la inclusión a visitantes de variopintas comunidades, desde alumnos de planteles educativos de Guayas, pequeñines curiosos por escuchar y actuar cuentos, hasta personas con condiciones especiales o de la tercera edad deseosas de aprender nuevas habilidades lecto-escritoras.




Hilando pertenencia

Y la bibliotecaria recurre a las cifras para respaldar este valor de espacio público y democrático de su institución, potenciado a partir de su acondicionamiento en el modernista edificio proyectado por el checo Karl Kohn, ubicado entre Pichincha y Aguirre (esquina céntrica de la urbe). Destaca que, desde la apertura de la sede actual en 2019, la Biblioteca de las Artes incrementó sus usuarios en miles (un ascenso que sólo se vio afectado en el período de la Pandemia del 2020). En el caso de la gestión 2022 (en la que ella ocupa la dirección) este número de usuarios superó los 50 mil entre miembros de la comunidad UArtes y público externo. También en ese año hubo hitos en gestión de préstamos: 5.051 en sala; 921 a domicilio; 1.624 en material didáctico y 2.506 en computadoras para estudios e investigación.

          Son indicadores que para Soraya Campos y su equipo de mediadores informacionales van más allá de los números, puesto que las cifras apuntalan un sentimiento: Orgullo. Ella ha sido testigo de ese proyecto en evolución y “pespunteado” hace nueve años, junto a las autoridades universitarias de entonces y la primera corte de alumnos de la Universidad de las Artes.  Un inicio en el que tuvieron que apañarse con sedes temporales y un sistema de catalogación autogestionado (se clasificó manualmente mediante ficha de Excel siguiendo la norma bibliotecaria y de archivo).   Lo que sobró fue la mística y el talento de los profesionales convocados. En su caso, sumó la experiencia que traía del Archivo Histórico del Guayas.

          Y consentimos que esta fue la primera comunidad que allí se entretejió, la del personal de la Biblioteca de las Artes, a la orden de un propósito natural a este tipo de lugares de encuentros comunitarios: “construir sentido con apertura a todo”, como afirma Daniel Goldin, ex director de la Biblioteca Pública Vasconcelos de Ciudad de México. Ser un tercer espacio, ese al cual los usuarios “acuden a buscar algo que no es ruido ni silencio, sino la música que porta la promesa de algo que está distante y desde la distancia llama”.

          La Biblioteca de las Artes convoca a su territorio físico a distintos usuarios a través del servicio de estantería abierta, que pone a disposición una colección de 51 mil materiales bibliográficos y audiovisuales; también mediante el uso de sus zonas y salas de lectura individual y grupal, sus auditorios y galerías expositivas, además de los salones para talleres de capacitación y alfabetización informacional. Todos ellos desplegados en un inmueble icónico, Premio Nacional de Cultura 2006, que tuvo inicialmente el propósito de albergar, en lugar de libros, el papel moneda y los lingotes de oro de una entidad financiera (fue la sede del Banco de Descuento del Ecuador a mediados del S.XX).



Pero también se aproxima a sus distintas comunidades en el entorno virtual disponiendo de diversos servicios bibliotecarios digitales y de bases de datos globales en línea para la investigación académica en distintas disciplinas: arquitectura, diseño, pensamiento crítico, historia del arte, visuales y audiovisuales, entre otros. En el caso de la comunidad universitaria tienen libre acceso a través del KOHA, un sistema integrado basado en web bajo licencia. Pero aclara Campos que el usuario externo también puede contar con la herramienta, si consulta desde los equipos de computadoras instalados en la biblioteca, lo cual es apreciado sobre todo por estudiantes de bachillerato y de otros institutos de educación superior de la ciudad

“Ayudamos a la familiarización del visitante externo con la forma de consultar en línea nuestras colecciones, catálogos y de libros mediante capacitaciones que forman parte de nuestro programa de alfabetización informacional.  Y aunque como centro de recursos para el aprendizaje y la investigación, estos espacios de actualización se enfocan primordialmente a los alumnos y profesores de UArtes, no desatendemos a los usuarios externos”.




Encontrándonos en los libros

Siguiendo con la metáfora de Goldin sobre el hallazgo de comunidades en estos espacios, la directora de la Biblioteca de las UArtes, asiente que efectivamente su institución practica esa filosofía ante los guayaquileños. “Digo a mis bibliotecarios y a auxiliares que siempre hemos de atender lo mejor que podamos y con una sonrisa en los labios. Facilitar la experiencia al usuario y así procurar que vuelvan. Y no sólo por más información, también porque reconocen y aprecian esa especial manera de tratarlos, incluso si se trata de tener que expresarle un ‘no se puede por respuesta”.

Externos, aunque ya apropiados de su Espacio Ría, son los niños, niñas y jovencitos que acuden a la Planta Baja donde opera la ludoteca. Esta es una de las comunidades más activas que tiene la biblioteca y que ha crecido como los chicuelos, durante los cinco años que viene operando allí. Suele recibir semanalmente pequeñines junto a sus representantes para atender las jornadas de cuentacuentos, lectura en sala, cursos de manualidades, cine, títeres, clubes de lectura. Es en sí la gran apuesta de la Biblioteca de las Artes, ofrecer una buena práctica de mediación lectora e ingenio para los futuros universitarios.

El compromiso al libre acceso a la educación y conocimiento es tal, que parte de su programación aniversaria (proyectada a partir de enero 2024) se activará el proyecto de FabLab, un laboratorio para potenciar el ingenio entre pequeños y desarrollar su inventiva, enmarcado en las tendencias de innovación bibliotecaria. Igual hoy la Ría es una plataforma de experimentación. Vale mencionar el curso Minivets: escritura creativa para la tenencia responsable de mascotas (Proyecto Tía Sierpe), las secciones interactivas Cubistorias (para menores de 3 a 6 años), y el club de lectura Exploradores del Cuento (para menores entre 7 y 13 años). También destacan, la primera edición de un festival de bandas intercolegiales realizada este año y la 2da. Lanfor Abierta, una jornada destinada a enaltecer el valor de libro impreso a través del intercambio gratuito.



Universo diverso y abierto

Toda una activa agenda que funciona como portal al mundo de la lectura, pero también a la incorporación de nuevos usuarios y defensores de la biblioteca como espacio público / lúdico y que se articula con el apoyo del área de Vínculo con la Comunidad de la universidad. Igual cuenta con el respaldo de graduados de la misma institución que a través de Convocatoria Alumni, dictan talleres gratuitos no sólo para menores, sino también para adultos mayores y público general, sumando experiencia en las artes que se han profesionalizado. Y complementan, los acuerdos de cooperación con gobiernos municipales, agrupaciones artísticas, así como entidades del libro como el Fondo de Cultura Económica de México y el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc - Unesco).

Los “bibliouartianos” además de crecer año a año, se multiplican a través de la esfera digital. Las redes sociales de la Biblioteca de las Artes continuamente circulan contenido para sus usuarios digitales, cautivos a partir del modo remoto que instauró la pandemia Covid-19. Hasta un podcast producen “Desde la Ría” disponible a través de Radio Digital UArtes, así como un canal YouTube, su vitrina Instagram y su página de Facebook. Su éxito se debe en gran medida a la capacitación continua de su personal y talento en herramientas de mercadeo digital, revela Soraya Campos.

Evidencias todas que nos llevan de nuevo a las reflexiones del promotor de bibliotecas David Goldin: sea escolar, académica, pública o híbrida como la de la Universidad de las Artes son instituciones de acogida, donde podemos cotidianamente concurrir, ampliar nuestra existencia contrastando con la de otros, incluso aquellos personajes que habitan los libros, y juntos “construir sentido de manera universal”.



Celebra todo octubre a las bibliotecas visitando a la Biblioteca de las Artes. Abierta al público general: Lunes de 08h00 a 17h00; Martes a viernes de 08h00 a 19h00 y Sábado de 9h00 a 17h00. Solicita un recorrido guiado a través de @bibliouartes (IG o FB) o biblioteca@uartes.edu.ec. Se requiere tan sólo un documento de identidad.

Dirección: Pichincha y Aguirre, esquina, Ciudad de Guayaquil, Ecuador | biblioteca.uartes.edu.ec.




 

miércoles, 11 de octubre de 2023

 De un recuerdo para

una charla sobre Narcocorridos

David De los Reyes



Corona Vegetal. Redes Sociales Vegetales-
DDLR/2023 Guayaquil


La primera vez que escuché y aprendí un corrido fue cuando estudiaba mi bachilerrato en el Liceo Urbaneja Achelpohl (Caracas), corría la década de los años 70 del siglo pasado.
Con un grupo de amigos fundamos un Coro. Una agrupación de cámara. No éramos más de unos diez o doce. Teníamos todos voces que podían cantar todas las voces de una partitura polifónica. Nuestro repertorio era versátil. Cantábamos desde Spirituals pasando por música renacentista, folclórica venezolana y canciones del repertorio coral universal. No podía faltar Gaudeamus Igitur. Pero entre las piezas que cantábamos, cuando nos reuníamos en casa de alguno de nosotros, siempre salía algún corrido de la Revolución Mexicana, Adelita era uno, pero también estaba Carabina 30 30, la que los rebeldes portaban. Esos fueron mis primeros contactos con los corridos. Eran corridos que exaltaban la épica de la Revolución Mexicana entre los años de 1910 y 1920.
Los corridos no eran una música que estaba cercana en el entorno de nuestra juventud. Era como una rareza que un grupo de muchachos cantaran ese tipo de canciones. Vinieron a nosotros a través de los miembros de esta coral. Varios cursábamos estudios formales de música en el Conservatorio. Y el acercamiento a los corridos era también por nuestra simpatía a las causas de la justicia y del cambio social por un buen vivir colectivo. A pesar de los tiempos, el tema de la lucha armada, de la guerra fría, de una izquierda latinoamericana nos llevaba a tener simpatía no sólo por los cauces de la ideología, sino también a todo lo que refiriera a la proclamación e irrupción de una transformación popular.
Eran los años 70. Años que el corrido revolucionario sólo era una reliquia musical. Pertenecía a la arqueología musical de un pasado que sólo se revivía como una memoria, como dato curioso, como una música que exaltaba los ánimos, la identidad de sentir un acercamiento con una gesta nacional latinoamericana que pedía, como proclamó el gran dirigente mexicano Flores Magón para los indígenas y la clase popular, ¡Tierra y Libertad! Pero ese embrujo estaba olvidado, muerto y sepultado. En México mandaba un partido revolucionario que no era revolucionario, si acaso de un nacionalismo patriarcal de los más rancios (que hasta ahora sigue en pie). Y comenzaba a aparecer, gracias a la industria cultural discográfica y al buen negocio que se presentaba de cara al futuro, los narcocorridos. Canciones que no hablaban de una ética, tampoco de un cambio social, menos de una política democrática y de las hazañas de los héroes de la revolución. En fin, se filtra en ellos toda una propuesta de la condición del ser macho latino, un antihéroe que vendrá a subsistir por sus enfrentamientos con un estado que le ha decretado, en apariencia comunicacional, una guerra. Es la situación que irá generando todo el entramado de una de las empresas más exitosas en réditos que ha salido del redil latinoamericano, pero a la vez, de las más trágicas y violentas.
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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Trabajar, relajarse, no pensar

David De los Reyes


En el trigal, DDLR2023/Redes Sociales Vegetales. 



Ray Bradbury nos refiere, en su magnífico texto Zen en el arte de escribir, que debemos, como creadores y cercanos al arte, trabajar todos los días en lo que nos da el sentido y el placer de la vida. Su lema para encontrar el estado zen en la escritura son tres condiciones. Primero, trabajar, segundo: relajarse, y tercero: no pensar. Son tres condiciones que debemos procurar en nosotros cuando vamos a escribir o a crear en cualquier instancia del arte. Tres condiciones que no nos pueden caer mal a la hora de entablar la creatividad en alguna actividad de las poiesis artística y de la creación en general. Lo he experimentado con mi instrumento, la guitarra. Cuando toco, estudio y practico. Sobre todo, cuando ya he memorizado la pieza que he estado estudiando varias semanas y que ahora se trata de procurar el sentido musical, más allá de los obstáculos técnicos, de digitación. La parte que sigue es la que llamamos de interpretación. Cuando el cerebro y la anatomía de nuestras manos, de nuestro cuerpo, tiene que juntarse con la sensibilidad y la vibración emocional de lo que puede llegar a expresar el sentido musical de una obra. Sin ello, la música que tocamos deja de tener alma. En eso va todo.

Cuando somos jóvenes pensamos que la rapidez del instrumento, o del terminar una obra (¡sea la que sea!), es lo más importante de alcanzar, de lograr con los dedos sobre el instrumento o con el orden de los materiales elegidos. No dudo que puede ser, por ejemplo, un paso de cierta importancia para la comodidad de nuestro manejo con el instrumento, en mí caso. Pero cuando pasa el tiempo, los años, cuando ya hemos obtenido ciertas ventajas por el tiempo trasegado en horas de estudio, por las dificultades técnicas que nos arroja cada obra que hemos acumulado en nuestra memoria e inconsciente, comenzamos a querer no tanto la velocidad, o la perfección técnica. Vamos a la búsqueda de la emocionalidad, del gusto de tocar, del matiz, de la modulación temporal caprichosa, del placer de saber darle vida a un trozo musical, a una obra que, sin nuestro interés, es, prácticamente, un cadáver musical, obra muerta. De eso está lleno el mundo de los músicos. De obras que reposan en las gavetas cementerio, esperando el tiempo de los justos. Las obras de música son un permanente acertijo respecto a su suerte a su resucitar.  ¿Cuántos años no han permanecido silenciadas, desconocidas, arrumadas, olvidadas, perdidas grandes composiciones que han entrado en el tobogán del silencio, de no encontrar un intérprete que las asuma? Nuestra época (¡y refiero desde el siglo XX hasta este primer cuarto de siglo XXI!), ha sido un gran trampolín para sacar obras que permanecieron por siglos entre las sombras, en el hades del abandono. Digamos no de autores consumados hoy, como los clásicos Vivaldi, Bach, etc., para ser eurocéntricos…. sino de aquellos otros que apenas han sido nombrados, retomados por una curiosidad musicológica de cierto investigador, y que han sido más autores locales, de cierta región, que tuvieron un tiempo de presencia entre un público local, o de los gustos de una sociedad efímera, o de un estilo que ha dejado estar de moda, o con un interés comercial para redimirlos.

Cantidad de compositores que han quedado silenciados casi para siempre. De obras que se han tocado una sola vez, otras que nunca se tocaron, otras que se presentaron a concursos y que al no quedar entre los premios ofertados se metieron en un cajón y que una vez pasado el autor a mejor vida, la obra quedo en el limbo de los tiempos.

Estos pensamientos que tengo en este momento me llevan a sentir que vivimos en un permanente andar de Sísifo. Subir la cuesta con la piedra (¡la obra!), para volver a caer y arrastrarla otra vez. Pareciera que fuera así. Más pienso que no todo es un abandono, un sufrir, un castigo por estar tocados por el latiguillo de la creación. Que no todo es un silencio, dolor y pesadez. Lo que si pienso es que esas obras tuvieron un interés para quien las creó. La composición (¡o la interpretación!), es un juego que no sabemos, con seguridad, a dónde nos lleva, a dónde vamos a llegar. Y menos del destino que puede alcanzar la obra.  Y creo que lo que importa es hacer la obra. El meollo está en el hacer. Entrar en el estado zen de creatividad, que nos infiere Bradbury: trabajar, relajarse y no pensar.

No pensar. Si pensamos hacia el futuro por lo que hacemos no tendremos mucho entusiasmo de emprender un camino de creación. Y si miramos hacia el pasado no realizado es un estadio más estático que el futuro. Nos aparece en la mente el interrogante fulminante del ¿para qué? Y el para qué debe dejarse de lado. Es lo primero que debemos desprendernos. El para qué nos detiene, nos frena, nos frustra, nos aniquila silenciosamente. Y lo que tendríamos que perfilar sobre nuestras cejas es que el hacer nos lleva a activar nuestra inteligencia del querer hacerlo bien, de divertirnos, de construir y despertar algo que no existía antes frente a nosotros. Componer, crear, interpretar asumir el rigor de una disciplina que nos abra hacia nuevos horizontes impensados, fantásticos, y desconocidos personalmente nos lleva a que la vida tenga un saber y un sabor distinto. Que se distancie la sombra de la frustración y permitirnos arrastrar una idea hacía la ilusoria concreción del mundo del arte, de la mentira fabulosa de la ilusión artística que nos inyecta vida, nos plena de cierta emocionalidad benefactora y nos da un aire más puro del que respiramos entre la inercia de la cotidianidad del mundo, de la gente, de los aconteceres, de la abulia y la estupidez humana.

El arte tiene esa magia. Admiro al escritor de ciencia ficción Ray Bradbury y su enfática certeza de la importancia del hacer, del seguir arrastrando la piedra, y que al hacerlo, que puede volver a bajar la cuesta recorrida podamos,  por nuestra vital actitud retadora contra nosotros mismos,  vayamos construyendo un sólido muro de realidades personales, de acercamientos que nos llevan a entrever lo envolvente, lo divertido y lo lúdico que nos da todo ese acontecer que, si bien nos cuesta mantener en pie, en insistir en el proseguir, en no cejar en el impulso primario, hacia las potencialidades de nuestra inventiva, de nuestra imaginación y, de lo más preciado por este autor norteamericano, encontrarnos con nuestro inconsciente, con el redil donde acumulamos nuestras propias sombras, nuestros odios y nuestros amores, nuestros matices de misterio, nuestra experiencia original y única, que vendrán a ser como el gran saco de dónde pueden salir las ocurrencias menos pensadas, menos recurrentes para crear el estambre de la obra, del hacer que da sentido a la absurda vida. Ese saco, ese cerco de experiencias, de recuerdos, de hábitos, de situaciones es la cantera de dónde Ray nos dice que debemos seguir hurgando una y otra vez. Y hurgar significa trabajar, tener la calma relajada de la paciencia para continuar y de no estar en el presente devorador por la rutina del cansado mundo exterior. Hay que devorarlo, hacer un acto de antropofagia imaginaria, para que no interrumpa la cadena del sentido que vamos conformando con cada tecleo de la compu, o con los trazos de un pincel, o con la repetida actuación y la búsqueda de matices en un personaje teatral, o de la frágil e intensa interpretación de una obra musical. Trabajo, relajación y no pensar. Son las tres piedras fundamentales que nos regala el autor de Crónicas marcianas para que sigamos manteniendo el rumbo de nuestra navegación por los espacios misteriosos de la creación.

Gracias por el consejo, querido Ray.

     DDLR

 


martes, 12 de septiembre de 2023

  

La Biblioteca Pública

  

García Márquez:


Un Tercer Espacio en Barcelona 

gana el

primer lugar en el mundo


Claudia Furiati Páez | @festilectura

 

El ágora sostenible obtuvo el Premio Mejor Biblioteca Pública del 2023 por Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) y es vanguardia en su campo


Foto: Ricardo Furiati

 

Su infraestructura desplegada en casi 4.000 m² de terreno, abierta a una población de usuarios de más de mil por día, es la prueba fehaciente de que el Tercer Espacio palpita en la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez que sirve al Distrito San Martí de Barcelona, España. Estudiar, investigar, trabajar e interactuar socialmente es una realidad no solo para los vecinos del sector, sino para visitantes de todas partes del mundo que acuden a esta ágora inspirada en las formas de los libros abiertos sobrepuestos (paneles en madera) y que ofrece autoservicios para el préstamo y retorno de más 40 mil títulos.

Foto: Ricardo Furiati

 

            Son éstos parte de los atributos que el jurado de IFLA consideró en su veredicto para otorgar a la García Márquez de Barcelona, el Premio Mejor Biblioteca Pública 2023, en el marco del Congreso Mundial de Bibliotecas e Informaciónrealizado en Rotterdam en agosto pasado. Una contienda en la que se midió con otras bibliotecas de vanguardia en lo que se refiere a promover el Desarrollo de los Objetivos Sostenibles pautados por Naciones Unidas, tales como la Shanghai Library East (China) o la Janez Vajkard Valvasor Krskov Public Library (Eslovenia).

 

Foto: Ricardo Furiati


         

    Si bien la consideración de la biblioteca como espacio público dinamizador de encuentros e intercambios que enriquecen la experiencia de sus usuarios es una noción defendida desde hace más de una década por investigadores como Robert Putnam y Agnus Tortesson, destaca este proyecto al considerar desde su ADN multidisciplinar, hibridar espacios y servicios, priorizar la conexión y aprendizaje social y ofrecer soluciones tecnológicas para mejorar competencias informacionales. En su concepción se juntaron las voluntades de la Red Bibliotecas de Barcelona y sus políticas públicas de proximidad y mediación lectora, con las del estudio Suma Arquitectura, el cual diseñó una edificación que privilegió la luminosidad y el uso de bosques certificados (mitigando la huella de carbono), para producir experiencias hápticas y sensoriales al visitante.


Ser catalogada la mejor del mundo a un año y tres meses de su apertura, representa también un desafío para la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez, al implicar sostener su programación en el tiempo como nodo sociocultural de Barcelona. Como diferenciador para garantizar este protagonismo está el fondo especializado en literatura latinoamericana y que encabeza la obra del renombrado autor colombiano, Premio Nobel de Literatura. Su estancia de ocho años en la capital catalana (entre 1967 y 1975) fue así honrada; la figura y genio de Gabo como fuente de inspiración en sus distintos espacios: el auditorio como escenario del KM América Festival y el estudio de Radio Maconda la primera plataforma abierta a la red de bibliotecas de Barcelona a través de podcast. Le complementan diversos ambientes tecnológicos, de reunión, estudio y lectura, y una sala sensorial infantil.

 

Otros indicadores de desempeño conquistados por el equipo de la Biblioteca Publica Gabriel García Márquez, encabezado por su directora Neus Castellano, en catorce meses desde su inauguración el 28 de mayo de 2022, y antes del galardón de IFLA son: más de 300.000 visitas presenciales, casi 200.000 préstamos, 6.000 nuevos carnés y más de un centenar de talleres y actividades de mediación. Será un Tercer Espacio fundamental en el desarrollo del Plan director 2030 de Bibliotecas de Barcelona, sumando valor a sus ejes de trabajo: acción lectora, educación, tecnología, conocimiento, cultura y comunidad.



Foto: Ricardo Furiati

Fotos exclusivas: Ricardo Furiati

Fuentes consultadas:

La Biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona es la mejor biblioteca pública del año

https://ajuntament.barcelona.cat/biblioteques/ca/bibgarciamarquez/noticies/la-biblioteca-gabriel-garcia-marquez-de-barcelona-es-la-millor-biblioteca-publica-de-lany_1313354

Historia de éxito: la Biblioteca Gabriel García Máquez

https://www.bibliotheca.com/es-la/historia-de-exito-biblioteca-gabriel-garcia-marquez/

Bibliotecas públicas, el tercer lugar

https://www.biblogtecarios.es/mercedescarrascosa/bibliotecas-publicas-el-tercer-lugar/

 

Recuerdos de un niño larense sobre “Il Duce” 

José Antonio Furiati Manganelli

 



En 1944, quien escribe tenía entre ocho y nueve años de edad y vivía los ecos de una guerra que había iniciado a fines de los años 30 en Europa Occidental, región que siempre estuvo sometida a conflagraciones entre varios países en distintas épocas.

De ese entonces, quisiera recordar cierto episodio vinculado a la patria chica italiana que mi padre José Furiati Grecco y mi madre Irene Manganelli de Furiati, inmigrantes llegados en 1925, protagonizaron en mi natal Barquisimeto. Más que precisar detalles del evento bélico, aspiro evocar la reverberancia que tales acontecimientos tuvieron en el hogar los Furiati Manganelli. Esta casa que también fue abasto-panadería estuvo ubicada en la calle del Comercio, hoy llamada Avenida 20, entre las Calles 30 y 31.

Mi padre, además de dirigir la panadería que horneaba el mejor pan de trigo del estado Lara, acostumbraba escuchar radionoticieros que informaban sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, poniendo especial atención a las batallas protagonizadas entre los aliados y las fuerzas del eje nacionalista ítalo-alemán.

Entretanto, mi madre, quien era muy perspicaz, constataba que las fuerzas aliadas dominaban cada vez más el terreno ante los fascistas, decidió mudar el retrato a colores de Mussolini con su gran Bonete que colgaba en el primer corredor al segundo, sin que nadie se percatara; luego de unos cuatro meses lo trasladó sigilosamente al tercer corredor. Y cuando ya iniciaba el año 1945, sin que su marido lo notara, lo introdujo en el horno de ladrillo de la famosa panadería, donde fue presa de las llamas.

Hasta ahí llegaría Il Duce, en una suerte de rito a lo Dorian Gray, anticipando el destino fatal del cruel dictador.


Post  Scriptum:

El 07 de mayo de 1945 se firmó en Berlín la capitulación alemana, decretando con ella el fin de la 2nda Guerra. Recibí la noticia sentado al frente de la casa de mi Tía Josefina, leyendo en su muro blanco una pinta que decía: ¡Finalizó la Guerra!

miércoles, 2 de agosto de 2023

                                                       

                            Donde se habla de ecología

David De los Reyes

Camino al Dorado 12. DDLR2021




1.- Lo Ecológico
Desde la Antigüedad el hombre siempre ha pensado en la conformación que surge a partir de la relación entre la vida humana y el ambiente que hace posible su misma existencia. La vida del hombre es impensable e imposible sin la acción con su hábitat, con ese continuo adaptar y transformar culturalmente su vida a partir de lo que ofrece su entorno natural.
El término ecológico fue, por primera vez, utilizado en ese siglo por el naturalista norteamericano Henry D. Thoreau y por el biólogo alemán Ernst Haeckel. Este último describió a esa nueva ciencia como el estudio de las relaciones totales entre los seres vivos y su medio ambiente, orgánico e inorgánico. Por supuesto que, al hablar hoy de ecología, se entiende una acepción mucho más densa. La ecología es la ciencia y saber más específica del momento; ella se encuentra en la encrucijada transdisplinar de todas las demás ciencias y no se ocupa únicamente de la defensa de la naturaleza. El paradigma ecológico está abocado a comprender el sofisticado funcionamiento cibernético (traspaso de información) de la naturaleza, con lo cual su campo de acción pareciera ser ilimitado. Este paradigma pone fin al esquema dualista y disociador del hombre con su entorno. El hombre no debe sentirse como una criatura separada del cosmos; la interdependencia es una categoría esencial para la integración ambiental. La ecología muestra que un aumento indefinido de algo, del tipo que sea, no puede ser sostenido por unos recursos finitos. La constelación conceptual de lo ecológico abarca aspectos como el de la complejidad, la eco-organización, el pensamiento sistémico, la convivialidad, una ética del entorno, el desarrollo cualitativo, el reencantamiento del mundo, una sensibilidad mística o económica, etc., modos que  llevan a pensar en las insistentes preguntas vitales: ¿cuáles son los fines del progreso humano? ¿Cuáles son las necesidades auténticas del hombre? La ecología se presenta como una reflexión sobre los fines del hombre y del mundo, retoma un sentido teleológico perdido por el materialismo instrumental y del deseo del todo vale postmoderno.

2.- La Antigüedad Griega  
                En el mundo de la Grecia del siglo V a.de n.e., los filósofos no dejaron de sorprenderse por el misterio y origen de la existencia. Buscaban un principio único, separado del mito y vinculándose al logos, con el cual explicar el origen de la  materia, del mundo, del universo. Por otro lado tuvieron la preocupación de hallar la armonía del individuo con el cosmos, con la polis (ciudad-estado). Por citar algunos, Hipócrates, Aristóteles y Epicuro, pueden ser algunos de los nombres de los filósofos que emprendieron la faena de pensar integralmente la situación del hombre con el todo donde habita, preocupados por comprender el significado del “oikos”, del “hogar” (casa). Cada uno de ellos nos presenta una visión y preocupación particular respecto a la vida y a la relación hombre-naturaleza.
                Hipócrates (¿460-377? a. de n.e.), el más famoso de los médicos antiguos, nace en la isla de Cos, donde creará su propia escuela. Su comprensión del individuo es integral: abarca las dimensiones de lo individual, social, y ecológico. “La fuerza curativa natural que habita dentro de cada uno de nosotros es la mayor arma de que disponemos para recuperarnos”; para Hipócrates el llamado “paciente” no era un sujeto pasivo, sino que internamente tenía la capacidad de recuperar el equilibrio corporal somático.
                Aristóteles (384-322 a. de n.e.) hace una clara distinción entre lo que se requiere para abastecer a una familia (hogar, “oikos”) y una ciudad-estado (“polis”) y la otra actividad, el comercio, que conlleva la formación de los precios por el mercado. Para este filósofo la primera actividad es llama “economía”, la cual contiene la raíz griega “oikos”, que es la misma de la palabra “ecología”; la segunda actividad la llamó “crematística”, que será el dinero obtenido a partir de la venta de los productos. Aristóteles afirma que al hablar de economía corresponde con lo que  entendemos por ecología humana, y al hablar de la crematística se refiere a lo que nombramos actualmente con la palabra “economía”. La economía aristotélica está referida a la actividad que se requiere para abastecer a una familia o a la polis; ciencia de administrar la escasez y la búsqueda de autonomía familiar y ciudadana. Tal abastecimiento no debía ser regulador por los precios del comercio o mercado.
                Epicuro (341-270 a. de n.e.) escribe una filosofía centrada en lo ético. Su preocupación por el individuo es la búsqueda de un placer ascético y de un modo autosuficiente de existir del hombre junto a un orden ecológico. Sustituye toda metafísica idealista por una visión materialista y asienta las bases para fundar una ética de la amistad. Epicuro basa su postura filosófica en el principio de la utilidad y del placer, entendido este último como placer sensual o erótico, sino en tanto ausencia de dolor. Su individualismo está asentado en el recurso de la “fylis”, es decir, en la amistad como estado de convivencia supremo entre los hombres. La autonomía y la autosuficiencia serán los estados perfectos de la existencia humana. Nos afirma: “el que presta atención a la naturaleza y no a las vanas opiniones es autosuficiente en cualquier circunstancia. Pues en relación a lo que por naturaleza es suficiente toda adquisición es riqueza, pero en relación a los deseos ilimitados la mayor riqueza es pobreza”.



                3.- De la Filosofía moderna al Paradigma Ecológico
                La filosofía siguió su curso y con la modernidad tomó sendos derroteros. Se pensó creativamente al mundo cuando podían. La libertad de pensamiento batalló entre los telones de regímenes absolutistas. La ciencia y la técnica catapultaron al hombre no solo a “pensar” y llevar una vida basada en los ritmos naturales de su ambiente sino de formo independiente de ello. En ese pasado cercano se comenzó a estar por encima de los límites de su hábitat, gracias al apéndice de la razón; la visión mecánica y moderna de la naturaleza centraría su fuerza en el método científico de la causalidad; el mundo es visto como un mecanismo que está compuesto de engranajes intercambiables: el hombre debía entender el lenguaje matemático inscrito en el movimiento de todos los componentes del universo. Encuentra procedimientos y técnicas que lo llevarían a un olvido de su ser animal y natural. Se adora a la razón instrumental. La verdad comprobada será el límite de todo conocimiento; la verdad es solo racional. Se olvida y no se acepta ningún otro discurso y sentido de lo que puede significar verdadero. Se olvida la verdad que reside en la propia experiencia que integra la vida individual dentro de un todo, pero que se diferencia de él.
                Dentro del pensamiento presente, en una era (supuestamente) post-ideológica para algunos, post-socialista marxista o pos-neoliberal para otros, y donde  trata  no desfallecer la moribunda democracia de corte occidental, tiene una cita significativa con lo que científicos, intelectuales, artistas y políticos han intentado concretar con el nombre de ecología. La propuesta de la ecología política sustituye el esquema Nación-Estado por la idea de un planeta indivisible, constituido por federaciones, guiándose por el principio del respeto a la diversidad,  surgiendo un “movimiento global” donde emerge una nueva mentalidad y sensibilidad ecológica que localiza su interés en la “reducida zona” de la biosfera: topos donde residen desde los organismos más simples, bacterias, virus, hasta los más complejos, como es el caso del hombre. Entre esta simplicidad y complejidad se nos muestra la necesidad y la vida de una interrelación que hace posible la convivencia mutua; dentro de esta burbuja de vida, la supervivencia de un elemento depende de la supervivencia de los demás. La Tierra puede considerarse, en tanto hipótesis, como una criatura singular ecológicamente viva.
                Épocas como esta son decisivas por lo frágil que se encuentra la permanencia de nuestra especie sobre la Tierra, situación debida a un orden de explotación, hasta ahora indiscriminado, de los recursos naturales, y de la escasez que se ha creado en relación a ellos, esto aunado al crecimiento demográfico desproporcionado (pronto seremos 8 mil millones de humanos), y al ritmo acelerado de la explotación de recursos para satisfacer las demandas de un mercado consumista. Mundo unido por una bélica economía de la competencia y en olvido de una cooperación global. Bien se ve cómo las soluciones unilaterales que se han ido creando para resolver nuestros problemas, terminan por crear problemas superiores a los que han querido resolver. Todos sabemos que las cárceles son el lugar más seguro para producir criminales o los manicomios la forma más segura para mantener la locura.
                La cultura de la diversidad ecológica muestra la posibilidad de crear una cultura planetaria, diversificada y pluralista, centrada en la exigencia de una creatividad permanente, gracias a la acción que conduce al incremento de la complejidad organizadora.
                Nunca antes el hombre había hurgado, conocido, explotado, saqueado, acumulado información sobre el medio ambiente como ahora. Nunca, igualmente, fue tan dependiente de ella. Nuestra época ya no puede entenderse como una curva histórica ascendente; autores han hablado de “ciclos históricos”, y la historia que estamos engendrando a nivel global tiene la forma de una espiral que se encoge o se ensancha de acuerdo a las crisis que, de ahora en adelante, y debido a la escasez de recursos, serán continuas y “naturales” dentro de   nuestras sociedades, sean estas “desarrolladas” o no. La vida de los seres vivos, si es que a estas alturas sigue teniendo importancia para nosotros, si es que puede seguir apostando por ella frente al siglo que corre, sin dejar de ver lo que hemos heredado en tanto modo de producción, junto a las “fábricas de la muerte” y de las “soluciones finales”, o de los genocidios étnicos de los nativos americanos por gobiernos de corte “nacionalista”, o de los éxodos masivos de la desmembrada África gracias al “desinteresado progreso” del post-colonialismo occidental, o las emigraciones en América Latina causadas por fundamentalismos religiosos y políticos,  en pos de superficiales lujos y ganancias fáciles; si a pesar de todas estas miserias nombradas la vida sigue siendo importante para alguien, ese alguien no puede ser otro que el mismo hombre, en la necesidad de mantenerse consciente como especie dentro de la diversidad vital de este planeta azul que flota abandonado en el último rincón de una galaxia, entre las millones de millones que habitan este universo en expansión.
La imagen de nuestro universo está, simultáneamente, compuesta de caos y orden; el azar es un elemento importante para su conformación, millones de extravagancias habitan en él. La evolución ecológica es una reorganización perpetua en sí misma, a través de los azares de sus sucesivas desorganizaciones; se desorganiza para reencontrar un nuevo orden de cooperación; se ordena para proseguir hasta un nuevo desorden creativo. Un ecosistema carece de centro organizativo: se organiza descentradamente, como si en lugar de tener un cerebro fuera todo él un cerebro. Orden- desorden, vida- muerte, -como ya dijera Heráclito-, no pueden pensarse separadamente. La vida es, ante todo, diversidad. El interés particular de un ecosistema está en trabajar al mismo tiempo contra y por el interés general. La ambivalencia es la medida de toda su complejidad. Encontrando el corolario donde a medida que hemos dominado más a la Naturaleza más somos dominados por ella, de ahí que hemos devenido más y más a ser dependientes de nuestros instrumentos de ¿independencia?. Toda nueva tecnología tendrá que plantear sus secuelas físicas y sociales, así como hasta contar los plazos de tiempo necesarios para su introducción.



                4.- La cara boba del progreso
                Señalamos antes cómo en la antigüedad griega pensaba la relación del hombre con la totalidad pero en forma particular, local, en relación a su polis; era un pensamiento que se remitía a los límites de la ciudad y de su mundo, cuyas arenas eran bañadas por aguas del Mediterráneo. Historia, hombres, culturas que han dejado su profunda huella en el surco de la aventura humana. Ahora sabemos que no se puede permanecer dentro de los meros límites de lo que se inventó al inicio de la llamada “modernidad” como “nación”, es decir, centralización de poderes, leyes, normas, ritos, creencias, que se ejerce a conjuntos humanos diversos por igual. Sin embargo, a su vez, nuestra época ha alcanzado los medios y las capacidades para poder pensarse en tanto unidad planetaria, manteniendo al conjunto de culturas en forma descentralizada, autónomas pero integradas a la aventura humana global; mundo apto para persistir dentro de la diversidad cultural y natural. El futuro de la humanidad será posible en la medida que se practique un orden económico que persiga cierta justeza y racionalidad de los recursos en proporción de los hombres que habitamos este planeta. Por tanto los alcances de la ecología no puede ser entendidos como un mero arcaísmo; no supone dejar hacer a la naturaleza por sí misma, como tampoco es una postura ubicada en un liberalismo romántico de espontaneidad irresponsable. Hoy la supervivencia de la humanidad -y junto a ella, la de todos los organismos que fluyen en la biosfera- depende de abandonar el viejo reflejo de conquistar, dominar, violar  (términos de Francis Bacon), a la naturaleza y cambiarla por la actitud de cooperar creativamente junto con ella.
                La visión decimonónica del progreso industrial continuo, a partir de la explotación materialista de la naturaleza y del hombre, no es la imagen más apropiada para los tiempos de escasez que se avecinan a pasos con botas de siete leguas. Y lo peor de todo es que pareciera no existir el justo freno para detener esta movilidad destructiva que se erige en cualquier palmo de tierra en nuestro planeta. Hablar sobre el mito del progreso en forma unilateral es miopía o mentira consciente; es una visión que surge de la concepción estructural de los crecimientos sociales en forma exponencial. Si encontramos discursos donde se refiera dicho concepto en término de iluso optimismo, bien podemos decir de ello dos cosas: o que son ingenuos o que son los próximos asesinos de la naturaleza y de la humanidad. Sin embargo, en vez de proponer la idea de un crecimiento cero o moderado pudiéramos tratar de ensayar la opinión de Serge Moscovici que propone un crecimiento limitado y discontinuo, precedido por una “suave austeridad”.
               Pániker ha acuñado el término de retroprogresivo para entender lo que debiera significar un verdadero progreso. Lo retroprogresivo es un avance simultáneo hacia lo nuevo y hacia el origen. Un ejemplo es el que, si una sociedad posindustrial no sirve para recuperar ciertas virtudes de las sociedades preindustriales, no sirve para nada.

                5.- Ética y Ecología.
                El olvidado “médico de la selva”, músico y filántropo francés Albert Schweitzer, desde su hospital de Lambarené (Gabón) en el corazón de África, lanzó hace más de un siglo,  un mensaje ante el avance destructivo que se erguía en los países no desarrollados a costa de una civilización donde la ética era una abstracción más de la razón instrumental. En su libro “Civilización y Ética” trató de fundar una postura para guiar a los hombres después que la civilización occidental mostrara su barbarie incubada desde las ciudades “modernas”, y en los centros de decisión respecto a políticas y explotación colonial. Su ética está construida no tanto en una axiomática moral de corte y principios abstractos de un deber-ser propio de una sociedad secularizada o de un tender a un mero y rabioso bienestar individual, propio de nuestra cercana sociedad de consumo; toda abstracción representa la muerte de la ética. Su ética tendrá una responsabilidad sin límites hacia todo lo que vive, como reverencia por la voluntad de vivir dentro y fuera de cada uno de nosotros; la ética como dedicación a la vida, inspirada por la reverencia hacia la vida, ella es la que debe impulsar al hombre. Su máxima era: “soy vida que quiere vivir, entre vida que desea vivir”. La ecología no está separada de la reflexión ética, como hoy tampoco puede desinteresarse esta última por todo lo que ocurra en el ámbito ecológico y en el mundo real. Se ha dicho que el paradigma ecológico nos libera del fetichismo moral que ha prevalecido en occidente a lo largo de los últimos milenios. No hay formas absolutas; ningún puritanismo, ninguna tiranía moral ha de ser aceptable. No más distinciones entre lo sagrado y lo profano, lo espiritual y lo material, lo superior y lo inferior. El gran principio del shivanismo era que todo en el universo formaba parte del cuerpo divino; el principio del ecologismo está en que todo incide sobre todo, no se puede privilegiar a ningún centro.
El hecho es que todas nuestras acciones se inscriben en un ecosistema natural/cultural, que se interfecundan con otras acciones que están dentro del ecosistema en que residimos y regresan transformadas e imprevisible hacia nosotros mismos.
                Hoy sabemos que todo antropocentrismo ha fracasado (al igual que el monoteísmo judeocristiano), que la vida de cualquier animal, microbio o planta, es, de una forma u otra, importante para el mantenimiento del equilibrio de nuestro hábitat; que la llamada selección natural ha elegido a la diversidad. El esquema Darwiniano de la supervivencia del más apto tiende a ser sustituido por la postura ecológica de la supervivencia del más cooperativo: la especie solo permanece cuando existe cooperación entre los miembros que la conforman, de ahí que la máxima de Schweitzer, en defensa de la vida, debería propiciar en todas las variantes estéticas del arte contemporáneo, junto a la cultura de  los medios, para que surja el interés por una conciencia ecológica universal en el hombre, en pensar nuestra acción a escala global, pero actuarla localmente; en pensar nuestras vidas en tanto cooperación y no en desfalleciente competencia voraz. Se comprende que nunca hacemos una cosa a la vez; cualquier acción nuestra repercute en el ecosistema en forma azarosa. Toda acción que hagamos genera efectos secundarios que, tarde o temprano, volverán de una forma u otra hasta nosotros, y sobre el ambiente en general. Hacer una cosa significa hacer muchas. La mecánica cuántica (concepto de inseparabilidad de la material), refuerza la concepción del paradigma ecológico: el mundo es, a la vez, diverso y no dual.
Cuando hablamos de la permanencia en la Tierra de la especie humana no podemos mantenernos dentro del dualismo y en la fisura del hombre con su entorno, del pensamiento cargado de separaciones abstractas. La vida y el planeta piden un cambio en la conciencia y la voluntad del hombre para proseguir su maravilloso y misterioso rumbo. Probablemente estamos entrando en el camino de un nuevo misticismo global, mas sin embargo, a pesar de todo -y aunque cierto pesimismo escale entre nuestro neurótico y obsesivo pensamiento, pero sabiendo que todo pesimismo contiene una teoría positiva-, no podemos dejar de apostar por ese cambio. La Tierra, nuestra Diosa Gaia, ya no espera, si el hombre ha quedado mudo, el planeta nos lanza un fatigado y desgarrador grito desde todos los lugares. Hoy, más que nunca, no podemos abandonarla a su propia regulación, a su propio equilibrio, porque ello nos afectaría. Si nos despreocupamos y abandonamos a la Tierra estamos abandonando nuestra vida, a nuestra posibilidad de vivir como especie en el planeta azul.