sábado, 1 de enero de 2011



Ecología y Filosofía
David De los Reyes

                                                Redes sociales Vegetales. DDLR/2024


1.- Lo Ecológico
Desde la Antigüedad el hombre siempre ha pensado en la conformación que surge a partir de la relación entre la vida humana y el ambiente que hace posible su misma existencia. La vida del hombre es impensable e imposible sin la acción con su hábitat, con ese continuo adaptar y transformar culturalmente su vida a partir de lo que ofrece su entorno natural. A mediados del siglo XIX se estructuró lo que podemos llamar hoy “ciencia de la ecología”
El término ecológico fue, por primera vez, utilizado en ese siglo por el naturalista norteamericano Henry D. Thoreau y por el biólogo alemán Ernst Haeckel. Este último describió a esa nueva ciencia como el estudio de las relaciones totales entre los seres vivos y su medio ambiente, orgánico e inorgánico. Por supuesto que, al hablar hoy de ecología, se entiende una acepción mucho más densa. La ecología es la ciencia más específica del momento; ella se encuentra en la encrucijada de todas las demás ciencias y no se ocupa únicamente de la defensa de la naturaleza. El paradigma ecológico está abocado a comprender el sofisticado funcionamiento cibernético (traspaso de información) de la naturaleza, con lo cual su campo de acción pareciera ser ilimitado. Este paradigma pone fin al esquema dualista y disociador del hombre con su entorno. El hombre no debe sentirse como una criatura ajena, extraña al cosmos; la interdependencia es una categoría esencial de esta joven/madura ciencia. La ecología se mostrará encargada por diversos aspectos de un mismo poderoso movimiento que ya no es una mera utopía. Muestra que un aumento indefinido de algo, del tipo que sea, no puede ser sostenido por unos recursos finitos. El paradigma ecológico abarca aspectos como el de la complejidad, la eco-organización, el pensamiento sistémico, la convivialidad, una ética del entorno, el desarrollo cualitativo, el reencantamiento del mundo, una sensibilidad mística o económica, etc., modos que nos llevan, de una u otra forma, a recaer en una insistente pregunta: ¿cuáles son los fines del progreso humano? ¿Cuáles son las necesidades auténticas del hombre? La ecología se presenta como una reflexión sobre los fines del hombre y del mundo, retoma un sentido teleológico, su misma condición de ciencia.



2.- La Antigüedad Griega
                En el mundo de la Grecia del siglo V a.de n.e., los filósofos no dejaron de sorprenderse por el misterio de la existencia general. Buscaban un principio único con el cual explicar el origen de la  materia, del mundo, del universo. Por otro lado tuvieron la preocupación de hallar la armonía del individuo con el cosmos, con la polis (ciudad-estado) natal. Hipócrates, Aristóteles y Epicuro pueden ser algunos de los nombres de los filósofos que emprendieron la faena de pensar integralmente la situación del hombre, preocupados por comprender el significado del “oikos”, del “hogar” (casa), que pertenece al hombre. Cada uno de ellos nos presenta una visión y preocupación particular respecto a la vida y a la relación hombre-naturaleza dentro de los orígenes de la cultura occidental. Veámoslo.

                Hipócrates (¿460-377? a. de n.e.), el más famoso de los médicos antiguos, nace en la isla de Cos, donde creará su propia escuela. Su comprensión del individuo es integral: abarca las dimensiones de lo individual, social, y ecológico. “La fuerza curativa natural que habita dentro de cada uno de nosotros es la mayor arma de que disponemos para recuperarnos”; para Hipócrates el llamado “paciente” no era un sujeto pasivo, sino que internamente tenía la capacidad de recuperar el equilibrio corporal somático.
                Aristóteles (384-322 a. de n.e.) hace una clara distinción entre lo que se requiere para abastecer a una familia (hogar, “oikos”) y una ciudad-estado (“polis”) y la otra actividad, el comercio, que conlleva la formación de los precios por el mercado. Para este filósofo la primera actividad es llama “economía”, la cual contiene la raíz griega “oikos”, que es la misma de la palabra “ecología”; la segunda actividad la llamó “crematística”, que será el dinero obtenido a partir de la venta de los productos. Aristóteles afirma que al hablar de economía corresponde con lo que  entendemos por ecología humana, y al hablar de la crematística se refiere a lo que nombramos actualmente con la palabra “economía”. La economía aristotélica está referida a la actividad que se requiere para abastecer a una familia o a la polis; ciencia de administrar la escasez y la búsqueda de autonomía familiar y ciudadana. Tal abastecimiento no debía ser regulador por los precios del comercio o mercado.
                Epicuro (341-270 a. de n.e.) escribe una filosofía centrada en lo ético. Su preocupación por el individuo es la búsqueda de un placer ascético y de un modo autosuficiente de existir del hombre junto a un orden ecológico. Sustituye toda metafísica idealista por una visión materialista y asienta las bases para fundar una ética individualista. Epicuro basa su postura filosófica en el principio de la utilidad y del placer, entendido este último como placer sensual o erótico, sino en tanto ausencia de dolor. Su individualismo está asentado en la recurso de la “fylis”, es decir, en la amistad como estado de convivencia supremo entre los hombres. La autonomía y la autosuficiencia serán los estados perfectos de la existencia humana. Nos afirma: “el que presta atención a la naturaleza y no a las vanas opiniones es autosuficiente en cualquier circunstancia. Pues en relación a lo que por naturaleza es suficiente toda adquisición es riqueza, pero en relación a los deseos ilimitados la mayor riqueza es pobreza”.




                3.- De la Filosofía moderna al Paradigma Ecológico
                La filosofía siguió su curso. Los hombres siguieron pensando creativamente su mundo cuando podían. La libertad de pensamiento batalló entre los telones de regímenes absolutistas. La ciencia y la técnica catapultaron al hombre no solo a “pensar” y llevar una vida basada en los ritmos naturales de su ambiente. Ahora la especie llamada “hombre” pensó que podía estar por encima de los límites de su hábitat, gracias al apéndice de la razón; la visión mecánica de la naturaleza centraría su fuerza en el método científico de la causalidad; el mundo es visto como un mecanismo que está compuesto de engranajes intercambiables: el hombre debía entender el lenguaje matemático inscrito en el movimiento de todos los componentes del universo. Encuentra que podría descubrir procedimientos y técnicas que lo llevarías a un olvido de su ser animal y natural. Se adora a la razón. La verdad comprobada será el límite de todo conocimiento; la verdad es solo racional. Se olvida y no se acepta ningún otro discurso y sentido de lo que puede significar verdadero. Se olvida la verdad que reside en la propia experiencia que integra la vida individual dentro de un todo, pero que se diferencia de él.
                Hoy la filosofía, en esta era (supuestamente) post-ideológica para algunos, post-socialista marxista para otros y donde trata de no desfallecer la moribunda democracia de corte occidental, tiene una cita significativa con lo que científicos, intelectuales, artistas y políticos han intentado concretar con el nombre de ecología. La ecología política sustituye el esquema Nación-Estado por la idea de un planeta indivisible constituido por federaciones, guiándose por el principio del respeto a la diversidad,  todo ello ayudando a crear un “movimiento” donde emerge una nueva mentalidad y sensibilidad ecológica que localiza su interés en la “pequeña zona” de la biosfera: topos donde residen desde los organismos más simples, bacterias, virus, hasta los más complejos, como es el caso del hombre. Entre esta simplicidad y complejidad se nos muestra la necesidad y la vida de una interrelación que hace posible la convivencia mutua; dentro de esta burbuja de vida, la supervivencia de un elemento depende de la supervivencia de los demás. La Tierra puede considerarse, en tanto hipótesis, como una criatura singular ecológicamente viva.
                Épocas como esta son decisivas por lo frágil que se encuentra la permanencia de nuestra especie sobre la Tierra, situación debida a un orden de explotación, hasta ahora indiscriminado, de los recursos naturales, y de la escasez que se ha creado en relación a ellos, esto aunado al crecimiento demográfico desproporcionado y al ritmo de la explotación de recursos para satisfacer las demandas de esa misma población mundial. Mundo unido por una bélica economía de la competencia y no de una cooperación global. Ivan Ilich ha dado cuenta acerca de cómo las soluciones que se han ido creando para resolver nuestros problemas, terminan por crear problemas superiores a los que han querido resolver. Así la sociedad sabe que las cárceles son el lugar más seguro para producir criminales o los manicomios la forma más segura para mantener la locura.
                La ecología nos muestra la posibilidad de crear una cultura planetaria y a la vez diversificada; forjamiento de una cultura pluralista, centrada en una creatividad permanente, gracias a la acción que conduce al incremento de la complejidad organizadora.
                Nunca antes el hombre había hurgado, conocido, explotado, saqueado, acumulado información sobre el medio ambiente como ahora. Nunca, igualmente, fue tan dependiente de ella. Nuestra época ya no puede entenderse como una curva histórica ascendente; autores han hablado de “ciclos históricos”, y la historia que estamos engendrando a nivel global tiene la forma de una espiral que se encoge o se ensancha de acuerdo a las crisis que, de ahora en adelante, y debido a la escasez de recursos, serán continuas y “naturales” dentro de   nuestras sociedades, sean estas “desarrolladas” o no. En fin, formas geométricas para lo informe abstracto: la vida humana, si es que a estas alturas ella sigue teniendo importancia para alguien, si es que puede seguir apostándose a ella frente al siglo que inaugura, y no por casualidad sino por su propio modo de producción, a las “fábricas de la muerte” y de las “soluciones finales”, o de los genocidios étnicos de los nativos americanos por gobiernos de corte “nacionalista”, o de los éxodos masivos de la desmembrada África gracias al “desinteresado progreso” del colonialismo occidental en pos de superficiales lujos y ganancias fáciles; repito, si la vida sigue siendo importante para alguien, ese alguien no puede ser otro que el mismo hombre, en pro de mantenerse como especie dentro de la diversidad vital de este planeta azul que flota abandonado en el último rincón de una galaxia, entre las millones de millones que habitan este universo en expansión. La imagen de nuestro universo está, simultáneamente, compuesta de caos y orden; el azar es un elemento importante para su conformación, millones de extravagancias habitan en él. La evolución ecológica es una reorganización perpetua en sí misma, a través de los azares de sus sucesivas desorganizaciones. Un ecosistema carece de centro organizativo: se organiza descentradamente, como si en lugar de tener un cerebro fuera todo él un cerebro. Orden- desorden, vida- muerte, -como ya dijera Heráclito-, no pueden pensarse separadamente. La vida es, ante todo, diversidad. Morin ha dicho que en un ecosistema el interés particular trabaja al mismo tiempo contra y por el interés general. La ambivalencia es la medida de toda complejidad ecosistémica. A medida que hemos dominado más a la Naturaleza más somos dominados por ella, de ahí que Morin puntualice que hemos devenido más y más a ser dependientes de nuestros instrumentos de independencia. Toda nueva tecnología tendrá que plantear sus secuelas físicas y sociales, así como hasta contar los plazos de tiempo necesarios para su introducción.



                4.- La cara boba del progreso
                Señalamos antes cómo en la antigüedad griega pensaba la relación del hombre con la totalidad pero en forma particular, local, en relación a su polis; era un pensamiento que se remitía a los límites de la ciudad y del mundo, cuyas arenas eran bañadas por aguas del Mediterráneo. Historia, hombres, culturas que han dejado su profunda huella en el surco de la aventura humana. Ahora presentimos que, en la actualidad, no se puede permanecer dentro de los meros límites de lo que se inventó al inicio de la llamada “modernidad” como “nación”, es decir, centralización de poderes, leyes, normas, ritos, creencias, que se ejerce a conjuntos humanos diversos por igual. Sin embargo, a su vez, nuestra época ha alcanzado los medios y las capacidades para poder pensarse en tanto unidad planetaria, manteniendo al conjunto de culturas en forma descentralizada, autónomas pero integradas a la aventura humana global; mundo apto para persistir dentro de la diversidad cultural y natural. El futuro de la humanidad será posible en la medida que se practique un orden económico que persiga cierta justeza y racionalidad de los recursos en proporción de los hombres que habitamos este planeta. La ecología no puede ser entendida como un mero arcaísmo; no supone dejar hacer a la naturaleza, como tampoco es una postura ubicada en un liberalismo romántico de espontaneidad. Hoy la supervivencia de la humanidad -y junto a ella, la de todos los organismos que fluyen en la biosfera- depende de abandonar el viejo reflejo de conquistar a la naturaleza y cambiarla por la actitud de cooperar creativamente junto con ella.
                La visión dieciochesca del progreso industrial continuo, a partir de la explotación materialista de la naturaleza y del hombre, no es la imagen más apropiada para los tiempos de escasez que se avecinan a pasos con botas de siete leguas. Y lo peor de todo es que pareciera no existir el justo freno para detener esta movilidad destructiva que se erige en cualquier palmo de tierra en nuestro planeta. Hablar sobre el mito del progreso en forma unilateral es miopía o mentira consciente; es una visión que surge de la concepción estructural de los crecimientos sociales en forma exponencial. Si encontramos discursos donde se refiera dicho concepto en término de iluso optimismo, bien podemos decir de ello dos cosas: o que son ingenuos o que son los próximos asesinos de la naturaleza y de la humanidad. Sin embargo, en vez de proponer la idea de un crecimiento cero o moderado pudiéramos tratar de ensayar la opinión de Serge Moscovici que propone un crecimiento limitado y discontinuo, precedido por una “suave austeridad”. No se puede seguir manteniendo una explotación de los recursos donde un país, en este caso los Estados Unidos con un 6% de la población mundial, acapara el 50% de los recursos que se explotan anualmente a nivel mundial.
                Pániker ha acuñado el término de retroprogresivo para entender lo que debiera significar un verdadero progreso. Lo retroprogresivo es un avance simultáneo hacia lo nuevo y hacia el origen. Un ejemplo es el que, si una sociedad posindustrial no sirve para recuperar ciertas virtudes de las sociedades preindustriales, no sirve para nada.



                5.- Ética y Ecología.
                El olvidado “medico de la selva”, músico y filántropo francés Albert Schweitzer, desde su hospital de Lambarené (Gabón) en el corazón de África, lanzó hace años un mensaje ante el avance destructivo que se erguía en los países no desarrollados a costa de una civilización donde la ética era una abstracción más de la razón instrumental. En su libro “Civilización y Ética” trató de fundar una postura para guiar a los hombres después que la civilización occidental mostrara su barbarie incubada desde las ciudades “modernas”, y en los centros de decisión respecto a políticas y explotación colonial. Su ética está construida no tanto en una axiomática moral de corte y principios abstractos de un deber-ser propio de una sociedad secularizada o de un tender a un mero y rabioso bienestar individual, propio de nuestra cercana sociedad de consumo; toda abstracción representa la muerte de la ética. Su ética tendrá una responsabilidad sin límites hacia todo lo que vive, como reverencia por la voluntad de vivir dentro y fuera de cada uno de nosotros; la ética como dedicación a la vida, inspirada por la reverencia hacia la vida, ella es la que debe impulsar al hombre. Su máxima era: “soy vida que quiere vivir, entre vida que desea vivir”. La ecología no está separada de la reflexión ética, como hoy tampoco puede desinteresarse esta última por todo lo que ocurra en el ámbito ecológico y en el mundo real. Se ha dicho que el paradigma ecológico nos libera del fetichismo moral que ha prevalecido en occidente a lo largo de los últimos milenios. No hay formas absolutas; ningún puritanismo, ninguna tiranía moral ha de ser aceptable. No más distinciones entre lo sagrado y lo profano, lo espiritual y lo material, lo superior y lo inferior. El gran principio del shivanismo era que todo en el universo formaba parte del cuerpo divino; el principio del ecologismo está en que todo incide sobre todo, no se puede privilegiar a ningún centro.

                Encontramos algo de esencialmente neurótico (abstracto) en la obsesión occidental por la “justicia”, sin tener en cuenta las raíces y las relaciones que surgen del contexto ecológico. La conciencia moral particular debe tender a una conciencia más amplia: ecológica. Esta conciencia simultáneamente incluye a lo individual, lo social, lo natural y lo cósmico. Salvador Pániker ha señalado que tampoco ninguno de nosotros es completamente responsable de sus actos; nuestra responsabilidad comienza, precisamente, al saber esto. ¿Cómo se puede comprender lo anterior? El hecho es que todas nuestras acciones se inscriben en un ecosistema natural/cultural, que se interfecundan con otras acciones que están dentro del ecosistema en que residimos y regresan transformadas e imprevisible hacia nosotros mismos.
                Hoy sabemos que todo antropocentrismo ha fracasado (al igual que el monoteísmo judeocristiano), que la vida de cualquier animal, microbio o planta, es, de una forma u otra, importante para el mantenimiento del equilibrio de nuestro hábitat; que la llamada selección natural ha elegido a la diversidad. El esquema Darwiniano de la supervivencia del más apto tiende a ser sustituido por la postura ecológica de la supervivencia del más cooperativo: la especie solo permanece cuando existe cooperación entre los miembros que la conforman, de ahí que la máxima de Schweitzer, en defensa de la vida, debería propiciar a los medios y a la cultura contemporánea para que surja el interés por una conciencia ecológica universal en el hombre, en pensar nuestra acción a escala global, pero actuarla localmente; en pensar nuestras vidas en tantio cooperación y no en desfalleciente competencia voraz. Se comprende que nunca hacemos una cosa a la vez; cualquier acción nuestra repercute en el ecosistema en forma azarosa. Toda cosa que hagamos genera efectos secundarios que, tarde o temprano, volverán de una forma u otra hasta nosotros, y sobre el ambiente en general. Hacer una cosa significa hacer muchas. La mecánica cuántica (concepto de inseparabilidad de la material), refuerza la concepción del paradigma ecológico: el mundo es, a la vez, diverso y no dual.
                Como vemos, la filosofía tiene una importante cita con la ecología. En el pensamiento de nuestro presente y futuro no puede pasar desapercibida la relación de vida y su entorno. Cuando hablamos de la permanencia en la Tierra de la especie humana no podemos mantenernos dentro del dualismo y en la fisura del hombre con su entorno, del pensamiento cargado de separaciones abstractas. La vida y el planeta piden un cambio en la conciencia y la voluntad del hombre para proseguir su maravilloso y misterioso rumbo. Probablemente estamos entrando en el camino de un nuevo misticismo global, mas sin embargo, a pesar de todo -y aunque cierto pesimismo escale entre nuestro dolorido pensamiento, pero sabiendo que todo pesimismo contiene una teoría positiva- no podemos dejar de apostar por ese cambio. La Tierra, nuestra Diosa Gaia, ya no espera, si el hombre ha quedado mudo, el planeta nos lanza un fatigado y desgarrador grito desde todos los lugares. Hoy, más que nunca, no podemos abandonarla a su propia regulación, a su propio equilibrio, porque ello nos afectaría. Si nos despreocupamos y abandonamos a la Tierra estamos abandonando nuestra vida, a nuestra posibilidad de vivir en el planeta azul.




Agradecimiento:
Queremos agradecer a la Br. Neyda Urbaez (ESC-UCV), en haber transcrito y digitalizado este texto, y hacer posible,  con ello, de incorporarlo a nuestro blog para el uso y lectura de todos los interesados en el tema.



La Escuela del Tirano


Emil  M. Cioran

(Fragmento)





“Quien no haya conocido la tentación de ser el primero en la ciudad, no comprenderá el juego de la política, de la voluntad de someter a los otros para convertirlos en objetos, ni adivinará cuáles son los elementos que conforman el arte del desprecio. Raros son los que no hayan sentido, en menor o en mayor grado, la sed de poder que nos es natural;.......Examínate en el instante en que la ambición te atenaza, cuando ya es fiebre; después diseca tus accesos. Comprobarás que están precedidos por síntomas curiosos, por un calorcillo especial que no dejará de seducirte ni de alarmarte. Intoxicado de porvenir por haber abusado de la esperanza, te sentirás súbitamente responsable del presente y del futuro en el corazón de la duración, cargada de tus estremecimientos, y en cuyo seno, agente de una anarquía universal, sueñas estallar. Atento a los acontecimientos de tu cerebro y a las vicisitudes de tu sangre, embebido en tu perturbación, espías y adoras sus signos. Si la locura política- fuente de trastornos y de malestares sin igual- ahogada, por una parte, la inteligencia, por otra favorece los instintos y te sumerge en un caos saludable. La idea del bien, y sobre todo del mal, que te figuras llevar a cabo, te regocijará y exaltará; y será tal el tour de force, el prodigio de tus achaques, que ellos te convertirán en dueño de todos y de todo. 


Sentirás a tu alrededor una perturbación análoga en los que estén carcomidos por la misma pasión. Y mientras la padezcan serán irreconocibles, presas de una embriaguez distinta a todas las demás. Todo cambiará en ellos, hasta el timbre de su voz. La ambición es una droga que convierte al que le es adicto en un demente potencial. Quien no haya observado esos estigmas- ese aire de animal trastornado, esos rasgos inquietos y como animados por un éxtasis sórdido- ni en sí mismo ni en ningún otro, permanecerá ajeno a los maleficios y a los beneficios del Poder, infierno tónico, síntesis de veneno y de panacea.

Imagina ahora el proceso inverso: la fiebre desaparece y te sientes otra vez desencantado, normal en exceso. No más ambiciones, no más posibilidades, pues, de ser algo o alguien; la nada en persona, el vacío encarnado: glándulas y entrañas clarividentes, huesos desengañados, un cuerpo invadido por la lucidez, puro en sí mismo, fuera de juego, fuera del tiempo, sujeto a un yo congelado en un saber total sin conocimientos. ¿Dónde encontrar el instante que se escapó?, ¿quién te lo devolverá? Por todas partes, frenética o embrujada, hay una muchedumbre de anormales a quienes la razón ha abandonado y vienen a refugiarse cerca de ti, el único que comprendió todo, espectador absoluto, perdido entre los engaños, reacio para siempre a la farsa unánime. Como el intervalo que te separa de los otros no deja de agrandarse, llegas a preguntarte si no habrás percibido una realidad desconocida para los demás. Revelación ínfima o capital, su contenido permanecerá oscuro para ti. De lo único que estarás seguro es de tu ascensión hacia un equilibrio insospechado, promoción de un espíritu que se ha apartado de la complicidad con otro. Indebidamente sensato, más ponderado que todos los sabios, así aparecerás ante ti mismo. Y si acaso todavía te asemejas a los locos que te rodean, sentirás, no obstante, que una insignificancia te distinguirá de ellos para siempre; esta sensación, o esta ilusión, hace que, aunque ejecutes los mismos actos que ellos, no les imprimas ni el mismo ímpetu ni la misma convicción. Hacer trampas será para ti una cuestión de honor y la única manera de vencer tus accesos o de impedir su retorno. Si para ello has tenido necesidad de una revelación, o de un hundimiento, deducirás que los que no han atravesado por una crisis similar se abismarán cada vez más en las extravagancias inherentes a nuestra raza.
 


¿Se dan cuenta de la simetría? Para transformarse en un hombre político, es decir, para adquirir el corte de un tirano, es necesario un trastorno mental; para dejar de serlo, se impone otro trastorno: ¿no se tratará, en el fondo, de una metamorfosis de nuestro delirio de grandeza? Pasar de la voluntad de ser el primero en la ciudad a la de ser el último en ella, es cambiar, mediante una mutación del orgullo, una locura dinámica por una locura estética, un género de enfermedad tan insólito que la renuncia que lo precede, y que tiene que ver más con el ascetismo que con la política, no forma parte de nuestros propósitos.” 




De “Historia y Utopía”, Emil Cioran. 

Mujer, sexualidad y mal en la filosofía contemporánea


Alícia H. Puleo

(Universidad de Valladolid, España)

Max Sauco

Género, sexualidad y poder mantienen estrechas y a menudo oscuras                                               relaciones. Un ejemplo de ello es la contraposición, en los medios intelectuales y periodísticos franceses, de una caricatura de la feminista anglosajona "puritana y represora", y de una francesa "liberada" que conoce las artes de la seducción heterosexual.  Estas imágenes son utilizadas como armas retóricas contra las reivindicaciones de igualdad de las mujeres (2).
Conviene observar, asimismo, la proliferación de la mujer fatal en los anuncios publicitarios de Occidente. Se trata de una renovación de esta vieja imagen, ahora cibernética y adolescente. Ser perversa es la nueva propuesta del patriarcado a las jóvenes rebeldes (3). Parece, pues, pertinente, volver a examinar las conceptualizaciones de mujer, sexualidad y mal.
En una defensa de las mujeres ya muy lejana, el filósofo renacentista Agrippa Von Nettesheim acumuló argumentos frente a la maligna Eva siempre recordada por los tratados misóginos de su época: las mujeres son más castas y más benevolentes, los crímenes y las guerras suelen ser propios de los varones, etc. (4). Su interés no fue únicamente teórico. Mago y astrólogo de los príncipes europeos del siglo XV, salvó de la hoguera inquisitorial a una campesina acusada de brujería. Dos siglos y medio más tarde, apagados ya los fuegos del Santo Oficio, todavía habría tenido, sin embargo, que continuar batallando contra una nueva identificación de Mujer y Mal. A finales del siglo XIX, la misoginia recupera su máxima virulencia pero, esta vez, su discurso ya no es religioso. En una sociedad crecientemente secularizada, la ciencia asume el relevo y presta su apoyo al prejuicio sexista. Se produce una vez más, entonces, lo que ya denunciara el cartesiano Poulain de la Barre en el siglo XVII: "Lo que confirma al vulgo en las ideas que tiene sobre las mujeres es que se ve apoyado por la convicción de los sabios. (...) Al ver que los Poetas, los Oradores, los Historiadores y los Filósofos declaran también que las mujeres son inferiores a los hombres, menos nobles y menos perfectas, (la gente común) se persuade aún más (de ello) porque ignora que su saber consiste en el mismo prejuicio que el suyo, sólo que más amplio y distinguido" (5).
En las últimas décadas del siglo XIX y a principios del XX, el arte y la literatura multiplican las representaciones de la perversidad de la Mujer. Una sexualidad femenina amenazante se insinúa en la pintura, la escultura, la novela y la poesía. Las flores del mal baudelaireanas se abren y proliferan en la cultura de la época. Las Ménades y Salomé pueblan la fantasía de los artistas, los intelectuales y su público. La Mujer es representada una y mil veces como fuerza ciega de la Naturaleza, realidad seductora pero indiferenciada, ninfa insaciable, virgen equívoca, prostituta que vampiriza a los hombres, belleza reptiliana, primitiva y fatal. Hoy, con el predominio de la pintura no figurativa este fenómeno pervive en la publicidad y en producciones cinematográficas, a menudo destinadas al consumo de masas. 
¿A qué se debe esta asombrosa proliferación de representaciones de la amenazante sexualidad femenina? Distintas respuestas han sido dadas a este interrogante. Bram Dijkstra, en un documentado estudio sobre el arte de fin de siglo (6), se muestra convencido de que se trató de una "guerra contra la mujer", guerra suscitada por la imposibilidad de que ésta se plegara completamente al ideal de "ángel del hogar" de la primera mitad del XIX. Además de constituir una fuente de excitación y placer masculinos, estas imágenes serían un aviso de los peligros que, supuestamente, amenazan al varón decimonónico occidental: "razas inferiores", "clases inferiores" y mujeres  son percibidas como naturaleza primitiva capaz de destruir la civilización.
La particular aplicación de la teoría de la evolución al análisis de fenómenos tales como el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado  -darwinismo social- conduce a esta amalgama en la que el oprimido adquiere perfiles bestiales y demoníacos. Sexismo, clasismo y racismo coinciden en la adjudicación de los mismos rasgos al individuo sometido: animalidad y sensualidad portadoras del caos.
Para Dijkstra, se trata de un claro mecanismo de dominación que posee dos funciones: justifica la discriminación y explotación practicadas sobre ciertos grupos y canaliza sobre fáciles chivos expiatorios la ansiedad y frustración generadas por las transformaciones capitalistas. La misoginia y el odio al judío estarán, así, estrechamente unidos en este período que anuncia el genocidio posterior.
Existe otra interpretación del curioso fenómeno finisecular de representación obsesiva de un inquietante erotismo femenino. Diego Romero de Solís se inclina por considerar que se trataría del descubrimiento fascinado de la sexualidad femenina, unido al ancestral temor que el hombre siente por la Mujer, miedo producido por la estrecha relación de la mujer  con los procesos de la vida y la muerte. La Mujer emerge como secreto largamente ocultado, como fuerza dionisíaca deseada y temida al mismo tiempo. De esta forma, "la sexualidad de la mujer irrumpe en el final de siglo como un proyecto de liberación" (7), y "ahora, en nuestro propio final de siglo, se proclama su triunfo y la promesa de un futuro esencialmente femenino, con una nueva transformación de los valores, con una nueva utopía". La proliferación de imágenes de la sexualidad femenina amenazante marcaría el comienzo del fin de una larga historia de represión del placer sexual y, en especial del goce femenino.
Si la hipótesis de B. Dijkstra se enmarca en los análisis feministas iniciados por Kate Millet con su Política sexual 8 de 1970, la de D. Romero de Solís puede ser relacionada con las teorías de Jung, con algunas manifestaciones surrealistas y con la crítica a la Modernidad realizada por la Escuela de Frankfurt. Se perciben filiaciones junguianas en la afirmación de que el miedo a la mujer latente en el inconsciente colectivo masculino generaría la política sexista. En cuanto al surrealismo, recordemos que André Breton anunciaba en Arcano 17 el fin del dominio masculino y el advenimiento de una sociedad futura encarnada, por el momento, en la Femme-enfant y sus poderes intuitivos, en el cuerpo sensual que vence al destructor y corrupto racionalismo de la Modernidad.
Finalmente, observemos, en lo que se refiere a la filiación frankfurtiana, que en su célebre Dialéctica de la Ilustración, Horkheimer y Adorno denunciaban el proceso histórico de represión de la Naturaleza interna y  externa masculina llevada a cabo por la razón occidental junto con la opresión de las mujeres. 
Intentaré aportar algunas breves consideraciones que me inclinan a no compartir la visión optimista de D. Romero de Solís. Lo haré, no ya desde la estética y la historia del arte, sino desde el estudio de la conceptualización de la mujer y la sexualidad en algunos filósofos contemporáneos que trataron especialmente el tema.


Max Sauco

Caracterización ontológica de la sexualidad como el Mal
¿Curiosamente?, la sexualidad no ha sido un tema excesivamente transitado por la Filosofía. En la Antigüedad, podemos citar El Banquete de Platón. Pero, como señala Michel Foucault en Historia de la sexualidad (9), para los griegos, la sexualidad era sólo un aspecto entre otros muchos de la vida del hombre. Los tratados de Dietética incluían entre sus consejos para una vida sana y equilibrada los referidos a la práctica de los  afrodisia (actos que procuran el placer sexual). Hasta la llegada del cristianismo, la noción de pecado es ajena al erotismo. Sólo se recomendaba la mesura (sophrosune), tal como se hacía con los placeres de la buena mesa. El deseo sexual no era aún la "verdad del sujeto". 
Con la filosofía contemporánea, la sexualidad es elevada a fundamento ontológico. Los diálogos porno-filosófico-políticos del tocador sadiano son el primer signo inequívoco de esta transformación total en la valoración del deseo erótico (10). La crisis del optimismo racionalista se halla ligada a este ascenso de la sexualidad en las preocupaciones filosóficas. La razón  desespera en su búsqueda de un sentido trascendente. El hombre se descubre abandonado en un mundo caótico, sometido a las leyes de la Naturaleza y albergando en el interior de su propio ser un núcleo irreductible de Naturaleza. 
Con el pesimismo de Schopenhauer y de su discípulo Edward Von Hartmann, la sexualidad se transforma en revelación de la Voluntad de Vivir o Uno-Inconsciente. La esencia de la realidad, generalmente oculta tras la apariencia nouménica o velo de Maya, es una fuerza ciega  -Voluntad. Esta energía constituye la sustancia de todo cuanto existe. Es la esencia del Universo y la descubrimos a través de la introspección. Se manifiesta en toda su salvaje obstinación en el acto sexual. Dado que la vida es concebida como una tragedia (el final es siempre la muerte y el dolor y el hastío predominan sobre los breves momentos de placer), el acto sexual es una traición de los amantes al hijo que vendrá. Implica la continuidad de la cadena de la vida, es decir, del dolor. Puesto que la Vida es el Mal, la sexualidad es el Mal que impide el final del sufrimiento. En el suplemento a  El Mundo como Voluntad y representación, titulado "Metafísica de la sexualidad", Schopenhauer afirma que las mujeres son la trampa que la especie pone al individuo para reproducirse. Sin menoscabo del gran valor del conjunto de la filosofía schopenhaueriana, puede decirse que la popularidad que adquirió su obra se debió, en una parte no desdeñable, a su conceptualización de la mujer y la sexualidad. Tras la joven seductora se esconde una madre que, inconscientemente, contribuirá a la cadena del dolor con nuevas víctimas. El acto ético será, pues, el ascetismo. 
A idéntica conclusión llega, a principios del siglo XX, Otto Weininger en su obra  Sexo y carácter (1902). Las mujeres son la sexualidad misma y deben, como el abyecto y femenino judío, desaparecer. Por ellas existe el falo, es decir, el deseo masculino que precipita a los hombres al abismo de la animalidad. Judío él mismo, y coherente con sus teorías -rasgo meritorio y muy difícil de encontrar-, Weininger se suicidó pocos meses después de la publicación de este libro tan admirado por la intelectualidad europea y americana (en Austria se han hecho más de cincuenta ediciones).
Pero no siempre la identificación de sexualidad y Mal conduce a la propuesta de un ascetismo liberador. Uno de los teóricos del erotismo más reconocidos, Georges Bataille, parte, justamente, de una aceptación de la sexualidad como Mal para -en clave nietzscheana- proponer una "transgresión soberana" como superación de los límites de la sociedad burguesa. Es imposible resumir en estas pocas líneas la complejidad del pensamiento de Bataille sobre este tema (11).  Simplemente, me interesa destacar aquí que, recuperando las tesis del marqués de Sade, Bataille plantea la necesidad de  asumir el Mal para recuperar la vivencia de la soberanía, experiencia perdida en un mundo de razón instrumental capitalista e igualdad democrática ante la ley. El erotismo sado-masoquista constituye, de esta manera, un sustituto ritual del impulso ontológico de negación del Otro, es decir, del crimen prohibido por la sociedad. El acto sexual es asimilado a la violación, a la negación de los límites que configuran la identidad del objeto de deseo. El Mal es, entonces, liberador, y otorga al hombre la animalidad sagrada o rango de "naturaleza transfigurada", que no es simple inmediatez natural sino asunción consciente de la energía instintiva reprimida por las normas culturales. Dado que, por lo general, el respeto de los derechos individuales impide la utilización de las personas como medios, es necesario que exista un grupo especial hacia el que pueda canalizarse el deseo destructivo. Este grupo es el de las prostitutas, objeto paradigmático del deseo masculino que permite que el varón acceda a la experiencia de la liberación con respecto a las miserias cotidianas del mundo de la necesidad. La prostituta es el objeto del erotismo. Su cuerpo semi-desnudo evoca tanto el horror de la Naturaleza viscosa en donde se gesta la vida y la muerte como, en las pocas prendas que la cubren, el vestigio de la civilización y de sus prohibiciones transgredidas. El objeto de deseo del erotismo es esta naturaleza "maldita".

Max Sauco


La sexualidad como Naturaleza buena
Si los herederos de Hobbes enfatizaban la negatividad del deseo erótico, los de Rousseau insistirán en su bondad. Wilhem Reich puede ser considerado el máximo exponente de esta  conceptualización de la sexualidad. La ruptura de Reich con Freud se consumó cuando este último llegó al convencimiento de la existencia de una pulsión de agresión. Para Reich, sadismo y masoquismo son fruto de deformaciones libidinales inducidas por la sociedad. El plano profundo de la estructura psíquica esconde la sociabilidad y sexualidad naturales así como la capacidad de placer y amor. El inconsciente freudiano (agresividad, sadismo, perversión, etc.) sólo es un plano medio producido por la represión. La potencia liberadora del orgasmo es, según Reich, capaz de disolver la superestructura caracterológica de autodominio y sociabilidad artificial que funciona como máscara encubridora de la agresividad. La liberación sexual conduce a la revolución política. En 1951, Reich supera definitivamente el campo psicológico y terapéutico para lanzarse a la especulación metafísica: afirma haber descubierto "la materia primordial" constitutiva de la totalidad de los entes. Es la energía sexual u "orgón".
En una teoría que deja entrever cierto parentesco con el idealismo alemán, sostiene que esta energía cósmica tomó poco a poco conciencia de sí, perdiendo su espontaneidad emocional y sepultando las fuerzas biológicas  libres del matriarcado originario bajo la estructura caracterológica represora patriarcal.
Influido por Reich y en la línea del agudo análisis de la dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer, Marcuse ve en las mujeres a las representantes de Eros, al nuevo sujeto revolucionario, esperanza de la humanidad. En una conferencia pronunciada en 1974, en plena efervescencia de la segunda ola del feminismo, el filósofo previene a las mujeres sobre las influencias nefastas del abandono de las cualidades femeninas y la adopción acrítica de la razón instrumental propia del patriarcado. La mujer, vinculada históricamente a la Naturaleza, es la única capaz de reconciliar al hombre con ésta, en un mundo vaciado de sentido. Por ello, el colectivo femenino debe mantenerse deliberadamente alejado del poder. En su particular versión de la teoría hegeliana del progreso de la humanidad, el patriarcado y la represión de la sexualidad son el necesario momento de la negación previo a un futuro de sublimación no represiva y abolición del sometimiento de las mujeres. Como para el padre del surrealismo, el futuro será femenino y permitirá "el retorno de lo reprimido".
 
Max Sauco



Mediadoras hacia el Bien y hacia el Mal
Vemos, pues, que la proliferación de inquietantes imágenes de la sexualidad femenina desde finales del siglo XIX tiene un correlato en el incremento del interés filosófico por el tema. No considero que la línea tanática de interpretación de la sexualidad esconda un impulso liberador o sea producto de un temor ancestral hacia los estratos en que la Vida muestra su complicidad con la muerte. La sexualidad amenazante femenina de las representaciones artísticas y de las teorías filosóficas surge como reacción a las primeras reivindicaciones feministas.
Pero éstas son peticiones de igualdad político-social y no una explosión dionisíaca de los instintos. No es una casualidad si, junto con la aparición del paradigma de igualdad de las democracias modernas, se popularizan las teorías de los médicos-filósofos sobre la completa dependencia del cerebro femenino a las exigencias reproductivas. La misión de madre excluirá de la ciudadanía y del acceso a los estudios superiores.
Estas teorías, originadas a mediados del siglo XVIII, en plena Ilustración, desarrolladas durante el XIX y continuadas en la doctrina de la envidia del  pene freudiana, tenían una función claramente discriminatoria. Las teorías de la inferioridad femenina de Schopenhauer no se deben, como a veces suele  suponerse, a que el pobre filósofo no conocía mujeres inteligentes y cultas. Muy por el contrario, un mínimo conocimiento de su biografía nos muestra que constituyen el rechazo a la figura de la ilustrada, figura  encarnada por su propia madre, escritora de renombre que presidía un salón literario al que asistía el mismo Goethe (12). Las extremas manifestaciones de misoginia de O. Weininger coinciden con un momento cúspide del sufragismo, movimiento que este autor consideró promovido por individuos intersexuales, mujeres viriles que, con su iniciativa masculina, arrastraban al activismo a otras mujeres normales. Una lograda plasmación literaria de esta
explicación biologicista del sufragismo es la novela Las bostonianas de Henry James. La prostituta como Naturaleza maldita imprescindible para el sentimiento de soberanía masculino es el contramodelo de la mujer que, en el siglo XX, comienza a acceder a profesiones y empleos, y con ello, según Bataille, pierde la sensualidad, masculinizándose.
Si, según una interpretación de corte psicoanalítico, el miedo a la mujer genera la política sexista, por el contrario, desde una lectura vinculada a las teorías de la colonización, es  la política sexista la que genera el miedo al oprimido. El indígena, la mujer, el animal son demonizados para que su dominación aparezca como legítima. La peligrosidad del oprimido justifica, así, el control y/o la eliminación. Este proceso o se produce a nivel consciente sino que constituye el fondo de convicciones de una sociedad colonialista, sexista o exageradamente antropocéntrica.
Las peculiaridades del otro, naturales (menstruación interpretada como impureza, por ejemplo) o construidas en el proceso de dominación (hipocresía y superficialidad de las mujeres, etc.) son ontologizadas y convertidas en pruebas de la inferioridad y peligrosidad del sometido. La perversa mujer insaciable es una creación masculina que justifica la opresión y el control. Recordemos, como caso paradigmático, que las amputaciones sexuales rituales (excisión e infibulación) que sufren, según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de cien millones de mujeres en el mundo, son justificadas por el carácter lascivo e inagotable de la sexualidad femenina natural.
La segunda figura de la otredad femenina o sexualidad natural positivamente connotada no contiene la misoginia de la primera. Podría, más bien, ser la continuación contemporánea del discurso de la excelencia de las mujeres del bienintencionado Agrippa de Nettesheim. Las teorías que la sustentan contienen interesantes análisis de la constitución de la masculinidad como razón instrumental y están animadas por ese soplo de solidaridad transformadora que les ha valido la adhesión de un cierto número de pensadoras feministas. Sin embargo, en su exaltación del retorno de lo reprimido, también vincula a las mujeres con una naturaleza pulsional primitiva, aunque, esta vez, se preconice su recuperación y se ensalcen sus virtudes. Como señala Cèlia Amorós (13) , en la búsqueda de un nuevo sujeto revolucionario, se apela, así, a un realismo de los universales. Las mujeres en toda su variedad de individuos son transformadas en la Mujer con  cualidades esenciales redentoras. Una  de las características de la constitución del Otro en tanto lo Otro de lo Uno -sujeto que enuncia- es, justamente, negarle la individualidad.
Así, resulta interesante observar que en las diferentes teorías examinadas existe una constante reificación de las cualidades atribuidas a las mujeres. Predomina la identificación de la mujer con la Naturaleza y la sexualidad, en unos casos condenada, en otros ensalzada. Mujer y sexualidad son concebidas como mediación hacia la servidumbre o hacia la libertad del individuo. Esto no debe asombrarnos. La función mediadora de la figura femenina es muy antigua y durante muchos siglos se articuló en el lenguaje religioso. Eva, causante de la Caída, representaba la sensualidad seductora inspirada por la serpiente. María, su contrapartida, era venerada como la mediadora por excelencia entre la vida terrena y el Dios que aseguraba la salvación eterna.
Finalmente, desearía hacer una última consideración sobre la multiplicación de representaciones artísticas y discursos científicos y filosóficos sobre la sexualidad femenina desde finales del XIX hasta nuestros días. Si bien es cierto que la revolución sexual ha significado el reconocimiento del derecho al placer para las mujeres, también, desde la teoría feminista se ha subrayado el carácter androcéntrico de los nuevos  credos, usos y costumbres. Si Foucault denunciaba el "dispositivo de sexualidad" de la Modernidad como construcción-control-incitación social de  las identidades sexuales, esta sospecha adquiere aún mucho más fundamento cuando examinamos el caso del colectivo femenino (14) . El sensual (en ocasiones, pornográfico) modelo femenino post-revolución sexual es también -como lo era el puritano ángel del hogar- una proyección del deseo masculino.
El discurso filosófico y científico, el arte y, a nivel popular, los medios de comunicación de masas establecen y normalizan este nuevo modelo en lo que puede ser considerado una nueva forma de configuración y control patriarcales del cuerpo y la sexualidad femeninos (15).
Esta constatación no significa que debamos rechazar las conquistas de la revolución sexual y abominar de ella. Implica, simplemente, un distanciamiento crítico prudente con respecto a una identidad, una imagen y una sexualidad que ni han sido creadas por las propias mujeres en su praxis liberadora ni tampoco, a mi juicio, anuncian el fin del patriarcado.




Notas y referencias

1. Una primera versión de este artículo fue publicada en  Daimon. Revista de
Filosofía de la Universidad de Murcia nº14, enero-julio 1997.
2. Ver Joan  Scott, "La querelle de las mujeres a finales del siglo XX", en
New Left Review, ed. Akal, Madrid, 2000, pp.97-116.
3. En su último libro, Germaine Greer hace esta misma observación con
respecto a las adolescentes británicas  (La mujer completa, ed. Kairós,
Barcelona, 2000, pp.475-490).
4. Von Nettesheim, Agrippa,  De l'excellence et de la supériorité de la femme,
Paris, Chez Louis, Libraire, 1801.
5. Poulain de la Barre,  Sobre la igualdad de los sexos, en Puleo, Alicia H.,
Figuras del Otro en la Ilustración francesa. Diderot y otros autores, Madrid,
Escuela Libre Editorial, Fundación Once, 1996, pp.149-150.
6. Idolos de perversidad. La imagen de la mujer en la cultura de fin de siglo, trad.
Vicente Campos González, Madrid, Ed. Debate, 1994.
7. Romero de Solís, Diego, "El miedo a la mujer (arte, sexualidad y fin de
siglo)",  Daimon. Revista de Filosofía nº14, enero-junio 1997, Universidad de
Murcia, pp.155-166
8. Obra emblemática de lectura siempre imprescindible reeditada por la
colección Feminismos de editorial Cátedra.
9. L'usage des plaisirs y  Le souci de soi, vol. II y III de  Histoire de la
sexualité, Paris, Gallimard, 1984. Hay traducción castellana en Siglo XXI.
10. Para un agudo análisis del pensamiento sadiano, ver Luisa Posada1
Kubissa, "Un Gran Reserva francés contra el vino de mesa" rousseauniano" en
el libro de la misma autora titulado Sexo y Esencia. De esencialismos
encubiertos y esencialismos heredados: desde un feminismo nominalista (ed. horas y
Horas, Madrid, 1998).
11. Para un tratamiento crítico extenso de la teoría del erotismo de
Bataille y de la conceptualización de la sexualidad en otros autores, ver
Puleo, Alicia H., Dialéctica de la sexualidadGénero y sexo en la Filosofía
contemporánea, Madrid, Cátedra, 1994.
12. Puleo, A.H., Cómo leer a Schopenhauer, Madrid-Gijón, Júcar, 1991.
13. Hacia una crítica de la razón patriarcal, Barcelona, Anthropos, 1985, p.316.
Ver, de la misma autora, "Presentación (que intenta ser un esbozo del
status questionis)" en Celia Amorós (ed.), Feminismo y Filosofía, ed.
Síntesis, Madrid, 2000.
14. La crítica a la revolución sexual surgió tempranamente en las filas del
feminismo radical. Para una visión actual poco complaciente con la
pornografía y la objetificación sexual, ver MacKinnon, Catharine A., Hacia
una teoría  feminista del Estado, trad. Eugenia Martín, Madrid, Cátedra, 1995,
pp.221-273. Ver también Sheyla Jeffreys,  La herejía lesbiana. Una perspectiva
feminista de la revolución sexual lesbiana, trad. Heide Braun, Madrid, Cátedra,
1996.
  15. Sobre la manipulación consciente y expresa de los guiones y las
imágenes femeninas en la producción cinematográfica y publicitaria
americana de los ochenta, con vistas a crear un modelo que sirviera de
freno a las reivindicaciones feministas de la década anterior, ver Faludi,
Susan, Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna, Anagrama, 1993.
Con respecto a los estereotipos en el arte contemporáneo y la necesidad de
enseñar a descifrarlos como parte de una educación no sexista, ver Alario,
MªTeresa, "La imagen: un espejo distorsionador", en Alario Trigueros, Mª
Teresa, García Colmenares, Carmen (coord.),  Persona, género y educación, ed.
Amarú, Salamanca, 1997, pp.87-112

Declaración de los Derechos Sexuales




Declaración del XIII Congreso Mundial de Sexología, 1997, Valencia, España. Revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS, el 26 de agosto de 1999, en el XIV Congreso Mundial de Sexología, Hong Kong, República Popular China. 




“Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. Dado que la salud es un derecho humano fundamental, la salud sexual debe ser un derecho humano básico. La expresión sexual va más allá del placer erótico o los actos sexuales. Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto, la expresión emocional y el amor. Para asegurar el desarrollo de una sexualidad saludable en los seres humanos y las sociedades, los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios”.
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La sexualidad es una parte integral de la personalidad de todo ser humano. Su desarrollo pleno depende de la satisfacción de necesidades humanas básicas como el deseo de contacto, intimidad, expresión emocional, placer, ternura y amor.
La sexualidad se construye a través de la interacción entre el individuo y las estructuras sociales. El desarrollo pleno de la sexualidad es esencial para el bienestar individual, interpersonal y social.
Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. Dado que la salud es un derecho humano fundamental, la salud sexual debe ser un derecho humano básico.
Para asegurar el desarrollo de una sexualidad saludable en los seres humanos y las sociedades, los derechos sexuales siguientes deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios.
La salud sexual es el resultado de un ambiente que reconoce, respeta y ejerce estos derechos sexuales:
El derecho a la libertad sexual. La libertad sexual abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos. Sin embargo, esto excluye toda forma de coerción, explotación y abuso sexuales en cualquier tiempo y situación de la vida.
El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo. Este derecho incluye la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre la propia vida sexual dentro del contexto de la ética personal y social. También están incluidas la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo.
El derecho a la privacidad sexual. Este involucra el derecho a las decisiones y conductas individuales realizadas en el ámbito de la intimidad siempre y cuando no interfieran en los derechos sexuales de otros.
El derecho a la equidad sexual. Este derecho se refiere a la oposición a todas las formas de discriminación, independientemente del sexo, género, orientación sexual, edad, raza, clase social, religión o limitación física o emocional.
El derecho al placer sexual. El placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual.
El derecho a la expresión sexual emocional. La expresión sexual va más allá del placer erótico o los actos sexuales. Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto, la expresión emocional y el amor.
El derecho a la libre asociación sexual. Significa la posibilidad de contraer o no matrimonio, de divorciarse y de establecer otros tipos de asociaciones sexuales responsables.
El derecho a la toma de decisiones reproductivas libres y responsables. Esto abarca el derecho a decidir o no tener hijos, el número y el espacio entre cada uno, y el derecho al acceso pleno a los métodos de regulación de la fecundidad.
El derecho a información basada en el conocimiento científico. Este derecho implica que la información sexual debe ser generada a través de la información científica libre y ética, así como el derecho a la difusión apropiada en todos los niveles sociales.
El derecho a la educación sexual integral. Este es un proceso que se inicia con el nacimiento y dura toda la vida, y que debería involucrar a todas las instituciones sociales.
El derecho a la atención de la salud sexual. La atención de la salud sexual debe estar disponible para la prevención y el tratamiento de todos los problemas, preocupaciones y trastornos sexuales.
LOS DERECHOS SEXUALES SON DERECHOS HUMANOS FUNDAMENTALES Y UNIVERSALES.


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