viernes, 1 de agosto de 2025

          EL PLANETA COMO POLIS ANTE LA EXTERNALIZACIÓN DE LO HUMANO

Luis Steven Pico


(Disertación presentada en la Maestría de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello  (Venezuela). Materia: La Filosofía ante los desafíos socioambientales, dictada por David De los Reyes, 2025) 

Redes Sociales Vegetales/DDLR2025, julio


Introducción 

¿Qué sucede cuando el hombre pudo habitar por primera vez fuer del planeta?, de este su sistema vital al cual está ligado irremediablemente dado que debe simular tal ecosistema de forma que pueda condicionar los ambientes para que sean habitables por el hombre, esto nos hace darnos conciencia cada vez más del modo cómo se debe vivir porque entendemos que la vida del ser humano exige condiciones que superan las meras necesidades biológicas. En todos los casos podemos evidenciar que el condicionamiento de la vida está ligado a un gran consumo de energía en sus diversas manifestaciones sustraídas de diversos minerales que se encuentran en el planeta. El ser humano ha llegado a un control de la técnica de tal manera que la manipulación y modelación de los entes que tiene a su disposición le ha llevado a expandir su presencia hacia límites nunca antes imaginados como son la Luna y Marte. Tenemos diversas manifestaciones de la presencia del ser humano como la tuvieron nuestros antepasados con sus órganos y sentidos. Hoy estos órganos que posibilitan el conocimiento se han visto intensificados por la agudeza de la técnica; Telescopios con visión más nítida y percepción lejana, los dispositivos permiten conocer lo que pasa en diversos lugares, las comunicaciones hacen virtualmente que la presencia de otros se haga cercana, así, por medio de nuestros satélites, robots, cámaras y bases espaciales hacemos esa inmensidad del cosmos cercana a nuestra existencia. Sin embargo, es diferente la cercanía a la humanidad en la que está la luna a la cercanía de Marte dado que en marte hay creaciones nuestras que nos permiten expandir el escenario de las experiencias, existe experiencia humana de la Luna, sí, puesto que hay humanos en la Luna, pero ¿existe experiencia humana de Marte? puesto que no hay humanos en Marte, ¿podemos decir que todo lo que observamos y vemos en las pantallas no es auténticamente una experiencia? si bien estas preguntas necesitan tiempo y diversos argumentos para ser respondidas, lo cierto es que las datos que llegan por medio de las tecnologías aplicadas a ciertos ámbitos de percepción masiva, como los telescopios, afectan y modifican el modo como el humano entiende el mundo, la imagen cósmica se ve también expandida así como los límites de lo humano y con ello de la vida, bios. El concepto de mundo ha sido desplazado de nuestro planeta hasta los confines del universo, ni siquiera podemos ya concebir el sol sin pensar en que es parte de una galaxia y así sucesivamente hasta que llegamos a la palabra universo, experimentamos un expansión acelerada lo que ha cambiado nuestra percepción de toda la realidad. El planeta no es más mundo y las ciudades no son más polis, el planeta es polis y las ciudades son Demos, según la tradición griega. Actualmente estas diferencias no se identifican con tales identidades, pero a medida que la expansión de la presencia del ser humano avance, se verá transformada la visión de los centros de poder del mundo contemporáneo y las formas cómo se relacionan la polis con la naturaleza y las implicaciones de los cambios de condiciones.


I. Los orígenes de lo humano

Hablar del origen humano implica adentrarse en un vasto entramado de temas y estructuras conceptuales desde las cuales intentamos dar sentido a nuestra propia definición. Sin embargo, resulta imposible circunscribir al ser humano dentro del universo, fusionándose con las demás fuerzas y estructuras energéticas, sin que este proceso comprometa la sostenibilidad del conocimiento que buscamos producir sobre lo humano. Partimos, inevitablemente, de nosotros mismos: de un autoconocimiento que trasciende el mero estudio de los cuerpos, objeto principal del método científico en términos biológicos. Los límites de lo humano se extienden mucho más allá de las estructuras biológicas, remitiendo al orden mismo del universo, a las fuentes de la naturaleza, así como a todo cuanto existe en conjunto con el hombre y lo que le constituye.

Reconociendo estas limitaciones metodológicas en la tarea de definir la humanidad, optamos por un enfoque que nos permita observarnos a nosotros mismos con una cierta distancia, casi como si fuéramos un "otro". Esta perspectiva sólo es posible a través del estudio de los fósiles humanos. Los hallazgos paleoantropológicos, las huellas que los hombres antiguos dejaron en la piedra y en la tierra, pueden orientar nuestro camino en la comprensión de su relación con el entorno. Las fabricaciones con utilidad inmediata, como herramientas, junto con las creaciones que carecen de un sentido de utilidad obvia, como el culto, los adornos y las pinturas rupestres, nos hablan de un ser en constante reproducción cultural y simbólica.

Aquí es donde introducimos un concepto fundamental para entender este proceso de reflexión: la prospectiva (1). La prospectiva es la acción del pensamiento humano de adelantarse al futuro, contemplando y prediciendo posibles escenarios donde determinados fines puedan ser materializados. Esta capacidad es intrínseca al modo en que comprendemos el poder y cómo el ser humano se aproxima a la realidad. Las condiciones que permiten el pensamiento prospectivo en los humanos pueden atribuirse a múltiples causas y fenómenos. Sin embargo, lo que se desprende de la prospectiva es una clara acción de poder del hombre sobre la naturaleza. Esta capacidad de pensamiento prospectivo complejiza los procesos de aprendizaje del hombre primitivo, orientando su acción y reproducción hacia fines específicos. La prospectiva implica una clara orientación teleológica, es decir, dirigida hacia ciertos propósitos. La conformación de las comunidades antiguas obedece directamente a los fines que se desprenden de esta conciencia prospectiva desarrollada por los humanos. En la formación de los pequeños grupos, dominaba el deseo de seguridad ante el temor al hambre, la sed, el dolor, las enfermedades y la muerte. Eran conscientes, al menos, de la necesidad de la cooperación y la vida en conjunto frente a las imposiciones de la vida natural. Sin embargo, al tener conocimiento de su propia limitación, lo desconocido, el mundo externo a la saciedad y el control de las necesidad, les aterraba aún más. 

En el hombre primitivo, la conciencia, aunque diferente a la nuestra, ya habitaba en él, manifestándose como una estructura metapsíquica (2). Este orden inicial tuvo un profundo impacto en la vida de las comunidades primitivas, modelando su evolución hasta la formación de las grandes ciudades antiguas y los imperios que sentaron las bases de la civilización. A pesar de estos avances, aquellos humanos habitaban bajo las limitaciones de sus capacidades para ejercer control sobre la naturaleza en su conjunto. Elementos como el mar o el cielo, cargados de inmensidad y misterio, siguieron siendo relacionados con poderes superiores, de donde se desprendía la intuición de lo divino. Es crucial entender que esto no implica reducir las manifestaciones religiosas y políticas del hombre a meras estructuras psíquicas que intentan ser materializadas por instituciones de poder. Más bien, debemos ser conscientes de las limitaciones inherentes a las estructuras formadas en esas épocas, cuando el ser humano temía vivir en su hábitat y lo percibía como algo extraño que ejercía un poder abrumador sobre los ambientes primitivos. Aunque la mayoría de esos miedos y las explicaciones asociadas han perdido sentido para la contemporaneidad, su legado persiste.

La expansión de la conciencia por la tecnología acelerada contrasta agudamente con la ralentización de nuestra meta-psique debido a limitaciones transmitidas culturalmente. Esta disonancia sugiere que, aunque el hombre moderno tiene la capacidad de habitar más allá de la Tierra, demostrando una amplitud y poder inimaginables para el hombre antiguo, nuestra comprensión de lo humano y del universo no ha evolucionado al mismo ritmo. Esto nos hace arrastrar miedos ancestrales y limitaciones conceptuales de una época donde la naturaleza era un poder temible, lo que podría generar posibles amenazas a la vida de nuestras ciudades globales, no ya por fuerzas externas incontrolables, sino por una incapacidad interna para gestionar éticamente nuestra creciente capacidad tecnológica y nuestra relación con el vasto entorno, ya sea terrestre o cósmico.


II. Las Jerarquías Fundacionales: Del Kósmos a la Polis y el Demos

La civilización occidental, desde sus raíces griegas, ha construido una compleja trama de jerarquías espaciales y ontológicas que han moldeado nuestra percepción del lugar del ser humano en el mundo y el mundo mismo como unidad de los espacios. Para los pensadores de la Antigua Grecia, el Kósmos (κόσμος) no era solo el universo, sino un orden inherentemente bello e inteligible, o el alma del mundo en Platón (3). nosotros hemos heredado la estructura semántica de los griegos y Los problemas experimentados en la conformación y constancia de la polis antigua siguen estando presentes en la polis contemporánea sin embargo ahora caracterizados por un proceso de aceleración impulsado desde la revolución industrial.

Dentro de este vasto "mundo" habitado, la Polis (πόλις) emerge como el punto más alto de la existencia humana, el único lugar donde la vida podría ser desplegada llegando a ser virtuosa y la realización plena eran posibles. Como Aristóteles (4) sentenció: "El hombre es por naturaleza un animal político (ζῷον πολιτικόν)". Estar fuera de la Polis implicaba una existencia incompleta, propia de bestias o dioses, pero no de hombres civilizados, no se puede entender al ser humano sin la actividad política en la que despliega su ser, en ese ámbito en el que realiza su vida, es decir, en los límites de la polis y las instituciones que representan los poderes en los cuales la polis tiene fundamento. El ser humano en este sentido es entendido como un ser articulado por diversas redes de conexiones que conforman su ser y en las que tiene desarrollo las potencialidades humanas. El impacto que tiene la vida de la comunidad en la reproducción de la especie humana es diferente de las que observamos en las diversas formas de vida (5), el hombre tiende a ejercer inmanencia sobre los demás entes atrayéndolos y modificándolos dándoles un sentido en la imagen cósmica desde la cual se piensa la realidad que intenta circunscribir.

Dentro de esta Polis, existían otros tipos de jerarquizaciones que luego encuentran evolucionar hasta el concepto de Demos. El Asty (ἄστυ), la urbe, el centro político y cultural, se distinguía del concepto tradicional de Demos (δῆμος), que originalmente denotaba las aldeas y el territorio rural circundante, la Chora (χώρα). Esta división no era sólo geográfica; implicaba una distinción funcional y, a menudo, social. El Asty era el lugar donde se podía deliberar, hacer filosofía y tomar decisiones concernientes a la vida pública, mientras que la Chora era la base productiva, el sustento de la vida urbana. Similar a como funcionan nuestras ciudades actualmente, Sin embargo, en Atenas, el término Demos adquirió una connotación política crucial, refiriéndose al cuerpo de los ciudadanos que tenían el poder en la democracia (6). Las ciudades actuales y las distribuciones del poder no son muy diferentes a las de la antigüedad helénica aunque las formas de manifestar el poder de la demos sea diferente según la distancia en el tiempo, sin embargo, las tensiones que se encuentran en la antigüedad debido a esta jerarquización de la realidad esquematizando las organizaciones políticas según las distribuciones en el territorio y la actividad en la vida de la polis, esto implica una reproducción constante de los problemas elementales que afectan a la antigüedad junto con los desafíos y desequilibrios que afrontamos en la contemporaneidad. Hoy la referencia es filial, una persona es identificada por el nombre, los apellidos de sus padres más que por la pertenencia a alguna comunidad a la que esté ligado por nacimiento, existe ya de por sí, desde la concepción, una visión desarraigada de la comunidad, Al invertir los esquemas y desarraigar a un persona de la familia y centrarse en la vida de la comunidad a la que pertenece también tiene consecuencias en los ámbitos como la libertad y la igualdad,  ¿Por qué el progreso de los pueblos implica comprometer la libertad y la igualdad?

El ser humano crea ciudades más para organizarse que para liberarse o igualarse unos a otros, las ciudades contemporáneas por el simple hecho de ser ciudades están fuera de las competencias de producir felicidad, por un lado tenemos una exagerada confianza en la existencia de la libertad y la igualdad como ideas que son posibles ser materializadas según las intuiciones particulares de los individuos o los estados, en este caso en particular, de las diferentes comunidades (demos), si pudiéramos realizar el deseo de libertad e igualdad de cada persona la cual tiene una inclinación natural hacía sí misma, no habría modo posible de concretar tal deseo ya que difiere de las condiciones y capacidades de que cada uno y del conjunto en general para lograr eso en cada individuo como si de la acción común pudiéramos validar al individuo y viceversa, si el hombre se organiza en comunidades no es porque desee alcanzar felicidad e igualdad sino porque necesariamente necesita estructurarse como una forma de vida tal que puede implantarse sobre los ecosistemas y los entes como principio de transformación, la acción del hombre no crea nada de la nada, transforma, siempre y en todo lugar, transforma y performa.

Todo se ve transformado por la vida del hombre y es circunscripto en un punto relacional de esa imagen cósmica, pero como el hombre no observa desde afuera sino que es siempre desde sí mismo, entonces debe también interpretarse en un lugar de la misma imagen cósmica que emana de él. Así para poder construir una demos, es necesario sacrificar algo o mucho de las libertades individuales y ejercer sobre ellas una jerarquía desigual en la cual se sostenían estructuras de poder capaces de soportar la actividad transformadora de la especie. Ya hemos dejado manifiesto una de las contradicciones actuales en la transformación de las urbes en este novedoso orden expandido del cosmos, la libertad y la igualdad como la contemporaneidad las están entendiendo como ese matiz utópico no son más que ritualismos de la ilusión (7), ampliamente promovida por esa visión del Sueño Americano donde podemos encontrar una manifestación utópica de la libertad basada en la posesión, esto implica el  establecimiento de nuevas desigualdades porque este mundo parece ya tener cada espacio marcado con algún nombre, no hay tierras disponibles en las cuales poder continuar el despliegue y evitar el hacinamiento político. Ante estas perspectivas ¿Qué son entonces la libertad y la igualdad y por qué existen en la ciudad si estas no pueden ofrecerla y concretar la? Con el despliegue de la vida humana en otros planetas y la expansión de los campos de significación y sus referentes (8) el planeta es ahora una Macrociudad sin gobernanza en la que reina la anarquía y la falta de sentido en cuanto a la totalidad de la humanidad. Lo que antes entendíamos por ciudades, son Demos, comunidades, compuestos por urbes y campos, pero estas no significan ya la Polis, el campo de realización de la vida humana, este lugar lo ocupa ahora el planeta en todo su conjunto, el cosmos va más allá ahora de nuestro sistema solar y sigue expandiéndose por lo que ahora nos encontramos en una Polis desarticulada donde cada Demos busca reafirmar su influencia. En esta forma concuerdan las estructuras antiguas de Grecia junto con las contemporáneas, no solo por las estructuras sino también por los desafíos que experimenta, en nuestro tiempo las condiciones para los cambios son aún más complejas y las desigualdades que las estructuras imponen sobre la vida los hombres no parecen ser disminuida sino amplificadas, la humanidad avanza a través de los tiempos mezclando lo antiguo y lo nuevo, las edificaciones medievales y coloniales junto con edificios con paneles solares y jardines colgantes, sin embargo, el cuaderno, la tablet y los colores, sin embargo, este funcionamiento de las existencias a la que tienden las creaciones humanas se ve desplazado por los intentos de innovaciones que solo implique el acceso de unos pocos modificando así la naturaleza humana creando formas inferior de ser y habitar el mundo y la polis. Estos seres inferiores que en prospectiva podemos intuir tiene que ver con la Demos, con la mayoría de las comunidades, hablar de individuos en estos términos desligados de las estructuras familiares y comunitarias significa restarle al hombre las conexiones esenciales para poder comprender su acción en el mundo y las direcciones que toman las energías que va descubriendo en el proceso de descubrimiento y dominio de la naturaleza.

El dominio del hombre es el responsable de los desequilibrios globales, emana del centro personal de las comunidades humanas, de los lugares y acontecimientos donde se manifiesta una concentración de conciencia en los lugares donde se reúnen los humanos para deliberar. Las relaciones socioambientales se ven afectadas por la expansión del cosmos, las jerarquías sociales y los cambios en el planeta. Entender cómo están transformadas las instituciones que emanan del poder nos permite conocer las limitaciones y posibilidades que tiene la humanidad para desarrollar la vida en las dimensiones que se ven afectadas por la expansión siendo determinadas por lo macro debido al estado de aceleración tecnológica en la que nos encontramos. Todas estas manifestaciones del poder no implican necesariamente que nos estemos avanzando a una época de prosperidad, libertades e igualdades, sino que podemos pensar lo que afirma Romano Guardini en su discurso en 1962 en la recepción del premio 8 El mundo es un campo de significación cuyo referente era el planeta tierra, al expandirse la visión del cosmos más allá de los límites de la tierra, el referente del campo de significación (mundo) cambia y todo lo que depende de él, cambia también, así, ha cambiado no solo el cosmos sino la polis y la demos con sus jerarquías intrínsecas.

Erasmo acerca del poder se nos ha vuelto problemático (9) y en esta macro ciudad de la cual no tenemos escapatoria puede crearse un hacinamiento político, el cual no implica hiper poblaciones sino el control y poder acelerados que impactan sobre la vida de esta nueva polis. Harari también nos advierte lo siguiente:

    

"No importa cómo la llamemos, teoría de juegos, posmodernismo o memética, la dinámica        de la historia no se dirige a mejorar el bienestar humano. No hay base alguna para pensar       que las culturas que más éxito han tenido en la historia son necesariamente las mejores      para Homo sapiens. Al igual que la evolución, la historia hace caso omiso de la felicidad de       los organismos individuales. Y los individuos humanos, por su parte, suelen ser demasiado     ignorantes y débiles para influir sobre el curso de la historia para su propio beneficio". (10) 


Transformar las nuevas sociedades implica un proceso de cambio que introduzca la aceleración en las actividades humanas, hemos experimentado cómo los movimientos en las ciudades y mercados tienden a ser cada vez más acelerados buscando relaciones rápidas y confiables, la inteligencia artificial ya impacta en el ritmo de vida de las Urbes del planeta. Las democracias contemporáneas con las figuras de la constitución y las instituciones que dividen el poder son insuficientes para dar respuesta a los nuevos desafíos porque la estructura ha quedado desarticulada por el proceso de externalización. La vida del planeta, el calentamiento global, las guerras y la lucha por la energía y el control en tiempos de bombas nucleares exige de las comunidades una transformación capaz de integrar lo natural y artificial, la urbe y los campos así como la institucionalización de la familia como centro remanente del poder como reacción a los partidos políticos quienes no reconocen el rostro humano sino el número en el conteo de los votos. Si el poder es polémico, es importante limitar las estructuras que lo soportan y en la medida en que se limitan pueden verse transformadas para dar respuestas a los socioambientales en el desarrollo de la vida humana. 


CONCLUSIÓN

Las relaciones exigen de las comunidades una nueva forma de representación dada la expansión y las transformaciones de las bases mismas de la estructura social, psicológica y ambiental. Para los que muchos creen, nuestro panorama no es el mismo de aquel cuando occidente descubrió América. No tenemos nuevas tierras que nombrar, ciudades que ocupar y ciudadanos que por medio de la educación o de la fuerza, cooperen con nosotros para seguir expandiendo nuestro mundo, el mundo que también se expandió en América tomando nuevas formas y dimensiones. Nuestra situación es diferente y quienes llevan la delantera en la lucha por el cosmos son transnacionales y las grandes potencias que polarizan nuestro tiempo. Si las dimensiones políticas que estructuran el mundo han sido extendidas, entonces ¿Qué sucede con el concepto de individuo y familia? ¿ Cuáles son sus nuevas dimensiones y qué es necesario para soportar las nuevas estructuras políticas de manera que la humanidad pueda conservar un modo de vida tal que se le permita desplegar su psique formando un sentido ético hasta el fin de sus días, es decir, establecer una armonía entre la acción del hombre y los productos de la naturaleza, dado que los desequilibrios actuales exigen de la humanidad crear soportes capaces de dar respuesta a los desafíos que surgen en la expansión de la conciencia por medio de la actividad del hombre. El concepto de individuo y familia están siendo afectados por la globalización y por la externalización. La familia, el núcleo de la vida social puede ser dirigida hacia un proceso de institucionalización, hablar de pueblo como el simple conjunto de los individuos desarraigados disponibles para los partidos políticos donde solo existen como números, por medio de esta reflexión podemos entender que el concepto de ciudadano ha sido desplazado incluso desde antes de que el hombre pudiera externalizarse fuera del planeta, los ciudadanos ahora son aquellos que puedan acumular votos y puedan ingresar en lo que llamamos ahora vida política ahora más que nunca renacen los conceptos de prole y ciudadano que heredamos de la antigüedad.

Notas:

1 Es que la fabricación del instrumento y artefacto supone conciencia prospectiva y, por tanto, simbolizante; supone convivencia en grupos cuyos miembros se intercomunican de algún modo por signos convencionales de naturaleza fonética. (Burk 1971, #18).

2 Introduje este concepto para evitar introducir palabras venidas del mundo religioso que puedan oscurecer nuestra interpretación, meta-psiquismo equivale al concepto tradicional de Spiritum. No substituye la base psíquica que emana de los fundamentos biológicos sino que se manifiesta en sus mismas relaciones y nexus, sin embargo, tiende a permanecer sin fusionarse con la estructura funcionando de alguna forma relativa ejerciendo poder sobre la vida psíquica natural. Así la conciencia aparece en las bases mismas de la acción metapsíquica soportando lo que entendemos como conciencia.

3 Cfr. Platón 1981

4 Aristóteles 1988, #46

5 El carácter de la comunidad se imprime en sus miembros individuales y es, en el hombre, ζῷον πολιτικόν, en una medida muy superior que en los animales, fuente de toda acción y de toda conducta (Jaeger 2001 # 10)

6 Es importante mencionar que el término Demos antes de adquirir su connotación de “pueblo soberano" se usaba frecuentemente para referirse a estas divisiones territoriales o aldeas rurales

7 Este culto da Humanidade, com os seus ritos de Liberdade e Igualdade, pareceu-me sempre uma revivescência dos cultos antigos, em que animais eram como deuses, ou os deuses tinham cabeças de animais. (Pessoa 1999, # 47)

8 El mundo es un campo de significación cuyo referente era el planeta tierra, al expandirse la visión del cosmos más allá de los límites de la tierra, el referente del campo de significación (mundo) cambia y todo lo que depende de él, cambia también, así, ha cambiado no solo el cosmos sino la polis y la demos con sus jerarquías intrínsecas.

9 Cfr. Guardini, Romano. 1981.

10 Harari 2014, #224



Referencias

Aristóteles. 1988. Política. Edited by Manuela García Valdés. Translated by Manuela García Valdés. N.p.: Gredos.

Burk, Ignacio. 1971. Historia Filosófica de la Psique. Caracas: Ediciones Gaceta de Pedagogía.

Guardini, Romano. 1981. Guardini, R., obras Selectas. Tomo I: Cristiandad, Ediciones, S.L.

Harari, Yuval N. 2014. Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad. Translated by Joandomènec Ros i Aragonès: Penguin Random House Grupo Editorial España

Pessoa, Fernando. 1999. Livro do desassossego. N.p.: Companhia das Letras.

Platón. 1981. Diálogos. N.p.: Gredos.

           UNA VENEZUELA PARA UNA GENERACIÓN FUTURA 

Valentina Varela

                                                                     

(Disertación presentada en la Maestría de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello  (Venezuela). Materia: La Filosofía ante los desafíos socioambientales, dictada por David De los Reyes, 2025) )


Redes Sociales Vegetales/ DDLR2025, julio


Introducción

La humanidad se encuentra en este momento ante una disyuntiva moral sin precedentes: la amenaza real de arruinar las condiciones de vida del planeta y poner en riesgo de manera irreversible el bienestar de las generaciones posteriores. En este marco, la responsabilidad hacia las futuras generaciones se convierte en un concepto clave en las discusiones filosóficas, políticas y éticas. Esta idea, que señala el compromiso moral que tienen las generaciones actuales con las que aún no han llegado, adquiere una urgencia particular debido a la crisis ambiental global. El cambio climático, la disminución de la diversidad biológica, el deterioro de los ecosistemas y la explotación desmedida de los recursos naturales no solo impactan a los seres vivos presentes, sino que también comprometen el futuro de aquellos que aún no han tenido la oportunidad de nacer.

Venezuela es el estado donde esta reflexión tiene un significado distinto. Es uno de los países que más biodiversidad presenta en el mundo, con un patrimonio natural vasto y singular, que abarca desde la selva amazónica hasta la costa del Caribe, incluyendo los tepuyes del Parque Nacional Canaima, los llanos, el Delta del Orinoco y la Sierra de Perijá. No obstante, esta riqueza se encuentra seriamente amenazada por múltiples actividades humanas, como la minería ilegal, la deforestación masiva, la contaminación producida por el petróleo y la falta de políticas ambientales sostenibles. Las generaciones presentes, al permitir o continuar estos procesos dañinos, están determinando el futuro ecológico del país —y, por ende, el destino de las futuras generaciones.

Este ensayo se basa en la creencia de que proteger los espacios naturales en Venezuela es un deber moral y político necesario para las generaciones futuras, no solo porque proporcionan ventajas inmediatas a la sociedad, sino también porque representa los derechos heredados que pertenecen a aquellos que aún no han nacido. Tanto los individuos como las instituciones estatales deben asumir esta responsabilidad, promoviendo un cambio radical en los valores culturales, las políticas públicas y la conciencia ecológica de la comunidad. Mediante una reflexión filosófica sobre el tiempo, el deber y la justicia ambiental, se explorarán los principios éticos que sustentan esta responsabilidad, los retos específicos que enfrenta Venezuela y la necesidad urgente de forjar una relación más respetuosa y sostenible con el medio ambiente.


1.  Venezuela como Patrimonio

Entre todas las maravillas naturales del mundo, Venezuela es una de las más diversas y valiosas. Alberga ecosistemas singulares, especies que solo se encuentran allí y paisajes de belleza incomparables, que van desde enormes y antiguos llanos guayaneses hasta los bosques de la costa caribeña y la región amazónica. No obstante, esta rica biodiversidad está en grave peligro por diversas actividades humanas, que, además de tener un impacto directo, amenazan el derecho de las futuras generaciones a disfrutar y vivir en un entorno saludable y equilibrado. En retrospectiva de las próximas generaciones, el declive de estos ecosistemas es un vacío moral que requiere ser reconocido, censurado y muy preocupante.


1.1  Riqueza de un ecosistema

Venezuela se considera una de las naciones más ricas en biodiversidad en el mundo, un título que se le otorga a las regiones que contienen una gran parte de la diversidad biológica global. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA):

“Venezuela alberga más de 14.000 especies de plantas, 1.400 especies de aves, 350 especies de mamíferos y más de 1.500 especies de peces, muchas de ellas endémicas” (PNUMA, 2019).

Existen numerosas áreas protegidas en la región, incluidos los parques nacionales y las reservas ecológicas. Entre las más notables se encuentran el Parque Nacional Canaima, designado como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, el Delta del Orinoco, los llanos de Venezuela, el Parque Nacional Henri Pittier y la cordillera de los Andes en Venezuela. Estos hábitats sirven como hogar para algo más que la presencia de especies diversas, al tiempo que salvaguardar las sociedades tradicionales, acceder a fuentes de agua vitales y cumplir roles ecológicos.


1.2  Amenazas que sufre nuestro ecosistema

Aunque los entornos naturales de Venezuela tienen el máximo valor ecológico, el entorno del país continúa experimentando una degradación ambiental continua. Las razones principales de este desgaste son de tipo estructural y están relacionadas con la explotación desmedida de recursos, la falta de políticas ambientales efectivas y la carencia de una adecuada gobernanza del territorio.

·        Arco minero del Orinoco

Según el Informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH):

“La actividad minera en el Arco Minero del Orinoco ha contribuido significativamente a la destrucción ambiental y a violaciones de derechos humanos, incluyendo el derecho a un ambiente sano” (ACNUDH, 2020, p. 15).

·        Perdida de la cobertura vegetal

El Global Forest Watch reportó que entre 2001 y 2020, Venezuela perdió aproximadamente 2.9 millones de hectáreas de cobertura arbórea, lo que representa una pérdida sustancial de sumideros de carbono y de hábitats críticos para la biodiversidad (Global Forest Watch, 2021).

·        Petroleras

Las consecuencias ambientales han sido significativas a lo largo de las edades debido al petróleo. Recientemente, por la inestabilidad en el funcionamiento de la industria petrolera del país, han ocurrido numerosos derrames de crudo en el Lago de Maracaibo, el Golfo de Paria y otras áreas costeras, lo que ha perjudicado seriamente los ecosistemas acuáticos y la salud de las comunidades que dependen de la pesca.

Como señala el biólogo venezolano Jon Paul Rodríguez: “La acumulación de impactos ambientales en Venezuela, sumada a la falta de monitoreo y respuesta institucional, está empujando a nuestros ecosistemas hacia umbrales de colapso” (Rodríguez, 2020, p. 38).


1.3  Impacto intergeneracional ante la el declive ambiental

No solo en la actualidad, sin embargo, los efectos de esta degradación ambiental son significativos. Al contrario, forman un legado injusto y permanente para las generaciones venideras, que experimentarán una disminución en su calidad de vida, su oportunidad de acceder a recursos naturales esenciales y su capacidad de vivir en un ambiente saludable y armonioso.

La filósofa española Victoria Camps lo expresa de forma clara: “Destruir el entorno natural no solo es un atentado contra la vida presente, sino una forma de egoísmo moral respecto al futuro” (Camps, 2003, p. 111).

En el contexto de Venezuela, esta falta de consideración se manifiesta en un serio quebranto moral. Las generaciones venideras no han aceptado heredar una nación que ha sido gravemente dañada en su entorno, y, a pesar de eso, serán ellas las que soporten las repercusiones de las decisiones que se tomen en la actualidad. La obligación hacia las generaciones futuras, por lo tanto, nos lleva a reflexionar no solo sobre lo que hacemos, sino también sobre los principios que guían nuestras elecciones.

2.     

                Ecología y filosofía en un mismo mundo

La cuestión sobre nuestra obligación hacia las generaciones que vendrán requiere un examen ético exhaustivo que pone en jaque las normas morales convencionales. A lo largo de la historia, la ética ha enfocado su atención en las interacciones entre personas que coexisten, dejando en un plano secundario las repercusiones a largo plazo. Sin embargo, con la crisis ambiental actual, se vuelve crucial ampliar la perspectiva ética para incluir a aquellos seres que aún no han nacido. ¿Qué responsabilidades tenemos con ellos? ¿De qué manera se sostiene esta obligación desde el punto de vista moral? ¿Qué efectos tiene ignorar esa responsabilidad? Este apartado presenta tres líneas de razonamiento: la ética de los deberes hacia el futuro, la expansión del marco temporal ético, y la importancia de establecer una corresponsabilidad común.


      2.1  El deber ético como sociedad a las generaciones futuras

Una de las aportaciones más impactantes en el ámbito filosófico sobre esta cuestión se origina en el trabajo de Hans Jonas, quien argumenta que la tecnología actual ha cambiado de manera significativa el impacto de nuestras decisiones, hasta el extremo de amenazar la propia supervivencia de la humanidad. Por lo tanto, es necesario que nuestras obligaciones éticas se adapten a esta nueva realidad de poder.

En su obra El principio de responsabilidad (1979), Jonas afirma: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica sobre la Tierra” (Jonas, 1995, p. 39).

Este concepto, que se plantea como una reinterpretación del imperativo categórico de Kant, presenta un nuevo criterio: es necesario que actuemos teniendo en cuenta las repercusiones a largo plazo, sobre todo aquellas que puedan amenazar la vida o la dignidad humana en el futuro.

Según Jonas, las futuras generaciones, a pesar de no estar presentes, poseen una dignidad intrínseca, ya que su potencial existencia depende de nosotros. Aunque no pueden expresarse, tienen derechos. No tienen la capacidad de exigir, pero requieren protección. La responsabilidad hacia ellas no surge de un acuerdo social, sino de la simple posibilidad de causarles un daño irreversible a través de nuestras elecciones actuales.


       2.2  La moralidad y la ética

La ética convencional trabaja dentro de un contexto de responsabilidad moral presente: uno debe rendir cuentas a sus pares. No obstante, la crisis ambiental exige una ética que trascienda el tiempo, es decir, que considere a individuos que no están presentes en el mismo instante. Así, concebir la justicia únicamente de manera horizontal (entre los vivos) no es suficiente.

Desde su enfoque contractual, John Rawls presenta el concepto de una "posición original" donde las personas ignoran el periodo histórico en el que nacerán. Esta idea permite establecer principios de justicia que tomen en cuenta a quienes aún no han llegado al mundo. Rawls sostiene:

“El contrato hipotético debe extenderse a todas las generaciones; si no fuera así, la concepción de justicia sería arbitraria respecto al tiempo” (Rawls, 2006, p. 287).

Aunque Rawls se centra en la justicia en la distribución de recursos y no trata específicamente el aspecto ecológico, su razonamiento es valioso para establecer que el tiempo no debe ser justificación para excluir moralmente a alguien. Si nuestras decisiones impactan a otros —incluso si todavía no han venido al mundo—, por ello deben ser tomadas en cuenta desde un punto de vista ético.

Desde una perspectiva diferente, el pensador español Ramón Alcoberro indica que incorporar el bienestar de las generaciones futuras en la ética representa una transformación fundamental:

“La ética intergeneracional no es un lujo, sino una necesidad: sin ella, el futuro no es un proyecto moral, sino una catástrofe anunciada” (Alcoberro, 2010, p. 12).

   

      2.3  Justica ecológica

La obligación hacia lo que está por venir no es únicamente personal, sino también comunitaria. Implica un cambio drástico en la manera en que la sociedad y especialmente el gobierno interactúan con el entorno natural. Desde un enfoque de equidad ambiental, el daño al medio ambiente no es simplemente un error técnico, sino una manifestación de una injusticia sistémica que despoja a las generaciones venideras de su derecho a un ambiente sano.

La pensadora ambiental Robyn Eckersley sostiene que: “El Estado ecológico debe ir más allá del Estado liberal y del Estado social: su objetivo debe ser asegurar las condiciones ecológicas básicas para la continuidad de la vida humana y no humana” (Eckersley, 2004, p. 134).

Esto significa que no es suficiente con recurrir a la buena voluntad personal. Es necesario establecer la salvaguarda del futuro como un componente estructural de la política y del derecho. Para Venezuela, esto implica una revisión crítica de la permisividad ante la minería ilícita, la ausencia de vigilancia ambiental y la falta de estrategias de participación ciudadana que den prioridad a la protección del patrimonio ecológico.

Igualmente se relaciona la responsabilidad compartida con el término de educación ambiental, dado que las posturas respecto a la naturaleza no son innatas, sino que se aprenden. Es una manera de fomentar valores como el cuidado, la cautela, la reciprocidad y el respeto a los ciclos naturales, cultivar conciencia entre generaciones.


        3.      Ideas para una ética ambiental

Ante la evidencia del deterioro ambiental y las implicaciones éticas de nuestras acciones actuales sobre las generaciones venideras, es imprescindible formular una propuesta filosófica específica que guíe el desarrollo de una ética ecológica en el contexto venezolano. Esta propuesta debe basarse en un cambio de paradigma: dejar atrás la perspectiva utilitaria e instrumental de la naturaleza y avanzar hacia un modelo ético enfocado en el respeto, la reciprocidad, la justicia y la sostenibilidad intergeneracional. No es únicamente cuestión de salvaguardar los recursos naturales por su valor financiero, sino de valorar su esencia, su carga simbólica y su función esencial en la perpetuación de la existencia. En este contexto, la ética ambiental de Venezuela debe basarse en tres fundamentos: una comprensión ecológica profunda del planeta, la conexión de principios éticos con el marco jurídico, y una educación ambiental crítica y transformadora.


       3.1  Entrelazar una visón profunda entre la ética y la naturaleza

El primer aspecto de esta propuesta implica reconsiderar la interacción entre los seres humanos y la naturaleza, no como una relación de control y explotación, sino como una relación de coexistencia ética. En este contexto, es crucial incorporar los principios de la ecología profunda, como los desarrolló el filósofo noruego Arne Naess. Naess sostiene: “La naturaleza no tiene valor solo porque sirve al ser humano, sino porque tiene valor en sí misma, como parte de la red de la vida” (Naess, 2008, p. 43).

La implementación de esta perspectiva en el escenario venezolano significa entender que los ríos, bosques, animales, montañas y comunidades indígenas no son barreras al progreso, sino manifestaciones vivas de un ecosistema complejo al que pertenecemos y al que debemos respetar. La visión del mundo indígena, en particular la de comunidades como los Yanomami, Pemón o Warao, ya incorpora componentes de esta filosofía: una visión del mundo que no se centra en el ser humano, en la que la naturaleza es objeto de derechos y de reciprocidad.

De acuerdo con el pensador colombiano Augusto Ángel Maya: “La crisis ecológica es ante todo una crisis cultural. Hemos roto los lazos simbólicos y vitales que nos unían a la Tierra” (Ángel Maya, 2004, p. 58).


 3.2 Justicia moral y ambiental: Primer paso para la construcción

Para conectar los valores éticos con las herramientas regulatorias y políticas existentes, el segundo eje de esta propuesta es importante. A pesar de la importancia de la ética ambiental, no deben limitarse al ámbito de la conciencia personal y deben expresarse a través de políticas públicas. En 1999, la constitución de Venezuela reconoce el derecho a disfrutar de un entorno saludable, ecológicamente equilibrado y favorable para todos los seres vivos. El artículo 127 estipula:

El medio ambiente debe ser protegido y conservado por cada generación, independientemente de su capacidad o ubicación, según la constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 127).

No es solo un símbolo, sino que también debe servir como la guía para las acciones del estado en un contexto ambiental motivado por la ética intergeneracional. Esto implica:

·        El bordillo efectivo de la minería ilegal y otras actividades dañinas.

·        La defensa legítima de las masas de tierra nativas y los parques nacionales.

·        El establecimiento de observatorios ambientales que registren la degradación ecológica.

·        El establecimiento de sistemas de energía renovable, en el contexto de la transformación ecológica.

La filósofa política Robyn Eckersley argumenta que: “Un Estado verdaderamente ecológico es aquel que asume el deber de actuar como tutor de las generaciones futuras y del mundo natural” (Eckersley, 2004, p. 142).

Para lograr un sistema gubernamental más ecológico, Venezuela debe colocar la protección del medio ambiente a la vanguardia de su agenda nacional.


      3.3  Educación y cultura ambiental

Los aspectos educativos y culturales son el tercer nivel de la propuesta. Si la cuestión ecológica también se considera una crisis de significado, entonces la educación ambiental se convierte en una herramienta fundamental para modificar los principios simbólicos y éticos en nuestra sociedad.

No es suficiente educar sobre el reciclaje o la conservación del agua: se requiere cultivar ciudadanos conscientes, empáticos y responsables, que puedan entender la importancia ética de sus actos y fomentar una cultura del cuidado. Esto conlleva:

·        Hacer cumplir los principios ambientales en todos los niveles educativos.

·        Valorar los conocimientos tradicionales de las comunidades indígenas como bases para la sostenibilidad.

·        Fomentar hábitos de consumo consciente, agricultura sostenible y aprecio por la diversidad biológica.

·        Utilice los medios de comunicación para promover la conciencia ambiental y descubrir injusticias ecológicas.

Como señala Victoria Camps: “Educar en valores ambientales es educar en la conciencia del límite, en la prudencia y en la responsabilidad hacia lo que no vemos, pero que vendrá” (Camps, 2003, p. 117).

El impacto ético que transmitamos a las próximas generaciones no se basará únicamente en las normativas que establecemos o en los bienes que protegemos, sino igualmente en los principios que desarrollamos colectivamente.

    

Conclusiones finales

Más allá de ser una cuestión de importancia ambiental o legal, la controversia que rodea el intercambio de generaciones en el cuidado del mundo natural de Venezuela se trata de abordar las cuestiones sociales y morales que desafían nuestra relación con el tiempo. Basado en la perspectiva filosófica presentada en este texto, es evidente que la justicia ambiental no puede lograrse únicamente en la actualidad; En cambio, uno debe considerar el futuro y asumir la responsabilidad de preservar los recursos necesarios para vivir una vida diversa y sostenible.

La creación de un poder humano global, como declaró Hans Jonas, se debe a avances tecnológicos y económicos que tienen el potencial de cambiar de irreversiblemente los saldos ecológicos del mundo. Frente a esta realidad, es necesario que nuestra reflexión ética se adapte. No es suficiente comportarse correctamente entre nosotros; es fundamental actuar de manera responsable pensando en el futuro. Jonas lo manifiesta de manera contundente al indicar que: “La esencia del nuevo imperativo es que tenemos poder suficiente para hacer el mal a generaciones futuras que no pueden defenderse” (Jonas, 1995, p. 61).

Esta obligación, a pesar de ser fundada en una ética basada en la responsabilidad, se ve reforzada por la inclusión de ideas como la justicia ambiental, el valor fundamental del medio ambiente y la responsabilidad colectiva. La alteración de los ecosistemas en Venezuela ya sea a causa de la minería ilegal, la contaminación por petróleo, la tala de árboles o la falta de acción por parte de las instituciones no es meramente un fallo político: se trata de una injusticia ética con impactos que trascienden generaciones.

La situación en Venezuela, dada su gran riqueza en biodiversidad y la gravedad de su deterioro actual, brinda un escenario destacado para reflexionar filosóficamente sobre la necesidad de una ética ambiental en el país. Como ha señalado Victoria Camps: “Una ética que no contemple el largo plazo y que no reconozca el valor de la vida más allá del presente, es una ética incompleta” (Camps, 2003, p. 109).

En este contexto, la propuesta presentada en este documento se dirige a la necesidad de una transformación radical en tres aspectos:

·        Un cambio de enfoque ético, que transite del antropocentrismo hacia el reconocimiento del valor inherente de la vida y de la naturaleza.

·        Un marco ético que se pone en práctica mediante el uso de la ley, las regulaciones sostenibles y los acuerdos institucionales para salvaguardar el medio ambiente y mantener los derechos ecológicos para las generaciones futuras.

·        Una transformación cultural y educativa, que capacite a los ciudadanos para entender su papel en la red de la vida, y que asuman como propio el compromiso de cuidar y proteger.

La ética intergeneracional representa, en esencia, una apuesta por la supervivencia. Por la posibilidad de que otros puedan vivir, soñar y crear en un mundo que todavía es fértil y habitable. Según el filósofo Edgar Morin: “La ética del futuro es una ética del cuidado. Cuidar la vida, cuidar al otro, cuidar el planeta” (Morin, 1999, p. 92).

Por lo tanto, salvaguardar la vida silvestre de Venezuela es más que un gesto para aquellos que seguirán su ejemplo en el futuro. También es una expresión de respeto, humanidad y optimismo. Porque, en su núcleo, cuidar la naturaleza significa cuidar lo más valioso de nuestro ser.


 


 

Referencias Bibliográficas

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Alcoberro, R. (2010). Ética intergeneracional: cuidar el futuro. Universitat de Girona.

Ángel Maya, A. (2004). El retorno de Icaro: naturaleza y cultura en la crisis contemporánea. Universidad Nacional de Colombia.

Camps, V. (2003). Paradojas del individualismo. Crítica.

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. (1999). Gaceta Oficial, (36.860).

Eckersley, R. (2004). The green state: Rethinking democracy and sovereignty. MIT Press.

Global Forest Watch. (2021). Venezuela Tree Loss.

Jonas, H. (1995). El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (J. Mardomingo, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 1979)

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Naess, A. (2008). Ecología, comunidad y estilo de vida (M. González, Trad.). Trotta.

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Rawls, J. (2006). Una teoría de la justicia (M. García Morente, Trad.). FCE. (Obra original publicada en 1971)

Rodríguez, J. P. (2020). Biodiversidad y crisis ecológica en Venezuela. Revista Interciencia, 45(1), 35–39.