martes, 12 de julio de 2022

 


Artemisia Gentileschi: Judith y Holofernes
o la Degollación de Holofernes
(1614-1620; 199 x162 cm, Galería Uffizi, Florencia)

 LA EJECUCIÓN DEL PODER

O EL PODER DE LA EJECUCIÓN

(En las Artes Visuales)

David De los Reyes


1.- Artemisia Gentileschi: Judith y Holofernes o la Degollación de Holofernes (1614-1620; 199 x162 cms. Galería Uffizi, Florencia).


I
Sobre el Libro de Judith, entre la historia y la imaginación sapiencial bíblica

Es uno de los temas de las leyendas cristianas más narrados por las artes visuales desde la edad media hasta el siglo XX. Yehudit, «la judía», del hebreo, sin embargo, no menos representada su historia en otras artes: en música por los oratorios de Vivaldi: Juditha Triumphans, 1716 y Mozart: Betulia Liberata, 1771; en la literatura por la pluma de Lope de Vega, quien le dedica el soneto LXXVII, en su obra Rimas Humanas: El triunfo de Judith; en cine tiene siete versiones, comenzando con la cinta norteamericana de 1914 de D.W. Griffith: Judith de Betulia, hasta la película canadiense de 2007 realizada por Eric Chaussé.

Se conocen más de un centenar de pinturas que lo evocan. Entre sus cultores plásticos estarían la conocida obra de Caravaggio, las de Miguel Ángel, el diptico de Boticelli, Cristobalo Allori y Gustav Klim. Nosotros hemos escogido para esta nueva presentación de la Ejecución del Poder y el Poder de la Ejecución la de Artemisia Gentileschi (Roma, 8 de julio de 1593-Nápoles, hacia 1656), por la interpretación y posible identificación de la pintora barroca con la narración bíblica. Pero, ¿en qué especialmente se centran todas? Menos de la de Klint, que nos presenta una bella y exquisita mujer frontal, el resto de los pintores clásicos nos la muestran como una mujer fuerte, patriota, “empoderada”, para usar esa palabreja que les encantan a los usuarios cool de las redes sociales. Una mujer convencida que su acción salvará a su pueblo, a pesar que deba saltar ciertas consideraciones morales, como es el uso de la mentira, el engaño, la seducción y el asesinato. Es una antecesora de la máxima maquiavélica, el fin justifica los medios. Aquí el fin es no rebajarse ante el usurpador y declinar ante sus creencias religiosas, salvar el templo de su dios y a su pueblo de la esclavitud. Los medios, la seducción erótica femenina.

Lo que se pudiera agregar es que en la mayoría de las representaciones imaginadas por los artistas nos han dado una idealizada Judith sexualizada, seductora y erotizada, retomando un tema que ha estado presente en el imaginario occidental desde el mundo medieval hasta nuestros días.

La historia de Judith debió surgir en el siglo VII a. n. e. pues casada y viuda del idólatra rey Manasés el Egipcio, su reinado fue en los alrededores de esos tiempos. Sin embargo, la leyenda (real o ficticia según la mentalidad religiosa de los estudiosos del tema), es retomada por algún escriba anónimo del siglo II a. n. e. y se encuentra en el Antiguo Testamento. Es símbolo de coraje, audacia, decisión y venganza femenina que viene a dignificar y defender, una vez más, la autonomía del pueblo judío. Esta vez gracias a la astucia y gallardía de una mujer que por su ejecución vence a los enemigos.

Para los judíos la narración es apócrifa, no considerada letra divina ni es auténtico mensaje del ser superior, es un libro, que surge de la tradición de la ley oral. Para los cristianos es una narración considerada histórica, real, no ficticio, surgiendo de un segundo canon, el Deuterión (Deuteros: segundo, posterior. Kanonikós: regla o canon).

Para los eruditos la historia, esta narración sapiencial de Judith está plagada de errores políticos y geográficos. Nos presenta al gobernante Nabucodonosor como un rey de Asiria y lo era de Babilonia. El hecho refiere a la ciudad de Betulia, la cual es imposible localizar su ubicación y existencia en los documentos antiguos. Y hasta la misma acción de Holofernes no es fácil de saber de dónde es. ¿Indiferencia del anónimo autor por los datos geográficos a cambio de una atención mayor en el desarrollo de los hechos ejemplificantes narrados? Seguramente. Un relato de ficción, como la mayoría de los libros sagrados, donde la imaginación va agarrada de la mano de lo fantástico, misterioso, mágico y milagroso.

El corte de cabeza de Holofernes (general de las huestes de Nabucodonosor), surge a partir del capítulo octavo de El Libro de Judith. Los siete primeros nos guían para prepararnos respecto al desenlace final. En esos primeros capítulos nos muestran a una mujer, Judith, que emplea métodos poco ortodoxos hebreos para sus intereses como judía, postura no muy moral, como ya dijimos arriba, aunque su decisión persigue dignificar y salvar al pueblo judío del sometimiento invasor. El airado general tiene la misión de hacer capitular a los judíos de Betulia, e inclinar sus cabezas al todopoderoso monarca de la pseuda-Babilonia. Todos los demás judíos de Israel se postraron, menos los de Betulia.

Betulia no quiere verse sometida ante el tirano. Holofernes no ve ningún obstáculo para destruir esa minúscula ciudad. Se discute no atacarla y se le recuerda que el pueblo judío ha sido el escogido por dios. Holofernes, como todo prepotente invasor, lo embarga la ira y la soberbia, declarando que el único dios al que se somete, 00no es sino Nabucodonosor. Un oficial de sus huestes le advierte, el general Aquior, pasar de largo que no hay motivo de atacarlos, y de esa forma rma dios puede protegerlo, lo contrario podría ser motivo de oprobio ante el resto del territorio conquistado.

¿Cómo actúa Holofernes? Acomete su acción bárbara. Cerca al pueblo. Le corta el suministro de agua. Lo cual hace que muchos moradores de Betulia, ante la sed, piden la rendición. Es el momento oportuno para la aparición de la honesta viuda y bella joven Judith, quien le reclama al consejo de ancianos la pérdida de su fe y por su impostergable rendición al ejército usurpador. El texto bíblico nos describe a esta dama vengadora así:

“Vivía en su casa Judith, guardando su viudez hacía tres años y cuatro meses. Habíase hecho un cobertizo en el terrado de la casa y llevaba saco a la cintura, debajo de los vestidos de su viudez. Ayunaba todos los días, fuera de los sábados, novilunios, las solemnidades y días de regocijo en casa de Israel. Era bella de formas y de muy agradable presencia. Su marido, Manasés, le había dejado oro y plata, siervos y siervas, ganados y campos, que ella por sí administraba. Nadie podía decir de ella una palabra mala, porque era muy temerosa de Dios” (8,4-8).

Conmina esta guerrera de la venganza y maestra de la seducción con su poder de la ejecución a defender el templo, al santuario, el altar del templo y a su pueblo. Y mientras da la arenga a los consejeros, se le ocurre la idea de matar a Holofernes, de forma impetuosa y valiente, cortándole la cabeza. Solicita, como buena fundamentalista judía, la fuerza a su dios para llevar a cabo la hazaña, y que sea recordada por las generaciones futuras e inspirar a las mujeres judías. Demanda que su fe se imponga y sea reconocida no sólo por su pueblo, sino por cada una de las tribus que habitan esas tierras, mostrando la fortaleza y el poder del ser todopoderoso judaico.

Para presentarse ante el desalmado Holofernes utiliza las invencibles armas femeninas de la seducción. Se acicala, se viste de gala, se exhibe como una mujer atractiva para colmar cualquier deseo masculino. Se perfuma con ungüentos, peina sus cabellos con cuidado, se coloca encima su mitra, se pone su mejor traje de fiesta, calza sus sandalias, sus brazaletes, ajorcas, anillos y aretes y el resto de sus joyas, causando la admiración de todo hombre que la mirase. (10, 3-4).

Vestida así, va donde Holofernes que sucumbe a sus encantos. Le declara, mintiendo, que ha huido de su pueblo y de ser esclava. Este la invita a su banquete. Luego que todos los invitados se van, se queda con Holofernes en su tienda, que por su estado de embriaguez queda dormido, y es el momento del poder de la ejecución de Judith, asestándole dos certeros y mortales golpes al cuello, seguidamente cortándole la cabeza. Obteniendo este sangriento premio de venganza se lo da a su criada Abra, que la acompaña para que lo guarde, colocándola en un saco (algunos lienzos colocan una cesta). Cometida la Ejecución, regresan a su casa.

¿Qué hicieron con la cabeza? “En cuanto despertó la aurora, colgaron del muro la cabeza de Holofernes y todos los hombres de Israel tomaron sus armas y en escuadrones salieron a las subidas del monte” (14, 11). Esto crea un efecto negativo en el ejército de los asirios. Al descubrir el cadáver de su general, pierden el valor y debilitados son vencidos fácilmente por el ejército israelita

Hecho esto, reconocida su heroicidad, la audaz Judith vuelve a su tranquila vida cotidiana. Nunca se volvió a casar y parece que tuvo una larga vida: 105 años.

II

Sobre Artemisia Gentileschi y su interpretación de Judith y Holofernes

Dentro de todas las representaciones de este fabulado evento antiguo podíamos haber escogido el excelente cuadro homónimo de Caravaggio o el díptico de Botticelli, entre otros (son alrededor de 114 obras con el mismo tema). Pero el cuadro que hemos seleccionado para representar esta “ejecución del poder y el poder de la ejecución”, es la escena realizada e imaginada por la gran dama de la pintura barroca italiana, Artemisia Gentileschi (1593-1656), considerada como una “mujer terrible”, figura feminista avangarde, hija del conocido artista italiano Orazio Gentileschi, uno de los pintores exponentes del denominado “caravaggismo”, seguidores de su estilo “tenebrista”. Su hija aprendió en el mismo taller paterno. A la par, fue una de las primeras mujeres artistas resueltas del Barroco italiano. Reivindicando la condición femenina en el arte, en una época en que la mujer le estaba vetada formarse en una academia de arte o asistir a las universidades. Junto a ella podemos nombrar otras artistas relevantes de ese entonces, por su virtuosismo y maestría en la pintura: Lavinia Fontana (1552-1614), Fede Galizia (578-1630), Bárbara Longhi (1552-1638) y Sofonista Anguissola (1593-1656).

Artemisia, mujer de carácter, bella y polémica en su vida privada, estuvo por varias ciudades de italianas ofertando su arte. Pintora de retratos, bodegones y de personajes históricos, bíblicos y mitológicos, los temas heroicos no eran bien vistos para ser pintados por una mujer. Su vida transcurrió entre Roma (su ciudad natal), Florencia, Nápoles, Londres (junto a su padre que fue el pintor del endeudado rey Carlos I de Inglaterra), regresando definitivamente a una segunda estancia en Nápoles, donde parece ser que también vino a sufrir los embates de una devastadora plaga presente en esa ciudad, (llevándose además a una gran cantidad de artistas a la tumba). Su obra fue olvidada por varios siglos, hasta ser rescatada y reconocida su importancia en el siglo XX gracias a un ensayo del crítico italiano Roberto Longhi en 1916, titulado “Gentilischi, padre e hija (Gentileschi, padre e figlia).

Como hemos dicho, el tema que nos acerca a su espectacular obra es por su obsesiva interpretación de la briosa vengadora Judith y su acto heróico de ejecutar al enemigo del pueblo judío, el general asirio Holofernes, esbirro del rey de Siria, Nabucodonosor. Al tema le dedicó al menos cuatro lienzos y otros dibujos en distintos momentos de su vida. Hay que referir un hecho que marcará profundamente a la pintora. En 1611, por decisión de su padre, estudiara con su amigo el pintor Agostino Tasso, quien la violará. Lo denuncia y en el proceso judicial al que estará sometido el artista lo llevará a ser exilado de todos los estados pontificios. El testimonio del estupro lo encontramos en la propia declaración de la pintora en los documentos judiciales de la época:

“Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí, el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne”[1] .

En los recuerdos y vivencias de la dama afectada permanecerá la dramática experiencia que le inspirará presentar a la mujer desde una original óptica, la de su propia visión de la condición femenina para su época. Dicho esto, podemos referir que Artemisia hizo cuatro versiones importantes de Judith y otras de menos calidad. Pasamos a presentar estas cuatro escogidas.

La primera data de 1612/13, es un óleo de 158,8 x 125.5 cm, y actualmente se encuentra en el Museo de Capodimonte de Nápoles. Esta primera versión, fue pintada inmediatamente después del proceso de estupro que padeció la artista. La violencia y el dramatismo del cuadro pareciera mostrar los deseos de venganza de ella contra su maestro violador Agostino Tassi.

Un segundo lienzo titulado “Judith y su doncella” (Giuditta e la sua Ancella), de 1618/19. Pintura al óleo de 93.5 x 114 cms. Que se encuentra en la Galería Palatina del Palacio Pitti de Florencia. De marcada tonalidad caravaggista, donde aparecen dos damas, Judith y Abra, su doncella acompañante. En una posición de cercanía entre ambas e inmersas entre sombras, son iluminadas por el resplandor de una vela que debe encontrarse a la izquierda de sus cuerpos. Con menos violencia, pero no menos alegórico, es un cuadro que sigue mostrando el dramatismo del hecho ejecutado por la heroína bíblica al matar al general enemigo del pueblo judío. Muestran la inminente huida de la tienda del militar, con un presagio en los gestos de sus rostros de temor por un rumor externo y de ser descubiertas. Judith sigue empuñando la espada asesina, instrumento de su venganza, y su sirvienta Abra, la cesta con el premio de la cabeza del asirio. Judith muestra su níveo rostro y un mechón de pelo que se escapa de su cuidado peinado atajado con un prendedor. Abra muestra un amplio turbante a partir de trazos de color blanco y amarillo.

El tercer lienzo vuelve a repetir la misma escena, pero con diferentes matices cromáticos que el primero cuadro de esta serie. Este óleo “Judith decapitando a Holofernes", es ejecutado entre 1620/21, mide 1,99 x 1,62 mts., y se conserva en la Galería de los Uffizi de Florencia. Es una escena cruda y trágica. Representa la ejecución de poder por una mujer concentrada y conocedora de lo que debe hacer, además de ser ayudada por su sirvienta, en la degollación de general Holofernes. Obra que ha pasado por diversas interpretaciones. Desde las miradas históricas el arte hasta las psicológicas, y por añadidura, psicoanalíticas. Se insinúa que el rostro de Holofernes es el de su violador. Es el cuadro más famoso de Artemisia, en donde sigue presente la leyenda de la obsesión que mantuvo al ser violada en su adolescencia. El acto ocupa el centro de la tela, colocando a Abra, que en la escena bíblica no aparece acompañando a Judith.

El cuarto lienzo referente lo volvió a titular como el segundo, “Judith y la doncella”. Data de 1625/27 y se encuentra en el Instituto de Artes de Detroit. Vuelve a retomar el momento en que ambas mujeres se aprestan a huir del campo del enemigo con su mortal carga, la cabeza del decapitado Holofernes. Es un lienzo que realiza cuando regresa a Roma, cambiando de estilo, asumiendo los gustos pictóricos de esta ciudad. Nos vuelve a adentrar en su magistral uso del “tenebrismo” de Caravaggio, al presentar la escena nocturna anclada por la luz de una vela, moviéndose ambas mujeres en conjunto, dirigiendo sus miradas a un mismo lugar. Judith es presentada con un elegante vestido de seda amarillo y enjoyada. En una posición algo inclinada, la vemos escondiendo la espada e intentando tapar la luz de la vela con su mano izquierda, para no descubrir su rostro y proseguir con la huida. Abra, su doncella, está agachada ocultándose, sosteniendo, una vez más, la cabeza de Holofernes.

Todas estas obras nos muestran, por la mano de Artemisia, la fuerza de la condición femenina de considerar un asesinato como un fin liberador, realizado, en este caso, como justicia divina (que es simplemente humana…), por obra de una imaginada o histórica recordada heroína en pro de defender la autonomía de su pueblo, inspirada por su ideología religiosa que le da el coraje y la fuerza de emprenderlo. Es la acción contra la ejecución del poder de un ejército invasor y cruel por medio del poder de la ejecución individual y libre de un imaginario ser excepcional femenino.


Cuadros:


2.- Artemisia Gentileschi: Judith y Holofernes o la Degollación de Holofernes (1612-1613; 158.8 x 125,5 cms. Museo Capotidonte, Nápoles).




3.- Artemisia Gentilischi: Judith y su doncella (1618-1619; 114 x 93,5 cm; Palacio Pitti, Florencia).




4.- Artemisia Gentilischi: Judith y su doncella (1625-1627; 182,2 x 122,2 cm; Instituto de Arte de Detroit).


NOTAS:

[1] Cohen, Elizabeth S. (2000). «The Trials of Artemisia Gentileschi: A Rape as History». Special Edition: Gender in Early Modern Europe. The Sixteenth Century Journal. Vol. 31 (1): 47-75. En: https://www.jstor.org/stable/2671289

Bibliografía
Banti, Anna: Artemisia. Ed. Cátedra. Barcelona. 1992.
COHEN, Elizabeth S. (2000). «The Trials of Artemisia Gentileschi: A Rape as History». Special Edition: Gender in Early Modern Europe. The Sixteenth Century Journal. Vol. 31 (1): 47-75. En: https://www.jstor.org/stable/2671289
Lapierre, Alexandra: Artemisia. Ed. Planeta, Barcelona. 1999.
Rynck, Patrick de: Artemisia Gentileschi, «Judit decapitando a
Holofernes», en las pp. 248-249 de Cómo leer la pintura, 2005, Grupo Editorial Random House Mondadori,
Pinacoteca:
Cuadros de Artemisia Gentilischi, en: https://es.wikipedia.org/.../Categor%C3%ADa:Cuadros_de...
Película en torno a Artemisia Gentileshi:
Melet, Agnés: Artemisia. Protagonizada por Valentina Cervi. Género: Documental. Para la televisión canadiense en 1992.
River, Jordan: Artmisia Gentilischi, pintora guerrera. Documental. 2020.

miércoles, 1 de junio de 2022

Del sacrificio de uno mismo / David De los Reyes

                                         

  

Entrada Gruta Vegetal, DDLR2022, 
Redes Sociales Vegetales


Estos días me puse a leer la biografía de Gandhi de Romain Rolland[1].  El primero un líder hindú, olvidado en la confrontación de las políticas nacionales e internacionales actuales; el segundo un escritor francés, que alentó con su espíritu a muchas generaciones con sus escritos, como su larga novela Juan Cristóbal, o aún la menos recordada biografía de Beethoven en siete tomos, obras hoy que sirven sólo para eruditos, estudiosos o amantes de la literatura romántica de principios del siglo XX.

Leyendo esa obra casi periodística del ascenso de Gandhi por Rolland, me ha suscitado una serie de reflexiones por todo lo que narra respecto a la acción de la resistencia civil, de la no-cooperación (con las instituciones del estado colonial británico para su momento, que era en la década de los años 20 del siglo pasado), y la permanente inteligencia de reconciliación combativa de Gandhi ante las huestes colonialistas, donde siempre esgrimió que ni un gesto de violencia o agresión debían ser despertada en contra del invasor.  Son muchas las frases que pudiera introducir en este escrito, pero las que quiero comentar son las del mismo Rolland al describir cómo veía el mundo para ese entonces, un tiempo sombrío, donde había apenas terminado la primera guerra mundial y las matanzas y las injusticias humanas estaban también presentes. Pero creo que de manera menor intensas y destructivas como las que podemos leer todos los días en cualquier tabloide que refleje los cruentos acontecimientos terroristas y neocolonialistas, psuedo-revolucionarios y fascistas en la situación mundial.

Para 1920 Rollaind advertía e intuía que la paz estaba lejos. No abrigaba ninguna ilusión de que el mundo iba para mejor; vendría una segunda guerra mundial en Europa. En lo transcurrido a lo largo de su vida sólo había visto mentiras, cobardías y crueldades de la especie humana, y por ello desconfiaba de un cambio en ella. A todo esto no dudaba que a su pesar no podía dejar de amarla. Sabía que hasta en los más viles hay un necio quid Dei, en su condición mística espiritual.

Para ese momento Europa se encontraba en crisis, quizás como ahora pero por distintos motivos a los actuales; antes por el imperialismo nacionalismo de todos los países europeos, ahora por los manejos fraudulentos de banqueros, financistas y políticos en las economías de las naciones. Encontraba en su situación que el siglo XX Europa estaba sometida a un demoledor determinismo  por las condiciones económicas que la aprisionaban. Advertía que a sus ojos eran  siglos de pasiones y errores petrificados que se emergían en torno a las almas de su tiempo, como una dura caparazón donde la luz no tiene cabida ni paso.  Su concepción mística albergaba en su ser que podían vivirse ciertos milagros del espíritu.  La historia nos demuestra que sus rayos  han alumbrado cielos más sombríos que el nuestro, nos dice. Y echa mano a una cita hindú, proveniente del eco del tambor de Shiva: El Maestro-Danzarín, que empeña su mirada devoradora y refrena sus pasos para salvar al universo del retorno del abismo, el cual es uno de los extractos más antiguos de la invocación a ese dios.

Hombre de fe, hombre religioso, hombre devoto comprende lo que le rodea. Las fauces de los tiburones asechan no en los mares sino en ciertos dirigentes en los gobiernos a nivel mundial. He ahí su protesta contra la realpolitiker de la violencia (tanto revolucionaria como reaccionaria, ninguno se escapa a cebar las mismas ideas de destrucción civil por ideales absurdos).  Y  está seguro que todos ellos se mofan de esa fe, lo cual no es otra cosa que mostrarnos la ignorancia que poseen de las profundas realidades humanas. Pueden reírse de él, y les dice que se rían si quieren, pero él siente esa fe. La experimenta escarnecida o perseguida en Europa; hoy pudiéramos decir que en Latinoamérica, en el Medio Oriente, en África, o en la China continental y parte de los países del Pacífico.  Sabe que son pocos los hombres de fe auténtica, no somos más que un puñado. Pero aún si él fuese el único,  y en esto podemos acompañarlo junto a su tumba, comprende que lo propio de la fe  -lejos de negar la hostilidad del mundo- es reconocerla y creer, aún contra ella.

No es una fe monoteísta y de religiones idólatras o de libros santos…, la cual siempre termina en venganza del otro, es una fe que debe crecer en el pecho de cada quien por su búsqueda de una pureza en su ser. Es  una fe en tanto combate centrada en la no-violencia. La no-violencia es el más duro de los combates, es su afirmación y nuestra mirada puesta en alerta. Pues ello significa que el camino de la paz no es el de la debilidad. Tenemos que ser más enemigos de la debilidad que de la misma violencia. Nada vale sin voluntad, sin fuerza, ni el mal ni el bien. Y más vale el mal completo, que el bien enmasculado.  No al pacifismo quejumbroso pues es mortal para la paz; es una cobardía y una falta de fe. Por ello, ante los tiempos que nos ha tocado  vivir a muchos de nosotros, en países llenos de injusticias, crimines, incapacidad gubernamental, represión, acoso, lavado de mentes, propagación de ideologías retrógradas, tecnologías neo-esclavistas del espíritu, nos queda reflexionar sobre sus palabras.

En su escrito sobre la lección que sacamos de la Gandhi  nos habla que a todos aquellos que no creen  o que temen ante lo que hay que afrontar que se retiren! El camino de la paz es el del sacrificio de uno mismo, ¡nada más y nada menos! Por ello apenas podemos decir que comenzamos a comprender y aprender a no perder el coraje por la vida que construya la comprensión y la paz entre los hombres y los pueblos. ¡Cuánto no queda por hacer en nosotros mismos!



[1] Romain Rolland, 1956: Gandhi. Ed. Leviatan. B.A.

Denis Diderot Sátira contra el lujo, a la manera persa

  

Denis Diderot

Sátira contra el lujo, a la manera persa[1] 


(Un texto clásico de estética)



Altar azteca Vegetal, DDLR2021. Redes Sociales Vegetales

 

–Observa usted las diversas sociedades de la especie humana con tanta pena, que sólo conozco un medio de contentarle y es transportarle a la edad de oro... –No, no, se equivoca usted. Una vida consumida a los pies de una pastorcilla no es en absoluto lo que yo llamaría una edad de oro. Quiero que el hombre trabaje. Quiero que sufra. En un estado natural que se adelantara a sus deseos, donde la rama se doblaría para acercarle el fruto a su mano, se haría vago. Y digan lo que digan los poetas, quien dice vago, dice malvado. ¡Y luego todos esos ríos de leche y miel! La leche no sienta bien a los biliosos como yo, y la miel me deja como sin fuerzas... –Despójese de todo, pues, siga los consejos de Jean- Jacques[2] y hágase salvaje... –Sería lo mejor. En tal caso, al menos, no hay más desigualdad que la que la naturaleza ha querido que exista entre sus criaturas. Y en las selvas no se oyen los ecos de las quejas que un sinnúmero de desgracias arranca al hombre en el bienhechor estado de sociedad... –¿Qué le sucede? ¡No me diga que esas costumbres tan alabadas por los lacedemonios no van a ser de su gusto!... –No me hable de esos monjes armados[3]... –Pero ese oro, ese lujo ofensivos, esas suntuosas comidas, esos sofisticados muebles... –No existen, de acuerdo. ¿Pero no siente lástima por esos desdichados ilotas? La tiranía de un colono americano es menos cruel, la condición de un negro, menos triste... –¿Qué tiene que objetar al siglo de la Roma pobre, a ese siglo en el que hombres por siempre célebres cultivaban la tierra con sus manos, recibían el nombre de los frutos que recogían, de las funciones agrestes que habían ejercido; a ese siglo en el que el cónsul presionaba al buey con su aguijón, en el que el casco y la lanza estaban depositados en el mojón del campo, y la corona de triunfador suspendida de la bocina de una carreta? ¡Qué tiempos aquellos! Los de la mujer descamisada del dictador ordeñando las cabras, mientras que sus robustos hijos, con el hacha a la espalda, iban al bosque vecino a cortar troncos para el invierno... –Se ríe. ¿Acaso no cree usted que la cabaña de Quinto es más bella a los ojos de cualquier hombre sensible a la virtud que esas inmensas galerías donde el infame Verres exponía los despojos de diez provincias saqueadas? Vaya a emborracharse a casa de Lúculo. Aplauda los divinos poemas de Virgilio. Paséese por una ciudad inmensa donde las obras maestras de pintura, escultura y arquitectura le dejarán boquiabierto de admiración a cada momento. Asista a los juegos circenses, siga el paso de las marchas triunfales, vea a reyes encadenados, goce del enternecedor espectáculo del gemido escapado ante el yugo de la tiranía, comparta crímenes y desórdenes del opulento opresor. No es ese mi mundo... –Ya no sé en qué tiempos, en qué siglo, en qué rincón de la tierra situarle. Amigo mío, amemos nuestra patria, amemos a nuestros contemporáneos, sometámonos a un orden de cosas que podría ser, por azar, mejor o peor, gocemos de los privilegios de nuestra condición. Si vemos defectos, y sin duda los hay, esperemos el remedio de la experiencia y la sabiduría de nuestros maestros, y quedémonos donde estamos. –¡Quedarme aquí, yo! ¡Yo! Que se quede quien tenga paciencia para ver cómo un pueblo que se dice civilizado, y el más civilizado de la tierra, saca a subasta el ejercicio de las funciones civiles. Mi corazón está henchido, pero de indignación, y no pasa ni un día, ni un solo día sin que llene de imprecaciones a quien volvió venales cargos y puestos, pues de ahí, sí, de ahí y de la creación de los grandes exactores, vienen todos nuestros males. En el momento en el que se pudo alcanzar todo gracias al oro, se deseó poseer oro. Y el mérito, que ya no conducía a nada, se convirtió en nada. Desaparecieron las emulaciones honestas. La educación perdió sus sólidas bases. Si una madre se atreviera a hablar en esos términos a su hijo, le diría: «Hijo mío, ¿por qué dejarte la vista en los libros? ¿Por qué desojarte a la luz de la lámpara toda la noche? Consérvate, hijo mío. ¡Ya verás! ¿Tú también quieres remover la urna que decide la suerte de tus conciudadanos? Ya la removerás. Esa urna está en dinero contante y sonante en el fondo de la caja fuerte de tu padre.» ¿Y qué hijo ignora tales cosas? En el momento en que un puñado de concusionarios públicos se hicieron con las riquezas, habitaron en palacios, exhibieron su maldita opulencia, se confundieron todas las condiciones. Creció una emulación funesta, una lucha insensata y cruel entre todos los estados de la sociedad. El elefante se hinchó para aumentar de talla; el buey imitó al elefante; la misma manía se apoderó de la rana, que emuló al elefante. Y en ese movimiento recíproco, acabaron por morir los tres animales: triste pero real es esta imagen de una nación abandonada al lujo, símbolo de la riqueza de los unos, y máscara de la miseria general del resto. Si no posee un alma de bronce, diga conmigo, levante la voz y diga: Maldito sea el primero que volvió venales las funciones públicas, maldito sea el que hizo del oro el símbolo de la nación, maldito sea el que creó la detestable raza de los grandes exactores, maldito sea el que engendró ese hogar de donde salieron la ostentación insolente de riqueza en los unos y la hipocresía epidémica de fortuna en los otros, maldito sea el que condenó el mérito al retiro, y el que consagró la virtud y las costumbres al desprecio. Desde aquel día, esa es la palabra, la muerte funesta se extendió de un extremo a otro de nuestra sociedad. Seamos o parezcamos ricos. Desde aquel día, el reloj de oro pendió del bolsillo de la obrera, cuyo sueldo apenas le permitía comprar pan. ¿Y cuál fue el precio del reloj? ¿Cuál el de ese vestido de seda con que se disfraza convirtiéndose en una perfecta desconocida? ¡Su virtud! ¡Su virtud! ¡Sus costumbres! Y lo mismo sucedió con las demás condiciones. Se arrastraron, se envilecieron, se prostituyeron. No hubo distinción entre medios de adquisición. Honestos o deshonestos, todos valían. Y no hubo ya común medida en el gasto. El financiero marcó la pauta y todos los demás le siguieron. De ahí toda esa enorme cantidad de casamientos desiguales que no desapruebo. Era justo que hombres arruinados por el ejemplo de aquellos padres, fueran a reparar sus fortunas metiéndose en sus casas, y a vengarse despreciando a las hijas. ¿Pero cuál fue la conducta de aquellas hijas despreciadas? ¿Y a quién llevaron la dote de las hijas aquellos esposos? ¿De dónde viene el actual furor generalizado por la galantería? Dígame, dígame cuál es su origen. Los Grandes se han arruinado por emular la fastuosidad del financiero. El resto se ha hecho disoluto al pretender imitar el libertinaje de los Grandes. El lujo arruina al rico, y multiplica por dos la miseria de los pobres. De ahí la falsedad del crédito en todos los estados. Confíe su fortuna al hombre ese que se hace llevar en carruaje dorado, mañana tendrá las tierras embargadas, mañana, ese hombre tan brillante, perseguido por sus acreedores, acabará de patitas en Fort-L’Évêque... –Pero alégrese de ver cómo la corrupción, la disipación, la fastuosidad gastan esas montañas de oro. Por ese medio se nos restituye gota a gota toda la sangre que han ido sacándonos. Y nos la devuelven una gran cantidad de manos ocupadas. Ese lujo contra el que está protestando usted, ¿no es acaso el que sostiene el cincel en manos del estatuario, la paleta en el pulgar del pintor, la gaveta... –Sí, sí, y produce muchas obras, muchas obras mediocres. Si las costumbres están corrompidas, ¿cree que puede mantenerse puro el gusto? No, no, imposible, y si lo cree usted es porque ignora el efecto de la virtud en las bellas artes. ¿Y qué me importan vuestros Praxíteles y vuestros Fidias? ¿Qué me importan vuestros Apeles? ¿Qué me importan vuestros divinos poemas? ¿Qué me importan vuestras ricas telas si sois malvados, si sois indigentes, si estáis corrompidos? ¡Oh riqueza, medida de todo mérito! ¡Oh lujo funesto, hijo de la riqueza! Destruyes todo, el gusto y las costumbres. Detienes la pendiente más suave de la naturaleza. El rico teme multiplicar hijos, el pobre teme multiplicar desdichados. Las ciudades se despueblan. Se deja languidecer a la hija en el celibato. Habría que sacrificar para su dote un carruaje y una mesa suntuosos. Se 

aliena la fortuna para duplicar los ingresos. Se olvida a los familiares y amigos. ¿Han anunciado a gritos por la calle un edicto prometiendo un interés que decuplica un capital? El hijo de la casa palidece, el heredero se estremece o se echa a llorar, y es que esas masas de oro le estaban destinadas, y ahora van a perderse en el fisco público y con ellas la esperanza de una opulencia por venir. De ahí que los hombres acaben por ser extraños entre sí, dentro de una misma familia. ¿Y por qué los hijos tendrían que amar, respetar en vida, llorar después de la muerte, a unos padres, unos parientes, hermanos, amigos cercanos que sólo se han interesado por su propio bienestar y no han hecho nada por ellos? ¡En ese momento, oh amigos míos, los amigos no existen; oh padres, los padres no existen; oh hermanos y hermanas, los hermanos y las hermanas no existen!... –Sin duda, es ese un lujo pernicioso contra el cual le permito que peroren, usted y los filósofos. ¿Pero no existe otro que se conciliaría con las costumbres, la riqueza, el bienestar, el esplendor y la fuerza de una nación?... –Puede ser. ¡Oh Ceres, pintores, poetas, estatuarios, tapices, porcelanas, y hasta esas figuras, esos magots de gusto ridículo, pueden elevarse entre tus espigas! ¡Amos de las naciones, tendedle una mano a Ceres, elevadle altares! Ceres es la madre común de todo. ¡Amos de las naciones, haced que sus campos sean fértiles. Aligerad al agricultor del peso que le aplasta! Que quien está nutriéndoos pueda vivir, que quien da leche a vuestros hijos, tenga pan, que quien los viste, no tenga que ir desnudo. La agricultura, ese es el río que fertilizará vuestros imperios. Haced que los intercambios comerciales se multipliquen de cien diversas maneras. Ya no tendréis un puñado de súbditos ricos, sino una nación rica... –Pero, dígame, ¿para qué sirve la riqueza sino para multiplicar nuestros placeres? ¿Y no son los placeres multiplicados los que dan nacimiento a todas las artes de lujo?... –Pero ese lujo será la señal de una opulencia general, y no la máscara de una miseria común. ¡Amos de las naciones, quitadle al oro su carácter representativo de todo mérito. Suprimid la venalidad de las cargas! Que quien tenga oro pueda tener palacios, jardines, cuadros, estatuas, vinos deliciosos, hermosas mujeres; pero que no pueda pretender sin mérito desempeñar ninguna función honorable en el Estado. Y así lograréis que haya ciudadanos ilustrados, súbditos virtuosos. Habéis impuesto penas a los crímenes; imponed recompensas a la virtud, y no temáis en la duración de vuestros imperios más que el lapso temporal. El destino que rige el mundo quiere que todo pase. La condición más feliz de un hombre, de un Estado, tiene un término. Todo lleva en sí un germen secreto de destrucción. La agricultura, la bienhechora agricultura, engendra el comercio, la industria y la riqueza. La riqueza engendra la población. La extrema población divide las fortunas. Las fortunas divididas restringen las ciencias y las artes a lo útil. Todo lo que no es útil es desdeñado. El tiempo es demasiado valioso como para perderlo en especulaciones ociosas. En todos aquellos lugares donde se vea un puñado de tierra recogida en el valle y transportada en un cesto de mimbre hasta la desnuda punta de una roca, y la esperanza de una espiga alimentada por la colocación de una valla, seguro que no se ven grandes edificios, que habrá pocas estatuas, pocos Orfeos y que se escucharán pocos poemas divinos... –¿Y qué me importan a mí esos monumentos fastuosos? ¿En ellos reside la felicidad? La virtud, la sabiduría, las costumbres y tradiciones, el amor de los hijos por sus padres, el amor de los padres por sus hijos, la ternura del soberano por sus súbditos, la de los súbditos por su soberano, las buenas leyes, la buena educación, el bienestar general, eso, eso es lo que yo ambiciono... –Enséñeme el país donde se goza de tales ventajas, y me iré, aunque sea China... –Pues... –Ya veo. Astucia, mala fe, ninguna gran virtud, ningún heroísmo, una multitud de pequeños vicios, hijos del espíritu económico y de la vida contenciosa. Aquí, el ministerio ocupado sin cesar en prevenir la perfidia de las estaciones; allá, el particular intentándolo todo para llenar su granero de trigo. Ninguna quimera de pundonor, confesemos que así están las cosas... –¿Dónde iré, pues? ¿Dónde encontraré un estado de felicidad constante? Aquí un lujo enmascara la miseria; allá, un lujo nacido de la abundancia no produce sino una dicha pasajera. ¿Dónde he de nacer y dónde he de vivir? ¿Dónde está la morada que pueda prometerme a mí y a mi posteridad una felicidad duradera?... –Vaya allí donde los males han llegado al extremo, porque no puede irse sino a un mejor orden de cosas. Espere a que las cosas vayan bien, y disfrute de ese momento... –¿Y mi posteridad?... –Es usted un insensato. Quiere prever demasiado el futuro. ¿Qué era usted para sus ancestros hace cuatro siglos? Nada. Mire de la misma forma a los seres por venir, que están a idéntica distancia de usted que usted de aquellos. Sea dichoso. Sus tataranietos serán lo que el destino, que dispone de todo, quiera que sean. En todo imperio, el Cielo promueve la existencia de un amo que gobierna, que enmienda y que destruye. Luego llega un descendiente que lo releva o que lo derroca. Ese es el decreto inmutable de la naturaleza. Sométase a él. 

 

 

 

 



[1] Tomado de: Denis Diderot: Sátira contra el lujo. En: Salón de 1767. Ed. A. Machado libros; colec.: La Balsa de la Medusa. Madrid. 2003.

[2] Refiere a Jean Jacques Rousseau y su concepción del buen salvaje de las tierras americanas.

[3] En el Suplemento al Viaje de Bougainville, Diderot compara a los jesuitas del 

Paraguay, que explotan a los indios, con los lacedemonios que explotaban a los ilotas.

 

lunes, 2 de mayo de 2022

 Sobre Razón de Humanidad

David De los Reyes

(UCV-UArtes)

 






 

            Raison d’Humanité es un concepto esencial para la filosofía política del siglo XXI. Es la razón moral para sugerir que la democracia liberal occidental debe ser la forma de gobierno más acorde con las necesidades del hombre en general. Esta idea, raison d´humanité, es el sustituto de la enquistada razón de Estado moderna. Pero es un concepto que está sometido a múltiples modificaciones y revisiones radicales. Y Yehezkel Dror[1] nos ha dado todo un planteamiento sobre el tema que no es posible pasar indiferente para la humanidad que estamos viviendo en estos tiempos de pandemia y de guerras genocidas. Veamos que depara este concepto.

            Esta idea viene a presentarse a partir de un sentido global de la humanidad. Esta tiene necesidades y aspiraciones que en los niveles de gobernación global debe ser planteada. Se trata de revisar ciertos principios de la filosofía política y leyes públicas (por ejemplo: el caso de países que representan una amenaza para las necesidades de los intereses globales, intereses que no sólo deben ser una aspiración sino una continua voluntad de perfección en su injerencia dentro de las políticas mundiales. Los intereses globales deben ser perfeccionados baja esa condición).

La raison d’humanité también puede esgrimirse en función de sanciones, castigos, contra los crímenes de humanidad, líderes criminales, genocidio, invasiones, guerras de corte imperialista, etc.

            Este concepto proporciona cambios dentro de la filosofía política tradicional y las leyes internacionales de confección moderna: en conceptos como soberanía, derecho a la autodeterminación de los pueblos, cuestiones internas. Todas deben ser dirigidas y reestructuradas, en tanto conjunto de normas y principios en confrontación al proyecto de la humanidad en su totalidad, en tanto conjunto de una especie en peligros constantes y en extrema debilidad en los modos de intervenir en la mejora de las condiciones aptas para la continuidad de la vida humana y en parte con miras a las generaciones futuras.

            La raison d’humanité proporciona otra perspectiva a pueblos que quieren vivir con otros valores distintos a los de la democracia liberal. El costo de la pluralidad total, entera, puede ser demasiado elevado, pues puede producir y conducir a conflictos culturales peligrosos. Deja, de todos modos, un amplio abanico para instrumentar otros valores con relación a necesarios cambios universales a futuro. Esto añade la necesidad de plantear los riesgos tanto del exceso como del defecto de la diversidad en relación con situaciones específicas.

            Hemos dicho arriba que la idea de raison d’humanité viene a suplantar al término de raison d’Etat, propio del siglo XIX y del XX, pero aún presente en nuestro siglo, para justificar políticas aplicadas internamente en las naciones y, de cara a lo exterior, en contra de otras naciones. Pero la raison d’humanité es una advertencia ante aquel. Advertencia en cuanto a los abusos hechos a pueblos y a la humanidad en general bajo ese nombre de raison d’Etat. Este término ha tomado un sentido peyorativo por usarse generalmente en forma incorrecta por los gobiernos y para justificar vilezas. Históricamente fue una idea progresista. Colocaba el deber de los gobernantes para la realización del bien común por encima de los interés dinásticos, personales, partidistas.

            Pero, teniendo esta advertencia respecto al concepto de raison d’Etat, creemos que también se debe vigilar el uso de la raison d’humanité. Ello puede implicar abusos y riesgos. Abusos porque se puede invocar este concepto para censurar y atacar a determinadas sociedades cuyo sistema de valores no sean de nuestro agrado, aunque su existencia no implica un peligro para el resto del mundo. Riesgo porque puede dar pie a una dosis excesiva de tolerancia con sistemas que, de hecho, conducen a peligrosos fanatismos, discriminaciones étnicas, etc.

            La búsqueda de perfeccionar las capacidades de gobernar implica, entre otras cosas, el que comprenda a la raison d’humanité como un criterio importante para tenerlo en cuenta en las decisiones significativas de la gobernación.

            Debe tenerse en cuanta como en los casos de la necesidad de una reducción de la tasa de natalidad (problema subyacente dentro de la filosofía política y en la teoría de la geopolítica). Planteamiento que es negado por muchas sociedades por considerarla de inmoral y contrarios a imperativos religiosos. También se alega que ello interfiere en las decisiones íntimas y personales (ante esto nos preguntamos: ¿son tomas de decisiones el factor de natalidad en el común de las parejas en los países pobres y de bajos recursos?). Y ello constituiría una flagrante manera de inmiscuirse en la independencia de los estados (volvemos a interrogarnos: ¿se puede hablar de independencia de los estados? ¿no será un concepto un poco anticuado? ¿no se tendría que hablar que la independencia de un estado está en relación directa del conocimiento de su interdependencia e interacción con los otros estados? Son conceptos que tendrán que ser revisados).

            Pero la raison d’humanité. crea un marco moral de vital importancia para los efectos de una gobernación global. En el sentido que se deberán estimular las políticas donde la mayoría considere esencial para la supervivencia de la humanidad, aun cuando una minoría considere contradictoria con sus valores básicos.

                        Para implementar esta idea se requiere de nuevas instituciones y formas legítimas de gobernación. El concepto de raison d’humanité es una búsqueda y planteamiento que aspira a una mayor equidad global. Este es su problema mayor y central. Lo cual implica replantearse nuevamente la moralidad desde una óptica renovada, donde el pensamiento tome en cuenta esta condición e intentar su perfeccionamiento en la aplicación.

            La raison d’humanité sufrirá modificaciones como planteamiento por estar sujeto a ver cuáles serán los cambios tecnológicos y científicos que aguardan en el futuro a la humanidad. Tecnología y ciencia tendrán un impacto sustancial no sólo en los modos de vida práctica sino también en los valores morales. De hecho, la raison d’humanité está orientada a sopesar más las consecuencias que las intenciones de la ciencia y la tecnología. Cualquier sentido que asuma la moral como el de “estar dispuesto a morir por los valores profesados”, debe ser revisado y mediados por el espíritu de la idea de raison d’humanité Es esencial para la ética la diferencia entre intención y consecuencia. La intencionalidad no puede permanecer en tener buenas intenciones cuando se trata de actos que pueden implicar un impacto significativo en el conjunto de los seres humanos. De ahí que se deba distinguir en la necesidad de separar los derechos y valores aplicados a los individuos y aquellos otros aplicados a grupos. Los aplicados a los individuos son la declaración universal de los Derechos Humanos. Los de grupos son: i.- Convención de las Naciones Unidas sobre comercio internacional de especies en peligro, guerras biológicas o genocidas, xenófobas o colonialistas, etc.; ii.- Convención de las Naciones Unidas sobre cambios climáticos; iii.- acuerdo internacional sobre la Selva Tropical; iv.- la Ley del Mar, sus recursos y contaminación; v.- acuerdos, ya olvidados, de la Cumbre de Río, etc. Por otra parte, está el peligro de la desaparición de 6000 lenguas, que es el número de las habladas hoy día en todo el globo y que tienden a desaparecer en los próximos 100 años.

            ¿Cuáles son los temas donde puede haber un difícil consenso?

            i.- En la experimentación genética con seres humanos y la inversión en proyectos científicos muy costosos que puedan ser un beneficio a futuro para la humanidad en tanto especie pero que no tienen un mayor beneficio a corto plazo.

            ii.- Exigir formar hombres morales con miras a un ciudadano nacional y global, en su condición de individuos y en cómo hacerlo.

            iii.- Los trabajos en nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, etc. que pueden tener un doble sentido, pueden beneficiar como llegar a desarrollar desastrosas armas puestas en manos de fanáticos o de proporcionar técnicas baratas y seguras para limpiar la biosfera, entre otras.

            iv.- La cuestión de los derechos de los animales, ejemplo donde las diferencias de opinión nos llevan a observar las dificultades de aplicar la raison d’humanité

            v.- ¿Cuáles son los sustitutos -si es que alguno es necesario- para desempeñar las funciones que tuvo la guerra en el pasado y que pueden continuar siendo importantes para el progreso de la humanidad en el futuro?

            vi.- Relación entre sobre desarrollo y sus cuotas de polución (caso de China y EU, por decir sólo dos). Ello hace que sea imposible que todas las naciones en vías de crecimiento lleguen a poseer el mismo o igual nivel de vida equivalente en un futuro.  Se propone el de crear esferas globales, donde el conjunto de los seres humanos participe sobre bases igualitarias, en la medida en que se asegure un nivel mínimo de desarrollo humano para todos, “dentro de un multidimensional entendimiento de desigualdad”.

            El discurso moral contemporáneo tiende a descuidar los temas de la equidad global, donde se le plantea un desafío a partir de proposiciones como la de raison d’humanité

            Hay la necesidad de avisar la importancia no sólo de la aplicación de los Derechos Humanos sino también la noción de Responsabilidad Humana, traduciéndola bajo la mirada de principios operativos, en referencia de la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás, o de las relaciones entre responsabilidad y límites comunitarios y otras cuestiones más.

            Suponiendo de un ambiente ideal donde todas las culturas políticas del mundo aceptasen la idea de raison d’humanité i.- se mantendría un amplio sentido de solidaridad humana y expuesta a promoverla por encima de otras consideraciones y deseos. ii.- que la gobernación está reacondicionada y comprometida para servir a la raison d’humanité y iii.- disfruta del consenso universal y controla enormes recursos y actúa de forma optimista con vistas al futuro. Si se dieran esas condiciones ¿En qué se perfila esta nombrada raison d’humanité?

            Ella incluiría la prevención de una guerra nuclear de proporciones y el agotamiento de recursos irremplazables, vitales para la supervivencia humana.

            Implicaría, en forma creciente, un desarrollo humano que garantizara una vida digna para una creciente proporción de la humanidad. Aunque en esto el concepto muestra ser bastante polémico, relativo y hasta carente de significación. Existe un vacío en sus posibilidades de protegerse del mal y expandir el bien. Por ej. en el caso de ¿la creación genéticamente manipulada de una especie humana modificada (que se espera superior) es un peligro que debe evitarse o algo en extremo deseable como la única posibilidad de superar las limitaciones de la humanidad actual?

            Otro concepto que resulta irritante ante el de raison d’humanité es el de desarrollo sostenido (esgrimido por 1º vez en 1972 en la Conferencia de Estocolmo sobre el Ambiente por Barbara Ward en su informe: Our Common Future), donde se pone en evidencia la idea de progreso y se hace perder el significado que tradicionalmente se le venía dando desde el siglo XVIII. De esta manera se plantea que el término sostenible si bien se puede aplicar a ciertas áreas y recursos como selvas, abastecimientos de agua, etc., no se le puede aplicar al desarrollo en su totalidad. La idea de desarrollo se mantendría siempre y cuando no ponga en juego la capacidad de vida de las futuras generaciones para hacer frente a sus propias necesidades. El problema da lugar a redefinir el término de necesidad., “dado que el concepto es cultural y no tiene significado intrínseco, una vez que los requisitos biológicos han sido satisfechos” (Dror:1995:67). Se pone en duda si es necesario preguntarse sobre los requisitos biológicos necesarios para la preservación de las generaciones futuras. De esta forma la fórmula de desarrollo sostenido vendría a tener la significación del desarrollo que asegura la satisfacción de potenciales necesidades futuras, aunque eso signifique de alguna forma sacrificar las necesidades del presente.

            Entre las falacias que se barajan en esta propuesta es que se puede mantener un desarrollo humano sin que sea un proceso de sobresaltos. Se plantea entonces si la raison d’humanité deba ser contraria al riesgo o deba ser más aventurera. y estar dispuesta a correrlos, “con vistas a buscar un futuro mejor dentro de los parámetros parcialmente desconocidos”, juicio subyacente en muchas de las decisiones políticas.

            Entre los cuestionamientos al desarrollo sostenido nos encontramos que si este se hubiera aceptado en el pasado se habría congelado el progreso humano en alguna de sus fases que, según los actuales estándares, sería inaceptable para muchos. Pero ocurre que las aventuras humanas ahora son más arriesgadas y que, por tanto, necesitan una limitación. Lo que no puede perseguirse en alcanzar un estado estable o un supuesto equilibrio de la humanidad, que más que una certeza o una fase temporal vendría a derrumbarse por la energía y la dinámica que caracterizan a la historia de la humanidad. De ahí que deba parcializarse el uso del término desarrollo sostenido. Ella sólo puede aplicarse en determinados proyectos o recursos particulares, pero no al desarrollo como un todo. Tal concepción es más que estática, y supone que cualquier línea dada de desarrollo seguida ahora va a ser sostenida a la larga, no se visualiza que la humanidad se mueve a través de dimensiones cambiantes de desarrollo y ninguna puede ser sostenida por mucho tiempo; el desarrollo humano implica intrínsecamente el constante cambio y no el sostenimiento, sino entramos en el estancamiento y la extinción por otras vías.e La propuesta es de cambiar los términos, en vez de desarrollo sostenido usar el principio de un desarrollo económico que evita catástrofes, lo cual será más conveniente para la raison d’humanité con la cláusula de proporcionar un estimulante potencial evolucionista para las futuras generaciones (Dror: 1995:168).

            Todas estas variables deben ser discutidas con relación a lo que debamos entender y definir por raison d’humanité. No hay respuestas conclusivas pues estas cuestiones abarcan valores e incertidumbres. Pero su debate de darnos un piso de moralidad a la gobernación, siendo una tarea donde están presentes procesos y agentes sociales: intelectuales líderes, espirituales, religiosos, filósofos políticos, artistas, científicos y profesionales, comunidades, foros éticos e ideológicos y grupos humanos con inquietudes. Se deberá reclamar la atención del pueblo a través de los medios de comunicación y las organizaciones de base.

            Aquí también deben entrar las principales religiones del mundo que deberían ayudar, definir y divulgar el concepto de raison d’humanité. Hacer un llamamiento a la solidaridad humana.

Será importante de afinar y desarrollar las formulaciones que deberían ser los imperativos categóricos para la humanidad. Tal normativa debería ser impuesta a Estados y gobernantes. Ellas incluirían la prohibición absoluta de genocidios, crímenes de magnitud equivalente contra la humanidad y diversas actividades que pongan en peligro la supervivencia humana. Tales imperativos deberían ser parte de todo derecho penal y civil internacional e impuestos en forma estricta. “Debería dárseles prioridad sobre la soberanía nacional, la no intervención en asuntos domésticos y otros anticuados principios similares del derecho civil internacional” (Dror:1995:169). Se deberá intentar pasar del tribalismo xenófobo al globalismo cooperativo, incentivando sentimiento de solidaridad y, con ello, cambios de conciencia. La independencia individual dentro de una sociedad debe conjugarse con un sentimiento de pertenencia al conjunto humano en tanto especie, ello con el fin de asegurar la supervivencia de la humanidad; esto último deberá ser un imperativo ético.

            El rediseño de la gobernación deberá tener siempre presente las posibles vías para lograr cambios en la cultura política para estimular la raison d’humanité. Ante ello debería preverse cuáles posiciones se pueden adoptar respecto al curso de la posible evolución de la humanidad. El enfoque más cuestionado sería el de sostener que la historia está determinada por principios teleológicos que la acomodan a ellos. Hay que decir que lo que “tiene y debe suceder para asegurar la supervivencia humana sucederá de cualquier manera” no tiene ninguna base histórica Y ello también tanto para posturas religiosas como filosóficas a la manera del sentido de la sagacidad de la historia esgrimido por Hegel o, en otros términos, por Marx, los cuales estaban seguros de lo que consideramos mutaciones necesarias en la historia, van a de hecho ocurrir. Posturas que no son más que un acto de fe, propias de un determinismo cientificista dieciochesco y sin el beneficio de la revelación.

            Otra posible postura es poner las esperanzas en las organizaciones de base. Se piensa que las transformaciones humanas crecerán desde raíces fecundas y dirigidas por profetas, líderes carismáticos, intelectuales, jóvenes, etc. Si bien, como demuestra la historia de las religiones, esto ha sido siempre fuente de cambios radicales en la historia de la humanidad, no quiere ello decir que tales cambios vayan en sentido correcto a la supervivencia de la humanidad. Aunque no es imposible que se desarrolle por esta vía una Revolución de la Consciencia Humana. También ideologías perversas han aparecido por la misma vía (nada ver la creciente xenofobia que se expande por toda Europa, en América, como el fanatismo étnico en Yugoslavia, Rusia, o cultos destructivos tipo secta Satánica, nazismo, desarrollismo, fundamentalismo, sin dejar de lado la invasión colonial genocida de Rusia sobre Ucrania en estos momentos del 2022, etc.).

            Un tercer enfoque será para Dror el de comprometerse con un diseño de un modelo cultural y con la forja de almas, a través de una acción premeditada, guiada por vanguardias (en plural para significar múltiples aperturas respecto a ello), en parte a través de la gobernación. Vanguardias significan aquí élites de avanzada abiertas al pluralismo, y que eviten la arrogancia y se sientan comprometidas y subordinadas a la democracia.

            También se puede pecar de confiar en una especie de deus ex machina: “predicar recomendaciones basadas en la existencia -o al menos la posibilidad de existencia- de una vanguardia democrática influyente comprometida con una progresista raison d’humanité. Elementos de vanguardia existen ya como en las ONG, que constituyen redes globales en aumento y proporcionan un foco de expansión y desarrollo” (Dror: 1995:172)., orientadas a una raison d’humanité. Para ello nos propone dos condiciones:

·     Se deberá desarrollar unos imperativos categóricos para la humanidad, que serán adoptados como una dimensión legal de la raison d’humanité, y ser estrictamente impuestos por el derecho civil y penal internacional.

·     Necesidad de reconocer la creación de redes internacionales de vanguardia comprometidas con la raison d’humanité, que trabajen en función de cambiar la cultura política y en consonancia con ello, la gobernación democrática. Estimular su creación depende también de crear élites de gobernación en función de estos principios, como defensores de todas las características que envuelven a el ejercicio de la raison d’Humanité.

            El problema que se añade a todo esto es el que la gobernación democrática es poco lo que puede hacer por divulgar y estimular la raison d’humanité si las políticas culturales se resisten. Para empezar, se requeriría que los países desarrollados transfieran recursos substanciales a los pobres y estén dispuestos a absorber un buen número de emigrantes y por ello se presente una situación donde las culturas políticas de las democracias occidentales impidan a los gobiernos actuar en consonancia. Aunque tales demandas tengan una razón geoestratégica para sus países a largo plazo.

            ¿Cuáles son las reformas necesarias para que la gobernación sirva a la raison d’humanité?

            Deben ser implementadas las capacidades políticas y culturales, educativas y técnicas en las gobernaciones para marchar cónsonas con este principio. La voluntad política y el poder deben ser cristalizados para actuar conjugadas con la raison d’humanité “La raison d’humanité debe convertirse en preocupación y compromiso prioritario de los principales cerebros de la gobernación en todos los niveles” (ídem). Ello debe inspirar y dar paso a la creación de un sistema global de gobernación que esté puesto al servicio de la raison d’humanité.

             Aparte la necesidad de moralizar la gobernación y servir a la raison d’humanité. Donde las élites se conduzcan atendiendo a la ética. Tema que nos conduce a las virtudes y los vicios de los políticos, altos funcionarios y asesores administrativos.

            Hay que aclara que muchos de los asuntos éticos involucrados a la raison d’humanité son con frecuencia más agudos en el interior de cada país que en el escenario global. Como el ejemplo de las rentas, sus diferencias en muchos países suelen ser enormes; aún más entre un país y otro. La raison d’humanité insta a lograr una mayor equidad tanto en el interior de los países independiente de las quejas y energías gastadas por las desigualdades globales, en vez de remediar las propias extremas injusticias dentro de nuestras propias sociedades.

Con estas ideas de Yehezkel Dror hemos querido recordar uno de los textos más interesantes de la década de los años noventa del siglo pasado y que plantearon nuevos conceptos en el ámbito de la política global y regional para principios de este siglo. Donde la raison d´humanité vendría a desplegar un amplio campo de valores que pudieran volver a renovar la idea de una democracia pluralista y representativa, con un tinte global, a la par de una conservación de la especie humana por encima de las xenofobias, la destrucción ecocida, los fundamentalismo terroristas, los regímenes totalitarios escondidos bajo la bandera de un socialismo con rostro de genocida, que juegan a  prodigar una democracia popular donde la pobreza y la represión generalizada, la involución y miseria extendida, junta la conculcación de las libertades individuales son su razón de un Estado mordaza perpetuo se convierten en lo contrario al sentido de una gobernanza para equidad y la armonía social. Nos encontramos en un mundo que presenta un desencanto de los políticos y su hacer política. Donde se han alejado de su representatividad pública real, resguardándose las espaldas y ocultar su rostro entre los canales de las redes sociales y haciendo una alejada práctica de política pública virtual. Ante esta situación casi global, no queda sino releer lo que este pensador político desde hace tiempo proclamo como un principio a considerar. Principio que volvía a tener sentido para la consciencia global a favor de defender una ciudadanía humana ampliada. De una raison d´humanité como complemento declarativo contra los consabidos y soterrados derechos humanos por todos los poderes que sobrepasan el derecho internacional y justifican sus acciones como una necesidad vital. De una expansión económica u territorial, que no es otra expansión que la propia del capital rapaz y de grupos monopolistas transnacionales que juegan con la vida de los humanos a costa de pinches ganancias. Es la política de una raison d´humanité contra una razón instrumental economicista y fratricida de esa misma humanidad.

A estas alturas de mi discurso usted sabe de qué lado debe jugar…

 

 

 



[1] Estas reflexiones sobre las propuestas de Dror surgen de su libro La Capacidad de Gobernar, 1995. Ed. F.C.E., México.